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«En este pecho se obra un hechizo»: análisis de «Christabel» [Samuel Coleridge]


«En este pecho se obra un hechizo»: análisis de «Christabel» de Samuel Coleridge.




«En el roce de este pecho se obra un hechizo.»



Hoy en El Espejo Gótico analizaremos el poema de Samuel Taylor Coleridge: Christabel (Christabel), publicado en 1816 junto a Kubla Khan (Kubla Khan) y Los dolores del sueño (The Pains of Sleep). Antes de entrar en el poema es importante mencionar que se trata de una pieza dividida en dos partes. La primera fue escrita en 1797, y la segunda en 1800. Coleridge planeó tres partes más, que nunca se completaron.

Resumen:

Coleridge comienza hablando de sir Leoline, un poderoso barón muy apegado a su perra, una mastín que tiene la costumbre de responder al reloj del castillo. Cuando aúlla, dicen, la perra es capaz de ver el espíritu de la difunta baronesa. Pero el verdadero orgullo de sir Leoline es lady Christabel, su hija, que en esta medianoche camina sola por el bosque. Encuentra un viejo y robusto roble, se arrodilla ante él y reza por la salvación de su prometido; sin embargo, un lastimoso gemido interrumpe sus plegarias. Detrás del árbol hay una mujer vestida de blanco, descalza, pero con ricas gemas en su cabello.

Con una voz delicada, musical, le dice a Christabel que su nombre es Geraldine. Según cuenta, fue secuestrada por un grupo de caballeros. Logró deshacerse de ellos pero pronto volverán. Afirma no recordar nada mas. Christabel trata de consolarla. Le dice que su padre se encargará de que regrese a salvo a casa. Por ahora, lo mejor es pasar la noche en su cuarto.

Las dos mujeres llegan al castillo de sir Leoline sin incidentes, pero, al antes de cruzar las puertas de hierro, Geraldine se desploma en el suelo. No se desmaya, sino que tiene un súbito ataque de dolor. Christabel la ayuda a incorporarse y la invita a orar a la Virgen, pero Geraldine dice que está demasiado cansada. Al cruzar el patio, la perra ladra furiosamente y las brasas del salón se agitan en extrañas lenguas de fuego. Ya en la habitación, Christabel le ofrece a Geraldine un licor que preparó su madre, quien, según confiesa, murió al darla a luz. Entonces, como si Geraldine pudiera «ver a los muertos sin cuerpo», le advierte a Christabel que tiene un «espíritu guardián» junto a ella, y que ya es hora de liberarse de él, habida cuenta que la propia Geraldine se encargará de cuidarla.

Christabel cree que su nueva amiga está algo confundida por la terrible experiencia que acaba de tener, pero Geraldine le dice que «los habitantes del cielo» la aman y que incluso ella intentará corresponderle. Le pide a Christabel que se vaya a dormir mientras ella reza. Christabel obedece, pero no puede conciliar el sueño, así que observa a Geraldine mientras se desviste, «una visión para soñar, no para contar», porque uno de sus pechos y la mitad de su cuerpo son, digamos, indescriptibles.

Geraldine se acuesta en la misma cama y abraza a Christabel. Por alguna razón, el roce de sus senos hace Christabel sea incapaz de recordar lo que sucedió esa noche, excepto que encontró en el bosque a una «dama brillante», una muchacha «de una belleza excepcional» a quien ha traído a casa. En pocas horas, Christabel deja de ser aquella damisela inocente que rezaba por su prometido para yacer en los brazos de Geraldine. Durante este encuentro todos los «pájaros nocturnos» permanecen en silencio.

Al oír las campanas de servicio matutino, Geraldine se levanta para arreglarse. Christabel despierta y descubre que su nueva «amiga» es aún más hermosa que la noche anterior, antes de derramarle su «dulce agradecimiento». Está claro que Christabel es consciente de que ha pecado.

Sir Leoline, presa de una severa depresión, da la bienvenida a Geraldine. Se asombra al saber que su padre es Roland de Vaux de Tryermaine, un viejo amigo de la juventud con quien tuvo una disputa. No lo ha visto en décadas, pero piensa que no ha encontrado un mejor amigo desde entonces. Al ver a Roland en Geraldine, sir Leoline jura castigar a sus secuestradores [dice que les arrancará sus «almas de reptil»] y la abraza. Al observar esta escena, Christabel vuelve a notar el monstruoso pecho que Geraldine reveló la noche anterior. Advierte también una especie de «jadeo sibilante» en ella.

Sir Leoline dice que enviará a su bardo, Bracy, a informar a Roland que desea recuperar su amistad, por lo que cabalgará con sus tropas para llevar a su hija a casa. Bracy se conmueve, pero ruega que el viaje se retrase. Anoche tuvo un sueño extraño: vio a Christabel como una paloma, sola, gimiendo de angustia en el bosque, enroscada en una serpiente verde. Bracy teme que algo impío esté acechando, por lo que sugiere ir a purificar el bosque con su música.

Sir Leoline, estupefacto por la belleza de Geraldine, apenas escucha al bardo. Le dice a Geraldine que él y Roland son más fuertes que el arpa o la canción; y que juntos aplastarán a esa serpiente. Geraldine acepta su beso con un aire puro, virginal, pero sus ojos, que brillan con un «odio sordo y traicionero», como los de una serpiente, miran de reojo a Christabel.

Christabel cae de rodillas y le ruega a su padre que expulse a Geraldine. Sir Leoline, por supuesto, está indignado por esa deshonra a la hospitalidad de su casa, y todo por celos. Le ordena a Bracy que se vaya a Tryermaine de inmediato. Luego, sir Leoline se aleja de Christabel y acompaña a Geraldine fuera del salón para «expresar el exceso de su amor con palabras de amargura involuntaria».

***


Lo primero que salta a la vista de Christabel es su influencia en el relato de Sheridan Le Fanu: Carmilla (Carmilla). Por ejemplo, en ambas historias una vampiresa atrae a una joven inocente, logra ser invitada a su castillo y, una vez instalada, se gana el favor de su padre. Además, las dos heroínas, Christabel y Laura, son hijas de madres fallecidas durante el parto, y las dos están a cargo de sus padres enfermos. Más aún: la presencia de Geraldine provoca en Christabel síntomas similares a los que Carmilla estimula sobre Laura, y ambas protagonistas experimentan problemas de sueño y debilidad por la mañana después de pasar la noche con sus invitadas [ver: Carmilla y la leyenda de los nombres de los vampiros]

Si bien sabemos que Carmilla es una vampiresa, no conocemos la naturaleza de Geraldine. Puede ser una vampiresa, un súcubo, una lamia o una bruja. Uno de los «síntomas» de su maldad es la aversión por determinados símbolos; por ejemplo, se rehúsa a rezar a la Virgen, la luz ejerce una influencia negativa sobre ella, y se desmaya al rozar casualmente una cadena de plata. Es probable que Coleridge pensara brindar más información sobre ella en las siguientes tres partes del poema.

