«Mysterium Horrendum»: algunas sensaciones extrañas antes de lo paranormal.


«Mysterium Horrendum»: algunas sensaciones extrañas antes de lo paranormal.




«Esas leyes fijas de la Naturaleza son nuestra
única protección contra los asaltos del caos.»
[H. P. Lovecraft]



Antes de la ocurrencia de un fenómeno paranormal, el sujeto experimenta una sensación extraña, como si acabara de entrar sin autorización en un sitio prohibido. Los sonidos se apagan de repente, como si se hubiera accionado un interruptor. Todo está en silencio, inmóvil, expectante. Algunos lo describen como transitar por una rebanada de tiempo sin conexión con el antes y el después.

Buena parte de la parapsicología de comienzos del siglo XX asegura que los testigos de fenómenos paranormales suelen experimentar esta sensación de ser transportados temporalmente a una realidad paralela, similar a la realidad conocida pero ligeramente distinta. Esto adquiere mayor definición dentro de una casa. Parece quedar desprovista de cualquier sonido conocido durante el tiempo que dura la experiencia; pero también los espacios públicos, una calle, una plaza, quedan vacíos de ruido, ni siquiera se oye el ladrido de los perros. De pronto, todo vuelve a la normalidad, y el sujeto queda preguntándose si de hecho ocurrió algo o fue solo su imaginación.

Algunos investigadores proponen que existe una zona de influencia alrededor de ciertos fenómenos paranormales. Si estás dentro, se la experimenta como una realidad alternativa donde el tiempo parece detenerse, desaparecer, y hasta perder todo su significado. Si estás afuera, se la percibe como un ligero malestar o incomodidad justo antes de que el fenómeno tenga lugar [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

Esta sensación de desplazamiento es conocida como campana de irrealidad, y en general no llega a ser más que una conjunción de silencios en una casa o un lugar ruidoso, asociado a sentimientos extraños. Suele producirse en espacios liminales [cementerios, bifurcaciones, caminos rurales, edificios antiguos] o en espacios de transición dentro de una casa [pasillos, habitaciones en desuso]. De algún modo, estas áreas funcionan como burbujas donde se puede acceder sensorialmente a otras frecuencias, dimensiones o tiempos [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

Las dos características de este fenómeno son, en primer lugar, la sensación de que el tiempo se detiene; y la segunda que el sonido desaparece, generando una atmósfera de aislamiento. Por supuesto, cuando el fenómeno anormal ocurre nos centramos en él, y esta instancia previa queda en un segundo plano.

En ocasiones, la campana de irrealidad se produce en espacios abiertos, por ejemplo, caminando por una calle vacía durante la noche. El silencio en la burbuja acústica puede ser aterrador, así como la sensación de inminencia, como si algo o alguien estuviera a punto de saltar sobre tu espalda.

Siendo un ser racional, es probable que el sujeto descarte lo que está ocurriendo, o lo ignore, y siga caminando. Después de todo, sentirse raro, incluso un poco paranoico, no es tan infrecuente. ¿Qué podría andar mal? Sin embargo, empieza a instalarse en tu cabeza. Caminas un poco más a medida que el estado de alerta se apodera de tus sentidos. No hay ningún peligro a la vista, presente o inminente, pero todo tu cuerpo grita lo contrario. De repente se oye un grito a la distancia, o un susurro en tus oídos, lo suficientemente claro como para reconocer que se trata de tu propia voz [ver: Algo me llamó por mi nombre]

Después de unos segundos de parálisis, el miedo ocupa cada resquicio. Te susurra que, si sigues adelante, algo terrible ocurrirá. Necesitas salir de ahí.

Lo más común es que esto ocurra en casa: el área alrededor de la persona que está por presenciar un suceso extraño queda súbitamente en silencio. A veces ni siquiera llegamos a notar el suceso paranormal, solo quedamos absortos en este aparente cambio de entorno.

