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10 ingredientes para escribir una novela gótica


10 ingredientes para escribir una novela gótica.




Muchos autores creen ser hábiles cronistas del gótico sin conocer realmente nada del género. Afortunadamente, los 10 elementos que constituyen el género gótico están fuera de toda discusión: solo funcionan de manera conjunta. Si los tomamos de forma aislada bien podríamos incursionar en otras facetas del horror pero no en la novela gótica, probablemente el género literario más rígido y en desuso de la historia.

Por eso, antes de que el lector sea seducido por novelas que se jactan de pertenecer al género gótico, es recomendable repasar estos 10 ingredientes, ni más ni menos, que al trabajar de manera simultánea constituyen al gótico y lo excluyen de otros estilos literarios:



1- Vocabulario:
El estilo narrativo del género gótico es espeso y, en cierta forma, barroco. Su vocabulario exuberante tiene como objetivo generar una atmósfera irregular, anómala, fuera del orden establecido. Este es, quizás, el aspecto que más condiciona al gótico en nuestros tiempos.


2- Ubicación:
La acción transcurre invariablemente puertas adentro, normalmente en un castillo o una vieja casona, que bien pueden estar desocupadas al principio o habitadas por algún personaje misterioso. El típico castillo gótico posee algunas secciones en ruinas y las integra a la parte habitada a través de pasadizos secretos, catacumbas, pasajes ocultos, sótanos interminables y habitaciones con sorprendentes propiedades acústicas.

El edificio en cuestión debe ser siempre parte del misterio central, o cómplice y escenario del mismo al convertirse en albergue para toda clase de criaturas nefastas. Debe infundir terror por sí mismo, por las siniestras posibilidades que se ocultan en sus recámaras secretas, y si es posible, claustrofobia.


3- Atmósfera:
El género gótico induce su atmósfera de suspenso a través del misterio y la sensación de una amenaza inminente. Esto se logra a través de personajes claramente desinformados y poco confiables. Nunca sabemos realmente si lo que ven, oyen y sienten es real o producto de sus sentidos exaltados.

En sí misma la trama gira alrededor de algún tipo de misterio, como una desaparición, una muerte prematura o un evento ilógico, inexplicable a la luz de la razón.


4- Profecía:
Siempre, invariablemente, algún tipo de profecía o hado siniestro pesa sobre el castillo o la familia que lo habita, siendo el protagonista el último de esa casta maldita. Desde luego, la profecía nunca es clara sino todo lo contrario, es endiabladamente oscura y solo llegamos a comprenderla en su totalidad al final de la historia.


5- Visiones:
El protagonista de la novela gótica suele tener sueños proféticos, visiones e incluso alucinaciones de dudosa autenticidad; por ejemplo, al ver una estatua que se mueve repentinamente o el cuadro de un familiar fallecido que súbitamente hace una escueta revelación.

Normalmente la psique del protagonista es puesta en tela de juicio al comienzo, casi siempre luego de un colapso nervioso. La llegada al castillo o la casona puede responder a un alejamiento de su rutina para recuperarse de su fragilidad mental.

Los desmayos en la novela gótica están a la orden del día, aunque a veces son reemplazados por breves e impactantes ensoñaciones, por ejemplo, luego de leer un libro prohibido en la biblioteca del castillo.


6- Sobrenatural:
Lo sobrenatural está presente en el género gótico, aunque luego esos hechos sean explicados con absoluta racionalidad.

No es infrecuente la irrupción de seres sobrenaturales como fantasmas, vampiros u hombres lobo. Los más populares, sin embargo, son los objetos inanimados que repentinamente cobran vida, como un cuadro, una estatua o una armadura.

El género gótico no es estricto al respecto: lo sobrenatural puede seguir siéndolo o bien es destrozado al final a través de la lógica. Todas las novelas de Ann Radcliffe, por ejemplo, prácticamente la madre del género, siempre terminan con alguna explicación lógica para los hechos sobrenaturales que ocurren a lo largo de la historia.


7- Emociones:
Mucho menos flexible en este rubro, el género gótico abunda en protagonistas con un delicado equilibrio emocional.

