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Coven Wicca: qué es, cómo funciona y cómo encontrarlo


Coven Wicca: qué es, cómo funciona y cómo encontrarlo.




Existe una gran confusión alrededor de la organización de la religión Wicca, y en particular acerca de los Coven, muchas veces divulgada por aquellos que tratan esclarecer el tema. Además de la desinformación, casi siempre maliciosa, existen muchos prejuicios y lugares comunes sobre el tema. Aquí, en El Espejo Gótico, intentaremos aclarar la cuestión comenzando con un poco de historia y, más adelante en este artículo, con información actual (ver: La Biblia de la Wicca)

La palabra Coven designa la organización formal y la unidad de trabajo de la Wicca. El origen de la palabra no está claro. Alrededor de 1660 empezó a designar una reunión de brujas, pero antes de eso la palabra Coven describía cualquier tipo de reunión o asamblea. Etimológicamente proviene del Francés Antiguo cunvent, y este del latín conventus, convento. Muy probablemente el término deriva del verbo convocar, refiriéndose tanto una reunión religiosa como al lugar donde esta se lleva a cabo. Como veremos más adelante, no es caprichoso que Chaucer usara el término covent en los Cuentos de Canterbury (Canterbury Tales) para referirse a la reunión de 13 personas.

Las primeras referencias a los Covens se remontan al siglo XII. Juan de Salisbury describe grupos organizados de brujas que se reunían en lugares apartados, pero rápidamente advierte que estos eran meramente engaños creados por el diablo. Una historia popular a finales de la Edad Media refiere un episodio de la vida de St. Germain, obispo de Auxerre, en el que se encuentra con unos aldeanos que preparan una cena para «las buenas mujeres que asisten al Coven de noche» (ver: ¿Por qué las brujas vuelan en escobas?). St. Germain, expresando el punto de vista dominante de la Iglesia Católica, desacreditó estas reuniones como ilusiones del Diablo.

No fue hasta la Inquisición adquirió poder que se tomó en serio la existencia de los Covens. Las brujas acusadas fueron torturadas para que confesaran que eran miembros de organizaciones secretas y subversivas, y fueron obligadas a implicar a otras. En el libro: El culto de la brujería en Europa Occidental (The Witch Cult in Western Europe), la antropóloga británica Margaret A. Murray sostuvo que los Covens eran mucho más frecuentes y organizados de lo que la Iglesia estaba dispuesta a creer, aunque hay poca evidencia que respalde esta afirmación. Muchas brujas acusadas por la Inquisición eran ancianas solitarias, marginadas de la sociedad, que pueden haber trabajado la magia pero rara vez fuera de la curación y la clarividencia.

La primera referencia conocida a un Coven en un juicio por brujería ocurrió en 1324, en Kilkenny, Irlanda, cuando Alice Kyteler fue acusada de ser parte de un Coven de 13 miembros. En los siglos XVI y XVII, más brujas, aunque no un gran número de ellas, confesaron bajo tortura haberse unido a estos grupos. En los juicios por brujería la existencia del Coven parece haber sido bien conocida. Se observa claramente que los magistrados presionaban a los desafortunados prisioneros para que inculpen a sus asociados. Cuando la caza de brujas cesó a principios del siglo XVIII, el concepto de Coven estaba firmemente establecido en el imaginario social.

Originalmente, la Wicca creyó que la brujería descendía ininterrumpidamente desde tiempos prehistóricos como religión pagana (ver: El sendero pagano: estilo de vida wicca). Algunas brujas afirman ser miembros de Covens que se remontan a generaciones. Ciertamente algunos Covens pueden ser antiguos, pero hay poca evidencia que indique que estos han existido en líneas ininterrumpidas a lo largo de la historia. A partir de la década de 1980, la mayoría de los Wiccanos abanonaron la teoría de la tradición ininterrumpida en favor de la opinión más racional de que la brujería moderna refleja una reconstrucción de antiguas creencias y prácticas paganas.

Tradicionalmente, se supone que el número de brujas en un Coven es de trece: doce seguidoras más un líder. En El Dios de los Brujos (The God of the Witches), Margaret A. Murray afirma de manera inequívoca que el número de miembros en un Coven continúa siendo el mismo que en la Edad Media.

Es decir que el número de personas en un Coven rara vez varía, casi siempre hay trece: doce miembros y el Dios. En la Edad Media se creía que el líder era el mismo Diablo, o al menos una persona, generalmente un hombre, que representaba al maligno y se vestía con pieles de animales y cuernos. Esto, como veremos más adelante, en realidad era una mirada maliciosa sobre el Dios Astado, o Dios Cornudo de la Wicca, que nada tiene que ver con el Diablo (ver: Los dioses de la Wicca).

En Historia de la brujería y la demonología (The History of Witchcraft and Demonology), Montague Summers refuerza este estereotipo al sostener que el Coven era básicamente una reunión de hombres y mujeres bajo la disciplina de un líder, todos pertenecientes al mismo distrito, donde se practicaban toda clase de abominaciones, entre ellas, la magia negra. A propósito, Cotton Mather afirma lo siguiente en relación a los Juicios de Salem: Las brujas dicen que se reunen a la manera de las iglesias congregacionales, y que tienen un bautismo, una cena y oficiales entre ellas.

La organización antigua del Coven comenzaba por el Gran Maestro, representante de la deidad adorada por el grupo. En el caso de la Wicca, esta deidad generalmente era Cernunnos, el Dios Astado, que la Inquisición convirtió en el mismo Diablo. El Dios era representado por un hombre o una mujer que realizaban rituales en su nombre. En el Coven, cuando el Dios estaba presente en persona, los Grandes Maestros se convertían en sus oficiales.

Además, cada Coven tenía un Invocador o Invocadora, título que se presta a la confusión, ya que su tarea consistía en avisar secretamente a todos los miembros del Coven la próxima hora y lugar de la reunión. A veces, el Oficial y el Invocador eran la misma persona; y no era infrecuente que esta fuera un sacerdote cristiano que todavía participaba en ceremonias paganas. Los deberes del Invocador incluían mantener registros de asistencia, aceptar o rechazar nuevos miembros, y presentar a los iniciados al Dios. Si bien la estructura y la organización el Coven Wiccano actual no son exactamente iguales, preservan muchos elementos casi idénticos (ver: Wicca para principiantes)

Los Covens antiguos tenían otro puesto de alto rango, llamado Doncella, una mujer con deberes principalmente ceremoniales. Habitualmente, la Doncella era la consorte del Gran Maestro, y dirigía el baile con él (ver: El baile de las brujas). En Cartas sobre demonología y brujería (Letters on Demonology and Witchcraft), Walter Scott describe la importancia de la Doncella para el Coven, pero también las dificultades del puesto, ya que solía provocar el despecho de las brujas más ancianas, que se sentían insultadas por la preferencia del Gran Maestro, e incluso del Dios, por estas muchachas. De hecho, algunos conjeturan que el apodo de Juana de Arco, Doncella de Orléans, tenía un significado especial relacionado con el Coven.

Terminado este breve repaso histórico, entremos en la organización y estructura del Coven Wiccano propiamente dicho (ver: Enciclopedia de la Wicca)

Cada Coven es independiente, aunque puede estar vinculado con otros a través de distintas redes. Muchos wiccanos pertenecen a Covens, aunque se estima que muchos más practican la Wicca Solitaria. En todo caso, la mayoría de los Covens existen silenciosamente, algunos incluso secretamente (ver: Cómo ser una bruja wicca)

La Wicca, a pesar de lo que pueda leerse en internet acerca de Covens que buscan nuevos miembros, no hace proselitismo ni busca conversos. Es decir que ningún Coven serio buscará activamente nuevos miembros. El proceso es inverso, los futuros iniciados son los que deben buscar un Coven y solicitar la admisión, la cual es a discreción del grupo; es decir que no todos los que quieran unirse a un Coven son admitidos. Este punto es importante, y seguramente evitará que muchos caigan en manos de personas inescrupulosas que afirman pertenecer a un Coven que busca nuevos miembros.

El primer paso, una vez que el solicitante es admitido en el Coven, es comenzar el Círculo de Capacitación, que traicionalmente dura un año y un día. Durante las primeras semanas se evalúa las razones para querer ingresar en el Coven, y qué tan bien encajan con el grupo. Recordemos que un Coven es, en definitiva, un grupo de trabajo cuya eficacia depende en gran medida de la confianza entre sus miembros. Una vez superada esta etapa, se comienza con la Iniciación en el Oficio.

