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El vampiro de la catedral de Amiens

El vampiro de la catedral de Amiens.

La historia del vampiro de la Catedral de Amiens, Francia, es una de las leyendas de vampiros más desconcertantes del folklore bretón.

Durante el siglo XIV se creía que la Catedral de Amiens estaba habitada por fantasmas, más precisamente por un Ghoul —especie de vampiro necrófago de aspecto desagradable que ronda por los cementerios—, al cual ubicaban en el alto campanario, tal como siglos después lo haría Edgar Allan Poe en su poema clásico sobre Ghouls: Las campanas (The Bells).

Cierto día, un buen hombre llamado Gerard Doufrie fue atacado por un vampiro en uno de los accesos occidentales de la catedral. 

En plena agonía, la víctima consiguió arrastrarse hacia el interior de la nave, donde pereció en presencia de un consternado párroco, quien razonó que una muerte semejante no sólo es atroz, habida cuenta del rostro desfigurado del pobre Doufrie, sino perniciosa para la reputación de la catedral.

Los años fueron pasando y los piadosos ciudadanos de Amiens empezaron a observar extrañas esferas de luces multicolores flotando en las ventanas de la catedral. 

En 1390 se realizó una búsqueda para identificar el origen de las luces. 

Fue encabezada nada menos que por el obispo de París, muy temeroso del buen nombre de la iglesia, pero no arrojó novedades sobre el asunto, quizá porque la pesquisa se efectuó en la catedral de Dotre Dame, en un intento sospechoso de abaratar gastos.

En 1395, Marie Lac D'Urine señaló que, volviendo a su casa luego de una deshidratante jornada laboral, vio que un vampiro trepaba sobre los muros de la catedral como si fuera un insecto de proporciones insensatas. 

Atónita, la mujer instigó al cura a echar mano sobre el misterio pero el eclesiástico desechó la sugerencia argumentando que no tenía ninguna autoridad sobre los muros exteriores.

A mediados de 1399 las apariciones del vampiro de la Catedral de Amiens se hicieron tan frecuentes como enojosas. La gente estaba cansada de las constantes interrupciones de los sermones y las soporíferas demoras en confesiones y homilías.

Ya en 1911, el escritor Ambrose Bierce investigó el tema y llegó a una conclusión perturbadora sobre el dramático final del vampiro de la Catedral de Amiens, que a continuación reproducimos. 



A comienzos del siglo XIV un vampiro fue acorralado en la cripta de la catedral de Amiens y la población entera rodeó el lugar.

Veinte hombres armados, con un sacerdote a la cabeza, llevando un crucifijo, entraron y capturaron al vampiro que, pensando escapar mediante una estratagema, había asumido el aspecto de un conocido ciudadano, lo que no impidió que lo ahorcaran y descuartizaran en medio de abominables orgías populares.

El ciudadano cuya forma había asumido el vampiro quedó tan afectado por el siniestro episodio que ya no volvió a aparecer en Amiens, y su destino sigue siendo un misterio.






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