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«El cantante en la niebla»: Robert E. Howard; poema y análisis.


«El cantante en la niebla»: Robert E. Howard; poema y análisis.




«Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,»



El cantante en la niebla (The Singer in the Mist) es un poema del escritor norteamericano Robert E. Howard (1906-1936), publicado de manera póstuma en la edición de abril de 1938 de la revista Weird Tales,y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

El cantante en la niebla, uno de los poemas de Robert E. Howard menos conocidos, introduce a un Orador anónimo, quien sostiene que, al nacer, fue maldecido con «hechizos monstruosos» por una «bruja». Desde entonces se ve obligado a vagar por «sendas grises e impías», encontrándose con fantasmas, mujeres-serpiente, demonios. A pesar del destino al que se ve arrastrado, el Orador lo acepta, atraviesa la niebla de su existencia con la certeza de encontrarse, alguna vez, «con el día».


Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,
y he recorrido extraños caminos toda mi vida,
llevando mis pies por sendas grises e impías.
Busco a tientas los tallos de asfódelos rotos
por páramos desolados, acechados por entes diabólicos,
sigo huellas hendidas que arden;
guiado por fantasmas a través de la bruma de la luna
para hablar con demonios en sus infiernos de granito.

Los mares rompen contra largas costas custodiadas por dragones,
estallando en lunas carmesí de ardiente espuma,
y castillos de hierro me abren sus puertas,
y mujeres serpiente me seducen con arpa y canto.
Las olas brumosas ahora tiemblan al compás de remos fantasma;
no me busques; navego para encontrarme con el día.


El cantante en la niebla forma parte del ciclo Sonetos escapados del manicomio (Sonnets Out of Bedlam), junto con El devorador de almas (The Soul-Eate), El sueño y la sombra (The Dream and the Shadow), La última hora (The Last Hour) y Columnas fantasmales (Haunting Columns). Este ciclo, escrito en la década de 1930, conversa con otros ciclos poéticos pertenecientes al Círculo de Lovecraft, particularmente con los sonetos de H. P. Lovecraft reunidos en Hongos de Yuggoth (Fungi From Yuggoth), y el ciclo de Donald Wandrei: Sonetos de las horas de medianoche (Sonnets of the Midnight Hours) [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»].

¿Quién es el orador del poema? Si bien no se nos menciona su nombre, ciertas características nos hacen pensar en Conan el Cimmerio.

El Orador de El cantante en la niebla sostiene que fue maldecido al nacer por una bruja, y que a raíz de eso se vio obligado a llevar una vida errante, llena de peligros, algunos de ellos sobrenaturales. Por otro lado, el nacimiento de Conan es probablemente el más espectacular de toda la ficción: su madre lo da a luz en el campo de batalla. Con sus últimas fuerzas, la mujer llama al niño «Conan» antes de morir [ver: Conan y la barbarie como estado natural del ser humano]

¿Es el nombre «Conan» el «hechizo monstruoso» que lanza la «bruja» al Orador? Es una idea peregrina. Que yo sepa, la madre de Conan, llamada Greshan, y a veces Gresian por Robert E. Howard [y Piala en algunas adaptaciones] no era una bruja, sino la esposa de un herrero llamado Corin. Tampoco parece que Conan guardara rencor hacia su madre, aunque, si lo pensamos bien, el Orador del poema no se queja de su destino, que no es otra cosa que vivir una vida de dificultades hasta llegar al final de sus días; y eso, inevitablemente, comenzó con su nacimiento, es decir, con su madre [ver: ¡POR CROM! La teología de Conan el cimmerio]

Dicho esto, la mención Mujeres Serpiente [Serpent-Women] se acerca bastante a los Hombres Serpiente [Serpent Men], raza creada por Robert E. Howard para el universo de Kull. Tanto la familia como la tribu de Kull fueron destruidos por una inundación cuando él aún era un niño pequeño, y se crió solo y salvaje. Se desconoce el nombre de su madre.





El cantante en la niebla.
The Singer in the Mist, Robert E. Howard (1906-1936)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,
y he recorrido extraños caminos toda mi vida,
llevando mis pies por sendas grises e impías.
Busco a tientas los tallos de asfódelos rotos
por páramos desolados, acechados por entes diabólicos,
sigo huellas hendidas que arden;
guiado por fantasmas a través de la bruma de la luna
para hablar con demonios en sus infiernos de granito.

Los mares rompen contra largas costas custodiadas por dragones,
estallando en lunas carmesí de ardiente espuma,
y castillos de hierro me abren sus puertas,
y mujeres serpiente me seducen con arpa y canto.
Las olas brumosas ahora tiemblan al compás de remos fantasma;
no me busques; navego para encontrarme con el día.


At birth a witch laid on me monstrous spells,
And I have trod strange highroads all my days,
Turning my feet to gray, unholy ways.
I grope for stems of broken asphodels;
High on the rims of bare, fiend-haunted fells,
I follow cloven tracks that lie ablaze;
And ghosts have led me through the moonlight's haze
To talk with demons in their granite hells.

Seas crash upon long dragon-guarded shores,
Bursting in crimson moons of burning spray,
And iron castles ope to me their doors,
And serpent-women lure with harp and lay.
The misty waves shake now to phantom oars—
Seek not for me; I sail to meet the day.


Robert E. Howard (1906-1936)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Robert E. Howard.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert E. Howard: El cantante en la niebla (The Singer in the Mist), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El castillo oscuro»: Walter de la Mare; poema y análisis.


«El castillo oscuro»: Walter de la Mare; poema y análisis.




«En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí.»



El castillo oscuro (The Dark Château) es un poema gótico del escritor inglés Walter de la Mare (1873-1956), publicado en la antología de 1916: Los oyentes (The Listeners).

El castillo oscuro, situado entre los grandes poemas de Walter de la Mare, explora uno de los motivos tradicionales de la literatura gótico: el castillo, la casa vacía, abandonada, pero que todavía conserva algo en su interior, listo para manifestarse ante la persona indicada [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

En cierto modo, Walter de la Mare comparte con el lector una de sus obsesiones, a la cual puede acceder incluso en sueños, un «castillo oscuro» que permanece «siempre abierto» para él:


En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí;
en lejanos barrancos fluyen aguas oníricas,
descendiendo silenciosamente;
sobre sus cumbres flota el águila,
solitaria en un cielo sin sol;
mudas son las gargantas doradas
del bosque donde los pájaros revolotean.

Ninguna voz se oye. El viento
duerme en su paz.
Ninguna flor de la luz encuentra
refugio bajo sus árboles;
solo la hiedra oscura trepa
con la rosa silvestre
y el ciprés, mañana y tarde,
proyectando la negra sombra del tiempo.

Todo vacío y desconocido;
solo el soñador camina
de piedra en piedra hueca,
donde duerme el musgo verde,
y mira los ríos en sus profundidades,
el águila solitaria en el cielo,

mientras gotea el rocío del atardecer,
fría y silenciosamente.

¡Ojalá pudiera entrar!
En cada habitación secreta;
ojalá mis ojos brillantes por el sueño
pudieran penetrar en la oscuridad interior;
contemplar desde sus altas ventanas,
a lo lejos, sus muros mohosos,
donde fluye el Leteo, aún claro como el ámbar,
y caen cascadas espumosas.

