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La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.


La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.




La Tercera Ley de Clarke, propuesta por el escritor británico Arthur C. Clarke, establece lo siguiente:


[«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.»]


Ya hemos hablado sobre esto en El Espejo Gótico en relación a Gandalf [ver: Gandalf y la tercera ley de Clarke] Hoy ampliaremos un poco más el panorama al analizar cómo se aplica la Tercera Ley de Clarke a la magia en la Tierra Media. [ver: Viajes en el Tiempo en la Tierra Media]

J.R.R. Tolkien no elegía palabras accidentalmente. Tenía mucho cuidado al asignar referencias a personajes, lugares y hechos para transmitir matices de significado que no resultan obvios de inmediato. La Magia, por supuesto, es uno de los elementos más significativos y, al mismo tiempo, indefinible en la Tierra Media. Por ejemplo, una búsqueda rápida por El Silmarillion, El Señor de los Anillos y El Hobbit revela lo poco que Tolkien utiliza la palabra sorcerer [«hechicero»] y sus derivados. El profesor admitió en sus cartas que su uso de la magia era bastante casual y, a veces, inconsistente, pero el concepto está presente de todos modos.

En la Carta #155, Tolkien diferencia dos tipos de magia en la Tierra Media: magia y goeteia. Ambos fueron utilizados por personajes «buenos» y «malos», aunque en diferentes cantidades y para diferentes propósitos. Dentro de la obra de Tolkien, la Magia «produce efectos reales en el mundo físico», mientras que goeteia tiene más que ver con influir en las voluntades. Actualmente los diccionarios en inglés etiquetan este término como un arcaismo para «brujería o magia realizada por la invocación y el empleo de espíritus malignos»; en una palabra: nigromancia. La goeteia no solo está directamente relacionada con la mayoría de las formas en que se usa sorcerer [«hechicero»] en los libros de Tolkien, sino que también está estrechamente asociado con personajes malvados [ver: Thû: la historia del verdadero Nigromante de Dol Guldur]

El Oxford English Dictionary da la definición moderna de sorcerer como «alguien que afirma o se cree que tiene poderes mágicos», mientras que el Cambridge English Dictionary especifica que estos poderes mágicos se utilizan para dañar a otras personas, lo que implica una connotación maligna específica. La Encyclopaedia Britannica comparte esta última opinión. Si bien en estos días el uso de sorcerer parece ser bastante laxo y su connotación es más neutral que positiva o negativa, no era el caso en la Edad Media.

En el corazón de la palabra sorcerer se encuentra la raíz latina sors, que significa «destino», «fortuna» [la deidad romana Sors regía sobre el azar, de ahí la palabra española sorteo]. En latín medieval, el sortiarius era un adivino, pero también alguien capaz de influir en el destino o la fortuna. El término se introdujo al Francés Antiguo en la forma sorcier [«mago»]. Cuando llegó al Inglés Medio en el siglo XIV, la palabra adquirió el significado de «conjurador de espíritus malignos».

El uso que hace Tolkien de sorcerer y sorcery [«hechicero» y «hechicería»] es enfáticamente negativo. Suele implicar la intromisión de mentes, vidas, voluntades, emociones; invocar espectros o espíritus para alcanzar objetivos malignos. Bárbol habla del «fuego o explosión de hechicería» de Saruman como algo que puede matar a los Ents; Boca de Sauron aprendió hechicería cuando entró al servicio de Mordor y los Espectros del Anillo se convirtieron en grandes hechiceros tras conseguir los Anillos de Poder [ver: Los extraños poderes de los Nueve Anillos]. Estas, sin embargo, son en su mayoría menciones y referencias pasajeras. El principal título de hechicero de la Tierra Media está reservado para Sauron.

Como Sauron había ascendido al estatus del lugarteniente de Morgoth en la Primera Edad, se convirtió en una amenaza considerable para la Tierra Media. Así lo describe Tolkien en El Silmarillion:


[«Sauron se había convertido en un hechicero (sorcerer) de un poder espantoso, maestro de las sombras y los fantasmas, inmundo en sabiduría, cruel en fuerza, deformando lo que tocaba, torciendo lo que gobernaba, Señor de los Licántropos.»]


Desde la Primera Edad en adelante, Sauron y goeteia van de la mano. Fue la hechicería lo que lo ayudó a capturar la torre de Minas Tirith en poder de Orodreth, hermano de Finrod, y convertirla en el puesto de vigilancia de Morgoth. Nadie en Minas Tirith pudo resistir el ataque de Sauron «porque una nube oscura de miedo cayó sobre los que la defendían». Después de ganar la torre [que pasó a ser conocida como Tol-in-Gaurhoth], Sauron se instaló allí con sus huestes de «fantasmas y espiritus errantes». También fue por medio de la hechicería de Sauron que Gorlim fue capturado por los sirvientes del Señor Oscuro y luego llevado a la traición de Barahir y sus hombres. La imagen fantasmagórica de la esposa del pobre hombre, conjurada en su antigua casa, indujo a Gorlim a pensar que en realidad era Eilinel, y provocó que aceptara cualquier condición de Sauron [ver: ¿Por qué Sauron no permitía que se pronunciara su nombre?]

Fue durante su estancia en Dol Guldur que a Sauron se le llamó más a menudo sorcerer [hechicero]. De hecho, hasta que se supo quién habitaba en el extremo sur del Bosque Negro [Mirkwood], el título con el que Tolkien se refiere predominantemente a él es The Sorcerer, con artículo definido y mayúscula. Una vez que su presencia se estableció allí, el bosque quedó envenenado por la presencia malvada de Sauron y su hechicería: «las sombras lo llenaron, cosas malvadas se arrastraron allí y muy pocos se atrevieron a atravesar el bosque a menos que fuera en el norte con la gente de Thranduil manteniendo alejado el mal». También hubo avistamientos de nubes y sombras que se arrastraban desde Dol Guldur. Durante un tiempo, la naturaleza de la oscuridad y las sombras fue un misterio:


[«Pocos sabían de dónde procedía, y pasó mucho tiempo antes de que incluso los Sabios pudieran descubrirlo. Era la sombra de Sauron y la señal de su regreso. Pues saliendo de los páramos del Este, fijó su morada en el sur del bosque, y lentamente creció y allí tomó forma de nuevo; en una colina oscura hizo su morada y forjó allí su hechicería (sorcery), y toda la gente temía al Hechicero (Sorcerer) de Dol Guldur, y sin embargo, al principio no sabían cuán grande era su peligro.»]


El antiguo nombre élfico de esta colina, Amon Lanc, cambió luego de que Sauron se estableciera allí. Pasó a llamarse Dol Guldur, que significa «Colina de la Hechicería» [Hill of Sorcery]. La palabra gul significa «hechicería», pero su equivalente en quenya era nole [«saber», «conocimiento»], que conservaba una connotación neutra, mientras que el sindarin gul adquirió un aire negativo y se refería al conocimiento del mal, la nigromancia, y se empleaba principalmente en combinaciones negativas como Morgul. La palabra también estaba en uso en el idioma hablado en Mordor [ver: Sauroniano: análisis de la Lengua Negra de Mordor]

Aproximadamente al mismo tiempo, a Sauron el Hechicero también se le llamaba a menudo el Nigromante [Necromancer]. En Leyes y costumbres entre los Eldar (Laws and Customs Among the Eldar), Tolkien afirmó que algunos fëar élficos desencarnados rechazaron la convocatoria de Manwë después de la destrucción de sus hröar, y podrían intentar tomar posesión de cuerpos vivos con el objetivo de ocuparlos y controlarlos. En otras palabras, Tolkien establece que ciertos espíritus poderosos, como las almas o espíritus de los Elfos [fëar] podían desalojar otros cuerpos vivos y ocuparlos. Se decía que Sauron recurría a tales artes negras y enseñaba a sus seguidores cómo hacerlo. Tales prácticas oscuras, si alguna vez tuvieron lugar, bien justifican el título de Nigromante [ver: ¿Gandalf podría haber derrotado a Sauron?]

El trato de Sauron con fantasmas [Tolkien utiliza bastante la palabra phantoms, pero no en el sentido del fantasma tradicional] y el dominio de las voluntades alcanzó su apogeo cuando forjó el Anillo Único. Siendo el Anillo Gobernante, hizo que los otros Anillos de Poder se conectaran con él. La destrucción total a la que podría conducir esta dependencia y el uso constante de los Anillos se ve perfectamente con el Nazgûl. Habiendo poseído y usado sus Anillos durante mucho tiempo, los Nueve finalmente se convirtieron en espectros que caminaban en el mundo de lo Invisible bajo la influencia de Sauron. Su arma principal era el miedo [ver: Nazgûl: poderes y habilidades de los sirvientes más letales de Sauron]

Su jefe, el Señor de los Nazgûl, era el más poderoso de los Espectros del Anillo. Gandalf se refiere a él como «una lanza de terror en la mano de Sauron, una sombra de desesperación», y en otro caso dijo que «esgrime un miedo mortal». Para el Señor de los Nazgûl, el miedo era un arma más poderosa que la espada. Muy pocos podían resistir al Rey Brujo y el terror que infundía. Su otra arma no era menos letal: la hoja de Morgul estaba encantada con hechizos oscuros, y las heridas que producía podían tener consecuencias muy graves. Un fragmento de una hoja de Morgul quedó en la herida de Frodo y casi lo convirtió en un Espectro. Incluso después de que se quitó la pieza y el Hobbit se curó por completo, todavía sufría todos los años en la fecha en la que fue herido.

