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Viajes en el Tiempo en la Tierra Media.


Viajes en el Tiempo en la Tierra Media.




«Porque los Dúnedain sostenían que incluso los Hombres mortales podrían contemplar otros tiempos además de los de la vida de sus cuerpos» [Akallabêth]


Este comentario es intrigante como punto de partida. ¿Tolkien está hablando de viajar en el tiempo a través de la proyección astral/mental? Ciertamente habla de contemplar «otros tiempos» más allá del período de vida que llamamos «presente», y más allá de la forma física que asumimos en ese presente. Entonces, ¿el concepto de «viaje en el tiempo» está presente en la Tierra Media?

Bueno, Gandalf dice que le gustaría usar el Palantir de Isengard para mirar atrás en el tiempo y ver a Fëanor trabajando. Sin embargo, en el ensayo Los Palantiri (The Palantíri), incluído en Cuentos Inconclusos (The Unfinished Tales), Tolkien sostiene que las piedras «retenían las imágenes recibidas, de modo que cada una contenía en sí misma una multiplicidad de imágenes y escenas, algunas de un pasado remoto». No se trata tanto de mirar directamente hacia atrás en el tiempo, sino de ver imágenes almacenadas en el Palantir. En otras palabras, no podemos ver algo en el pasado que el Palantir no haya registrado; por lo tanto, no hay involucrado ningún tipo de manipulación del tiempo en este caso [ver: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media]

Antes de que Tolkien publicara sus obras más conocidas [El Hobbit y El Señor de los Anillos], él y su buen amigo, C.S. Lewis, se dispusieron a escribir cada uno una novela. La de Lewis sería sobre viajes espaciales, mientras que la de Tolkien sería sobre viajes en el tiempo. La novela de Lewis [Fuera del planeta silencioso (Out of the Silent Planet)] se convirtió en un éxito y generó dos secuelas. Por otro lado, Tolkien nunca terminó su novela sobre viajes en el tiempo [El Camino Perdido (The Lost Road)]. Sin embargo, después de su muerte, Christopher Tolkien empezó a publicar los escritos tempranos de su padre en la serie Historia de la Tierra Media (History of Middle Earth). En el quinto volumen podemos leer una pequeña parte de la novela que Tolkien sí finalizó. Los personajes principales [un profesor y su hijo] viajan al final de la Segunda Edad, a Númenor. El personaje principal, Alboin, desea viajar en el tiempo para ver los orígenes de un extraño idioma que lo ha obsesionado:


«—Ojalá existiera una máquina del tiempo —dijo en voz alta—. Pero el tiempo no debe ser conquistado por máquinas. Y debería retroceder, no avanzar; creo que retroceder sería más posible.» El Camino Perdido y Otros Escritos (The Lost Road and Other Writings).


Después de expresar esto, el espíritu de Elendil el Alto se presenta ante Alboin en un sueño y le dice que su deseo de viajar al pasado puede cumplirse, aunque hay condiciones que debe aceptar. No será como un mero observador del pasado. Alboin estaría allí, arriesgando su vida miles de años atrás. Tampoco puede volver al presente cuando quiera. Debe ganarse el regreso. Y no puede viajar solo. Debe llevar con él a su hijo, Audoin, que se acerca a la edad adulta. Esto es posible, según Elendil, porque:


«Las reglas pueden ser estrictas, pero son los medios, no los fines. Hay excepciones; porque existe lo que gobierna y está por encima de las reglas... El velo está tejido, y cada hilo sigue un curso designado, trazando un diseño; sin embargo, el tejido no es impenetrable... Pero estas parábolas son antiguas, y no he venido a hablar de tales cosas. El mundo no es una máquina que fabrica otras máquinas a la manera de Sauron. A cada uno bajo la regla se le da un destino único, y este puede estar exceptuado de lo que es una regla para los demás.» El Camino Perdido y Otros Escritos (The Lost Road and Other Writings).


Y, cuando Alboin acepta los términos de Elendil:


«Entonces Alboin pareció caer en una oscuridad y un silencio profundos y absolutos. Era como si hubiera dejado el mundo por completo, donde todo silencio está al borde del sonido, y lleno de ecos, y donde lo demás es solo reposo sobre un movimiento mayor. Había dejado el mundo y salido. Estaba en silencio y en reposo.» El Camino Perdido y Otros Escritos (The Lost Road and Other Writings).


Se podría debatir si esto es parte o no de la mitología de la Tierra Media, pero lo cierto es que la primera versión de Númenor aparece en el marco de una historia sobre viajes en el tiempo. No hay tecnología involucrada, sino más bien una especie de «magia» [diría Sam]. Elendil sugiere que hay reglas generales y reglas individuales [destino] que pueden estar por encima de las primeras.

Tolkien es explícito al afirmar que los Valar y Maiar pueden desplazarse mentalmente por el tiempo lineal, aunque este poder era limitado. Mientras que pueden explorar el Pasado, el Futuro es más incierto debido a que solo Eru conoce el final de todos los caminos.


«Ellos [Valar y Maiar] podían moverse hacia atrás o hacia adelante en el pensamiento [*las cursivas son mías], y volver de nuevo tan rápidamente que aquellos que estaban en su presencia no parecían haberse movido. Todo lo que había pasado podían percibirlo claramente... pero el futuro sólo podían percibirlo o explorarlo en la medida en que su diseño les fue aclarado en la Música.»


Es decir que este movimiento «hacia atrás y adelante» en el tiempo de los Valar y Maiar no tiene que ver realmente con viajar en el tiempo, sino más bien con el recuerdo de las sutilezas de la Música. Es solo una forma de percepción [elevadísima], que no cambia ni altera el curso del tiempo pasado [ver: Viajes en el tiempo: Horror vs Ciencia Ficción]

Tolkien también explora una forma de visión remota o proyección mental que los Elfos y los numenoreanos podían usar. Me refiero al ósanwë, que no implica ningún tipo de manipulación del Tiempo, y se parece bastante al concepto de «telepatía». Al parecer, la «regla general» es que ninguna mente dentro del tiempo puede ver el futuro. En este contexto, los Ainur han visto una porción del futuro a partir de la Visión del Mundo que Eru les presentó, pero esa Visión estaba incompleta.

No sabemos si los Ainur que no han entrado en Eä pueden acceder a la totalidad del plan divino. Solo sabemos que entrar en Eä significa estar dentro del tiempo, y por lo tanto sujeto a sus reglas generales, las cuales pueden estirarse de acuerdo al poder de percepción de cada especie, pero nunca romperse del todo. En otras palabras: el tiempo es absoluto dentro de Eä y no puede ser eludido por aquellos que están dentro de Eä, ni siquiera por los Valar y Maiar [ya que la Visión de Eru estaba incompleta]. 

Después de la destrucción de Númenor, la cumbre del Meneltarma, el Pilar del Cielo, no quedó sumergida para siempre, «sino que se levantaba de nuevo sobre las olas, una isla solitaria perdida en las grandes aguas; porque había sido un lugar sagrado, e incluso en los días de Sauron nadie la había profanado». En Akallabêth se menciona lo siguiente:


«Avallónë ha desaparecido de la Tierra y la Tierra de Aman ha sido arrebatada, y en el mundo de esta oscuridad presente no pueden ser encontradas. Sin embargo, una vez fueron, y por lo tanto todavía son, en su verdadero ser... Porque los Dúnedain sostenían que incluso los Hombres mortales podían contemplar otros tiempos además de los de la vida de sus cuerpos.»


No creo que esta cita refiera específicamente a viajes en el tiempo. Suena más como algo místico: los Dúnedain creen en algún tipo de vida después de la muerte [en oposición a «la vida de sus cuerpos»].

Tolkien parece más interesado en la distorsión del tiempo que en el viaje en el tiempo propiamente dicho. El paso del tiempo en El Señor de los Anillos es desigual, parece transcurrir en diferentes ritmos y velocidades en los reinos de los Hombres y de los Elfos. Esto parece inspirado en la leyenda medieval de la Tierra de las Hadas —también explorada por Lord Dunsany en La Hija del Rey del País de los Elfos (The King of Elfland's Daughter)—, donde el tiempo corre de manera diferente. Por otra parte, en El Señor de los Anillos nos encontramos en un proceso de decadencia de la Tierra Media. Los Elfos intentan retrasar este declive tanto como sea posible en Rivendell y Lothlórien utilizando sus Anillos de Poder. ¿Es este una especie de «tiempo élfico» o es solo la percepción mortal la que cambia, haciendo que el tiempo parezca fluir más lento?

En El Camino Perdido y Otros Escritos, Christopher Tolkien comenta que su padre siempre tuvo «el deseo de volver atrás» en el tiempo. «Caminar en el Tiempo, tal vez, como caminan los hombres por largos caminos; o inspeccionarlo, como los hombres pueden ver el mundo desde una montaña... ver con los ojos y oír con los oídos: ver tierras antiguas y aun olvidadas, contemplar a los hombres antiguos andando, y oír sus lenguas como las hablaban en los días anteriores a los días». En este contexto, toda la obra de Tolkien es un dispositivo para viajar atrás en el tiempo.

Además de El Camino Perdido, Tolkien escribió otra historia [inconclusa] sobre distorsiones temporales: Los Papeles del Notion Club (The Notion Club Papers). En ambas historias encontramos dos versiones de Ælfwine, nombre del Inglés Antiguo que significa «amigo de los elfos», al igual que el nombre quenya Elendil. El mismo significado puede encontrarse en el nombre de Alboin en El Camino Perdido. Los Papeles del Notion Club presenta una serie de deslizamientos por el tiempo, tanto al pasado como al futuro, nuevamente usando a los sueños como mecanismo para regresar a Númenor [ver: Los 8 sueños en «El Señor de los Anillos»]

Analicemos ahora algunos puntos geográficos de la Tierra Media donde el Tiempo parece transcurrir de diferente manera. Sobre Lothlórien los protagonistas tienen distintas opiniones acerca de cómo funciona el tiempo allí. Por un lado, el Espejo de Galadriel le permite a Frodo y Sam ver el pasado, el presente y un posible futuro; aunque esto puede ser simplemente una pizca de la vieja magia de los Noldor. No creo que los Elfos puedan detener el Tiempo, sino más bien son capaces de retrasar el cambio y el deterioro utilizando. Sin embargo, el hecho de que Rivendell tenga su propio calendario podría sugerir que Elrond [portador de Vilya] realmente puede ralentizar el paso del tiempo en su valle.

Galadriel, por su parte, es portadora de Nenya; y de algún modo ha logrado proteger Lothlórien dándole una atmósfera de atemporalidad. La Compañía se siente transportada en el tiempo al entrar en este reino. También notan que el tiempo parece transcurrir de manera diferente:


«Tan pronto como puso un pie en la orilla opuesta de Silverlode lo invadió una extraña sensación, y se profundizó a medida que avanzaba hacia el Naith: le parecía que había cruzado un puente del tiempo hacia un rincón de los Días Antiguos, y ahora caminaba en un mundo que ya no existía. En Rivendell había memoria de cosas antiguas; en Lórien las cosas antiguas aún vivían en el mundo de la vigilia.»


Sam llama «magia» a esta influencia que todos en la Comunidad pueden sentir en Lothlórien. De hecho, Sam parece particularmente sensible a esto. Cuando la Comunidad debate sobre cuánto tiempo pasaron en Lórien, Sam recuerda que la luna estaba menguando justo antes de que llegaran, y que era luna nueva cuando partieron, aunque todos sintieron que habían estado allí por unos pocos días. «¡Cualquiera pensaría que el tiempo no cuenta allí!», exclama Sam; mientras que Frodo percibe a Galadriel como «presente y, sin embargo, remota, una visión viva de lo que ha sido dejado atrás por las corrientes del Tiempo». Incluso Legolas, que debería saber perfectamente cómo funcionan estas cosas en las tierras élficas, afirma que el tiempo no se detiene el Lórien, «pero el cambio y el crecimiento no son iguales en todas las cosas y lugares. Para los Elfos el mundo se mueve, y se mueve muy rápido y muy lento: rápido porque ellos mismos cambian poco, y todo lo demás pasa velozmente. Lentos, porque no cuentan los años corridos».