Pero, mientras contemplo,
de un sueño suave surge
algún toque que eleva mis sentidos
a su antiguo hogar terrenal;
se desvanece entonces ese cielo sereno;
y en la cima de las nieves eternas
se deshace en un verde pálido,
iluminado por el amanecer,
mi oscuro castillo.


Walter de la Mare establece una comparación entre la arquitectura y el escenario de este castlllo oscuro con las estructuras de la mente. Se trata de una representación profunda, constante, aparentemente vacía de parafernalia psicoanalítica pero con algunos ingredientes que habrían deleitado a Sigmund Freud y Carl Jung [ver: La experiencia de Carl Jung en una casa embrujada]. El postulado podría ser el siguiente: en el territorio de las subjetividades de nuestro mundo interior, en los complejos paisajes de la memoria, la fantasía y la imaginación, a veces surge un «castillo oscuro»; un lugar, un espacio interior, que siempre está «abierto» para nosotros.

Sin embargo, esa accesibilidad es aparente. De hecho, el Orador del poema exclama: «¡Ojalá pudiera entrar!». Y se lamenta por el deseo de visitar «cada habitación secreta», «penetrar en la oscuridad interior». En realidad, estas «habitaciones secretas» representan aquellos espacios a los que la consciencia no puede acceder. Están ahí, en alguna parte de nuestro inconsciente «donde fluye el Leteo», es decir, donde el olvido ha cubierto todo con su oscuridad [ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror]

Al final del poema, cuando todo el paisaje se desvanece y el «toque» del despertar «eleva» sus «sentidos a su antiguo hogar terrenal» [la vigilia], el Orador sabe que «mi oscuro castillo» sigue ahí.

De este modo, Walter de la Mare expresa su anhelo de mayor intimidad con sus secretos, de poder recorrer esas «habitaciones secretas». Sin embargo, solo le está permitido saber que existen, que están ahí, lo cual coincide con un proceso que Carl Jung llamó individuación, es decir, la integración de los aspectos oscuros de nuestra psique [la Sombra], que afloran en determinadas circunstancias, como los sueños. Lo que anhela el Orador del poema, entonces, es poder integrar su castillo oscuro al resto de su personalidad.

Siempre es un riesgo aplicar el enfoque psicoanalítico a la obra de cualquier autor, sobre todo si se trata de un tipo como Walter de la Mare, pero el germen de aquel anhelo del Orador, de aquel deseo [que muchos de nosotros compartimos] de conocernos más y mejor incluso en nuestros aspectos más tenebrosos, se basa en la idea psicoanalítica de que no existe un Yo estable, sino más bien un punto de vista, una perspectiva, alrededor de la cual se extienden tierras desconocidas.

Dicho esto, hay otro nivel de interpretación, más próximo a la superficie, que vincula a El castillo oscuro con otro poema de Walter de la Mare: Los oyentes (The Listeners). En esta pieza onírica conocemos a un Viajero que llama a la puerta de un antiguo castillo, pero no obtiene respuesta. Sin embargo, en el interior están los Oyentes, seres incorpóreos, fantasmas o recuerdos, que oyen el llamado del Viajero pero no responden. En cierto modo, se manifiestan a través del silencio, del acto de oír. No es descabellado que estos dos poemas, que forman parte de la misma colección, aborden el mismo castillo oscuro pero desde diferentes perspectivas. También hay un tercer poema [y un cuarto, titulado En vano (In Vain), que describe a un niño llamando a una puerta], titulado El viajero (The Traveller), el cual podría tratar sobre lo que sucede después de que el Viajero de Los oyentes abandonara la puerta del castillo sin respuesta.




El castillo oscuro.
The Dark Château, Walter de la Mare (1873-1956)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí;
en lejanos barrancos fluyen aguas oníricas,
descendiendo silenciosamente;
sobre sus cumbres flota el águila,
solitaria en un cielo sin sol;
mudas son las gargantas doradas
del bosque donde los pájaros revolotean.

Ninguna voz se oye. El viento
duerme en su paz.
Ninguna flor de la luz encuentra
refugio bajo sus árboles;
solo la hiedra oscura trepa
con la rosa silvestre
y el ciprés, mañana y tarde,
proyectando la negra sombra del tiempo.

Todo vacío y desconocido;
solo el soñador camina
de piedra en piedra hueca,
donde duerme el musgo verde,
y mira los ríos en sus profundidades,
el águila solitaria en el cielo,

mientras gotea el rocío del atardecer,
fría y silenciosamente.

¡Ojalá pudiera entrar!
En cada habitación secreta;
ojalá mis ojos brillantes por el sueño
pudieran penetrar en la oscuridad interior;
contemplar desde sus altas ventanas,
a lo lejos, sus muros mohosos,
donde fluye el Leteo, aún claro como el ámbar,
y caen cascadas espumosas.

Pero, mientras contemplo,
de un sueño suave surge
algún toque que eleva mis sentidos
a su antiguo hogar terrenal;
se desvanece entonces ese cielo sereno;
y en la cima de las nieves eternas
se deshace en un verde pálido,
iluminado por el amanecer,
mi oscuro castillo.


In dreams a dark château
Stands ever open to me,
In far ravines dream-waters flow,
Descending soundlessly;
Above its peaks the eagle floats,
Lone in a sunless sky;
Mute are the golden woodland throats
Of the birds flitting by.

No voice is audible. The wind
Sleeps in its peace.
No flower of the light can find
Refuge beneath its trees;
Only the darkening ivy climbs
Mingled with wilding rose,
And cypress, morn and evening, time's
Black shadow throws.

All vacant, and unknown;
Only the dreamer steps
From stone to hollow stone,
Where the green moss sleeps,
Peers at the rivers in its deeps,
The eagle lone in the sky,

While the dew of evening drips,
Coldly and silently.

Would that I could steal in! —
Into each secret room;
Would that my sleep-bright eyes could win
To the inner gloom;
Gaze from its high windows,
Far down its mouldering walls,
Where amber-clear still Lethe flows,
And foaming falls.

But ever as I gaze,
From slumber soft doth come
Some touch my stagnant sense to raise
To its old earthly home;
Fades then that sky serene;
And peak of ageless snow;
Fades to a paling dawn-lit green,
My dark château.


Walter de la Mare (1873-1956)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Walter de la Mare.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walter de la Mare: El castillo oscuro (The Dark Château), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El castillo oscuro»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«El castillo oscuro»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde se oxidan las agujas sin día,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche.»



El castillo oscuro (The Dark Chateau) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado por Arkham House en la antología de 1951: El castillo oscuro y otros poemas (The Dark Chateau and Other Poems).

El castillo oscuro, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, está plagado de referencias a la literatura gótica clásica, muchas de ellas lo suficientemente vagas como para ser casi indetectables.


Los misterios de tu antiguo polvo,
tus vidas declinadas por la luz solar:
¿esto lo sabrías o lo supondrías?
Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde se oxidan las agujas sin día,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche;
viendo correr con ojos aún vivos
tenues ríos como el Aqueronte,

Sigue el rastro de barcazas envueltas en telas
que flotan y caen en regiones desoladas
a las profundidades espumosas de color sable.
Luego cruza montañas fantasmales para descubrir,
más allá de un foso sin puente,
qué escaleras, alfombradas de sombras,
se desmoronan tras los pasos del escalador
en algún conocido y solitario castillo.