Hay algunos casos excepcionales en los que la palabra hechicero y sus derivados se usan en referencia a personajes «buenos», y se entienden como una forma de mostrar desconfianza o incluso desprecio. Galadriel es llamada la Hechicera del Bosque Dorado [Sorceress of the Golden Wood] por Grima Lengua de Serpiente. La implicación de Éomer es menos directa en su encuentro con Aragorn, Gimli y Legolas:


[«Pero si tienes su favor, entonces quizás también seas tejedor de redes y hechicero.»]


El «también» funciona de manera sutil pero firme: pone a los tres viajeros y a Galadriel en una sola compañía como hechiceros y, por lo tanto, gente en quien no se puede confiar. La propia Galadriel pensaba que los mortales a menudo confundían la magia élfica con los goeteia de Sauron [ella se refiere a «los engaños del Enemigo»]. Sin embargo, en la época de la Guerra del Anillo, cuando la mayoría de los Elfos habían abandonado la Tierra Media y se habían convertido en personajes de cuentos y leyendas, esa actitud desconfiada de los mortales parecía ser la norma, y en el caso de Grima y Éomer, se ve claramente en sus elecciones de palabras.

La Hechicería siempre es algo malo en la Tierra Media de Tolkien. Es una forma de arte oscuro a la que solo recurren personajes malvados para destruir, someter o manipular voluntades. Sauron, siendo el principal hechicero de la Tierra Media [incluso durante la época de Morgoth], es la encarnación de cómo podría funcionar la goeteia cuando se usa con malos propósitos. Otro caso interesante es el de Saruman [ver: El misterioso Anillo de Saruman]

Respecto a Saruman, hay un artículo interesantísimo de Dennis Wilson Wise titulado Entre la ira y la elocuencia en Saruman y Trasímaco (Between Rage and Eloquence in Saruman and Thrasymachus), donde se evalúa la posibilidad de que Saruman sea, después de todo, una representación de Trasímaco, un sofista griego; es decir, uno de esos maestros morales [generalmente inescrupulosos] que aparecieron en todo el mundo griego en el siglo V a.C. que enseñaban el arte de la persuasión. En efecto, Saruman y Trasímaco tienen mucho en común, tanto que uno no puede dejar de pensar que Tolkien construyó a Saruman y su habilidad en el arte de la persuación pensando en los sofistas.

La palabra griega sophistes [«sofista»] originalmente significaba «hombre sabio», pero se la usaba con una connotación negativa para referirse a los maestros ambulantes que visitaban Atenas. Aristófanes, Platón y, más tarde, Aristóteles, los detestaban. Ahora bien, la palabra sophistes [sophistes, «sofista»] combina la raíz σοφία [«habilidad», «arte», «sabiduría»] con el sufijo στής. El nombre Saruman se forma exactamente de la misma manera, combinando saru, una forma dialectal de Mercia [del Inglés Antiguo searu], «habilidad» o «arte», con el sufijo man. La conexión obvia, también la implicación: Saruman es persuasivo y astuto, y su nombre [aunque no es su nombre original] lo establece como un hecho.

Tengamos en cuenta que las cualidades que Tolkien atribuye a la goeteia, a saber: aterrorizar, engañar o subyugar otras voluntades, factores que no son en absoluto diferentes de las cualidades de la voz de Saruman, por las cuales puede persuadir o intimidar a otros.

Tolkien hace una distinción clara entre Magia y Goeteia, pero, ¿es la Magia «buena» y la Goeteia «mala» per se? No parece ser el caso. De hecho, es el propósito con el que se emplea la Magia, en todas sus formas, lo que determina su color, por llamarlo de algún modo. En la Tierra Media, la Magia se transforma sorcery cuando se la utiliza para influir sobre el libre albedrío de los demás, pero las operaciones de Sauron y Morgoth no son solo «engaños del Enemigo» como dice Galadriel, es decir, Goeteia, sino que también emplean la Magia, que Tolkien define por su capacidad de producir efectos reales en el mundo físico [ver: Morgoth vs. Sauron: ¿quién fue más poderoso?]

Gandalf también emplea la Magia para impactar en el mundo físico, pero siempre con moderación; por ejemplo, para encender fuego en un leño mojado; es decir, usa un tipo de Magia que produce efectos reales en el mundo físico. Este tipo de Magia está lejos de tener un aura grandilocuente. Gandalf la utiliza como un recurso, una herramienta excepcional, pero con extremo cuidado cerca de los mortales. Encender un leño mojado probablemente no llegue a impresionar a los Elfos, pero sí puede desconcertar a los mortales [sobre todo a Sam], para quienes la diferencia entre los distintos tipos de Magia no suele ser claro.

Por otro lado, la Goeteia sí requiere otro grado de teatralidad. Este tipo de Magia opera por invocación, es decir, por palabras que deben ser pronunciadas en el tono correcto [y a veces gritadas a viva voz]. El término griego γοητεία, «encantamiento», proviene de la misma raíz de «gemido» y «lamento», especialmente por los muertos [ver: Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación]. Ya hemos visto cómo el poder de Saruman reside en su voz, y no tanto en sus argumentos. Por supuesto, es un tipo astuto, pero si Tolkien realmente se inspiró en los sofistas griegos, estos se caracterizaban por la teatralidad con la que empleaban el poder de la voz para hacer que un argumento moralmente inferior derrotara a uno moralmente superior. Y eso es precisamente lo que hace Saruman. De hecho, la reacción de Gandalf ante los discursos de Saruman [que hacen dudar a Théoden y Gimli] es muy parecida a la de los filósofos griegos como Platón y Aristóteles: no se discute con un sofista, se lo hace callar.

Incluso un especialista como Tolkien no siempre estaba satisfecho con el resultado de sus propias elecciones de palabras. En una carta reflexiona sobre «la dificultad de encontrar nombres en inglés para criaturas mitológicas para no ahogar al lector con una sarta de nombres élficos». Una de estas palabras que nunca terminó de gustarle del todo es Wizards, «magos», para referirse a los Istari. ¿Por qué? La palabra Quenya Istari [sing, Istar] significa literalmente «aquellos que saben»; en una palabra: «sabios». Su equivalente sindarin, Ithryn [sing, Ithron] se interpreta como «sabios», es decir aquellos con algún tipo de conocimiento oculto. Pero, como mencionamos anteriormente, Tolkien no estaba contento con la palabra wizard [«mago»] que usó como traducción de Istari.

Wizard es una palabra antigua, pero no tanto [para los estándares de Tolkien]; data de principios del siglo XV y proviene de la palabra wys, «sabio», y el sufijo ard que sirve para formar sustantivos. En sus inicios, se usaba en referencia a los filósofos, pero como la distinción entre filosofía y magia no estaba muy clara en el siglo XV, pasó a significar «alguien con poderes mágicos»; es decir, «mago». Esto explica por qué Tolkien encontró que la palabra wizard era inadecuada para sus Istari. Para la mayoría de los lectores, wizard tiene una connotación claramente mágica. Esto no es del todo apropiado para Istari, cuyos principales atributos son la sabiduría, el conocimiento de la historia y la naturaleza del mundo [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

A pesar de todo esto, Tolkien no encontró un término mejor. Al menos, wizard sugería cierta conexión con wise [«sabio»], y por ende con la sabiduría; de modo tal que el lector no solo pensara en los Istari en términos de magia sobrenatural. Creo que debido a esta brecha entre el término usado [wizard] y el principal atributo de los Istari [la sabiduría] es que Tolkien insiste en cada ocasión que se le presenta para subrayar que la misión de los Magos en la Tierra Media era «enseñar, aconsejar, instruir, pero con sutileza, sin forzar ni dominar la voluntad de los demás»; básicamente todo lo contrario a la goeteia de Sauron y sus seguidores [ver: La verdadera misión de Radagast en la Tierra Media]

Ahora bien, Tolkien no dice que los Istari no pudieran utilizar la goeteia; más bien sostiene que, siendo emisarios de los Valar, tenían prohibido exhibir abiertamente, y en su totalidad, sus poderes. De los cinco Istari que llegaron a la Tierra Media, Gandalf es el único que juega según estas reglas. Para Círdan, eso hace que Gandalf sea el mago más poderoso [aunque fuese «el de menor estatura»]; es decir, el más sabio, alguien que solo usaba su sabiduría de una manera cuidadosa para el beneficio los demás. Más aun, la magia de Gandalf es la más poderosa de los Istari, primero, porque sigue las reglas de los Valar [y por lo tanto, de seres más sabios que él mismo]; segundo, porque básicamente es el mismo que cuando vivía en Valinor como Olórin:


[«Porque aunque amaba a los Elfos, (Olórin) caminaba entre ellos sin ser visto, o como uno de ellos, y los Elfos no sabían de dónde venían las bellas visiones o los impulsos de sabiduría que él ponía en sus corazones.»]


Nada cambió realmente cuando Olórin asumió un cuerpo físico físico y se convirtió en Gandalf en la Tierra Media. Como buen sabio, nunca buscó el poder o el dominio de los demás, sino que compartió su conocimiento con alegría, a veces con cierta impaciencia. Tenía un interés genuino por los habitantes de la Tierra Media, especialmente por los Hobbits, y demostró tener más visión de futuro que Saruman, cuya magia se aleja de la sabiduría y se aproxima mucho más a la goeteia de Sauron [ver: La teología de la Tierra Media]

Ahora bien, ¿qué sucede con los Elfos y la Magia?

