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¿Por qué los vampiros beben sangre?


¿Por qué los vampiros beben sangre?




Las leyendas no suelen ser rígidas respecto a la supuesta necesidad de los vampiros por beber sangre. Más aún, la sangre es apenas una de las tantas posibilidades que conforman los hábitos alimenticios de los vampiros.

Durante la Edad Media se creía que los vampiros comían únicamente la carne descompuesta de los muertos, incluso que roían viejas tibias al estilo de los trolls; y que preferían estos manjares por encima de la sangre de los vivos.

De hecho, abundan losa relatos de vampiros que se entretienen en roer sus propias extremidades en las largas horas de hastío de la tumba.

Recién a mediados de la Edad Media se comenzó a hablar de vampiros que bebían sangre despreciando otros fluidos y tejidos humanos.

Beber únicamente sangre es un refinamiento propio de la literatura, no de la leyenda; salvo algunos casos aislados donde se denuncia la presencia de vampiros con necesidades alimentarias que se ajustan a algún trauma de su historia personal, como el caso de Lilith, la madre de los vampiros; o los Bluatsauger, por ejemplo.

Con la llegada de los vampiros a la novela gótica empezó a hablarse de ellos como bebedores de sangre y no como simples carroñeros de ultratumba.

Uno de los primeros ejemplos de vampiros que beben sangre se da en la novela: Varney el vampiro, o el festín de sangre (Varney the Vampire, or the Feast of Blood), de Thomas Peckett Prest, publicada por entregas entre 1645 y 1847.

Pero fue el arribo de Carmilla (Carmilla), de Sheridan Le Fanu, pero sobre todo con Drácula (Dracula), de Bram Stoker, los que determinaron un cambio radical en la naturaleza de los vampiros.

Se volvieron más refinados, más civilizados; perdieron radicalmente aquella naturaleza bestial, anómala, permitiéndoles guardar la compostura entre los mortales salvo que detectaran una pequeña gota de sangre.

El simbolismo de la sangre y los vampiros es bastante claro y no necesita mayores interpretaciones. Pero la ausencia de sangre en las viejas leyendas de vampiros responde a una economía de recursos. El concepto que buscaban reflejar ya era lo suficientemente claro como para recurrir a tales astucias.

Recordemos que en las leyendas de vampiros éstos son seres bastante desagradables, literalmente muertos que caminan y se mueven bajo las sombras de la noche, buscando cadáveres, ratas y viejos huesos para roer.

El horror que despedían era visible y no ofrecía dudas, de forma que acentuar su naturaleza diabólica a través de un rasgo menor, como lo es beber sangre, no solo resultaba peligrosamente redundante sino procaz.

La sangre solo se volvió importante cuando los vampiros fueron perdiendo sus características bestiales y, quizás para sobrevivir, adoptaron los hábitos de sus presas, en este caso, el ser humano. Solo entonces empezaron a beber sangre regularmente.

Podemos pensar que, en cierta forma, se trata de una evolución; es decir, del depredador que cambia radicalmente sus estrategias de cacería para adaptarse a los nuevos tiempos.

Pero también podemos verlo como una degradación, un retroceso en la dignidad del cazador. Imaginemos por un momento lo indigno que podría ser para un lobo disfrazarse de ciervo, comportarse y vivir entre ellos para poder cazarlos.

Esta metamorfosis del vampiro hacia una forma de humanidad inarticulada no evidencia directamente sus características diabólicas, por el contrario, las oculta.

Solo en la sangre, en esa sed inapelable que no es otra cosa que un llamado a las raíces, a regresar a los instintos primarios del depredador nocturno, donde queda de manifiesto que los vampiros son, en definitiva, lo que nunca debieron dejar de ser.




Más sobre vampiros. I Razas y clanes de vampiros.


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