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La depresión post-parto y el relato de terror


La depresión post-parto y el relato de terror.


Socióloga, feminista implacable, intelectual aguda y granítica, ninguna de estas facetas asistió a Charlotte Perkins Gilman durante el período más complejo y peligroso de su vida. Fue la literatura y su intuición sobre los matices más escandalosos del relato de terror quien la salvaría del desastre.

A modo de ejemplo, tomemos cualquier cuento de terror, no importa el período en el que haya sido escrito, y expongamos fríamente el nudo de su trama, es decir, el disparador por el cual el horror se hace presente en la historia.

El resultado de esta disección es casi tan amplio como cuentos de terror hayamos seleccionado, de modo que veríamos pasar innumerables fantasmas, aparecidos, vampiros, asesinos, demonios, brujas, homicidios casuales o intencionales, eventos sobrenaturales o paranormales, etc. Ahora bien, si contrastamos el tópico esencial de Charlotte Perkins Gilman con cualquier historia de terror veremos que el verdadero horror nació con ella, y no en los subterráneos salones de alguna catacumba victoriana.

De eso se trata El tapiz amarillo (The Yellow Wallpaper), relato que expone las pulsiones homicidas de una mujer durante la depresión post-parto.


Charlotte Perkins
nació en Hartford, Connecticut. Su padre abandonó a la familia siendo ella una niña, y su madre, incapaz de amarla, le prohibió, entre otras cosas, forjar amistades y leer ficción. En 1884 Charlotte se casó con el artista Charles Walter Stetson, y un año después nacería su hija, Katharine Beecher Stetson, a quien le debemos la creación de uno de los mejores relatos de terror jamás escritos.

Charlotte Perkins Gilman sufrió una honda depresión post-parto en los meses que siguieron al nacimiento de Katharine. Con 26 años de edad, buscó la asistencia profesional del primer "neurólogo calificado" de Estados Unidos, el doctor S.W. Mitchell, quien le diagnosticó un agotamiento nervioso y le prescribió una "cura de descanso", que no era otra cosa que obligarla a abandonar sus funciones como escritora y pensadora del feminismo para convertirla en una reclusa hogareña al cuidado de su hija recién nacida.

Charlotte intentó seguir el tratamiento de Mitchell durante unos meses, pero su depresión se profundizó de un modo alarmante, poniéndola al borde del colapso emocional. Durante este período caótico compuso el primer borrador de El tapiz amarillo, que sería terminado algunos años después. El relato expone lo más crudo de una obsesión y la respuesta brutal que la sociedad ejerce sobre las mujeres cuando éstas osan contradecir los mandatos paradigmáticos que pesan sobre ellas.

El tapiz amarillo detalla la historia de una mujer en plena depresión post-parto, recluida en una casona durante dos meses, en los cuales aprende a aborrecer el mismo repugnante empapelado amarillo que cubre los muros. El horror está presente, pero de un modo inédito, sutil, que denuncia crudamente el rol de la mujer en la sociedad y su falta de autonomía intelectual, emocional y física. La protagonista debe hacer lo que otros le exigen, ya sea su esposo o su doctor, aunque el tratamiento contradiga lo que ella realmente necesita: libertad para moverse, para escribir, y, sobre todo, para pensar.


Charlotte Perkins Gilman se divorció de su marido en 1888, algo inaudito para la época, y su depresión comenzó a ceder casi de inmediato. El tapiz amarillo apareció en 1890, además de incontables novelas, ensayos y poemas que la posicionaron como un baluarte por los derechos de la mujer. Desde que retomó su libertad, Charlotte comandó activamente numerosas asociaciones por la igualdad de género, como la Pacific Coast Woman's Press Association, Woman's Alliance, Economic Club, Ebell Society, Parents Association y el State Council of Women.

Semejante fruición intelectual no impidió que Charlotte Perkins Gilman recordase a su viejo médico y su celebérrimo tratamiento para las mujeres demasiado oficiosas a la hora de pensar, y le envió una copia autografiada de El tapiz amarillo.

En enero de 1932, Charlotte fue diagnosticada de cáncer de mama. Para rubricar con sangre su defensa de la eutanasia para los enfermos terminales, se suicidó el 17 de agosto de 1935 con una eficaz sobredosis de cloroformo.

Lord Aelfwine.





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1 comentarios:

Juan Manuel dijo...

Extraordinaria personalidad, o al menos así lo transmites. Apasionante articulo, también. Es una suerte tenerte ahí trabajando día a día para que nos llega toda esa información. Gracias amigo. Un abrazo.