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¿Y si el Necronomicón está en tu casa?


¿Y si el Necronomicón está en tu casa?




El Necronomicón de H.P. Lovecraft, o por tal caso cualquier otro libro prohibido, sea o no perteneciente a los Mitos de Cthulhu, es nada menos que un portal.

Invocar sus páginas malditas, y acaso siquiera imaginarlas en una noche lánguida, solos, acompañados por el murmullo incesante de los libros que duermen en nuestra habitación, rompe el sello que separa la realidad que percibimos del cosmos profundo, insondable, donde habita lo imposible.

Cultivar esta discreta certeza es algo atroz.

En principio porque prescinde de bibliotecas arcanas, de vastos salones iluminados por velas, de abatidos lectores que deambulan como espectros por los pasillos desolados.

Si el Necronomicón es un muro, una frontera que nos separa de lo imposible, de lo fantástico, podemos preguntarnos con toda justicia en qué se diferencia de cualquier otro libro.

Quizás sus horrores se encuentren dispersos en incontables obras; incisos demenciales que se esconden en un cuento de hadas, párrafos diabólicos en un texto de filosofía, advertencias horrorosas en un viejo epistolario, invocaciones espantosas en una Biblia que acumula polvo y culpas en tu propia casa.

Tal vez por eso nadie ha logrado encontrarlo. Tal vez por eso el Necronomicón no sea un libro después de todo, sino todos los libros.




Más sobre H.P. Lovecraft. I Mitos de Cthulhu.


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