Mostrando entradas con la etiqueta cuentos de elfos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos de elfos. Mostrar todas las entradas

«La comunidad secreta»: Robert Kirk y la agenda oculta de los seres subterráneos


«La comunidad secreta»: Robert Kirk y la agenda oculta de los seres subterráneos.




Las teorías conspirativas no son una novedad, ni siquiera aquellas que incluyen la presencia de seres fantásticos de la mitología, como las Hadas.

De hecho, en el siglo XVII se publicó un extraño libro prohibido, titulado: La comunidad secreta (The Secret Commonwealth), el cual expone con temeraria claridad la agenda oculta de los seres subterráneos.

Este libro fue escrito por Robert Kirk (1644-1692), filólogo, erudito, y estudioso de los cuentos de hadas, quien creyó ver en las leyendas e historias tradicionales los rastros de una relación antiquísima entre el ser humano y las razas elementales; la cual, de hecho, podría seguir vigente en nuestros días.

El ambicioso título completo del libro deja en claro la postura del autor frente a esta inquietante posibilidad: La comunidad secreta: ensayo sobre la naturaleza y acciones de los pueblos subterráneos, a menudo, invisibles, llamados faunos y hadas (The Secret Commonwealth; essay on the nature and actions of the subterranean, invisible people, under the name of faunes and fairies).

Robert Kirk deduce lo siguiente: no todas las hadas abandonaron nuestro plano; algunas, sin embargo, continuaron aquí, ocultas en ciudades subterráneas que solo ciertas personas con capacidades extraordinarias pueden percibir. Esta rara habilidad se conoce como Segunda Visión (Second Vision).

Según el autor, la Segunda Visión es una facultad muy infrecuente. Solo un séptimo hijo varón, o mujer, pueden obtenerla de forma natural; aunque también la poseen aquellos que descienden de la rama familiar de un Changelin: el hijo de una hada criado por una mujer humana.

La comunidad secreta asegura que los seres subterráneos —entre los cuales se incluyen también a los Elfos, Enanos, Trolls, Duendes, y un largo etcétera— continúan en contacto con un número limitado de seres humanos. Si bien es cierto que Robert Kirk no realiza una taxonomía rigurosa respecto de los orígenes de estos seres, sí se toma el trabajo de explicar determinadas características que todos ellos comparten.

Al parecer, los seres del pueblo feérico —para resumirlos en una sola definición— poseen una naturaleza distinta de la humana, aunque no completamente alejada de la nuestra, con conceptos filosóficos que se aproximan a nuestras ideas del bien y el mal, pero con matices que a menudo pueden confundirnos. Cuentan, además, con un cuerpo aéreo, que si bien no es exactamente un alma, se asemeja lo suficiente como para ser considerada como tal.

Ya que, al menos por ahora, no hay versiones en español y en PDF de La comunidad secreta (aunque sí las hay en formato físico y traducido al español), antes de terminar el repaso del libro, y del inquietante final de su autor, dejaremos algunos puntos fundamentales respecto a la naturaleza de estos seres.

Los seres feéricos poseen una naturaleza, digamos, intermedia entre los ángeles y el ser humano, aunque ciertamente son anteriores a la humanidad. La densidad de sus cuerpos, según Kirk, es aérea, y en La comunidad secreta se los describe como si estuviesen formados por algún tipo de fluido, más que de materia sólida, similar en aspecto al vapor. De noche se los observa con mayor claridad.

En la antigüedad, antes de recluirse en el reino subterráneo, preferían las cumbres y los sitios elevados, ya que las tierras bajas estaban cubiertas por bosques, aunque se mueven de un lugar a otro al menos cuatro veces al año. El autor asegura que la mayoría de los avistamientos ocurren durante esas procesiones, de noche, por las las llamadas Carreteras Reales.

La comunidad secreta explica que, antes de que estos seres abandonaran nuestro plano, dejaron en la tierra a un grupo de híbridos: los Changelings. Estos seres se caracterizan por tener un temperamento un tanto agresivo, como si no pudiesen adaptarse del todo al mundo que los rodea. No son malignos, en un sentido estricto, sino más bien traviesos, incapaces de seguir las normas y menos aún de obedecer a la autoridad.

El gran éxodo de los seres feéricos ocurrió en algún momento de la Edad Media. Las mujeres, sobre todo, mantenían un contacto bastante fluido con ellos. Robert Kirk incluso menciona que la antigua leyenda acerca de mujeres que, por voluntad propia, amamantaban a los hijos de las hadas, es una firme evidencia de ese vínculo inmemorial.