La explicación de Legolas parece resolver la contradicción [aparente] entre los puntos de vista élficos y mortales sobre el tiempo; sin embargo, no es del todo satisfactoria. Para Legolas, todo se resume a una cuestión de percepción. Para Frodo, hay una diferencia concreta en el tiempo entre Lothlórien y el de cualquier otro lugar. En este punto, Aragorn realiza un aporte interesante: está de acuerdo en que el tiempo no se ha detenido, como sostiene Legolas, pero sugiere que la Comunidad experimentó el tiempo como lo hacen los Elfos en Lórien. Después de resolver este dilema, Aragorn introduce un comentario que refuta sus observaciones anteriores al decir que la luna siguió cambiando de fases «en el mundo exterior». ¿Lothlórien tiene sus propias reglas en relación al tiempo? No lo creo. Más bien es un lugar donde ciertas leyes pueden estirarse un poco, como en El País de las Hadas; donde estar fuera de la línea de tiempo normal es un elemento recurrente [ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión]

El ejemplo de Sam muestra cómo Tolkien combina el movimiento interno y subjetivo de las emociones y los sentimientos con el movimiento externo de la Comunidad más allá de las fronteras del reino élfico. En la frontera de Lórien, Sam experimenta no solo la amargura de la despedida, sino también la dramática complejidad de la dinámica espacio-temporal de la Tierra Media.

Ahora bien, si los Tres Anillos pueden jugar con el tiempo, ¿qué sucede con el Anillo Único? Que Frodo sienta que ha «cruzado un puente de tiempo» al entrar en Lothlórien es una experiencia común con los otros miembros de la Comunidad, pero Frodo tiene otras experiencias de tiempo alterado, como ver a Aragorn en Cerin Amroth «tal como era de joven».

El relato de Lothlórien transmite una sensación de atemporalidad, la cual se vuelve más evidente cuando la Compañía abandona esas tierras y descubre que, en el exterior, ha pasado un mes, pero nadie puede explicar satisfactoriamente adónde se han ido esos días. Esta atemporalidad, sin embargo, está condenada a desaparecer. Cuando Galadriel «invita» a Frodo que mire en el Espejo, dice que si su misión fracasa, y Sauron recupera el Anillo Único, «entonces quedaremos expuestos al Enemigo». Pero si Frodo tiene éxito, entonces el poder de los Tres disminuirá, «Lothlórien se desvanecerá y las mareas del tiempo lo barrerá», insinuando que, en cierto modo, actualmente está protegido del curso natural del tiempo.

Rivendell y Lothlórien marcan una disminución en el flujo de la narración así como en el calendario real de la Tierra Media. Pero hay otro punto en El Señor de los Anillos donde el tiempo, en términos de movimiento de la historia, no se mueve en absoluto: el episodio de Tom Bombadil, que bien podría ser una reminiscencia del pasado. El Bosque Viejo, el Viejo Hombre-Sauce, el propio Tom como un «sin padre»: todo es antiguo, todo es pasado. En este contexto, Tom Bombadil y Baya de Oro no son solo anacronismos o remanentes de la Primera Edad: son la Primera Edad, y también son esenciales para el Viaje mítico, no a través del espacio, sino del tiempo. Su importancia, como la de Rivendell y Lórien, no es geográfica, es temporal [ver: ¿Quién era el Viejo Hombre-Sauce?]

Algo similar sucede cuando los Hobbits se encuentran con los Tumularios. Este no es un viaje simbólico al pasado de la Primera Edad, sino a la Segunda, un tiempo en que el Rey Brujo de Angmar atacó desde su fortaleza de Carn Dûm y venció a la gente de la zona. Otra vez, el Anillo Único facilita que Frodo atraviese otra «puerta en el tiempo» cuando pasa junto a la antigua piedra erguida y grita: «Los hombres de Carn Dûm nos atacaron de noche y fuimos vencidos. ¡Ah! ¡La lanza en mi corazón!» [ver: El misterio de los Tumularios]

Cuando Tom Bombadil despierta a Merry en las Quebradas este tiene un recuerdo de un príncipe dúnadan que fue asesinado en una emboscada por las fuerzas del Rey Brujo. El «sueño» fue tan vívido que Merry está desorientado y tiene que decirse a sí mismo que solo fue un sueño. ¿De dónde viene este recuerdo? ¿Es una visión proyectada por los Tumularios con la intención de lastimar a Merry? ¿O el recuerdo está de algún modo «grabado» en el lugar? Después de todo, tal vez las piedras de Hollin realmente «hablan» con Legolas, y la espada de Turín «habla» de sus recuerdos de matar a Beleg.

En Los Papeles del Notion Club hay un personaje llamado Ramer, quien plantea la hipótesis de que es posible que la mente «recuerde» algo incrustado en ciertos objetos y lugares [ver: La teoría de la Cinta de Piedra]. Esto es más fácil de hacer con «cosas que tienen vida orgánica, o cualquier tipo de asociación humana». En esencia, la mente viaja o se proyecta a través del espacio y el tiempo, aunque el cuerpo permanece en su tiempo y lugar normales. Esto es difícil de hacer por varias razones, incluido el hecho de que el presente es una fuerza poderosa. Aparentemente, dormir es la mejor opción para tener estas «experiencias de ensueño», distintas de los sueños ordinarios.

Si aplicamos la teoría de Ramer en Notion Club, Merry está en contacto con los huesos, ropas y joyas en los Túmulos, es decir, está en contacto objetos «cargados» con el recuerdo de la batalla, y además poseen «asociaciones humanas». Inducido o no por por el Tumulario, Merry tiene una «experiencia de ensueño», es decir, revive la memoria de esos objetos. No es que estos últimos le cuenten su historia a Merry, la mente de Merry viaja en el tiempo a través de la historia de estos objetos para ver un evento histórico real. Esto le añade un condimento interesante al encuentro posterior de Merry con el Rey Brujo de Angmar, convirtiéndolo en una venganza personal.

Merry no solo tuvo una visión y escuchó las crueldades del Rey Brujo en su «experiencia de ensueño», sino que las experimentó en primera persona [su mente realmente estaba allí]; de modo que al apuñalar al Rey Brujo en los Campos de Pellenor no solo venga la muerte del dúnadan cuyos recuerdos traumáticos exploró, sino que venga una experiencia personal tenida a través de esta especie de proyección extracorporal [utilizo la definición «proyección extracorporal» no en términos de Swedenborg, sino como etiqueta con la que la mayoría está familiarizado]. Merry tiene un asunto personal con el Rey Brujo.

Otro pensamiento: Merry no puede hacer nada para detener la muerte del príncipe dúnadan durante su «experiencia de ensueño»; simplemente experimenta el pasado. Sin embargo, en el encuentro con el Rey Brujo en los Campos de Pellenor ve a Eowyn a punto de seguir el mismo camino que el príncipe, pero ahora tiene el control de su propio cuerpo para tratar de evitar su muerte. Sin el viaje o proyección temporal en los Túmulos, quizás, esto no habría ocurrido.

Supongo que los efectos que siente la Comunidad en Rivendell y Lothlorien no son el resultado de la manipulación temporal, sino del poder de los Tres Anillos para protegerse del «cansancio» del tiempo, no del tiempo en sí. Aman funciona de la misma manera, en el sentido de que esa tierra y sus habitantes se preservan contra la decadencia. El tiempo mismo todavía transcurre normalmente en Aman.

El deseo de trascender la propia mortalidad, y por lo tanto de obtener un plazo mayor de tiempo de vida, nunca termina bien en la obra de Tolkien. No es de extrañar que una de las propiedades del Anillo Único sea brindarle a su portador mortal una extensión de su tiempo natural. ¿Este es un efecto planeado por Sauron o algo completamente imprevisible? Cuando se forjó el Anillo, dudo que Sauron haya tenido en mente la posibilidad de que caiga en otras manos que no sean las suyas.

En El Camino Perdido, Alboin recibe visiones e impresiones de palabras del pasado, que de alguna manera están vinculadas al presente; y son estas palabras del pasado las que le permiten, en última instancia, ingresar al pasado mismo y ponerse en el lugar de aquellos que lo precedieron. Sin embargo, en los últimos capítulos de esta historia, ambientados en Númenor, no menciona a Alboin como un observador externo, es decir, como un viajero del futuro, sino que Alboin parece ver y registrar las cosas desde la perspectiva de Elendil. En este caso Alboin está cumpliendo un deseo personal de Tolkien: las palabras poseen una especie de magia que le permite a Alboin viajar en el tiempo. Dadas algunas coincidencias entre Alboin y Tolkien, parece razonable sugerir que este último está describiendo su propio viaje al pasado durante el proceso de reconstruir y crear palabras [ver: La teología de la Tierra Media]

Quien podría darnos algunas respuestas de primera mano sobre el funcionamiento del tiempo en la Tierra Media es Morgoth. ¿Es el Vacío Intemporal [Timeless Void] lo mismo que el Vacío fuera del Salón Intemporal [Timeless Hall] de Eru antes de la creación de Eä? ¿O están conectados como un espacio vacío continuo? En El Silmarillion se dice que los Valar empujaron a Morgoth «a través de la Puerta de la Noche más allá de los Muros del Mundo, hacia el Vacío Intemporal». Siempre tuve la impresión de que los Ainur que entraron en Eä no pueden salir, y mucho menos salir y entrar a su gusto. Sin embargo, Morgoth fue enviado más allá de los Muros Mundo y más tarde regresó: «Y, por lo tanto, cruzó los Muros de la Noche con su hueste, y llegó a la Tierra Media, muy al norte». También está la profecía de la Dagor Dagorath, que dice que Morgoth eventualmente volverá a encontrar un camino de regreso [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Entonces: ¿el Vacío Intemporal sigue siendo parte Eä? Porque si Eä es el Universo, lo creado, y todo lo demás es sin tiempo ni espacio, un «Vacío Intemporal», el propio Salón de Eru no estaría «más allá de Eä», sino en la misma dimensión que sus Hijos; lo cual parece absurdo. Supongo que podríamos asumir que el Vacío Intemporal no es un espacio físico [porque un espacio implica un tiempo], sino un estado de «no ser», de «no existencia». Pero, en ese caso, ¿cómo Morgoth logró pasar de un estado de «no ser» a un «ser» lo suficientemente poderoso como para volver a entrar en Eä? Por suerte, Tolkien escribió unas notas tituladas Notas sobre los motivos en el Silmarillion [Notes on the Motives in the Silmarillion], publicado en El Anillo de Morgoth [Morgoth's Ring]. En la tercera sección Tolkien analiza la naturaleza de la derrota y el castigo de Morgoth:


«Morgoth fue hecho cautivo en forma física y en esa forma llevado como un mero criminal a Aman y entregado a Námo Mandos como juez y verdugo. Fue juzgado y finalmente expulsado del Reino Bendecido y ejecutado: es decir, asesinado como uno de los Encarnados. Entonces quedó claro (aunque Manwë y Námo deben haberlo entendido de antemano) que, aunque Morgoth había "difundido" su poder (su voluntad malvada, posesiva y rebelde) por toda Arda, había perdido directamente control de esto, de modo que lo que fue ajusticiado fue un remanente del ser integral, terriblemente encogido y reducido, que habitaba su cuerpo. Cuando ese cuerpo fue destruido, estaba débil y 'sin hogar', y por ese tiempo perdido y 'sin ancla' por así decirlo. Leemos que luego fue arrojado al Vacío. Eso debería significar que fue puesto fuera del Tiempo y el Espacio, fuera de Ëa por completo; pero si eso fuera así, implicaría una intervención directa de Eru (con o sin la súplica de los Valar).»


