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Lord Byron: las deficiencias de un seductor

Lord Byron: las deficiencias de un seductor...
...son sus mejores armas.

Si nos viésemos en el aprieto de agrupar en un solo hombre todas las excentricidades y virtudes del seductor imaginario, sin dudas ese sería Lord Byron. No tanto por su carácter implacable en los salones de baile o en las reuniones aristocráticas, donde resultaba prácticamente irresistible para las damas de la época, sino por las serias deficiencias que operaban detrás de su personalidad demoledora.

Curiosamente, estas "deficiencias" jamás fueron advertidas por los testigos de sus cacerías, salvo en casos excepcionales, y menos por las mujeres, demasiado arrebatadas por la presencia imponente del poeta. Lo cierto es que el pasado de Lord Byron explica la profunda valorización que hacía de si mismo, y que en definitiva se trasladaba hacia cualquiera que pusiese los ojos sobre él. El Brujo, el Encatador de mujeres, el demonio de modales refinados y exquisitas formas seducía infaliblemente porque él mismo creía en su grandeza, y lo creía de un modo irrefutable.

Su madre, Catherine Gordon, solía burlarse de sus deficiencias físicas; atribuyéndoselas a la rama paterna de su sangre. Las leyendas sobre su padre, el capitán John "Mad Jack" Byron, y sobre su abuelo, apodado benévolamente Foulweather (Mal tiempo), le señalaron el camino de la libertad como la única posibilidad de una vida satisfactoria. Catherine, en cambio, profundamente despechada, decidió que lo educaría bajo los preceptos más severos de la época. De tal forma que contrató a una joven y áspera institutriz de catorce años, que además era calvinista, llamada Mary Gray, quien lo inició en el duro camino de las lecturas bíblicas. Sin embargo, el temperamento encantador de Lord Byron, aún a la edad de 10 años, le facilitó destrozar las creencias de la joven, y utilizarla como sala de ensayos para sus ulteriores aventuras.

Por aquella época se enteró del origen de su mal, una suerte de cojera indisimulable, que lo obligaba a caminar como un pato, según comentó él mismo. Lo cierto es que los dedos de su pie crecieron de forma caprichosa, hacia adentro, encimándose unos a otros en un racimo dactilar que le producia fuertes dolores al andar. A hurtadillas logró informarse que la causa de su deformación se debía a la fe de su madre, que había rechazado cualquier tipo de asistencia médica durante el parto; que finalmente se produjo con algunas complicaciones.

Según anotan sus biógrafos, Lord Byron pasó un verano en el Valle de Dee, cerca de Abergeldie, en compañía de la severa Mary Gray. A mediados de la temporada la relación entre ambos dejó de ser meramente académica, y se transformó en una sucesión de experimentos sensuales y alcohólicos. Sus inicios precoces en las bondades de las caricias femeninas, más la belleza arrebatadora de las montañas septentrionales escocesas, quedarían marcadas a fuego en su espíritu. Según sus propias palabras, aquella temporada de excesos estéticos lo ayudarían a comprender la esencia de la melancolía.

Pero la carrera de Lord Byron como poeta, y como seductor, se inició con un rechazo. Se enamoró perdidamente de su prima, Mary Duff, quien al comienzo se mostró favorable ante sus lances pero finalmente lo rechazó argumentando que era demasiado joven para ella. Esta experiencia lo llevó a un estado de desolación tan grande que se prometió a si mismo no ceder jamás ante los caprichos femeninos. Tras aquella promesa emergieron sus primeras composiciones.

Los médicos anunciaron que el pequeño Lord Byron jamás llegaría a caminar normalmente, y que probablemente su andar se volvería más y más extraño, hasta que por fin le resultaría imposible trasladarse por si mismo. Golpeado por el rechazo de su prima, y estimulado por los cielos que Mary Gray había abierto, Lord Byron aceptó a regañadientes utilizar un zapato ortopédico de madera y hierro, a pesar de las burlas de sus familiares, que jamás creyeron en su recuperación. A los pocos meses de comenzar abandonó su tratamiento. Había descubierto algo.

Notó algo, algo extraño, en el comportamiento de un zorro enjaulado en una de las mansiones aristocráticas a las que asistía con su familia. El animal, de edad avanzada, estaba enfermo, pero cuando advertía la presencia de alguien adoptaba un porte señorial, una suerte de nobleza arcana. Se mostraba fiero e irreverente, hasta que los curiosos se retiraban, momento en el que podía sufrir sus achaques sin el agregado de la vergüenza. Lord Byron supo que él era ese zorro.

Desde entonces cultivó sus modales hasta el más ínfimo detalle. Su hablar se tornó exquisito, modulado, casi hipnótico. Su mirada se volvió penetrante, como si fuese capaz de horadar los secretos mejor guardados de su interlocutor. Construyó una personalidad distinguida, excéntrica; un verdadero imán para las damas, y una señal de alerta para los hombres, que jamás se atrevían a confrontarlo a causa de su feroz verborragia.

Este Lord Byron, el zorro avieso que conoce sus limitaciones, pero que también conoce sus fortalezas, se irguió más alto y enigmático que cualquiera de sus contemporáneos. Cuando abandonaba un salón de baile, sacudido por el suspiro de incontables damas, algunos razonaban que había algo extraño en el andar de aquel hombre, pero no podían asegurarlo.



El artículo: Lord Byron, las deficiencias de un seductor (son sus mejores armas) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me quedé coja, y la vida de Byron fue una inspiración... Se puede. Gracias por el post