Tras el éxodo, y sin la protección de los seres feéricos, las iniciadas serían perseguidas por toda Europa. Es decir que, en teoría, la caza de brujas sería en realidad la persecución de las mujeres vinculadas física y espiritualmente con la gente pequeña. Algo similar se establece dentro de las creencias de la religión wiccana.

Vale la pena recordar que La comunidad secreta fue escrito en 1691, mucho antes de que se discutan otros motivos, políticos, sociales y religiosos, detrás de la cacería de brujas.

Los descendientes de aquellos híbridos, decíamos, tienen habilidades extraordinarias, como entender el lenguaje de las hadas, ver más allá del tiempo, es decir, tanto el pasado como el futuro, y acaso el más importante de todos: percibir y ver a las hadas que se aventuran en nuestro plano de existencia. El propio Robert Kirk debate acerca de la naturaleza de estas facultades, y concluye que se trata en realidad de un don divino, no de un atributo otorgado por las fuerzas oscuras.

Podemos pensar que La comunidad secreta es el intento por tender un puente entre los seres humanos y el reino de las hadas, es decir, de crear un nuevo punto de encuentro entre ambas razas. Sin embargo, el propio autor aclara en varios pasajes que la divulgación de estos secretos podría ser algo peligroso.

Por ejemplo, en uno de los capítulos de La comunidad secreta, el autor se explica las diferencias principales entre las dos grandes especies de seres mágicos: Seelie y Unseelie, siendo las primeras más benéficas, con una visión del mundo similar a la nuestra, y sobre todo visibles en determinadas ocasiones; y las segundas completamente opuestas a los conceptos del bien y del mal que administramos en nuestra sociedad.

De hecho, Robert Kirk asegura que estos conocimientos le fueron dados por las propias hadas bajo la promesa de no divulgarlos. Pero la tentación de hacer pública tamaña revelación lo condujo a romper su juramento de silencio.

Tras terminar La comunidad secreta, Robert Kirk, según su propio diario personal, fue llevado a las cortes feéricas para ser juzgado. Una vez allí se le ofrecieron dos castigos: la muerte, o bien abandonar nuestro plano de realidad para permanecer en los reinos subterráneos. Cautivado por los secretos que se había propuesto difundir, eligió el exilio en aquella tierra extraña.

Acto seguido, se le permitió regresar a nuestra realidad con el objeto de quemar el manuscrito de La comunidad secreta, y recién entonces ser admitido como prisionero. Pero, nuevamente, Robert Kirk traicionó la palabra empeñada en favor de la divulgación de estos secretos.

La comunidad secreta se publicó y causó una gran polémica, sobre todo teniendo en cuenta que su autor era un hombre de la iglesia. Un año después, en 1692, un grupo de pastores encontró el cuerpo sin vida de Robert Kirk en el monte Fairy Knowey, Escocia, también conocido como Colina de las hadas.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del libro de Robert Kirk: La comunidad secreta (The Secret Commonwealth) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Nuckelavee: el elfo que Tolkien nos ocultó


Nuckelavee: el elfo que Tolkien nos ocultó.




Nuckelavee pertenece a una singular raza de elfos proveniente de Escocia, más precisamente de las Islas Orkney; cuya fisionomía no se asemeja en nada a la idea general que existe sobre estas criaturas, y mucho menos a los elfos que describe J.R.R. Tolkien dentro de su Tierra Media.

El Nuckelavee carece de piel. Su cuerpo está cubierto por una intrincada red de gruesas venas amarillentas que transportan una sangre negra y espesa.

Posee una altura prodigiosa y una boca descomunal que nace al costado de las orejas. Sobre sus labios, retraídos en una mueca atroz, no se observa ninguna nariz, sino dos globos esféricos e inyectados en sangre.

Sus brazos son tal largos que la mayoría del tiempo debe arrastrarlos al caminar.

Otros cronistas lo describen como una versión desmejorada de los centauros de la mitología griega.

La palabra Nuckelavee podría significar «demonio del mar», lo cual lo inscribe en una larga estirpe de criaturas sobrenaturales acuáticas. Sus leyendas estaban tan extendidas en Escocia que su nombre, ligeramente actualizado, se convirtió en un apodo de Satanás en persona: Old Nick.