En la obra de Tolkien se menciona repetidamente que los Elfos [principalmente los Altos Elfos] son más poderosos que los Hombres; tanto es así que algunos emplazamientos élficos, como Rivendell y Lórien, son de alguna forma seguros ante los ataques de Sauron. En el caso de los Elfos, nuevamente, la Magia no es como la imaginamos tradicionalmente. Por suerte, la confusión de Sam nos ayuda a entender un poco más el problema de la magia élfica:


[«Porque esto es lo que tu gente llamaría magia, creo: aunque no entiendo claramente lo que quieren decir; y parecen usar la misma palabra para los engaños del Enemigo. Pero esta, si se quiere, es la magia de Galadriel. ¿No dijiste que deseabas ver magia élfica?»]


Claramente, el Espejo de Galadriel, como ella misma admite, es un ejemplo de lo que los mortales podrían llamar «magia»; sin embargo, con los Elfos la división entre «artesanía» y «magia» no está del todo clara. La forja de los Anillos de Poder, o incluso de los Silmarils, parece entrañar algún tipo de procedimiento técnico tan avanzado que, para la mirada de los mortales, parece magia [ver: ¿Qué significa realmente la inscripción en el Anillo Único?]

Los Elfos, como dice Galadriel, son perfectamente capaces de hacer cosas que otros pueblos llamarían «magia». No obstante, si realmente fuera magia [entendida como poder sobrenatural], los Elfos habrían podido utilizarla desde su despertar, pero este no parece ser el caso; de hecho, incluso si pensamos que cada raza y criatura en la Tierra Media tiene algún tipo de poder nativo, en mayor o menor grado, los Elfos definitivamente no hacían magia al principio. En todo caso, los Elfos simplemente eran Elfos, y eso incluye ejercer el poder nativo de su raza. Por ejemplo, Galadriel tiene el poder de leer los pensamientos de los demás. ¿Esto es algo natural en ella o un poder adquirido? Y si es adquirido, ¿cómo? ¿No será que este «poder» tiene más que ver con la inteligencia acumulada a través de miles de años de existencia, la cual le permite a Galadriel simplemente leer los rostros y expresiones de forma inimaginablemente precisa para nosotros?

Creo que cuando hablamos de magia, en realidad nos preguntamos si nosotros [un ser humano normal] podríamos hacer lo mismo. En principio, no podemos vivir miles de años, de modo que la inteligencia y la intuición de un ser que ha vivido esta cantidad de tiempo seguramente nos parecerían algo mágico. El encuentro de Galadriel con los Hobbits es como el de un adulto haciendo trucos ante un auditorio de niños de dos años. Ni siquiera el niño más sagaz del grupo tendría la menor idea de cómo el truco fue hecho, ni siquiera que fue un truco. Sin embargo, los Elfos también hacen magia ante entidades mucho más fuertes y antiguas que los Hobbits. Pensemos, por ejemplo, en Glorfindel volviéndose invisible mientras lucha contra los Espectros del Anillo. A simple vista, este también parece un buen ejemplo de magia manifiesta. ¿O quizás, una vez más, es la habilidad guerrera de Glorfindel, adquirida durante su larga existencia, lo que hace parecer que se ha vuelto invisible, o debemos creer que realmente era capaz de obtener invisibilidad por medios mágicos?

Personalmente creo que la verdadera magia en la Tierra Media está relacionada con los seres que existieron antes de Arda: los Ainur; dentro de los cuales, por supuesto, están los chicos malos de la historia. También creo que hay una serie de áreas grises en las que los Elfos exhiben habilidades que bordean, cuando no directamente se aventuran, en el reino mágico. No obstante, estos generalmente son logros técnicos, como los Silmarils y los Palantiri; es decir, objetos que parecen mágicos pero solo para la perpectiva de un mortal.

¿Qué es exactamente el Cinturón de Melian? Solo sabemos que es algún tipo de valla de encantamiento colocada alrededor del reino de Doriath. No sabemos cómo funciona, solo que impide la entrada en esa tierra sin la voluntad y el consentimiento de Melian. ¿Es eso magia? Lo mismo podríamos decir de los Silmarils, fabricados por Fëanor en Valinor, después de que Aulë le enseñara el «oficio» [craft, no magia]; o de los Anillos élficos fabricados por Celebrimbor [nieto de Fëanor y, por extensión, heredero natural de la artesanía enseñada por Aulë]; o del propio Espejo de Galadriel, cuyo origen no se especifica, pero que podemos suponer como uno de los tantos objetos de valor que los Noldor se llevaron de Valinor cuando partieron. Dado que los Noldor fueron favorecidos por Aulë, no es irracional suponer que este tuvo algo que ver en su creación, ya sea directamente o a través de la enseñanza [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Algo parecido ocurre con la magia élfica en el control de las aguas, como la crecida del Bruinen. Según El Silmarillion, todas las aguas están bajo el gobierno de Ulmo; de hecho, los Elfos dicen que «el espíritu de Ulmo corre por todas las venas del mundo»; de modo que es él, no magia, lo que agita las aguas. Por otro lado, hay varias sugerencias en la obra de Tolkien de que ciertos lugares físicos se pueden configurar como trampas mágicas, como el Vado de Branduin y el Paso de Caradras.

El mismo razonamiento puede aplicarse en intervenciones como el Canto de Lúthien para derrotar a Melkor [Lúthien, por supuesto, es mitad Maia]; o el canto de Tom Bombadil para controlar al Viejo Hombre-Sauce en el Bosque Viejo; o Sam utilizando la luz de Eärendil en Cirith Ungol [luz que proviene de los Silmarils]; toda la magia de la Tierra Media tiene algún tipo de relación con seres anteriores a Arda. Y, considerando que Arda surgió a partir de la Música de los Ainur, no sorprende que la música y la recitación en sí mismas tengan propiedades mágicas [ver: ¿Tom Bombadil podría haber derrotado a Sauron?]

Todas las razas de la Tierra Media tienen algún tipo de habilidad que podría parecer mágica; pero cuánto más nos alejamos del origen de ese poder [Eru, luego los Ainur] más y más se diluye, hasta desaparecer por completo. Lo mismo sucede con la sabiduría [como hemos visto, análoga a la magia para Tolkien]: los Elfos de la Tierra Media son menos sabios [¿menos mágicos?] que los Elfos que vieron la luz de los árboles y conocieron a los Valar, o los hombres que se fueron degradando al alejarse física y espiritualmente de Númenor y, en consecuencia, de los Valar.

A Tolkien no parece agradarle demasiado el concepto tradicional de Magia. Los dispositivos creados por Sauron y Saruman, incluido el Anillo, son más bien productos de la técnica y no de algo excluyentemente sobrenatural, mientras que la Magia en seres como los Elfos, los Istari, incluso los Ainur, parece relacionarse con algún tipo de poder espiritual innato que les pernite afectar el mundo físico en diversos grados. Sin embargo, si la Magia es, en última instancia, una fuerza invisible que actúa sobre un objeto físico, hay varios ejemplos de ello en la Tierra Media. Dos ocurren durante el viaje a través de Moria:


[«No puedo adivinar qué fue, pero nunca había sentido un desafío tan grande. El contrahechizo fue terrible. Casi me rompe. ¡Por un instante la puerta salió de mi control y comenzó a abrirse! Tuve que pronunciar una palabra de mando. Eso resultó ser una tensión demasiado grande. La puerta estalló en pedazos. Algo oscuro como una nube estaba bloqueando toda la luz en el interior, y fui lanzado hacia atrás por las escaleras. Toda la pared cedió, y creo que también el techo de la cámara.»]


Y:


[«En ese momento Gandalf levantó su bastón y, gritando en voz alta, golpeó el puente que tenía delante (...) El puente se agrietó.»]


También podemos ver Magia, en términos de una fuerza física desconocida que afecta a una cosa o persona, en la Torre de Cirith Ungol, cuando los Vigilantes intentan evitar que Sam entre en la torre:


[«Sintió un golpe: como si se hubiera topado con una telaraña como la de Shelob, solo que invisible.»]


Y, un poco más tarde:


[«Sam empujó hacia adelante una vez más y se detuvo con una sacudida, tambaleándose como si hubiera recibido un golpe en el pecho y la cabeza.»]


Otro pasaje de Las dos torres que parece tener cierta relevancia:


[«El anciano era demasiado rápido para él. Se puso de pie rápidamente y saltó a la cima de una gran roca. Allí estaba él, repentinamente alto, elevándose por encima de ellos. Su capucha y sus harapos grises fueron arrojados lejos. Sus vestiduras blancas resplandecían. Levantó su bastón y el hacha de Gimli saltó de sus manos y cayó resonando en el suelo. La espada de Aragorn, rígida en su mano inmóvil, ardió con un fuego repentino. Legolas dio un gran grito y disparó una flecha al aire: esta se desvaneció en un destello de llamas.»]


