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La marca de Lord Ruthven: análisis de «El Vampiro» de Polidori.


La marca de Lord Ruthven: análisis de «El Vampiro» de Polidori.




Hoy analizaremos el relato de vampiros de John William Polidori: El Vampiro: un cuento (The Vampyre: A Tale), publicado en 1819.

El protagonista de El Vampiro es Aubrey, un muchacho que, siendo huérfano, recorre Europa con un noble desconocido, Lord Ruthven. Inicialmente viendo a Lord Ruthven como el «héroe de un romance», Aubrey nota que alrededor de la figura del hombre que admira circulan rumores de que es un Vampiro. Aubrey comienza a observar de cerca a su compañero de viaje, y eventualmente descubre la verdad: Lord Ruthven es un Vampiro, y esta revelación conducirá a la desaparición de Aubrey y las mujeres que ama: su hermana y Ianthe.

Hacia el final de El Vampiro, donde John Polidori transformó la imagen legendaria del Ghoul asociándolo con la figura glamorosa, aristocrática y misteriosa de Lord Byron, el narrador finalmente revela la naturaleza de los «irresistibles poderes de seducción» de Lord Ruthven:


[«¿Quién podría resistir su poder? Su lengua era peligrosa. Podía hablar de sí mismo como alguien que no simpatizaba con ningún ser en la tierra poblada, excepto con su interlocutor. Sabía cómo usar el arte de la serpiente.»]


Polidori presenta la irresistibilidad de Lord Ruthven como producto de su dominio de la retórica byroniana. Es decir que el verdadero «poder» del Vampiro deriva de su uso del lenguaje [su «lengua»] y particularmente de su habilidad para seducir a sus víctimas haciéndoles creer que son únicas para él [ver: El lenguaje de los vampiros]

La mayoría lee El Vampiro como la historia de un chupasangre aristocrático que se alimenta de la sangre de mujeres jóvenes para prolongar su existencia, mientras usa a un joven ingenuo como peón, una especie de espíritu familiar, para enmascarar sus acciones; sin embargo, hay mucho más detrás de todo esto.

Ochenta y siete años antes de que el mundo conociera a Drácula, Lord Ruthven ya acechaba a sus víctimas. Por supuesto, las leyendas de Vampiros ya eran populares mucho antes de John William Polidori, pero fue él quien creó el personaje que cambiaría la forma en que la literatura gótica percibía al Vampiro. De hecho, esta es la primera historia en fusionar con éxito los elementos dispares del vampirismo del folclore y la leyenda en un marco literario coherente a través de un estilo que combina realismo y eventos extraños.

Así como la Ilustración se centró en la objetividad, la razón y el enfoque científico, el Romanticismo se enfocó en el individuo, valoró las emociones y la imaginación por encima de la razón. La literatura gótica se desarrolló como el hermano menor y rebelde del Romanticismo. El Gótico estaba en oposición a los ideales de orden, decoro y racionalidad de la Ilustración, y se ocupaba de temas como la otredad, el terror y la violencia. La obra seminal del Gótico, por supuesto, es la novela de Horace Walpole: El castillo de Otranto (The Castle of Otranto, 1764), la cual estableció algunos de los principales elementos del género.

Las características góticas básicas son el tiempo y el lugar. La trama suele situarse en edificios antiguos, monasterios, abadías, mansiones y castillos llenos de historia. Están aislados del resto del mundo y llenos de misterio. El Vampiro de John Polidori se desarrolla en múltiples escenarios. Primero, el lector conoce a los personajes en Londres, entre reuniones sociales aristocráticas. Es invierno al comienzo de la trama, lo que significa que los días son más cortos, más oscuros y fríos. Otros escenarios mencionados en la historia son las ciudades de Bruselas, Roma y Atenas. Cada una es una ciudad importante con una gran historia. Sin embargo, Lord Ruthven no muestra su peor forma en ninguno de estos lugares. El escenario donde culminan los hechos es un bosque:


[«Al oír el nombre del lugar todos le rogaron que no volviera de noche, pues debía pasar necesariamente por un bosque donde ningún griego se quedaría después del final del día.»]


La tormenta enfatiza aún más el pavor que infunde este bosque. Aubrey, el protagonista, está en la oscuridad; solo puede escuchar truenos y, por momentos, gritos de mujeres.

La oscuridad del bosque, lo desconocido y la tormenta, contribuyen a la atmósfera de misterio y suspenso, que es otro elemento de la literatura gótica. Desde el comienzo, el lector sabe que Lord Ruthven es un personaje que representa una amenaza para la sociedad, pero hasta el final no sabe exactamente en qué consiste esa amenaza. Se le describe como una persona fría, distante, pero con un aura que cautiva a las personas y lo hace el centro de las reuniones sociales. Atrae a la gente como por arte de magia. El suspenso en el lector se amplifica por el hecho de que el narrador no confirma ni niega la verdadera naturaleza de Lord Ruthven.

Otro elemento gótico tradicional es la profecía o maldición que el protagonista desoye o transgrede. Ianthe, la chica griega de la que se enamora Aubrey, le advierte de la leyenda del Vampiro. Aubrey la descarta como una vulgar superstición; ella, entonces, le advierte de una profecía, que resulta ser un presagio de los eventos que sucederán más adelante. En este punto nos enteramos que la caridad de Lord Ruthven era un disfraz, o una especie de trato faustiano con el diablo. Cada vez que un mendigo acudía a él, Lord Ruthven le daba lo que quería, pero las consecuencias eran terribles [«Todos fueron conducidos al patíbulo o hundidos en la más baja y abyecta miseria»].

En su [supuesto] lecho de muerte, Lord Ruthven le hace jurar a Aubrey que «por todas las reverencias de tu alma, por todos tus temores naturales, jura que, durante un año y un día, no comunicarás tu conocimiento de mis crímenes o muerte a ningún ser vivo de ninguna manera, pase lo que pase, veas lo que veas».

