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Psicofonías: ¿seres de otra dimensión u otra joda de tu cerebro?


Psicofonías: ¿seres de otra dimensión u otra joda de tu cerebro?




Las psicofonías —también llamadas parafonías o fenómenos de voz electrónica (EVP)— se inscriben dentro de una variedad de fenómenos paranormales cuya proliferación es directamente proporcional al crecimiento de las nuevas tecnologías.

¿Qué son las psicofonías?

Básicamente sonidos de origen electrónico que son registrados en distintos tipos de grabadoras de audio; desde las cintas clásicas a dispositivos digitales.

Si bien el fenómeno no ha sido completamente aclarado, los expertos barajan algunas explicaciones:

La primera, auspiciada por los investigadores paranormales, sostiene que las psicofonías son literalmente las voces de los muertos, fantasmas, elementales; es decir, seres desencarnados que logran quemar una parte de su energía para imprimirla en las cintas de grabación.

El primer caso histórico de psicofonías no se adapta a esta hipótesis, sin embargo, en lo personal la considero mejor que muchas otras de supuesto origen sobrenatural. Incluye a un personaje extraordinario de la poesía inglesa: Robert Browning.

El 7 de abril de 1889 en una cena celebrada en casa de Rudolf Lehmann, amigo entrañable de Robert Browning y su esposa, Elizabeth Barrett, ocurrió un hecho asombroso.

El anfitrión poseía un dispositivo tecnológico conocido como cilindro de fonógrafo (cylinder phonograph), básicamente el primer soporte que permitía grabar y reproducir los sonidos registrados. Para honrar a su invitado más ilustre, Lehman le pidió a Browning que recitara unos versos para poder grabarlos y de ese modo eternizar la velada.

Robert Browning recitó de memoria unos versos su poema: Cómo llevaron las buenas noticias de Ghent a Aix (How They Brought the Good News from Ghent to Aix), sustituyendo algunas palabras que había olvidado.

Tres meses después de aquel banquete, el 12 de diciembre de 1889, Robert Browning murió en la ciudad de Venecia. Su cuerpo fue trasladado a Inglaterra y luego enterrado en el rincón de los poetas de la Catedral de Westminster, donde todavía se encuentra junto al nicho de Alfred Tennyson.

En 1890, durante el primera aniversario de la muerte de Robert Browning, se realizó un pequeño homenaje entre sus allegados. El sitio elegido fue, nuevamente, la casa de Rudolf Lehmann.

Allí, entre anécdotas de dudosa procedencia, se volvió a encender el fonógrafo para escuchar aquella grabación del poema realizada por Robert Browning. Históricamente hablando, fue la primera vez en la que personas vivas oyeron la voz de un muerto.

Esta psicofonía, por llamarla de alguna manera, todavía existe:




La segunda explicación para las psicofonías, y quizá la más atractiva en términos científicos, incluye a seres de otras dimensiones que bien podrían ser una versión paralela de nosotros mismos —Voces electrónicas: ¿contacto con otra dimensión? (Electronic Voices: Contact with Another Dimension?)—. A esta hipótesis se la conoce como la Teoría del Multiverso.

No hablamos aquí de ciencia ficción, sino de una posibilidad concreta que en 2013 parece haber encontrado ciertas evidencias de peso a través de los científicos Laura Mersini-Houghton y Richard Holman, quienes descubrieron indicios de otros universos además del nuestro.

Si esto fuese cierto, aquellas legendarias formas del pensamiento y criaturas no humanas del plano astral, y por tal caso el plano astral y el plano mental tal como los conciben las filosofías de oriente, no serían otra cosa que segmentos del Multiverso.

En este contexto, las psicofonías podrían ser sencillamente sonidos que no pertenecen enteramente a nuestro universo, pero que pueden atravesarlo en las condiciones apropiadas.

La tercera explicación posible para las psicofonías se relaciona con un fenómeno cognitivo conocido como pareidolia, mediante el cual el cerebro se encarga de traducir un estímulo vago en una forma reconocible, ya sea visual o auditiva.

Este efecto se produce, por ejemplo, cuando identificamos formas de animales o incluso rostros en las nubes, manchas de humedad en la pared o directamente en cualquier objeto inanimado.



Lo cierto es que a nuestro cerebro le encantan estos pequeños juegos de interpretación, a tal punto que es relativamente fácil convencerlo de que vea o escuche algo que no existe realmente.


Un bonito elefante, es cierto, que no parece tener nada extraño. Sin embargo, si le sugerimos al cerebro cómo debe ver la imagen seguramente encontrará la forma de interpretarlo en función del efecto de pareidolia.


Este efecto también ocurre con los sonidos.

A nuestro cerebro le desagradan las cosas que no comprende, de modo que hace un esfuerzo titánico por superar la brecha. Al oír un sonido con vagas similitudes con la voz humana es prácticamente seguro que intentará asignarle un significado según sus propios parámetros.

Esto último ocurre gracias a un fenómeno común conocido como apofenia, uno de los hábitos más adictivos para el cerebro: la necesidad de identificar patrones y conexiones en estímulos aleatorios o directamente sin sentido.

De ahí la razón de que ciertas psicofonías sean totalmente incomprensibles la primera vez que las escuchamos. No obstante, cuando se nos dice qué deberíamos escuchar, el significado aparece de forma mucho más evidente y clara.




Fenómenos paranormales. I El lado oscuro de la psicología.


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