Existe una vasta bibliografía sobre estos silencios sobrenaturales que parecen ser el preludio de una variedad de sucesos extraños, y en todos los casos encontramos un cambio brusco en el ritmo en que se percibe el tiempo, asociado a una sensación de peligro inminente, sin causa, como si el lugar de repente se desordenara y reorganizara en un instante [incluida nuestra relación con el tiempo lineal], dejándonos incapaces de procesar lo que ha ocurrido.

Las llamadas «cosas raras» ocurren todo el tiempo y en todas partes. La mayoría de las veces no poseen la densidad necesaria para que reparemos en ellas, pero cuando ocurren en el hogar son fácilmente detectables a través de esta percepción alterada, más o menos intensa de acuerdo a la espectacularidad del fenómeno.

En las primeras fases del fenómeno poltergeist se observa un conjunto de síntomas similares [ver: Las 8 fases de la actividad poltergeist]. La mayoría confluye en la impresión de haber abandonado temporalmente la realidad ordinaria y entrado en otro espacio, con otras reglas. Esto se debe al desplazamiento del punto de vista, es decir, el sujeto ha cambiado su estado de consciencia, por lo que le es posible percibir muchos aspectos de la realidad que hasta entonces le eran desconocidos.

La presencia de entidades, humanas o no humanas, trae consigo un comportamiento inusual de la luz. Si la sensación es agradable, seductora, o simplemente surrealista, como podría serlo una aparición de crisis, se produce lo que Rudolf Otto llama Mysterium Fascinans [«misterio (secreto) fascinante»]. Si la sensación es ominosa, sobrecogedora, comienza el Mysterium Tremendum [o mysterium horrendum, «misterio terrible» y «misterio horrible» respectivamente].

El mysterium horrendum podría describirse como el conjunto de respuestas humanas por defecto ante un suceso anormal, es decir, miedo intenso, sobrecogedor, que se acciona ante algo que nuestra mente no puede comprender ni procesar pero que nuestros sentidos llegan a captar fugazmente. Si examinamos cualquier fenómeno paranormal veremos que el mysterium horrendum es un hilo conductor, junto con otras características fenomenológicas. Hasta podría tomarse como indicador de si el fenómeno fue real, es decir, objetivo, o producto de la imaginación.

Es decir que muchas experiencias paranormales, desde la presencia de fantasmas [energía residual] a la interacción de entidades inteligentes con nuestro entorno físico, están atravesadas por sensaciones humanas que podemos reconocer, aunque su origen sea desconocido. En los peores casos, el fenómeno parece impregnar el lugar con una sensación de malevolencia que casi puede palparse [ver: Loca Infesta: de la infestación demoníaca al poltergeist]

No es infrecuente que recibamos en nuestro Consultorio paranormal experiencias de personas que aseguran interactuar con lo extraño de forma natural, sin miedo ni inquietud. Yo diría que esa es una buena señal de que se trata de fenómenos ilusorios, producto de confusiones y un mal diagnóstico de la situación. En todas las experiencias paranormales, como mínimo, subyace una profunda sensación de rareza.

En otras palabras, para que surja el mysterium horrendum es necesario encontrarse, rozar siquiera, la absoluta otredad, algo que no tiene cabida en nuestra concepción de la realdad, sino que pertenece a una esfera de la experiencia diferente. No se trata simplemente de una respuesta emocional, todo lo contrario; constituye la necesidad de recurrir a lo irracional para tratar de procesar lo que está ocurriendo, lo cual puede ser francamente aterrador.

Rudolf Otto va todavía más lejos, y declara que el mysterium horrendum es la reacción humana ante la presencia de lo demoníaco, es decir, entidades no humanas y en contra de la humanidad, pero el hombre era teólogo y razonaba, como todos, dentro de su estructura de creencias [ver: Sobre las apariciones demoníacas]

Muchas creencias antiguas hablan de esto. Por un lado, el misterio de la divinidad que llega como una suave marea y nos deja en un estado de admiración. Por el otro, el arrebato de terror ante inteligencias o fuerzas hostiles. También lo encontramos en la ficción extraña, en el weird, en dosis tolerables pero que pueden darnos un chispazo de la experiencia real de esos intersticios de tiempo y espacio. Pienso en aquella definición dada por H. P. Lovecraft en el ensayo: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature):


