Porqué romper un espejo trae 7 años de mala suerte.
Según la
leyenda popular, quien
rompa un espejo tendrá siete años de mala suerte, una cifra para nada despreciable.
Ahora bien, ¿de dónde proviene este mito? ¿Por qué la maldición se ajusta a esos
siete años de mala suerte? A continuación intentaremos responder estos interrogantes.
Es lógico pensar que un objeto solo puede estar maldito mientras ese objeto exista. Es decir, que la
maldición de los siete años de mala suerte como consecuencia de un
espejo roto debe provenir de una época en la que los espejos ya existían. Sin embargo, no todo es tan sencillo cuando hablamos de leyendas.
El
origen de los espejos rotos como punto de partida para la
maldición de los siete años de mala suerte proviene de la Antigua Roma; de hecho, los primeros en crear algo parecido a un espejo de cristal. Un avance técnico semejante —recordemos que hasta entonces se utilizaban superficies pulidas de bronce como espejos— no necesariamente opera como punto de quiebre con las viejas
supersticiones. Los romanos, así como los griegos y los chinos, creían que el reflejo de las cosas podía confiscar el alma del original.
Algo de esto puede apreciarse en el
mito de Narciso y la ninfa Eco; el primero condenado a no alcanzar nunca su propio reflejo.
Los romanos fueron todavía más lejos. El
espejo no solo refleja el alma, sino que ésta puede quedar encerrada si el vehículo que la conjura, en este caso, un espejo, se rompe súbitamente.
En algunos casos, los
espejos no solo capturan el alma del original, sino que la distorsionan hasta volverla irreconocible. Un caso paradigmático ocurre en el poema de
Mary Elizabeth Coleridge:
El otro lado del espejo (The Other Side of the Mirror), donde una mujer anciana se sorprende desagradablemente al ver su reflejo demacrado, ya que en su interior aún se siente joven.
Un caso particularmente inquietante de
espejos rotos y maldiciones se produjo en 1725, fecha de nacimiento de Maria Sophia Margaretha Catherina von Erthal, quien, ya en la adolescencia, descubrió que su espejo no solo le devolvía una imagen más bella y perfecta que el original, sino que éste era capaz de hablar con cierta autonomía.
Este espejo, cuyos fragmentos aún pueden verse en el Spessart Museum, hablaba por medio de aforismos, alcanzando una gran reputación a causa de su sentido crítico. Lamentablemente, María Sophia rompió accidentalmente una esquina del espejo, desencadenando
siete años de pésima fortuna.
Vale aclarar que Maria Sophia fue, de hecho, el personaje real que inspiró el cuento
Blancanieves (Snow White), y su
espejo roto terminó siendo la fuente de aquel otro espejo parlante del cuento, cuya función, al parecer, era repetir incesamente las virtudes, imaginarias u objetivas, de su poseedora [ver:
Lo que Disney nunca te contó sobre Blancanieves]
Pero los espejos rara vez reflajan una sola cosa. Detrás del alma que ha sido reflejada existe todo un universo alternativo, una realidad en donde los diestros son hábilmente zurdos y donde los libros, como sostiene
Borges, se leen al revés.
Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.
Otro rasgo destacable de los espejos como
portales dimensionales ocurre en el poema de
Alfred Tennyson:
La dama de Shalott (The Lady of Shalott), donde la protagonista posee un espejo capaz de mirar la aldea de Camelot cuando ella misma sufre una maldición que se lo impide tajantemente. Siguiendo el razonamiento de Borges, la Camelot del espejo es otra Camelot, con rostros idénticos y arquitecturas inversas, habitada por el alma que captaban los espejos de la aldea.
Cuando un espejo se rompe, afirma la leyenda, también se rompe la conexión entre el original y el alma. En cierta forma, el alma queda atrapada en esa realidad inversa. De esta forma, el sujeto queda privado de su alma, de su esencia, dejándolo a merced de toda clase de calamidades. Tal vez por eso los
vampiros no se reflejan en los espejos, justamente por carecer de un alma que pueda reflejarse.
Algunos sostienen que esta dinámica entre el alma y los espejos es la que sostiene la novela de
Oscar Wilde:
El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray). A simple vista podemos creer que no se trata de un espejo en absoluto, sino de un retrato, pero el alma de Dorian Gray queda atrapada en él, una especie de espejo rígido, estático, un sarcófago espiritual que refleja oscuramente los tintes de su alma corrupta.
Ahora bien, si un
espejo se rompe dejando al alma fuera de nuestro alcance, ¿por qué la
maldición solo se extiende durante siete años? ¿Qué ocurre tras este período?
Sobre este punto polémico existen dos explicaciones. Los romanos consideraban que
el alma se renueva cada siete años, de modo que solo basta soportar este período de insospechadas calamidades para volver a la normalidad. Otros calculan que ese es el tiempo que le toma al
alma abrirse paso desde su prisión de
cristales rotos y así volver a su sitio.
En la antigüedad existían varios ritos para contrarrestar la
maldición de los siete años de mala suerte. El alma rota en los cristales debía ser pulverizada. Si no hay reflejo, siquiera parcial, el problema se resolvía fácilmente. Los fragmentos del espejo roto debían ser reducidos a polvo. En la Edad Media, en cambio, se sepultaban los pedazos del espejo roto junto a las raíces de un árbol.
Algunos hombres y mujeres que han tenido la mala fortuna de
romper un espejo sostienen que un instante antes de la catástrofe, sus reflejos los observaron independientemente de sus movimientos, como si de alguna forma se resistieran a repetir el gesto que propiciaría la rotura del espejo.
Los espejos son testigos mudos de nuestro mundo. Lo ven todo, lo atestiguan todo, y en silencio nos hacen pensar que estamos solos, tal vez aguardando el instante fatal en el que nos reemplacen; acaso sin que lleguemos a advertirlo.
Leyendas urbanas. I
Mitos y leyendas oscuras.
El artículo:
Porqué romper un espejo trae siete años de mala suerte fue realizado por
El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com