«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:
bienvenidas a la oscuridad.»



Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Se oyó en el tejado a medianoche, uno de los grandes poemas de Leah Bodine Drake, ofrece un breve retrato de la creencia en las brujas, doblemente interesante si se tiene en cuenta que la autora era descendiente del experto en demonología Jean Bodin, autor del tratado de 1580: De la démonomanie des sorciers [«Sobre la adoración demoníaca de las brujas»]

El poema abre con la Oradora «sentada junto al fuego» durante la Noche de Walpurgis. De repente, oye «a unas brujas en el tejado», incluso oye «relinchar sus escobas» y a una anciana, de nombre Lib, llamando a sus hermanas y «compañeros del aquelarre». Estos compañeros son espíritus familiares que forman parte del coven: gatos, una gallina [«disfrazada de comadreja»] y una kelpie, especie de ninfa acuática del folklore escocés, quienes «surcan el aire con furia», es decir, vuelan hacia el «Sabbat».

Entonces la Oradora oye «gritar a las brujas», llamándola, invitándola a unirse, a abrir el «alma a la antigua alegría». Sabemos que se dirigen a ella porque la anciana alude a alguien que «dormita junto al hogar», y la Oradora comienza el poema sentada junto al fuego. Sabemos también que la Oradora es mujer porque la bruja la invita a bajar «la escoba» del «estante», y luego añade: «¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga! / ¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Las Piedras Sarsen que menciona la bruja son bloques de arenisca tallados por los pueblos neolíticos de Europa. Se encuentran principalmente en Inglaterra, como Stonehenge, Avebury y otros lugares. Esto pone en duda la ubicación geográfica del poema. Por la mención a la kelpie, parece ser Escocia, por la mención a las Piedras Sarsen, parece ser Inglaterra. En Escocia no tienen este nombre, pero sin duda existen monumentos de este tipo.

Al final, la Oradora se aferra al Libro, es decir, la Biblia, mientras oye a las brujas «surcar los cielos de medianoche». Finalmente se atreve a mirar por la ventana, pero «todo estaba vacío», excepto por «dos murciélagos», que se alejan volando «a través de la luna».

Tal como lo anuncia su título, Se oyó en el tejado a medianoche es un poema repleto de imágenes que nunca son vistas, sino reconstruidas a partir de sonidos. Lo único que alcanza a ver la Oradora son dos murciélagos. Las voces, los gritos, los correteos por el techo, las escobas, pueden ser parte del terror de la noche de Walpurgis, la fantasía de una mujer sola, pero creo que Leah Bodine Drake intenta decirnos que, en ciertas noches, algunos simplemente son llamados a los misterios de la noche.




Se oyó en el tejado a medianoche..
Heard on the Roof at Midnight, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:

«Bienvenidas a la oscuridad, Tess, muchacha.
¿Has visto pasar a nuestros compañeros del aquelarre?»
«¡Sí, Lib! ¡El Kelpie de su estanque
y la mitad de los gatos del granero
surcaron el aire con furia,
cada uno creciendo hasta duplicar su tamaño!
La gallina pasó disfrazada de comadreja.
¡Oh, el coven se reúne para el Sabbat!»

Entonces mi sangre se heló, y volvió a arder,
al oír gritar a las brujas (las oí claramente):
«¡Tú que dormitas junto al hogar!
¡Abre tu alma a la antigua alegría!
¡No encadenes más tu ser secreto!
¡Baja la escoba de su estante!
El búho ha ululado dos veces, gime el viento nocturno.
La luna sonríe sobre las Piedras Sarsen.
¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga!
¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Entonces cerré la ventana, recé una oración
(¡No me atreví a escuchar más!)
abracé el Libro y cerré los ojos...
Las oí surcar los cielos de medianoche.
Miré por la ventana y todo estaba vacío.
El techo, la cumbrera y el aire lechoso.
Y solo dos murciélagos, que pronto desaparecieron,
volaban a través de la luna.


As I sat by my fire one night
Witches I heard on the roof alight.
I heard their broomsticks whinny and neigh.
And then I heard one beldame say:

"Well met in darkaess,Tess,my lass I
Have you seen our coven comrades pass?”
"Aye,Lib! The Kelpie from her tarn,
And half the cats from miller's barn
Tore through the air with fiery
Each one grown to twice his size!
The hen-wife passed in a weasel’s habit -
Oh,the coven gathers for the Sabbat!"

