Sobre las entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral

Sobre las entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral.


El plano astral posee su propia fauna, criaturas de estructura imposible, etéreas, traslúcidas, a menudo forjadas por un solo pensamiento, una sola emoción, capaces de vivir y crecer a partir de ese principio incierto, desplazándose por las vastas planicies de aquel universo conocido como Bajo Astral.

A estas criaturas se las conoce como larvas, gusanos, y hasta parásitos del bajo astral.

Los nigromantes fueron los primeros en dar forma consciente a los gusanos del bajo astral. No eran demonios ni ángeles ni elementales, ya que las larvas del bajo astral solo poseen un grado ínfimo de autonomía.

Podemos pensar en ellos como la materialización de un pensamiento intenso o de una emoción; y cualquier cosa que vibre en las adyacencias de ese pensamiento y esa emoción les está vedado.

Para dominar a las criaturas del bajo astral es necesario alcanzar un estado psíquico excepcional, que comparte algunas características con ciertos estados propios del sueño.

Los grimorios medievales describen a las larvas del bajo astral como sustancias muertas o moribundas, las cuales pueden llegar a manifestarse en el plano físico, e incluso hablar, pero sin mostrar atisbo alguno de razonamiento, como si fuesen ecos o reflejos que se repiten incesantemente.

En este contexto, las larvas del bajo astral son entidades embrionarias producto de la desintegración del alma al morir. Tras la muerte —sostienen algunos libros prohibidos— el cuerpo astral se fragmenta en varias secciones. Por un lado está el Ego, es decir, la conciencia, que también podríamos llamar "espiritu". Por otro lado subsisten los distintos estratos que conforman el ser: nuestros deseos más intensos, nuestras pasiones e impulsos básicos, todo ello normalmente se dispersa en el plano astral; sin embargo, en ocasiones estas impresiones logran cristalizarse y sobrevivir en el bajo astral, naturalmente, con un único propósito: alimentarse, es decir, saciar la pasión, el deseo o la emoción que les dio vida.

Curiosamente, las pasiones intensas y repentinas tienen una existencia muy breve en el bajo astral, aunque pueden manifestarse en el plano físico con mayor intensidad e insistencia. En cambio, son las prolongadas y cautelosas obsesiones cocidas a fuego lento durante décadas las que logran sobrevivir con mayor eficacia.

Estos últimos son conocidos como parásitos del bajo astral.

Estas criaturas poseen un grado de conciencia extremadamente limitado. Vagan por el bajo astral con un impulso fijo, inamovible: saciar y repetir el deseo y la obsesión que les dio forma.

Para ello los parásitos del bajo astral deben adherirse a un vehículo físico que les permita acceder a los placeres o impulsos que los forjaron. Se los conoce como parásitos astrales porque justamente se adhieren a un huésped y lo utilizan como herramienta para vincularse con el plano físico.

Los parásitos del bajo astral carecen de emociones, no son realmente malignos ni inteligentes, aunque pueden llegar a ser extremadamente dañinos.

Al igual que el cuerpo físico posee un sistema inmunológico que lo protege, el cuerpo astral rechaza, en la mayoría de los casos, el ataque de los parásitos del bajo astral. No obstante, si el sujeto alimenta las mismas pasiones, los mismos deseos, y principalmente los mismos impulsos básicos que estas criaturas, es probable que el parásito logre adherirse a él por vibrar en un mismo grado energético, al menos durante un tiempo.

La mayoría de los relatos de fantasmas, pero principalmente de las leyendas de aparecidos, espectros y espíritus, tienen relación con los parásitos del bajo astral.

En general, estas historias trazan un vínculo directo entre el fantasma y el protagonista, claramente una alusión de que los parásitos astrales de personas recientemente fallecidas se sienten atraídas por sus familiares y amigos, quienes, en muchos casos, se encuentran con un deficiente sistema inmunológico astral, justamente a causa de la tristeza producida por el deceso.