Cuando Aubrey regresa a Inglaterra y encuentra que Lord Ruthven sigue vivo [«no-muerto» sería más preciso], su juramento lo persigue y lo vuelve loco. Cada vez que piensa en romper la promesa, la voz de Lord Ruthven le recuerda su juramento. Los eventos sobrenaturales e inexplicables ocurren discretamente, y cuando lo hacen, Aubrey los descarta y trata de encontrar una explicación lógica. Aunque sospecha que algo no anda bien, se niega a creer la verdad. Por ejemplo, cuando el cuerpo de Lord Ruthven desaparece de la cumbre donde lo colocaron los ladrones, Aubrey se convence de que robaron su ropa y enterraron el cuerpo. Todos esos elementos son típicos de la literatura gótica [ver: El enlace entre el Vampiro y su víctima]

John Polidori, quien fue el médico personal de Lord Byron, fue un escritor marginado; sin embargo, realmente tocó una fibra íntima en El Vampiro. Se podría decir que esta historia es un quiebre literiario entre el vampiro folclórico y el vampiro literario que todos conocemos actualmente. La idea la proporcionó el propio Lord Byron en una historia inconclusa [El entierro (The Burial)] escrita la misma noche en que se produjo el Frankenstein de Mary Shelly. El nombre del Vampiro [Lord Ruthven] proviene de la novela de Caroline Lamb: Glenarvon (Glenarvon, 1816), donde el personaje central, Clarence de Ruthven, se basó en un amante de Caroline Lamb, nada menos que Lord Byron.

Otra fuente para el personaje de Lord Ruthven es el Vampiro de las leyendas y los cuentos populares. Aubrey se entera de una leyenda griega gracias a Ianthe; sin embargo, los Vampiros de esas historias tienen más en común con un animal que con un aristócrata. Polidori parece interesado particularmente en la leyenda de un Vampiro llamado Jure Grando, de Kringa, un pequeño pueblo de Istria. Hay registros históricos del siglo XVII que dan cuenta de que Jure aterrorizó a su pueblo después de su muerte. Se dice que llamaba a la puerta de sus allegados y familiares, y que aquellos que vivían allí podían esperar que alguien mueriera en un futuro cercano. Supuestamente, Jure incluso era sexualmente activo, aunque parece que no respetaba la voluntad de sus amantes. La seducción no estaba entre sus habilidades sobrenaturales. Simplemente sometía a sus víctimas.


[«El Vampiro se acercó a su viuda y realizó actos sexuales con ella, incluso con más vigor que cuando estaba vivo.»]


Para deshacerse de él, los aldeanos exhumaron su cuerpo y le cortaron la cabeza. Jure, narra la crónica, gritó como si estuviera vivo y su tumba se llenó de sangre. Después de eso, el pueblo volvió a estar en paz.

Aunque es el primero de su tipo, algunas características conectan a Lord Ruthven con el Vampiro de las leyendas populares. La primera es el hecho de que necesita beber sangre para mantenerse con vida [ver: ¿Por qué los vampiros beben sangre?]. La segunda es la importancia de la luz de la luna. Lord Ruthven no parecía tener ningún problema con la luz del sol, pero la luz de la luna juega un papel importante en su resurrección. Los Vampiros, al igual que los Hombres Lobo, tenían una extraña relación con la luz de la luna [ver: El origen de la enemistad entre Vampiros y Hombres Lobo]

Además, su extraño rostro pálido y su gran fuerza física son comunes a los Vampiros de la leyenda, con la diferencia de que Lord Ruthven era hermoso. Por su parte, los Vampiros de la leyenda siempre tenían alguna característica física que los diferenciaba de los vivos. No había forma de que se confundieran entre los seres humanos y pasaran desapercibidos [ver: Ghouls: historia de los Necrófagos en la ficción]

En este contexto, Lord Ruthven es un salto evolutivo entre los Vampiros, el cual le permitía utilizar herramientas más sutiles para cazar y, en consecuencia, evitar ser descubierto. Ya no necesitaba la fuerza bruta. Podía seducir a sus víctimas.

La mayor diferencia con el Vampiro legendario es que Lord Ruthven es de noble cuna, mientras que los chupasangres tradicionales eran plebeyos y campesinos. Siendo ignorantes en vida, su comportamiento post-mortem no era precisamente lúcido, y a menudo eran descubiertos fácilmente, como Jure Grando [ver: «In Articulo Mortis»: algunas opciones para retrasar la muerte]

Este cambio de clases abre un sinnúmero de posibilidades. Lord Ruthven es educado, maneja a la perfección los modales de la época, y sabe manipular tanto a hombres como a mujeres. Es, en esencia, lo opuesto a la forma y el comportamiento animalesco de los Vampiros de la leyenda. Y si bien usa sus dientes para matar a Ianthe, como cualquier depredador, John Polidori nunca menciona los colmillos.

El ejemplo más notable del parecido de Lord Ruthven con los Vampiros de la leyenda es cuando se reconstituye después de ser asesinado a tiros frente a Aubrey y reaparece más tarde, en perfectas condiciones y excelente humor, en la fiesta de la hermana

Los rasgos físicos de Lord Ruthven también son un salto evolutivo entre los Vampiros. En cierto modo, parece emanar un atractivo irresistible que intriga a los ricos [«sus peculiaridades hacían que lo invitaran a todas las casas; todos deseaban verlo»]. John Polidori no describe la apariencia de Lord Ruthven en detalle, pero enfatiza algunos detalles: sus ojos, su piel y su belleza:


[«Sus ojos eran grises como la muerte, su piel era pálida y nunca cambiaba de color (nunca se sonrojaba), pero aun así su rostro era atractivo. Su forma y contorno eran hermosos.»]