Se habla mucho de Christabel, pero el personaje más interesante es Geraldine. Es carismática y adapta su perfil de acuerdo a su víctima. Puede actuar como una damisela aterrorizada y, un momento después, ejercer una poderosa influencia sexual sobre hombres y mujeres por igual.

No está claro qué es Geraldine. Sabemos que hay algo extraño en su «pecho desnudo» y «la mitad de su costado», algo visible, y por lo tanto físico. La sugerencia es que Geraldine no es humana, o al menos no del todo humana. Sabemos también que el roce de su pecho hechiza a Christabel, la hace olvidar el encuentro sexual de la noche anterior, lo cual sugiere que no necesariamente es sangre, sino algún tipo de magia. Uno tiende a pensar que debe ser algo bello, atractivo, pero cuando Coleridge dice que es «una imagen para soñar, no para contar» podría estar hablando de un pecho de aspecto cadavérico, o, por otros indicios, escamado, como la piel de una serpiente. Tampoco puede descartarse que Christabel y Leoline se sientan atraídos por el pecho de Geraldine por motivos diferentes. La madre de Christabel murió en el parto, por lo que ella no pudo experimentar la lactancia. Leoline es viudo, y se encuentra privado de la cercanía de una amante. En ambos casos, el pecho de la difunta madre/esposa es una privación para la hija y el esposo [ver: La maternidad fallida en «Drácula»]

Si tuviese que jugar al detective literarios, diría que Geraldine se acuesta con Christabel para llegar a sir Leoline. Es decir, el sexo captura nuestra atención, pero es curioso que Geraldine resulte ser la hija de un viejo amigo, ahora adversario, y que su situación [secuestro] desencadene en sir Leoline una serie de arrepentimientos. Este podría ser el trasfondo político del poema. Leoline, ya anciano y con una salud frágil, cede a la influencia de Geraldine, incluso ignora las visiones del bardo [lo cual nunca es buena idea] pero Christabel interrumpe el hechizo lo suficiente como para plantear su desconfianza.

Supongo que, en las sucesivas partes, Christabel iría ganando terreno y terminaría imponiéndose sobre Geraldine. También veríamos más a Bracy y a la perra, y tal vez descubriríamos qué es Geraldine, su pasado, sus motivaciones.

El pecho de Geraldine es un aspecto misterioso del poema. Se dice que Percy Shelley, que poseía una sensibilidad morbosa, como la mayoría de los románticos, tuvo un ataque de pánico en Villa Diodati luego de escuchar a lord Byron recitando Christabel. Al parecer, Percy tuvo una visión de su esposa, Mary Shelley, con ojos en lugar de pezones, y salió corriendo de la habitación. Tuvo que ser atendido por John Polidori, que era médico. ¿Será que Percy Shelley, en su ataque de nervios, captó algo en las palabras de Coleridge? ¿Será que Geraldine tiene ojos en lugar de pezones?

Una lectura religiosa del poema de Coleridge sugiere que Geraldine es la serpiente del Edén que corrompe a Christabel, quien representa a Eva. Después de todo, tienta a Christabel en la naturaleza, cerca de un árbol, y libera su sexualidad, hasta ese punto latente e inexplorada. Pero esta figura termina aquí, porque Geraldine también influye sobre sir Leoline, quien se interesa sexualmente por ella. Leoline, evidentemente, no es Adán; de hecho, es el padre de Christabel, no su amante. Sin embargo, Coleridge insiste en recordarnos que la madre de Christabel murió en el parto, y que la chica se convirtió en una gran compañía para su padre; en cierto modo, asumió el rol de esposa, Tanto es así que Christabel reacciona únicamente cuando Geraldine pone en peligro la relación con su padre.

Coleridge es un maestro de la insinuación. Nunca vincula lo sobrenatural con nada concreto, trata de ser lo más impreciso posible, logrando en el lector un efecto de misterio que roza la frustración. Lo que en otros autores es «información», en Coleridge son detalles. Por ejemplo, es evocador que el poema comience a la medianoche, horario propicio para lo sobrenatural, y que todos los animales que menciona el poeta [los búhos, el gallo, la perra] se muestren inquietos, como si percibieran la llegada de un visitante del otro mundo. La insinuación de la presencia del espíritu de la madre de Christabel completa la atmósfera, y nos da la certeza de que algo sobrenatural está a punto de ocurrir. Sin afirmar nada en concreto, Coleridge nos prepara para la aparición de Geraldine.

El efecto que logra es más convincente que si solo proporcionara información directa. Lo sobrenatural en la ficción es un fenómeno mental, está lleno de dudas, contradicciones e incertidumbre. Christabel siente un temor vago al ver a Geraldine. No hay nada objetivamente sobrenatural aquí; solo tenemos la noche [con luna], el bosque, los animales inquietos, el roble [con una hoja roja que cuelga de la rama más alta], la mujer hermosa. Sin embargo, Coleridge logra el efecto deseado, que es insinuar la presencia de algo sobrenatural apelando a una secuencia de elementos naturales que, en sí mismos, no tienen nada de extraño.

Geraldine, por su parte, procede como un vampiro, aunque no sabemos si la sangre está involucrada. Sus ataques giran en torno a lo sexual, posee un gran atractivo físico, su personalidad es hipnótica y más fuerte por la noche, lleva una marca corporal que revela su naturaleza sobrenatural y, después del encuentro físico con sus víctimas, estas quedan incapacitadas. Si el vampiro se define únicamente por la acción de beber sangre, Geraldine no es un vampiro. Si se define por el resto de sus caracterísicas o atributos, evidentemente pertenece a esa estirpe [ver: Razas y clanes de vampiros]

Hay otro detalle que nos lleva a pensar que Geraldine es un vampiro: al llegar al umbral del castillo, finge un desmayo. No puede cruzar las puertas hasta que Christabel la carga en sus brazos. Una vez adentro, su dolor desaparece misteriosamente. El motivo folklórico de la invitación del vampiro terminó de definirse en la novela de Bram Stoker: Drácula, pero ya estaba presente en Carmilla y, antes de eso, en Christabel. La prevalencia de este motivo deja en claro que el problema del mal es un asunto complejo, tanto en la ficción como en el folklore. Indica que el mal necesita ser invocado, invitado a entrar en nuestras vidas, y por lo tanto se deduce que existe en una esfera externa [ver: ¿Por qué los vampiros deben ser invitados a entrar?]

