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«Liber Larvae»: el libro de las larvas astrales


«Liber Larvae»: el libro de las larvas astrales.




A finales del siglo XIX, y durante las primeras décadas del siglo XX, circuló un curioso libro prohibido entre los iniciados a la teosofía, llamado El libro de los animales astrales; cuyo capítulo principal, el Liber Larvae, o Libro de las larvas astrales, ofrece una de las más completas enciclopedias sobre la flora y fauna del plano astral, enfocándose precisamente en sus criaturas más insignificantes y, quizá por eso, más difíciles de detectar.

Este tipo de entidades están en el extremo opuesto de las criaturas no humanas del plano astral; es decir, se trata de seres que carecen por completo de inteligencia, y cuyos hábitos parasitarios les han otorgado una amplia variedad de nombres; entre ellos, larvas, entidades, gusanos y parásitos del bajo astral.

C.W. Leadbeater, en su obra: El plano astral: escenario, habitantes y fenómenos (The Astral Plane: Its Scenery, Inhabitants And Phenomena), descarta la posibilidad de que las larvas astrales sean simplemente carroñeros, sino más bien una suerte de descomponedores, es decir, seres que se alimentan de la materia sutil muerta del plano astral.

Si bien carecen de inteligencia, las larvas astrales poseen un apetito voraz y un instinto poderoso, lo cual equivale a decir que poseen una tenacidad absoluta, y rara vez se desvían de su presa una vez que han logrado adherirse a ella.

Dentro del plano astral son extremadamente útiles, ya que reciclan la energía residual de las criaturas de mayor envergadura espiritual; y también de los deshechos y detritos dejados por seres de vibración baja, ya sean de procedencia física o no física.

A su vez, el Liber Larvae aclara que la dieta de las larvas astrales, como ya se ha dicho, en base a los restos de los cuerpos etéricos y astrales de aquellas formas que evolucionan, o bien involucionan, le permite a este plano de existencia reutilizar la energía residual de sus habitantes en patrones que, a su vez, son esenciales para nutrir a las formas espirituales colectivas; es decir, aquellas que no poseen un patrón individual sino grupal, como el alma de los animales salvajes, así también como a ese colectivo gigantesco que incluye en un solo ser a todas las almas de las mascotas fallecidas.

Debido a su densidad, pero también a su enorme adaptabilidad, el Liber Larvae sostiene que estos seres pueden moverse con relativa libertad entre los distintos planos de existencia, e incluso convivir con nosotros durante mucho tiempo en el plano físico, siempre y cuando encuentren una fuente de alimentación propicia.

Para ser atacado por una larva astral no es necesario tener una experiencia extracorporal, un viaje astral, un sueño lúcido, o un sueño astral; de hecho, la forma más común de infectarse con una larva astral es en los cementerios, los hospitales, y en general en cualquier sitio saturado de muerte y enfermedad.

Es importante señalar que las larvas astrales no son depredadores. Nada tiene que ver con los vampiros y hombres lobo del plano astral, y mucho menos con los íncubos y súcubos; es decir, no poseen voluntad propia, ni siquiera a nivel rudimentario, aunque sí pueden ser utilizadas por los nigromantes y los iniciados en la magia negra; por ejemplo, para crear y proyectar pesadillas a distancia, causar impotencia, e incluso inducir ataques de ansiedad.

Su interacción con los humanos vivos es siempre parasitaria, causando una gran cantidad de malestares menores pero que pueden llegar a acentuarse con el correr del tiempo.

Las larvas astrales más peligrosas son aquellas que son forjadas en nuestro plano físico a través de emociones extraordinariamente intensas, que luego se imprimen sobre el plano astral. Para sobrevivir, estas formas necesitan alimentarse de energía; y no de cualquier tipo, por supuesto, sino de aquella que vibra en la misma frecuencia de la energía que las creó en primer lugar.

Por otro lado, las larvas astrales que no fueron forjadas en el plano físico pueden obtener esta energía del aura humana durante el proceso previo a la descomposición, es decir, a la muerte, pero también de los residuos etéreos que orbitan al cadáver durante un largo tiempo. Eliphas Levi, por su parte, aclara que cierta especie de larvas astrales, que el esoterista define en términos espirituales, pueden incluso adherirse a las personas vivas.

Son aquellos espíritus que se "pegan" a las personas a los que hace referencia el esoterismo en su extensa bibliografía; por ejemplo, El libro de los Tulpas, el cual ofrece información valiosa acerca de la creación de entidades y formas con el pensamiento.

Estos seres se adhieren al aura como verdaderas sanguijuelas, y se alimentan con gran prudencia, vaciándonos poco a poco sin que lleguemos a advertir los signos hasta que es demasiado tarde.

Al necesitar energía de baja vibración, aprovechan nuestro costado más banal y detestable. No crean vicios allí donde no los hay, es decir, no vuelven alcohólicas a las personas, tampoco drogadictas o suicidas, pero si pueden presionar sobre nuestros puntos débiles, generando estados depresivos continuados, brotes de ira, cansancio físico, etc.

La misma descripción de las larvas astrales se encuentra en el manual de Paracelso para crear homúnculos.

Ahora bien, la mayoría de los tratados al respecto coincide con el Liber Larvae cuando éste sostiene que las larvas astrales proliferan fácilmente en sitios calurosos, en especial en recintos donde no circula el aire fresco, y que también se mueven con gran facilidad en el agua, sobre todo tibia o caliente. De ahí los estremecedores baños fríos que los magos debían realizar luego de sus ritos y rituales con fuego.

La sintomatología que producen estas criaturas es extremadamente variada, aunque Annie Besant —autora del libro: Formas de pensamiento (Thought Forms)— describe algunas que resultan difíciles de encontrar en otro tipo de interacciones con seres del bajo astral.

Según esta investigadora, las personas atacadas por larvas astrales suelen extraviar constantemente objetos personales, también pueden experimentar la sensación de sentirse observado, de sentir presencias estando solo, de ver sombras con figura humana, de sentir frío constantemente, e incluso buscar abrigo y sitios calefaccionados aún durante los días de más calor.

A estas especulaciones, el Liber Larvae añade que las personas atacadas por parásitos astrales suelen ser presa fácil para los insectos del plano físico; es decir, hablamos de sujetos que son picados por mosquitos aún cuando nadie más en los alrededores sea atacado. También son perseguidos con mayor frecuencia por las cucarachas y las moscas. La comida en sus hogares, incluso las frutas frescas, se pudren con notable rapidez.

El sujeto manifiesta un gran cansancio físico sin causa aparente y evita salir al aire libre, así también como la compañía de otras personas. Vive en un estado de perpetua ansiedad, atormentado por ideas fijas de las cuales no puede salir; y en ocasiones también por impulsos compulsivos, como beber y comer con excesiva abundancia, sin alcanzar nunca la saciedad. Finalmente, el sujeto se abandona a sí mismo, evitando además la higiene personal más elemental.

Si bien estos signos pueden alarmar a cualquiera, el Liber Larvae ofrece algunas soluciones prácticas para sanar a la persona que ha sido atacada por larvas astrales. El agua fría, por ejemplo, tiene un efecto devastador en estas criaturas, así también como el azufre, las flores, la comida natural, fresca y sin cocinar.




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El artículo: «Liber Larvae»: el libro de las larvas astrales fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Toni VRPE dijo...

Al leer el penúltimo párrafo, uno piensa que estás describiendo el día a día de un escritor. Jajaja.