Donde exilian fantasmas de vendavales
que soplaban al atardecer de cosechas antiguas,
donde aún se agitan los tapices borrosos,
y la armadura vacía custodia las habitaciones
con retratos podridos de lo que fuiste, pasa.
Por armarios sin aire, desoladores,
especiarios conmemorativos
y plagas que se adormecen en tinieblas amargas.

Junto a miradores cargados de manchas sofocadas,
de púrpuras difuminados por la noche, rojizos,
y el verdor perdido de la primavera, más serio ahora
que el ciprés al atardecer, detente y mira hacia adelante:
ningún fantasma queda salvo tú para contemplar ese suelo
donde una vez se meció la rama de almendro
y el ramillete de adelfa.

El silencio áspero es el senescal
de la corte y la fortaleza, del nicho y la cuña.
Con oído sordo, ningún laúd molesta,
ni repican las lejanas botas,
la muerte, con telas apagadas por sudario,
espera allí, blanca; y nadie se unirá a tu búsqueda,
ni jamás hablará voz alguna
desde las épocas pasadas:

Hasta que de las bóvedas ensombrecidas
surja el encapuchado con su antorcha,
sin aliento alguno,
a espejos claros como la luna, inmóviles,
donde nunca se dibuja un rostro vivo,
sino pálidos reflejos fijos de antaño
—formas moldeadas que fueron tuyas—
grabadas en vidrio, inmutables y frías.


El punto de partida de cualquier análisis de este poema debería ser la significativa dedicatoria del autor: «A la memoria de Edgar Allan Poe». Por otro lado, Clark Ashton Smith no emplea la palabra castle [«castillo»], sino chateau, lo cual nos proporciona otra pista. Y si pensamos en Edgar Allan Poe y chateau debemos apuntar al relato de 1842: El retrato oval (The Oval Portrait).

El escenario de este cuento de E.A. Poe es un chateau, el cual se describe como un edificio lúgubre, lleno de viejos tapices y pinturas, situado en los Apeninos. La historia comienza con el narrador, herido o discapacitado [E.A. Poe no ofrece explicaciones] y su criado, quienes buscan refugio en un chateau abandonado. El narrador pasa las horas admirando las pinturas y leyendo un extraño libro dejado sobre una almohada, que las describe. Al acercar la vela al libro, el narrador descubre un cuadro que hasta entonces no había visto, el cual muestra la cabeza y los hombros de una joven. La imagen lo cautiva [«quizás durante una hora»]. Después de meditarlo, descubre que lo le fascina de la pintura es su «absoluta verosimilitud». El narrador consulta con avidez el libro en busca de una explicación. El resto de la historia es una cita de este libro: una historia dentro de otra historia.

Entonces, ¿el chateau de Edgar Allan Poe es el escenario del poema de Clark Ashton Smith?

Es probable, no tanto por el contenido de El castillo oscuro, básicamente un recorrido por una casa antigua y abandonada, aunque lena de fantasmas, sino por el estilo, casi tan arcaico como la prosa de las novelas góticas de Ann Radcliffe. Clark Ashton Smith utiliza términos como gales [«vendavales»]; spiceries [«especiarios», que son un tipo de habitación en una casa real o nobiliaria]; gule [«rojo», en descripciones heráldicas]; niche [que puede traducirse como «nicho» (como hemos hecho), aunque «hornacina» sería mejor, es decir, un hueco en forma de arco en el que se colocan estatuas, jarrones u otros adornos]; coigne [forma arcaica de quoin, «esquina», ángulo externo de una pared o edificio]; jambart [pieza de armadura para la pierna, por debajo de la rodilla]; lampadephore [del griego lampadephóros, «portador de antorcha», una persona que lleva una antorcha]; por mencionar algunos ejemplos.

Otra probable inspiración de Clark Ashton Smith es el poema de Walter de la Mare: The Dark Château, el cual presenta un «castillo» onírico, soñado, en el que el orador desea entrar. No es tan lúgubre como el chateau de Edgar Allan Poe, aunque comparte algunas similitudes con el de Smith; entre ellas, su estado de abandono, el hecho de que ninguna voz en su interior sea audible, etc. El estilo, sin embargo, es muy diferente; más etéreo en el caso de De la Mare, en línea con los espacios mágicos de Lord Dunsany.

Finalmente debemos mencionar una autorreferencia: el cuento de Clark Ashton Smith de 1930: El final de la historia (The End of the Story), primera entrega del ciclo de Averoigne. La historia transcurre en 1789. Christophe Morand, un joven estudiante, viaja para visitar a su padre, pero se pierde en el bosque durante una tormenta nocturna. Desesperado, busca refugio en la Abadía de Perigon. Allí conoce a Hilaire, el abad, quien lo lleva a recorrer la biblioteca, «repleta de tomos raros». Uno de ellos, un manuscrito en francés antiguo, llama la atención de Christophe, pero Hilaire le prohíbe leerlo, y le advierte: «Hay una maldición sobre las páginas que tienes en tus manos: un hechizo maligno, un poder perverso que las acecha». Christophe se las ingenia para regresar solo a la biblioteca y leer el libro prohibido. Descubre que trata sobre un tal Gerard, conde de Venteillon, quien se encontró con un sátiro en el bosque de Averoigne.

La Abadía de Perigon no es el chateau de El castillo oscuro, sin embargo, al progresar en la historia seguimos a Christophe por pasadizos subterráneos hasta que emerge en otro mundo, en otra realidad, donde se alza un «castillo oscuro». Este, quizás, es el chateau del poema; e incluso el orador de este último podría ser el propio Christophe Morand.




El castillo oscuro.
The Dark Chateau, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Los misterios de tu antiguo polvo,
tus vidas declinadas por la luz solar:
¿esto lo sabrías o lo supondrías?
Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde las agujas sin día se oxidan,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche;
y viendo correr con ojos aún vivos
tenues ríos como el Aqueronte,

Sigue el rastro de barcazas envueltas en telas
que flotan y caen, en regiones desoladas,
a las profundidades espumosas de color sable.
Luego, cruza montañas fantasmales para descubrir,
más allá de un foso sin puente,
qué escaleras, alfombradas de sombras,
se desmoronan tras los pasos del escalador
en algún solitario y conocido castillo.

Donde exilian fantasmas de vendavales
que soplaban al atardecer de cosechas antiguas,
aún agitan los tapices borrosos,
y la armadura vacía custodia las habitaciones
con retratos podridos que fuiste tú, pasa.
Desde armarios sin aire, desoladores,
especiarios conmemorativos
y plagas se adormecen en tinieblas amargas.

Junto a miradores cargados de manchas sofocadas,
de púrpuras difuminados por la noche, rojizos,
y el verdor perdido de la primavera, más serio ahora
que el ciprés al atardecer, detente y mira hacia adelante:
ningún fantasma queda salvo tú para contemplar ese suelo
donde una vez se meció la rama de almendro
y el ramillete de adelfa.

El silencio áspero es el senescal
de la corte y la fortaleza, del nicho y la cuña.
Con oído sordo, ningún laúd molesta,
ni repican las lejanas botas,
la muerte, con telas por sudario,
espera allí, blanca; y nadie se unirá a tu búsqueda,
ni jamás hablará voz alguna
desde las épocas pasadas:

Hasta que de las bóvedas ensombrecidas
surja el encapuchado con su antorcha,
sin aliento alguno,
a espejos claros como la luna, inmóviles,
donde nunca se dibuja un rostro vivo,
sino pálidos reflejos fijos de antaño
—formas moldeadas que fueron tuyas—
grabadas en vidrio, inmutables y frías.