El Vacío Intemporal, entonces, significa el estado de «no ser», fuera del universo creado. Los Valar no pudieron arrojarlo allí, sino que habría requerido la intervención directa de Eru. Entonces, cuando El Silmarillion dice que los Valar arrojaron a Morgoth al Vacío, significa que Eru intervino y arrojó a Morgoth a este estado de «no ser». Se debe tener en cuenta que la cosmología de Tolkien cambió mucho a lo largo de los años.

Las capas temporales en la obra de Tolkien se superponen, resuenan entre sí: los eventos presentes [aunque todos sean pasados desde nuestra perspectiva] apelan a eventos similares o relacionados que tuvieron lugar antes. En términos musicales, cada evento en la Tierra Media no es una nota aislada, sino que suena como un acorde dentro una sinfonía de tiempos. El pasado es pasado, pero agobia al presente y se vuelve a experimentar a sí mismo a cada paso que damos en este universo, y a veces fuera de él.

La Tierra Media es cíclica: sus grandes sucesos apelan a la renovación del conflicto primario, pero a nivel individual [Bilbo, Frodo, Aragorn, Gandalf, Galadriel, etc.] no hay ciclicidad sino linealidad. Los personajes siguen su camino, su línea temporal; nunca retornan a su estado espiritual anterior, aunque de hecho regresen geográficamente al punto de partida. Bilbo y Frodo permanecen como terminaron al final de sus respectivos viajes [la Montaña Solitaria y Mordor], incluso después de regresar a la Comarca.

La memoria es el mecanismo clave comprender al tiempo como categoría en la narrativa. El tiempo está estructurado y ordenado por la memoria de las criaturas de la Tierra Media, pero no se agota en su memoria: «sus propios registros [de los Hobbits] comenzaron solo después del asentamiento de la Comarca, y sus leyendas más antiguas apenas se remontaban a sus Días Errantes». La memoria relativamente limitada de Elfos, Hobbits y Hombres, por su propia presencia, sugiere la corriente muda del tiempo antes de que aparecieran las crónicas [o la memoria como tal], pero presente como una categoría del ser.

Pengolodh afirma que ninguna mente sabe lo que no está en ella. Todo lo experimentado está allí, así como está en todas las cosas, aunque no siempre estén disponibles para el recuerdo. En este sentido, la previsión del futuro es muy limitada en la Tierra Media porque ninguna mente situada en el tiempo puede «ver todos los finales». Esto significa que, en última instancia, solo Eru [y en muy menor medida los Valar que escudriñaron una parte del plan divino] conoce el futuro absoluto. Un Encarnado, por lo tanto, solo puede saber algo del futuro, por instrucción derivada de los Valar, o por una revelación que viene directamente de Eru.




Tierra Media. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Viajes en el Tiempo en la Tierra Media fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El «Fuego Secreto», la «llama de Anor» y la «llama de Udûn».


El «Fuego Secreto», la «llama de Anor» y la «llama de Udûn».




[«Soy un sirviente del Fuego Secreto, portador de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar.»]


Para algunos, la Llama Imperecedera [Flame Imperishable] o Fuego Secreto [Secret Fire] representa la actividad creadora de Eru, inseparable tanto de Él como de su creación. En la interpretación de Christopher Tolkien, representa «el misterio de la autoría», el autor tanto fuera de su obra como morando en ella [ver: La teología de la Tierra Media]

La cosmología de J.R.R. Tolkien plantea un claro dualismo entre el mundo espiritual y el material. Mientras que los Ainur, los primeros seres creados, poseen el poder subcreativo de la imaginación, el poder de crear vida [o realidad física] está reservado para Eru. Este poder de creación [primaria] se expresa mediante el concepto de Fuego Secreto que Gandalf menciona al Balrog en el puente de Khazad-dûm [ver: ¿Qué sucedió durante la lucha entre Gandalf y el Balrog?]

Pero hay una diferencia entre el universo material [Eä, «el Mundo que Es», la palabra pronunciada por Eru para traer el universo físico a la realidad] y su prefiguración idealista en la mente de los Ainur, quienes fueron co-actores en la creación a través de la Ainulindalë. Solo Eru puede crear vida independiente o realidad dándole la Llama Imperecedera. Todos los seres no creados directamente por Eru necesitan ser aceptados para convertirse en más que meros títeres de su creador. Melkor, el ser más poderoso después de Eru, codiciaba el Fuego Secreto y lo buscó durante mucho tiempo pero sin encontrarlo, por lo que solo podía torcer y deformar lo que ya había recibido vida [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Ahora bien, el acto de creación, naturalmente, se produjo fuera del tiempo y del universo físico, en un no-lugar que Tolkien llama Salones Atemporales [Timeless Halls]. Si bien Tolkien se aseguró de mantener el destino de las almas de los Hombres [y la naturaleza de su mortalidad] como un misterio para los Elfos [quienes están atados al mundo físico, de modo que la escatología cristiana no es aplicable a ellos], en la historia de Adanel se sugiere que las almas de los seres humanos regresan a Eru después de la muerte.

Tolkien es extremadamente hábil al construir su cosmogonía, y eso queda claro en el relato de los eventos anteriores a la creación, el cual no se desarrolla desde una perspectiva omnisciente sino como una tradición, un supuesto registro del relato original dado por los Valar a los Elfos en Aman, y desde allí transmitido a la Tierra Media y traducido, primero del Valarin al Quenya, y posteriormente a los lenguajes humanos.

No hay motivos para pensar que los Valar, quienes estaban presentes en el momento de la creación, no dieron un relato honesto a los Elfos; sin embargo, cualquier narración sobre lo que ocurrió antes del tiempo y la materia está necesariamente reducida por las limitaciones del idioma, por lo que hablar de «Música» o de palabras «pronunciadas» por Eru, incluso de «Salones» o «Llamas» y «Fuego» deben tomarse como metáforas.

Esto se cubre principalmente en Athrabeth Finrod ah Andreth [publicado en El Anillo de Morgoth (Morgoth's Ring)] donde el texto principal dice:


[«Eru Mismo debe en algún momento llegar a oponerse a Melkor. Pero Eru no puede entrar completamente en el mundo y su historia.»]


Por lo tanto, piensa Finrod, cuando Eru se manifieste, tendrá que estar tanto «afuera» como «adentro» de Arda, y así vislumbra la increíble complejidad de Eru, o mejor dicho, las infinitas permutaciones y distinciones en la naturaleza divina.

El concepto de Fuego Secreto ya está presente en Ainulindalë como Llama Imperecedera. Esto parece significar la actividad creativa de Eru [distinta de Él mismo], mediante la cual el creador daba existencia real e independiente [aunque derivada de su Ser] a todo lo que es. Es decir que la Llama Imperecedera es enviada desde Eru para morar en el corazón del mundo, y por eso empleó la palabra Eä, «el Mundo que Es», como movimiento o acto creativo. Ahora bien, los Ainur sí pueden entrar completamente en el mundo, pero no Eru. ¿Cómo podría un ser ilimitado entrar completamente en un espacio limitado?

Entonces, el Fuego Secreto del que habla Gandalf se entiende como aquella parte de Eru que es en el plano físico, pero aún así separada de Él, representando la fuerza creativa que puso en el mundo y que usó para dar vida a sus Hijos. En la Ainulindalë, cuando se discuten los orígenes de la Caída de Melkor, esto es explícito [al menos todo lo explícito que puede ser Tolkien en estos asuntos]: la Llama Imperecedera o Fuego Secreto es el medio divino por el cual se pueden crear otras cosas:


[«A menudo (Melkor) había ido solo a los lugares vacíos en busca de la Llama Imperecedera; porque dentro de él creció el deseo de traer a la Existencia cosas propias.»]


Es decir que Melkor, el segundo ser en la escala de poder [y por eso mismo en inteligencia] emprendió la búsqueda de la Llama Imperecedera porque quería «traer a la Existencia cosas propias». Esta declaración de Tolkien nos obliga a asumir que la Llama Imperecedera o Fuego Secreto es indispensable para crear cosas propias. Sin ella solo se puede torcer, alterar o modificar lo que ya fue creado [ver: Cómo desaparecieron los Orcos de la Tierra Media después de la derrota de Sauron]

En este punto podríamos pensar que Tolkien está presentando una especie de Trinidad en Arda: Eru, la Llama Imperecedera, y la profecía de Finrod de la entrada de Eru en el mundo, que en comparación con la Trinidad Cristiana puede corresponder [en orden] al Padre, al Espíritu Santo y al Hijo, pero, por supuesto, no lo haremos.

Hay otras correspondencias en el Athrabeth Finrod ah Andreth relativas a las palabras «aliento», «fuego» y «espíritu», que pueden verse a la luz del griego pneuma usado en los textos bíblicos. Christopher Tolkien menciona que todo esto inquietaba enormemente a su padre. De hecho, el propio Tolkien, en una nota adjunta al Athrabeth, dice: «Ya es (aunque inevitablemente) demasiado parecido a una parodia del cristianismo».

Esto es lo más cerca que podemos estar de la literalidad. Tolkien jamás dice que el Fuego Secreto es la versión de Arda del Espíritu Santo, pero sí que le preocupaba la similitud entre ambos conceptos.

Ahora bien, ¿a qué se refiere Tolkien cuando habla de una «parodia del cristianismo»? Evidentemente, de una similitud con la Santa Trinidad [el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo]. El Padre es fácil de ubicar: Eru. El Espíritu Santo podría ser el Fuego Secreto. ¿Y el Hijo? Después de todo, para preocuparse de que el concepto de Santa Trinidad se haya inmiscuido en Arda, Tolkien necesitaba al Hijo. ¿Está presente este concepto? La respuesta es sí. Nuevamente la encontramos en Athrabeth:


[«—¿Cuál es entonces esta esperanza, si lo sabes? —preguntó Finrod.

—Dicen —respondió Andreth—: dicen que el Uno mismo entrará en Arda, y sanará a los Hombres desde el principio hasta el final. Esto es un rumor que ha llegado a lo largo de incontables años, incluso desde los días de nuestra perdición.»]


Esto sirve para reforzar la opinión de «parodia del cristianismo» de Tolkien, y puede explicar por qué Christopher omitió el Athrabeth del Silmarillion publicado, a pesar de ser, como señala en su introducción: «un trabajo importante y terminado, y se hace referencia a él en otra parte como si tuviera para mi padre algún tipo de autoridad».

No es la primera instancia en la que Tolkien [opinión personal] se vio sobrepasado por sus creencias. En El Señor de los Anillos están bajo control. No hay religión, ni templos, ni casi nada que se asemeje a un culto. En otras obras, su fe se fue metiendo por pequeñas grietas; en otras, por verdaderas erupciones volcánicas. En El libro de los cuentos perdidos, por ejemplo, Tolkien agregó las ideas católicas del Infierno, el Purgatorio y el Cielo; e inmediatamente las rechazó. Son conceptos incómodos, no porque fueran en contra de su teología católica, sino porque la inclusión de esa teología en su obra era incómoda. Hay declaraciones en sus Cartas donde Tolkien admite que excluyó deliberadamente la religión de El Señor de los Anillos con la justificación dada de que se trataba de una era precristiana; pero uno se pregunta si acaso no hubo otras razones.

Volvamos al puente de Khazad-dûm:


[«Soy un sirviente del Fuego Secreto, portador de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar.»]