«El verdadero relato sobrenatural contiene algo más que un asesinato secreto, huesos ensangrentados o una figura envuelta en sábanas que arrastra cadenas. Debe estar presente una atmósfera de terror inexplicable y sin aliento ante fuerzas externas desconocidas; y debe haber un indicio, expresado con una seriedad y una solemnidad dignas de su tema, de esa terrible concepción del cerebro humano: una suspensión o derrota maligna y particular de esas leyes fijas de la Naturaleza que son nuestra única protección contra los asaltos del caos y los demonios del espacio inexplorado.»


El mysterium horrendum es una forma ampliada del weird que propone Lovecraft: es «una atmósfera de terror inexplicable» ante «fuerzas externas desconocidas», que no son otra cosa que un desafío a «esas leyes fijas de la Naturaleza que son nuestra única protección contra los asaltos del caos y los demonios del espacio inexplorado».

Hablamos, en definitiva, de un tipo particular de perturbación que implica una sensación de extrañeza. Hemos presenciado, o estamos apunto de presenciar, algo que no debería ocurrir. Por lo tanto, invalida todas las categorías que, hasta entonces, hemos utilizado para asimilar la realidad.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió.
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,»



Casa maldita (House Accurst) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado en la antología de Arkham House de 1950: Un abecedario para brujas (A Hornbook for Witches).

Casa maldita, uno de los poemas de Leah Bodine Drake más reconocidos, versifica la historia de un hombre que maldice una casa, y cómo esta empieza a deteriorarse hasta ser tragada por la tierra.

El tema del poema posee tintes macabros, como todas las piezas de Leah Bodine Drake, aunque la estructura es convencional. Por alguna razón, es un poema intrigante. Todo es bastante directo, casi sin puntos ciegos, pero la casa y el hombre que la maldice parecen sacados de una historia que no puedo identificar. Es importante mencionar que Leah Bodine Drake es la segunda poetisa más prolífica de Weird Tales, por lo que no sería extraño que utilizara material de base proveniente de alguna historia publicada en la revista.

La caída de esta casa anónima se asemeja a la Casa Usher, de Edgar Allan Poe, sobre todo por la rapidez y la espectacularidad de su declive y destrucción [ver: El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher»], pero tal vez su origen tenga más que ver con una casa familiar, un nombre, una genealogía, y no tanto con una estructura edilicia.

Después de todo, Leah era descendiente de Jean Bodin, autor del tratado demonológico de 1580: De la démonomanie des sorciers (Sobre la adoración demoníaca de las brujas), donde se establecen los parámetros del pacto satánico. Un abecedario para brujas está dedicado a Jean Bodin, y Casa maldita, tal vez, refiere a la maldición y caída de la familia de la autora.




Casa maldita.
House Accurst, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


—¡Maldita sea esta casa! —gritó,
cerrando la puerta de golpe,
volviéndose para agitar el puño furioso
contra las ventanas tapiadas—.
¡Maldita sea noche y día,
de norte a sur,
de este a oeste, de adentro hacia afuera!
¡La maldigo con mi boca!
¡Abajo esta casa de traición,
y abajo todo lo que hay dentro!—
Los que escuchaban no daban señal
ni respondían a su estruendo.
Pero a medida que las sombras se alargaban
desde las oscuras colinas a su alrededor,
cayó la maldición
sobre toda la casa y el terreno.
Los cristales, antes transparentes como el aire,
se nublaron y adquirieron una película verdosa;
las puertas se atascaron, un espejo se quebró
y el peldaño cayó de la escalera.
Hongos brillaban en las losas
y las paredes se oscurecieron por la humedad;
la chimenea se ensució y no tiraba,
y la llama de la lámpara se consumió.
Entonces, desde los sótanos, las ratas salieron
en grupos asustados y frenéticos.
Mataron al gato en el suelo de la cocina
y el perro aulló bajo sus colmillos.
Con colas, bigotes y ojos inyectados en sangre,
se apresuraron a huir en la oscuridad;
esa fue la noche en que el pozo se secó
y la lámpara no dio ni una chispa.
Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió…
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,
presa del miedo.
Entonces llegó la noche en que la tierra se quebró
con un ruido sigiloso, una enorme boca se abrió…
y toda la casa se desvaneció en lo profundo.