La mayoría de los Coven Wicca siguen la tradición de tener su propio Libro de las sombras, un conjunto de reglas, ética, creencias, rituales, canciones y procedimientos administrativos para dirigir el grupo (ver: ¿Qué es el Libro de las Sombras?). Es habitual también que los nuevos Covens se formen separándose de los ya existentes. La Wicca no es rígida al respecto, y cualquier bruja puede iniciar un nuevo Coven. Por otro lado, muchos Covens optan por ser eclécticos, fusionando varias tradiciones o incorporando elementos del chamanismo, el paganismo u otras religiones.

La reunión regular en el Coven es el Esbat o Círculo, que generalmente ocurre en la luna llena, pero que puede establecerse en otras fases lunares. Los Covens también se reúnen para celebrar ocho festivales estacionales: la Rueda del Año. El lugar de reunión, o Covenstead, puede variar. Puede ser un sitio al aire libre, idealmente, o la casa de uno de los miembros. El Covenstead es el epicentro de un área circular llamada Covendom, que se extiende una legua o tres millas —aproximadamente 5 km.— en todas las direcciones, y en la que se supone que viven todos los miembros del Coven. Tradicionalmente, los Covendoms no deben superponerse, pero esta regla no se observa estrictamente (ver: Bailando con brujas: secretos de la brujería wicca)

Trece es el número ideal de un Coven, es decir, seis «parejas perfectas» más un líder. En Brujería Hoy (Witchcraft Today), Gerald Gardner propuso que, con el fin de lograr mejor armonía y resultados en la magia, los miembros debían ser parejas o amantes; sin embargo, no es una regla estricta. De hecho, el número tampoco lo es. Algunos Covens poseen hasta veinte miembros, incluso más. En todo caso, de nueve a trece es el número ideal, pero todo depende de la relación y la armonía del grupo.

La mayoría de los Covens tienen miembros masculinos y femeninos, lo que está de acuerdo con la polaridad requerida para una religión de fertilidad. No obstante, algunos Covens Wiccanos son exclusivamente de mujeres o de hombres respectivamente.

Los miembros del Coven son sacerdotes y sacerdotisas, excepto los líderes, que son la Suma Sacerdotisa y/o el Sumo Sacerdote. Algunas tradiciones llaman a los líderes el Maestro y la Dama, o Doncella. La mayoría de las tradiciones tienen un sistema de avance de Tres Grados. Cada Grado requiere un mínimo de un año y un día de trabajo. A medida que la bruja avanza, aprende más secretos del Arte y se le confía la realización de deberes y rituales de alto nivel. Las brujas de Tercer Grado son elegibles para convertirse en Sumas Sacerdotisas, así como los varones pueden ocupar el rol de Sumos sacerdote.

La Suma Sacerdotisa representa a la Diosa. Una bruja puede convertirse en Suma Sacerdotisa dejando un Coven para iniciar el suyo propio, o por consenso grupal, en caso de que la Suma Sacerdotisa renuncie a su cargo o muera. Ella es fundamentalmente la responsable del buen funcionamiento del Coven para que todos los miembros puedan trabajar en armonía espiritual entre sí.

Además de poseer probadas cualidades de liderazgo, la Suma Sacerdotisa poseer ciertas habilidades psíquicas y una aguda intuición. Gran parte del trabajo mágico de un Coven Wiccano implica el uso de habilidades psíquicas. La Suma Sacerdotisa debe ser capaz dar forma a los poderes psíquicos del grupo y sentir cuándo están en su punto máximo. Además, ayuda a los recién iniciados a desarrollar sus propias habilidades psíquicas. Por lo general, el papel de la Suma Sacerdotisa en el ritual es purificar el Círculo Mágico e invocar a la Diosa. También dirige los cantos, ritos y trabajos de magia.

A su vez, el Sumo Sacerdote representa al Dios Cornudo, que es el consorte de la Diosa. En la mayoría de las tradiciones wiccanas, solo los Sumos Sacerdotes y Sumas Sacerdotisas pueden iniciar a otros en la magia; los hombres inician a las mujeres y las mujeres inician a los hombres. No hay Reyes y Reinas en el Coven, como se cree equivocadamente, aunque algunas personas han adoptado esos títulos. Una Suma Sacerdotisa de cuyo Coven se han separado otros tiene derecho a ser llamada Reina Bruja, que es completamente diferente.

Muchos Covens Wiccanos tienen una Doncella, que es al menos una bruja de Segundo Grado, cuya función es ser la asistenta de la Suma Sacerdotisa. La Doncella puede sustituir a la Suma Sacerdotisa en determinadas tareas; también se encarga de diversas cuestiones administrativas. Es probable que la Doncella esté a cargo de evaluar a los potenciales iniciados. En algunos Covens, la posición de Doncella no es estable, y puede rotarse como medio de entrenamiento para el Tercer Grado.

Otro cargo importante es el de Invocador, también llamado Fetch, que se encarga de programar reuniones y notificar a los miembros.

Los rituales y las prácticas del Coven se mantienen en secreto ante los no iniciados, de manera tal que sería imprudente divulgarlas aquí. No obstante, sí podemos decir algo acerca de la teología wiccana.

Las dos deidades principales son el Dios Astado y la Diosa Madre, aunque ciertamente hay otros. Algunos se refieren a la Diosa como Aradia, Areda o Airidia; y al Dios como Cernunnos o Kernunno, y en algunos Covens como Janicot. La guía ética del Coven es la «Rede» —que significa «consejo»—, o «Rede Wicca», la cual prohibe la coerción y promueve el libre consentimiento. En términos más simples: no se puede usar la magia para hacer daño, y esto no solo incluye a otros, sino a uno mismo.

La segunda guía ética es la Ley de Retorno, o Ley de Tres, que también subraya la importancia de no hacer daño con la magia, ya que hacerlo implica la generación de una reacción negativa centrada en uno mismo o en el Coven. Todas estas normas buscan que la bruja o el brujo piensen antes de actuar mágicamente, especialmente a la hora de lanzar hechizos. El Coven utiliza estas normas para considerar las posibles ramificaciones de cualquier trabajo esotérico.

Si bien todo esto parece un tanto estructurado, es importante tener en cuenta que la Wicca tiende a estar privada de dogmas, permitiendo a cada iniciado atravesar por sí mismo la experiencia ritual utilizando el lenguaje básico de la tradición, que le será revelada a través de los Misterios.

En muchas tradiciones wiccanas los estudios están marcados por Grados, como decíamos anteriormente. Cada Grado demuestra que el iniciado ha dedicado tiempo a aprender, estudiar y practicar. Es un error común pensar que obtener un Grado es un objetivo en sí mismo, sino más bien el comienzo de un proceso nuevo y empoderador.

Es tradicional que un nuevo iniciado espere un año y un día antes de que se le pueda otorgar su clasificación de Primer Grado. Durante este tiempo, comenzará un plan de estudios establecido por la Suma Sacerdotisa o por el Sumo Sacerdote del Coven. Esto incluye libros, tareas, prácticas, demostración de habilidades o conocimientos adquiridos, etc.

Un iniciado de Segundo Grado es alguien que ha demostrado que ha avanzado más allá de los fundamentos del Primer Grado. A menudo se les asigna la tarea de ayudar al líder, dirigir rituales, dar clases, etc. A veces incluso pueden actuar como mentores de los nuevos iniciados. Puede haber un plan de lección especificado para obtener el Segundo Grado, o puede ser un viaje de autoaprendizaje; esto dependerá de la tradición individual del Coven Wiccano.

Todo miembro del Tercer Grado es un potencial líder, aunque esto no significa necesariamente que tenga que comenzar un nuevo Coven. En todo caso, puede ocupar el puesto de líder cuando sea necesario, dirigir clases sin supervisión, responder preguntas de los nuevos iniciados, etc. En algunas tradiciones, solo un miembro del Tercer Grado puede conocer los Verdaderos Nombres de los Dioses o de la Suma Sacerdotisa y el Sumo Sacerdote. Un Tercer Grado puede, si así lo desea, separarse y formar su propio Coven.

Algunas tradiciones wiccanas tienen un Cuarto Grado, pero esto es bastante infrecuente.