No hay ninguna otra referencia a «llama de Anor» y a la «llama de Udûn» en El Señor de los Anillos, ni siquiera en los apéndices. ¿Acaso Gandalf se está refiriendo a Narya, el Anillo de Fuego? Después de todo, Anor es un nombre para el Sol en la Tierra Media, mientras que Udûn es el nombre de una de las primeras guaridas de Morgoth. ¿Gandalf solo está diciendo algo así como «tengo el poder del bien de mi lado, tú tienes el poder del mal»? [ver: Gandalf y la tercera ley de Clarke: la magia como forma avazada de tecnología]

Gandalf hace tres referencias muy específicas en el puente de Khazad-dûm, ya sean advertencias o desafíos al Balrog. Al identificarse como un «sirviente del Fuego Secreto», Gandalf se anuncia como un Maia, un «sirviente» [encarnado] de los Valar que protege la luz de la Creación que Eru puso en Arda. Al llamarse «portador de la llama de Anor», Gandalf podría estar refiriéndose a su capacidad para aprovechar el poder del sol a través Narya, pero también a sus propios orígenes divinos. Finalmente, cuando se refiere a su enemigo como «llama de Udûn», le informa al Balrog que sabe que este es una Maia corrupto al servicio de Morgoth. Acto seguido, le ordena retirarse [«¡vuelve a la Sombra!»].

Como ya hemos visto, en El Silmarillion se describe la creación. Los Ainur primero cantan su visión del Mundo, entonces el Dios Único, Ilúvatar, hace realidad su canción:


[«Por lo tanto, Ilúvatar dio a su visión el Ser, y lo colocó en medio del Vacío, y el Fuego Secreto fue enviado a arder en el corazón del Mundo.»]


Si bien la «llama de Anor» parece ser simple de interpretar, en realidad es una referencia muy elusiva. Gandalf se anuncia como «portador de la llama de Anor»; sabemos que Anor es la palabra sindarín para «sol». La encontramos en Minas Anor [La Torre del Sol], que más tarde sería renombrada como Minas Tirith. Lo conflictivo aquí es la palabra «portador». ¿Esto es igual a decir «portador de Narya»? Pero, de ser así, ¿por qué Gandalf le daría esa información al Balrog? ¿Acaso estaba tratando de evitar una confrontación directa, anunciándole a su oponente que él poseía el Anillo de Fuego? No parece probable que Gandalf revelara una carta tan importante a un enemigo cuyo poder, aunque indudablemente grande, era incierto en ese punto [ver: ¿Gandalf podría haber derrotado a Sauron?]

Ahora bien, Gandalf nunca revela a Narya hasta que Aragorn ha sido coronado, manteniéndolo en secreto según las instrucciones de Círdan, por lo que es muy poco probable que le revelara esa información al Balrog. Además, la única conexión de Narya con el Sol es simbólica. A lo sumo, Narya acentúa el poder innato de Gandalf para manejar el fuego y «encender los corazones» de los demás. El Sol y los poderes de Narya no están relacionados. Narya no es un arma ni Gandalf la usa como tal [ver: Los extraños poderes de los Nueve Anillos]. Entonces, ¿a qué se refiere con «portador de la llama de Anor»?

Por supuesto, todo esto es especulativo [un término elegante para «sin evidencia que lo respalde»], por lo tanto, como argumento es bastante deficiente. En ausencia de pruebas, debemos tomar a Gandalf literalmente: la «llama de Anor» es simplemente el Sol. Más específicamente, el Amanecer. Gandalf quiso decir que maneja en cierta medida el poder del sol, y sabemos que esto es cierto por su historia, desde los Trolls petrificados en El Hobbit al deus ex machina en el Abismo de Helm, cuando el Istari llega con refuerzos y leemos que el enemigo está enloquecido por su llegada desde el Este con las primeras luces del día [«De repente, sobre una cresta apareció un jinete, vestido de blanco, que brillaba con el sol naciente»]. Incluso cuando se reencuentra con Aragorn, Legolas y Gimli en Fangorn, Gandalf elige hacerlo bañado por el sol [«los ojos debajo de sus cejas profundas eran brillantes, penetrantes como los rayos del sol»]. El uso que hace Gandalf de la salida del sol no es un caso aislado, y hay bastantes pasajes en los que llega a su destino con las primeras luces del alba, como en El retorno del rey:


[«De modo que Gandalf y Peregrin cabalgaron hacia la Gran Puerta de los Hombres de Gondor al amanecer, y sus puertas de hierro se abrieron ante ellos.»]


Todos estos son ejemplos de Gandalf aprovechando el sol, especialmente el amanecer, pero no veo ninguna evidencia de que pueda manejar el poder del sol, y menos aún de autoproclamarse «portador de la llama de Anor». No es como si Gandalf hiciera salir el sol y petrificara a los Trolls, simplemente los distrajo hasta que sucedió. Sin embargo, Gandalf no dice que puede manejar el sol, sino que es «portador» de su «llama» [¿poder?]. Pensemos, por ejemplo, en los fuegos que se observan de lejos en la Cima de los Vientos [«tal luz y llama no se han visto en Weathertop desde los faros de guerra de antaño»]. ¿Acaso se trata de Gandalf irradiando algo de su poder, o un efecto del uso de Narya? [ver: Gandalf como Señor del Anillo sería peor que Sauron]

Aquí en El Espejo Gótico creemos que «portador de la llama de Anor» se refiere a aquella luz que Eru le entregó a Varda (Elbereth), a quien los Noldor veneraban especialmente. Esta luz fue compartida con Arien [la Maia del Sol], y fue para poseer esta luz que Morgoth atacó a Arien; quemándose y debilitándose irrevocablemente. Creo que Gandalf se está refiriendo a esta luz sagrada y muy especial, dada por Eru como algo mortal para Morgoth y sus sirvientes [ver: Morgoth vs. Sauron: ¿quién fue más poderoso?]

Udûn, en sindarín, significa «infierno»; no el infierno cristiano, desde luego, sino una alusión a la primera fortaleza de Melkor [Utumno] en el extremo norte de la Tierra Media. Al decir esto, Gandalf marca al Balrog como un antiguo enemigo. Pero, como el mundo de Tolkien está en perpetuo estado de declive, es probable que el Balrog, aunque muy antiguo, no sea tan poderoso como en aquellos años [ver: Balrogs: ¿Maiar o espíritus?]

La «llama de Udûn» [o «fuego oscuro»], entonces, es el intento de Morgoth de crear su propia versión del Fuego Secreto, que solo constituye una herramienta para pervertir lo que ya fue creado.

En La Guerra de las Joyas (The War of the Jewels), Christopher Tolkien añade una breve sección titulada El lenguaje de los Valar [The language of the Valar], donde comparte algunas palabras en Valarin. Allí encontramos dos palabras interesantes: anar y uruš, que significan «sol» y «fuego» respectivamente. Dada la similitud lingüística entre la r y la d, no es improbable que Gandalf haya usado términos en Valarin, es decir, palabras de una lengua muy antigua que precedieron al despertar de los Elfos, para referirse a su fuego y al del Balrog. Después de todo, Gandalf y el Balrog son lo suficientemente antiguos como para no tener que recurrir a una lengua élfica posterior. Por supuesto, todo esto es especulativo, pero no es irracional pensar que Gandalf estaba usando deliberadamente un vocabulario muy antiguo y no palabras élficas, que serían confundidas por quienes las oyeron: dos Hombres, un Enano, un Elfo, y cuatro Hobbits [ver: ¿Qué significa realmente la inscripción en el Anillo Único?]

Esto también es lógico en términos cronológicos. Si el Balrog estuvo aislado durante tanto tiempo, y luego solo hubiera interactuado con Orcos o algunos Enanos torturados, probablemente no habría entendido la Lengua Común, quizás tampoco Sindarín. En este contexto, es razonable que Gandalf empleara algunos comandos en una lengua comprensible para su enemigo [ver: Sauroniano: análisis de la Lengua Negra de Mordor]

Sin embargo, Gandalf usa el Sindarín dos veces aquí: Udún y Anor, «Utumno» y «sol» respectivamente. De modo que, aunque supongo que sería apropiado que Gandalf usara el Valarin contra otro Maia, ni siquiera está claro si todavía recordaba esa lengua arcaica, o si alguien en la compañía entendía lo suficiente como para que Frodo luego la transcribiera.

Ahora bien, ¿estaba el Fuego Secreto al alcance de Morgoth?

En El Silmarillion se nos informa que el primer Señor Oscuro lo buscó en vano durante mucho tiempo, pero también que Eru encendió el Fuego Secreto en el corazón de la Tierra Media. Tolkien también sostiene que Morgoth volcó gran parte de su ser en Arda, es decir, hizo de la Tierra Media su Anillo. En otras palabras, Arda está imbuida y contaminada con la esencia de Morgoth, lo cual le permitió convertirse en su amo de facto durante mucho un tiempo. Después de que los Valar se retiraron a Valinor hasta el momento en que Morgoth fue capturado para exiliarse en el Vacío, tuvo tiempo de hacer prácticamente lo que quisiera en la Tierra Media sin enfrentar una oposición seria. ¿Pudo Morgoth llegar hasta el Fuego Secreto para tratar de ponerlo bajo su influencia y dominio? [ver: El tercer Señor Oscuro de la Tierra Media]

Estoy bastante seguro de que el Fuego Secreto estaba reservado solo para Eru. De alguna manera, esta fuerza motivadora de la vida es Eru, y viceversa. Esta es la razón por la que Morgoth y Aulë, a pesar de lo grandes y poderosos que eran, solo pudieron crear autómatas, imitaciones [o burlas, en el caso de Morgoth] de los Hijos de Illuvitar. Por supuesto, en el caso de Aulë, Eru concedió a los Enanos el Fuego Secreto y, por lo tanto, les dio la verdadera vida, independiente del pensamiento y la voluntad de Aulë [ver: Khuzdul: la lengua secreta de los Enanos]

Sin embargo, si el Fuego Secreto arde en el corazón del Mundo, sea o no parte de Eru, está en la Tierra Media y no con Él, al menos no completamente. Más allá de todo esto, es razonable suponer que el Fuego Secreto nunca estuvo al alcance de Morgoth. La Llama Imperecedera fue, siempre y para siempre, de Eru:


[«A Melkor, entre los Ainur, se le habían dado los mayores dones de poder y conocimiento, y él tenía una participación en todos los dones de sus hermanos. A menudo había ido solo a los lugares vacíos en busca de la Llama Imperecedera, porque dentro de él ardía el deseo de traer a la Existencia cosas propias, y le parecía que Ilúvatar no se preocupaba por el Vacío. Sin embargo, no encontró el Fuego, porque está con Ilúvatar.» El Silmarillion]


Tolkien usa las palabras con gran cuidado, a menudo empleando deliberados arcaísmos para realzar algún aspecto en particular. Por lo tanto, cuando dice que el Fuego Secreto «está con Ilúvatar», lo dice como un hecho universal y atemporal. En otras palabras, si Morgoth no pudo acceder al Fuego Secreto cuando Eä aún no había nacido, encontrarlo presentaría el mismo obstáculo una vez que Eä hubiera sido formada. De hecho, parece claro que el Fuego Secreto es simplemente otro nombre para el poder creativo innato de Eru [ver: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media]

De hecho, en las primeras versiones de la mitología de Tolkien podemos ver cuán fútil sería en realidad cualquier intento de Morgoth [entonces Melkor] de adquirir el Fuego Secreto:


[«Ahora, el Sol fue diseñado para ser el corazón de Arda, y los Valar se propusieron que diera luz a todo ese Reino, incesantemente y sin cansancio ni disminución, y que de su luz el mundo recibiera salud y vida y crecimiento, por lo que Varda puso allí al más ardiente y hermoso de todos aquellos espíritus que habían entrado con ella en Eä. Fue nombrada Arie, y Varda le dio a su custodia una porción del regalo de Ilúvatar para que el Sol perdurara y fuera bendecido y diera bendición.» El Anillo de Morgoth]


Nótese la similitud de este pasaje con la descripción posterior de Eä que encontramos en El Silmarillion:


[«Por lo tanto, Ilúvatar le dio a su visión el Ser, y lo colocó en medio del Vacío, y el Fuego Secreto fue enviado a arder en el corazón del Mundo; y se llamó Eä.»]