Los ojos de Lord Ruthven son una característica importante de su carácter. Con una mirada era capaz de penetrar «hasta el interior del corazón» de los demás. Por supuesto, sus características y su aura lo hacían atractivo para muchas mujeres de clase alta, pero Lord Ruthven era bastante selectivo. Lady Mercer, quien era conocida como una «adúltera común», no despertaban su interés. Prefería hablar y conquistar a «esposas virtuosas e hijas inocentes». En términos de alimentación se inclinaba por mujeres con virtudes domésticas [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]

Mientras que el lector absorbe toda esta información del narrador, el resto de la historia se cuenta desde el punto de vista de Aubrey: un joven noble, rico y huérfano, cuyo único lazo familiar es su hermana. Sus tutores solo se preocupaban por su dinero, descuidando su crecimiento como persona. Sin la guía adecuada, Aubrey desarrolló su imaginación más que su juicio. Era ingenuo y estaba lleno de ideas románticas sobre el honor y la franqueza. Aubrey está intrigado por el carácter de Lord Ruthven, por su aura de extrañeza y misticismo. No puede interpretar sus verdaderas emociones, por lo que proyecta una imagen falsa de Lord Ruthven como una especie de héroe romántico. Los dos emprenden un viaje y, allí, el lector conoce más sobre las extrañas acciones y comportamientos de Lord Ruthven.

En poco tiempo, Aubrey descubre que la imagen romántica que había creado es falsa. Es cierto, Lord Ruthven parece ser generoso al principio, pero Aubrey nota que «ayudaba» a los menos afortunados con «burlas apenas reprimidas». Además, Lord Ruthven se siente atraído por los vicios de cada ciudad que visitan, Le atrae especialmente la mesa de juego. A menudo gana, y no vacila en tomar el dinero de los pobres y personas en situaciones desesperadas, aunque se permite alguna derrota ocasional contra rivales más ricos y encumbrados que él.

El punto de ruptura en la relación de Lord Ruthven y Aubrey llega durante este viaje. El muchacho recibe una carta de sus tutores donde se comenta que todas las mujeres que se involucraron con Lord Ruthven perdieron su «comportamiento virtuoso» y sucumbieron a los «vicios del mundo». Aubrey se decide a vigilar a Lord Ruthven mientras están en Roma. Cuando advierte que este comienza a seducir a una joven, le pregunta cuáles son sus planes con ella. Lord Ruthven responde ambiguamente: «mis intenciones son las que todos tendrían en tal ocasión».

Las víctimas de Lord Ruthven son diversas. En primer lugar, elige a personas que están heridas, ya sea física como emocionalmente. Desde la perspectiva de Aubrey, «todos los que entraban en contacto con él se deterioraban o morían». Según la leyenda que cuenta Ianthe, los Vampiros tienen que beber la sangre de mujeres inocentes para sobrevivir. Sin embargo, Lord Ruthven no es solo un ser animal que mata para sobrevivir. Es un asesino sofisticado que obtiene gratificación por su crueldad. La elección de sus víctimas y cómo les causa daño ayuda a comprender mejor su carácter.

Hay varias categorías en las que se pueden colocar las víctimas de Lord Ruthven según la forma en que son destruidas. En primer lugar están «los ociosos, los vagabundos y los mendigos» que son destruidos por la caridad de Lord Ruthven. Otro caso es cuando los pobres se sientan a la mesa de juego con él. Esos desgraciados no tienen ninguna posibilidad. Lord Ruthven los devora económicamente. En este punto, John Polidori parece estar pensando en la política de aquellos años, donde los pobres subsistían en condiciones cada vez más precarias mientras que las clases terratenientes, los industriales, los mercaderes y la aristocracia prosperaban. Lord Ruthven, al igual que la economía de su tiempo, tenía la habilidad de tomar fácilmente el dinero del «desafortunado padre de una familia numerosa, destruyendo a muchos en el camino.» [ver: El Marxismo en el Horror: los pobres siempre mueren primero]

Ianthe y la hermana de Aubrey pertenecen a la categoría de mujeres inocentes, un plato al que Lord Ruthven le dedica algo más de tiempo. John Polidori no usó el dispositivo [ahora familiar] de la víctima que se transforma en Vampiro después de ser mordida. Aquí, las víctimas son alimento y luego son descartadas. El modus operandi de Lord Ruthven inquieta a Aubrey: Ianthe y su hermana son mujeres incorruptibles y buenas, por lo que constituyen un foco de atracción para el Vampiro [ver: ¿Por qué los vampiros necesitan ser invitados a entrar?]

Luego están las jóvenes de Londres y otras ciudades a las que Lord Ruthven seduce y «corrompe» [es decir, con las que se acuesta], pero no mata. Su apariencia extraña y su aura atractiva hace que las víctimas lo inviten a su casa. Prefiere muchachas hermosas, virtuosas, y esposas fieles. John Polidori claramente sugiere que estos crímenes son de naturaleza sexual. Es decir, Lord Ruthven corrompe a estas mujeres de tal manera que dejan de preocuparse por las normas y son «arrojadas desde el pináculo de la virtud inmaculada al abismo más bajo de la infamia y la degradación». Por supuesto, esto es lo que piensa Aubrey, pero el código moral de la aristocracia era muy diferente.

No es que Lord Ruthven deshumanice a las mujeres, sino que eleva su deshumanización al siguiente nivel. Para cualquier hombre aristócrata, las mujeres eran consideradas inferiores en intelecto, y básicamente en todo, excepto en cuestiones domésticas y de crianza. Además, las mujeres recibían una educación limitada, estaban sujetas a un rígido código de comportamiento sexual, y casi no poseían derechos legales. Por eso las presas de Lord Ruthven son doblemente victimizadas por la sociedad. No se convierten en Vampiresas después de entregarse a él, pero se vuelven «impuras» para la sociedad [ver: La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula]

Esto demuestra que el poder de Lord Ruthven no solo está en su fuerza física, sino también en su deseo de desafiar las normas de la sociedad. En cierto modo, libera a las mujeres de las restricciones sociales y le da coraje para disfrutar de sus cuerpos, independientemente de que luego pagarán un precio atroz al ser rechazadas socialmente. Por eso Lord Ruthven prefiere a las mujeres «puras», y por eso también rechaza la compañía de mujeres como Lady Mercer, que ya son liberales con su sexualidad. Aunque todo el mundo la juzga, Lady Mercer no está oprimida por los rígidos códigos morales de la época. Este rasgo de carácter será acogido por los victorianos, especialmente por Bram Stoker, cuya novela Drácula aborda el tema de la liberación sexual de la mujer [ver: Drácula y las mujeres]