En Escocia se cree que el Nuckelavee infecta a sus víctimas con una enfermedad que no puede adquirirse de otro modo. Se la llama mortasheen; y ocurre cuando esta criatura arroja su aliento ponzoñoso sobre alguien, causando un rápido agotamiento físico y luego la muerte.

Acto seguido, el Nuckelavee devora la carne y los huesos de los desgraciados que han tenido la mala fortuna de cruzarse con él.

Además de este particular gusto por la carne humana, el Nuckelavee causa todo tipo de reacciones anómalas en el ganado. Su presencia provoca que los animales se arrojen al vacío desde los célebres acantilados de aquellas islas.

Mediante una estratagema, el Nuckelavee puede atraer al ganado desde largas distancias con su canto, casi siempre hacia su guarida entre las rocas de la costa. Una vez que los animales se hallan dentro de la órbita de su hedor particular, simplemente enloquecen.

La única forma que los cronistas mencionan para ahuyentar al Nuckelavee es quemando algas, cuyo aroma le recuerda viejas deudas con el mar; aunque durante un encuentro singular se lo puede matar empleando cualquier arma de hierro.

Durante los meses estivales este feroz elfo se retira hacia las profundidades, donde con otras criaturas innombrables le rinde culto a una extraña diosa llamada Mither O’ the Sea, deidad similar al Poseidón griego aunque con un temperamento mucho más celoso.

Algunos estudiosos de la obra de J.R.R. Tolkien afirman que el Nuckelavee asesoró a Sauron antes de seducir a los herederos de Elendil en las costas de la Tierra Media, y aún que su destino ingrato se explica como linaje extraviado de los Altos Elfos que se sintieron atraídos por la nigromancia.




Más mitología comparada. I Más sobre Elfos.


Más literatura gótica:
El artículo: Nuckelavee: el elfo que Tolkien nos ocultó fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Alp: los Elfos de las pesadillas


Alp: los Elfos de las pesadillas.




La palabra Alp define a una raza de elfos provenientes de Alemania, cuyo pasado se hunde en el más remoto folklore pre-ario. El Alp no posee una forma definida, mejor dicho, posee muchas formas, tan cambiantes que no es inusual que los folkloristas lo confundan con otras criaturas fantásticas de la mitología nórdica.

Originalmente, Alp significaba sencillamente «elfo», aunque de un modo despectivo, haciendo mención a los Elfos Oscuros (Svartalf) de la mitología escandinava. Sus únicas características que se han perpetuado a lo largo de los siglos son sus cuernos, ocultos bajo un inamovible sombrero blanco, y una tos recurrente, durante la cual los Alps expectoran polillas y mariposas nocturnas.

Generalmente los Alp son masculinos, o se muestran como masculinos. Pueden asumir la forma de cualquier animal, aunque prefieren mostrarse como pájaros, gatos, perros, cerdos y serpientes. Poseen una fuerza física notable e incluso conocen los secretos de la invisibilidad.

Durante muchos años se asoció a los Alps con los demonios, de hecho, se los incluyó en varios diccionarios demonológicos, grimorios y libros prohibidos de la Edad Media; pero lo cierto es que, por definición, un demonio jamás ha sido humano, y los Alp sí.

Los primeros relatos sobre esta raza de elfos aseguran que los Alp son, en realidad, las almas de los niños que mueren durante el parto. Tal vez por eso acechan obsesivamente a las mujeres, por las que sienten un vivo rencor y un deseo igualmente intenso.

Una vez que han seleccionado a su víctima, casi siempre sus propias madres, los Alp se deslizan sobre ellas como una nube espesa y furtiva, justo en el momento de mayor debilidad: el sueño. Luego se sientan sobre su pecho y aspiran todo el aire de sus pulmones, impidiendo que inhalen con regularidad. De este modo los Alp llevan a las mujeres a un estado de inconsciencia, durante el cual se alimentan de sangre o leche, si la dama en cuestión es capaz de proveerla.

Al mismo tiempo, los Alp inducen abominables pesadillas eróticas durante el proceso de succión. En la Edad Media hubo casos registrados por monjas infidentes en los que se asegura que muchas mujeres despiertan en pleno ataque, completamente imposibilitadas de gritar debido a la enorme presión que ejercen estos elfos sobre los pulmones.

Henry Fuseli ha pintado un cuadro magnífico llamado Pesadilla (Nightmare) donde se retrata el ataque de un Alp sentado sobre una mujer durmiendo, rodeado por las visiones infernales que proyecta sobre ella [ver: Los secretos de «La pesadilla» de Henry Fuseli]

Cuando el ataque posee tintes eróticos, es decir, sueños eróticos impuestos, los Alp son llamados Alpdrücke, que literalmente significa «presión de elfo»; y cuando el erotismo está prolijamente ausente es llamado Albtraum, «sueño de elfo», es decir, pesadilla.

