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Historia del Inconsciente (documental)

Historia del Inconsciente (documental)


¿Qué es el Inconsciente?A menudo oímos hablar sobre él sin saber muy bien a qué se refiere el término, o qué regiones de la mente abarca exáctamente. Desde luego que no seremos nosotros quienes priven al mundo de otro misterio. Simplemente los limitaremos a dar un breve repaso sobre la historia del Inconsciente como preludio a un excelente documental sobre el tema.

Vulgarmente utilizamos la palabra Inconsciente como un sustantivo que designa una serie de procesos mentales más bien misteriosos que no dependen directamente de nosotros; es decir, que son autónomos, que prescinden de la consciencia. 

En cierto sentido, el Inconsciente no es un Otro Yo, sino un Otro vinculado al Yo por razones de supervivencia.

La palabra Inconsciente se acuñó por primera vez en 1751 por el jurista inglés Henry Lord Kames (1696-1782), pero adquirió notoriedad en Alemania durante el romanticismo. Goethe, de hecho, es uno de los primeros en utilizarla (Unbewusst) en el poema: A la luna (An den Mond, 1777), designando con ella una especie de depósito mental de escenas y pasiones cuya naturaleza excede a la Conciencia.

Con el tiempo el Inconsciente fue ganando prestigio. Dejó de vérselo como un "depósito mental" y, en cambio, pasó a definir un sistema dinámico y autónomo cuyos mecanismos son desconocidos para la Conciencia. No obstante, esta idea no era novedosa. La hipótesis de la existencia de una actividad subterránea de la mente es bastante antigua. El primero en marcar sus límites fue nada menos que René Descartes (1596-1650), que especuló sobre el dualismo cuerpo/mente, por el cual se definían dos universos: la conciencia, es decir, la región gobernada por la razón, y un universo opuesto cuyas reglas son desconocidas y que responder a necesidades igualmente oscuras.

En el siglo XIX aparecieron tres monumentos al pensamiento que se ocuparon del Inconsciente, lejos del racionalismo terapéutico posterior: Wilhelm von Schelling (1775-1854), Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Arthur Schopenhauer (1788-1860), los tres alemanes, los tres filósofos, y los tres empeñados en subrayar ese lado oscuro del alma; un rostro tenebroso que yace en las profundidades del ser.

Como vemos, Sigmund Freud no fue el primero en utilizar la palabra Inconsciente para sostener sus teorías. Pero fue él, sin embargo, el responsable de darle un significado distinto al que le atribuyeron sus predecesores. Su mayor mérito es haber combinado, y a veces forzado, la tradición de la psiquiatría (sobre todo de Jean Martin Charcot, Hippolyte Bernheim y Josef Breuer) con la filosofía alemana (Nietzche y Schopenhauer a la cabeza). A través de esta fusión Freud logró elaborar un concepto novedoso y firme sobre el Inconsciente.

De este modo el Inconsciente dejó de ser visto como algo Subconsciente, es decir, algo ubicado por debajo de la Conciencia; convirtiéndose finalmente en una instancia inaccesible para el sujeto, salvo a través de grietas y fisuras, como los sueños, los actos fallidos, los lapsus y, en menor medida, los chistes. 

En cierta forma podemos pensar al Inconsciente como un sistema con la rara peculiaridad de ser interno, es decir, oculto, pero también externo, incluso capaz de dominar secretamente el pensamiento conciente.

Así el Inconsciente dejó de ser aquello que Eduard von Hartmann había especulado en su Filosofía del inconsciente (Philosophie des Unbewussten, 1868); es decir, dejó de ser lo opuesto al Consciente; y pasó a convertirse en una entidad dinámica con leyes y economías energéticas propias. 

De repente, ya no estábamos habitados por un Otro Yo, sino literalmente por un Otro.

Solo quedaba resolver un asunto capital: cuál de los dos es el que gobierna la mente.

Pero el Inconsciente es un sujeto inestable. No está conforme con el lugar que se le ha asignado. En gran parte está conformado por pulsiones reprimidas, es decir, por material que ha pasado por un filtro de autocensura. No obstante, estas pulsiones buscan incesantemente abrirse paso hacia la Consciencia. Como estas pulsiones son inadmisibles para la Consciencia, es decir, aquello que creemos que somos; el Inconsciente juega una carta audaz: "disimula" su naturaleza y opera a través de símbolos (formaciones de compromiso), logrando así un máximo de satisfacción sin caer en las garras de la censura.

Paradójicamente, el Inconsciente no puede ser estudiado más allá de este punto. De hecho, solo puede estudiárselo cuando ha dejado de ser inconsciente. Solo conocemos su rostro cuando consigue manifestarse en la superficie. En este sentido, la psicología es una rama extraviada de la traducción. Su función es la de interpretar en una lengua distinta aquello que por su naturaleza opera bajo una multiplicidad de signos.

En este punto entra a tallar otro coloso del pensamiento: Carl Jung, quien amplía las hipótesis de Sigmund Freud hacia nuevos horizontes. Jung separa la idea de Inconsciente ubicándolo como Inconsciente Personal, extendiéndolo luego hacia el Inconsciente Colectivo, una especie de masa global cuyo contenido son los arquetipos, es decir, ingredientes comunes a toda la humanidad.

Desde luego que la historia del Inconsciente no termina aquí. La ciencia ha avanzado formidablemente en este terreno. Actualmente sabemos que el Inconsciente procesa mucha más información de la que podríamos admitir "concientemente". Incluso se ha especulado sobre los apetitos propios del Inconsciente, entre ellos, la formación gramática. Al parecer, ese Yo sobre el que poco conocemos tiene un gusto peculiar por las lenguas extrañas. Es capaz no ya de registrar formaciones gramaticales artificiales, sino de diferenciar las reglas internas que las atraviesan aún en el caos aparente. 

En cierta medida, el Inconsciente crea constantemente.

El misterio del Inconsciente plantea una duda fundamental: ¿Quiénes somos? Si nos admitimos como lo que pensamos y sentimos, entonces somos apenas una parte sesgada y diminuta de un gran universo interior. En este punto acaso cabe plantear un nueva noción: tal vez solo somos en relación al Inconsciente, es decir, quizás somos para que el Inconsciente sea

Nos gusta pensar en él como una máscara o un siniestro alter ego, pero en definitiva quizás seamos nosotros los intrusos en un sistema vasto e impenetrable.

A continuación les dejamos un interesante documental sobre el Inconsciente freudiano, apenas un segmento en la biografía del Inconsciente, y acaso el más importante.


El inconsciente freudiano (documental)



El artículo: Historia del Inconsciente (documental) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnifico documental, magnifico, disculpen los acentos!

Ariana dijo...

Lo que amo de esta página es que además de subir entradas con la temática del terror o el romanticismo gótico ponen muchas cosas de psicología! Juntan mis dos pasiones!

Claudia Ferral dijo...

Wowow maravillosa menos duermo cada noche por leer y leer tratando de entender ciertos dones y cualidades, de donde provienes, tu decendencia, significado ala que aun no encuentro respuesta .......

closed world, open wounds dijo...

creo q soy preeconciente...solo somos uno en una paradoja de universos mentales...gracias esto me ayudo mucho y aclaro dudas