La ocultista Dion Fortune —autora de: Doctrina cósmica (Cosmic Doctrine), Filosofía esotérica del amor y el matrimonio (The Esoteric Philosophy of Love and Marriage), Órdenes esotéricas (Esoteric Orders and Their Work), Magia aplicada (Applied Magic), La cábala mística (The Mystical Qabalah)— sostiene en su libro Autodefensa psíquica (Psychic Self Defence) que los parásitos del bajo astral pueden incluso introducirse en el cuerpo de un embrión humano y desde allí forjar una personalidad ausente de moral y ética, una criatura movida únicamente por pasiones básicas.

A finales del siglo XIX las larvas del bajo astral adquirieron nuevos impulsos cuando los teósofos las compararon con ciertos espíritus hindúes. Los principales operadores de este cambio de paradigmas sobre el plano astral fueron H.P. BlavatskyEl pueblo de las montañas azules o el libro de los gigantes, Isis sin Velo (Isis Unveiled), La clave de la teosofía (The Key to Teosophy), La doctrina secreta (The Secret Doctrine), Las estancias de Dzyan (The Stanzas of Dzyan)—, Annie BesantLa sabiduría antigua (The Ancient Wisdom), Química oculta (Occult Chemistry)— y Eliphas LeviDogma y ritual de la alta magia (Dogme et Rituel de la Haute Magie), El gran arcano del ocultismo revelado (Le Grand Arcane, ou l'Occultisme Dévoilé), El libro de los esplendores (Le livre des splendeurs), El libro de los sabios (Le Livre des sages), Historia de la magia (Histoire de la magie), La ciencia de los espíritus (La Science des Esprits)—.

Pero en el imaginario medieval, muy lejano a las revoluciones de la mente oriental, las larvas del plano astral se asociaban naturalmente a los muertos.

La tradición medieval sostenía que el espíritu se disolvía lentamente, evaporándose como una nube de incienso que ascendía hacia las regiones celestes. Pero si el hombre había vivido en el crímen su espíritu se negaba a abandonar el cadáver y buscaba los objetos de sus pasiones queriendo prolongar su existencia.

Estas criaturas del bajo astral atormentan los sueños de sus familiares, vagan por territorios profanos bañándose en los vapores de la sangre esparcida por los magos negros, arrastrándose luego, ebrios de impulsos, por los sitios en donde disfrutó de los placeres de la vida.

El nigromante conocía todo ésto y lo aprovechaba en su beneficio. Se divertía ante la visión de un espectro que se consumía intentando crearse órganos para vivir.

Pero las larvas del bajo astral tienen una existencia muy limitada. Muy pronto la naturaleza los aspira hacia la desintegración, los absorbe hacia el vacío. Los antiguos vicios se manifiestan ante el fantasma, lo persiguen adoptando figuras monstruosas, atacándolo, devorándolo lentamente.


Las criaturas del plano astral también eran conocidas por los etruscos y los romanos. Las consideraban como espíritus malignos, fantasmas de los muertos que no habían encontrado descanso en la tumba y que debían volver a recorrer el mundo durante las noches para expiar sus crímenes.

Uno de los hábitos más comunes de los parásitos astrales es pegarse a ciertos hombres de temperamento bucólico, a quienes arrastran hacia el crimen y la locura. Se los conocía también con el nombre de Lemures.

Desde la época de Rómulo se les ofrecían ciertos festivales llamados Lemurias, los días 11, 12 y 13 de mayo, durante las cuales no se celebraban bodas y los templos de las otras deidades estaban cerrados.

Durante estas celebraciones nocturnas se tocaban tambores, con la creencia de que las larvas y gusanos del bajo astral les temían al ruido. También se quemaban ciertas semillas en los cementerios, cuyo hedor los alejaba, mientras se pronunciaban letanías y conjuros que la historia ha procurado olvidar.


Más fenómenos paranormales. I Leyendas urbanas.


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