La iniciación de un Grado es un nuevo comienzo, más que el final de algo. Una ceremonia de Iniciación de Grado es una experiencia intensa, y que no debe tomarse a la ligera. Muchas tradiciones wiccanas requieren que un candidato de Grado solicite ser evaluado y considerado digno antes de ser aceptado para la iniciación al próximo. En definitiva, la iniciación representa el reconocimiento de un cierto nivel de comprensión mística. Parte de su propósito es el reconocimiento, pero generalmente no se otorga hasta que el Coven ya actúe como si tuvieras un título relevante. En algunas tradiciones, el ascenso de Grado vincula al iniciado con el linaje de aquellos que le han precedido.

Los Secretos de cada Grado no pueden divulgarse fuera del Coven, ni discutirse con los no iniciados.

En posteriores artículos iremos profundizando más en estos temas.




Diarios Wiccanos. I Hechizoteca.


Más literatura gótica:
El artículo: Coven Wicca: qué es, cómo funciona y cómo encontrarlo fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción o consultas escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Hechizos para cambiar de apariencia


Hechizos para cambiar de apariencia.




En el Libro de las sombras de las brujas medievales existían hechizos para cualquier ocasión: volar, leer la mente, incluso acelerar, detener o regresar el tiempo atrás. Pero los más extraños son los hechizos de sigilo, aquellos utilizados por las brujas para asistir a los sabbats y aquelarres sin correr el riesgo de ser reconocidas.

Según la tradición, estos hechizos para cambiar de apariencia no tenían demasiado que ver con la belleza propiamente dicha, es decir, con la posibilidad de lucir más atractiva, sino más bien con el caracter furtivo de aquellos encuentros clandestinos en el bosque (ver: El baile de las brujas). No obstante, la tradición Wicca los utilizó en un sentido más mundano, si se quiere, probablemente porque a comienzos del siglo XX ya no existía el riesgo de ser quemada en la hoguera (ver: El nacimiento de la magia roja en la era victoriana).

Es decir que los hechizos para cambiar de apariencia ya eran bien conocidos por las brujas de la Edad Media y, en parte, fueron evolucionando hasta formar parte del ritual diario de casi todas las mujeres: maquillarse (ver: Consejos para lucir más atractiva en la Edad Media).

En este sentido, una mujer que se maquilla antes de salir de casa está practicando inadvertidamente una forma muy antigua, aunque degradada, de magia; sobre todo si su ritual de embellecimiento está cargado de intención. En efecto, el uso del maquillaje comenzó siendo un ritual, primero entre los sumerios y luego perfeccionado por los egipcios, quienes usaron pigmentos de la tierra para homenajear la belleza de los dioses.

Los hechizos de glamour son la forma original de estos rituales, y no necesariamente tenían que ver con el embellecimiento; de hecho, a veces eran utilizados en un sentido inverso (ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza). El investigador Sheldon Casdan, en el libro La bruja debe morir (The Witch Must Die), arriesga una posibilidad audaz: la bruja estereotipada de los cuentos de hadas, invariablemente vieja y decrépita, no solo invierte el ideal de belleza de la mujer, sino que además insinúa la posibilidad de un disfraz.

El glamour, básicamente la esencia de estos hechizos para cambiar de apariencia, es una forma de magia basada en la proyección de una ilusión, pero que no trabaja exclusivamente en el observador, condicionándolo a tener ciertas respuestas, sino también en quien lanza en el hechizo. El glamour no hace que las personas se vean diferentes, sino que se sientan diferentes.

Etimológicamente, la palabra glamour proviene del nórdico glámsýni, que significa tanto «ilusión» como «encantamiento». Es importante aclarar que estos hechizos para cambiar de apariencia eran utilizados por las brujas para proyectar una imagen engañosa de sí mismas, probablemente para resguardar sus verdaderas identidades, pero también para infundir miedo en los demás. Un glamer era un hechizo que afectaba la vista del espectador, haciendo que los objetos y las personas parezcan hermoso u horribles, según la intención del practicante.

El maquillaje moderno es una especie de glamour controlado, una forma de conjurar una variación de la apariencia, aunque alguna vez se consideró una estratagema manipuladora.

Los hechizos para cambiar de apariencia no eran sencillos de realizar. Se basan sobre todo en la fuerza de los pensamientos y en la estabilidad de las emociones del practicante, más que en hierbas y piedras cargadas positivamente. Antiguamente era una práctica solitaria, que iba acompañada de una serie de cánticos y oraciones que poco a poco se fueron abandonando, quedando únicamente la utilización de la máscara, es decir, la pigmentación artificial del cutis y el perfumado de la piel, que casi todas las mujeres de la actualidad practican a diario sin saber su poderoso arraigo en la traición mágica.

Ahora bien, la religión Wicca no está del todo de acuerdo con la utilización de estos rituales, sobre todo cuando se trata de hechizos para mejorar la apariencia. La Wicca, en todo caso, cuestiona los prejuicios y lugares comunes que existen alrededor de la belleza femenina, en la mayoría de los casos, contrarios a los intereses de la mujer; y propone que los estándares de belleza responden a la gratificación masculina, y no al deseo de las mujeres, por lo tanto, desestiman este tipo de hechizos, aunque evidentemente siguen practicándose (ver: Cómo la belleza es utilizada contra las mujeres)

¿Se puede cambiar de apariencia con la magia?

El glamour no cambiará físicamente tu apariencia, pero puede alterar cómo te ven los demás, y sobre todo cómo te vez a vos mismo. Los hechizos de afirmación y los encantamientos también se inscriben en esta línea, aunque las afirmaciones toman mucho tiempo, y solo resultan eficaces si el practicamente realmente cambia su forma de pensar, antes de cambiar su apariencia. Sería absurdo pensar que basta chasquear los dedos para hacer que cada persona que te conozca te vea como una supermodelo.

Es importante tener en cuenta que los hechizos para cambiar de apariencia eran utilizados para el sigilo, o más bien, para desviar la atención de los demás y así pasar desapercibido. Sin embargo, con el tiempo fueron adaptados para ocultar ciertos aspectos del practicante y centrar la atención de los demás en lo que este desea.

Es una creencia común entre las brujas wiccanas que la magia se basa en el uso de un lenguaje positivo, que es simplemente vibración, para implementar cambios sutiles en el practicante. Esto puede resumirse en la idea de que todo lo que sucede en nuestro interior resuena en el exterior; lo cual implica que la apariencia externa trabaja en conjunto con el estado interno, y que al invocar una visión más elevada de uno mismo esta puede filtrarse hacia lo físico. Sin embargo, los hechizos para cambiar de apariencia son complejos, y buena parte de esas prácticas se transmitieron con extremo secreto y cuidado, a veces a través de Libros de las sombras, otras, mediante grimorios y libros de hechizos. En la mayoría de los casos solo sobreviven algunos ingredientes aislados, como la miel, las rosas y ciertas raíces que, se creía, alteraban la circulación de energía a través del cuerpo.

Los rituales de glamour siempre comienzan estableciendo algunas intenciones para que el resultado sea el deseado. Luego se realiza un trabajo para adaptarse a ese resultado. Parece simple, pero todo esto demanda un alto grado de concentración. El mago Aleister Crowley, a quien se le atribuyen los mejores hechizos de invisibilidad, tradujo a un lenguaje contemporáneo el siguiente ejercicio de glamour medieval:


Presione sus palmas firmemente juntas, en posición vertical, contra su pecho. Esto debería verse como la típica pose de oración. Ahora concéntrese y separe lentamente las palmas hasta que estén aproximadamente a 2 pulgadas entre sí. Quédese aquí y concéntrese en ese espacio. Note la ligera presión entre sus palmas. ¿Hay alguna fluctuación de temperatura? ¿Qué más puede sentir en sus palmas? Ahora imagine que se está formando una pequeña esfera de energía brillante en ese espacio. A medida que comience a crecer, mueva las palmas hacia afuera para aumentar su tamaño. Mientras mantiene esa energía allí, susurre sus intenciones a la esfera. Luego, suéltela sobre su cabeza como un globo de agua de gran tamaño.

El glamour, según Crowley, tiene dos facetas: mejora lo que la persona ya tiene y solo funciona temporalmente.

