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10 grandes escritoras internadas en manicomios


10 grandes escritoras internadas en manicomios.




Enfermedades mentales, depresión, desórdenes alimenticios, intentos de suicidio, son por lejos los motivos más recurrentes para ser internado en un manicomio... al menos para las grandes autoras que ocupan esta lista.

La locura y el arte están unidos desde tiempos inmemoriales; frontera exigua que puede llegar a confundir los territorios que delimita. En su justo equilibrio, esa combinación ha gestado un sinnúmero de obras transgresoras, rupturistas, que iniciaron o derribaron procesos literarios enteros.

¿Pero qué ocurre cuando uno de estos dos ingredientes absorbe al otro? Más precisamente: ¿qué ocurre cuando la locura se apodera del artista?

La respuesta a esta pregunta es incierta en términos generales pero quizá más accesible si analizamos algunos ejemplos puntuales de autores considerados locos, con o sin razón aparente.

A continuación repasaremos 10 casos de grandes autoras internadas en manicomios que evidencian el aterrador resultado de aquel vínculo primario entre el arte y la locura.





10- Janet Frame (1924-2004)


Poeta, ensayista, novelista, autora de excelentes relatos, Janet Frame es considerada como una de las mejores escritoras neozelandesas. Su infancia fue traumática. Siendo todavía una niña presenció como dos de sus hermanas murieron ahogadas. En 1945, tras un torpe intento de suicidio, se le diagnosticó esquizofrenia y fue internada en un manicomio, donde fue sometida a los más horrorosos procedimientos.

Lo peor, sin embargo, no fue ese diagnóstico equivocado (luego se demostraría que Janet Frame no padecía esquizofrenia) sino el tratamiento que por entonces se utilizaba para tratar este tipo de desórdenes: electroshock.

Durante su estancia en el hospital mental, Janet Frame escribió su primer volumen de cuentos, que fue terminado casi al mismo tiempo en el que sus médicos programaran una lobotomía. Afortunadamente, unos días antes de que se realice la intervención, Janet Frame ganó inesperadamente un concurso literario y, tiempo después, fue dada de alta.

Su novela de 1961: Rostros en el agua (Faces in the Water), rápidamente se convirtió en un best-seller en su tierra natal, así como casi todas las obras que le sucederían



9- Alejandra Pizarnik (1936-1972)


La notable poetisa argentina Alejandra Pizarnik vivió una infancia llena de complejos. Tartamudeaba, tenía severos brotes de acné y una acusada tendencia a subir de peso, cuestiones que poco a poco fueron minando seriamente su autoestima.

A la deformada autopercepción de su propio cuerpo, según Alejandra Pizarnik, grotesco, se suman las constantes comparaciones con su hermana, lo cual fue cultivando en ella una personalidad singularmente obsesiva.

Para paliar sus prolongados episodios de depresión, Alejandra Pizarnik comenzó a ingerir anfetaminas en dosis prácticamente industriales, que con el tiempo se convirtieron en una verdadera adicción que le produciría severos trastornos del sueño y pasajes de euforia seguidos de una tremenda desazón.

No en vano la obra poética de Alejandra Pizarnik gira en torno a temas como la soledad, el dolor, la niñez, y principalmente la muerte.

A los 36 años de edad, en la noche del 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik se quitó la vida ingiriendo cincuenta pastillas de seconal, un barbitúrico que había sustraído una semana antes al salir con permiso del hospital psiquiátrico en el que se hallaba internada debido a un cuadro depresivo agudo.



8- Valerie Valere (1961-1982)


La escritora francesa Valerie Valere fue internada en un manicomio cuando tenía apenas trece años de edad. ¿Diagnóstico? Anorexia.

Posteriormente escribiría El pabellón de los niños locos (Le Pavillon des infants fous)—a veces traducido como Diario de una anoréxica—, novela que retrata de manera cruda este traumático período de su vida.

Valerie Valere llegaría a escribir algunas obras más antes de morir prematuramente a los veintiún años de edad. La causa de su muerte continúa siendo un misterio, aunque muchos sospechan que se debió a causa de una sobredosis.



7- Unica Zürn (1916-1970)


Unica Zürn fue una pintora y poeta alemana. Poco después del final de la Segunda Guerra Mundial empezó su carrera como guionista para pequeñas obras de radioteatro, además de vender sus relatos y novelas por entregas a periódicos suizos.

En 1953 se convirtió en compañera de Hans Bellmer, pintor y escultor obsesionado con el fetichismo. Fue internada varias veces debido a sus brotes esquizofrénicos, uno de ellos producto de la portada de la revista literaria Surréalisme même, donde posó encadenada por su pareja.

Sus problemas psiquiátricos se agudizaron con los años, hasta que en 1970 se suicidó arrojándose al vacío desde sus habitaciones en París.

Sus dos mejores novelas: El hombre jazmín (Der Mann in Jasmin) y Primavera sombría (Dunkler Frühling), fueron publicadas póstumamente y retratan su frecuentes estadías en hospitales psiquiátricos.