En este sentido, Christabel, sobre todo su comienzo arquetípico, posee cierta atmósfera de cuento de hadas, con esta pura doncella vagando a medianoche por el bosque que rodea el castillo. Todo parece inocente, pero, en cierto modo Christabel se expone a la influencia del mal. Tiene buenas intenciones, es devota, buena hija y ama a su prometido, pero al salirse del camino, es decir, al andar por el bosque a la hora equivocada, se expone a la influencia del mal [ver: ¡No salgas del camino! El Modelo «Caperucita Roja» en el Horror]

Esto, en nuestros días, puede sonar inapropiado, como si estuviéramos culpando a la víctima, pero el folklore no tiene esos reparos. Aún la personas buenas que actúan con buenas intenciones deben tener algún tipo de afinidad con el mal; deben atraerlo, buscarlo inconscientemente. En definitiva, si Christabel es tan pura como parece, ¿por qué sale a rezar a medianoche en el bosque? ¿Cuál es el motivo por el que decide hacerlo a esta hora y no, digamos, al mediodía? ¿Acaso no es lógico deducir que a medianoche sus plegarias pueden ser respondidas por algo más?

Evidentemente, Christabel actúa con secretismo, oculta sus movimientos. Coleridge dice: «se escabulló sin decir nada», y, más tarde, sostiene que la chica se «arrastró sigilosamente» fuera del castillo. ¿Por qué procede de este modo? Bueno, ha tenido un sueño con su «caballero», un «sueño que la hizo gemir». En otras palabras, Christabel se escapa del castillo, a la medianoche, al bosque, en pleno despertar de su sexualidad. Simbólicamente, está buscando algo, está exponiéndose a un entorno poco seguro. Su sexualidad es como una baliza que solo puede atraer a alguien, o algo, como Geradine.

También es justo decir que, si bien Geraldine trae problemas, no está nada claro que el castillo estuviera en paz hasta su llegada: la madre de Christabel murió al dar a luz, sir Leoline culpa a su hija por el fallecimiento de su esposa e impone un luto interminable que hace que el castillo parezca una tumba más que un hogar. Geraldine, quizás, no genera el mal en la casa, simplemente explota los resentimientos y conflictos latentes. Ciertamente despierta los instintos sexuales que aún no se han manifestado [ver: El enlace entre el Vampiro y su víctima]

Christabel y Geraldine parecen aspectos opuestos; la primera es [supuestamente] «buena», la otra es [aparentemente] «mala». Cuando Bracy relata su sueño, donde una serpiente ataca a una paloma, Geraldine es claramente la serpiente y Christabel la paloma. Sin embargo, las dos se enfrentan del mismo modo, casi como un reflejo: la serpiente hincha su cuello mientras la paloma hincha el suyo. Podría decirse que cada una es el doppelgänger de la otra.

Para aquellos que quieran seguir explorando el lore de Christabel recomendamos el poema de Edgar Allan Poe: La durmiente (The Sleeper), así como en la pieza de Mary Elizabeth Coleridge [sobrina-nieta de Samuel] titulada La bruja (The Witch).




Vampiros. I Poemas de Samuel Taylor Coleridge.


Más literatura gótica:
El artículo: «En este pecho se obra un hechizo»: análisis de «Christabel» de Samuel Coleridge fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge»: libro y análisis


«Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge»: libro y análisis.




Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge (The Poetical Works of S. T. Coleridge) es una colección de poemas del romanticismo del escritor inglés Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), publicada en 1834.

La antología apareció de manera póstuma, pocos meses después de la muerte del autor, y cuenta con algunos de los mejores poemas de Samuel Taylor Coleridge —no todos, como promete el título—; entre ellos: Kubla Khan (Kubla Khan), Christabel (Christabel) y La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner).

Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge nos permiten disfrutar de un autor clásico de la poesía inglesa, que incluyó muchos elementos de la poesía gótica y estableció las principales características del romanticismo en su tierra.




Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge.
The Poetical Works of S. T. Coleridge, Samuel T. Coleridge (1772-1834)
  • Christabel (Christabel)
  • Desesperación (Despair)
  • El argumento del suicidio (The Suicide's Argument)
  • Fantasma (Phantom)
  • Helada a medianoche (Frost at Midnight)
  • Kubla Khan (Kubla Khan)
  • La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner)
  • La presencia del amor (The Presence of Love)
  • Los dolores del sueño (The Pains of Sleep)
  • Melancolía (Melancholy)
  • A la luna otoñal (To The Autumnal Moon)
  • Baladas líricas (Lyrical Ballads)
  • Canción (Song)
  • El cuervo (The Raven)
  • El paseo del diablo (The Devil's Walk)
  • Esperanza y tiempo (Hope and Time)
  • Ginebra (Genevieve)
  • La aparición y evocación del amor (Love's Apparition and Evanishment)
  • La punzada más aguda de todas (The Pang More Sharp Than All)
  • La tumba del caballero (The Knight's Tomb)
  • Los pensamientos del diablo (The Devil's Thoughts)
  • Soneto (Sonnet)
  • Tiempo, real e imaginario (Time, Real and Imaginary)




Libros de poemas. I Libros de Samuel Taylor Coleridge.


El análisis y resumen del libro de Samuel Taylor Coleridge: Los poemas completos de Samuel Taylor Coleridge (The Poetical Works of S. T. Coleridge), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Baladas líricas»: William Wordsworth; libro y análisis


«Baladas líricas»: William Wordsworth; libro y análisis.




Baladas líricas (Lyrical Ballads) —cuyo título original es: Baladas líricas, con algunos otros poemas (Lyrical Ballads, with a Few Other Poems)— es una colección de poemas del romanticismo del escritor inglés William Wordsworth (1770-1850), publicado en 1798.

La antología, dividida en dos volúmenes, contiene algunos de los poemas de William Wordsworth más importantes de su producción. La primera edición contó, además, con cuatro poemas inéditos de un amigo personal del poeta, nada menos que Samuel Taylor Coleridge. Uno de ellos es, quizás, su obra más conocida: La canción del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner).

Baladas líricas fue, en esencia, la piedra fundamental del romanticismo en la poesía inglesa. Si bien su éxito inmediato fue, como mucho, modesto, su impacto sería decisivo, ya que el libro desarrolla de forma exquisita ciertos detalles y estilos que luego se convertirían en características del romanticismo.