Dado el contexto [el regreso de Gandalf], la interpretación es obvia. Todo sucede después de que Gandalf levantara su bastón, y el efecto en cada arma de los Cazadores [Gimli, Legolas y Aragorn] está relacionado con el fuego y la luz. ¿Por qué otra razón se desvanecería una flecha «en un destello de llamas» sino es Magia? Además, sabemos que Gandalf [el Gris] podía controlar y conjurar el fuego y la luz en pequeña escala. Nada hace suponer que el Blanco no pudiese hacer lo mismo, e incluso más que su anterior versión [ver: Gandalf como Señor del Anillo]

El mecanismo interno de los hechizos en la Tierra Media también permite diversas interpretaciones. Por ejemplo, el hechizo de fuego de Gandalf [Naur an edraith ammen / Naur dan i-ngaurhoth] no necesita demasiada explicación. Funciona como un hechizo tradicional; pero el primer hechizo fallido con el que intenta abrir las puertas de Moria [Annon edhellen, edro hi ammen] suena más bien a una contraseña genérica. De hecho, la Puerta de Moria se abre con una contraseña [Mellon], y nada hace pensar que hubiese magia real en esto, sino más bien un dispositivo técnico. De hecho, este episodio es una clara prueba de que no hay Magia involucrada. Después de todo, la palabra élfica Mellon [«amigo»] no es una palabra mágica, ni un conjuro, ni un hechizo. Es una palabra, que en este caso sirve de contraseña para abrir esta puerta en particular de acuerdo a las especificaciones del fabricante.

Los hechizos de fuego son especialmente interesantes. Gandalf es uno de los Maiar, por lo que creo que tuviera que invocar alguna «magia» ardiente con palabras en sindarin. ¿Estaba simplemente murmurando lo que quería hacer? ¿O estaba ejecutando algún tipo de comando de voz sobre Narya? Después de todo, Narya [el Anillo de Fuego] le dio a Gandalf fuerza adicional y amplificó algunas de sus habilidades, como su habilidad innata para alentar y persuadir a otros. La capacidad de manipulación del fuego también podría mejorarse con Narya, pero Tolkien nunca sugiere que esta capacidad de manipular el fuego y la luz se deban únicamente Narya. Gandalf no depende ni necesita a Narya para usar su poder innato; el Anillo solo lo amplifica [ver: ¿Qué sucedió durante la lucha entre Gandalf y el Balrog?]

Más próximo a la magia es el hechizo tallado en las dagas de Westernesse, capaces, a su vez, de romper «el hechizo que unía sus tendones invisibles [del Rey Brujo] a su voluntad». Pero, ¿cómo funcionan estas dagas? Por supuesto, podrían responder a algún tipo de poder incomprensible, pero los hechizos en las dagas también podrían ser un tipo de tecnología codificada en los símbolos de las hojas, los cuales se ejecutan de alguna manera solo cuando encuentran el objetivo para el que fueron programados, en este caso, el Rey Brujo.

Realmente no sabemos cómo funcionan los hechizos en la Tierra Media, ya sean palabras mágicas escritas o habladas. En la Carta #155, Tolkien aclara que la Magia es un poder inherente que no puede ser adquirido por conocimiento. De ahí la necesidad de una explicación [que no sea «magia»] para los hechizos antes mencionados. Evidentemente, para Tolkien hay un poder intrínseco en las palabras. Lo vemos todo el tiempo. En La Cima de los Vientos, Frodo golpeó al Rey Brujo gritando O, Elbereth Gilthoniel. Más tarde, Aragorn comentó: «Más mortal para él era el nombre de Elbereth». ¿Cuál es ese poder? Podríamos pensar que son hechizos, pero también que ciertas palabras, en el orden adecuado y las circunstancias correctas, funcionan invocando el poder divino. Es decir, las palabras en sí mismas no son mágicas, sino que activan o invocan el verdadero poder detrás de ellas.

En este punto creo que es oportuno excluir a los poderes mentales del concepto tradicional de Magia. Conocemos bien las habilidades de los Señores Oscuros para controlar la mente o tener influencia directa sobre los pensamientos de los demás [de hecho, el Anillo Único es una herramienta que permite dominar las mentes mucho mejor]. Dentro del mundo de Tolkien, muchas entidades malignas parecen tener un aura de miedo sobrenatural [Nazgul, Tumularios, Balrogs]; sin embargo, los Ainur también emanan poder, e incluso los Elfos, a la vista de ciertos mortales, pueden sentirse extremadamente intimidatorio. Este efecto no parece ser magia, sino más bien una respuesta natural, y acaso instintiva, ante un ser espiritualmente más elevado [o bajo] que el observador.

¿Acaso es Magia cuando Glaurung borra los recuerdos de Nienor, o cuando todos los dragones, en mayor o menor medida, paralizan e hipnotizan con la mirada a sus víctimas?


[«Bilbo comenzaba a sentirse realmente incómodo. Cada vez que el ojo errante de Smaug, buscándolo en las sombras, lo cruzaba, temblaba, y un inexplicable deseo de salir corriendo, revelarse y decirle toda la verdad a Smaug, se apoderaba de él. De hecho, estaba en grave peligro de caer bajo el hechizo del dragón.»]


¿Es esto Magia? Podría serlo. También es común que toda experiencia con algo o alguien espiritualmente más fuerte nos produzca miedo, como si estuviésemos frente a un depredador o un animal peligroso. Instintivamente percibes la amenaza y sabes que podría hacerte daño, aun cuando esa no sea su intención.

Creo que es seguro asumir que la voz de Smaug podría tener la misma cualidad «mágica» que la de Saruman. De hecho, la personalidad de Smaug es más bien abrumadora. Afortunadamente, los Hobbits son «más resistentes a esas cosas», llamémoslo «resistencia mágica», lo cual le permitió a Bilbo evitar los ojos del dragón. Recordemos que Morgoth también usó sus ojos para intimidar a muchos cautivos y así esclavizarlos [otra forma de control mental]:


[«Y deseando sobre todo sembrar el miedo y la desunión entre los Eldar, él ordenó a los Orcos que capturaran vivos a todos los que pudieran y los llevaran atados a Angband; y algunos estaban tan intimidados por el terror de sus ojos que no necesitaban más cadenas, sino que caminaban siempre con temor de él, haciendo su voluntad dondequiera que estuvieran. Así Morgoth aprendió mucho de todo lo que había ocurrido desde la rebelión de Fëanor, y se regocijó al ver en ello la semilla de muchas disensiones entre sus enemigos.»]


Y:


[«Pero los Noldor siempre temieron más la traición de aquellos de su propia familia que habían sido esclavos en Angband; porque Morgoth usó a algunos de estos para sus malvados propósitos, y fingiendo darles libertad los envió al extranjero, pero sus voluntades estaban encadenadas a la suya, y se extraviaron solo para volver a él. Por tanto, si alguno de sus cautivos escapó en verdad, y volvió a su propia gente, fueron poco bienvenidos, y vagaron solos, desesperados y fuera de la ley.»]


Según Tolkien [invocamos nuevamente la Carta #155], la magia se trata en gran medida de motivos e intenciones. En general, aunque con algunas excepciones, la magia es un poder inherente que no se puede adquirir o aprender. Por lo tanto, no es magia realmente, sino parte de la constitución natural de estos seres. Beorn no hace magia para convertirse en oso. Solo está haciendo lo que hace Beorn. Magia sería si un mortal aprendiese a convertirse en oso, pero las cosas no funcionan así en el mundo de Tolkien.

Un hechizo es una pronunciación o un encantamiento mágico que se usa con un propósito, pero es tu poder inherente, o tu habilidad innata, lo que hace posible que suceda. Sin embargo, Gandalf parece afirmar que no únicamente los seres elevados pueden recurrir a este tipo de poder. Incluso los Orcos parecen manejar algún tipo de conocimiento mágico:


[«Una vez supe todos los hechizos en todas las lenguas de Elfos, Hombres u Orcos, que alguna vez se usaron para tal propósito. Todavía puedo recordar diez decenas de ellos sin buscar en mi mente.»]

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Pero aquí Gandalf se refiere a los hechizos con un cierto propósito [en este caso, abrir puertas] y, como ya hemos visto, esto no necesariamente tiene que ver con la magia, sino más bien con algún tipo de conocimiento técnico para fabricar objetos que respondan ante ciertos comandos [ver: Khuzdul: la lengua secreta de los Enanos]

Es interesante que la magia de Morgoth y luego Sauron y Saruman se relacione directamente con la fabricación de maquinaria y dispositivos con efectos destructivos. Después de todo, el objetivo de la magia [al margen de cualquier consideración filosófica] es la inmediatez: la reducción de la distancia entre la idea o el deseo y el resultado o efecto. Sin embargo, la Magia en la Tierra Media no es fácil de usar; y el mismo efecto puede lograrse si tienes mano de obra esclava o maquinaria. Con esto puedes perforar montañas, destrozar bosques o construir torres. Pero aquí entra a jugar otro factor, moral o patológico: los tiranos se vuelven crueles; les gusta aplastar, herir y profanar.