“A curse upon this house!” cried he,
Slamming the door behind,
Turning to shake a furious fist
At windows closed and blind.
“A curse upon it night and day,
From north unto the south,
And east and west and in and out
I curse it with my mouth!”
“Down with this house of treachery,
And down with all within!”
While those who listened gave no sign
Or answer to his din.
But as the lengthening shadows fell
Of dark hills all around,
From that day forward fell the curse
On all that house and ground.
For panes grew cloudy and with greenish film
That once had been clear as air;
Doors stuck fast and a mirror cracked,
And the newell fell from the stair.
Fungi gleamed from the dairy’s flags
And walls grew dark with damp;
The chimney fouled and would not draw
And the flame burned low in the lamp.
Then up from the cellars swarmed the rats
In frightened and frantic gangs!
They slew the cat on the kitchen floor
And the dog howled under their fangs.
Tails and whiskers and blood-shot eyes,
They hurried away in the dark;
That was the night that the well went dry
And the lamp would not show a spark.
Quietly, steadily, sank the house…
Of those who huddled here
One went mad, but nobody fled,
Bound in a spell of fear.
Then came the night when the earth beneath
Cracked with a stealthy sound,
And a huge mouth opened…and all that house
Vanished into the ground!


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Casa maldita (House Accurst), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Frankenstein o el moderno Shoggoth.


Frankenstein o el moderno Shoggoth.




«Recogí huesos de osarios y perturbé,
con dedos profanos,
los tremendos secretos del cuerpo humano.»



Antes de comenzar es necesario quitarse de la cabeza la imagen del monstruo creado por Victor Frankenstein que nos ha dado el cine. Buena parte deriva de la adaptación teatral de Richard Brinsley Peake, entre otros elementos: Victor es un científico loco y el monstruo es una criatura afligida, temida por ser diferente; todo envuelto en una tranquilizadora moraleja sobre los peligros de la ciencia y la crueldad humana. La novela de Maey Shelley, escrita en 1818: Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein; or, The Modern Prometheus), permite cavar más profundo.

La imagen popular es que el monstruo está hecho de pedazos de cadáveres cosidos rudimentariamente. El procedimiento es mucho más complejo: aunque Victor ha descubierto la forma de infundir vida en el tejido muerto, preparar el cuerpo para recibirla constituye un trabajo de «inconcebible dificultad». Tanto es así que no solo se cosen «pedazos», se unen fibras, huesos, arterias, órganos, músculos y venas. El propio Victor duda sobre si crear un ser humano o «uno de organización más simple», pero su audacia es tal que solo se permite darle vida a «un animal tan complejo y maravilloso como el hombre».

En esencia, los «materiales» [así se llama en la novela a los «pedazos», grandes y pequeños, que el doctor extrae de los cadáveres] que formarán parte de la criatura son los que obligan a Victor a darle una proporción más grande que la del ser humano promedio. Es decir, la «pequeñez de las piezas» [fibras, tejidos, etc.] hacen que resulte más práctico «crear un ser de estatura gigantesca». Y al final lo es. El monstruo mide unos dos metros y medio de altura, y toda su constitución es proporcionada.

Recopilar y organizar con éxito los «materiales» le toma a Victor varios meses, y el posterior ensamblaje [que dura unos dos años] es un proceso de una minuciosidad tal que el avance es casi imperceptible. Victor no une pedazos como si se tratara de un rompecabezas, construye un ser humano desde el esqueleto hacia afuera, cosiendo tendones, órganos, nervios, músculos y venas. Las adaptaciones cinematográficas son algo perezosas en este sentido. Se conforman con extremidades enteras cosidas a un torso intacto y luego quemadas por un rayo.