Baladas líricas.
Lyrical Ballads, William Wordsworth (1770-1850)
  • Ella era un fantasma del gozo (She was a Phantom of Delight)
  • El muchacho danés (The Danish Boy)
  • Erraba solitario como una nube (I Wandered Lonely as a Cloud)
  • Extraños arrebatos de pasión he conocido (Strange Fits of Passion I Have Known)
  • La rima del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner, Coleridge)
  • Lucy Gray (Lucy Gray)
  • Sorprendido por la alegría (Surprised by Joy)
  • Andrew Jones (Andrew Jones)
  • Anécdota para padres (Anecdote for Fathers)
  • Arquitectura rural (Rural Architecture)
  • Canción (Song)
  • El calabozo (The Dungeon, Coleridge)
  • El cordero del hogar (The Pet-Lamb)
  • El cuento de la madrastra (The Foster-Mother's Tale, Coleridge)
  • El epitafio del poeta (A Poet's Epitaph)
  • El espino (The Thorn)
  • Ella anduvo por caminos inciertos (She Dwelt among the Untrodden Ways)
  • Ellen Irwin (Ellen Irwin)
  • El muchacho idiota (The Idiot Boy)
  • El niño sin padre (The Childless Father)
  • El roble y la escoba (The Oak and the Broom)
  • El ruiseñor (The Nightingale, Coleridge)
  • El último del rebaño (The Last of the Flock)
  • El viejo mendigo de Cumberland (The Old Cumberland Beggar)
  • Escrito cerca de Richmond, sobre el Tames (Qritten near Richmond, upon the Thames)
  • Escrito en Alemania en uno de los días más fríos del siglo (Written in Germany on one of the coldest days of the century)
  • Exposición y respuesta (Expostulation and Reply)
  • Extraños ataques de pasión he conocido (Strange fits of passion have I known)
  • Goody Blake y Harry Gill (Goody Blake and Harry Gill)
  • Había un muchacho (There was a Boy)
  • Hombre viejo viajando (Old Man Traveling)
  • La cascada (The Waterfall)
  • La fuente, una conversación (The Fountain, a conversation)
  • La mala madre (The Mad Mother)
  • La mujer vagabunda (The Female Vagrant)
  • La queja de una mujer india olvidada (The Complaint of a forsaken Indian Woman)
  • Las dos mañanas de abril (The two April Mornings)
  • Las tablas giradas: una escena de la tarde sobre el mismo tema (The Tables Turned; an Evening Scene, on the Same Subject)
  • Líneas escritas a poca distancia de casa (Lines written at a small distance from my House)
  • Líneas escritas a principios de la primavera (Lines written in early Spring)
  • Líneas escritas navegando en un bote al atardecer (Lines written when sailing in a Boat at Evening)
  • Líneas escritas sobre la Abadía de Tintern (Lines written above Tintern Abbey)
  • Los dos ladrones (The two Thieves)
  • Los hermanos, un poema pastoral (The Brothers, a Pastoral Poem)
  • Los jóvenes pastores ociosos (The Idle Shepherd-Boys)
  • Michael (Michael)
  • Para un sacristán (To a Sexton)
  • Pobre Susan (Poor Susan)
  • Poemas sobre el bautismo de lugares (Poems on the Naming of Places)
  • Recogiendo nueces (Nutting)
  • Ruth (Ruth)
  • Se dice que algunos han muerto por amor ('Tis said that some have died for love)
  • Simon Lee, el viejo cazador (Simon Lee, the old Huntsman)
  • Somos siete (We are Seven)
  • Tranquilidad y decaimiento animal (Animal Tranquillity and Decay)
  • Tres años ella creció al sol y la lluvia (Three years she grew in sun and shower)
  • Un borrador (A Sketch)
  • Un fragmento (A Fragment)
  • Un personaje (A Character)
  • Un remolino desde atrás de la colina (A whirl-blast from behind the Hill)
  • Un sueño selló mi espíritu (A slumber did my spirit seal)




Libros de poemas. I Libros de William Wordsworth.


El análisis y resumen del libro de William Wordsworth: Baladas líricas (Lyrical Ballads), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Samuel Taylor Coleridge: poemas destacados


Samuel Taylor Coleridge: poemas destacados.




Samuel Taylor Coleridge (1772-1835) fue, sin lugar a dudas, uno de los más importantes poetas ingleses de todos los tiempos, y uno de los que más influyó en el desarrollo del romanticismo en Inglaterra.

De hecho, buena parte de los poemas de Samuel Taylor Coleridge fueron los que terminaron de definir algunas de las principales características del romanticismo en términos de movimiento literario.

En este segmento de El Espejo Gótico daremos cuenta de algunos de los más destacados poemas de Samuel Coleridge.




Poemas de Samuel Taylor Coleridge:




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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Mary Coleridge: poemas destacados


Mary Coleridge: poemas destacados.




Mary Elizabeth Coleridge (1861-1907) fue una importante poetisa inglesa del período victoriano. Descendiente de Samuel Taylor Coleridge, su producción poética se inclina por escenarios más bien sombríos, repleto de referencias a lo inquietante y lo sobrenatural.

En este segmento haremos un repaso por los poemas destacados de Mary Coleridge, una autora que ciertamente vale la pena descubrir.




Poemas destacados de Mary Coleridge:
  • A la memoria (To Memory)
  • El funeral del diablo (The Devil's Funeral)
  • El otro lado del espejo (The Other Side of a Mirror)
  • Indeseado (Unwelcome)
  • La bruja (The Witch)
  • Lámparas de la calle (Street Lanterns)
  • La muerte y la dama (Death and the Lady)
  • La mujer blanca (The White Woman)
  • Los seguidores de la fantasía (Fancy's Following)
  • No envidio a los muertos que descansan (I Envy Not the Dead That Rest)
  • Nunca dijimos adiós (We Never Said Farewell)
  • Pena (Affection)
  • Poemas de Mary E. Coleridge (Poems by Mary E. Coleridge)
  • Sincera conmigo misma, falsa con todos (True to Myself Am I, and False to All)
  • Azul y blanco (Blue and White)
  • Buen viernes en mi corazón (Good Friday in my Heart)
  • Celos (Jealousy)
  • Chillingham (Chillingham)
  • Cuando mi amor (When My Love)
  • Después de San Agustín (After St. Augustine)
  • El amanecer ardiente (The Fiery Dawn)
  • El budista (The Buddhist)
  • El galardón de la fantasía (Fancy's Guerdon)
  • El hugonote (A Huguenot)
  • El pájaro azul (The Blue Bird)
  • El rey con dos rostros (The King with Two Faces)
  • El tren (The Train)
  • En un día así (On Such A Day)
  • Holman Hunt (Holman Hunt)
  • La casa desierta (The Deserted House)
  • La dama en la sala de estar (The Lady on the Drawing Room Floor)
  • La recompensa de la fantasía (Fancy's Guerdon)
  • Larghetto (Larghetto)
  • La sombra en la pared (The Shadow on the Wall)
  • Los gemelos (The Twins)
  • Matrimonio (Marriage)
  • Mi verdadero amor (My True Love)
  • Nuestra dama (Our Lady)
  • Poemas de Mary E. Coleridge (Poems by Mary E. Coleridge)
  • Poemas selectos de Mary Coleridge (The Collected Poems of Mary Coleridge)
  • Punctilio (Punctilio)
  • Seguidor de la fantasía (Fancy's Following)
  • Tu mano en la mía (Thy Hand in Mine)
  • Un momento (A Moment)
  • ¡Vuelve a casa! (Come Home!)




Más autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.