Es interesante observar como la Wicca ha ido actualizado los rituales medievales, aunque esto los haya despojado de su encanto, ya que los intereses de la bruja moderna ya no son simplemente pasar inadvertida para sobrevivir. En otras épocas, una bruja lanzaba un hechizo para cambiar de apariencia para no ser detectada y, de ese modo, evitar la hoguera. Hoy en día se practican rituales similares pero con intenciones más bien banales, a tal punto que algunos lo consideran una forma degradada de magia.

Las brujas medievales eran rigurosas acerca de sus hechizos para cambiar de apariencia, probablemente porque influían sobre la mirada del otro, con lo cual la responsabilidad era mayor. De hecho, hay pocos libros de hechizos en donde este tipo de trabajos hayan sido registrados debidamente. A continuación iremos recorriendo uno de los pocos que han sobrevivido. Por cuestiones de seguridad hemos omitido algunos aspectos importantes para que nadie lo practique sin los conocimientos apropiados.

a- El primer paso consiste en la limpieza del espacio sagrado y de todos los artículos que van a utilizarse en el ritual, entre ellos, un espejo, preferentemente de bronce pulido (ver: Cómo hacer un espejo mágico). La limpieza se realizaba con humo (ver: Limpiar malas energías antes y después de un ritual).

b- La bruja dibujaba un círculo mágico para sellar las energías de su espacio sagrado (ver: Cómo funciona la Sal en la magia).

c- Se daba una ofrenda a Pasitea, que gobierna sobre las ilusiones y las hierbas mágicas. En adición, se pedía a Afrodita que favorezca el ritual.

d- Sujetando el espejo en su mano izquierda, la bruja observaba su rostro, específicamente la parte que deseaba cambiar.

e- Sin dejar de mirar su reflejo, la bruja untaba sus dedos con un preparado especial, cuyos ingredientes omitiremos aquí por cuestiones de seguridad. Con los dedos índice y mayor limpiaba su rostro con esta preparación, asegurándose de prestar especial atención al área que deseaba cambiar (ver: Ingredientes de la cocina mágica).

f- Esta parte es difícil de comprender, pero aquí se practicaba una especie de mal de ojo inverso, la mirada de la bruja, que esencialmente consistía en nublar la vista, como si se estuviera debajo del agua. Con esta mirada borrosa la bruja contemplaba su reflejo y visualizaba los cambios que deseaba proyectar.

g- Una vez que la bruja estaba satisfecha con su visualización, lanzaba un hechizo de afirmación, dependiendo de sus intenciones.

h- Finalmente se colocaba el espejo hacia abajo, se agradecía a Pasitea y Afrodita, y se abría el círculo.

Los hechizos para cambiar de apariencia requieren visualizaciones múltiples, repetitivas, y mucha energía para prolongarse en el tiempo. Tal es así que las brujas wiccanas lo reafirman cada vez que pasan delante de un espejo.




Diarios wiccanos. I Hechizoteca.


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El «precio» de los hechizos de amor


El «precio» de los hechizos de amor.




¿Cuál es el precio simbólico de un hechizo?

Antes de responder esta pregunta compartimos un correo que llegó al Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico


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Hace un año aproximadamente tuve una experiencia muy desagradable con un hechizo de amor. Supuestamente era un trabajo inocente, sin efecto rebote, sin embargo, las cosas se salieron de control (ver: El efecto rebote en la magia).

Traté de atarme a mi exnovio. ¿El resultado? Un par de semanas después de realizar el hechizo conocí a otra persona, un chico realmente genial. La única razón por la cual la relación solo duró un par de meses fue porque simplemente no podía dejar de pensar en mi ex.

En lugar de unirlo a mí, terminé mentalmente atada a él, y no dejaba de pensar en volver a estar juntos. Este hechizo me costó una relación con un tipo realmente genial. Creo que una de las razones por las que salió tan mal fue que usé algunos de sus cabellos en el ritual.

***


Resulta curioso que sean los mismos grimorios que proponen toda clase de pócimas, ungüentos, brebajes y caldos para obtener el amor de una persona, quienes adviertan sobre los peligros de efectuar tales prácticas (ver: Las pociones de amor más extrañas de la Edad Media). De hecho, en la mayoría de estos libros prohibidos se habla de un «precio» que debe pagarse al realizar un hechizo.

Naturalmente, no hablamos aquí de un «precio» en términos monetarios, sino más bien un costo que el practicante deberá abonar en el futuro cada vez que realice un hechizo cuya intención es modificar el comportamiento de alguien más, presumiblemente, para obtener algún grado de atracción que no habría conseguido empleando medios convencionales (ver: Peligros de los hechizos de amor).

Es decir que el «precio» de un hechizo de amor está directamente relacionado con la intención de quien lo realiza. De eso se trata la práctica de la magia realmente: de una intención condensada, consciente y dirigida hacia el cumplimiento de un propósito específico. Sin embargo, los grimorios medievales son ambiguos al respecto.

Por ejemplo, estos libros de magia roja alertan sobre los peligros de efectuar hechizos de atracción dirigidos hacia una persona en particular, pero también sobre aquellos que se realizan de forma más genérica, sugiriendo que, en ciertos casos, algo más puede sentirse atraído por la energía desatada (ver: ¿Qué pasa si un hechizo sale mal?).

En todo caso, y siempre de acuerdo a las advertencias explícitas que podemos encontrar en cualquier libro de hechizos, el precio de un hechizo de amor siempre es elevado, y a veces incluye la cordura del practicante, e incluso de la persona hacia la cual fue dirigida esa intención.

La web abunda en recetas de dudosa procedencia cuyo resultado está condenado al fracaso desde el comienzo. Los llamados amarres, o ataduras, funcionan en ambos sentidos. Si estos trabajos se realizan sin los conocimientos apropiados, en lugar de atar al otro es el practicante quien termina mentalmente unido a su objetivo.

Uno podría pensar este es un precio que muchos están dispuestos a pagar, y quizás por eso este tipo de trabajos siguen realizándose indiscriminadamente. No obstante, es el desconocimiento sobre el verdadero alcance que puede tener un hechizo lo que insta a las personas a cometer semejantes atropellos contra el libre albedrío de los demás.

El precio de un hechizo de amor a veces se paga en cuotas, por decirlo de algún modo, o se financia con el éxito que este pueda llegar a tener. Al respecto compartimos otro breve correo que ha llegado a nuestra casilla:


***

El precio que pagué por hacer hechizos se resume al hecho de que la relación conseguida a través de este medio se convirtió en algo horrible. Se obsesionaron conmigo. Gané algunos acosadores espeluznantes de esa manera, a tal punto que sentí miedo de lo que pudiesen llegar a hacer. Mis hechizos han sido muy potentes y difíciles de revertir, especialmente porque en aquella época tendía a usar cabello y fluidos corporales (ver: Peligros de la magia negra)

***


La idea de que los hechizos pueden tener un efecto exactamente contrario a las intenciones del practicante está presente en todos los grimorios. Este efecto opuesto se divide en dos grupos:


1- La persona a la cual va dirigida el hechizo, en vez de sentirse atraída, te odiará.

2- El hechizo influirá únicamente sobre el practicante. Es decir que, en lugar de que la otra persona te quiera o te desee más, será el practicante quien intensificará su obsesión por ella.


En el primer grupo encontramos aquellos hechizos que se realizan de forma incorrecta, ya sea con materiales inadecuados, con malas intenciones, o bien como consecuencia de lo que se conoce en el ámbito de la Wicca como sobrecarga; que consiste básicamente en la realización de hechizos demasiado poderosos para el objetivo que se desea alcanzar.

En el segundo grupo se encuentran los hechizos peligrosos, aquellos que pueden incapacitar al practicante y salirse completamente de control.

La razón más importante por la que nunca es una buena idea hechizar a alguien para que se enamore es porque le arrebata el libre albedrío. La magia, aun en términos inocentes, es una fuerza que se pone en movimiento y hace que los cambios ocurran. La Wicca, corrigiendo el axioma de Aleister Crowley, sostiene que si no hace daño a nadie, haz lo que quieras, pero incluso dentro de ese esquema de acción existen riesgos (ver: La ley de atracción).

Si fueras a lanzar un hechizo que hace que alguien se enamore de ti, no vas a entrar en contacto con una entidad precisamente benévola. Sería como pedirle al policía de la esquina que mate a un vecino molesto. Por el contrario, si quisieras que tu vecino desaparezca misteriosamente tendrías que visitar algún barrio sórdido de la ciudad para encontrar a alguien dispuesto a hacerlo.