Es evidente que el monstruo de Mary Shelley incluye elementos no humanos. Por ejemplo, dadas las complejidades de trabajar con materiales tan pequeños, Victor opta por crear un ser de escala más grande. Pero, ¿cómo es posible hacerlo si solo está trabajando con huesos y tejidos ordinarios? La respuesta es obvia: los «materiales» no son solo de procedencia humana. Esto queda en evidencia cuando Victor sostiene que, además de los cementerios y las salas de disección, extrae «materiales» del matadero.

El ingrediente más extraño de la novela de Mary Shelley es el laboratorio de Victor, en realidad, ni siquiera llega a ser eso. Trabaja en «una cámara solitaria», que en realidad es el ático de una pensión. El lugar está «separado de las demás habitaciones por una galería y una escalera». Esto después resulta útil al argumento, como veremos más adelante.

Ahora bien, Victor no es un científico loco. Entiende que su proyecto podría dar a lugar la llegada de seres inhumanos, mucho más fuertes que nosotros, y quizás con una moral diferente. Estos miedos implican que el monstruo sería capaz de reproducirse, pero, ¿con quién? ¿Con hembras humanas? En realidad, Victor teme que su creación sea lo suficientemente inteligente como para crear otros seres como él.

En cierto modo, el monstruo lo es. Obliga a Victor a crear una hembra, pero el científico siente remordimientos al notar una «sonrisa fantasmal» mientras el monstruo lo observa trabajar. El verdadero temor no radica en la creación de una hembra, y una posible propagación de la «horrible estirpe» mediante la reproducción sexual. La «sonrisa fantasmal» del monstruo insinúa que este no está simplemente observando el proceso, está aprendiendo a crear otros de su especie.

En efecto, el monstruo de Mary Shelley no es una criatura descerebrada que apenas puede flexionar las rodillas. Es físicamente poderoso y posee, además, un intelecto que rivaliza con el de su creador. En algunas películas esto se explica diciendo que Victor utilizó el cerebro de un prestigioso cirujano, y a veces el de un asesino particularmente astuto. Nada de eso está en la novela.

El procedimiento de animación del cuerpo es otro misterio en la novela. Victor Frankenstein no lo dice, y es lógico. Quiere evitar que otros hagan lo mismo. Sin embargo, Victor menciona a Paracelso y a otros alquimistas y ocultistas, de manera tal que el monstruo podría ser algo así como un homúnculo gigantesco, un golem orgánico, un shoggoth. De chispas y electricidad hay poco y nada. Ni siquiera se menciona a Luigi Galvani [ver: Lovecraft y la IA: el futuro es de los Shoggoth]

Volviendo al laboratorio, Victor no tiene asistente en la novela de Mary Shelley, ni jorobado ni de ningún tipo. El segundo laboratorio, donde crea a la hembra, está situado en una pequeña isla en las Orcadas. Este sitio es interesante. Podemos asumir que la población de la isla no puede proporcionarle los «materiales» necesarios. Además, no se menciona ninguna morgue o cementerio. O bien Victor ha perfeccionado el procedimiento, o sus conocimientos alquímicos le permiten cultivar los cuerpos antes de animarlos.

En todo momento, Victor procede más como un biólogo y un bioquímico que como un físico o un ingeniero. La única referencia en la novela que justifique la presencia de rayos sobre Boris Karloff y otras variantes del cine es una misteriosa «chispa vital», que podría ser o no electricidad, e «instrumentos de la vida», que podrían ser o no artefactos galvánicos. De hecho, el nacimiento del monstruo pretende ser trágico, no un logro científico. El monstruo incluso parece resistirse a deslizarse hacia el mundo de los vivos.

El asco es la parte principal de la relación de Víctor con el monstruo, nacido evidentemente del autodesprecio. Mary Shelley trabaja en varios niveles aquí, siendo el monstruo una proyección de Victor, la parte suya que profiere «una sonrisa espantosa» cuando moldea la carne inerte. En términos de Carl Jung, el monstruo es la Sombra de Victor, los aspectos oscuros e inaccesibles de su ser que dominan sus acciones. Tal vez intuyendo esto, Victor describe a su creación como «mi propio vampiro, mi propio espíritu desatado, obligado a destruir todo lo que me es querido».