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10 grandes autores adictos a las drogas


10 grandes autores adictos a las drogas.




Las drogas y la literatura no necesariamente están vinculadas, aunque de hecho existan varios casos de notable asimilación.

Si bien el consumo de drogas no es un requisito indispensable para que un autor pueda acceder a los sótanos de su conciencia y enfrentar a los miedos primordiales que lo pueblan, tampoco una vida frugal, libre de colesterol y sobresaltos hepáticos, nos aseguran ese grado de indiscreción.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de 10 grandes autores adictos a las drogas. Naturalmente, podríamos citar docenas más de ellos, quizás cientos, pero difícilmente con el mismo nivel de compromiso con la adicción, la autodestrucción y el arte de escribir para socavar el infierno personal, la esclavitud que supone cualquier atadura física y emocional a las drogas.

En esta lista evitaremos la adicción al alcohol, la cual merece un capítulo aparte.


10- John Keats.


John Keats fue un notable poeta del siglo XIX. A pesar de su enorme genio, sus progresos eran muy lentos, a tal punto que publicó su primer poema apenas cuatro años antes de su muerte, que de hecho se produjo de forma prematura, a los 25 años de edad, debido a la tuberculosis.

De una lentitud pasmosa John Keats pasó a la productividad más impresionante. A comienzos de 1819, se volvió adicto al opio, lo cual le trajo aparejado un sinfín de malestares físicos pero también un ritmo de composición asombroso. En pocos meses creó sus poemas más conocidos: Oda a un ruiseñor (Ode to a Nightingale) y Oda a la indolencia (Ode to Indolence); los cuales parecen evidenciar un corte abrupto, un quiebre, con sus primeras obras.

Como a muchos niños de aquella época, a John Keats también se le administró láudano desde muy temprana edad para tratar los efectos letales de la diarrea.



9- Charles Baudelaire.


El autor francés Charles Baudelaire, creador de Las flores del mal (Les fleurs du mal), fue un miembro activo del Club de Hachichins (Hashish Club), donde entabló amistad con otros artistas de la época, como Alejandro Dumas y el pintor Eugène Delacroix.

Charles Baudelaire no solo se volvió un consumidor frecuente del hashish, sino que también escribió sobre sus virtudes terapéuticas —totalmente desacreditadas en nuestros días— y la facilidad con la que esta sustancia podía inducir estados vecinos de la inspiración.
'


8- Samuel Taylor Coleridge.


Samuel Taylor Coleridge obtuvo la inmortalidad a través de dos poemas impresionantes: La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner) y Kubla Khan (Kubla Khan). De hecho, toda su obra poética posee un aura etérea, anhelante, como si hubiese sido construida dentro de un sueño.

Samuel Taylor Coleridge no se enorgullecía de su adicción; de hecho, la ocultaba como un secreto bastante incómodo. Por ejemplo, aseguraba que Kubla Khan había sido compuesto durante el sueño, sin aclarar que ese sueño era en realidad una ensoñación inducida por el consumo de opio, en este caso, para tratar los síntomas de la disentería.

Samuel Taylor Coleridge comenzó su adicción cuando era un estudiante, y durante cuarenta años construyó una resistencia admirable contra sus efectos, a tal punto que podía llegar a consumir dos cuartos de botella de láudano (derivado del opio) en una semana.

Para poner en perspectiva esa dosis descomunal hay que calcular que, en el siglo XVIII, las concentraciones de láudano contenían 10 mg. de morfina por mililitro; lo cual se traduce en unos 18.9 gramos de morfina por semana para la dieta de Coleridge. Solo se necesita 1.2 gramos de esta sustancia para matar a un caballo.



7- Percy Shelley.


En una época difícil para ejercer la libertad personal, Percy Shelley se volcó al opio para alterar su conciencia y ejecutar acciones consideradas totalmente inadecuadas para la sociedad.

Tanto él como su futura esposa, Mary Shelley —autora de Frankenstein (Frankenstein)—, se entregaron al abrazo devastador del dragón verde. Años después, esas experiencias se transformaron en frecuentes episodios de confusión, pesadillas, espasmos, convulsiones, y al menos un intento de suicidio.

Según sus propias observaciones, el opio era una especie de catalizador de la creatividad de Percy Shelley; sin embargo, lo esclavizaba en el resto de las áreas de su vida cotidiana, perjudicando con particular énfasis su salud mental y estabilidad emocional, al punto de conducirlo a verdaderos arrebatos de locura.



6- Elizabeth Barrett Browning.


Elizabeth Barrett Browning fue una de las más reconocidas poetisas victorianas. A su increíble productividad hay que sumarle otras ocupaciones, por ejemplo, sus campañas contra la esclavitud y varias reformas legislativas vinculadas al trabajo infantil y los derechos de la mujer.

Por prescripción médica, Elizabeth Barrett Browning empezó a consumir láudano (más precisamente, tintura de opio) a los 14 años de edad para suavizar los terribles dolores que sufría en la columna y el cuello.

Los dolores la acompañaron durante el resto de su vida, así como el láudano y la morfina. A los 20 años de edad, la adicción era una parte esencial de su rutina diaria. Elizabeth Barrett Browning consumió su última dosis el 29 de junio de 1861, cuando contaba con apenas 37 años. Horas después, su cuerpo sin vida fue hallado en la cama, según los dichos de su esposo, el poeta Robert Browning, con una sonrisa rígida tallada en el rostro.



5- Aleister Crowley.


Aleister Crowley, más conocido por sus aportes al ocultismo y el esoterismo, también fue un excelente poeta; y quizás habría llegado a ser uno realmente genial si hubiese evitado frecuentar ciertas adicciones particularmente desagradables.

Después de haber consumido heroína para tratar su asma, Aleister Crowley se convirtió en adicto. En su obra: Confesiones (Confessions), el mago realiza un minucioso repaso por sus sustancias predilectas: peyote, marihuana, morfina, mescal, ether, opio. Murió en 1947 de una complicación respiratoria producida por su primer gran amor: la heroína.



4- Robert Louis Stevenson.


Robert Louis Stevenson fue un consumidor frecuente de cocaína, por aquel entonces, una sustancia legal. Estaba enfermo de tuberculosis y las drogas servían para paliar las terribles dolencias y malestares que padecía prácticamente todo el tiempo. No obstante, el consumo trajo aparejadas otras prestaciones.

Casi inválido, incapaz de realizar las tareas más elementales, Robert Louis Stevenson llegó a escribir más de 60.000 palabras en cinco días. No cualquier tipo de palabras, como fácilmente podríamos atribuirle a un adicto fuera de control, sino las que conforman la totalidad de la novela: El extraño caso del doctor Jeckyll y mr. Hyde (The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde); la cual menciona un polvo blanco capaz de transformar a alguien correcto y agradable en un detestable criminal.



3- William S. Burroughs.