The mysteries of your former dust,
Your lives declined from solar light—
These would you know, or these surmise?
Beneath a swathed and mummied sun,
Descend where dayless dials rust,
Where the, void hourglass fills with night;
And seeing with still-living eyes
Dim Acherontic rivers run,

Follow where shrouded barges float
And fall, in regions of the dead,
Into the sable-foaming depths.
Then over ghostland mountains go
To find, beyond a bridgeless moat,
What stairs with shadow carpeted
Crumble behind the climber's steps
In some foreknown forlorn chateau.

Where exile ghosts of gales that blew
At eve from vintages antique
Still stir the blurring tapestries,
And empty armor guards the rooms
By rotting portraits that were you,
Pass on. From airless cupboards bleak
Startle memorial spiceries
And plagues adrowse in attared glooms.

By oriels charged with stifled stains,
With night-blent purples, gules embrowned,
And spring's lost verdure, graver now
Than cypress at the set of day,
Pause, and look forth: no ghost remains
Save you to gaze on that dim ground
Where once the budding almond-bough
Waved, and the oleander-spray.

Hoar silence is the seneschal
Of court and keep, of niche and coigne.
With drumless ear no lute annoys,
Nor clang from farring jambarts drawn,
Death, with dlulled arrasses for pall,
Waits whitely there; and none will join
Your quest, nor ever any voice
Speak from. the chambered epochs gone:

Till from the vaults with shadows brimmed
Shall come a cowled lampadephore,
holding his lamp, by no breath blown,
To mirrors moony-clear and still
Where never living face is limned,
But wan reflections fixed of yore—
Long-mouldered shapes that were your own—
Graven in glass, unchanged and chill.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: El castillo oscuro (The Dark Chateau), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«San Sapo»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.


«San Sapo»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.




«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!»



San Sapo (St. Toad's) es un poema gótico del escritor norteamericano H. P. Lovecraft (1890-1937), publicado de manera póstuma por Arkham House en la antología de 1943: Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep).

San Sapo, uno de los poemas de Lovecraft menos conocidos, forma parte del ciclo Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth), el cual consta de 36 poemas. La mayoría de las piezas de Yuggoth son sonetos narrativos, básicamente microficciones con finales abiertos, como es el caso de este poema.

San Sapo resulta doblemente interesante. Por un lado, es una pieza onírica; por el otro, refleja la actitud de Lovecraft hacia la religión. El Orador del poema vaga «por laberintos oscuros e indefinidos», donde unos ancianos andrajosos le advierten tres veces: «¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!». El Orador intenta huir, pero la dirección que toma lo lleva inevitablemente a la Iglesia de San Sapo, como si todos los caminos de ese laberinto condujeran hacia allí.


¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo! —le oí gritar
mientras me adentraba en esos callejones extraños
que serpentean en laberintos oscuros e indefinidos
al sur del río donde sueñan las antiguas centurias—.
Era una figura furtiva, encorvada y harapienta,
y en un instante se había escabullido de mi vista,
así que seguí avanzando en la noche
hacia donde se alzaban más tejados, malignos y dentados.

Ninguna guía habla de lo que allí acecha,
pero entonces oí a otro anciano gritar:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Y, ya débil, me detuve cuando un tercero de barba gris graznó, aterrado:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Horrorizado, huí,
hasta que de repente aquella aguja negra se alzó imponente ante mí.


Uno se pregunta de qué podría ser patrono San Sapo. Difícil saberlo. Von Junzt no registra en el Unaussprechlichen Kulten («Cultos sin Nombre») ni la práctica ni la doctrina, pero su identidad quizás tenga algo que ver con Tsathoggua.

Dios Sapo está inspirado en una pesadilla de Lovecraft, tal como él mismo lo menciona en una carta a Clark Ashton Smith:


«Mis investigaciones me han brindado un sueño magníficamente inquietante , que esta mañana me dejó con una profunda sensación de opresión y maldad cósmica. Buscaba por callejones oscuros y arcaicos en Southwark, al otro lado del Puente de Londres, la rumoreada y primigenia Iglesia de San Sapo, de la que se habla solo en susurros (como algo que siempre se oye de segunda o tercera mano) y en cuya cripta prenormanda se dice que perdura cierta influencia . No la encontré. En mi visión, crucé el Puente hasta ese mismo enredo de barrios marginales, buscando la horrible y fabulosa iglesia de San Sapo, cuyas campanas agrietadas oyen por la mañana por los lunáticos, por encima de la sana música de campanas más saludables.»


La carta de Lovecraft a Clark Ashton Smith parece echar por tierra la posibilidad de que San Sapo sea, Tsathoggua. Después de todo, la iglesia [del sueño] está situada en Londres, y aunque su torre se alce en un «enredo de barrios marginales», convengamos que no es lo mismo mantener las cosas en secreto en una ciudad de este tamaño que en Arkham. Aunque, ¿qué Londres soñó Lovecraft? ¿De qué año?

San Sapo y la imponente «aguja negra» de su iglesia resuenan con el relato de Robert E. Howard: La piedra negra (The Black Stone) y aquel detestable dios-sapo. Sin embargo, no hay ninguna torre aquí, sino un monolito negro, que es el sitio de veneración. Supongo que podríamos pensar que el monolito es una especie de iglesia; de hecho, Howard lo describe tres veces en el relato como «aguja», aunque definitivamente no se encuentra en la ciudad de Londres. ¿Será que este culto bárbaro, una nueva religión, se propagaría en las grandes ciudades?

En lo personal, creo que San Sapo y su iglesia son la síntesis de un motivo recurrente en los cuentos de Lovecraft: un terror antiguo, profundamente enterrado, que despierta con el tañido de las campanas. En El descendiente (The Descendant), El libro (The Book) y Las campanas (The Bells) [este último dentro del ciclo de Yuggoth] repiten la misma dinámica. De hecho, los tres ancianos que le anuncian al Orador la proximidad de la iglesia, quizás sea solo uno, y con nombre propio: lord Nottham [El descendiente] quien «grita cuando suenan las campanas de la iglesia».

San Sapo también guarda algunos parecidos con El clérigo malvado (The Evil Clerygman). Más aún, el poema parece una precuela del relato, con sus representaciones oníricas entre callejuelas oscuras que desembocan en una iglesia donde habita un malvado sacerdote anglicano, y también donde un anciano guía y advierte el narrador.

La mejor fuente para develar el misterio de San Sapo es Robert M. Price, quien escribió dos artículos muy interesantes, titulados: Hagiografía de San Sapo (St. Toad's Hagiography) y San Sapo revisitado ("St. Toad's" Revisited), donde especula que el soneto de Lovecraft se inspiró en una escena de La sombra sobre Innsmouth (The Shadow over Innsmouth), donde el protagonista, Robert Olmstead, se topa con una iglesia similar, en un contexto similar. Sin la carta del flaco de Providence, donde menciona explícitamente la ciudad de Londres, no sería difícil creer que Innsmouth es el hogar de San Sapo. Sin embargo, la carta contradice a Robert M. Price. ¿O será que el culto de Innsmouth de algún modo ha logrado trascender las fronteras de Nueva Inglaterra?