Todo el tiempo los protagonistas sienten el peso del destino (maldición) y se enfrentan a él con notables deficiencias emocionales, a menudo producto de una personalidad nerviosa, histérica y acabadamente neurótica.

En este contexto proliferan los llantos, los arranques de ira, el horror, la melancolía, la nostalgia, y un variado abanico de sensaciones extremas que condicionan el pensamiento lógico.


8- Protagonista:
El 90% de las novelas góticas colocan a una mujer en apuros como protagonista. Por aquella época se consideraba que la mujer era menos apta para enfrentarse a este tipo de asuntos, de modo que suelen ser representadas como víctimas de constantes desmayos, ataques de pánico y terrores nocturnos. Gritan y lloran a cada paso, y cuando no lo hacen se muestran melancólicas y pensativas.

En otras palabras, la mujer en la novela gótica sufre de principio a fin.

El 10% restante de las novelas góticas utiliza a las mujeres como foco de atención, es decir, como vértice del misterio del argumento, a veces como víctimas de lo sobrenatural, por ejemplo, de un vampiro o un fantasma acosador.


9. El Mal:
Siempre es masculino, impulsivo, poderoso y tiránico. Puede aparecer bajo la forma de un lord, un rey, un poderoso terrateniente o un nigromante. Es imposible encontrar una sola novela gótica en donde este arquetipo no le exija a la mujer en apuros que realice algún tipo de sacrificio intolerable.

Este desequilibrio de fuerzas y voluntades es realmente efectivo, y aún se usa en otros géneros. En la época del gótico clásico funcionaba como sustituto de la violación física.


10- Metonimia:
El género gótico usa y abusa de la metonimia, o trasnominación, aquel cambio semántico por el cual se alude a una cosa con el nombre de otra. Aquí, la metonimia es casi siempre climática: la noche, la luna, el viento, el frío, la oscuridad, sirven para expresar los estados de tensión emocional del protagonista, como si de alguna forma los fenómenos climáticos u atmosféricos se ajustaran a lo que ocurre en la historia.

Para dar un ejemplo claro: un tipo de metonimia cinematográfica clásica es retratar los funerales bajo una fuerte lluevia. Lo mismo ocurre en el género gótico —por ejemplo, haciendo que todas las benditas puertas giman sobre bisagras oxidadas— pero en un nivel y frecuencia constante, casi permanente, donde lo externo siempre refleja lo interno, es decir, las tensiones del protagonista.

Jamás encontraremos una novela gótica donde los pocos momentos de felicidad que expresan no se desarrollen bajo un sol radiante y donde el horror no se produzca en la oscuridad.

Los malos autores, o para decirlo en un tono más confidencial, los autores que creen escribir dentro del género gótico, suelen caer en la más aberrante metonimia: la obra como sustituto de tenebrosas tristezas y desproporcionadas ambiciones personales.

Este tipo de individuos no siente el menor escrúpulo en mostrarse devastado, melancólico, e incluso neurótico, para justificar una sucesión de párrafos imperdonables que supuestamente vienen a exorcizar a sus demonios y, como efecto colateral, infectar al lector como si este fuese el depositario lógico de sus excrementos.

A huir, dentro de lo posible, de esta estirpe de autores que creen ser ellos mismos los protagonistas de una novela gótica, más parecida a un palimpsesto de vagos impulsos que nada tienen que ver con el gótico, y por tal caso con ningún género literario, sino con profundos problemas personales.




Cultura gótica. I Literatura gótica.


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El artículo: 10 ingredientes para cocinar una novela gótica fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

alMiGhTy MoRgAn dijo...

Si el mal es masculino, ¿Carmilla es la excepción a la regla? ¿O no es un cuento gótico?

Salu2

Sebastián Beringheli dijo...

Lo masculino y lo femenino son principios que no tienen relación exclusiva con la genitalidad. Si has leído a Carmilla seguramente habrás notado que sus hábitos lésbicos, depredatorios, se acondicionan perfectamente al principio masculino del mal.