Estos apetitos de Lord Ruthven son puestos a prueba durante su estancia en Italia [«donde es raro que una mujer soltera se encuentre en la sociedad»]. Eso significa que Lord Ruthven tiene que tener reuniones secretas con ellas, pero aun así es persistente y logra llevar a cabo sus planes. En este punto, Aubrey interfiere en una conquista, e informa a los padres de una muchacha de la verdadera naturaleza de Lord Ruthven. Aún así, la joven italiana comparte el destino ingrato de las demás. En este contexto, la seducción de la hermana de Aubrey puede verse como una venganza de Lord Ruthven por esta inoportuna interferencia.

El propio Aubrey pertenece a la última categoría de víctimas de Lord Ruthven. Este joven reune algunas características femeninas de la época: carece de educación formal, por lo que el único aspecto intelectual que desarrolla es la imaginación. Aubrey se siente atraído por Lord Ruthven tanto como las mujeres [de hecho, ocupa el papel de a heroína gótica tradicional]. Sin embargo, el Vampiro no lo destruye de la misma manera que a sus otras víctimas. ¿Por qué? Porque Aubrey es un hombre de clase alta; en consecuencia, lo ataca estratégicamente, juega con él, primero despertando su interés amoroso y luego decepcionándolo. Al obligarlo a mantener su juramento, evita que Aubrey proteja a su hermana de una muerte segura. De este modo, Lord Ruthven logra matar a Aubrey sin siquiera tocarlo [ver: Por qué Drácula nunca pudo enamorarse de Mina]

John Polidori fue innovador con su estilo, y sobre todo con el uso de su conocimiento científico para transformar al Vampiro de un no-muerto mitológico a un aristócrata moderno [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]. Se desconoce en qué medida tenía conocimientos psicológicos, pero ciertamente sabía bastante sobre el tema. Parte de su tesis médica sobre el sonambulismo evoca la imagen de dos mentes, una trabajando durante el sueño y la otra durante la vigilia, cada una inconsciente de la otra; algo que se aproxima bastante a las ideas generales de Sigmund Freud [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

Por otro lado, el concepto freudiano de lo Siniestro [algo extraño e inquietantemente familiar] también forma parte de El Vampiro de Polidori. El reconocimiento del sujeto de que algo anda mal, un tipo aterrador de déjà vu que se experimentamos al percibir una extraña familiaridad que no se puede expresar con palabras, causa ansiedad, y eso es lo que experimenta Aubrey a lo largo de toda la historia [ver: Lo Siniestro en la ficción: cuando lo familiar se vuelve extraño]

Para Freud, nuestro Ego [la parte central de la mente que media entre el sujeto y su entorno], lucha con pensamientos y deseos reprimidos. Esta es la clave para interpretar el colapso psíquico de Aubrey.

El Vampiro gira en torno al desarrollo psicológico de Aubrey. Sus padres mueren cuando es un niño pequeño, dejándolo a él y a su única hermana bajo la tutela de personas que solo se preocupan por la riqueza que han heredado. John Polidori nos informa que estos tutores se preocupan muy poco por el bienestar de los niños y podemos deducir que los hermanos dependen uno del otro a medida que crecen. En este punto, Aubrey no es consciente del deseo inherente de salvar a su hermana del mismo destino que sus padres. Este deseo nunca está escrito explícitamente en el cuento, sino que existe en la dimensión de la fantasía. En otras palabras, Aubrey nunca declara explícitamente que quiere salvar a su hermana de la muerte, pero esta fantasía está implícita a lo largo de la narración.

El narrador nos informa que, de niño, Aubrey cultiva su imaginación más que su juicio con un «elevado sentimiento romántico de honor y franqueza en el que los sueños de los poetas eran las realidades de la vida». Tras el primer intento de Aubrey de entrar en la sociedad adulta, pronto se da cuenta de que allí no hay lugar para la imaginación y los pensamientos románticos... hasta que conoce a Lord Ruthven.

En lugar de ver a Lord Ruthven por lo que realmente es [un Vampiro], Aubrey lo ve como un héroe romántico. En otras palabras, en su encuentro inicial, Lord Ruthven aparentemente posee los atributos fantásticos a los que Aubrey está a punto de renunciar para unirse a la sociedad adulta. Desafortunadamente, este encuentro casual lo inhibe, le impide funcionar adecuadamente dentro del orden Simbólico. Su deseo de conocer a este «ser extraordinario» le costará todo.

Aubrey tiene tantas ganas de controlar «los sueños de los poetas» que se permite construir una fantasía en torno a Lord Ruthven. Y así como el monstruo de Frankenstein es el doble de su creador, su propio Vampiro, Lord Ruthven es el doppelgänger de Aubrey, básicamente atacando a las mujeres que ama. En otras palabras, el inconsciente de Aubrey crea una fantasía del tipo de persona que desea ser, y Lord Ruthven es el agente externo que la lleva a cabo.

Ianthe [especie de madre sustituta en el triángulo edípico] intenta en numerosas ocasiones advertir a Aubrey sobre la existencia del Vampiro, pero este se niega a aceptar el mito como una realidad a pesar de reflexionar: «muchas coincidencias tendían a despertar la creencia en el poder sobrenatural de Lord Ruthven». Finalmente, la psique del muchacho se desmorona. Su negativa infantil a aceptar la evidencia, a hablar sobre el Vampiro, su incapacidad para confrontar a Lord Ruthven y su juramento de nunca hablar de él o sus crímenes durante un año y un día, causan una ruptura en la psique de Aubrey, y eventualmente su muerte.