San Sapo.
St. Toad's, H. P. Lovecraft (1890-1937)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo! —le oí gritar
mientras me adentraba en esos callejones extraños
que serpentean en laberintos oscuros e indefinidos
al sur del río donde sueñan las antiguas centurias—.
Era una figura furtiva, encorvada y harapienta,
y en un instante se había escabullido de mi vista,
así que seguí avanzando en la noche
hacia donde se alzaban más tejados, malignos y dentados.

Ninguna guía habla de lo que allí acecha,
pero entonces oí a otro anciano gritar:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Y, ya débil, me detuve cuando un tercero de barba gris graznó, aterrado:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Horrorizado, huí,
hasta que de repente aquella aguja negra se alzó imponente ante mí.


Beware St. Toad’s cracked chimes!” I heard him scream
As I plunged into those mad lanes that wind
In labyrinths obscure and undefined
South of the river where old centuries dream.
He was a furtive figure, bent and ragged,
And in a flash had staggered out of sight,
So still I burrowed onward in the night
Toward where more roof-lines rose, malign and jagged.

No guide-book told of what was lurking here—
But now I heard another old man shriek:
“Beware St. Toad’s cracked chimes!” And growing weak,
I paused, when a third greybeard croaked in fear:
“Beware St. Toad’s cracked chimes!” Aghast, I fled—
Till suddenly that black spire loomed ahead.


H. P. Lovecraft (1890-1937)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de H. P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de H. P. Lovecraft: San Sapo (St. Toad's), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:
bienvenidas a la oscuridad.»



Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Se oyó en el tejado a medianoche, uno de los grandes poemas de Leah Bodine Drake, ofrece un breve retrato de la creencia en las brujas, doblemente interesante si se tiene en cuenta que la autora era descendiente del experto en demonología Jean Bodin, autor del tratado de 1580: De la démonomanie des sorciers [«Sobre la adoración demoníaca de las brujas»]

El poema abre con la Oradora «sentada junto al fuego» durante la Noche de Walpurgis. De repente, oye «a unas brujas en el tejado», incluso oye «relinchar sus escobas» y a una anciana, de nombre Lib, llamando a sus hermanas y «compañeros del aquelarre». Estos compañeros son espíritus familiares que forman parte del coven: gatos, una gallina [«disfrazada de comadreja»] y una kelpie, especie de ninfa acuática del folklore escocés, quienes «surcan el aire con furia», es decir, vuelan hacia el «Sabbat».

Entonces la Oradora oye «gritar a las brujas», llamándola, invitándola a unirse, a abrir el «alma a la antigua alegría». Sabemos que se dirigen a ella porque la anciana alude a alguien que «dormita junto al hogar», y la Oradora comienza el poema sentada junto al fuego. Sabemos también que la Oradora es mujer porque la bruja la invita a bajar «la escoba» del «estante», y luego añade: «¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga! / ¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Las Piedras Sarsen que menciona la bruja son bloques de arenisca tallados por los pueblos neolíticos de Europa. Se encuentran principalmente en Inglaterra, como Stonehenge, Avebury y otros lugares. Esto pone en duda la ubicación geográfica del poema. Por la mención a la kelpie, parece ser Escocia, por la mención a las Piedras Sarsen, parece ser Inglaterra. En Escocia no tienen este nombre, pero sin duda existen monumentos de este tipo.

Al final, la Oradora se aferra al Libro, es decir, la Biblia, mientras oye a las brujas «surcar los cielos de medianoche». Finalmente se atreve a mirar por la ventana, pero «todo estaba vacío», excepto por «dos murciélagos», que se alejan volando «a través de la luna».

Tal como lo anuncia su título, Se oyó en el tejado a medianoche es un poema repleto de imágenes que nunca son vistas, sino reconstruidas a partir de sonidos. Lo único que alcanza a ver la Oradora son dos murciélagos. Las voces, los gritos, los correteos por el techo, las escobas, pueden ser parte del terror de la noche de Walpurgis, la fantasía de una mujer sola, pero creo que Leah Bodine Drake intenta decirnos que, en ciertas noches, algunos simplemente son llamados a los misterios de la noche.




Se oyó en el tejado a medianoche..
Heard on the Roof at Midnight, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:

«Bienvenidas a la oscuridad, Tess, muchacha.
¿Has visto pasar a nuestros compañeros del aquelarre?»
«¡Sí, Lib! ¡El Kelpie de su estanque
y la mitad de los gatos del granero
surcaron el aire con furia,
cada uno creciendo hasta duplicar su tamaño!
La gallina pasó disfrazada de comadreja.
¡Oh, el coven se reúne para el Sabbat!»

Entonces mi sangre se heló, y volvió a arder,
al oír gritar a las brujas (las oí claramente):
«¡Tú que dormitas junto al hogar!
¡Abre tu alma a la antigua alegría!
¡No encadenes más tu ser secreto!
¡Baja la escoba de su estante!
El búho ha ululado dos veces, gime el viento nocturno.
La luna sonríe sobre las Piedras Sarsen.
¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga!
¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Entonces cerré la ventana, recé una oración
(¡No me atreví a escuchar más!)
abracé el Libro y cerré los ojos...
Las oí surcar los cielos de medianoche.
Miré por la ventana y todo estaba vacío.
El techo, la cumbrera y el aire lechoso.
Y solo dos murciélagos, que pronto desaparecieron,
volaban a través de la luna.


As I sat by my fire one night
Witches I heard on the roof alight.
I heard their broomsticks whinny and neigh.
And then I heard one beldame say:

"Well met in darkaess,Tess,my lass I
Have you seen our coven comrades pass?”
"Aye,Lib! The Kelpie from her tarn,
And half the cats from miller's barn
Tore through the air with fiery
Each one grown to twice his size!
The hen-wife passed in a weasel’s habit -
Oh,the coven gathers for the Sabbat!"

Then my blood ran cold, and hot again,
As I heard the witches (Heard them plain).
Cry,"You who doze by the dullard hearth.
Open your soul to the ancient mirth!
Chain no longer your secret self.
Take down the besom from its shelf!
The owl ’s cried twice, the night wind moans.
The moon grins over the Sarsen Stones.
Fling wide the casement,mount and ride -
Walpurgis Night is all outside!"

Then I barred the window, I said a prayer
(To listen longer I didn't dare!)
I clasped the Book and I closed my eyes...
I heard them rush through the midnight skies.
So I looked out the windows all was bare.
Roof and ridgepole and milky air.
And only two bats, who vanished soon,
Were winging their way across the moon.


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas.
Hemos visto los soles negros
derramando la noche»



Nictálope (Nyctalops) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado originalmente en la edición de octubre de 1929 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Nictálope, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, despliega un vasto repertorio de criaturas mitológicas, arquetípicas de la noche.

El título del poema posee una doble faz. Por un lado, «nictálope» designa a una persona que padece nictalopía, la cual se caracteriza por una disminución de la visión en condiciones de poca luz. No es una enfermedad en sí misma, sino el síntoma. Sin embargo, Clark Ashton Smith emplea el término en su sentido original, contrario al uso médico, el cual describe a una persona [o animal] con la capacidad de ver en la oscuridad. La palabra proviene del griego nyktos, «noche»; y optos, «vista».

El poema abre con una pregunta a los que «ven en la oscuridad», es decir, a los nictálopes:


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?