William S. Burroughs escribió más de 18 novelas y una cifra incalculable de relatos. Su obra más famosa, sin embargo, no tiene nada que ver con la ficción: Junkie, autobiografía despiadada, relata precisamente su experiencia como adicto a las drogas, de todo tipo, clase y frecuencia.

Burroughs manifiesta un punto de vista negativo acerca del uso de drogas como forma de aumentar la creatividad. Por el contrario, opina que las drogas solo aumentan la productividad del escritor mediocre:

Ya sea si la aspiras, la fumas, la comes, o si te la metes por el culo: el resultado es el mismo.

(Whether you sniff, it smoke it, eat it, or shove it up your ass, the result is the same)



2- Philip K. Dick.


Philip K. Dick, que dicho de paso también sufría de esquizofrenia, fue un verdadero maestro de la ciencia ficción. Publicó 44 novelas y 121 relatos fantásticos, muchos de los cuales fueron escritos bajo el abuso de anfetaminas.

Buena parte de sus novelas se basan en personajes incapaces de diferenciar la realidad de la psicosis; de hecho, el propio Philip K. Dick solía tener alucinaciones frecuentes acerca de un gigantesco rostro metálico que lo observaba desde el cielo, y hasta llegó a considerar la posibilidad de que su cuerpo estuviese poseído por el espíritu del profeta Elías.

Las drogas lo convirtieron en un sujeto paranoico; lo cual se refleja en un episodio ocurrido en 1971, donde un ladrón común ingresó a su domicilio. Durante los siguientes 11 años, Philip K. Dick escribió docenas de miles de páginas acerca de una conspiración mundial. La hipótesis más interesante deduce que él mismo fue aquel ladrón, y que su cerebro habría sido lavado por una agencia gubernamental desconocida.

En 1982, a la edad de 54 años, Philip K. Dick sufrió dos derrames cerebrales y murió pocos días después. Dentro de su interminable lista de genialidades podemos mencionar: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle), Ubik (Ubik), SIVAINVI (VALIS), Podemos recordarlo por usted (We Can Remember It for You Wholesale) y Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly).



1- Thomas De Quincey.


Thomas De Quincey escribió el primer libro sobre adicciones a las drogas de occidente: Confesiones de un inglés comedor de opio (Confessions of an English Opium-Eater).

Si bien Thomas De Quincey cayó en las garras del opio al utilizar esta sustancia como tratamiento para la neuralgia, rápidamente se convirtió en un adicto. Para 1813 se encontraba totalmente obsesionado con el consumo, el cual se acentuaba durante breves pero horrorosos períodos de abstinencia.

De Quincey, en parte gracias a la traducción de Charles Baudelaire, titulada Los paraísos artificiales (Les paradis artificiels), se convirtió en un referente de la literatura más oscura del período, y en uno de los ejemplos más perturbadores de lo que la adicción a las drogas puede hacer con la integridad del hombre.




Autores con historia. I Autores en El Espejo Gótico.


Más literatura gótica:
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«Christabel»: Samuel Taylor Coleridge; poema y análisis


«Christabel»: Samuel Taylor Coleridge; poema y análisis.




Christabel (Christabel) es un poema de vampiros del escritor inglés Samuel Taylor Coleridge (1772-1834). Originalmente fue dividido en dos partes: la primera, concebida en 1797, y la segunda, de 1800, aunque ninguna fue publicada hasta 1816; donde apareció junto a otros dos poemas de Samuel Taylor Coleridge: Kubla Khan (Kubla Khan) y Los dolores del sueño (The Pains of Sleep).

Christabel es uno de los poemas de Samuel Taylor Coleridge más conocidos, aunque de hecho se trata de un poema inconcluso. Su fama, quizás, se deba al elegante abordaje que el autor realiza sobre el tema del vampirismo [ver: «En este pecho se obra un hechizo»: análisis de «Christabel»]

Efectivamente, Christabel versifica la sutil aparición de una vampiresa, visiblemente alejada de algunas convenciones del género y muy cerca de otras que llegarían a convertirse en lugares comunes de la literatura vampírica.

De una forma mucho más intensa que en Carmilla (Carmilla) de Sheridan Le Fanu, donde el amor entre mujeres es más bien simbólico, casi testimonial; Christabel retrata el lesbianismo de una manera apasionada a través de la relación entre Christabel y Geraldine, vínculo que constituye uno de los cimientos del vampirismo psíquico en la ficción.

Christabel también esboza algunos conflictos psicológicos que llegarían a desvelar a Sigmund Freud, por ejemplo, los celos de una hija que inconscientemente desea sustituir a su madre muerta.

Repasemos brevemente el argumento del poema. Christabel es una joven huérfana que vive en un castillo junto a su padre, sir Leoline, que añora melancólicamente a su esposa muerta. Cierta noche, Christabel se dirige al bosque a rezar, tal vez para aliviar su culpa, cuando se encuentra con Geraldine, una mujer hermosa y enigmática que asegura haber sido deshonrada de forma violenta por soldados.

Christabel, que se siente atraída por la desconocida, la lleva a pasar la noche en su cuarto. Allí, en la intimidad del lecho, Christabel sueña que su compañera la vampiriza del modo más erótico (y ya sabemos lo que significa soñar con vampiros). Para profundizar el conflicto, Samuel Taylor Coleridge ejecuta una maniobra arriesgada: el viejo sir Leoline, recordemos, padre de Christabel, se enamora de la hermosa Geraldine, en quien cree reconocer a la hija de un viejo camarada. Atormentada por los celos y profundamente perturbada por la nueva relación de su padre con esta extraña mujer que la obsesiona, Christabel le ruega a sir Leoline que expulse a la intrusa del castillo, pero fracasa, ganándose además el desprecio de su padre.


Una noche la joven sale del castillo
y entra al bosque cercano,
indiferente del clima,
y un quejido la distrae de su rezo por el amado distante:
una bella mujer refugiada al pie de un roble se lamenta...


Es Geraldine, quien rápidamente le narra a Christabel cómo ha sido forzada por cinco soldados. Christabel se conmueve por la historia e invita a Geraldine a pasar la noche en su habitación.


Ay, ¿qué te ofusca, pobre Geraldine?
¿Qué observas con turbada vista?
¿Puede ella espiar a los intangibles muertos?
Y ¿por qué con voz profunda grita?:
"¡Fuera mujer, fuera. Ésta ahora es mía,
Aunque tú su espíritu guardián seas:
fuera, mujer, fuera, se me ha dado a mí!"