El fracaso inherente de Aubrey no es obvio hasta que comienza a estudiar verdaderamente a Lord Ruthven, pero su frágil estado mental es evidente desde el principio. Cuando lo conocemos, Aubrey intenta entrar en los círculos homosexuales, mientras conversa con muchas mujeres jóvenes que le muestran atención. Aubrey se conduce a sí mismo a tener «falsas nociones de sus talentos y méritos», insinuando un Ego inflado. Después de todo, se siente atraído por Lord Ruthven por tratarse de «un hombre completamente absorto en sí mismo»; es decir, otro Ego desproporcionado.

Ahora bien, ¿somos justos con Aubrey al hablar de «incapacidad» de darse cuenta de que Lord Ruthven es un Vampiro?

En el lore de El Vampiro de John Polidori no se explica si Lord Ruthven es un caso extraordinario, o si es solo un Vampiro más. Porque lo cierto es que solo Ianthe parece detectar su verdadera naturaleza sin demasiado esfuerzo. Si Lord Ruthven es apenas uno de muchos Vampiros entre nosotros, estos se ven y actúan como los humanos, aunque hay un pequeño detalle que traiciona su verdadera naturaleza, una pequeña característica que los delata, sin importar cómo intenten comportarse o mimetizarse entre nosotros [de otro modo, Ianthe nunca podría saber que se trata de un Vampiro]. Estas pequeñas características también son percibidas por Aubrey: «el color gris muerto de sus ojos», el «el tono mortal de su rostro», su «lengua pérfida», pero sencillamente no está dispuesto a soltar su fantasía transferida. No puede ver el horror de Lord Ruthven porque eso implica ver el horror en sí mismo, en sus propias fantasías [ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Horror]

Aubrey deja a Ianthe, prometiéndole que regresará antes del anochecer. No es sorprendente que esté «tan ocupado con su investigación que no percibió que la luz del día terminaría pronto». A pesar de sus mejores esfuerzos, el sol se pone antes de que pueda regresar. «De repente, su caballo se asustó y lo llevó con terrible rapidez a través del bosque». Cuando el animal por fin se detiene, Aubrey desmonta en busca de refugio. El grito de una mujer, seguido de una risa diabólica, lo sobresaltan. Aubrey sigue esos sonidos hasta una cabaña. Fuerza la entrada. Todo está a oscuras. La cabaña puede verse como un símbolo de la conciencia de Aubrey: está oscura y sin signos, llena de sonidos desconocidos, y esconde a Ianthe y Lord Ruthven. Los eventos que siguen a la entrada de Aubrey en la cabaña simbolizan la lucha que ocurre dentro de la psique del muchacho.

El Vampiro ataca a Aubrey en la oscuridad. Es «agarrado por alguien cuya fuerza parecía sobrehumana». En medio de la lucha aparecen hombres con antorchas que ahuyentan al Vampiro. Aubrey les ruega que busquen a la mujer cuyos gritos llamaron su atención. Una vez que Aubrey puede ver, se enfrenta al peor horror:


[«Un cadáver sin vida. Cerró los ojos, esperando que no fuera más que una visión surgida de su imaginación perturbada; pero volvió a ver la misma forma cuando los abrió, tendida a su lado. No había color en sus mejillas, ni siquiera en sus labios... en su cuello y pecho había sangre, y en su cuello estaban las marcas de los dientes que le habían abierto las venas. A esto señalaron los hombres, gritando simultáneamente golpeados por el horror: ¡Vampiro! ¡Vampiro!»]


Sin embargo, una vez más, las figuras paternas ofrecen a Aubrey la oportunidad de arrojar luz sobre la existencia de los Vampiros. A su vez, la muerte de Ianthe hace que la psique de Aubrey se derrumbe cuando «su mente estaba atontada y parecía evitar la reflexión y refugiarse en el vacío». Aubrey está postrado en cama, con fiebre y delirios, en estado de shock por el trauma de no solo perder a su amor sino también de encontrarse con la verdad que había estado evitando [ver: Las fantasías privadas de Bram Stoker]

Al principio, Aubrey no tiene pruebas de que Lord Ruthven haya sido la causa de la muerte de Ianthe y, de hecho, se sorprende al ver que parece cariñoso y atento durante su recuperación. Sintiéndose atado a Lord Ruthven debido a este cuidado, Aubrey propone que los dos viajen por las áreas de Grecia que aún no han visto. Lo que Aubrey no se da cuenta, sin embargo, es que la «caridad» de Lord Ruthven durante su recuperación es un ejemplo de la multiplicidad de apariencias que adopta este Vampiro.

Durante este viaje, Lord Ruthven recibe un disparo mortal y le ruega a Aubrey que jure: «por todos las reverencias de tu alma, por todos tus temores, que durante un año y un día no compartirás el conocimiento de mis crímenes, de cualquier manera, pase lo que pase, veas lo que veas». Una vez que Aubrey acepta, Lord Ruthven muere, o eso cree Aubrey.

El juramento de Aubrey actúa como un pacto faustiano; en este caso, un pacto de silencio que le impide contar lo que le ha ocurrido a su hermana, profanada y violada por Lord Ruthven. Así, Aubrey se convierte en cómplice de esta atrocidad.

Mientras Aubrey se prepara para salir de Grecia, comienza a sospechar que Lord Ruthven es el responsable de la muerte de Ianthe. Cree que el Vampiro está muerto, hasta que vuelve a verlo en un evento social en Londres:


[«Se sintió repentinamente agarrado por el brazo, y una voz que reconoció demasiado bien sonó en su oído: Recuerda tu juramento.»]


El momento en que Lord Ruthven agarra el brazo de Aubrey, revelándole no solo que es un Vampiro, sino que su juramento lo ata a ser cómplice de la muerte de las dos mujeres que amó, se produce un reconocimiento traumático que rompe la ya frágil psique de Aubrey.




Vampiros. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: La marca de Lord Ruthven: análisis de «El Vampiro» de Polidori fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Lord Byron: el primer vampiro moderno


Lord Byron: el primer vampiro moderno.