Ninguna entidad astral que tenga una vibración positiva participará en un hechizo cuya intención es usurpar el libre albedrío de una persona. En todo caso, estarías lidiando con algunas energías y entidades del bajo astral que pueden ser muy peligrosas. Al igual que el tipo inescrupuloso del barrio sórdido, estos seres carecen de ética.

Las entidades negativas del astral no vacilarán en ayudar a alguien lo suficientemente desesperado como para recurrir a ellas, y, en consecuencia, atarse al practicante con el objeto de alimentarse de su energía (ver: Entidades del Plano Astral que se «pegan» al aura).

En todo caso, el precio de un hechizo de amor es demasiado elevado siquiera para comenzar a pensar en asumir su costo.




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El efecto rebote en la Magia


El efecto rebote en la Magia.




Recientemente en el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico hablamos acerca de algunos fenómenos paranormales que pueden producirse después de realizar un ritual o un hechizo. En esta ocasión hablaremos del efecto rebote en la magia, uno de los mayores peligros a los que se enfrenta el mago, sostiene Eliphas Levi en el libro: El gran arcano del ocultismo revelado (Le Grand Arcane, ou l'Occultisme Dévoilé).

Pequeños desajustes en la formulación de un hechizo, imperceptibles desarreglos en su enunciado, en la manipulación de materiales, y el efecto deseado puede volverse en contra el mago, lo cual puede ser sumamente peligroso cuando hablamos de conjuros y maldiciones. En todo caso, es interesante repasar algunas aristas psicológicas, si se quiere, a las cuales se enfrenta el practicante de la magia.

En este contexto, no solo la práctica de la nigromancia y la magia negra puede producir el efecto rebote. No es necesario realizar un trabajo de maldad, o por tal caso de amor, que incluya amarres o hechizos que interfieran con el libre albedrío del otro. Aun la práctica mágica más inocente, cuando se realiza sin protección, entraña un peligro.

En El libro de la magia ceremonial (The Book of Ceremonial Magic), Arthur Edward Waite llega a la conclusión de que existen distintos tipos de efecto rebote en la magia. El primero, y más inmediato, se produce luego de finalizar el ritual o el hechizo. El practicante puede sufrir, entre otros síntomas, ideas obsesivas, pensamientos negativos, y atravesar un estado de fuerte ansiedad.

El segundo efecto rebote en un hechizo ocurre unos días después, cuando el practicanete descubre que los resultados de lo que ha hecho no se traducen exactamente en lo que deseaba.

La angustia se hace presente, y cierto sentimiento de culpabilidad, de remordimiento. Aquí, añade Waite en El libro de la magia negra y los pactos (The Book of Black Magic and of Pacts), pueden surgir pesadillas particularmente inquietantes, falta de apetito, dolor de cabeza, dolores estomacales, mareos y, asombrosamente, urticaria.

Esto adquiere mayor intensidad cuando hablamos de hechizos de amarre. De repente, el practicante puede experimentar una sensación de rechazo por la persona amarrada, incluso de repulsión.

Para evitar el efecto rebote en la magia las brujas utilizaban intermediarios, como los espíritus familiares, o bien escudos de protección, como un pentáculo, para desviar el curso de la energía del hechizo o del ritual y así evitar que vuelva contra ellas.

Otra instancia del efecto rebote en la magia se produce más adelante en el tiempo. Una vez que el hechizo da resultado, todo parece ir bien, pero después de un tiempo el practicante empieza a experimentar miedos injustificados, e incluso ideas paranoides, como sentirse observado, sentir presencias alrededor suyo, etcétera.

En este contexto, la magia tiene un precio, y puede pagarse al contado, o con intereses. Si el practicante no se ha protegido correctamente al momento de realizar el ritual, los intereses se van acumulando.

El último eslabón del efecto rebote en la magia es, sin dudas, el más peligroso de todos; y se produce cuando el retorno de la energía no recae directamente sobre el practicante, sino sobre algún ser querido, o incluso sobre su propia descendencia.

Ahora bien, el efecto rebote no necesariamente funciona como una especie de recompensa, o de castigo, que dependerá de las intenciones del practicante. No es una instancia del karma, por llamarlo de algún modo. Tiene que ver, en todo caso, con un manejo inadecuado de las energías que se canalizan en la magia.

Hay ciertos hechizos y rituales capaces de generar un estado emocional inadecuado en el practicante; sobre todo aquellos que tienen el objetivo de forzar un cambio en el comportamiento o las actitudes de un tercero. El deseo de recuperar a un ex, por ejemplo, puede inducir a una persona a realizar este tipo de prácticas sin la protección adecuada, con el agravante de que su propio estado emocional se encuentra sobrepasado por el deseo de control y, en menor medida, de venganza.

Estas emociones juegan un rol preponderante en la magia. En cierto modo, forman parte de la práctica, porque el practicante las vierte sobre el ritual, y de ese modo deja una huella, una impresión, su ADN espiritual, digamos, y con él un boleto para el retorno de esas energías (¿Qué pasa cuando un hechizo sale mal?).

Es decir que el efecto rebote siempre implica un trabajo mal hecho, que a su vez causa un efecto indeseado, y hasta contrario a los intereses del practicante.

Esto puede suceder como resultado de una mala elección de materiales, energías mal canalizadas, falta de concentración al realizar el trabajo, intención mal dirigida, inestabilidad emocional en el practicante, sentimientos de desesperación durante la práctica; entre otras cosas.

Todo trabajo esotérico implica una intención canalizada, que a su vez necesariamente genera un Tulpa, o Forma del Pensamiento, en el Plano Astral. Podemos pensarlo como una materialización de esa intención. De eso se trata precisamente el efecto rebote, de la posibilidad de que esa intención regrese al practicante, y en cierta medida quede adherida a él (ver: Espíritus que se «pegan» a las personas)

También puede ocurrir que el efecto rebote no recaiga sobre la persona propiamente dicha, sino en el lugar en el que se llevó a cabo el hechizo. En el mejor de los casos, esto puede generar ambientes cargados negativamente (ver: Espíritus y «ambientes cargados»); en el peor, una verdadera infección astral en toda la casa.

Algunas corrientes esotéricas advierten sobre los peligros de no seguir al pie de la letra las indicaciones de un ritual para evitar el efecto rebote; otras, como la Wicca, alientan un camino inverso, y prefieren utilizar la creatividad, la imaginación, para crear hechizos personalizados. En ambos casos, sin embargo, se cree que trabajar sin la protección necesaria inevitablemente terminará ocasionando este tipo de arrastre energético.

La preparación de un hechizo o de un ritual es un asunto delicado. El verdadero peligro consiste en creer que este tipo de prácticas se resumen a prender una vela, desear algo, y esperar a que ocurra. La magia consiste en canalizar energías, y eso lleva tiempo, práctica, y conocimientos.

El efecto rebote puede ser algo tan simple como sentirse bloqueado, a invertir por completo la vida del practicante; es por eso que este tipo de práticas siempre deben realizarse con los conocimientos adecuados.

En muchos casos, la gente realiza pequeños hechizos, en apariencia, inofensivos, pero con materiales que no son los adecuados, o cuya combinación no es la correcta. No es aconsejable experimentar con materiales si no se sabe exactamente para qué es cada cosa, cuál es su función, y como deben ser manipulados. En el mejor de los casos esto anulará el efecto del trabajo, en el peor, las energías mal canalizadas pueden rebotar de vuelta hacia la persona.

A veces el efecto rebote en la magia se produce incluso cuando todo el trabajo se realiza correctamente, pero la persona comienza a experimentar ansiedad, e incluso enojo, al no ver rápidamente los resultados que espera.

De hecho, el desapego por el trabajo realizado es una instancia importante de la práctica. Una vez que se completa el trabajo, cualquiera sea, es necesario dejarlo ir, separarse, dejar de obsesionarse con él.

Esto adquiere todavía mayor relevancia cuando hablamos de trabajos que se realizan sobre el propio practicante. Un desengaño, un duelo, no necesitan mayor intervención que el dolor. De hecho, sentir dolor es una buena señal de sanación. Tratar de rodearlo puede terminar alimentándolo.

Los hechizos pueden manifestarse de diferentes formas. A veces lleva un tiempo obtener resultados, a veces se producen de inmediato, y finalmente puede ocurrir que nunca sepas si realmente funcionó.