Los hermanos Grimm, que además de recopilar cuentos de hadas se dedicaban intensamente a la filología, mencionan que si la mujer atacada pronuncia la palabra Alp, éste se convierte súbitamente en un amante gentil, incluso generoso, y deja de lado sus necesidades de sangre y leche en favor del placer femenino; detalle que fue prudentemente eliminado de los tratados demonológicos del romanticismo, ya que el reencuentro incestuoso de una madre con su hijo muerto es, francamente, demasiado para cualquiera.

Los animales, en cambio, tienen menos suerte cuando son atacados. El Alp normalmente tritura la cabeza de gatos, conejos, incluso de caballos, y luego pasa a alimentarse de sangre y materia gris.

Algunos sostienen que el verdadero alimento de los Alps son los sueños, más concretamente, las pesadillas. Leyendas de la región de Colonia aseguran que los Alps dejan su sombra sobre el pecho de la durmiente y se introducen a través de las fosas nasales como un gusano alargado y ciego, con la intención de administrar desde el interior la textura, el volumen y la intensidad de las pesadillas.

Los Alps son insólitamente fieles con sus amadas, a quienes visitan aún debiendo atravesar grandes distancias, y no las abandonan hasta que éstas mueren, o bien logran ahuyentarlos mediante los siguientes procedimientos. El más difícil es robarle el sombrero. Sin él los Alps pierden todos sus poderes y se convierten en solícitos esclavos domésticos. De hecho, se sabe al menos de un caso en el que una monja conservó a un Alp durante cincuenta años, obligándolo a realizar toda clase de tareas deshonrosas, entre ellas, higienizar a la piadosa hermana.

Jacobo Grimm se burla de esta tradición, señalando que una monja esclavizando a un elfo es menos impresionante que imaginarla pariendo a su futuro sirviente.

Dejando de lado las recopilaciones de los hermanos Grimm, los Alp provienen de la situación más traumática que puede vivir una mujer: la muerte de un hijo. Los Alp son un reflejo de este horror atávico. Sus necesidades lácteas resumen una de las imágenes más horrorosas que nos ofrece la mitología nórdica: el cadáver de un infante, deforme y contrahecho, vistiendo un absurdo sombrero blanco, igual al de los recién nacidos bajo la égida de Odín, arrastrándose como un insecto descomunal para beber la leche del seno materno.

En la región teutona de Kiel, se explica mediante los Alp el hecho de que algunas mujeres sigan produciendo leche luego de la muerte de su hijo; y aún más, en una balada espeluznante sobre la Tarnkappe, es decir, aquel manto que facilitaba la invisibilidad, una madre infortunada alaba las visitas del Alp, último despojo del alma de su hijo, cuyas visitas nocturnas son el único consuelo que le queda.




Elfos. I Mitología comparada.


Más literatura gótica:
El artículo: Alp: los Elfos de las pesadillas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Poemas de Elfos.


Poemas de Elfos.




Los Elfos han sido de particular interés para el mito y la leyenda, pero también para otro lenguaje mágico: la poesía. Existen muchos poemas de elfos, tal vez menos conocidos que los dedicados a sus parientes, las hadas, pero con igual impacto en la tradición poética.

A continuación compartimos algunos de estos grandes poemas de elfos.




Poemas de Elfos.




El resumen de los mejores poemas de elfos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Breve historia etimológica de los Elfos


Breve historia etimológica de los Elfos.




Los Elfos, criaturas fantásticas de los mitos nórdicos, son quienes mejor se han adaptado al habla cotidiana de aquel pueblo. Tal vez por eso la etimología de la palabra Elfo resulta tan interesante, no sólo a causa de sus variantes, a menudo confusas y lingüísticamente extravagantes, sino por sus profundas raíces en la antigüedad.

Ante la pregunta: ¿qué es un Elfo? se nos presentan dos opciones:

a- Los Elfos son aproximadamente las criaturas descritas por J.R.R. Tolkien en su Tierra Media (ver: Nuckelavee: el elfo que Tolkien nos ocultó).

b- Los Elfos son simpáticos duendecillos que rondan los bosques y asisten a distintos personajes del relato folclórico.

