El Feminismo en el «Slasher»: Simone de Beauvoir vs. Jason Voorhees


El Feminismo en el «Slasher»: Simone de Beauvoir vs. Jason Voorhees.




Una mirada feminista sobre el Slasher probablemente daría como resultado una crítica, sin dudas, perfectamente razonable, acerca del rol de la mujer en la sociedad patriarcal y cómo esta es cosificada y finalmente victimizada en aras de un perfil argumental que, invariablemente, se repite en todas las películas clásicas del género.

No obstante, hay mucho más detrás de aquella chica capaz de pegar alaridos prodigiosos mientras huye del asesino en ropa interior.

De hecho, la Protagonista que vence al malo de la película —Norman Bates, Michael Myers, Jason Voorhees, Leatherface, Freddy Krugger, el Xenomorfo— es en realidad una de las mejores caracterizaciones del Feminismo en el cine; a tal punto que la mismísima Simone de Beauvoir probablemente podría identificarse con ella sin riesgo de cometer una imprudencia.

En principio, resulta difícil interpretar que aquella protagonista desvalida, de manual, digamos, cuyas ropas se vuelven jirones a medida que el horror avanza sobre ella bajo la forma de un macho enmascarado, anónimo —acaso todos los hombres en general—, pueda representar al Feminismo en su expresión más combativa, pero lo cierto es que esa chica no es igual a las demás. Posee atributos únicos que la diferencian del resto. Y esa singularidad le permite triunfar sobre el Villano.

En el Slasher podemos identificar rápidamente cuál de las mujeres que aparecen en la película será la que triunfe sobre el Asesino: es la que dispone de atributos tradicionalmente relacionados a lo masculino, como el coraje y el ingenio; en contraste con la pasividad pasmosa del resto de las mujeres de la película.

La Protagonista también puede mostrar intereses más vinculados a lo masculino que a lo femenino; y esto se demuestra en la toma de cierta distancia con respecto a la vanidad y la banalidad. En otras palabras, la Protagonista del Slasher es atractiva pero no utiliza este recurso para seducir a nadie. De hecho, la chica que sobrevive en general es aquella que no se acuesta con nadie antes de que se desate el raíd homicida del Asesino; y no precisamente por falta de opciones, sino por una especie de objeción de conciencia respecto del goce bajo los términos de sometimiento al varón que manifiestan sus congéneres; casi siempre dichosas de ser lindas y no mucho más.

Es decir que la chica del Slasher controla su deseo. El entorno festivo, e incluso promiscuo, que suele rodearla bajo la figura de amigos que la pasan genial, no influye en absoluto sobre ella. Es dueña de su cuerpo y de su deseo; y si bien puede ser engañada por algún muchacho de verba astuta, rápidamente vuelve en control de sí misma y sus objetivos. En otras palabras: no se conforma con ser simplemente un objeto de deseo; lo cual, paradójicamente, la vuelve más deseable.

Tanto la reticencia sexual de la protagonista como sus intereses y atributos tradicionalmente masculinos no la codifican completamente como femenina; esto, desde luego, desde una óptica machista. Es mujer pero no del todo femenina, a pesar de que sus reacciones ante el horror a menudo la sitúen como una simple doncella en apuros.

Muchas feministas consideran que el Slasher es un género que básicamente desarrolla la fantasía masculina de acechar, perseguir y cazar a una mujer, en lo que sería el máximo estado de la cosificación; sin embargo, el Asesino dista mucho de ser un macho convencional.

Por regla general, el Asesino está armado con un cuchillo, una motosierra, un machete, o cualquier otro elemento fálico, biológico o artificial, que a su vez representa cierta deficiencia en aquella masculinidad convencional. En otras palabras, el Asesino o es impotente o bien transgrede las normas de la masculinidad mediante una personalidad de fondo infantiloide o directamente animal.

Es decir que tanto el Asesino como la Protagonista comparten rasgos tradicionalmente masculinos y femeninos que se expresan de diferentes formas.

En este punto el Feminismo seguramente tendrá mucho para decir, ya que el Slasher rara vez nos identifica con las víctimas; de hecho, éstas caen como moscas sin que eso nos genere demasiada angustia como espectadores. Cuanto más macabra y grotesca sea la masacre, mejor.

Ahora bien, es justo preguntarse por qué aquellas muertes no nos producen ningún impacto emocional, a pesar de que las escenas puedan ser visualmente repugnantes.

Justamente porque el espectador, dentro del Slasher, al principio se identifica subjetivamente con el Asesino. Recién con el desarrollo del argumento, a través del cual la Protagonista adquiere sus atributos masculinos —o no tradicionalmente femeninos—, es cuando el espectador comienza a preocuparse por ella. El resto de las víctimas no importa demasiado; de ahí que los directores se permitan espantosas nuevas metodologías y dispositivos para matarlas.

De este modo, el machismo recalcitrante del Asesino es castigado al final por una mujer, quien, además de no responder a los cánones típicos de la feminidad, lo castra simbólicamente y se emancipa de un opresor cuya virilidad estaba en duda en primer lugar.

No es caprichoso que la Protagonista del Slasher siempre sea una mujer joven. Necesariamente debe serlo para que el desplazamiento de la identificación subjetiva con el Asesino hacia ella transcurra con fluidez.

La transición que atraviesa la Protagonista desde el principio de la película hasta que por fin vence al Asesino es como un rito de iniciación, un pasaje desde una etapa supuestamente ligada a lo femenino —marcada por la pasividad— hacia lo masculino; es decir, hacia la acción, la toma de decisiones, la lucha.

Recién cuando la Protagonista asume aquellos atributos y se reconstituye a sí misma como masculina, el Asesino se revela por fin como un sujeto deficiente, incompleto o incapaz de ejercer una masculinidad plena en términos de sometimiento al otro. Ella vence. El horror termina y todo vuelve a la normalidad... al menos por un tiempo.

Quizás sea injusto pensar que el triunfo de la mujer en el Slasher siempre tenga que ver con la asimilación de atributos supuestamente masculinos para ganar. Sin embargo, esto pone en evidencia un concepto mucho más profundo: aquellos atributos, como el valor, el ingenio, la independencia, no son exclusivos del hombre, pertenecen a lo masculino y a lo femenino por igual. La Protagonista, en todo caso, desafía al orden social y triunfa, más allá de todo, cuando logra trascenderlo.




Taller de literatura. I Feminología.


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1 comentarios:

Gerard Cuello dijo...

Es una leectura muy interesante, en lo que a mí respecta hasta novedosa del genero. Sinembargo me llama la atencion que no mencionaran, asi fuera para contra argumentarla, una de las leecturas mas populares sobre el genero... Me refiero a la critica sobre un supuesto comentario sexualmente mogigato por parte del film al mostrar como superviviente a un personaje virgen, matando por otra parte a todos los personajes promiscuos.

Con todo es un tema que da para debate y disfrute bastante la entrada.



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