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"Christabel": Samuel Taylor Coleridge; poema y análisis

Christabel (Christabel) es un poema de vampiros del escritor inglés Samuel Taylor Coleridge (1772-1834). 

Fue dividido en dos partes: la primera, concebida en 1797, y la segunda, de 1800, aunque ninguna fue publicada hasta 1816; donde apareció junto a otros dos poemas paradigmáticos de Samuel Taylor Coleridge: Kubla Khan (Kubla Khan) y Los dolores del sueño (The Pains of Sleep).

Christabel es uno de los poemas más conocidos de Samuel Taylor Coleridge, aunque de hecho se trata de un poema inconcluso. Su fama, quizás, se deba al elegante abordaje que el autor practica sobre el tema del vampirismo.

Efectivamente, Christabel versifica la sutil aparición de una vampiresa, visiblemente alejada de algunas convenciones del género y muy cerca de otras que llegarían a convertirse en lugares comunes de la literatura vampírica.

De una forma mucho más intensa que en Carmilla (Carmilla), relato de vampiros de Sheridan Le Fanu donde el amor entre mujeres es más bien simbólico, casi testimonial; Christabel retrata el lesbianismo de una manera apasionada a través de la relación entre Christabel y Geraldine, vínculo que entraña los cimientos del vampirismo psíquico.

Christabel también esboza algunos conflictos psicológicos que llegarían a desvelar a Sigmund Freud, por ejemplo, los celos de una hija que inconscientemente desea sustituir a su madre muerta.

Repasemos brevemente el argumento de Christabel.

Christabel es una joven huérfana que vive en un castillo junto a su padre, sir Leoline, que añora melancólicamente a su esposa muerta. 

Cierta noche, Christabel se dirige al bosque a rezar, tal vez para aliviar su culpa, cuando se encuentra con Geraldine, una mujer hermosa y enigmática que asegura haber sido deshonrada de forma violenta por soldados.

Christabel, que se siente atraída por la desconocida, la lleva a pasar la noche en su cuarto. Allí, en la intimidad del lecho, Christabel sueña que su compañera la vampiriza del modo más erótico.


Para profundizar el conflicto Samuel Taylor Coleridge ejecuta una maniobra arriesgada: el viejo sir Leoline, recordemos, padre de Christabel, se enamora de la hermosa Geraldine, en quien cree reconocer a la hija de un viejo camarada. 

Atormentada por los celos y profundamente perturbada por la nueva relación de su padre con esta extraña mujer que la obsesiona, Christabel le ruega a sir Leoline que expulse a la intrusa del castillo, pero fracasa, ganándose además el desprecio de su padre.

Una noche la joven sale del castillo
y entra al bosque cercano,
indiferente del clima,
y un quejido la distrae de su rezo por el amado distante:
una bella mujer refugiada al pie de un roble se lamenta...


Es Geraldine, quien rápidamente le narra a Christabel cómo ha sido forzada por cinco soldados.

Christabel se conmueve por la historia e invita a Geraldine a pasar la noche en su habitación.

Ay, ¿qué te ofusca, pobre Geraldine?
¿Qué observas con turbada vista?
¿Puede ella espiar a los intangibles muertos?
Y ¿por qué con voz profunda grita?:
"¡Fuera mujer, fuera. Ésta ahora es mía,
Aunque tú su espíritu guardián seas:
fuera, mujer, fuera, se me ha dado a mí!"


Aquí ya se perfila la naturaleza sobrenatural de Geraldine.

Incontables espíritus impuros la protegen. Con vos seductora, le ordena a Christabel que se desvista:

Y como ordenó la dama, hizo.
Sus extremidades suaves desvistió,
y se recostó en su belleza.
Bajo la lámpara, la dama se inclinó
y lentamente sus ojos miran en torno;
Entonces aspira sonoramente
como alguien que se estremece, desata
el cinturón bajo su pecho:
su vestido de seda y la ropa interior
cayeron a sus pies y, pleno a la vista,
mirad, su pecho y su costado:
¡Una visión para soñar, no para describir!
¡Oh, protéjanla! ¡Protéjete dulce Christabel!
Geraldine todavía ni habla ni se mueve.
¡Ah! qué impresionante mirada la suya:
desde su profundidad, a medias mira
para quitarle algo de peso con enfermo intento;
y contempla a la doncella y busca tiempo.
Intempestiva entonces, como desafiada,
se repone altiva y orgullosa
y se recuesta al lado de la Doncella.
Y en sus brazos tomó a la joven.
¡Ah, vaya día!

Y en voz baja y con preocupación en su mirada
dijo estas palabras:
Al tocar este pecho trabaja un conjuro
que señorea en tus palabras, Christabel.
Conociste hoy y has de conocer mañana
esta marca de mi vergüenza, este sello de mi tristeza;
Mas vanamente más garantizas,
porque sólo podrás declarar
que en el bosque en penumbra
escuchaste una delicada queja,
y encontraste una luminosa dama, de inusual belleza;
y la llevaste contigo a casa, con amor y caridad,
para protegerla y resguardarla del húmedo aire.


Christabel es obligada a pronunciar un juramento de silencio. 

Lo que sucede en la oscuridad de su habitación jamás podrá ser confesado. La culpa y una turbación creciente atormentan su espíritu. Christabel adivina algo horrible en los ojos verdes de Geraldine, algo sobrenatural, infernal, que poco a poco se transforma en un deseo insondable. 

Presionada por su padre, Christabel rompe su juramento y confiesa lo que cree que fue un extraño sueño.

Cuando percibí una brillante serpiente verde
enredada alrededor del cuello y las alas.
Verde como las hierbas en las que yacía,
próxima a la paloma cuya cabeza doblaba.
y con la paloma sus giros y forcejeos,
hinchaba su cuello tanto como ella.
Desperté. Era la hora de la medianoche
el reloj resonaba en la torre...


Christabel finaliza aquí, abruptamente. 

Los borradores de Samuel Coleridge sugieren que el poema constaría de cuatro partes que nunca se terminaron. El poeta abandonó su obra a mediados de 1801 y nunca más volvió a retomarla, ni siquiera bajo el estímulo de sus amigos más cercanos, que alabaron el proyecto.

Christabel tuvo una influencia directa en el poema de vampiros de E.A. Poe: La durmiente (The Sleeper), donde se intuye una posible conclusión.

Según el estudioso James Gillman, Samuel Coleridge escribió un borrador del final de Christabel antes de empezar el poema propiamente dicho. 

Este es el resumen de aquel borrador:

Más allá de las montañas el heraldo de sir Leoline se dirige al castillo donde supuestamente vive Geraldine, pero debido a una inundación no encuentra nada en el lugar. El castillo parece haber desaparecido. El heraldo decide volver, pero mientras tanto Geraldine se dedica a provocar celos en sir Leoline y a sembrar la discordia.

Cuando regresa el heraldo Geraldine desaparece, pero regresa asumiendo la apariencia de un caballero ausente, amante de Christabel, y comienza a cortejarla, pero Christabel se siente molesta ante los cambios que intuye en su antiguo amante.

Sir Leoline se disgusta porque su hija es reticente a casarse con el caballero, pero finalmente ella termina obedeciendo ante la presión de su padre y decide presentarse en el altar con su ahora odiado pretendiente. Sin embargo, el verdadero amante de Christabel regresa en ese momento y le ofrece el anillo que ella le había dado en señal de afecto. Así derrotada, Geraldine desaparece enfurecida y el matrimonio correcto tiene lugar, así como la reconciliación entre padre e hija...







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El análisis, resumen y traducción al español del poema de Samuel Taylor Coleridge: Christabel (Christabel) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com