Ninguna de estas respuestas es completamente falsa, precisamente porque los Elfos superan a todas las bcriaturas fantásticas del norte, incluso en la historia de su etimología (ver: El origen de los Elfos).


En Inglés Antiguo ælf (o ylfe) designaba a una criatura ominosa, de origen incierto, asociada al mar y las aguas. Su forma femenina era ælfen, muy poco utilizada, aunque de ella proviene el plural de Elfo, elven. Para dar cuenta de lo que pensaban los hombres y mujeres de aquel tiempo sobre los Elfos podemos indagar en algunas palabras vinculadas muy interesantes, como ælfadl, «pesadilla», o ælfsogoða, «hipo».

Resulta asombroso que los pueblos del norte asociasen a las pesadillas con un origen externo, es decir, con los Elfos, como causantes de esos episodios nocturnos. Ni que hablar del hipo, que era considerado una acción directa de los Elfos ante un arrebato de verborragia en un sitio prohibido (ver: El culto a los Elfos).

Por otro lado, en Alemania se los llama Elf (fem. elfe), aunque se cree que a orillas del Rin sólo sobrevivieron las mujeres-elfo, y que los hombres, rescatados por las pesquisas incansables de Jacobo Grimm, eran llamados Elb. Más atrás en el tiempo el Alemán Medio da la forma Elbe, y Albiz, en Protoindoeuropeo, cuya raíz está conectada con el latín Albus.

Si fuésemos lo suficientemente curiosos advertiríamos que, en todas las lenguas antiguas, la raíz que compone la palabra Elfo significa «blanco». ¿Por qué entonces todo lo que se asocia a los Elfos parece ser negativo en estos mitos? Incluso algo tan nimio como los rulos que se forman en las crines de los caballos durante la noche tenían una palabra directamente relacionada con los Elfos: Elflöck, «rulo de elfo», señalándolos como los culpables de esta tropelía capilar.

Menos inocente, el acto de sacrificar a un enemigo o ultimarlo sin que éste ofrezca resistencia, se llamaba Álfablót en la lengua norsa, y significa literalmente «sangre de elfo», es decir, «sangre para los elfos», señalando que estas criaturas no veían con malos ojos esta clase de ofrendas. Al mismo tiempo, cuando se quería describir la belleza de una mujer se utilizaba la palabra ælfsciene, «encanto de elfo»; o alftrucke, cuando se indicaba una enfermedad repentina que paraliza a quien la padece.

Si alguien sentía una especie de malestar estomacal al levantarse esgrimía el término Alpdruck, «presión de elfo», aludiendo a la costumbre de estos seres a sentarse en el pecho de los durmientes. Más al norte, en lo que hoy es Suecia y Dinamarca, se mencionaba la palabra älvdanser («elfo bailarín») para apuntar a cierto baile grotesco producto de algún exceso etílico, baile que, por otro lado, solía terminar en un älvringar, «círculo de elfo», eso es, en una secuencia de revoluciones vigorosas que se producían hasta que el oficiante caía exhausto.

Por último, y para dar cuenta de la importancia de los Elfos en lo cotidiano, ninguna casa nórdica, por humilde que fuese, carecía de su Alfkors, «cruz de elfo», que se introducía entre los muros a modo de talismán protector.

La cuenta de palabras que utilizan o mencionan a los Elfos es innumerable, así como los nombres, algunos de ellos reconocibles en nuestra lengua: Alberic, «regente elfo»; Alvin (y sus variantes más antiguas, Aelfwine, Albewin, Alboin y Alfwin), «amigo de los elfos»; Ælfric, «jefe-elfo»; Ælfweard, «guardián elfo»; Ælfsige «victoria élfica»; Ælfflæd, «belleza élfica»; Ælfwynn, «dicha de elfo»; Alfred (y nuestro español Alfredo), «amigo elfo».

Los Elfos son ambiguos. No son Dioses ni Demonios, no son Aesir ni Vanir, sin embargo, allí están, más presentes de lo que jamás han estado los severos Señores del Valhalla en los nombres populares, en cosas simples y ominosas, acaso para dar cuenta de un pasado que excede el reinado de Odín, mucho antes de que Jehová vomitase su nombre en un volcán del Cáucaso.