Los vampiros de la leyenda eran criaturas descerebradas, sin modales, que merodeaban las tumbas para roer tibias y, si tenían suerte, masticar algún pedazo de médula; o bien aventurarse a sus antiguos hogares para aterrorizar a sus familiares. La idea del vampiro que acecha a virtuosas señoritas para hacerlas sangrar, y hasta beber ese fluido profano como si se tratara de un nutritivo manantial del infierno, llegó con Lord Byron.

El renacimiento de los Vampiros como seductoras figuras aristocráticas, casi siempre decadentes, en un plano social más alto que sus modestos ancestros de orígenes folclóricos, como los Ghouls y otros engendros necrófagos, se debe exclusivamente a Lord Byron, y al Héroe Byroniano que él mismo creó y, en cierta medida, vivió (ver: Lord Byron: las deficiencias de un seductor).

Lord Byron mismo hizo la conexión entre su propio arquetipo del Héroe y el Vampiro en su largo poema: El Giaour (The Giaour), de 1813, en el que además demuestra una profunda familiaridad con las razas de vampiros del folclore griego (ver: Razas de vampiros). El Giaour es, a todas luces, un punto intermedio entre los antiguos y balbuceantes hematófagos y el Vampiro moderno: es un hombre violento, un paria social y ha sido maldecido. Ataca únicamente a su propia familia, no a doncellas indefensas, y finalmente queda privado de la vida en el más allá [ver: La marca de Lord Ruthven]

Además de estos elementos folclóricos, el Giaour también manifiesta algunas cualidades del Héroe Byroniano que volveremos a encontrar una y otra vez, hasta el cansancio, en el vampiro moderno: porta la complejidad de una figura romántica, su dolor, su angustia, su potencial para el bien (a pesar de ser una abominación), su dignidad humana y, sobre todo, un resignado dominio sobre su sufrimiento, lo cual lo reviste de una especie de grandeza divina.

Estas cualidades nacieron con Lord Byron, y dieron inicio al mito del vampiro moderno.

El propio Lord Byron se convirtió en el modelo de vampiros posteriores, sin embargo, no por El Giaour, sino debido a su conexión con la famosa noche en Diodati, Ginebra, en el verano de 1816, que también dio a luz al Frankenstein de Mary Shelley. Por entonces, Lord Byron escribió un cuento inconcluso, titulado: El entierro (The Burial). Más tarde, su antiguo amigo John Polidori (que también participó de la tertulia) reescribió descaradamente la historia y la completó, reemplazando al protagonista original con una imagen despectiva del propio Lord Byron como un vampiro atractivo, seductor, pero malvado.

El relato de John Polidori: El vampiro (The Vampyre), se publicó en de 1819 en la revista New Monthly Magazine. Inicialmente se le atribuyó su autoría a Lord Byron. Menudo revés para el rencoroso Polidori (ver: ¿John Polidori y Elizabeth Siddal fueron vampiros?).

Aunque el protagonista del fragmento escrito por Lord Byron, Darvell, nunca es identificado como un vampiro, algunas alusiones dejan en claro que esta era la intención de la historia. Darvell tiene muchas de las características del Giaour y otros Héroes Byronianos, como Manfred, y por lo tanto también de los vampiros modernos. Se lo describe como un hombre mayor, proveniente de una antigua familia, de temperamento mórbido e impulsado por cierto halo de misterio.

Cualquier similitud con la personalidad del Drácula de Bram Stoker no es casualidad (ver: ¿Drácula era menos inteligente de lo que creíamos?).

En este punto queda claro que Lord Byron entendía perfectamente la conexión entre la leyenda del vampiro y las antiguas deidades de la vegetación y la fertilidad, algo que se ha perdido irreparablemente en la evolución del mito literario.

La primera pista de ese ententimiento aparece temprano en El entierro: Darvell y el joven narrador llegan a un desolado cementerio turco, cerca de las ruinas del templo de Artemisa en Éfeso, donde era adorada como una diosa de fertilidad. Darvell revela que ha ido hasta allí para morir, y muere, efectivamente, cuando observa a una cigüeña llevando una serpiente en el pico. Darvell le ordena al narrador que lo entierre donde se encuentra la cigüeña. Recordemos que, tanto las cigüeñas como las serpientes, están asociadas tradicionalmente con el ciclo de la vida y la muerte. No solo las cigüeñas regresan al mismo nido cada verano, sino que durante mucho tiempo se las han asociado con el anuncio de la llegada de un bebé.

Es decir que Lord Byron, que conocía ampliamente la cultura romana y griega, debe haber sido consciente de que las serpientes, debido a su aparente capacidad de regeneración, fueron consideradas como un símbolo, no solo de fertilidad, sino también de curación e inmortalidad. Esta imagen del retorno cíclico queda representada en el anillo que Darvell le entrega al narrador.

—En el noveno día del mes debes arrojar este anillo a los manantiales de sal que desembocan en la bahía de Eleusis. Al día siguiente, debes esperar en las ruinas de Ceres.

Ceres es el equivalente romano de Deméter, la diosa griega de la vegetación y la fertilidad. Eleusis fue el lugar de celebración de los Grandes Misterios de Deméter, que duraba nueve días, conmemorando la búsqueda de Deméter de su hija, Perséfone, cuando esta fue secuestrada por Hades para ser la reina del inframundo. Los Misterios de Deméter, entonces, celebraban el regreso cíclico de Perséfone desde inframundo y el consiguiente renacimiento de la vegetación.

En su «adaptación» del fragmento de Lord Byron (para emplear un término generoso), Polidori completa el vínculo entre el Vampiro y el Héroe Byroniano al renombrar a su personaje principal: Darvell, en Lord Ruthven; porque ese era el nombre que Lady Caroline Lamb le había dado a Lord Byron en su novela Glenarvon (Glenarvon), donde la autora lo retrata como un frío e impiadoso seductor de virtuosas doncellas, por un lado, estableciendo de algún modo los parámetros del vampiro moderno en términos de depredador sexual, y por el otro contribuyendo a la imagen pública de Lord Byron, que ya era considerado un inescrupuloso seductor.