La respuesta del nictálope es un catálogo de horrores cósmicos, seres mitológicos y sutilezas cuánticas:


Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


En 1933, cuatro años después de la publicación de este poema, Clark Ashton Smith volvería a utilizar el término nyctalops en El viaje del rey Euvoran (The Voyage of King Euvoran). En una escena, Euvoran está en una celda y es visitado por una especie de búho, «un nictalopo de ojos amarillos brillantes» pero «con las robustas patas de un megápodo». Como es lógico en una situación semejante, Euvoran está incómodo, en especial debido a la mirada del ave, «que lo fulminaba con un brillo más intenso a medida que la penumbra se intensificaba».

En una carta a H. P. Lovecraft, fechada en febrero de 1931, Clark Ashton Smith deja en claro que considera a Nictálope como uno de sus mejores poemas:


«Si realmente tuviera la energía que me atribuyes, intentaría hacer algo con mis traducciones, poemas, etc. Pero con las condiciones actuales del mercado, imagino que sería doblemente difícil interesar a alguien. Sin embargo, todavía se publica poesía; recientemente he recibido solicitudes de colaboración de las editoriales de dos antologías proyectadas. Una de ellas incluirá cinco de mis mejores poemas cortos: Símbolos (Symbols), Nictálope (Nyctalops), La nereida (The Nereid), Palmeras (Palms) y Sepultura (Sepulture)


En lo personal, creo que Nictálope es un homenaje de Clark Ashton Smith a todos los autores del género macabro, en particular a Lovecraft y sus camaradas de Weird Tales, quienes eran, en cierto modo, aquellos que «veían en la oscuridad», es decir, quienes se permitían observar en las tinieblas de la naturaleza para proporcionarnos todas esas visiones extrañas [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]




Nictálope.
Nyctalops, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?

Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


Ye that see in darkness
When the moon is drowned
In the coiling fen-mist
Far along the ground—
Ye that see in darkness,
Say, what have ye found?

—We have seen strange atoms
Trysting on the air—
The dust of vanished lovers
Long parted in despair,
And dust of flowers that withered
In worlds of otherwhere.

We have seen the nightmares
Winging down the sky,
Bat-like and silent,
To where the sleepers lie;
We have seen the bosoms
Of the succubi.

We have seen the crystal
Of dead Medusa's tears.
We have watched the undines
That wane in stagnant weirs,
And mandrakes madly dancing
By black, blood-swollen meres.

We have seen the satyrs
Their ancient loves renew
With moon-white nymphs of cypress,
Pale dryads of the yew,
In the tall grass of graveyards
Weighed down with evening's dew.

We have seen the darkness
Where charnel things decay,
Where atom moves with atom
In shining swift array,
Like ordered constellations
On some sidereal way.

We have seen fair colors
That dwell not in the light—
Intenser gold and iris
Occult and recondite;
We have seen the black suns
Pouring forth the night.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: Nictálope (Nyctalops), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió.
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,»



Casa maldita (House Accurst) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado en la antología de Arkham House de 1950: Un abecedario para brujas (A Hornbook for Witches).

Casa maldita, uno de los poemas de Leah Bodine Drake más reconocidos, versifica la historia de un hombre que maldice una casa, y cómo esta empieza a deteriorarse hasta ser tragada por la tierra.

El tema del poema posee tintes macabros, como todas las piezas de Leah Bodine Drake, aunque la estructura es convencional. Por alguna razón, es un poema intrigante. Todo es bastante directo, casi sin puntos ciegos, pero la casa y el hombre que la maldice parecen sacados de una historia que no puedo identificar. Es importante mencionar que Leah Bodine Drake es la segunda poetisa más prolífica de Weird Tales, por lo que no sería extraño que utilizara material de base proveniente de alguna historia publicada en la revista.

La caída de esta casa anónima se asemeja a la Casa Usher, de Edgar Allan Poe, sobre todo por la rapidez y la espectacularidad de su declive y destrucción [ver: El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher»], pero tal vez su origen tenga más que ver con una casa familiar, un nombre, una genealogía, y no tanto con una estructura edilicia.

Después de todo, Leah era descendiente de Jean Bodin, autor del tratado demonológico de 1580: De la démonomanie des sorciers (Sobre la adoración demoníaca de las brujas), donde se establecen los parámetros del pacto satánico. Un abecedario para brujas está dedicado a Jean Bodin, y Casa maldita, tal vez, refiere a la maldición y caída de la familia de la autora.




Casa maldita.
House Accurst, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


—¡Maldita sea esta casa! —gritó,
cerrando la puerta de golpe,
volviéndose para agitar el puño furioso
contra las ventanas tapiadas—.
¡Maldita sea noche y día,
de norte a sur,
de este a oeste, de adentro hacia afuera!
¡La maldigo con mi boca!
¡Abajo esta casa de traición,
y abajo todo lo que hay dentro!—
Los que escuchaban no daban señal
ni respondían a su estruendo.
Pero a medida que las sombras se alargaban
desde las oscuras colinas a su alrededor,
cayó la maldición
sobre toda la casa y el terreno.
Los cristales, antes transparentes como el aire,
se nublaron y adquirieron una película verdosa;
las puertas se atascaron, un espejo se quebró
y el peldaño cayó de la escalera.
Hongos brillaban en las losas
y las paredes se oscurecieron por la humedad;
la chimenea se ensució y no tiraba,
y la llama de la lámpara se consumió.
Entonces, desde los sótanos, las ratas salieron
en grupos asustados y frenéticos.
Mataron al gato en el suelo de la cocina
y el perro aulló bajo sus colmillos.
Con colas, bigotes y ojos inyectados en sangre,
se apresuraron a huir en la oscuridad;
esa fue la noche en que el pozo se secó
y la lámpara no dio ni una chispa.
Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió…
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,
presa del miedo.
Entonces llegó la noche en que la tierra se quebró
con un ruido sigiloso, una enorme boca se abrió…
y toda la casa se desvaneció en lo profundo.


“A curse upon this house!” cried he,
Slamming the door behind,
Turning to shake a furious fist
At windows closed and blind.
“A curse upon it night and day,
From north unto the south,
And east and west and in and out
I curse it with my mouth!”
“Down with this house of treachery,
And down with all within!”
While those who listened gave no sign
Or answer to his din.
But as the lengthening shadows fell
Of dark hills all around,
From that day forward fell the curse
On all that house and ground.
For panes grew cloudy and with greenish film
That once had been clear as air;
Doors stuck fast and a mirror cracked,
And the newell fell from the stair.
Fungi gleamed from the dairy’s flags
And walls grew dark with damp;
The chimney fouled and would not draw
And the flame burned low in the lamp.
Then up from the cellars swarmed the rats
In frightened and frantic gangs!
They slew the cat on the kitchen floor
And the dog howled under their fangs.
Tails and whiskers and blood-shot eyes,
They hurried away in the dark;
That was the night that the well went dry
And the lamp would not show a spark.
Quietly, steadily, sank the house…
Of those who huddled here
One went mad, but nobody fled,
Bound in a spell of fear.
Then came the night when the earth beneath
Cracked with a stealthy sound,
And a huge mouth opened…and all that house
Vanished into the ground!


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Casa maldita (House Accurst), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Soneto de los muertos insomnes»: Anthony Boucher; poema y análisis.