Siempre he creido que la importancia de los Elfos en la mitología del norte, importancia que no siempre coincide con el material que ha sobrevivido en cuentos y leyendas, se explica mediante una simple palabra, un término en desuso, arcaico, pero que señala la antigüedad de estas criaturas en el imaginario popular. Es en las puntas de piedra de antiquísimas flechas, hoy atribuídas a los primeros hombres capaces de pensarlas, habita el verdadero origen de los elfos. Cuando un caminante se topaba con una punta de silex toscamente tallada, o cuando el labriego rescataba de la tierra uno de estos restos arqueológicos diminutos y letales, cuyo pasado remoto atraviesa la Edad de Piedra y se pierde más allá, en las oscuras mareas del tiempo, cuando los dioses aún no existían y los hombres vivían en perpetua desesperación; pensaba en una palabra, una sola: Alfbolt: «punta de elfo».




Mitología. I Mitos nórdicos.


Más literatura gótica:
El artículo: Breve historia etimológica de los Elfos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de Elfos


Relatos de Elfos.








El artículo: Relatos de Elfos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Imágenes de elfos: fotos de elfos V

Galería de elfos V: imágenes y fotos.



Los cuentos sobre elfos eran su pasión: primero sólo se limitaba a oír a los ancianos relatar las mágicas historias de los diminutos elfos, luego, cuando ya hubo adquirido plena satisfacción de su deseo de prodigios literarios, se animó a interrogar a los sabios de la comarca sobre la veracidad de sus cuentos. Los ancianos hablaron de símbolos y leyendas, de verdades reveladas a través de la hermosura inherente a cada relato; pero a él, todas estas respuestas le parecieron vacías:

Él deseaba ver a los Elfos y las tiernas canciones ya no lo consolaban.

Entonces, el joven partió en busca de sus amados elfos, y cruzó las grandes extensiones al sur de las Tierras altas. Pasaron los años, y aún las décadas, y los elfos aún rehuían su compañía.

Ya cansado de la dura vida a la intemperie, inició el camino de vuelta a su comarca natal. El tercer día del penoso viaje de regreso, el hombre (que ya había dejado de ser joven muchos años atrás) se refugió bajo un fresno ante la violencia de una súbita tormenta. Entonces los vió.

Reposando bajo una frágil flor, los elfos contemplaban las gotas de lluvia con angustia en los ojos.

Al principio, el hombre no dio crédito a lo que sus ojos veían: cuatro...no, cinco elfos que descansaban bajo la flor, todos vestidos con hermosos y pequeños vestidos verdes.

Durante un tiempo, ni el hombre ni los elfos emitieron palabra, hasta que, hastiado por la larga espera, el hombre habló, y confió a los elfos lo amargo de su búsqueda. Habló de las canciones oídas en la niñez, de los valientes elfos y de las bellas princesas del pueblo diminuto.

Los elfos, pacientes, oyeron a su interlocutor saciar su ansias de magia. Finalmente, después de largas horas de hablar, reír y cantar juntos, el hombre les preguntó a los elfos porqué se encontraban en el descampado durante tan horrible tormenta.

Y los elfos, con mucho pesar, confesaron que ellos también habían abandonado su comarca hace muchos años en búsqueda de algo. El hombre los animó a que cuenten sus viajes, pues imaginaba que los elfos viajaban buscando algún reino escondido entre las montañas, o quizás, en febril socorro de una princesa elfa secuestrada por pérfidos enemigos. Pero lo que buscaban los elfos lo paralizó aún más que cuando vio sus pequeñas formas acurrucarse bajo la flor. Ya que los pequeños elfos buscaban un hombre...que aún creyese en elfos.

Aelfen Sulma. (Secreto de elfos), leyendas y tradiciones recopiladas por el obispo Breogan de Colonia, 1322.
Fotos de elfos I.



Galería de elfos IV. I Volver al índice de Galerías Élficas.


Más imágenes góticas:
El artículo: Imágenes de elfos: fotos de elfos V fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Fotos de elfos: imágenes de elfos IV

Galería de elfos IV: fotos e imágenes de elfos.




Sobre la tumba crecía una rosa, sobre la rosa vivía un elfo, y sobre la rosa del elfo caían las lágrimas de la desdichada Yolanda.

Subiendo la colina serpenteante, los curiosos seguían los pasos de la triste y hermosa Yolanda, quien, como cada mañana, ascendía para derramar el rocío de sus ojos sobre la tumba de su amado. Allí, en el oscuro recinto hecho de madera de fresno, los restos de Tristán dormían un sueño sin sueños, mientras sobre su evanescente hogar, el elfo tejía su pequeño hogar sobre los pétalos de una rosa.