Then my blood ran cold, and hot again,
As I heard the witches (Heard them plain).
Cry,"You who doze by the dullard hearth.
Open your soul to the ancient mirth!
Chain no longer your secret self.
Take down the besom from its shelf!
The owl ’s cried twice, the night wind moans.
The moon grins over the Sarsen Stones.
Fling wide the casement,mount and ride -
Walpurgis Night is all outside!"

Then I barred the window, I said a prayer
(To listen longer I didn't dare!)
I clasped the Book and I closed my eyes...
I heard them rush through the midnight skies.
So I looked out the windows all was bare.
Roof and ridgepole and milky air.
And only two bats, who vanished soon,
Were winging their way across the moon.


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas.
Hemos visto los soles negros
derramando la noche»



Nictálope (Nyctalops) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado originalmente en la edición de octubre de 1929 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Nictálope, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, despliega un vasto repertorio de criaturas mitológicas, arquetípicas de la noche.

El título del poema posee una doble faz. Por un lado, «nictálope» designa a una persona que padece nictalopía, la cual se caracteriza por una disminución de la visión en condiciones de poca luz. No es una enfermedad en sí misma, sino el síntoma. Sin embargo, Clark Ashton Smith emplea el término en su sentido original, contrario al uso médico, el cual describe a una persona [o animal] con la capacidad de ver en la oscuridad. La palabra proviene del griego nyktos, «noche»; y optos, «vista».

El poema abre con una pregunta a los que «ven en la oscuridad», es decir, a los nictálopes:


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?


La respuesta del nictálope es un catálogo de horrores cósmicos, seres mitológicos y sutilezas cuánticas:


Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


En 1933, cuatro años después de la publicación de este poema, Clark Ashton Smith volvería a utilizar el término nyctalops en El viaje del rey Euvoran (The Voyage of King Euvoran). En una escena, Euvoran está en una celda y es visitado por una especie de búho, «un nictalopo de ojos amarillos brillantes» pero «con las robustas patas de un megápodo». Como es lógico en una situación semejante, Euvoran está incómodo, en especial debido a la mirada del ave, «que lo fulminaba con un brillo más intenso a medida que la penumbra se intensificaba».

En una carta a H. P. Lovecraft, fechada en febrero de 1931, Clark Ashton Smith deja en claro que considera a Nictálope como uno de sus mejores poemas:


«Si realmente tuviera la energía que me atribuyes, intentaría hacer algo con mis traducciones, poemas, etc. Pero con las condiciones actuales del mercado, imagino que sería doblemente difícil interesar a alguien. Sin embargo, todavía se publica poesía; recientemente he recibido solicitudes de colaboración de las editoriales de dos antologías proyectadas. Una de ellas incluirá cinco de mis mejores poemas cortos: Símbolos (Symbols), Nictálope (Nyctalops), La nereida (The Nereid), Palmeras (Palms) y Sepultura (Sepulture)


En lo personal, creo que Nictálope es un homenaje de Clark Ashton Smith a todos los autores del género macabro, en particular a Lovecraft y sus camaradas de Weird Tales, quienes eran, en cierto modo, aquellos que «veían en la oscuridad», es decir, quienes se permitían observar en las tinieblas de la naturaleza para proporcionarnos todas esas visiones extrañas [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]




Nictálope.
Nyctalops, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?

Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


Ye that see in darkness
When the moon is drowned
In the coiling fen-mist
Far along the ground—
Ye that see in darkness,
Say, what have ye found?

—We have seen strange atoms
Trysting on the air—
The dust of vanished lovers
Long parted in despair,
And dust of flowers that withered
In worlds of otherwhere.

We have seen the nightmares
Winging down the sky,
Bat-like and silent,
To where the sleepers lie;
We have seen the bosoms
Of the succubi.

We have seen the crystal
Of dead Medusa's tears.
We have watched the undines
That wane in stagnant weirs,
And mandrakes madly dancing
By black, blood-swollen meres.

We have seen the satyrs
Their ancient loves renew
With moon-white nymphs of cypress,
Pale dryads of the yew,
In the tall grass of graveyards
Weighed down with evening's dew.

We have seen the darkness
Where charnel things decay,
Where atom moves with atom
In shining swift array,
Like ordered constellations
On some sidereal way.

We have seen fair colors
That dwell not in the light—
Intenser gold and iris
Occult and recondite;
We have seen the black suns
Pouring forth the night.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: Nictálope (Nyctalops), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Apariciones post-mortem.


Apariciones post-mortem.




«Quince apariciones he visto;
la peor, un abrigo colgado en una percha.»