Aquí ya se perfila la naturaleza sobrenatural de Geraldine. Incontables espíritus impuros la protegen. Con vos seductora, le ordena a Christabel que se desvista:


Y como ordenó la dama, hizo.
Sus extremidades suaves desvistió,
y se recostó en su belleza.
Bajo la lámpara, la dama se inclinó
y lentamente sus ojos miran en torno;
Entonces aspira sonoramente
como alguien que se estremece, desata
el cinturón bajo su pecho:
su vestido de seda y la ropa interior
cayeron a sus pies y, pleno a la vista,
mirad, su pecho y su costado:
¡Una visión para soñar, no para describir!
¡Oh, protéjanla! ¡Protéjete dulce Christabel!
Geraldine todavía ni habla ni se mueve.
¡Ah! qué impresionante mirada la suya:
desde su profundidad, a medias mira
para quitarle algo de peso con enfermo intento;
y contempla a la doncella y busca tiempo.
Intempestiva entonces, como desafiada,
se repone altiva y orgullosa
y se recuesta al lado de la Doncella.
Y en sus brazos tomó a la joven.
¡Ah, vaya día!
Y en voz baja y con preocupación en su mirada
dijo estas palabras:
Al tocar este pecho trabaja un conjuro
que señorea en tus palabras, Christabel.
Conociste hoy y has de conocer mañana
esta marca de mi vergüenza, este sello de mi tristeza;
Mas vanamente más garantizas,
porque sólo podrás declarar
que en el bosque en penumbra
escuchaste una delicada queja,
y encontraste una luminosa dama, de inusual belleza;
y la llevaste contigo a casa, con amor y caridad,
para protegerla y resguardarla del húmedo aire.


Christabel es obligada a pronunciar un juramento de silencio. Lo que sucede en la oscuridad de su habitación jamás podrá ser confesado. La culpa y una turbación creciente atormentan su espíritu. Christabel adivina algo horrible en los ojos verdes de Geraldine, algo sobrenatural, infernal, que poco a poco se transforma en un deseo insondable. Presionada por su padre, Christabel rompe su juramento y confiesa lo que cree que fue un extraño sueño.


Cuando percibí una brillante serpiente verde
enredada alrededor del cuello y las alas.
Verde como las hierbas en las que yacía,
próxima a la paloma cuya cabeza doblaba.
y con la paloma sus giros y forcejeos,
hinchaba su cuello tanto como ella.
Desperté. Era la hora de la medianoche
el reloj resonaba en la torre...


Christabel finaliza aquí, abruptamente. Los borradores de Samuel Coleridge sugieren que el poema completo constaría de cuatro partes que nunca se terminaron. El poeta abandonó su obra a mediados de 1801 y nunca más volvió a retomarla, ni siquiera bajo el estímulo de sus amigos más cercanos, que alabaron el proyecto.

Christabel tuvo una influencia directa en el poema de vampiros de E.A. Poe: La durmiente (The Sleeper), donde se intuye una posible conclusión.

Según el estudioso James Gillman, Samuel Coleridge escribió un borrador del final de Christabel antes de empezar el poema propiamente dicho. Este es el resumen de aquel borrador:


Más allá de las montañas el heraldo de sir Leoline se dirige al castillo donde supuestamente vive Geraldine, pero debido a una inundación no encuentra nada en el lugar. El castillo parece haber desaparecido. El heraldo decide volver, pero mientras tanto Geraldine se dedica a provocar celos en sir Leoline y a sembrar la discordia. Cuando regresa el heraldo, Geraldine desaparece, pero regresa asumiendo la apariencia de un caballero ausente, amante de Christabel, y comienza a cortejarla, pero Christabel se siente molesta ante los cambios que intuye en su antiguo amante.

Sir Leoline se disgusta porque su hija es reticente a casarse con el caballero, pero finalmente ella termina obedeciendo ante la presión de su padre y decide presentarse en el altar con su ahora odiado pretendiente. Sin embargo, el verdadero amante de Christabel regresa en ese momento y le ofrece el anillo que ella le había dado en señal de afecto. Así derrotada, Geraldine desaparece enfurecida y el matrimonio correcto tiene lugar, así como la reconciliación entre padre e hija...





Poemas de vampiros. I Poemas de Samuel Taylor Coleridge.


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El análisis y resumen del poema de Samuel Taylor Coleridge: Christabel (Christabel) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Cuadernos de Coleridge»: Samuel Taylor Coleridge; libro y análisis.


«Cuadernos de Coleridge»: Samuel Taylor Coleridge; libro y análisis.




Los Cuadernos de Coleridge (Coleridge's Notebooks) es un nombre genérico para los setenta y dos cuadernos de anotaciones escritos por el poeta Samuel Taylor Coleridge entre 1794 y 1834.

Uno de los mejores biógrafos de Samuel Taylor Coleridge, Richard Holmes, comenta que los cuadernos abarcan un amplio rango de intereses, entre ellos, viajes, lecturas, teorías filosóficas, fantasías, observaciones, miedos personales y, tal vez lo más interesante, sus horrorosas pesadillas y sus experiencias personales con el opio.

Los Cuadernos de Coleridge son, en resumen, la fuente subterránea de su obra literaria, un caldero ardiente de ideas en crudo. En cierta forma, pueden ser vistos como la suma de la autobiografía romántica donde los abismos del ser no son desplazados ni rechazados, sino aceptados como una parte integral del Yo.

Originalmente, Samuel Coleridge jamás pensó en publicar sus Cuadernos. Su naturaleza era privada, íntima, y revelaba lo que pocas personas se atrevían a confesar, siquiera ante sí mismos. No obstante, con el tiempo fue amasando la idea de que los Cuadernos podrían ser una especie de legado para sus lectores y, principalmente, para sus discípulos.

Muchos antes de su publicación, Samuel Coleridge incluso le permtió a algunos seguidores utilizar las ideas vertidas en los Cuadernos. Uno de ellos fue nada menos que el poeta Robert Southey, autor de Thalaba, el destructor (Thalaba the Destroyer), quien se valió de ellos para una exquisita pieza colaborativa titulada Omniana, publicada en 1812.

Fue el nieto de Samuel Coleridge, Ernest Hartley Coleridge, quien en 1895 publicó una pequeña porción de los Cuadernos en una antología titulada Anima Poetæ. Un año después, el erudito alemán Alois Brandl editó la primera entrega de los Cuadernos.

Sin embargo, la verdadera aparición de los Cuadernos de Coleridge procede del énfasis de Kathleen Coburn, quien pasó veintisiete años decodificando el material en crudo escrito por Samuel Coleridge. La tarea, por cierto, titánica, comenzó en 1930, y recién finalizó en 1957.




Samuel Taylor Coleridge. I Autores con historia.


El análisis y resumen de los Cuadernos de Coleridge (Coleridge's Notebooks) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Las puertas de Anubis»: Tim Powers; novela y análisis.


«Las puertas de Anubis»: Tim Powers; novela y análisis.




Las puertas de Anubis (The Anubis Gates) es una novela de ciencia ficción del escritor norteamericano Tim Powers [autor de: Ocúltame entre las tumbas (Hide Me Among the Graves) y La fuerza de su mirada (The Stress of Her Regard)], publicada en 1983.