Lo más importante, en todo caso, es aprender a eliminar las energías residuales que pueden quedar a tu alrededor. A mayor fuerza e intensidad de un hechizo, mayor será su toxicidad.




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«Glamour» y otros extraños hechizos de belleza


«Glamour» y otros extraños hechizos de belleza.




Muchas personas nos abordan en la vía pública, e incluso en nuestro domicilio particular, para preguntarnos si es necesario firmar un pacto con el diablo para lucir más bellas (ver: Cómo hacer un pacto con el diablo). Nuestra respuesta predeterminada es no, pero la historia de la brujería ofrece otros recursos interesantes, que evitan los acuerdos contractuales con Lucifer, para lucir más atractivo.

A continuación iremos recorriendo algunos de esos extraños hechizos de belleza.

Al parecer, los hechizos de belleza ya eran bastante conocidos en la Edad Media. Esas prácticas, cuyo objetivo era embellecerse pero también trasmitir algo más allá de lo que puede verse, fueron evolucionando de forma paulatina hacia el hábito, casi ineludible para las mujeres actuales, de maquillarse (Consejos para lucir más atractiva en la Edad Media).

En este sentido, una mujer que se maquilla frente al espejo está practicando una forma de magia.

No hablamos aquí de hechizos de atracción, es decir, hechizos para atraer a alguien en particular, sino más bien de una serie de procedimientos mágicos cuyo objetivo era embellecer a la mujer de manera objetiva, es decir, cambiar radicalmente su aspecto para lucir mejor, de acuerdo a los paradigmas de antaño, que no siempre coinciden con los actuales.

En el libro: El culto a la belleza: avant-garde victoriana (The Cult of Beauty: The Victorian Avant-Garde) se analiza en profundidad los procedimientos de maquillaje en la era victoriana, algunos de ellos realmente peligrosos para la salud, y se concluye que, en esencia, el maquillaje es un ritual que procede de aquellos hechizos de belleza.

El acto de maquillarse es un ritual, o lo era, en el siglo XIX, y requería de una serie de procedimientos a los cuales las mujeres se sometían durante un tiempo prolongado, todos los días, y que podría ser visto como un residuo de los antiguos rituales de belleza de los que hablábamos anteriormente.

Es interesante contrastar esto con la opinión generalizada dentro de algunos movimientos de la religión Wicca, que intenta derribar estos prejuicios en relación a la belleza, que por cierto es subjetiva, al analizarlos como una herramienta que va en contra de los intereses de las mujeres, y que responde únicamente a una gratificación masculina. En el libro: El mito de la belleza: cómo la belleza es utilizada contra las mujeres (The Beauty Myth: How Images of Beauty Are Used Against Women), la investigadora Naomi Wolff realiza un estudio muy interesante sobre el tema.

Entonces, antiguamente el acto de maquillarse era una forma de ritual de belleza, que se practicaba en soledad, y que iba acompañado de una serie de oraciones, cánticos, y hechizos, que eventualmente se fueron abandonando, quedando únicamente la fabricación de la Máscara, es decir, la pigmentación artificial y el perfumado de la piel, sobre todo el cutis.

Esto, desde luego, posee algunas ventajas interesantes para la mujer moderna. Por ejemplo, evita la pronunciación de hechizos y encantamientos mágicos antes de salir a la calle, pero también algunas desventajas en relación a las brujas medievales. Ellas podían recurrir al ritual sin usar la Máscara, y obtener el mismo resultado que si estuvieran prolijamente maquilladas.

Los hechizos para aumentar la belleza y el atractivo son muy antiguos. Dentro de la Wicca, heredera de la vieja tradición, esta práctica se conoce como glamour, es decir, la habilidad de proyectar la imagen que uno desea, en este caso, una imagen de belleza física.

El glamour tiene dos aspectos importantes: solo mejora lo que la persona ya tiene, y solo funciona temporalmente.

Los hechizos de belleza esencialmente poseen la particularidad de proyectar una imagen mejorada de la persona. En términos objetivos, no hay cambio de ningún índole en el aspecto general de la persona, pero sí en la forma en la que ésta es percibida por los demás.

En el libro: La bruja debe morir (The Witch Must Die), Sheldon Casdan llega a una interesante conclusión respecto de los hechizos de glamour, y sostiene que la imagen de la bruja en los cuentos de hadas, invariablemente una vieja decrépita, además de invertir el ideal de belleza de la mujer, expresa la posibilidad de un disfraz, de un hechizo de belleza al revés, que las brujas utilizarían para no ser percibidas como realmente eran.

Una especulación audaz, probablemente inexacta, pero interesante, sin embargo.

Algunos van todavía más lejos, y sostienen que existen hechizos para cambiar el color de ojos y de cabello. De hecho, algunos grimorios y libros de las sombras brindan una amplia variedad de hechizos de glamour al respecto.

Ahora bien, ¿qué es el glamour exactamente?

El glamour es una forma de magia, una ilusión proyectada que funciona tanto en el emisor, por ejemplo, en la persona que hace un hechizo para verse más linda, como en el receptor, en este caso, el observador, alterando su conciencia para provocar ciertas respuestas. En resumen: el glamour hace que las personas se vean diferentes de lo que realmente son.

Si bien la palabra glamour proviene etimológicamente del griego γραμματεία, que significa «erudición», en términos de estudio de libros antiguos, su esencia dentro de la brujería, y de la wicca propiamente dicha, proviene del Antiguo Nórdico glámsýni, que significa tanto «ilusión» como «encantamiento».

Es importante aclarar que el glamour no solo era utilizado para lucir mejor, sino para proyectar una imagen de confianza, e incluso infundir temor en los demás. Todo depende de la intención detrás de la voluntad de quien realiza este tipo de trabajos.

Los hechizo de glamour de belleza son, sin embargo, distintos de otros trabajos de magia medievales. Se basan especialmente en la estabilidad y la fuerza de los pensamientos y emociones del practicante. Esta antigua forma de brujería casi nunca emplea herramientas como hierbas, sellos y amuletos, muy habituales en otro tipo de procedimientos, ya que se consideran inútiles.

Si bien existen algunas variantes que requieren del empleo de ciertos accesorios, el ingrediente principal de los trabajos de glamour consiste en el enfoque, en la confianza, en la devoción de la bruja a sus intereses, a su causa, y a la repetición de todo el procedimiento tantas veces como sea necesario hasta lograr los resultados esperados.

Los hechizos de belleza más antiguos que se conocen funcionan mucho mejor en personas jóvenes, al menos en teoría, lo cual resulta paradójico ya que uno tiende a presumir que tales artilugios son mucho más útiles a una edad avanzada.

En realidad, no es que funcionen mejor, sino que las personas jóvenes pueden aprender a usar el glamour de forma mucho más efectiva. En todo caso, podemos pensarlos como un ejercicio que busca potenciar el magnetismo personal, y proyectar una imagen de uno mismo en donde resaltan los puntos fuertes.

No daremos aquí la receta completa, por ser potencialmente peligrosa en manos de alguien inexperto, pero un hechizo fácil de glamour crea la ilusión del cambio de apariencia de un objeto, o de una persona, a través de un ritual que incluye, entre otras cosas, la meditación y ejercicios de respiración.

La idea, en todo caso, es concentrar los pensamientos en la ilusión que se quiere proyectar, y luego observar las reacciones de los demás para ir ajustando el ritual en aquellos puntos en los que resulte necesario para mejorar el resultado final.

Es interesante observar como la Wicca moderna ha logrado actualizar de algún modo las prácticas de las antiguas brujas medievales. Esta reinvención de los viejos rituales ha perdido algo de encanto en el proceso, algo de glamour, si se quiere, ya que los intereses de la bruja moderna ya no son simplemente sobrevivir, pasar inadvertida, sino más bien lograr sus objetivos personales.

Antaño, una bruja lanzaba un encantamiento de glamur antes de salir de su casa para no ser detectada y, de ese modo, evitar la hoguera. Hoy en día se practican rituales similares pero para reafirmar la autoestima, o despertar el deseo en alguien indiferente, haciendo que esos antiguos rituales de belleza se conviertan en algo más bien teatral.

El cuidado y la dedicación que las brujas de hoy ponen en los ritos de glamour ciertamente generan mayor confianza. Sentirse sexy, magnetizado, a través de un ritual de belleza que sea, además, una forma de intimidad con uno mismo, parece razonablemente atractivo, pero también una forma degradada de magia.