De todos modos, una diferencia en el uso de la Magia en la Tierra Media es que esta no se obtiene por tradición y/o aprendizaje; la Magia está en un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar. Las habilidades curativas de Aragorn podrían considerarse como «mágicas», o al menos una mezcla de magia, farmacología y procesos hipnóticos; pero este proceso, recordemos, lo registran los Hobbits, quienes tienen muy pocas nociones de filosofía y ciencia; mientras que Aragorn no es un Hombre «normal», sino un descendiente de Lúthien, por lo tanto, está relacionado directamente con Melian, una Maia; por lo que la Magia, aun muy diluida y degradada, forma parte de Aragorn como perteneciente a la rama de los Ainur [ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión]

Como dice Tolkien, la Magia es «un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar». En este sentido, los hechizos [en términos de verbalismos], no provocan el resultado y no logran nada, a lo sumo pueden ser una herramienta para enfocar el poder inherente de la persona. Sin embargo, creo que la Magia de la que habla Tolkien [cuando dice que no es alcanzable por los hombres], debe definirse de manera muy estrecha. Quizás lo que Tolkien quiere decir con esto es que la capacidad general de manifestar materialmente actos de voluntad [como la magia de fuego de Gandalf] está más allá de de los hombres mortales. No obstante, Tolkien también admite que los numenoreanos usaron hechizos para hacer espadas; y probablemente por esto era consciente de que el tema de la Magia en Arda era una cuestión problemática.

La Magia, entonces, es una herramienta para manipular el mundo de acuerdo a leyes físicas [algunas conocidas, otras no tanto], y ciertamente tiene límites. Tolkien no es explícito sobre cuáles son esos límites, y en la mayoría de los casos no es necesario que lo sea, porque utiliza la Magia para resolver nada importante en El Señor de los Anillos. Pero cuando ves las cosas a través de los ojos de los Hobbits, las actividades de Gandalf están más allá de su entendimiento; incluso sus decisiones parecen estar sujetas a una lógica sobrenatural. La sabiduría de Gandalf es lo suficientemente avanzada como para ser percibida como algo mágico.

La idea de que la tecnología es una expresión de la magia [goeteia, en este caso] fue compartida por un gran amigo de Tolkien, C.S. Lewis, quien sostuvo:


[«Al principio, la magia y la ciencia eran gemelas: una estaba enferma y murió, la otra continuó, fuerte y próspera. Sin dudas, la magia se contrasta en nuestras mentes con la de los magos, pero solo a la luz de su expresión, y solo porque sabemos que la ciencia tuvo éxito y la magia fracasó.»]


Si la magia y la ciencia estaban relacionadas en un pasado remoto, tiene sentido que los principales exponentes de la Magia/Tecnología en la Tierra Media sean figuras demoníacas empeñadas en dominar al mundo, como Sauron y Saruman. De hecho, no es caprichoso que Bárbol, el Ent, defina a Saruman en los siguientes términos: «tiene una mente de metal y ruedas; y no le importan las cosas que crecen, excepto en la medida en que le sirvan por el momento». [ver: ¿Qué pasó con las Ent Mujeres?]

Tolkien, como C.S. Lewis, reafirma este vínculo entre la tecnología y la magia negra; de hecho, cuanto más diabólico es el personaje, más cerca está de fabricar y usar dispositivos tecnológicos para favorecer sus oscuros designios [ver: El león, la bruja y el Fimbulvetr]. La relación es demasiado obvia como para pasarla por alto. El problema surge porque toda la historia es narrada por los Hobbits, y estos simplemente hablan de Magia cada vez que tienen que describir procesos y habilidades que no podían entender y mucho menos explicar fuera de su limitada tradición y conocimiento. Esencialmente, los Hobbits perciben la Magia de acuerdo a los términos de la Tercera Ley de Clarke: «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia».

A propósito, Isaac Asimov escribió un ensayo titulado El Anillo del Mal (The Ring of Evil), donde explora el simbolismo de El Señor de los Anillos:


[«Tom Bombadil es un personaje misterioso que parece representar la naturaleza en su conjunto. Los Ents caracterizan los bosques verdes, y los Enanos representan las montañas y el mundo mineral. Están los Elfos, también, poderosos pero desgastados, representantes de un tiempo que pasa al limbo, que no sobrevivirá a pesar de que Sauron haya sido destruido. Pero, ¿qué representa el Anillo Único? Es poderoso, controla a los otros anillos, inspira un impulso casi abrumador de poseerlo y corromperá por completo a quien lo use. Incluso el poderoso Gandalf evita tocarlo, y lo deja en manos de un pequeño y débil Hobbit, Frodo, para llevar su carga. Al final, también lo corrompe a él. ¿Qué es el Anillo Único, entonces? ¿Qué representa? ¿Qué es lo que es tan deseable y tan corruptor? ¿Qué es lo que no se puede dejar ir a pesar de que nos está destruyendo?»]


La respuesta de Asimov a todas estas preguntas se resume en una palabra: tecnología.

Para Asimov, Mordor representa al mundo industrial que, lenta pero seguramente, cubrirá el planeta. Los Elfos, en su opinión, representan la era preindustrial que se está desvaneciendo, mientras que los Ents, los Enanos y Tom Bombadil son diferentes facetas de la naturaleza que están siendo destruidas o desplazadas por la industrialización. Los Hobbits representan la vida pastoral ya desaparecida.

El atractivo del Anillo Único, sostiene Asimov, es análogo al de la tecnología: la seducción de las cosas que se hacen más rápido, más fácil, de los artilugios y dispositivos que se fabrican en una variedad de formas pero que nos conducen a estar atados a ellos. No somos muy distintos de Frodo en este sentido, quien no pudo arrojar el Anillo al fuego. De igual modo, nuestra dependencia de la tecnología nos está destruyendo, y no hay un Monte del Destino al cual arrojarla. La realidad actual nos obliga a pensar que El Señor de los Anillos cuenta una victoria pasajera, casi efímera. Basta mirar nuestro mundo industrializado y sobreexplotado para notar que las sombras de Mordor se han extendido sobre toda la Tierra Media.




Tierra Media. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Gandalf y la tercera ley de Clarke: la magia como forma avanzada de tecnología


Gandalf y la tercera ley de Clarke: la magia como forma avanzada de tecnología.




Si, como propone la Tercera Ley de Clarke: cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, ¿qué indescifrables artilugios tecnológicos se esconden en la vara de Gandalf? [ver: ¿Gandalf podría haber derrotado a Sauron?]

La magia en El Señor de los Anillos es peligrosa, misteriosa, pero no parece entrañar algún tipo de tecnología. Asumir esta posibilidad nos obligaría a leer la trilogía de J.R.R. Tolkien como una variante particularmente extraña de la ciencia ficción, y creo que nadie está dispuesto a cometer semejante imprudencia (ver: El horror cósmico en El Señor de los Anillos)

Por otro lado, la magia simplemente es una herramienta para manipular el mundo de acuerdo a leyes físicas, algunas conocidas, otras no tanto, y ciertamente tiene límites. Tolkien no es explícito sobre cuáles son esos límites, y en la mayoría de los casos no es necesario que lo sea. Realmente no necesitamos conocer los detalles de las habilidades de Gandalf para saber que es menos poderoso que Sauron (ver: ¿Cómo era el aspecto de Sauron en realidad?)

Tolkien no utiliza a la magia para resolver el argumento de El Señor de los Anillos, pero cuando ves las cosas a través de los ojos de Frodo, Sam, o incluso de Aragorn, las actividades de Gandalf están más allá de nuestro entendimiento; incluso sus decisiones parecen estar sujetas a una lógica incomprensible para las mentes mortales (ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión). Sus conocimientos son lo suficientemente avanzados como para ser percibidos como algo mágico [ver: Gandalf [como Señor del Anillo] sería peor que Sauron]

La habilidad de Gandalf para urdir planes misteriosos, para unir a las personas frente a un enemigo común, e incluso para elegir a los tipos más impensados para destruir un dispositivo de destrucción masiva, como el Anillo Único, y todo esto acaso sea un subproducto de su verdadera magia. Por otro lado, la magia negra también tiene sus subproductos en El Señor de los Anillos; y el principal es la tecnología.

En una carta de 1951, Tolkien comentó que la trilogía parecía tratar en gran parte sobre el poder y la corrupción del poder, pero que había otros temas subyacentes: el material está relacionado con la Caída, la Mortalidad, y la Máquina, y con el poder solo en lo que se refiere a esos tres grandes temas. 

¿Qué quiso decir Tolkien con la Máquina?

En El Señor de los Anillos, la magia blanca —término detestable pero que nos permite agrupar aquí a Elfos, Magos, Maiar, etc.— no parece demasiado espectacular. En la mayoría de los casos, es interna, sutil, y enfatiza ciertos aspectos inherentes de cada personaje. Su objetivo es persuadir, ayudar, pero nunca imponerse sobre otras voluntades.

La magia negra, en cambio, es externa, grosera, y se manifiesta a través de la materia. Su objetivo es la dominación o, como mínimo, coaccionar otras voluntades (ver: ¿Qué significa realmente la inscripción en el Anillo Único?)

La idea de que la tecnología (la Máquina) es una expresión de la magia —negra, en este caso— fue compartida por un gran amigo de Tolkien, C.S. Lewis, quien afirmó:


Al principio, la magia y la ciencia eran gemelas: una estaba enferma y murió, la otra continuó, fuerte y próspera. Sin dudas, la magia se contrasta en nuestras mentes con la de los magos, pero solo a la luz de su expresión, y solo porque sabemos que la ciencia tuvo éxito y la magia fracasó.