[Las apariciones, W.B. Yeats]



Hace un tiempo en El Espejo Gótico hablamos de las apariciones de crisis, que podrían describirse como visiones de personas vivas en situaciones de enfermedad grave, agonía o peligro mortal. Las «apariciones post-mortem» son visiones de personas fallecidas, en general, poco después su muerte y comúnmente interpretadas como despedidas. Por otro lado, las apariciones post-mortem no tienen por qué ser perturbadoras para quien las experimenta, aunque a veces lo son [ver: Comunicaciones post-mortem]

Por «aparición» se entiende, a grandes rasgos, un fenómeno visible que se asemeja en su aspecto al ser humano que la proyectó. Es un término algo engañoso, al igual que «fantasma». entidad a la cual se le atribuye cierta perduración, como el típico fantasma que ronda por una casa en particular y puede ser visto durante muchos años. En cambio, las apariciones post-mortem se producen una sola vez, durante unos segundos, y en ocasiones manifiestan efectos físicos como mover objetos o interactuar con el entorno, cuestiones que normalmente se asocian al comportamiento de los fantasmas [ver: Señales de que hay un espíritu en casa]

Las apariciones, bueno, aparecen [lat. apparere, «mostrarse»], es decir, son fenómenos visuales que pueden incluir otras manifestaciones sensoriales subordinadas [oído, olfato, gusto y tacto].

Si bien se considera que las apariciones post-mortem no interactúan demasiado con el entorno físico, debemos ampliar esa definición para incluir fenómenos auditivos y olfativos, además de los visuales. Entre los sonidos asociados se encuentran pasos, golpes, y muy ocasionalmente voces,. Entre los aromas se encuentran olores fuertes, no necesariamente desagradables, asociados a la persona cuando estaba viva, como café, perfume, tabaco.

Escasean los casos en los que la aparición diga más que unas pocas palabras, casi siempre nombres propios o lugares, a veces en un tono cordial, otras con un timbre autoritario, incluso irritado. Menos infrecuentes son las experiencias táctiles, desde leves caricias en el rostro, abrazos, a fuertes golpes o tirones de ropa [ver: Cuando algo invisible te toca]

La enorme mayoría de las apariciones post-mortem se producen pocas horas después de la muerte de la persona, aunque esta ventana puede expandirse a días o incluso meses. Interactúan directamente con una o dos personas de su entorno, familiares o amigos cercanos, y suelen tener un propósito explícito, a veces simplemente despedirse, otras comunicar un mensaje.

Cuando se habla de fenómenos paranormales se suele dejar de lado a las apariciones post-mortem por considerarlas experiencias demasiado subjetivas, pero lo cierto es que, más allá de una vaga sensación de presencia, las dos experiencias más comunes durante el duelo son «oír» y «ver» al difunto. De hecho, el duelo parece ser el combustible que permite establecer tal enlace, habida cuenta que las apariciones tienden a disminuir en frecuencia después del primer año desde la pérdida. En cambio, la sensación de «presencia» puede persistir durante muchos años, incluso durante toda la vida [ver: Experiencia aparicional]

El momento más propicio para las apariciones post-mortem no suele coincidir con los instantes de dolor crudo y desgarrador tras la pérdida, no en los momentos de absoluta tristeza y desolación, sino más bien en la desorientación posterior que forma parte del inicio del duelo. El contacto es inesperado e involuntario, es decir, no tiene que ver con la intensidad del dolor ni con el deseo de volver a ver a la persona fallecida. Simplemente ocurre, y cuando ocurre suele ser una experiencia reconfortante.

La literatura parapsicológica es extensa en lo que refiere a las apariciones post-mortem, en parte porque estas experiencias podrían estar relacionadas con el uso o activación de la percepción extrasensorial, en parte porque los fenómenos físicos asociados [sonidos, movimiento de objetos, proyección de sombras] podrían implicar la utilización de psicoquinesis.

Las apariciones post-mortem pueden producirse en cualquier sitio, no solo en la casa donde vivió el difunto. En esencia, están asociadas a una persona. En lugar de ser vistas en el ámbito doméstico, o en sitios donde trabajaron, las apariciones se dirigen a las personas que conocieron en vida. No tienen un vínculo estrecho con los espacios físicos, como ocurre con los fantasmas. La parapsicóloga Louisa E. Rhine acuñó en 1957 el término: «tipo espectador» (bystander-type) para aquellas apariciones que son observadas por un tercero, un espectador, que no es el destinatario del mensaje. Algo así como un testigo casual.

A diferencia del fantasma de la literatura gótica: difuso, hecho de sombras y niebla, las apariciones post-mortem son de aspecto sólido, siendo muy similares o idénticas a la persona cuando estaba viva. Sin embargo, esta «solidez» es aparente, y no está sujeta a las leyes físicas que conocemos. Pueden aparecer y desaparecer en espacios cerrados o atravesar objetos sólidos sin problema.