Este «regalo de Ilúvatar» al espíritu del Sol es análogo al Fuego Secreto que arde en el corazón de Arda. Como hemos mencionado anteriormente, este debe entenderse como el elemento o principio creativo divino que le da a Arda su existencia continua. Por supuesto, Morgoth deseaba este principio para sí mismo y decidió tomarlo por la fuerza. En los mitos tempranos de Tolkien, Arie rechazó a Melkor y lo reprendió, diciendo:


[«No hables de lo correcto, que hace mucho tiempo que olvidaste. Ni para ti ni por ti fue hecho Eä; y no serás rey de Arda. Cuidado, por lo tanto; porque hay en el corazón de As (el sol) una luz en la que tú no tienes parte, y un fuego que no te servirá. No le extiendas la mano. Porque aunque tu potencia pueda destruirlo, te quemará y tu brillo se oscurecerá.» El Anillo de Morgoth]


Y así:


[«Entonces el espíritu de Arie se elevó como una llama de angustia e ira, y partió para siempre de Arda, y el Sol quedó privado de la Luz de Varda, y fue manchado por el asalto de Melkor. Y ardiendo excesivamente durante mucho tiempo, o enfriándose demasiado, Arda sufrió un grave daño y la creación del mundo se estropeó y retrasó, hasta que con mucho trabajo los Valar establecieron un nuevo orden. Pero incluso, como predijo Arie, Melkor se quemó y su brillo se oscureció, y no dio más luz. Desde entonces toda luz le dolió y él la odió.» El Anillo de Morgoth]


Nótese que Morgoth no ganó dominio ni corrompió la Luz de Varda, que Tolkien llamaría más tarde Fuego Secreto o Llama Imperecedera. De hecho, Morgoth logró corromper al sol, pero la Luz de Varda, que en otros lugares se identifica con el amor de Eru por la creación, partió con Arie.

Inicialmente en los Mitos de Tolkien, Varda tenía una importancia capital en relación con el Fuego Secreto. Como ejemplo tomemos estas palabras que Eru le dijo a Varda:


[«Te daré un regalo de despedida. Llevarás a Eä una luz que es sagrada, que viene nueva de Mí, inmaculada por el pensamiento y la lujuria de Melkor, y contigo entrará en Eä, y estará en Eä, pero no será de Eä.» El Anillo de Morgoth]


Morgoth no podría destruir el Fuego Secreto porque este no puede ser destruido, siendo [como es] un atributo de Ilúvatar. Cualquier intento de reclamar el Fuego Secreto solo habría sido para pesar de Morgoth. Si bien podía corromper sus manifestaciones, como de hecho corrompió a Arda al verter su ser en ella, el Fuego Secreto estaba más allá de su esfera de influencia [ver: Thû: la historia del verdadero Nigromante de Dol Guldur]

Volviendo a Gandalf, es interesante notar que la orden: «¡regresa a la Sombra!», suena como una referencia específica pero en realidad es bastante abstracta. ¿Es esta Sombra un eufemismo o Gandalf se está refiriendo a algo específico? La palabra Sombra está en mayúscula, lo que me hace pensar que debe ser un concepto, más que un eufemismo. Después de todo, Tolkien es muy específico con las palabras que van con mayúscula. Por otro lado, si Gandalf no le estaba diciendo al Balrog que se retirara a un lugar específico, ¿a qué se refiere con «regresar a la Sombra»?

En este contexto, creo que Gandalf se está refiriendo a la «Sombra» como una agencia activa del Mal, es decir, una parodia del Fuego Secreto personificada por Melkor en la Primera Edad. Recordemos las palabras de Frodo a Sam sobre los Orcos: «La Sombra que los crió solo puede burlarse, no puede hacer cosas realmente nuevas». Y, en otra parte: «No creo que haya dado vida a los Orcos, solo los arruinó y los retorció». Por lo tanto, una lectura literal parece incorrecta. El uso que hace Gandalf de «Sombra» es para hacerle saber al Balrog que sabe qué es y qué representa; nada mas. En términos coloquiales, podría traducirse como «¡Regresa a Morgoth!» [ver: ¿Por qué Sauron no permitía que se pronunciara su nombre?]




Tierra Media. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: El «Fuego Secreto», la «llama de Anor» y la «llama de Udûn» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.


La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.




La Tercera Ley de Clarke, propuesta por el escritor británico Arthur C. Clarke, establece lo siguiente:


[«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.»]


Ya hemos hablado sobre esto en El Espejo Gótico en relación a Gandalf [ver: Gandalf y la tercera ley de Clarke] Hoy ampliaremos un poco más el panorama al analizar cómo se aplica la Tercera Ley de Clarke a la magia en la Tierra Media. [ver: Viajes en el Tiempo en la Tierra Media]

J.R.R. Tolkien no elegía palabras accidentalmente. Tenía mucho cuidado al asignar referencias a personajes, lugares y hechos para transmitir matices de significado que no resultan obvios de inmediato. La Magia, por supuesto, es uno de los elementos más significativos y, al mismo tiempo, indefinible en la Tierra Media. Por ejemplo, una búsqueda rápida por El Silmarillion, El Señor de los Anillos y El Hobbit revela lo poco que Tolkien utiliza la palabra sorcerer [«hechicero»] y sus derivados. El profesor admitió en sus cartas que su uso de la magia era bastante casual y, a veces, inconsistente, pero el concepto está presente de todos modos.

En la Carta #155, Tolkien diferencia dos tipos de magia en la Tierra Media: magia y goeteia. Ambos fueron utilizados por personajes «buenos» y «malos», aunque en diferentes cantidades y para diferentes propósitos. Dentro de la obra de Tolkien, la Magia «produce efectos reales en el mundo físico», mientras que goeteia tiene más que ver con influir en las voluntades. Actualmente los diccionarios en inglés etiquetan este término como un arcaismo para «brujería o magia realizada por la invocación y el empleo de espíritus malignos»; en una palabra: nigromancia. La goeteia no solo está directamente relacionada con la mayoría de las formas en que se usa sorcerer [«hechicero»] en los libros de Tolkien, sino que también está estrechamente asociado con personajes malvados [ver: Thû: la historia del verdadero Nigromante de Dol Guldur]

El Oxford English Dictionary da la definición moderna de sorcerer como «alguien que afirma o se cree que tiene poderes mágicos», mientras que el Cambridge English Dictionary especifica que estos poderes mágicos se utilizan para dañar a otras personas, lo que implica una connotación maligna específica. La Encyclopaedia Britannica comparte esta última opinión. Si bien en estos días el uso de sorcerer parece ser bastante laxo y su connotación es más neutral que positiva o negativa, no era el caso en la Edad Media.

En el corazón de la palabra sorcerer se encuentra la raíz latina sors, que significa «destino», «fortuna» [la deidad romana Sors regía sobre el azar, de ahí la palabra española sorteo]. En latín medieval, el sortiarius era un adivino, pero también alguien capaz de influir en el destino o la fortuna. El término se introdujo al Francés Antiguo en la forma sorcier [«mago»]. Cuando llegó al Inglés Medio en el siglo XIV, la palabra adquirió el significado de «conjurador de espíritus malignos».

El uso que hace Tolkien de sorcerer y sorcery [«hechicero» y «hechicería»] es enfáticamente negativo. Suele implicar la intromisión de mentes, vidas, voluntades, emociones; invocar espectros o espíritus para alcanzar objetivos malignos. Bárbol habla del «fuego o explosión de hechicería» de Saruman como algo que puede matar a los Ents; Boca de Sauron aprendió hechicería cuando entró al servicio de Mordor y los Espectros del Anillo se convirtieron en grandes hechiceros tras conseguir los Anillos de Poder [ver: Los extraños poderes de los Nueve Anillos]. Estas, sin embargo, son en su mayoría menciones y referencias pasajeras. El principal título de hechicero de la Tierra Media está reservado para Sauron.

Como Sauron había ascendido al estatus del lugarteniente de Morgoth en la Primera Edad, se convirtió en una amenaza considerable para la Tierra Media. Así lo describe Tolkien en El Silmarillion:


[«Sauron se había convertido en un hechicero (sorcerer) de un poder espantoso, maestro de las sombras y los fantasmas, inmundo en sabiduría, cruel en fuerza, deformando lo que tocaba, torciendo lo que gobernaba, Señor de los Licántropos.»]


Desde la Primera Edad en adelante, Sauron y goeteia van de la mano. Fue la hechicería lo que lo ayudó a capturar la torre de Minas Tirith en poder de Orodreth, hermano de Finrod, y convertirla en el puesto de vigilancia de Morgoth. Nadie en Minas Tirith pudo resistir el ataque de Sauron «porque una nube oscura de miedo cayó sobre los que la defendían». Después de ganar la torre [que pasó a ser conocida como Tol-in-Gaurhoth], Sauron se instaló allí con sus huestes de «fantasmas y espiritus errantes». También fue por medio de la hechicería de Sauron que Gorlim fue capturado por los sirvientes del Señor Oscuro y luego llevado a la traición de Barahir y sus hombres. La imagen fantasmagórica de la esposa del pobre hombre, conjurada en su antigua casa, indujo a Gorlim a pensar que en realidad era Eilinel, y provocó que aceptara cualquier condición de Sauron [ver: ¿Por qué Sauron no permitía que se pronunciara su nombre?]

Fue durante su estancia en Dol Guldur que a Sauron se le llamó más a menudo sorcerer [hechicero]. De hecho, hasta que se supo quién habitaba en el extremo sur del Bosque Negro [Mirkwood], el título con el que Tolkien se refiere predominantemente a él es The Sorcerer, con artículo definido y mayúscula. Una vez que su presencia se estableció allí, el bosque quedó envenenado por la presencia malvada de Sauron y su hechicería: «las sombras lo llenaron, cosas malvadas se arrastraron allí y muy pocos se atrevieron a atravesar el bosque a menos que fuera en el norte con la gente de Thranduil manteniendo alejado el mal». También hubo avistamientos de nubes y sombras que se arrastraban desde Dol Guldur. Durante un tiempo, la naturaleza de la oscuridad y las sombras fue un misterio:


[«Pocos sabían de dónde procedía, y pasó mucho tiempo antes de que incluso los Sabios pudieran descubrirlo. Era la sombra de Sauron y la señal de su regreso. Pues saliendo de los páramos del Este, fijó su morada en el sur del bosque, y lentamente creció y allí tomó forma de nuevo; en una colina oscura hizo su morada y forjó allí su hechicería (sorcery), y toda la gente temía al Hechicero (Sorcerer) de Dol Guldur, y sin embargo, al principio no sabían cuán grande era su peligro.»]


El antiguo nombre élfico de esta colina, Amon Lanc, cambió luego de que Sauron se estableciera allí. Pasó a llamarse Dol Guldur, que significa «Colina de la Hechicería» [Hill of Sorcery]. La palabra gul significa «hechicería», pero su equivalente en quenya era nole [«saber», «conocimiento»], que conservaba una connotación neutra, mientras que el sindarin gul adquirió un aire negativo y se refería al conocimiento del mal, la nigromancia, y se empleaba principalmente en combinaciones negativas como Morgul. La palabra también estaba en uso en el idioma hablado en Mordor [ver: Sauroniano: análisis de la Lengua Negra de Mordor]

Aproximadamente al mismo tiempo, a Sauron el Hechicero también se le llamaba a menudo el Nigromante [Necromancer]. En Leyes y costumbres entre los Eldar (Laws and Customs Among the Eldar), Tolkien afirmó que algunos fëar élficos desencarnados rechazaron la convocatoria de Manwë después de la destrucción de sus hröar, y podrían intentar tomar posesión de cuerpos vivos con el objetivo de ocuparlos y controlarlos. En otras palabras, Tolkien establece que ciertos espíritus poderosos, como las almas o espíritus de los Elfos [fëar] podían desalojar otros cuerpos vivos y ocuparlos. Se decía que Sauron recurría a tales artes negras y enseñaba a sus seguidores cómo hacerlo. Tales prácticas oscuras, si alguna vez tuvieron lugar, bien justifican el título de Nigromante [ver: ¿Gandalf podría haber derrotado a Sauron?]