Si la magia y la ciencia estában relacionadas en un pasado remoto, tiene sentido que los principales exponentes de la tecnología en El Señor de los Anillos sean figuras demoníacas empeñadas en dominar al mundo, como Sauron y Saruman. De hecho, no es caprichoso que Bárbol, el Ent, defina a Saruman en los siguientes términos: tiene una mente de metal y ruedas; y no le importan las cosas que crecen, excepto en la medida en que le sirvan por el momento.

Tolkien reafirma este vínculo entre la tecnología y la magia negra; de hecho, cuanto más diabólico es el personaje, más cerca está de fabricar y usar tecnología para favorecer sus oscuros designios. La relación es demasiado obvia como para pasarla por alto (ver: Las nuevas tecnologías en la mecánica del Horror)

Ahora bien, ¿qué sucede con la magia blanca?

Por momentos, Tolkien parece usar la palabra magia en un sentido casual, genérico, aunque Galadriel y otros personajes importantes critican el uso mortal de la palabra. Pero esto se debe a una razón narrativa: la historia está contada por Hobbits, quienes no hacen demasiada distinción entre los artilugios de Sauron y los recursos sutiles de Gandalf. Tal es así que Galadriel los amonesta del siguiente modo:


Esto es lo que tu gente llamaría magia. Creo; aunque no entiendo claramente lo que quieren decir; y parece que también usan la misma palabra para referirse a los engaños del Enemigo.


Es decir que la magia en la Tierra Media no fue definida explícitamente por Tolkien. En la mayoría de los casos, es simplemente un término utilizado por los Hobbits para describir procesos y habilidades no podían entender y mucho menos explicar fuera de su limitada tradición y conocimiento. Esencialmente, los Hobbits perciben la magia de acuerdo a los términos de la Tercera Ley de Clarke: cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Todo es una cuestión de perspectiva realmente. Para los Elfos y los Magos la magia no es contraria a las leyes del mundo natural que ellos conocen. Para estos personajes, la realidad no se limita a lo que es visible, por ejemplo, para los Hobbits o los Hombres, lo cual lleva a una categorización más amplia del mundo. Los aspectos visibles de una cosa o de una persona son solo una parte del todo. Frodo lo advierte rápidamente cuando usa el Anillo Único y ve a Glorfindel en todo su verdadero poder y esplendor, cuestiones que probablemente no son invisibles para otros Elfos, o para el propio Gandalf.

En Sindarín hay dos palabras que hacen referencia a la magia negra: Morgul y Guldur. Gûl significa literalmente «conocimiento mágico», asociado a la nigromancia y hechicería. Môr puede traducirse como «oscuro», y Dûr, de similar significado, significa «oscuro» o «sombrío». Las palabras no son neutrales, a pesar de que el concepto de magia en la Tierra Media sí lo es. Cuando estos términos se utilizan, por ejemplo para referirse un cuchillo de Morgul o a la fortaleza de Dol Guldur, tienen claras connotaciones negativas.

La magia de Sauron (conocido como el Nigromante), y en menor medida la de sus lacayos, los Espectros del Anillo, no solo es física —siendo el Anillo Único su máxima expresión—, sino que se basa directamente en el legado físico de su maestro anterior, el primer Señor Oscuro: Morgoth. De hecho, este elemento morgothiano en la materia parece ser un requisito previo indispensable para la magia que practica Sauron.

Son muy pocas las ocasiones en las que Gandalf da muestras visibles de su poder: usa un hechizo para conjurar fuego, crear luz, bendecir al pony de Sam, sujetar la puerta en la Cámara de Mazarbul, romper el Puente de Khazad-dûm; y, en Fangorn, lanza un hechizo para evitar que Gimli y Legolas, creyendo que era Saruman disfrazado de mendigo, lo atacaran (ver: ¿Qué fue de Legolas y Gimli después de «El Señor de los Anillos»?). Pero la verdadera magia de Gandalf es imperceptible a los ojos. Por ejemplo, como cuando utiliza su voz en Orthanc para revelar las mentiras de Saruman. El mal fabrica ilusiones, el bien las derriba.

Si pensamos en dispositivos tecnológicos tan avanzados que resultan indistinguibles de la magia, la opción más obvia es la vara de los Magos.

Por momentos, estos objetos parecen canalizar el poder de los Magos, o incluso ser el poder en sí mismo. Por ejemplo, la vara de Saruman se rompe durante el parlamento con Gandalf, y al hacerlo destruye todo su poder. Por otro lado, la vara de Gandalf también se rompe en Puente de Khazad-dûm, pero así y todo éste logra matar al Balrog (ver: Criaturas sin Nombre: ¿la Tierra Media y los Mitos de Cthulhu pertenecen al mismo universo?). De manera tal que no queda del todo claro si las varas son una herramienta para canalizar la magia, o la magia misma [ver: ¿Qué sucedió durante la lucha entre Gandalf y el Balrog?]

El principal artefacto mágico-tecnológico de El Señor de los Anillos es el Anillo Único. Su poder es mucho mayor que el de cualquier otra cosa, precisamente porque es capaz de extraer lo peor de cada uno y convertir en malvado a cualquiera que lo use. Por lo tanto, nadie podría usarlo directamente contra Sauron... bueno, nadie poderoso, como los Magos y los Elfos; porque quienes demuestran tener mayor resistencia al Anillo son los pequeños e insignificantes Hobbits, quienes rara vez están interesados ​​en cuestiones como el poder.

El Anillo Único tenía numerosos poderes mágicos. Como todos los Anillos de Poder, es capaz de ralentizar el deterioro físico: también amplifica los poderes de su portador, confiere invisibilidad física, al mismo tiempo que permite al portador ver el lado invisible de la realidad. Finalmente, tiene poder sobre los demás Anillos de Poder, lo que permite saber todo lo que piensan los otros portadores, así como controlarlos y esclavizarlos.

Isaac Asimov, en un excelente ensayo titulado: El Anillo del Mal (The Ring of Evil, 1980), explora el simbolismo de El Señor de los Anillos y llega a la siguiente conclusión:


Tom Bombadil es un personaje misterioso que parece representar la naturaleza en su conjunto. Los Ents caracterizan los bosques verdes, y los Enanos representan las montañas y el mundo mineral. Están los Elfos, también, poderosos pero desgastados, representantes de un tiempo que pasa al limbo, que no sobrevivirá a pesar de que Sauron haya sido destruido. Pero, ¿qué representa el Anillo Único? Es poderoso, controla a los otros anillos, inspira un impulso casi abrumador de poseerlo y corromperá por completo a quien lo use. Incluso el poderoso Gandalf evita tocarlo, y lo deja en manos de un pequeño y débil Hobbit, Frodo, para llevar su carga. Al final, también lo corrompe a él.

¿Qué es el Anillo Único, entonces? ¿Qué representa? ¿Qué es lo que es tan deseable y tan corruptor? ¿Qué es lo que no se puede dejar ir a pesar de que nos está destruyendo?



La respuesta de Asimov a todas estas preguntas se resume en una palabra: tecnología.

Para Asimov, Mordor representa al mundo industrial que, lenta pero seguramente, cubrirá el planeta. Los Elfos, en su opinión, representan la era preindustrial que se está desvaneciendo, mientras que los Ents, los Enanos y Tom Bombadil son diferentes facetas de la naturaleza que están siendo destruidas o desplazadas por la industrialización (ver: El misterio de Tom Bombadil). Los Hobbits representan la vida pastoral ya desaparecida.

El atractivo, la tentación del Anillo Único, sostiene Asimov, son análogas a las de la tecnología: la seducción de las cosas que se hacen más rápido, más fácil, de los artilugios y dispositivos que se fabrican en una variedad de formas pero que nos conducen inevitablemente a estar atados a ellos.

Uno se pregunta qué tan difícil puede ser soltar un anillo al fuego, y también si alguna vez estaremos dispuestos, o seremos capaces, de renunciar a ciertos aspectos de la tecnología que se traducen en contaminación ambiental, cambio climático, etc.

No somos muy distintos de Frodo en este sentido, quien no pudo arrojar el Anillo al fuego. De igual modo, nuestra dependencia de la tecnología nos está destruyendo, y no hay un Monte del Destino al cual arrojarla.

La realidad actual nos obliga a pensar que El Señor de los Anillos es solo una parte de la historia, una batalla victoriosa, es cierto, pero pasajera. Basta mirar nuestro mundo industrializado y sobreexplotado para darse cuenta que, eventualmente, las sombras de Mordor se han extendido sobre toda la Tierra Media.




Tierra Media. I Taller Gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Gandalf y la tercera ley de Clarke: la magia como forma avanzada de tecnología fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Un paseo en la oscuridad»: Arthur C. Clarke; relato y análisis


«Un paseo en la oscuridad»: Arthur C. Clarke; relato y análisis.




Un paseo en la oscuridad (A Walk in the Dark) es un relato de terror del escritor inglés Arthur C. Clarke (1917-2008), publicado originalmente en la edición de agosto de 1950 de la revista Thrilling Wonder Stories, y luego reeditado en la antología de 1956: En busca del futuro (Reach for Tomorrow).

Un paseo en la oscuridad, uno de los grandes cuentos de Arthur C. Clarke, nos sitúa en un planeta sin nombre en el borde de la Galaxia, donde Robert Armstrong, debido a una falla en su vehículo, debe caminar de regreso a su base. Le preocupan los misteriosos túneles, situados aquí y allí en el planeta aparentemente sin vida, y las historias susurradas alrededor de la base sobre extrañas criaturas que huyen de la luz. No obstante, decide emprender la caminata. Desafortunadamente, está oscuro, muy oscuro, y su linterna empieza a fallar (ver: Black Goo y otras monstruosidades amorfas en la ficción)

SPOILERS.