Crear un look personal no es una forma de lanzar hechizos, sino más bien la fabricación de una armadura, una apariencia, no una ilusión.

Las brujas medievales se tomaban muy en serio los hechizos para cambiar de apariencia, ya que estos no solo influyen sobre la practicante, sino que también afecta la mirada del espectador, con lo cual la responsabilidad era mayor. De hecho, hay pocos libros de hechizos en donde este tipo de trabajos hayan sido registrados.

El verdadero conocimiento, al menos en el campo de la magia, en general se transmite directamente, de persona a persona.

En este contexto, los hechizos de glamour son notablemente distintos de los que aparecen frecuentemente en los libros wiccanos, quienes solo se limitan a recomendar el uso de ingredientes, como miel, espejos y rosas, y no la forma en la cual es necesario concentrar la voluntad, la intención, para que la ilusión altere en cierto modo la circulación de energía a través del cuerpo y, en consecuencia, se proyecte sobre la mirada del otro.

Ciertamente se puede alterar la apariencia utilizando únicamente herramientas como la visualización, y otras más tangibles, como el maquillaje. Algo tan sencillo como el lenguaje positivo puede implementar cambios en lo físico, y no hay nada peligroso en intentarlo. Mayor responsabilidad requiere la idea de que todo lo que una bruja proyecta hacia afuera, también se interioriza.

Esto implica que la apariencia exterior debe funcionar en conjunto con el estado de ánimo interno. La ecuación sería la siguiente: si uno invoca una visión más elevada, más perfecta, de uno mismo, eso puede filtrarse al terreno de lo físico.

En todo caso, el cambio siempre comienza a nivel interior.

La noción de que el maquillaje moderno es una especie de glamour controlado, una manera de expresar sentimientos, apariencias, estilos, resulta ciertamente interesante. Después de todo, el acto de maquillarse es una rutina y, por lo tanto, un ritual, profundamente íntimo, privado, pero que rara vez se utiliza para fusionar un estado interior con lo exterior, sino más bien como una costumbre, una necesidad, que únicamente funciona a nivel externo.

Lo cierto es que el glamour ha cambiado con el paso de los siglos. En un contexto mágico, podemos verlo como una ilusión, que no necesariamente es positiva.

Los mitos sobre Hadas, por ejemplo, también hablan de glamour, pero como un hechizo para ocultar lo que está debajo. Esto se refleja en las leyendas donde las hadas cambian a un bebé humano por uno propio, conocidos como Changelings, dándoles un glamour para que nadie pudiese conocer su verdadera naturaleza.

Aquí en El Espejo Gótico somos respetuosos de las brujas. Algunas, de hecho, son amigas de la casa, otras forman parte de nuestro espacio, de manera tal que no es nuestra intención revelar secretos que forman parte de una creencia sumamente antigua, sino más bien detenernos en algunas curiosidades, algunas rarezas, aunque siempre, en todos los casos, hemos dejado migas en el camino para quienes puedan interpretarlas.




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Casanova, el Marqués de Sade, y el misterioso Libro de la Seducción


Casanova, el Marqués de Sade, y el misterioso Libro de la Seducción.




Siempre existieron libros prohibidos dedicados al arte de la seducción, incluso demonios y otros seres sobrenaturales a los cuales se les atribuye cierta colaboración en asuntos como la atracción y el deseo, pero ninguno con las mismas características asombrosas que el llamado Libro de la Seducción; cuyas páginas, astutas y perversas, ayudaron a hombres obsesionados con el hábito de seducir.

Nadie sabe a ciencia cierta quién es el verdadero autor de El libro de la seducción. Para muchos, sus secretos fueron traicionados por un grupo de réprobos de escasa influencia en la jerarquía infernal. Barbatos y Prusias, demonios de la seducción, y Yecum, la seductora de ángeles, concibieron sus páginas malditas; pero fue Zorneo, sagaz patrono de los perversos, quien las distribuyó entre los seductores más notables de su tiempo: Giácomo Casanova y el Marqués de Sade.

Otros afirman que El libro de la seducción también cayó en las manos de Aleister Crowley, quien lo utilizó para perfeccionar su estilo amatorio y de ese modo invocar a Babalon, principio femenino del universo que puede introducirse en el cuerpo de las mujeres durante el orgasmo; algo similar a lo que ocurría con las bacantes romanas.

Esta opinión, sin embargo, fue refutada por Moina Mathers, Leah Hirsig, y otras chicas de la Orden Hermética del Alba Dorada, quienes solían entregarse al desenfreno colectivo pero que habitualmente alcanzaban el orgasmo mediante la autosatisfacción, como se sabe, contraindicada para la invocación de potencias cósmicas.

De acuerdo con la mayoría de los diccionarios demonológicos, Zorneo es un demonio gentil con los hombres, a tal punto que resulta peligrosamente fácil invocarlo. Muchos libros malditos aclaran que para realizar un pacto con este demonio no se necesitan ritos de ninguna índole, ni siquiera la formulación en voz alta de un pedido explícito de favores.

El arreglo se produce de forma inconsciente, y las exigencias de Zorneo como retribución por su ayuda son ciertamente discretas. A diferencia de otros demonios, cuyas simples apariciones requieren grandes inversiones de parte del nigromante, Zorneo sólo demanda fidelidad y algunas libaciones en su honor durante el lapso de la vida mortal del iniciado, sin consecuencias para su alma en la otra vida.

Esa filosofía desapegada de los arreglos contractuales convirtió a Zorneo en el vehículo perfecto para El libro de la seducción; debido a que este arte se desentiende de la trascendencia, es decir, del amor entendido en términos de una relación duradera. En otras palabras, tanto Zorneo como El libro de la seducción son devotos del deseo inmediato.

Si bien es cierto que Zorneo es un demonio sensato al momento de exigir prebendas, como divulgador de El libro de la seducción puede llegar a ser bastante rígido con quienes transgreden sus normas. Si uno de sus devotos no cumple con lo pactado, las cosas pueden tornarse difíciles.

Es por eso que los grandes maestros en el arte de invocar a los demonios recomiendan la mayor prudencia a quienes soliciten la ayuda de Zorneo, así también como una lectura de El libro de la seducción. La sabiduría que se desprende de sus páginas no puede desperdiciarse en la búsqueda de la fama o del prestigio.

En otras palabras, aquellos que deseen leer El libro de la seducción deberán ser incesantes en la práctica de seducir, pero sin emitir juicios públicos acerca de esa sabiduría, y mucho menos divulgarla directamente.

Tal vez por eso, tanto el Marqués de Sade como Giácomo Casanova, que figuran en la lista de perversos que accedieron a las páginas de El libro de la seducción, no pudieron escapar de la cárcel, el exilio, y una vejez ostensiblemente flácida por haber traicionado sus secretos.

Pero en un mundo en el que todos aspiran a ser iguales, únicamente las personalidades que se atreven a transgredir las normas son aquellas condenadas a la eternidad; aún cuando ésta se desarrolle en el infierno.

La última referencia a El libro de la seducción se produjo en el relato del Marqués de Sade: Aventura incomprensible (Aventure incompréhensible), publicado en la antología de 1788: Historietas, cuentos y fábulas (Historiettes, Contes et Fabliaux).

Allí se relata la historia de un mago que, tras descubrir un antiguo y enigmático libro, obtiene el conocimiento para firmar un pacto con el demonio. Según algunos estudiosos laxos para las cronologías, el mago sería una representación del propio Marqués de Sade, y el libro prohibido una síntesis desmejorada de El libro de la seducción.

Tanto en este notable cuento del Marqués de Sade como en las oscuras leyendas que giran alrededor de El libro de la seducción, el acuerdo con el demonio Zorneo tiene un plazo establecido de antemano: al cumplir los sesenta años de edad el iniciado deberá cesar sus actividades amatorias de forma abrupta. Desde ese momento, la sabiduría de la seducción queda suspendida para él. Esto, al menos para el Marqués de Sade, suponía una desgracia peor que la entrega del alma.

Para evitar malentendidos, el Marqués de Sade divulgó los secretos de El libro de la seducción recurriendo a un estilo que no abunda en su prosa. Dejó de lado el erotismo y utilizó la sátira, el sarcasmo, la ironía, para reunir aquel saber ancestral que muchos han confundido con simple perversión. En última instancia, la singular filosofía sadiana podría estar basada en este libro legendario.