El trato de Sauron con fantasmas [Tolkien utiliza bastante la palabra phantoms, pero no en el sentido del fantasma tradicional] y el dominio de las voluntades alcanzó su apogeo cuando forjó el Anillo Único. Siendo el Anillo Gobernante, hizo que los otros Anillos de Poder se conectaran con él. La destrucción total a la que podría conducir esta dependencia y el uso constante de los Anillos se ve perfectamente con el Nazgûl. Habiendo poseído y usado sus Anillos durante mucho tiempo, los Nueve finalmente se convirtieron en espectros que caminaban en el mundo de lo Invisible bajo la influencia de Sauron. Su arma principal era el miedo [ver: Nazgûl: poderes y habilidades de los sirvientes más letales de Sauron]

Su jefe, el Señor de los Nazgûl, era el más poderoso de los Espectros del Anillo. Gandalf se refiere a él como «una lanza de terror en la mano de Sauron, una sombra de desesperación», y en otro caso dijo que «esgrime un miedo mortal». Para el Señor de los Nazgûl, el miedo era un arma más poderosa que la espada. Muy pocos podían resistir al Rey Brujo y el terror que infundía. Su otra arma no era menos letal: la hoja de Morgul estaba encantada con hechizos oscuros, y las heridas que producía podían tener consecuencias muy graves. Un fragmento de una hoja de Morgul quedó en la herida de Frodo y casi lo convirtió en un Espectro. Incluso después de que se quitó la pieza y el Hobbit se curó por completo, todavía sufría todos los años en la fecha en la que fue herido.

Hay algunos casos excepcionales en los que la palabra hechicero y sus derivados se usan en referencia a personajes «buenos», y se entienden como una forma de mostrar desconfianza o incluso desprecio. Galadriel es llamada la Hechicera del Bosque Dorado [Sorceress of the Golden Wood] por Grima Lengua de Serpiente. La implicación de Éomer es menos directa en su encuentro con Aragorn, Gimli y Legolas:


[«Pero si tienes su favor, entonces quizás también seas tejedor de redes y hechicero.»]


El «también» funciona de manera sutil pero firme: pone a los tres viajeros y a Galadriel en una sola compañía como hechiceros y, por lo tanto, gente en quien no se puede confiar. La propia Galadriel pensaba que los mortales a menudo confundían la magia élfica con los goeteia de Sauron [ella se refiere a «los engaños del Enemigo»]. Sin embargo, en la época de la Guerra del Anillo, cuando la mayoría de los Elfos habían abandonado la Tierra Media y se habían convertido en personajes de cuentos y leyendas, esa actitud desconfiada de los mortales parecía ser la norma, y en el caso de Grima y Éomer, se ve claramente en sus elecciones de palabras.

La Hechicería siempre es algo malo en la Tierra Media de Tolkien. Es una forma de arte oscuro a la que solo recurren personajes malvados para destruir, someter o manipular voluntades. Sauron, siendo el principal hechicero de la Tierra Media [incluso durante la época de Morgoth], es la encarnación de cómo podría funcionar la goeteia cuando se usa con malos propósitos. Otro caso interesante es el de Saruman [ver: El misterioso Anillo de Saruman]

Respecto a Saruman, hay un artículo interesantísimo de Dennis Wilson Wise titulado Entre la ira y la elocuencia en Saruman y Trasímaco (Between Rage and Eloquence in Saruman and Thrasymachus), donde se evalúa la posibilidad de que Saruman sea, después de todo, una representación de Trasímaco, un sofista griego; es decir, uno de esos maestros morales [generalmente inescrupulosos] que aparecieron en todo el mundo griego en el siglo V a.C. que enseñaban el arte de la persuasión. En efecto, Saruman y Trasímaco tienen mucho en común, tanto que uno no puede dejar de pensar que Tolkien construyó a Saruman y su habilidad en el arte de la persuación pensando en los sofistas.

La palabra griega sophistes [«sofista»] originalmente significaba «hombre sabio», pero se la usaba con una connotación negativa para referirse a los maestros ambulantes que visitaban Atenas. Aristófanes, Platón y, más tarde, Aristóteles, los detestaban. Ahora bien, la palabra sophistes [sophistes, «sofista»] combina la raíz σοφία [«habilidad», «arte», «sabiduría»] con el sufijo στής. El nombre Saruman se forma exactamente de la misma manera, combinando saru, una forma dialectal de Mercia [del Inglés Antiguo searu], «habilidad» o «arte», con el sufijo man. La conexión obvia, también la implicación: Saruman es persuasivo y astuto, y su nombre [aunque no es su nombre original] lo establece como un hecho.

Tengamos en cuenta que las cualidades que Tolkien atribuye a la goeteia, a saber: aterrorizar, engañar o subyugar otras voluntades, factores que no son en absoluto diferentes de las cualidades de la voz de Saruman, por las cuales puede persuadir o intimidar a otros.

Tolkien hace una distinción clara entre Magia y Goeteia, pero, ¿es la Magia «buena» y la Goeteia «mala» per se? No parece ser el caso. De hecho, es el propósito con el que se emplea la Magia, en todas sus formas, lo que determina su color, por llamarlo de algún modo. En la Tierra Media, la Magia se transforma sorcery cuando se la utiliza para influir sobre el libre albedrío de los demás, pero las operaciones de Sauron y Morgoth no son solo «engaños del Enemigo» como dice Galadriel, es decir, Goeteia, sino que también emplean la Magia, que Tolkien define por su capacidad de producir efectos reales en el mundo físico [ver: Morgoth vs. Sauron: ¿quién fue más poderoso?]

Gandalf también emplea la Magia para impactar en el mundo físico, pero siempre con moderación; por ejemplo, para encender fuego en un leño mojado; es decir, usa un tipo de Magia que produce efectos reales en el mundo físico. Este tipo de Magia está lejos de tener un aura grandilocuente. Gandalf la utiliza como un recurso, una herramienta excepcional, pero con extremo cuidado cerca de los mortales. Encender un leño mojado probablemente no llegue a impresionar a los Elfos, pero sí puede desconcertar a los mortales [sobre todo a Sam], para quienes la diferencia entre los distintos tipos de Magia no suele ser claro.

Por otro lado, la Goeteia sí requiere otro grado de teatralidad. Este tipo de Magia opera por invocación, es decir, por palabras que deben ser pronunciadas en el tono correcto [y a veces gritadas a viva voz]. El término griego γοητεία, «encantamiento», proviene de la misma raíz de «gemido» y «lamento», especialmente por los muertos [ver: Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación]. Ya hemos visto cómo el poder de Saruman reside en su voz, y no tanto en sus argumentos. Por supuesto, es un tipo astuto, pero si Tolkien realmente se inspiró en los sofistas griegos, estos se caracterizaban por la teatralidad con la que empleaban el poder de la voz para hacer que un argumento moralmente inferior derrotara a uno moralmente superior. Y eso es precisamente lo que hace Saruman. De hecho, la reacción de Gandalf ante los discursos de Saruman [que hacen dudar a Théoden y Gimli] es muy parecida a la de los filósofos griegos como Platón y Aristóteles: no se discute con un sofista, se lo hace callar.

Incluso un especialista como Tolkien no siempre estaba satisfecho con el resultado de sus propias elecciones de palabras. En una carta reflexiona sobre «la dificultad de encontrar nombres en inglés para criaturas mitológicas para no ahogar al lector con una sarta de nombres élficos». Una de estas palabras que nunca terminó de gustarle del todo es Wizards, «magos», para referirse a los Istari. ¿Por qué? La palabra Quenya Istari [sing, Istar] significa literalmente «aquellos que saben»; en una palabra: «sabios». Su equivalente sindarin, Ithryn [sing, Ithron] se interpreta como «sabios», es decir aquellos con algún tipo de conocimiento oculto. Pero, como mencionamos anteriormente, Tolkien no estaba contento con la palabra wizard [«mago»] que usó como traducción de Istari.

Wizard es una palabra antigua, pero no tanto [para los estándares de Tolkien]; data de principios del siglo XV y proviene de la palabra wys, «sabio», y el sufijo ard que sirve para formar sustantivos. En sus inicios, se usaba en referencia a los filósofos, pero como la distinción entre filosofía y magia no estaba muy clara en el siglo XV, pasó a significar «alguien con poderes mágicos»; es decir, «mago». Esto explica por qué Tolkien encontró que la palabra wizard era inadecuada para sus Istari. Para la mayoría de los lectores, wizard tiene una connotación claramente mágica. Esto no es del todo apropiado para Istari, cuyos principales atributos son la sabiduría, el conocimiento de la historia y la naturaleza del mundo [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

A pesar de todo esto, Tolkien no encontró un término mejor. Al menos, wizard sugería cierta conexión con wise [«sabio»], y por ende con la sabiduría; de modo tal que el lector no solo pensara en los Istari en términos de magia sobrenatural. Creo que debido a esta brecha entre el término usado [wizard] y el principal atributo de los Istari [la sabiduría] es que Tolkien insiste en cada ocasión que se le presenta para subrayar que la misión de los Magos en la Tierra Media era «enseñar, aconsejar, instruir, pero con sutileza, sin forzar ni dominar la voluntad de los demás»; básicamente todo lo contrario a la goeteia de Sauron y sus seguidores [ver: La verdadera misión de Radagast en la Tierra Media]

Ahora bien, Tolkien no dice que los Istari no pudieran utilizar la goeteia; más bien sostiene que, siendo emisarios de los Valar, tenían prohibido exhibir abiertamente, y en su totalidad, sus poderes. De los cinco Istari que llegaron a la Tierra Media, Gandalf es el único que juega según estas reglas. Para Círdan, eso hace que Gandalf sea el mago más poderoso [aunque fuese «el de menor estatura»]; es decir, el más sabio, alguien que solo usaba su sabiduría de una manera cuidadosa para el beneficio los demás. Más aun, la magia de Gandalf es la más poderosa de los Istari, primero, porque sigue las reglas de los Valar [y por lo tanto, de seres más sabios que él mismo]; segundo, porque básicamente es el mismo que cuando vivía en Valinor como Olórin:


[«Porque aunque amaba a los Elfos, (Olórin) caminaba entre ellos sin ser visto, o como uno de ellos, y los Elfos no sabían de dónde venían las bellas visiones o los impulsos de sabiduría que él ponía en sus corazones.»]


Nada cambió realmente cuando Olórin asumió un cuerpo físico físico y se convirtió en Gandalf en la Tierra Media. Como buen sabio, nunca buscó el poder o el dominio de los demás, sino que compartió su conocimiento con alegría, a veces con cierta impaciencia. Tenía un interés genuino por los habitantes de la Tierra Media, especialmente por los Hobbits, y demostró tener más visión de futuro que Saruman, cuya magia se aleja de la sabiduría y se aproxima mucho más a la goeteia de Sauron [ver: La teología de la Tierra Media]

Ahora bien, ¿qué sucede con los Elfos y la Magia?