6- Susanna Kaysen (1948- )


La escritora norteamericana Susanna Kaysen fue internada en un hospital psiquiátrico en 1967 para tratar un prolongado estado de depresión.

Pasó dieciocho meses recluida en el Hospital McLean para someterse a las variadas propuestas de sus psicoterapeutas, aunque luego se le diagnosticó trastorno límite de la personalidad, o borderline personality disorder, de abordaje más bien exploratorio por aquellos años.

Aquella estancia le permitió escribir su obra cumbra: Inocencia interrumpida (Girl, Interrupted), que en 1999 sería adaptada al cine con Winona Ryder en el rol de Susanna Kaysen.



5- Anne Sexton (1928-1974)


Anne Sexton, ganadora del Premio Pulitzer, se destacó especialmente por su estilo confesional, algo que quizá se relaciona directamente con sus problemas psiquiátricos.

En 1954 se le diagnosticó depresión postparto, que derivó en el primero de muchos colapsos nerviosos. Fue recluida en un manicomio y luego dada de alta, pero la crisis se repitió, esta vez con un intento de suicidio tras el nacimiento de su segunda hija, razón por la cual fue hospitalizada nuevamente.

Su médico, el doctor Martin Orne, el mismo que le diagnosticó un desorden bipolar y tendencias suicidas, fue quien la alentó a escribir como forma de terapia.

Anne Sexton publicó algunos libros infantiles con cierto éxito, hasta que descubrió su verdadera pasión, que afortunadamente coincidía con su talento: la poesía.

Su obra poética, profundamente visceral, se centra en la experiencia de ser mujer en un mundo represivo y machista. Si bien fue duramente criticada por abordar temas controversiales como el aborto, las drogas y el sexo, llegaría a ganar el Premio Pulitzer y a convertirse en un referente por los derechos de la mujer.

El 4 de octubre de 1974, Anne Sexton revisó la versión final del manuscrito: El horrible remar hacia Dios (The Awful Rowing Toward God), luego se puso el abrigo de piel de su madre, se quitó los anillos, bebió un vaso de vodka, se encerró en el garaje y encendió el motor de su vehículo, suicidándose por intoxicación por monóxido de carbono.



4- Zelda Fitzgerald (1900-1948)


Esposa del escritor F. Scott Fitzgerald, fue una novelista destacada y poco reconocida en su tiempo, además de una musa constante para su marido.

Zelda Fitzgerald se sentía miserable, perdida, aislada, patológicamente aburrida, lo cual la condujo a un ostracismo creativo total. La incipiente fama de su esposo y su tendencia al alcoholismo coinciden con sus primeros brotes psiquiátricos durante los años ´20.

Pronto se obsesionó con el ballet, al punto de llegar a practicar diez horas por día. En 1930 fue internada en un sanatorio de Francia, donde Eugen Bleuler, uno de los psiquiatras más prestigiosos de Europa, le diagnosticó esquizofrenia.

Luego de pasar algunos meses recluida en distintos manicomios de Suiza y Francia, donde su cuerpo las consecuencias del electroshock, Zelda Fitzgerald fue dada de alta. Su salud mental fue deteriorándose progresivamente; sin embargo, con una última chispa de creatividad llegaría a escribir una obra notable: Resérvame el vals (Save Me the Waltz).

En 1948, Zelda Fitzgerald falleció durante un incendio que consumió por completo el manicomio donde se encontraba internada.



3- Sylvia Plath (1932-1963)


Durante su primer año en la universidad, Sylvia Plath intentó suicidarse por primera vez y fue recluida en una institución psiquiátrica, experiencia que quedó registrada en la novela: La campana de cristal (The Bell Jar).

Después de un tiempo fue dada de alta y pareció recuperarse aceptablemente, a tal punto que se graduó con honores en 1955. Gracias a una beca se trasladó a Inglaterra, donde contrajo matrimonio con el poeta Ted Hughes; sin embargo, su salud mental se desgastaba rápidamente.

Son muchos los biógrafos que consideran que su constante depresión y sus repetidos intentos de suicidio fueron consecuencia de la muerte de su padre, la cual se produjo cuando Sylvia Plath tenía solo nueve años, tragedia que nunca logró superar. No obstante, lo más probable es que padeciera de trastorno bipolar severo, algo que actualmente se trata exitosamente con medicación.

Ya separada, Sylvia Plath sufrió en 1963 un brote particularmente profundo y se suicidó asfixiándose con gas.



2- Charlotte Mew (1869-1928)


El padre de Charlotte Mew padecía una rara enfermedad mental degenerativa, por aquel entonces sin diagnóstico, que lo llevaba a cultivar un comportamiento extravagante y a menudo escandaloso. De hecho, todos los varones de la familia Mew sufrieron del mismo e inexplicable desorden.