Pero Polidori, que por rencor odiaba a Lord Byron, también menosprecia a su alter ego literario, Lord Ruthven, de modo tal que su adaptación de El entierro omite todas las alusiones míticas que asocian al Vampiro con las diosas de la vegetación y la fertilidad, con excepción de un detalle, también oportuno para el desarrollo del vampiro moderno: Lord Ruthven renace a la luz de la luna.

La imagen de la serpiente se repite en la versión de Polidori, pero solo como una metáfora del engaño y la astucia de Lord Ruthven, no en términos mitológicos, y quizás para darle mayor énfasis al poder casi hipnótico que el personaje ejerce sobre el Aubrey, el narrador de la historia, en quien podemos encontrar al propio Polidori.

Superficialmente, el vampiro de Polidori sirve como advertencia sobre los peligros de entablar una amistad con hombres fascinantes pero malvados, como Lord Byron. Pero, al abstenerse de proporcionar asociaciones entre el Vampiro y el Mito, Lord Ruthven es despojado de su verdadera identidad; sin embargo, lo que queda de él en esta versión (su atractivo personal, su poder sobre las mentes de los demás y su porte aristocrático) es suficiente como para perfilar las características del vampiro moderno.

De este modo, la historia de Polidori estableció al Vampiro como una especie de Antihéroe, cuyas diabólicas intenciones quedan ocultas bajo un aspecto encantador (ver: Antihéroes en la ficción, el cine y la vida).

Sin embargo, sin el conocimiento público de que Lord Ruthven era en realidad una representación de Lord Byron (y todos lo sabían, de ahí el éxito de la historia), el mito de los vampiros literarios nunca se habría desarrollado tal como lo conocemos.

Por otro lado, sin Polidori es posible que nunca hubiésemos sabido del fragmento de Lord Byron: El entierro, que a su vez restaura la ascendencia divina del Vampiro como señor de la muerte y el renacimiento. Además, la representación de Lord Byron como vampiro (o del vampiro como Lord Byron) estableció el modelo clásico para el vampiro moderno en términos de rebelde, sofisticado, seductor, que rechaza los dictados de la sociedad, y hasta es contrario a la naturaleza y la religión.




Vampiros. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
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«Ocúltame entre las tumbas»: Tim Powers; novela y análisis.


«Ocúltame entre las tumbas»: Tim Powers; novela y análisis.




Si nos viésemos en la obligación de elegir un personaje histórico para convertirlo en vampiro, pocas opciones serían más oportunas que la modelo prerrafaelita y poetisa Elizabeth Siddal.

Ocúltame entre las tumbas (Hide Me Among the Graves), una novela de vampiros del escritor norteamericano Tim Powers, publicada en 2012, se encarga de establecer esta relación entre Elizabeth Siddal y los vampiros.

En las últimas décadas han proliferado las novelas de fantasía histórica, es decir, personajes históricos insertos en una trama fantástica. Tim Powerses uno de los mejores autores de este extraño pero atrapante género, con novelas como Las puertas de Anubis (The Anubis Gates), protagonizada por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge.

Ocúltame entre las tumbas regresa sobre los hechos de La fuerza de su mirada (The Stress of Her Regard), donde relata la historia de Michael Crawford, un estudiante de medicina que sucumbe ante la influencia de una mujer vampiro, quien también acecha a varios autores románticos del período, como lord Byron, Percy Shelley y John Keats.

Ocúltame entre las tumbas nos ubica en el invierno de 1862. Un vampiro acecha las frías y neblinosas calles de una Londres victoriana: se trata nada menos que de John William Polidori, autor del primer relato clásico de vampiros: El vampiro (The Vampyr); por aquel entonces el reconocido médico personal de lord Byron. El tenebroso vampiro Polidori es despertado de por una joven y audaz Christina Rossetti.

Esta trama truculenta, repleta de autores reconocidos, continúa con un John William Polidori determinado a conquistar el alma de la mujer más hermosa de la Hermandad Prerrafaelita, hija de un veterinario y una prostituta redimida: Elizabeth Siddal, esposa del poeta prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti.

Ocúltame entre las tumbas presenta otra curiosidad, esta vez ligada a la novela de vampiros. Se trata de la primera novela en la que se produce una conversión póstuma en vampiros, es decir, la joven Elizabeth Siddal es convertida en vampiresa por John William Polidori luego de que se suicidara ingiriendo una dosis letal de láudano. Ya transformada en una horrorosa pero seductora vampiresa, los hermanos Rossetti, Dante y Christina, unen fuerzas con Algernon Swinburne y juntos resuelven terminar con aquel flagelo.

De esta forma se organiza uno de los más disparatados grupos de cazadores de vampiros de la literatura, integrado casi exclusivamente por poetas de la Hermandad Prerrafaelita.

Ocúltame entre las tumbas es una de las novelas de vampiros contemporáneas más refrescantes. Sus vampiros, hay que decirlo, tampoco siguen la vieja tradición. Son, en cierta forma, una especie de criaturas híbridas, sobrenaturales, que descienden de los Nephilim, aquellos ángeles que se unieron con mujeres humanas en los mitos bíblicos y engendraron una raza de seres abominables.

Ocúltame entre las tumbas no es la primera novela de vampiros protagonizada por Elizabeth Siddal. Por allí está la novela de Fiona Mountain: Pálida como la muerte (Pale as the Dead), cuya trama gira en torno a una horrible maldición que pesa sobre los descendientes de Elizabeth Siddal y Dante Rossetti. Siddal también aparece como vampiresa en la novela de Mollie Hardwick: La doncella soñadora (The Dreaming Damozel), título que alude al gran poema de Dante Rossetti: La doncella bienaventurada (The Blessed Damozel); donde aquella representación de la Ofelia de Millais cobra vida repentinamente.




Vampiros. I Taller gótico.


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«En búsqueda de Frankenstein»: Radu Florescu.