En la obra de Tolkien se menciona repetidamente que los Elfos [principalmente los Altos Elfos] son más poderosos que los Hombres; tanto es así que algunos emplazamientos élficos, como Rivendell y Lórien, son de alguna forma seguros ante los ataques de Sauron. En el caso de los Elfos, nuevamente, la Magia no es como la imaginamos tradicionalmente. Por suerte, la confusión de Sam nos ayuda a entender un poco más el problema de la magia élfica:


[«Porque esto es lo que tu gente llamaría magia, creo: aunque no entiendo claramente lo que quieren decir; y parecen usar la misma palabra para los engaños del Enemigo. Pero esta, si se quiere, es la magia de Galadriel. ¿No dijiste que deseabas ver magia élfica?»]


Claramente, el Espejo de Galadriel, como ella misma admite, es un ejemplo de lo que los mortales podrían llamar «magia»; sin embargo, con los Elfos la división entre «artesanía» y «magia» no está del todo clara. La forja de los Anillos de Poder, o incluso de los Silmarils, parece entrañar algún tipo de procedimiento técnico tan avanzado que, para la mirada de los mortales, parece magia [ver: ¿Qué significa realmente la inscripción en el Anillo Único?]

Los Elfos, como dice Galadriel, son perfectamente capaces de hacer cosas que otros pueblos llamarían «magia». No obstante, si realmente fuera magia [entendida como poder sobrenatural], los Elfos habrían podido utilizarla desde su despertar, pero este no parece ser el caso; de hecho, incluso si pensamos que cada raza y criatura en la Tierra Media tiene algún tipo de poder nativo, en mayor o menor grado, los Elfos definitivamente no hacían magia al principio. En todo caso, los Elfos simplemente eran Elfos, y eso incluye ejercer el poder nativo de su raza. Por ejemplo, Galadriel tiene el poder de leer los pensamientos de los demás. ¿Esto es algo natural en ella o un poder adquirido? Y si es adquirido, ¿cómo? ¿No será que este «poder» tiene más que ver con la inteligencia acumulada a través de miles de años de existencia, la cual le permite a Galadriel simplemente leer los rostros y expresiones de forma inimaginablemente precisa para nosotros?

Creo que cuando hablamos de magia, en realidad nos preguntamos si nosotros [un ser humano normal] podríamos hacer lo mismo. En principio, no podemos vivir miles de años, de modo que la inteligencia y la intuición de un ser que ha vivido esta cantidad de tiempo seguramente nos parecerían algo mágico. El encuentro de Galadriel con los Hobbits es como el de un adulto haciendo trucos ante un auditorio de niños de dos años. Ni siquiera el niño más sagaz del grupo tendría la menor idea de cómo el truco fue hecho, ni siquiera que fue un truco. Sin embargo, los Elfos también hacen magia ante entidades mucho más fuertes y antiguas que los Hobbits. Pensemos, por ejemplo, en Glorfindel volviéndose invisible mientras lucha contra los Espectros del Anillo. A simple vista, este también parece un buen ejemplo de magia manifiesta. ¿O quizás, una vez más, es la habilidad guerrera de Glorfindel, adquirida durante su larga existencia, lo que hace parecer que se ha vuelto invisible, o debemos creer que realmente era capaz de obtener invisibilidad por medios mágicos?

Personalmente creo que la verdadera magia en la Tierra Media está relacionada con los seres que existieron antes de Arda: los Ainur; dentro de los cuales, por supuesto, están los chicos malos de la historia. También creo que hay una serie de áreas grises en las que los Elfos exhiben habilidades que bordean, cuando no directamente se aventuran, en el reino mágico. No obstante, estos generalmente son logros técnicos, como los Silmarils y los Palantiri; es decir, objetos que parecen mágicos pero solo para la perpectiva de un mortal.

¿Qué es exactamente el Cinturón de Melian? Solo sabemos que es algún tipo de valla de encantamiento colocada alrededor del reino de Doriath. No sabemos cómo funciona, solo que impide la entrada en esa tierra sin la voluntad y el consentimiento de Melian. ¿Es eso magia? Lo mismo podríamos decir de los Silmarils, fabricados por Fëanor en Valinor, después de que Aulë le enseñara el «oficio» [craft, no magia]; o de los Anillos élficos fabricados por Celebrimbor [nieto de Fëanor y, por extensión, heredero natural de la artesanía enseñada por Aulë]; o del propio Espejo de Galadriel, cuyo origen no se especifica, pero que podemos suponer como uno de los tantos objetos de valor que los Noldor se llevaron de Valinor cuando partieron. Dado que los Noldor fueron favorecidos por Aulë, no es irracional suponer que este tuvo algo que ver en su creación, ya sea directamente o a través de la enseñanza [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Algo parecido ocurre con la magia élfica en el control de las aguas, como la crecida del Bruinen. Según El Silmarillion, todas las aguas están bajo el gobierno de Ulmo; de hecho, los Elfos dicen que «el espíritu de Ulmo corre por todas las venas del mundo»; de modo que es él, no magia, lo que agita las aguas. Por otro lado, hay varias sugerencias en la obra de Tolkien de que ciertos lugares físicos se pueden configurar como trampas mágicas, como el Vado de Branduin y el Paso de Caradras.

El mismo razonamiento puede aplicarse en intervenciones como el Canto de Lúthien para derrotar a Melkor [Lúthien, por supuesto, es mitad Maia]; o el canto de Tom Bombadil para controlar al Viejo Hombre-Sauce en el Bosque Viejo; o Sam utilizando la luz de Eärendil en Cirith Ungol [luz que proviene de los Silmarils]; toda la magia de la Tierra Media tiene algún tipo de relación con seres anteriores a Arda. Y, considerando que Arda surgió a partir de la Música de los Ainur, no sorprende que la música y la recitación en sí mismas tengan propiedades mágicas [ver: ¿Tom Bombadil podría haber derrotado a Sauron?]

Todas las razas de la Tierra Media tienen algún tipo de habilidad que podría parecer mágica; pero cuánto más nos alejamos del origen de ese poder [Eru, luego los Ainur] más y más se diluye, hasta desaparecer por completo. Lo mismo sucede con la sabiduría [como hemos visto, análoga a la magia para Tolkien]: los Elfos de la Tierra Media son menos sabios [¿menos mágicos?] que los Elfos que vieron la luz de los árboles y conocieron a los Valar, o los hombres que se fueron degradando al alejarse física y espiritualmente de Númenor y, en consecuencia, de los Valar.

A Tolkien no parece agradarle demasiado el concepto tradicional de Magia. Los dispositivos creados por Sauron y Saruman, incluido el Anillo, son más bien productos de la técnica y no de algo excluyentemente sobrenatural, mientras que la Magia en seres como los Elfos, los Istari, incluso los Ainur, parece relacionarse con algún tipo de poder espiritual innato que les pernite afectar el mundo físico en diversos grados. Sin embargo, si la Magia es, en última instancia, una fuerza invisible que actúa sobre un objeto físico, hay varios ejemplos de ello en la Tierra Media. Dos ocurren durante el viaje a través de Moria:


[«No puedo adivinar qué fue, pero nunca había sentido un desafío tan grande. El contrahechizo fue terrible. Casi me rompe. ¡Por un instante la puerta salió de mi control y comenzó a abrirse! Tuve que pronunciar una palabra de mando. Eso resultó ser una tensión demasiado grande. La puerta estalló en pedazos. Algo oscuro como una nube estaba bloqueando toda la luz en el interior, y fui lanzado hacia atrás por las escaleras. Toda la pared cedió, y creo que también el techo de la cámara.»]


Y:


[«En ese momento Gandalf levantó su bastón y, gritando en voz alta, golpeó el puente que tenía delante (...) El puente se agrietó.»]


También podemos ver Magia, en términos de una fuerza física desconocida que afecta a una cosa o persona, en la Torre de Cirith Ungol, cuando los Vigilantes intentan evitar que Sam entre en la torre:


[«Sintió un golpe: como si se hubiera topado con una telaraña como la de Shelob, solo que invisible.»]


Y, un poco más tarde:


[«Sam empujó hacia adelante una vez más y se detuvo con una sacudida, tambaleándose como si hubiera recibido un golpe en el pecho y la cabeza.»]


Otro pasaje de Las dos torres que parece tener cierta relevancia:


[«El anciano era demasiado rápido para él. Se puso de pie rápidamente y saltó a la cima de una gran roca. Allí estaba él, repentinamente alto, elevándose por encima de ellos. Su capucha y sus harapos grises fueron arrojados lejos. Sus vestiduras blancas resplandecían. Levantó su bastón y el hacha de Gimli saltó de sus manos y cayó resonando en el suelo. La espada de Aragorn, rígida en su mano inmóvil, ardió con un fuego repentino. Legolas dio un gran grito y disparó una flecha al aire: esta se desvaneció en un destello de llamas.»]


Dado el contexto [el regreso de Gandalf], la interpretación es obvia. Todo sucede después de que Gandalf levantara su bastón, y el efecto en cada arma de los Cazadores [Gimli, Legolas y Aragorn] está relacionado con el fuego y la luz. ¿Por qué otra razón se desvanecería una flecha «en un destello de llamas» sino es Magia? Además, sabemos que Gandalf [el Gris] podía controlar y conjurar el fuego y la luz en pequeña escala. Nada hace suponer que el Blanco no pudiese hacer lo mismo, e incluso más que su anterior versión [ver: Gandalf como Señor del Anillo]

El mecanismo interno de los hechizos en la Tierra Media también permite diversas interpretaciones. Por ejemplo, el hechizo de fuego de Gandalf [Naur an edraith ammen / Naur dan i-ngaurhoth] no necesita demasiada explicación. Funciona como un hechizo tradicional; pero el primer hechizo fallido con el que intenta abrir las puertas de Moria [Annon edhellen, edro hi ammen] suena más bien a una contraseña genérica. De hecho, la Puerta de Moria se abre con una contraseña [Mellon], y nada hace pensar que hubiese magia real en esto, sino más bien un dispositivo técnico. De hecho, este episodio es una clara prueba de que no hay Magia involucrada. Después de todo, la palabra élfica Mellon [«amigo»] no es una palabra mágica, ni un conjuro, ni un hechizo. Es una palabra, que en este caso sirve de contraseña para abrir esta puerta en particular de acuerdo a las especificaciones del fabricante.

Los hechizos de fuego son especialmente interesantes. Gandalf es uno de los Maiar, por lo que creo que tuviera que invocar alguna «magia» ardiente con palabras en sindarin. ¿Estaba simplemente murmurando lo que quería hacer? ¿O estaba ejecutando algún tipo de comando de voz sobre Narya? Después de todo, Narya [el Anillo de Fuego] le dio a Gandalf fuerza adicional y amplificó algunas de sus habilidades, como su habilidad innata para alentar y persuadir a otros. La capacidad de manipulación del fuego también podría mejorarse con Narya, pero Tolkien nunca sugiere que esta capacidad de manipular el fuego y la luz se deban únicamente Narya. Gandalf no depende ni necesita a Narya para usar su poder innato; el Anillo solo lo amplifica [ver: ¿Qué sucedió durante la lucha entre Gandalf y el Balrog?]

Más próximo a la magia es el hechizo tallado en las dagas de Westernesse, capaces, a su vez, de romper «el hechizo que unía sus tendones invisibles [del Rey Brujo] a su voluntad». Pero, ¿cómo funcionan estas dagas? Por supuesto, podrían responder a algún tipo de poder incomprensible, pero los hechizos en las dagas también podrían ser un tipo de tecnología codificada en los símbolos de las hojas, los cuales se ejecutan de alguna manera solo cuando encuentran el objetivo para el que fueron programados, en este caso, el Rey Brujo.