Por otro lado, algunos sostienen que las indiscreciones del aristócrata van aún más lejos, y que el peligroso afrodisíaco del Marqués de Sade también procede de las fórmulas arcanas de El libro de la seducción.

Si bien la transgresión de Casanova no fue pública, su falta fue castigada debidamente. Este aristócrata itinerante se excedió del plazo establecido para seducir a cuanta dama se cruzara en su camino; de modo tal que Zorneo articuló sus oscuras influencias para que una de esas mujeres, cuyo verdadero nombre Casanova no conoció hasta después de haber consumado las más exquisitas escenas de depravación, fuese, además de una amante admirable, una de sus tantas hijas ilegítimas.




Libros prohibidos. I Libros extraños y lecturas extraordinarias.


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Liber Aneguemis: el libro que explica cómo volverse invisible


Liber Aneguemis: el libro que explica cómo volverse invisible.




El Liber Aneguemis —también conocido como El libro de las leyes, Liber Vaccae (El libro de la vaca), Activarum Liber Institutionum y El grimorio de Platón— es un antiguo grimorio del siglo XII que prescribe recetas y fórmulas mágicas para un variado abanico de procesos sobrenaturales y fenómenos paranormales, entre ellos, la clave para volverse invisible.

El Liber Aneguemis que actualmente conocemos se desprende de una dudosa traducción de un libro medieval conocido como Kitab an-nawamis, que a su vez se vincula con una obra apócrifa de Platón; probablemente un recurso para darle cierta autoridad a la obra.

Más allá de su procedencia y autoría, por cierto, inciertas, se trata de un libro de ocultismo realmente asombroso; en especial por sus referencias a ritos y prácticas mágicas para hacerse invisible, las cuales presentan una serie de obstáculos difíciles de soslayar.

El Liber Aneguemis cuenta con dos partes principales: el Liber Minor, o «libro menor», y el Liber Maior, o «libro mayor».

El Liber Minor, por su parte, contiene algunas posibilidades científicas (al menos para la época) para volverse invisible, tales como la fabricación de artefactos que permiten crear ilusiones ópticas.

Por otro lado, el Liber Maior es el capítulo que realmente enseña cómo hacerse invisible, aunque este es apenas uno de los tantos poderes mágicos que ocultan sus páginas.

Allí podemos encontrar la fórmula para controlar distintos fenómenos naturales como las tormentas y los rayos, la creación de homúnculos, la fabricación de Tulpas (formas de pensamiento), adquirir el don de la clarividencia, la adivinación, la posibilidad de ejecutar distintas metamorfosis, como transformarse en hombre lobo; y finalmente el secreto de la invisibilidad.

La mayoría de las recetas mágicas del Liber Aneguemis exigen ingredientes insólitos, y cuya obtención coloca al nigromante en la frontera de lo delictivo. Además de sustancias imposibles y minerales desconocidos, el libro recurre a prácticamente todos los fluidos orgánicos: lágrimas, sangre, sudor, bilis, esperma, además de residuos escatológicos que el mago debe recolectar en las fases lunares precisas.

El Liber Maior justifica su sobrenombre —El libro de la vaca— a través de oscuros ritos que nos recuerdan a Paracelso y su manual para crear homúnculos. La fabricación de estos humanoides, similares al mito hebreo del Golem, utiliza el útero de una vaca viva como medio ambiente en donde se gestará el homúnculo.

No es este el único ejemplo del uso de animales vivos dentro de la magia negra. En general se los utilizaba como filtro orgánico para la refinación y destilación de los productos que el nigromante deseaba alterar. Por ejemplo, los gatos negros eran alimentados con cuervos, y a éstos, a su vez, se les daba un preparado a base de abejas. El resultado, incierto desde un punto de vista científico, perseguía la idea de crear un poderoso veneno a través de la orina del felino.

Los magos de la Edad Media creían que la alquimia que produce el cuerpo al procesar los alimentos era insustituible en el laboratorio. Quizás por eso el Liber Aneguemis también fue conocido como De proprietatibus membrorum animalium, es decir, «sobre las propiedades de los miembros animales».

Regresemos a un tema mucho menos escabroso. Afortunadamente, para aprender a volverse invisible no era necesario recurrir a estos filtros.

Según el Liber Aneguemis, la invisibilidad no es un don que uno pueda adquirir sin asumir otros; es decir, no es un poder que venga solo, sino que se trata de una faceta más del proceso mágico, un efecto secundario, si se quiere.

Volverse invisible a través de la magia es transgredir los límites de la naturaleza. No es como fabricar híbridos o humanoides, donde lo antinatural está dado por el resultado del proceso mágico. En el caso de la invisibilidad, el transgresor es el propio mago, y para sobrevivir en esa realidad alterada, cuyos límites han sido sobrepasados, es necesario estar dotado de otros poderes actuando en simultáneo.

El Liber Maior del Liber Aneguemis aclara que, al hacerse invisible al ojo humano, el mago se volverá visible para los espíritus. Esto presenta ciertas dificultades que hacen obligatoria la portación de amuletos y talismanes mágicos para mantener alejados a los espíritus, sobre todo a los espíritus de la naturaleza, quienes se muestran muy hostiles con quienes transgreden sus fronteras.

En este punto resulta sencillo poner en la balanza los beneficios y las desventajas de ser invisible; sin embargo, esa invisibilidad que menciona el libro no es absoluta, y de hecho posee rasgos capaces de delatar al mago.

Cuando el mago obtiene la invisibilidad, insistimos, únicamente ante el ojo humano, la naturaleza que lo rodea hace todo lo posible para denunciarlo: las copas de los árboles se doblan ante su paso, los pájaros vuelan en bandadas frenéticas a su alrededor, los animales domésticos enloquecen, las flores se marchitan, los caballos se encabritan si razón aparente, la temperatura desciende de manera inexplicable.

Incluso las personas comunes y corrientes que no pueden ver a alguien que se ha vuelto invisible pueden deducir su presencia. La sensación de estar siendo observado se transforma en una idea fija, una obsesión. Por las noches, ese sintoma de opresión al sentir «presencias» cuando se está solo se traduce en horribles pesadillas que nos hacen despertar.

El Liber Aneguemis afirma que las mujeres son mucho más hábiles para detectar a las personas invisibles, y poseen métodos profilácticos tan eficientes como de articulación inconsciente.

Cuando la intuición femenina las alerta de la presencia de algo extraño e invisible en las cercanías, las mujeres empiezan a cantar y a tararear. Según el libro, esto tiene un efecto devastador en la persona invisible ya que su capacidad auditiva se encuentra sobreexitada.

Si bien es cierto que el Liber Aneguemis es principalmente una recopilación de fórmulas y recetas mágicas, por sus espesas consideraciones de orden teórico bien también podemos encuadrarlo dentro de los libros esotéricos más importantes del período; es decir, de aquellas obras que esperan cierto grado de complicidad filosófica de parte del lector.

Esto significa que el Liber Aneguemis se basa en la tradición de las correspondencias, es decir, que es posible obtener las características de cierta plantas, animales y minerales. En este sentido, el libro nos propone crear la piedra de la invisibilidad.

La clásica piedra de la invisibilidad era el Heliotropo, o Piedra de Sangre, una variedad del cuarzo de color verde con pequeñas manchas rojas. El nombre (heliotropo) alude sus propiedades para reflejar y dispersar la luz del sol.

El Liber Vaccae propone que el Heliotropo, combinado con ciertos ritos e invocaciones, puede convertirse en un amuleto para volverse invisible. Lo más importante para lograr este objetivo era hallar el Árbol de la Sangre, especie que solo resulta visible a la luz incierta del crepúsculo. Bajo sus ramas se debía enterrar la piedra y dejarla reposar durante nueve meses.

Una vez transcurrido ese tiempo, el mago cosechaba la piedra, formaba con ella un amuleto para llevar alrededor del cuello, y se disponía a practicar toda clase de fechorías amparado en la invisibilidad.

Vale destacar, así como lo hace Plinio en su Historia Natural, que la piedra de la invisibilidad solo sirve para ocultarse de la luz natural, siendo el sujeto perfectamente visible a la luz del fuego.




Libros prohibidos. I Libros extraños y lecturas extraordinarias.


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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de T.G. Jackson.
Poema de H.P. Lovecraft.
Taller gótico.


Relato de Hume Nisbet.
Consultorio paranormal.
Poema de Leah Bodine Drake.