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«Un teólogo en la muerte»: Borges y Swedenborg; relato y análisis


«Un teólogo en la muerte»: Borges y Swedenborg; relato y análisis.




Un teólogo en la muerte (Un teólogo en la muerte) es un relato fantástico del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), publicado en la antología de 1935: Historia universal de la infamia.

El relato pretende ser un fragmento del libro prohibido de Emanuel Swedenborg (1688-1772), Arcana Cœlestia, o Los secretos del cielo, donde el místico efectúa un repaso de todas las cosas que pudo ver y oír durante sus frecuentes visitas al cielo y al infierno.

Jorge Luis Borges recrea este fragmento del Arcana Cœlestia, aunque con ciertas discrepancias. En la versión de Swedenborg se describe cómo Melanchton murió y entró en el mundo de los espíritus. Borges, en cambio, consigue que el pobre Melanchton, al ingresar en el mundo espiritual, se encuentre con las mismas personas, objetos y preocupaciones de la vida terrenal, explicando porqué los muertos rara vez saben que han fallecido; hecho que coloca a todas las personas que creen estar vivas en una peligrosa situación.

También hay que mencionar que el protagonista de Un teólogo en la muerte, Philip Schwarzerdt, fue un reformista protestante alemán del siglo XV, alineado con las teorías de Martín Lutero. Su apellido, Schwarzerdt, significa en alemán «tierra negra». Para evitar asociaciones deslucidas lo cambió por Melanchton, palabra griega que tiene el mismo significado.



Un teólogo en la muerte.
Un teólogo en la muerte, Jorge Luis Borges y Emanuel Swedenborg.

Los ángeles me contaron que cuando murió Melanchton le fue suministrado en el otro mundo un hogar ilusorio, exactamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto). Los objetos domésticos eran idénticos: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese lugar, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo.

Melanchton les dijo:

—He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe.

Esas cosas las decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo.

Cuando los ángeles oyeron sus palabras lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a diluirse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Las paredes del aposento se mancharon de cal, y el piso, de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. Seguía, sin embargo, escribiendo, pero como persistía en la negación de la caridad, lo trasladaron a un taller subterráneo, donde había otros teólogos como él.

Ahí estuvo unos días y empezó a dudar de su tesis y le permitieron volver. Su ropa era de cuero sin curtir, pero trató de imaginarse que lo anterior había sido una mera alucinación y prosiguió elevando la fe y denigrando la caridad.

Un atardecer sintió frío. Entonces recorrió la casa y comprobó que los demás aposentos ya no correspondían a los de su habitación en la tierra. Alguno contenía instrumentos desconocidos; otro se había achicado tanto que era imposible entrar; otro no había cambiado, pero sus ventanas y puertas daban a grandes médanos. La pieza del fondo estaba llena de personas que lo adoraban y que le repetían que ningún teólogo era tan sapiente como él. Esa adoración le agradó, pero como alguna de esas personas no tenía cara y otras parecían muertas, acabó por aborrecerlas y desconfiar. Entonces decidió escribir un elogio de la caridad, pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción.

Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y éste los engañaba con simulacros de esplendor y de serenidad. Apenas las visitas se retiraban reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes.

Las últimas noticias de Melanchton dicen que el brujo y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.

Jorge Luis Borges (1899-1986)




Relatos góticos. I Relatos de ángeles.


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El análisis y resumen del relato de Jorge Luis Borges: Un teólogo en la muerte fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Sebastián Cabrol dijo...

Cabe aclarar que esta es una adaptación/traducción de Jorge luis Borges, publicado en su libro "historia universal de la infamia".
saludos.