Los años pasaron, y el cansancio de las cosas mundanas alcanzó el espíritu de Yolanda, y ella también se tendió sobre la alfombra verde, y soñó el mismo pacífico sueño de su amado.

Lo curioso es que nadie cavó la fosa de la pobre Yolanda, ya que un enorme y exuberante rosal creció sobre ella, urdiendo un sepulcro adornado de flores que no se marchitaban nunca. Quien hoy se anime a visitar el inmortal lecho de estos desdichados amantes, verá, no sin cierta inquietud, que los elfos aún habitan sobre ese mar de suaves pétalos.
Love Fields (Ingrid Marie Schafft, 1903).


Imágenes y fotos de elfos I.
Sueño Élfico.
Imágenes y fotos de elfos II.
Elfa del Bosque.
Imágenes y fotos de elfos III.
Rivendel.
Imágenes y fotos de elfos IV.
Elfos Verdes.
Imágenes y fotos de elfos V.
Imágenes y fotos de elfos VI.
Aragorn y Arwen.




Galería de elfos III. I Galería de elfos V. I Índice de imágenes y wallpapers.


Más imágenes góticas:
El artículo: Fotos de elfos: imágenes de elfos IV fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Galería de elfos: fotos e imágenes


Galería de elfos: fotos e imágenes:




Apagados por el rumor incesante del mundo, los elfos vagan entre nuestras fantasías y se agitan en nuestros sueños.

Los elfos son una de las razas de seres mágicos más interesantes y misteriosas; ya que aparecen con mucha frecuencia en relatos fantásticos, pero su verdadero origen se mantiene en un prudente secreto.

Aquí, dentro de cada galería de imágenes dedicada a los elfos, iremos agregando una breve leyenda que los tenga como protagonistas. La tarea es complicada, ya que seleccionar pequeños fragmentos del mundo élfico entre semejante cantidad de mitos y leyendas es injusto, y tal vez subjetivo. De todas maneras, siempre es grato redescubrir las viejas canciones y leyendas sobre elfos, razón por la cuál, la creación de esta galería de imágenes también ha sido una excusa para volver a deleitarnos entre los esplendores del Mundo de los Elfos.



Imágenes de elfos:


Fondos de elfos:

El artículo: Galería de elfos: fotos e imágenes fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Tierra Media: secretos del universo de J.R.R. Tolkien


Tierra Media: secretos del universo de J.R.R. Tolkien.








El artículo: Tierra Media: secretos del universo de J.R.R. Tolkien fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El origen de los Elfos en la mitología nórdica


El origen de los Elfos en la mitología nórdica.



Los Elfos son un gran enigma dentro de la mitología nórdica; dentro de su estructura se desenvuelven prácticamente al margen; como los ecos de un pasado mágico que ha caído en desgracia.

Afortunadamente, el mito de los Elfos jamás perdió del todo su antiguo esplendor.

Cedieron terreno ante otros seres mágicos, es cierto, pero sus sombras aún pueden percibirse como un susurro inmemorial detrás del mito.

Nuestra visión sobre los Elfos ha cambiado enormemente en el último siglo; en gran medida gracias a la monumental obra de J.R.R. Tolkien, quien se encargó de devolverles parte de su antigua nobleza.

Otro autor a quien debemos crédito es a Lord Dunsany, fantástico organizador de inequívocas mitologías, en cuyas páginas abunda el esplendor élfico envuelto en la más honda melancolía.

Los que hayan disfrutado El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings), de J.R.R. Tolkien, harán bien en leer la que es probablemente la mejor novela sobre Elfos escrita por Lord Dunsany; La hija del rey del País de los Elfos (The King of Elfland's Daughter).

Los Elfos han resultado enigmáticos tanto para los mitógrafos como para los folkloristas. Sus intervenciones en las leyendas son numerosas, sin embargo, no siempre se destacan en papeles relevantes.

Nuestra intención a partir de aquí es jugar un poco a ser detectives, y descubrir; en la medida de nuestras posibilidades, algo sobre el misterio que envuelve el mundo élfico.

Comencemos por analizar el origen de su nombre.

Fueron llamados alf o alfa en islandés; elfor o ellefolk en escandinavia; elfvar en Suecia; fueron elv para los daneses, alfvar, alf, alfar o alfr para los germanos; aelpen y aelf para los anglosajones. Todos estas nombres tienen sus cimientos en la raíz indoeuropea albho, "blanco, brillante, resplandeciente", aunque otros afirman que proviene de la voz nórdica "evele", con la que se denominaba a los hombres de rasgos delicados.