Un paseo en la oscuridad de Arthur C. Clarke es un exquisito homenaje a H.P. Lovecraft, y aunque definitivamente comienza como un típico relato de ciencia ficción (ver: Clichés de la ciencia ficción que nos encantan), pronto toma un giro siniestro, que incluso bordea algunos aspectos del horror cósmico (ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco)

En la superficie, Un paseo en la oscuridad es la historia de un hombre que camina en la oscuridad para llegar a su destino. Simbólico, sin dudas, y mítico. Casi una síntesis del viaje de Frodo y Sam por las tierras de Mordor; pero aquí el destino no es lejano, está al alcance de la vista, y al mismo tiempo es inalcanzable. En defintiva, el tema principal del cuento de Arthur C. Clarke es la importancia relativa del tiempo y el espacio en la vida de un ser humano, y cómo la vida o la muerte pueden depender de espacios y períodos de tiempo extremadamente breves (ver: ¡No salgas del camino! El Modelo «Caperucita Roja» en el Horror)

Robert Armstrong es el producto refinado de una civilización avanzada. Ha viajado miles de años luz y, aunque la historia no lo menciona, probablemente puede esperar una vida mucho más larga y saludable que la nuestra. Sin embargo, está condenado a muerte, no en un peligroso viaje interestelar, sino en el transcurso de una caminata de pocos kilómetros en un lugar aparentemente seguro. En este sentido, Un paseo en la oscuridad de Arthur C. Clarke rinde tributo al horror cósmico al enforcarse en la fragilidad del ser humano, y de toda la civilización y sus avances tecnológicos, ante un cosmos indiferente (ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa)

Robert Armstrong, además, no es el típico protagonista ingenuo. No hace nada estúpido para ganarse la perdición. Sus habilidades personales, que son muchas, así como sus debilidades, no influyen en absoluto en el hecho de sobrevivir o no a la fatalidad aleatoria que le arroja el universo. En todo caso, solo hace una elección: arriesgarse a volver a pie a la base. No es una decisión audaz realmente. No hay formas de vida conocidas en aquel planeta, solo historias, rumores, pero ninguna certeza. Este es el punto central de Un paseo en la oscuridad de Arthur C. Clarke: la muerte de un hombre competente, inteligente, que toma un riesgo razonable. Al menos para mí, esto es mucho más aterrador que la muerte de un protagonista ingenuo que hace algo estúpido, porque todos podríamos ser Armstrong.

Un paseo en la oscuridad se disfraza de ciencia ficción, pero no lo es. Posee el carácter indefinible del cuento extraño, y los ingredientes esenciales del horror cósmico, pero tamizados por una simpleza extraordinaria. De hecho, es un excelente ejemplo de cómo muchos grandes cuentos de terror del siglo pasado se esconden en otros géneros, y a veces permanecen allí. Un paseo en la oscuridad le debe más a La hoguera (To Build a Fire) de Jack London que a cualquier antecedente de la ciencia ficción. Y si bien el clásico de Jack London es un ejemplo notable de horror cósmico sin ningún elemento sobrenatural, la historia de Arthur C. Clarke es aún más simple.

En resumen: Armstrong debe viajar cuatro millas en una oscuridad casi absoluta. Su vehículo ha fallado, su linterna también. El planeta está en el borde de la Galaxia, por lo que su cielo tiene pocas estrellas. Armstrong decide que puede hacerlo sin peligro. El planeta está deshabitado, estéril. No admite formas de vida conocidas para acosarlo. La textura del camino es evidente bajo sus botas, y todo lo que necesita hacer es seguirlo sin tener una caída importante hasta llegar a su destino. Con estos elementos podemos pensar que Un paseo en la oscuridad de Arthur C. Clarke presenta un escenario donde la razón supera al miedo atávico a la oscuridad. Tal vez eso constituya algún tipo de transgresión, pero no podemos culpar a Armstrong. Hace lo que cualquiera de nosotros haría en esas circunstancias y con la misma información disponible.

Arthur C. Clarke esencialmente está contando un cuento muy antiguo aquí, probablemente tan antiguo como el hábito de reunirse junto al fuego para escuchar una buena historia. Armstrong es una especie de héroe por excelencia. Su historia ha sucedido antes, aquí en la Tierra, en incontables ocasiones. Su lucha es solo suya. Ningún perro espacial lo acompaña, ningún vínculo sentimental lo distrae. Solo desea llegar a casa.

La hoguera de Jack London está presente de forma constante en Un paseo en la oscuridad de Arthur C. Clarke. Por ejemplo, en la historia de un anciano en la base que asegura haber escuchado sonidos extraños en la oscuridad. Todos se ríen de él, así como todos se rieron del anciano de Sulphur Creek en La hoguera, quien le brinda consejo al protagonista chechaquo de la historia. Como el chechaquo, Armstrong se burla del cuento del viejo, pero este no parece tan divertido ahora, mientras está solo en la oscuridad, con cuatro millas por delante. Por suerte, la distancia se acorta. Por fin Armstrong llega a la curva final, y las luces de la base resplandecen a unos pocos cientos de metros por delante. Qué alivio ver esas luces, haber casi llegado... ¿verdad?




Un paseo en la oscuridad.
A Walk in the Dark, Arthur C. Clarke (1917-2008)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Robert Armstrong había caminado poco más de dos millas, hasta donde podía juzgar, cuando su linterna falló. Se quedó quieto por un momento, incapaz de creer que tal desgracia realmente pudiera haberle sucedido. Luego, medio enloquecido de rabia, arrojó lejos el inútil instrumento. Aterrizó en algún lugar de la oscuridad, perturbando el silencio de este pequeño mundo. Un eco metálico llegó resonando desde las colinas bajas: luego todo quedó en silencio de nuevo.

Esta, pensó Armstrong, era la mayor desgracia. Ya no le podía pasar nada más. Incluso pudo reírse amargamente de su suerte y resolvió no volver a imaginar que la voluble diosa lo había favorecido alguna vez. ¿Quién hubiera creído que el único tractor del Campo IV se habría averiado cuando se dirigía a Port Sanderson? Recordó el frenético trabajo de reparación, el alivio cuando se hizo la segunda salida y la debacle final cuando la oruga se atascó.

Entonces no valía la pena lamentarse de la tardanza de su partida: no podía haber previsto estos accidentes, y todavía faltaban unas buenas cuatro horas para que despegara el Canopus. Tenía que alcanzarla, pasara lo que pasara; ninguna otra nave tocaría este mundo durante un mes más.

Aparte de la urgencia de su negocio, eran impensables cuatro semanas más en este planeta apartado.

Solo había una cosa por hacer. Fue una suerte que Port Sanderson estuviera a poco más de seis millas del campamento, no a una gran distancia, ni siquiera a pie. Había tenido que dejar todo su equipo atrás, pero podría recuperarlo en la próxima nave y podría arreglárselas sin él. El camino era malo, simplemente salido de la roca por una de las trituradoras de cien toneladas de la Junta, pero no había miedo de extraviarse.

Incluso ahora, no corría ningún peligro real, aunque bien podría ser demasiado tarde para alcanzar la nave. El progreso sería lento, porque no se atrevía a arriesgarse a perder el camino en esta región de cañones y túneles enigmáticos que nunca había sido explorado. Por supuesto, estaba oscuro como boca de lobo. Aquí, en el borde de la Galaxia, las estrellas eran tan pocas y estaban tan dispersas que su luz era insignificante. El extraño sol carmesí de este mundo solitario no saldría hasta dentro de muchas horas, y aunque cinco de las pequeñas lunas estaban en el cielo, apenas podían ser vistas con el ojo desnudo. Ninguna de ellas proyectaba siquiera una sombra.

Armstrong no era un hombre que lamentaría su suerte por mucho tiempo. Comenzó a andar lentamente por el camino, sintiendo su textura con los pies. Sabía que era bastante recto, excepto donde serpenteaba a través del paso de Carver. Deseaba tener un palo o algo para explorar el camino ante él, pero tendría que depender de la orientación del tacto del suelo.

Fue terriblemente lento al principio, hasta que ganó confianza. Nunca había sabido lo difícil que era caminar en línea recta. Aunque las débiles estrellas le orientaron, una y otra vez se encontró tropezando entre las rocas vírgenes al borde de la tosca carretera. Viajaba en largos zigzags que lo llevaban a lados alternos, luego golpeaba los dedos de los pies contra la roca desnuda y volvía a tantear el camino de regreso a la superficie compacta.

Esto se convirtió en una rutina. Era imposible estimar su velocidad; solo podía luchar y esperar lo mejor. Faltaban cuatro millas, cuatro millas y el mismo número de horas. Debería ser bastante fácil, a menos que perdiera el rumbo. Pero no se atrevió a pensar en eso.