Los fenómenos táctiles son raros, y nulos cuando son buscados por la persona viva. Los intentos de tocar una aparición cortan de cuajo la experiencia, pero a veces la diluyen progresivamente. Por ejemplo, la aparición se presenta con un obstáculo entre ella y el testigo [un mueble, el cristal de una ventana, una calle], o bien evita el contacto. Siempre parece estar fuera del alcance de la mano, como si uno se estirara indefinidamente, hasta que por fin desaparece en un punto inaccesible. Esto resulta difícil de imaginar, pero quizás las apariciones post-mortem traigan consigo una distorsión más o menos aguda en la percepción del testigo. Tanto es así que todavía se discute si se trata de un fenómeno externo o meramente mental.

En resumen, podría decirse que los parámetros de la experiencia, la forma en que el testigo percibe a la aparición, están determinados por su propio estado mental en el momento del evento, y hasta condicionado por las intenciones de la aparición.

Los fantasmas o entidades asociadas a un lugar físico pueden comportarse de forma [aparentemente] errática, confusa, como si existiera cierto grado de desorientación espacial, pero las apariciones post-mortem muestran un comportamiento que sugiere consciencia de su entorno. Se mueven en una habitación evitando muebles, realizan acciones deliberadas como girar la cabeza para seguir los movimientos de la persona viva, etc.

Los avistamientos de apariciones tienden a disminuir rápidamente en los días posteriores al deceso [si no ocurre pronto, es probable que no ocurra nunca]. De hecho, los casos de apariciones post-mortem después del año del fallecimiento son raros, y su intensidad [la claridad o nitidez con la que se manifiestan] también se reduce drásticamente. Sin embargo, con el tiempo aumenta la frecuencia de fenómenos más subjetivos, como sensaciones súbitas de tibieza, frío, aire, que a menudo son experimentadas como una forma de tacto [ver: Toques espirituales]

La variabilidad de estas experiencias, así como su carga de subjetividad, atentan contra cualquier intento de esbozar una teoría unificada. Algunos sostienen que las apariciones post-mortem no representan la totalidad de la persona fallecida, sino un impulso, un sentimiento, algo de su personalidad que perdura un tiempo en nuestro plano y busca comunicarse con las personas con las que tuvo un vínculo emocional. De modo tal que si alguien es visitado por su padre fallecido, el visitante es la suma de todos los aspectos paternales de la persona, esa faz que solo existe en relación al testigo, en este caso, un hijo.

Tal vez debido a esto las apariciones post-mortem parecen incapaces de improvisar, o al menos desplazarse lateralmente de sus intenciones de comunicación. No oyen razones, no responden preguntas ni cumplen solicitudes. Hacen lo que han venido a hacer: despedirse y hacernos saber que están bien.

También existe una diferencia entre una aparición post-mortem y esta especie de «huella» o «registro» [o recuerdo impreso] que las personas dejan en ciertos lugares donde vivieron. Hasta podría decirse que la parapsicología tuvo su origen en la idea de que los lugares pueden conservar de alguna manera la «huella» de personas y eventos del pasado. Después de todo, los fantasmas, espíritus y entidades que pueblan los bestiarios parapsicológicos son rebanadas del pasado. No se registran, que yo sepa, fantasmas del futuro [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

A finales del siglo XIX, la investigadora Eleanor Sidgwick propuso que existe «algo» en los espacios físicos habitados por personas, una «influencia sutil» que sirve de plataforma para que se produzca la aparición. Más que combustible, sería algo así como un sucesivo registro de impresiones que se extraen y consolidan para dar forma visible a la aparición. Estas ideas fueron la base para la teoría de la Cinta de Piedra, algo diferente, la cual propone que las apariciones vistas repetidamente, en patrones regulares, en un sitio determinado, son activaciones bruscas de energía residual almacenada. En otras palabras, las apariciones podrían ser fragmentos del pasado que han quedado grabados en el lugar [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

Las apariciones post-mortem no se comportan de esta manera. No son fenómenos repetitivos, no siguen un patrón, y son conscientes del entorno, aunque sí se producen con mayor frecuencia en lugares donde pudo haber quedado algún tipo de rastro, vestigio o huella de la persona cuando estaba viva. Tampoco hablamos aquí de huellas de eventos traumáticos, como a menudo se expone en la ficción. Los registros de emociones que la persona viva va dejando impresos son sutiles y automáticos, como huellas dactilares en una copa.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


Más Consultorio Paranormal:
El artículo: Apariciones post-mortem fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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