Realmente no sabemos cómo funcionan los hechizos en la Tierra Media, ya sean palabras mágicas escritas o habladas. En la Carta #155, Tolkien aclara que la Magia es un poder inherente que no puede ser adquirido por conocimiento. De ahí la necesidad de una explicación [que no sea «magia»] para los hechizos antes mencionados. Evidentemente, para Tolkien hay un poder intrínseco en las palabras. Lo vemos todo el tiempo. En La Cima de los Vientos, Frodo golpeó al Rey Brujo gritando O, Elbereth Gilthoniel. Más tarde, Aragorn comentó: «Más mortal para él era el nombre de Elbereth». ¿Cuál es ese poder? Podríamos pensar que son hechizos, pero también que ciertas palabras, en el orden adecuado y las circunstancias correctas, funcionan invocando el poder divino. Es decir, las palabras en sí mismas no son mágicas, sino que activan o invocan el verdadero poder detrás de ellas.

En este punto creo que es oportuno excluir a los poderes mentales del concepto tradicional de Magia. Conocemos bien las habilidades de los Señores Oscuros para controlar la mente o tener influencia directa sobre los pensamientos de los demás [de hecho, el Anillo Único es una herramienta que permite dominar las mentes mucho mejor]. Dentro del mundo de Tolkien, muchas entidades malignas parecen tener un aura de miedo sobrenatural [Nazgul, Tumularios, Balrogs]; sin embargo, los Ainur también emanan poder, e incluso los Elfos, a la vista de ciertos mortales, pueden sentirse extremadamente intimidatorio. Este efecto no parece ser magia, sino más bien una respuesta natural, y acaso instintiva, ante un ser espiritualmente más elevado [o bajo] que el observador.

¿Acaso es Magia cuando Glaurung borra los recuerdos de Nienor, o cuando todos los dragones, en mayor o menor medida, paralizan e hipnotizan con la mirada a sus víctimas?


[«Bilbo comenzaba a sentirse realmente incómodo. Cada vez que el ojo errante de Smaug, buscándolo en las sombras, lo cruzaba, temblaba, y un inexplicable deseo de salir corriendo, revelarse y decirle toda la verdad a Smaug, se apoderaba de él. De hecho, estaba en grave peligro de caer bajo el hechizo del dragón.»]


¿Es esto Magia? Podría serlo. También es común que toda experiencia con algo o alguien espiritualmente más fuerte nos produzca miedo, como si estuviésemos frente a un depredador o un animal peligroso. Instintivamente percibes la amenaza y sabes que podría hacerte daño, aun cuando esa no sea su intención.

Creo que es seguro asumir que la voz de Smaug podría tener la misma cualidad «mágica» que la de Saruman. De hecho, la personalidad de Smaug es más bien abrumadora. Afortunadamente, los Hobbits son «más resistentes a esas cosas», llamémoslo «resistencia mágica», lo cual le permitió a Bilbo evitar los ojos del dragón. Recordemos que Morgoth también usó sus ojos para intimidar a muchos cautivos y así esclavizarlos [otra forma de control mental]:


[«Y deseando sobre todo sembrar el miedo y la desunión entre los Eldar, él ordenó a los Orcos que capturaran vivos a todos los que pudieran y los llevaran atados a Angband; y algunos estaban tan intimidados por el terror de sus ojos que no necesitaban más cadenas, sino que caminaban siempre con temor de él, haciendo su voluntad dondequiera que estuvieran. Así Morgoth aprendió mucho de todo lo que había ocurrido desde la rebelión de Fëanor, y se regocijó al ver en ello la semilla de muchas disensiones entre sus enemigos.»]


Y:


[«Pero los Noldor siempre temieron más la traición de aquellos de su propia familia que habían sido esclavos en Angband; porque Morgoth usó a algunos de estos para sus malvados propósitos, y fingiendo darles libertad los envió al extranjero, pero sus voluntades estaban encadenadas a la suya, y se extraviaron solo para volver a él. Por tanto, si alguno de sus cautivos escapó en verdad, y volvió a su propia gente, fueron poco bienvenidos, y vagaron solos, desesperados y fuera de la ley.»]


Según Tolkien [invocamos nuevamente la Carta #155], la magia se trata en gran medida de motivos e intenciones. En general, aunque con algunas excepciones, la magia es un poder inherente que no se puede adquirir o aprender. Por lo tanto, no es magia realmente, sino parte de la constitución natural de estos seres. Beorn no hace magia para convertirse en oso. Solo está haciendo lo que hace Beorn. Magia sería si un mortal aprendiese a convertirse en oso, pero las cosas no funcionan así en el mundo de Tolkien.

Un hechizo es una pronunciación o un encantamiento mágico que se usa con un propósito, pero es tu poder inherente, o tu habilidad innata, lo que hace posible que suceda. Sin embargo, Gandalf parece afirmar que no únicamente los seres elevados pueden recurrir a este tipo de poder. Incluso los Orcos parecen manejar algún tipo de conocimiento mágico:


[«Una vez supe todos los hechizos en todas las lenguas de Elfos, Hombres u Orcos, que alguna vez se usaron para tal propósito. Todavía puedo recordar diez decenas de ellos sin buscar en mi mente.»]

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Pero aquí Gandalf se refiere a los hechizos con un cierto propósito [en este caso, abrir puertas] y, como ya hemos visto, esto no necesariamente tiene que ver con la magia, sino más bien con algún tipo de conocimiento técnico para fabricar objetos que respondan ante ciertos comandos [ver: Khuzdul: la lengua secreta de los Enanos]

Es interesante que la magia de Morgoth y luego Sauron y Saruman se relacione directamente con la fabricación de maquinaria y dispositivos con efectos destructivos. Después de todo, el objetivo de la magia [al margen de cualquier consideración filosófica] es la inmediatez: la reducción de la distancia entre la idea o el deseo y el resultado o efecto. Sin embargo, la Magia en la Tierra Media no es fácil de usar; y el mismo efecto puede lograrse si tienes mano de obra esclava o maquinaria. Con esto puedes perforar montañas, destrozar bosques o construir torres. Pero aquí entra a jugar otro factor, moral o patológico: los tiranos se vuelven crueles; les gusta aplastar, herir y profanar.

De todos modos, una diferencia en el uso de la Magia en la Tierra Media es que esta no se obtiene por tradición y/o aprendizaje; la Magia está en un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar. Las habilidades curativas de Aragorn podrían considerarse como «mágicas», o al menos una mezcla de magia, farmacología y procesos hipnóticos; pero este proceso, recordemos, lo registran los Hobbits, quienes tienen muy pocas nociones de filosofía y ciencia; mientras que Aragorn no es un Hombre «normal», sino un descendiente de Lúthien, por lo tanto, está relacionado directamente con Melian, una Maia; por lo que la Magia, aun muy diluida y degradada, forma parte de Aragorn como perteneciente a la rama de los Ainur [ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión]

Como dice Tolkien, la Magia es «un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar». En este sentido, los hechizos [en términos de verbalismos], no provocan el resultado y no logran nada, a lo sumo pueden ser una herramienta para enfocar el poder inherente de la persona. Sin embargo, creo que la Magia de la que habla Tolkien [cuando dice que no es alcanzable por los hombres], debe definirse de manera muy estrecha. Quizás lo que Tolkien quiere decir con esto es que la capacidad general de manifestar materialmente actos de voluntad [como la magia de fuego de Gandalf] está más allá de de los hombres mortales. No obstante, Tolkien también admite que los numenoreanos usaron hechizos para hacer espadas; y probablemente por esto era consciente de que el tema de la Magia en Arda era una cuestión problemática.

La Magia, entonces, es una herramienta para manipular el mundo de acuerdo a leyes físicas [algunas conocidas, otras no tanto], y ciertamente tiene límites. Tolkien no es explícito sobre cuáles son esos límites, y en la mayoría de los casos no es necesario que lo sea, porque utiliza la Magia para resolver nada importante en El Señor de los Anillos. Pero cuando ves las cosas a través de los ojos de los Hobbits, las actividades de Gandalf están más allá de su entendimiento; incluso sus decisiones parecen estar sujetas a una lógica sobrenatural. La sabiduría de Gandalf es lo suficientemente avanzada como para ser percibida como algo mágico.

La idea de que la tecnología es una expresión de la magia [goeteia, en este caso] fue compartida por un gran amigo de Tolkien, C.S. Lewis, quien sostuvo:


[«Al principio, la magia y la ciencia eran gemelas: una estaba enferma y murió, la otra continuó, fuerte y próspera. Sin dudas, la magia se contrasta en nuestras mentes con la de los magos, pero solo a la luz de su expresión, y solo porque sabemos que la ciencia tuvo éxito y la magia fracasó.»]


Si la magia y la ciencia estaban relacionadas en un pasado remoto, tiene sentido que los principales exponentes de la Magia/Tecnología en la Tierra Media sean figuras demoníacas empeñadas en dominar al mundo, como Sauron y Saruman. De hecho, no es caprichoso que Bárbol, el Ent, defina a Saruman en los siguientes términos: «tiene una mente de metal y ruedas; y no le importan las cosas que crecen, excepto en la medida en que le sirvan por el momento». [ver: ¿Qué pasó con las Ent Mujeres?]

Tolkien, como C.S. Lewis, reafirma este vínculo entre la tecnología y la magia negra; de hecho, cuanto más diabólico es el personaje, más cerca está de fabricar y usar dispositivos tecnológicos para favorecer sus oscuros designios [ver: El león, la bruja y el Fimbulvetr]. La relación es demasiado obvia como para pasarla por alto. El problema surge porque toda la historia es narrada por los Hobbits, y estos simplemente hablan de Magia cada vez que tienen que describir procesos y habilidades que no podían entender y mucho menos explicar fuera de su limitada tradición y conocimiento. Esencialmente, los Hobbits perciben la Magia de acuerdo a los términos de la Tercera Ley de Clarke: «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia».

A propósito, Isaac Asimov escribió un ensayo titulado El Anillo del Mal (The Ring of Evil), donde explora el simbolismo de El Señor de los Anillos:


[«Tom Bombadil es un personaje misterioso que parece representar la naturaleza en su conjunto. Los Ents caracterizan los bosques verdes, y los Enanos representan las montañas y el mundo mineral. Están los Elfos, también, poderosos pero desgastados, representantes de un tiempo que pasa al limbo, que no sobrevivirá a pesar de que Sauron haya sido destruido. Pero, ¿qué representa el Anillo Único? Es poderoso, controla a los otros anillos, inspira un impulso casi abrumador de poseerlo y corromperá por completo a quien lo use. Incluso el poderoso Gandalf evita tocarlo, y lo deja en manos de un pequeño y débil Hobbit, Frodo, para llevar su carga. Al final, también lo corrompe a él. ¿Qué es el Anillo Único, entonces? ¿Qué representa? ¿Qué es lo que es tan deseable y tan corruptor? ¿Qué es lo que no se puede dejar ir a pesar de que nos está destruyendo?»]


La respuesta de Asimov a todas estas preguntas se resume en una palabra: tecnología.

Para Asimov, Mordor representa al mundo industrial que, lenta pero seguramente, cubrirá el planeta. Los Elfos, en su opinión, representan la era preindustrial que se está desvaneciendo, mientras que los Ents, los Enanos y Tom Bombadil son diferentes facetas de la naturaleza que están siendo destruidas o desplazadas por la industrialización. Los Hobbits representan la vida pastoral ya desaparecida.

El atractivo del Anillo Único, sostiene Asimov, es análogo al de la tecnología: la seducción de las cosas que se hacen más rápido, más fácil, de los artilugios y dispositivos que se fabrican en una variedad de formas pero que nos conducen a estar atados a ellos. No somos muy distintos de Frodo en este sentido, quien no pudo arrojar el Anillo al fuego. De igual modo, nuestra dependencia de la tecnología nos está destruyendo, y no hay un Monte del Destino al cual arrojarla. La realidad actual nos obliga a pensar que El Señor de los Anillos cuenta una victoria pasajera, casi efímera. Basta mirar nuestro mundo industrializado y sobreexplotado para notar que las sombras de Mordor se han extendido sobre toda la Tierra Media.




Tierra Media. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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