«En búsqueda de Frankenstein»: Radu Florescu.




En búsqueda de Frankenstein (In Search of Frankenstein) es un libro del investigador Radu Florescu —autor de: Tras la pista de Drácula (In Search of Dracula) y En búsqueda de doctor Jekyll y Mr. Hyde (In Search of Dr. Jekyll and Mr. Hyde)—, publicado en 1975.

En búsqueda de Frankenstein de Radu Florescu, tal como lo anuncia su título, es un libro que se propone examinar la historia del personaje más conocido de Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein or the Modern Prometheus), inspirado por una pesadilla que sucedió tras una célebre reunión literaria con Percy Shelley, Lord Byron y John William Polidori.





En búsqueda de Frankenstein.
In Search of Frankenstein, Radu Florescu.

Material relacionado:




Mary Shelley. I Libros de Radu Florescu.


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«La fuerza de su mirada»: Tim Powers; novela y análisis.


«La fuerza de su mirada»: Tim Powers; novela y análisis.




La fuerza de su mirada (The Stress of Her Regard) es una novela vampiros del escritor norteamericano Tim Powers -autor de: Las puertas de Anubis (The Anubis Gates) y Ocúltame entre las tumbas (Hide Me Among the Graves)—, publicada en 1989.

La fuerza de su mirada nos invita a reinterpretar algunos hechos y personajes históricos desde una perspectiva sobrenatural. En este caso, Tim Powers desnuda la verdadera historia de los autores más famosos del siglo XIX, así como las tensiones políticas de Europa, marcadas a fuego por la presencia de una antigua raza de vampiros conocidos como Neffys.

En realidad, los vampiros son apenas una porción de las criaturas que aparecen en La fuerza de su mirada. Allí encontramos hadas, lamias, súcubos, íncubos, y toda una corte de seres que, en algunos casos, han operado secretamente en beneficio de la humanidad.

Entre los autores que aparecen en La fuerza de su mirada se encuentran, entre otros, Lord Byron, Percy Bysshe Shelley, Mary Shelley, John Keats, y John Polidori. De hecho, la trama de La fuerza de su mirada está inspirada en uno de los mejores relatos fantásticos de Mérimée: La venus de Ille (La vénus d'Ille).

El protagonista de la novela de Tim Powers, John Crawford, se lanza a la cacería de los vampiros Neffys acompañado nada menos que por el poeta John Keats. En Suiza se encuentran con Lord Byron (una especie de cazador de lamias), Claire Clarmont, Polidori, Percy Shelley y su esposa, Mary Shelley. Todos ellos han sido vampirizados por estas criaturas, influyendo de forma poderosa en sus creaciones literarias.




Novelas de vampiros. I Novelas góticas.


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Relatos del Romanticismo Oscuro

Hace poco hablábamos sobre el Romanticismo Oscuro, un sub-género del romanticismo estrechamente vinculado al relato gótico y el relato de terror. Hoy dejamos de lado la clasificación y la historia de este extraordinario sub-género para meternos de lleno en lo que realmente nos interesa.

A continuación les dejamos los mejores relatos del Romanticismo Oscuro.






Relatos del romanticismo oscuro:


Más cuentos de terror. I Relatos fantásticos.


Más literatura gótica:
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Romanticismo Oscuro

Romanticismo Oscuro.

El Romanticismo Oscuro (Dark Romanticism) es un tenebroso sub-género literario que actualmente ha desaparecido pero que en el pasado se jactó de agrupar a un puñado de grandes maestros del relato de terror.

Una de las características principales del Romanticismo Oscuro es la presencia de individuos macabros y autodestructivos, sujetos proclives a la locura y la enajenación; tal vez porque su objetivo central es trascender las barreras de lo cotidiano y presentar la problemática del hombre que se enfrenta a lo inevitable.

Para muchos eruditos, el Romanticismo Oscuro encarna en sus protagonistas una especie de atropomorfismo diabólico, es decir, presentar las cualidades del Príncipe de las Tinieblas a través de un hombre mortal o, en algunos casos, de criaturas sobrenaturales menores, como fantasmas, vampiros y hombres lobo.

Así como el trascendentalismo presenta personajes que buscan reformar socialmente el mundo que los rodea, el Romanticismo Oscuro expone los fracasos individuales de los mismos protagonistas, o en su defecto la idea de que todo cambio desemboca en una realidad peor que la anterior.

El Romanticismo Oscuro tiene los pies en el barro, nos enseña al hombre caído e incapaz de enfrentarse a lo sobrenatural sin perder la cordura en el proceso. A menudo estos enfrentamientos dejan en claro algunas decisiones éticas y morales que parecen ajustarse a la personalidad ambigua de quien las encarna. El protagonista siempre es alguien perplejo ante los acontecimientos, aunque en modo alguno se trate de un ignorante en asuntos paranormales.

Lo metafísico se manifiesta intensamente en el Romanticismo Oscuro, casi como un marco desmesurado en donde el hombre y su finitud deben acomodarse en orden de subsistir. Para mayores inconvenientes, el protagonista del Romanticismo Oscuro parece estar inmerso en una gran culpa existencial, además de soportar la sensación de que el mundo externo se refleja extrañamente en su mente. En este espejo distorsionado el afuera no es otra cosa que una proyección de los tenebrosos demonios internos que lo atormentan.

Entre los grandes maestros del Romanticismo Oscuro se encuentran ejemplos típicos del romanticismo, como lord Byron, Samuel Taylor Coleridge, Mary Shelley y John William Polidori. Casi todas sus obras presentan personajes marginados de la sociedad, o bien hombres y mujeres que sospechan acerca de la identidad del alma humana como vehículo de salvación.

Otros grandes autores del Romanticismo Oscuro son E.T.A. Hoffmann, Ludwig Tieck, Edgar Allan Poe, Herman Melville y Nathaniel Hawthorne.




Más relatos del romanticismo. I Novelas del romanticismo.


Más literatura gótica:
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Poema de Robert E. Howard.
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