Los dos hermanos mayores de Charlotte Mew fueron recluidos en un manicomio y jamás salieron en libertad. Pero el horror no termina allí: sus tres hermanos menores fallecieron misteriosamente antes de cumplir los cinco años de edad.

Las únicas sobrevivientes de la familia fueron Charlotte Mew y su hermana, Anne. Entre ellas formalizaron un pacto por el cual se comprometieron a no casarse jamás por temor a trasmitirle la locura (o la maldición) a sus hijos. Esta elección radical acaso fue más sencilla para Charlotte Mew, según sus biógrafos, «cástamente lesbiana».

En 1894, Charlotte Mew publicó El libro amarillo (The Yellow Book) y una colección de poemas titulada: La novia del granjero (The Farmer's Bride), alabada por autores de renombre como Thomas Hardy, Virginia Woolf y Walter de la Mare.

Indicios de la locura hereditaria de Charlotte Mew se observan en poemas como El cenotafio (The Cenotaph), metáfora de un útero vacío, yermo, estéril, condenado a la improductividad por temor a que la demencia se desplace a una nueva generación; o En el camino del manicomio (On The Asylum Road), de carácter casi profético.

En 1927, Anne Mew comenzó a manifestar los mismos síntomas psiquiátricos que Charlotte ya había visto en su padre y sus hermanos. Esto la sumió en una honda depresión de la que ya no volvería a salir.

Cuando empezó a sentir en sí misma los los primeros pensamientos erráticos Charlotte Mew se recluyó voluntariamente en un manicomio. A los pocos días se suicidó bebiendo una dosis letal de desinfectante.



1- Charlotte Perkins Gilman (1860-1935)


Socióloga, feminista, intelectual, Charlotte Perkins Gilman se destacó en una época de cambios para la mujer, algunos expresados a lo largo de su vasta e impresionante obra y otros a través de su deterioro psíquico.

En El tapiz amarillo (The Yellow Wallpaper) realizó una síntesis magistral del tránsito de una mujer hacia la locura a través de la depresión postparto.

Charlotte Perkins Gilman sufrió una honda depresión postparto en los meses que siguieron al nacimiento de Katharine. Con 26 años de edad buscó la asistencia profesional del primer «neurólogo calificado» de los Estados Unidos, el doctor S.W. Mitchell, quien le diagnosticó «agotamiento nervioso» y le prescribió una «cura de descanso» en una institución psiquiátrica. Ya dada de alta se la obligó a abandonar sus funciones pensadora para convertirla en una reclusa de su hogar.

A pesar de que Charlotte Perkins Gilman siguió al pie de la letra el tratamiento, su depresión se profundizó de un modo alarmante, poniéndola al borde del colapso emocional. Durante este período caótico compuso el primer borrador de El tapiz amarillo. El relato expone lo más crudo de una obsesión y la respuesta brutal que la sociedad ejerce sobre las mujeres cuando éstas se atreven a contradecir los mandatos que pesan sobre ellas.

El tapiz amarillo relata la historia de una mujer en plena depresión postparto, recluida en una casona durante dos meses, en los cuales se obsesiona con el empapelado amarillo de su habitación. El horror está presente, pero de un modo sutil, que denuncia la condición de sometimiento de la mujer y su absoluta falta de autonomía intelectual, emocional y física. La protagonista debe obedecer, a su esposo y a su médico, aunque el tratamiento contradiga lo que ella realmente necesita: libertad para moverse, para escribir, para pensar.

Charlotte Perkins Gilman se divorció de su marido en 1888, algo inaudito para la época, y su depresión comenzó a ceder casi de inmediato. El tapiz amarillo apareció en 1890, además de incontables novelas, ensayos y poemas que la posicionaron como un baluarte por los derechos de la mujer.

Semejante fruición intelectual no impidió que Charlotte Perkins Gilman recordase a su viejo médico y aquel anacrónico tratamiento para las mujeres demasiado oficiosas a la hora de pensar, y le envió una copia autografiada de El tapiz amarillo.

En enero de 1932, Charlotte Perkins Gilman fue diagnosticada con cáncer de mama. Para rubricar con sangre su defensa pública de la eutanasia, se suicidó el 17 de agosto de 1935 con una sobredosis de cloroformo.




Autores con historia. I Feminología: la mujer en la literatura.


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El artículo: 10 grandes autoras internadas en manicomios fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

amnael aashta dijo...

¿Por qué mueren los escritores? Nunca lo sabremos...

Morgana LeFey dijo...

El alma del poeta es muy especial. si además es mujer, es todavía más frágil. Pienso en Pizarnik y Plath, poetisas a las que amo con intensidad. La potencia de las sensaciones nos hace a veces demasiado vulnerables al mundo. Precioso y detallista aertículo, compañero.

daira almarza dijo...

Por que son humanos seria la respuesta.
Aunque poniendonos poéticos la respuesta es que nunca mueren, dejan un trozo de su alma en sus libros, es lo que me gusta pensar, ellos son en cierta manera inmortales.