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Por qué los crucifijos no funcionan contra los vampiros


Por qué los crucifijos no funcionan contra los vampiros.




La imagen resulta conocida, y hasta fatigosa, para todos los amantes del cine de terror: un académico cazador de vampiros, por ejemplo, Abraham Van Helsing, se enfrenta con un vampiro que huye despavorido ante la presencia de un crucifijo.

La idea de que los vampiros odian las cruces y los crucifijos está notablemente extendida en la literatura vampírica del siglo XX y XXI, al punto de convertirse en un lugar común sin margen para la objeción, tal como pueden serlo otras tradiciones populares, por ejemplo: que los vampiros no se reflejan en los espejos, que no pueden sobrevivir a la luz del sol, que sólo se alimentan de la sangre de los vivos, o bien que excluyen de su dieta cualquier tipo de manjar condimentado con ajo.

La expansión, pero sobre todo el establecimiento definitivo de la idea de que los vampiros pueden ser ahuyentados con un crucifijo, procede directamente del cine, y en particular de las películas de vampiros del siglo XX, que utilizaron este reconocido objeto religioso como una especie de arma espiritual contra los chupasangres.

Sin embargo, los crucifijos no son mencionados en ninguna leyenda clásica de vampiros, y mucho menos como repelente espiritual.

No existen mitos, ni siquiera ínfimas tradiciones populares de antaño, que afirmen que los vampiros le temen a la cruz.

¿De dónde proviene entonces este lugar común del cine y la literatura moderna?

Naturalmente, como en tantos otros casos, de la novela de vampiros de Bram Stoker: Drácula (Dracula).

El gran mérito de Bram Stoker fue extrapolar la imagen cristiana del Christo Mortuis, el Cristo Muerto latinizado, utilizado en tanto en exorcismos como en maniobras y operaciones de tipo ritual para expulsar demonios y otros esbirros de Satanás, y transformarlo en una poderosa arma contra los vampiros.

Antes de Drácula, insisto, no se hallan menciones de ningún tipo, ni en la literatura ni en la leyenda, que aseguren que los vampiros odian los crucifijos y menos aún que estos funcionan como un profiláctico contra sus ataques.

Ahora bien, lo curioso es que Bram Stoker tampoco hace de las cruces y crucifijos un arma infalible contra los vampiros.

Por el contrario, cada vez que son utilizados a lo largo de la novela éstos demuestran ser bastante ineficaces.

En el primer capítulo de Drácula, una mujer le entrega un rosario a Jonathan Harker para protegerlo de los sedientos chupasangres de aquella tierra; y el abogado, un protestante de temperamento más bien inflexible, incluso parece burlarse íntimamente de esa creencia idólatra.

Sería redundante aclarar que, con o sin crucifijo, Harker fue literalmente vaciado por los besos y caricias blasfemas de las tres novias de Drácula.

Más adelante, Bram Stoker da cuenta de las zozobras que debió enfrentar el capitán del Demeter, embarcación que transportó a Drácula hasta Inglaterra, quien fue hallado muerto por las autoridades portuarias atado al timón y con la cruz de un rosario en sus manos, mostrando nuevamente la inutilidad de este objeto contra los vampiros.

Incluso el profesor Abraham Van Helsing prescribe el uso de cruces para proteger a la delicada Lucy Westenra, objeto que resulta ser una mera fantasía decorativa para el conde, quien se alimenta de la sangre de la muchacha en repetidas ocasiones y en presencia de la cruz.

Resulta curioso que una tradición folklórica inventada exclusivamente para una novela, y que ni siquiera dentro de su propio universo funciona como un profiláctico eficaz contra los vampiros, haya ganado tanto terreno en el imaginario popular.




Leyendas de vampiros. I Razas de vampiros.


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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Por mí pueden vaciarme de sangre cuando quieran, las novias de Drácula. Pero a cambio de su seducción.

Y suele pasar que algunas historias lo escriban quienes han leído con descuido, las historias en que se basan.