Este punto es cuestionable, ya que este término es posterior a los primeros relatos conocidos sobre los Elfos.
En los Eddas, los Elfos ya aparecen con una clara distinción; los elfos de la luz (ljiosalfar), y los elfos oscuros (svartalf).

Los elfos de la luz habitan una región llamada Alfheim (casa de elfo) y a veces Ljiosalfheim (hogar de los elfos luminosos), uno de los Nueve Mundos o planos de la cosmogonía nórdica.

Se encuentra en el mismo nivel que la morada de los dioses (Valhal) y muy por encima de nuestro mundo o Midgard (tierra media). Aquí los Elfos son hermosos y brillantes, visten con finas telas y son bondadosos, aunque no muy dispuestos a tratar con los hombres. Alfheim era gobernado por un personaje no menos misterioso que los propios Elfos, llamado Frey, el dios de la lluvia la fertilidad y del sol naciente.

Frey pertenecía a la raza de los Vanes, seres identificados con el mar, y tras algunas disputas, habitantes también del Valhal. Era el portador de la "espada de la victoria", que podía moverse sola y luchar en el aire, pero la abandonó para conquistar a Gerd, una gigante virgen.

Además del Skidbladnir, poderosa embarcación mítica, Frey posee también el jabalí de oro, regalo de los enanos; que podía correr como el más veloz corcel y cuyo resplandor lograba iluminar la noche más cerrada.

Hay quienes ubican el Alfheim dentro de los círculos de la tierra, y para ello se basan en la saga de Ynglinga, en donde se dice que:

"El Alfheim en aquel momento era el nombre de la tierra entre el Raumelfr (elfo de Raum) y el Gautrelf (elfo de Gaut)"

Las palabras "en aquel momento" indican que el nombre de la región era ya obsoleto para esa época (siglo XIII d.C).

El elemento elfr de los toponímicos es una palabra común para "río" y no para "elfo", como ha querido sostenerse, y corresponde al bajo alemán "elve", "río".

De cualquier manera la saga de Ynglinga no es la única que hace referencia a un locación terrenal del Alfheim, ubicándola según algunos en la provincia sueca de Bohuslan.

En la saga de Vikingssonar de Thordsteins dice que aquellos ríos (El Raumelfr y el Gautrelf) fueron nombrados en honor del rey Alf el Viejo, quien durante una época fue señor allí, e incluso se dice que tuvo amores clandestinos con una elfo y que de esta unión nacieron los más bellos humanos que hayan poblado la tierra del norte.

Volvamos ahora a Frey, rey de los elfos.

Como dijimos anteriormente, pertenecía a la raza de los vanes, y es aquí donde tal vez encontremos algunas pistas menos complicadas que las interminables genealogías de las sagas.

Mientras los Ases (los dioses) eran de carácter más bien beligerante, los Vanes en cambio eran amantes de la riqueza y el buen vivir, señores del placer, la prosperidad y la paz. Tenían un profundo conocimiento de las artes mágicas y eran capaces de predecir el futuro. Se decía que Freya (una vania de nacimiento) fue quién le enseñó la magia a los dioses. Practicaban la endogamia y otras uniones ilícitas condenadas por los dioses.

Esto derivó en grandes conflictos cuando los católicos intentaron convertir a los nórdicos, especialmente en las comunidades costeras, las cuales adoraban a los Vanes con especial fervor.

Varios eruditos avalan la hipótesis de que los Eddas identifican a los Vanes con los elfos (alfr).

De hecho, es frecuente que se intercambie a veces "Ases y Vanes" por "Ases y Alves" cuando las sagas buscan referirse a todo el conjunto de criaturas divinas.

Tanto los Vanes como los Elfos tenían potestad sobre la fecundidad, y este intercambio sugiere que tal vez los Vanes eran sinónimo de los Elfos. Si esto llegara a confirmarse con estudios más profundos, alumbraría con nueva luz el misterio de los Elfos; y los ubicaría en el sito que una vez ocuparon , el de dioses.

En otros artículos discutiremos la posición de los Elfos en la poesía y en las leyendas populares.

Para concluir este análisis diremos que, a pesar del poderoso trabajo de la iglesia por aplastar las creencias paganas, algunas lograron trascender el mero rito para convertirse en algo aún más sublime, fueron imaginación exenta de furor religioso, fueron poesía.



El culto a los Elfos. I Más sobre los elfos. I Tierra Media.


Más literatura gótica:
El artículo: El origen de los elfos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.