«Soneto de los muertos insomnes»: Anthony Boucher; poema y análisis.




«Y entonces vi (este fue el cuchillo
que liberó mi mente de la frágil red de la cordura)
sus ojos, demasiado brillantes con aquello que no era vida.»



Soneto de los muertos insomnes (Sonnet of the Unsleeping Dead) es un poema gótico del escritor norteamericano Anthony Boucher (1911-1968), publicado bajo el seudónimo William Anthony Parker White en la edición de marzo de 1935 de la revista Weird Tales. Más tarde sería reeditado por August Derleth en la antología de Arkham House 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Soneto de los muertos insomnes, uno de los poemas de Antony Boucher menos conocidos, combina varios tropos de la literatura gótica al recrear una escena que parece sacada de un cuento de Edgar Allan Poe.


Aquella noche, cuando el clamor del mar
se unió al repiqueteo de la lluvia
para cubrir su tumba recién excavada,
pensé con angustia que jamás
volvería a conocer la desesperación.
Viudo de belleza, decidí
llevar el horror a mi lecho solitario.
Entonces, versado en conocimientos arcanos,
resolví el enigma de la vida y la muerte.
Se pronunciaron las últimas palabras perdidas
y se aplicaron los últimos ungüentos sobre la carne rígida.
Su gélida estancia más allá de la tumba había terminado;
se movía. Y entonces vi (este fue el cuchillo
que liberó mi mente de la frágil red de la cordura)
sus ojos, demasiado brillantes con aquello que no era vida.


El Orador de Soneto de los muertos insomnes nos sitúa en «aquella noche», cerca del mar [su «clamor» es audible], durante una tormenta. Estamos frente a la tumba recientemente profanada de una mujer.

El Orador decide exhumar el cuerpo de su amada y llevarlo a su «lecho solitario». Entonces, afirma, emplea sus «conocimientos arcanos», aquellos que le permitieron resolver «el enigma de la vida y la muerte», para traerla de regreso a la vida. Pronuncia «las últimas palabras» del rito, aplica «los últimos ungüentos sobre la carne rígida» y, de repente, la muerta se mueve.

Entonces, como si el horror del retorno de la tumba no fuera suficiente, el Orador observa algo en la mujer que arrebata su «mente de la frágil red de la cordura». Los ojos de la mujer brillan «con aquello que no era vida».

El Orador de Soneto de los muertos insomnes es un reanimador de cadáveres, pero no al estilo de Victor Frankenstein, que emplea la ciencia y la tecnología para llevar a cabo sus experimentos. En cambio, utiliza «conocimientos arcanos», es decir, la nigromancia, a través de «palabras» [mágicas] y «ungüentos» [ver: Nigromancia: el arte de invocar a los muertos y regresarlos a la vida]. Tampoco parece haber nada especial en el lugar de entierro de la mujer. No estamos en un Cementerio de animales, es decir, en una tierra con atributos especiales.

En todo caso, el Orador bordea la misma línea de algunos cuentos macabros de E.A. Poe, como Berenice, Morella y Ligeia, aunque desconocemos los motivos de la exhumación [ver: Mi esposa nigromante: análisis de «Ligeia»]. También se aleja de Poe en otro punto: el Orador pierde la «cordura» recién cuando la reanimada abre los ojos y estos brillan «con aquello que no era vida»; es decir, con un tipo de existencia intermedia, una no-muerte [ver: No-Muertos en el folklore y la psicología]. Esto implica que durante todo el proceso de exhumación y rituales [en los cuales se incluye la aplicación de «ungüentos» sobre el cadáver] el hombre permaneció en dominio de sus facultades; por lo que puede deducirse que se trata de un individuo curtido. Lo que sea que haya brillado en los ojos debió ser terrible.

Otra interpretación podría afirmar que esta «locura» a la que accede el Orador toca otra cuerda de E.A. Poe cuando habla de «la locura como sublime forma de la inteligencia». En este sentido, el horror final de la reanimación se convierte en sabiduría. El Orador pierde la cordura y accede a un grado de conocimiento que solo puede coexistir con la locura [ver: E.A. Poe y la Locura como sublime forma de la inteligencia]

Tal vez el Orador sea simplemente un imprudente estudioso de las artes negras que, desesperado por la muerte de su amada, decide revivirla una noche de tormenta. Después de todo, el resultado final lo sorprende, por lo que es lícito suponer que se trata de su primer procedimiento []habida cuenta que pierde la cordura en este]. Sin embargo, algunos elementos en el poema hacen pensar otra cosa. Por ejemplo, el hecho de que el Orador lleve a su cama a la muerta [dice: «mi lecho solitario»], le susurre palabras mágicas, unte su cuerpo desnudo con sustancias, y ella, después de toda esa agitación, de pronto se mueva, entreabra los ojos y revele un destello inusual en el humor vítreo, podría ser el resultado de otro tipo de maniobras detestables, además de la magia negra [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]




Soneto de los muertos insomnes.
Sonnet of the Unsleeping Dead, Anthony Boucher (1911-1968)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Aquella noche, cuando el clamor del mar
se unió al repiqueteo de la lluvia
para proteger su tumba recién excavada,
pensé con angustia que jamás
volvería a conocer la desesperación.
Viudo de belleza, decidí
llevar el horror a mi lecho solitario.
Entonces, versado en conocimientos arcanos,
resolví el enigma de la vida y la muerte.
Se pronunciaron las últimas palabras perdidas
y se aplicaron los últimos ungüentos sobre la carne rígida.
Su gélida estancia más allá de la tumba había terminado;
se movía. Y entonces vi (este fue el cuchillo
que liberó mi mente de la frágil red de la cordura)
sus ojos, demasiado brillantes con aquello que no era vida.


That night when all the clamor of the sea
met with the pelting clatter of the rain
to guard her fresh-dug tomb, despairingly
I thought I could not know despair again.
The widower of beauty, I resolved
to take fair horror to my lonely bed.
Now wise in arcane learning, I had solved
the riddle of the living and the dead.
The last lost words were spoken, and the last
unguents bestowed upon the rigid flesh.
Her chill sojourn beyond the tomb was past;
she moved. And then I saw (this was the knife
which freed my mind from sanity's frail mesh)
her eyes too bright with that which was not life.


Anthony Boucher (1911-1968)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Anthony Boucher.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Anthony Boucher: Soneto de los muertos insomnes (Sonnet of the Unsleeping Dead), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Hombre lobo»: Arthur Inman; poema y análisis.


«Hombre lobo»: Arthur Inman; poema y análisis.




«Soy movimiento incorpóreo en la noche.»



Hombre lobo (Werewolf) es un poema de hombres lobo del escritor norteamericano Arthur Inman (1895-1963), publicado por Akham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Hombre lobo, uno de los grandes poemas de Arthur Inman, nos sitúa en la piel de un licántropo, desde su despertar en la noche hasta la aceptación final de su condición.


Y despierto en la oscuridad y encuentro que palidece ante la luz refulgente;
mi cuerpo se desprende; estoy en cuatro patas cerca del fétido suelo;
soy un espíritu liberado, impulsado a volar, aceptando la noche,
hechizo primigenio atado a una extraña misión licántropa.

El grito en mi garganta no pronuncia voz alguna de la mente,
su lamento se eleva hasta estrellas más nítidas que los soles cósmicos,
y no me regresa ningún eco de la humanidad ni del sufrimiento del hombre,
del corazón, del cansancio de la vieja desesperación.