La novela de Tim Powers nos presenta uno de los viajes en el tiempo más extraños de la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX [ver: Relatos de viajes en el tiempo]

Las puertas de Anubis comienza en 1801, justo cuando los británicos toman el control de Egipto tras la derrota de las fuerzas napoleónicas en la Batalla del Nilo, victoria que se decidió principalmente por las maniobras de Horacio Nelson. El primer acto de los británicos fue erradicar de plano los cultos a los viejos dioses egipcios, decisión que provocó la ira de hechiceros y sacerdotes, quienes pronto se organizaron para una contraofensiva.

El plan consiste en traer nuevamente al mundo a los dioses ancestrales, poderosos y ociosos, y liberarlos en la ciudad de Londres. Un año después de estos hechos, en 1802, un hechicero intenta invocar al mismísimo Anubis, pero durante la ceremonia sucede algo que no estaba previsto.

Las puertas de Anubis nos trae rápidamente al presente, donde un millonario excéntrico decide realizar una expedición al pasado. Efectivamente, aquella invocación fatídica permitió la apertura de ciertas puertas dimensionales, a través de las cuales el tiempo y el espacio se confunden [ver: Cómo fabricar un portal interdimensional]

Las puertas de Anubis agrupa personajes notables de la historia de la literatura, entre ellos, Samuel Taylor Coleridge y Lord Byron.




Novelas de ciencia ficción. I Novelas de terror.


El análisis y resumen de la novela de Tim Powers: Las puertas de Anubis (The Anubis Gates) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Eso que escuchamos antes de dormir.


Eso que escuchamos antes de dormir.




Hay una explicación para esas voces que escuchamos antes de dormir. En realidad, no son necesariamente voces; sino también de sonidos inarticulados, murmullos que se superponen unos a otros dando forma a un salmo más bien incomprensible.

Muchos autores, entre ellos, Samuel Coleridge, Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft, aprovecharon este pasaje de la vigilia al sueño para atender las demandas de esos susurros del inconsciente.

Científicamente se lo llama experiencia hipnogógica. La palabra proviene del griego hypnos, «sueño»; y agogos, «inducir». Y se la explica como una alucinación visual, táctil o auditiva que se produce inmediatamente antes de conciliar el sueño.

El raro universo de lo hipnogógico define ese momento de tránsito entre la vigilia y el sueño; donde ocurren algunos acontecimientos formidables. La mayoría de las personas, consciente o inadvertidamente, oye una suerte de repetición de aquello que han escuchado durante el día, o que hubiesen deseado escuchar.

Las voces se superponen, se entremezclan, se vuelven canciones o difusas letanías. Pero también suceden otros eventos igualmente extraños. Algunas personas ven pantallazos inspirados en hechos diurnos o bien completamente imaginarios. Otros incluso se ven impulsados a realizar repentimos movimientos musculares, por ejemplo, una patada bajo las sábanas o un manotazo al aire para quitarse de encima una presencia. En cierta forma podemos imaginar la experiencia hipnogógica como la hibernación del sistema operativo de la conciencia diurna.

Algo parecido sucede momentos antes de despertar. A estas experiencias se las llama alucinaciones hipnopómpicas, es decir, aquellas que se producen durante el pasaje del sueño hacia la vigilia. Dicho esto conviene mencionar un extraordinario caso de creación poética realizado durante una experiencia hipnogógica.

En 1797, Samuel Taylor Coleridge pasó una tarde atroz. Aquejado por dolores físicos y emocionales hizo lo que hacía siempre en esas circunstancias: armó su pipa de opio, tomó un libro y leyó hasta quedarse dormido. El libro en cuestión era una gruesa biografía del Gran Khan del Imperio mongol Kublai Khan. Coleridge, que ya había traducido sus vagabundeos oníricos en el poema: Los dolores del sueño (The Pains of Sleep), se durmió relajadamente con el libro sobre el pecho. El opio había surtido efecto. Las horas pasaron y la noche se fue deshaciendo en una mañana y un mediodía cálidos. En ese instante despertó sin haber despertado realmente.

En ese estado entre el sueño y la vigilia, donde la mayoría de nosotros se debate en los primeros esfuerzos de la conciencia por hacerse cargo de la maquinaria psíquica, Coleridge hizo algo más que imaginar vagamente un poema: lo compuso. Cuando finalmente despertó, se arrojó sobre su escritorio y empezó a escribir frenéticamente. Tal como lo describiría más adelante, no sintió que estuviese componiendo un poema, sino pasándolo sin escalas de su mente al papel.

Escribió 50 y tantos versos hasta que un conocido golpeó la puerta de su casa. Con la fiebre de la poesía ardiendo en su cabeza, Samuel Coleridge lo atendió durante una hora. Cuando finalmente logró desembarazarse de aquel invitado indeseable corrió hacia su habitación y tomó la pluma temblorosa... pero en enlace se había roto.

Del poema Kubla Khan quedan cincuenta versos extraordinarios. Pero Coleridge no volvió a ser el mismo. Nunca recordó el resto de la obra, salvo fragmentos inciertos, aunque sabía que el poema completo que había soñado rondaba los 300 versos.

Hasta aquí la cuestión se resume a una anécdota asombrosa y no mucho más. Pero la historia aún nos reserva un último enigma.

Veinte años después se descubrió en Francia un manuscrito inédito del siglo XIV, que cuenta la historia de Rashid al-Din. Allí se comenta que el verdadero Khan construyó su palacio a partir de un diseño realizado en un sueño. Es imposible que Coleridge haya conocido aquel manuscrito, y menos aún aquella anécdota del palacio soñado. Sin embargo, tal como lo comenta Jorge Luis Borges en su artículo: El sueño de Coleridge, algunas simetrías sugieren que los sueños a menudo se enlazan con otros, incluso con algunos que fueron soñados varios siglos antes de que el viajero onírico se jacte de su originalidad.

Esta simetría podría resumirse de la siguiente forma: Kublai Khan, el emperador mongol del siglo XIII, soñó con un palacio y lo construyó siguiendo el trazado de aquel diseño onírico. Siglos después, un poeta inglés que no conocía esa historia soñó un poema sobre un palacio que también fue soñado.

Borges y Carl Jung nos invitan a una última reflexión. Los sueños no siempre son creaciones individuales. De hecho, algunos palacios existen más allá de la realidad y del sueño; habitan en ambos planos, a veces simultáneamente. Podemos pensar que el palacio de Kublai Khan ya existía antes de que el emperador mongol lo soñara, y que continuará existiendo cuando el último lector de Coleridge advierta esa simetría. Peor es creer que también nosotros correspondemos al diseño de un dios que se debate entre sueño y la vigilia.




El lado oscuro de la psicología. I Libros prohibidos.


El artículo: Eso que escuchamos antes de dormir fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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