A propósito, si bien «vampiro» parece una elección extraña, Victor encuentra un sinnúmero de formas para referirse a su creación, sin nunca emplear un nombre propio. Lo llama «criatura» (creature), «demonio» (fiend), «espectro» (spectre), «miserable» (wretch), «diablo» (devil), «cosa» (thing), «ser» (being), «ogro» (ogre) y, por supuesto, «monstruo» (monster).

La siguiente es la mejor descripción del monstruo en la novela de Mary Shelley, muy diferente de los torpes esperpentos cosidos del cine:


«Su piel amarilla apenas cubría el conjunto de músculos y arterias que había debajo; su cabello era de un negro brillante y fluido; y sus dientes de una blancura perlada; pero estas exuberancias solo formaban un contraste más horrible con sus ojos llorosos, que parecían casi del mismo color que las cuencas blancas en las que estaban colocados, su tez era arrugada y sus labios rectos y negros.»


El grado de horror que despierta el monstruo supera al maquillaje del cine, y esto es razonable. Quienes se encuentran con él en la novela no piensan: «pobre desgraciado, mira esas cicatrices», sino: «¡Mátenlo! ¡Mátenlo!». Es decir que su aspecto debe ser terriblemente inhumano [ver: La biología de los Monstruos]

El subtítulo de la novela, «el moderno Prometeo», proporciona una pista adicional. Victor Frankenstein es un genio, y por lo tanto es un rebelde. En cierto modo, «roba» el «fuego» de los dioses [la creación de la vida], que estos han mantenido oculto para el ser humano. Si esta es una historia de dualidad, el monstruo es el pájaro que roe las vísceras de Prometeo como castigo a su desenfado.

El castigo del Prometeo de los mitos griegos es brutal e incesante. Las vísceras picoteadas crecen durante la noche para ser arrancadas a lo largo del día. El castigo de Victor no es menos grave [en la escala humana]. El monstruo asesina al pequeño hermano de Victor, de cinco años, e incrimina a Justine Moritz, una joven que vive con los Frankenstein, provocando su ejecución. Más adelante asesina al mejor amigo de Victor, Henry Clerval, y posteriormente a su novia, Elizabeth Lavenza , en su noche de bodas [irrumpe en la suite nupcial y la estrangula], tras lo cual el padre de Victor muere de pena.

Los grandes monstruos góticos, como el de Frankenstein, Drácula, Jekyll, Dorian, suelen ser retratados en el cine como seres incomprendidos, a veces atacados por aldeanos analfabetos que portan antorchas, incapaces de percibir que, en el fondo, todos somos humanos. En el gótico, todos podemos ser monstruos, y el de Frankenstein, entre ellos, lo demuestra al llevar a un niño de cinco años al bosque, con la implicación de abuso que eso tiene en el cuento de hadas, y procede a matarlo de la forma más cruel. Como tal acto atenta contra toda posibilidad de que empaticemos con el monstruo, o bien se lo omite o se le da el contexto de un accidente. Mary Shelley es clara al respecto: el monstruo es un monstruo, sin atenuantes.

En resumen, Mary Shelley no explica con claridad cómo Victor Frankenstein creó al monstruo. Décadas de películas nos han dado la impresión de que se fabricó con partes completas, una extremidad por aquí, un órgano por allá, pero la novela sugiere que se trató de un trabajo titánico en su minuciosidad. Si empezó con huesos, presumiblemente no estaba cosiendo partes enteras del cuerpo, porque en ese caso podría haber construido extremidades del tamaño que quisiera.

Esto nos lleva a una pregunta incómoda, un poco injusta tratándose de una pieza de ficción, donde lo inverosímil se debe aceptar para que las cosas sucedan: Si Victor era capaz de crear un cuerpo a partir de elementos diversos y luego animarlos, ¿por qué no utiliza un cadáver completo, intacto, fresco, ahorrándose así la molestia de la reconstrucción? [ver: IA y el Golem de Dios]




Mary Shelley. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
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