Las largas estepas ondulan bajo la audaz luz de la luna, mis pies apenas rozan
las altas cumbres de las delicadas hierbas, ningún sonido sigue a mi vuelo,
y sensuales yacen los inmóviles pelos de mi pelaje liso y tenebroso:
soy movimiento incorpóreo en la noche fluida e inconmensurable.

Superar a los trenes del hombre con su rugiente velocidad reptiliana;
ir más rápido que las alas en el cielo; ser corpóreo e incorpóreo;
conocer un único llamado lujurioso y una codicia solitaria;
ser criatura que se mueve lascivamente hacia un fin, sin músculos, incansable.

Los perros aúllan a mi paso, los gallos despiertan para cantar,
la presencia de cosas incorpóreas fluye a mi alrededor mientras avanzo,
y de toda la extraña vida soy la esencia veloz y excepcional,
no formulada ante las restricciones de la compulsión.

Me desvío hacia el agua, evito el fuego, las armas con punta de plata;
por lo demás, soy libre como un rayo de fría luna
arrojado a través de distancias impermeables; la inquietante suma
de todo terror soy, ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria.


El Orador del poema comienza despertando «en la oscuridad». Lo primero que descubre es que sus ojos pueden ver en la negrura [«palidece ante la luz»]. Está «en cuatro patas», se siente «liberado», «impulsado a volar», Todo eso forma parte del «hechizo» o maldición que lo ata a una «extraña misión licántropa». Grita, pero no pronuncia palabras; quiere decir, lamentarse, pero no oye «ningún eco de humanidad». Podemos imaginar que, al gritar, lo que le sale es un aullido lobuno. Entonces el Orador se lanza a correr por «las largas estepas» bajo la luz de la luna. Su velocidad es tal que sus «pies apenas rozan las delicadas hierbas». Siente el viento en su «pelaje liso y tenebroso». Dice atinadamente: «soy movimiento en la noche». Experimenta un «llamado lujurioso y una codicia solitaria». En cierto modo, se siente libre porque responde a sus impulsos animales. Es una criatura «que se mueve lascivamente hacia un fin» [ver: Análisis psicológico del Hombre Lobo en la ficción]

Es interesante como, en este punto, el Orador [vuelto ya un licántropo] sienta a su alrededor «la presencia de cosas incorpóreas». ¿Acaso son otros licántropos? ¿Acaso ahora puede percibir toda una flora y fauna sobrenatural, invisible a los ojos humanos?

Al final, el Orador comenta algunos elementos del folklore: evita el agua corriente, el fuego y la plata. «Por lo demás», dice, «soy libre como un rayo de fría luna». Toda su presencia, su misma existencia, es «la inquietante suma de todo terror», y por lo tanto «ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria» [ver: Razas y clanes de hombres lobo]

Hombre lobo es un buen poema, tal vez porque Arthur Inman tenía algo de licántropo, no en términos sobrenaturales sino por lo marginado, lo solitario, lo nocturno. Su obra no tuvo éxito, de hecho, se la calificó de mediocre, y para colmo sufría una rara compulsión: la hipergrafía; es decir, escribía diarios personales de forma obsesiva, quizás debido a un trastorno bipolar o a una lesión en el lóbulo temporal. De sus cuadernos, que abarcan desde 1919 hasta su muerte en 1963, se desprenden alrededor de 17.000.000 de palabras que conforman uno de los diarios en inglés más voluminosos que se conservan.

Si bien es cierto que Arthur Inman tenía una formación literaria un tanto pobre, su sensibilidad, su excentricidad, sus obsesiones, entre ellas, su salud, le permitieron conectar con algunos aspectos de la experiencia humana vedados para la mayoría de los individuos «normales». Pasó buena parte de su vida adulta encerrado en departamentos oscuros, insonorizados, presa de frecuentes migrañas, dando rienda suelta a toda clase de prejuicios raciales. Al final, se quitó la vida con un revólver en el baño. Si alguien reuniera las condiciones de aislamiento y sufrimiento para escribir sobre la maldición de ser o sentirse una criatura de la noche, ese fue Arthur Inman.




Hombre lobo.
Werewolf, Arthur Inman (1895-1963)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Y despierto en la oscuridad y encuentro que palidece ante la luz refulgente;
mi cuerpo se desprende; estoy en cuatro patas cerca del fétido suelo;
soy un espíritu liberado, impulsado a volar, aceptando la noche,
hechizo primigenio atado a una extraña misión licántropa.

El grito en mi garganta no pronuncia voz alguna de la mente,
su lamento se eleva hasta estrellas más nítidas que los soles cósmicos,
y no me regresa ningún eco de la humanidad ni del sufrimiento del hombre,
del corazón, del cansancio de la vieja desesperación.

Las largas estepas ondulan bajo la audaz luz de la luna, mis pies apenas rozan
las altas cumbres de las delicadas hierbas, ningún sonido sigue a mi vuelo,
y sensuales yacen los inmóviles pelos de mi pelaje liso y tenebroso:
soy movimiento incorpóreo en la noche fluida e inconmensurable.

Superar a los trenes del hombre con su rugiente velocidad reptiliana;
ir más rápido que las alas en el cielo; ser corpóreo e incorpóreo;
conocer un único llamado lujurioso y una codicia solitaria;
ser criatura que se mueve lascivamente hacia un fin, sin músculos, incansable.

Los perros aúllan a mi paso, los gallos despiertan para cantar,
la presencia de cosas incorpóreas fluye a mi alrededor mientras avanzo,
y de toda la extraña vida soy la esencia veloz y excepcional,
no formulada ante las restricciones de la compulsión.

Me desvío hacia el agua, evito el fuego, las armas con punta de plata;
por lo demás, soy libre como un rayo de fría luna
arrojado a través de distancias impermeables; la inquietante suma
de todo terror soy, ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria.


And I wake in the darkness and find darkness paled to refulgent light;
My body is shed; I am quadruped close to the odorous ground;
I am loosened spirit impulsed to flight, acceptive of night,
Primal spell upon strange lycanthropic errand bound.

Cry in my throat utters no voice of mind, and the wail
Of it rises to stars that are sharper than cosmic stars,a nd there
Is returned no echo to me of mankind and of man's travail,
Of the human heart, of the weariness of old despair.

The long steppes undulate in the bold moonlight, and my feet scarcely stir
The tall tips of the delicate grasses, and no sound trails my flight,
And sensuous lie the still hairs of my smooth and tenebrous fur:
Discarnate motion am I in a fluent and measureless night.

Outstrip the trains of man with their roaring reptilic speed;
Go faster than wings in the sky; be bodied and bodiless;
Know a single lusting call and a solitary greed;
Be creature lasciviously moving toward an end, unmuscled, tireless.

Dogs howl as I pass, and cocks awake to crow, and the presence
Of incorporeal things flows past as I progress,
And I am of all weird life the swift exceptional essence
Unformulated to constrictions of duress.

Swerve I for water, avoid fire, weapons tipped with silver come
Not near; for the rest be free as a beam of cold moonlight thrown
Across distances imperviable; the eerie sum
Of all terror am I, alien to man's world, creature alone.


Arthur Inman (1895-1963)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de hombres lobo.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Arthur Inman: Hombre lobo (Werewolf), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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