Una vez que dominó la técnica, pudo permitirse el lujo de pensar. No podía fingir que estaba disfrutando de la experiencia, pero antes había estado en posiciones mucho peores. Mientras permaneciera en la carretera, estaba perfectamente a salvo. Había esperado que, a medida que sus ojos se adaptaran a la luz de las estrellas, pudiera ver el camino, pero ahora sabía que todo el viaje sería a ciegas. Este descubrimiento le dio una vívida sensación de su lejanía del corazón de la Galaxia. En una noche tan clara como esta, los cielos de casi cualquier otro planeta habrían estado llenos de estrellas. Aquí, en este puesto avanzado del Universo, el cielo contenía quizás un centenar de puntos de luz tenuemente relucientes, tan inútiles como las cinco ridículas lunas en las que nadie se había molestado en aterrizar.

Un ligero cambio en el camino interrumpió sus pensamientos. ¿Había allí una curva o se había desviado a la derecha de nuevo? Se movió muy lentamente a lo largo de la frontera invisible y mal definida. Sí, no hubo error: la carretera torcía hacia la izquierda. Trató de recordar su apariencia durante el día, pero solo la había visto una vez antes. ¿Significaba esto que se estaba acercando al Paso? Esperaba que así fuera, porque el viaje estaría medio completado.

Miró hacia adelante en la oscuridad, pero la línea irregular del horizonte no le dijo nada. Luego descubrió que el camino se había enderezado nuevamente y su ánimo se hundió. La entrada al Paso aún debía estar un poco más adelante: había al menos cuatro millas por recorrer.

Cuatro millas, ¡qué ridícula parecía la distancia! ¿Cuánto tardaría el Canopus en viajar cuatro millas? Dudaba que el hombre pudiera medir un intervalo de tiempo tan corto. ¿Y cuántos billones de millas había viajado él, Robert Armstrong, en su vida? Debió haber alcanzado un total asombroso a estas alturas, porque en los últimos veinte años apenas se había quedado más de un mes en un solo mundo. Este mismo año había hecho dos veces el cruce de la Galaxia, y ese fue un viaje notable incluso en estos días del viaje fantasma.

Tropezó con una piedra suelta y la sacudida lo devolvió a la realidad. Aquí era inútil pensar en naves que pudieran devorar los años luz. Se enfrentaba a la naturaleza, sin armas más que su propia fuerza y habilidad.

Era extraño que le tomara tanto tiempo identificar la verdadera causa de su malestar. Las últimas cuatro semanas habían sido muy ocupadas, y las prisas de su partida, junto con la molestia y la ansiedad causadas por las averías del tractor, habían alejado todo lo demás de su mente. Además, siempre se había enorgullecido de su terquedad y falta de imaginación. Hasta ahora, se había olvidado por completo de esa primera noche en la Base, cuando las tripulaciones le entregaron los obsequios habituales elaborados para el beneficio de los recién llegados.

Fue entonces cuando el viejo empleado de la Base le contó la historia de su caminata nocturna desde Port Sanderson hasta el campamento, y de lo que lo había seguido por el Paso de Carver, manteniéndose siempre más allá del límite de la luz de las linternas. Armstrong, que había escuchado tales historias en una veintena de mundos, le había prestado poca atención en ese momento. Después de todo, se sabía que este planeta estaba deshabitado. Pero la lógica no podría resolver el asunto tan fácilmente. Supongamos, después de todo, que hubiera algo de verdad en el cuento fantástico del anciano.

No era un pensamiento agradable y Armstrong no tenía la intención de meditar sobre él. Pero sabía que si lo descartaba seguiría presa de su mente. La única forma de vencer los miedos imaginarios era afrontarlos con valentía; tendría que hacer eso ahora.

Su argumento más fuerte era la total esterilidad de este mundo y su total desolación, aunque contra eso se podían poner muchos contraargumentos, como de hecho había hecho el viejo escribano. El hombre solo había vivido en este planeta durante veinte años, y gran parte de él aún estaba inexplorado. Nadie podía negar que los túneles del páramo eran bastante desconcertantes, pero todos creían que eran respiraderos volcánicos. Aunque, por supuesto, la vida a menudo se colaba en esos lugares. Con un escalofrío recordó los pólipos gigantes que habían atrapado a los primeros exploradores de Vargon III.

Todo fue muy poco concluyente. Supongamos, por el bien de la argumentación, que uno concediera la existencia de vida aquí. ¿Qué hay de eso?

La gran mayoría de las formas de vida del Universo eran completamente indiferentes al hombre. Algunas, por supuesto, como los seres gaseosos de Alcorán o las celosías de ondas errantes de Shandaloon, ni siquiera podían detectarlo, sino que lo atravesaron o rodearon como si no existiera. Otras eran meramente curiosas, algunas vergonzosamente amistosas. De hecho, había pocos seres que atacarían a menos que fueran provocados.

Sin embargo, era un cuadro sombrío el que había pintado el viejo empleado de la tienda. De vuelta en la cálida y bien iluminada sala de fumadores, con las bebidas circulando, había sido bastante fácil reírse de ello. Pero aquí, en la oscuridad, a millas de cualquier asentamiento humano, era muy diferente.

Fue casi un alivio cuando se salió de la carretera de nuevo a y tuvo que tantear con las manos hasta encontrarlo una vez más. Parecía un tramo muy accidentado y apenas se distinguía de las rocas de alrededor. A los pocos minutos, sin embargo, estaba de nuevo en el camino.

Fue desagradable ver la rapidez con que sus pensamientos volvían al mismo tema inquietante. Claramente, le preocupaba más de lo que quería admitir.

Sacó consuelo de un hecho: era bastante obvio que nadie en la Base había creído la historia del viejo. Sus preguntas y bromas lo habían demostrado. En ese momento, se había reído tan fuerte como cualquiera de ellos. Después de todo, ¿cuál era la evidencia? Una forma tenue, recién vista en la oscuridad, que bien podría haber sido una roca de forma extraña. Y el curioso chasquido que tanto había impresionado al anciano; cualquiera podría imaginarse tales sonidos en la noche si estuviera lo suficientemente alterado. Si había sido hostil, ¿por qué la criatura no se había acercado más?

—Porque le tenía miedo a mi luz —había dicho el viejo.

Bueno, eso era bastante plausible: explicaría por qué nunca se había visto nada a la luz del día. Una criatura así podría vivir bajo tierra, emergiendo solo por la noche; maldita sea, ¿por qué se tomaba tan en serio los desvaríos del viejo idiota?

Armstrong volvió a tener el control de sus pensamientos. Si seguía así, se dijo a sí mismo enojado, pronto estaría viendo y escuchando toda una colección de monstruos.

Por supuesto, hubo un factor que eliminó la ridícula historia de una vez. Realmente fue muy simple; sintió pena por no haberlo pensado antes. ¿De qué viviría una criatura así? No había ni rastro de vegetación en todo el planeta. Se rió al pensar que un fantasma pudiese eliminarse tan fácilmente, y en el mismo instante se sintió molesto consigo mismo por no reír en voz alta. Si estaba tan seguro de su razonamiento, ¿por qué no silbar, cantar o hacer algo para mantener el ánimo? Se planteó la pregunta como una recriminación a su virilidad. Medio avergonzado, tuvo que admitir que todavía tenía miedo, miedo porque… podría haber algo de cierto en la historia después de todo.

Pero al menos su análisis le había servido de algo.

Habría sido mejor si lo hubiera dejado allí y se hubiera quedado medio convencido de su argumento. Pero una parte de su mente todavía estaba tratando de romper su cuidadoso razonamiento. Tuvo demasiado éxito, y cuando recordó a los seres-plantas de Xantil Major, el impacto fue tan desagradable que se detuvo en seco.

Ahora bien, los seres vegetales de Xantil no eran de ningún modo horribles. De hecho, eran criaturas extremadamente hermosas. Pero lo que los hacía parecer tan angustiantes ahora era el conocimiento de que podían vivir por períodos indefinidos sin comida alguna. Toda la energía que necesitaban para sus extrañas vidas la extraían de la radiación cósmica, y eso era casi tan intenso aquí como en cualquier otro lugar del universo.

Apenas había pensado en un ejemplo cuando otros se agolparon en su mente y recordó la forma de vida en Trantor Beta, que era la única conocida capaz de utilizar directamente la energía atómica. Eso también había vivido en un mundo completamente estéril, muy parecido a este…

La mente de Armstrong se estaba dividiendo rápidamente en dos porciones distintas, cada una de las cuales intentaba convencer a la otra y ninguna lo lograba por completo. No se dio cuenta de lo lejos que había llegado su moral hasta que se encontró conteniendo la respiración para que no ocultara algún sonido de la oscuridad que lo rodeaba. Enojado, limpió su mente de la basura que se había estado acumulando allí y volvió una vez más al problema inmediato.

No cabía duda de que el camino ascendía lentamente y la silueta del horizonte parecía mucho más alta en el cielo. El camino comenzó a torcerse y de repente se dio cuenta de que había grandes rocas a ambos lados. Pronto sólo se pudo ver una estrecha franja de cielo, y la oscuridad se volvió, si era posible, aún más intensa.

De alguna manera se sentía más seguro con las paredes de roca que lo rodeaban: significaba que estaba protegido excepto en dos direcciones. Además, la carretera se había nivelado y era fácil seguirla. Lo mejor de todo era que ahora sabía que el viaje estaba más de la mitad completado.

Por un momento, su ánimo comenzó a elevarse. Luego, con enloquecedora perversidad, su mente volvió a los viejos ritmos. Recordó que fue al otro lado del Paso de Carver donde tuvo lugar la aventura del viejo, si es que alguna vez sucedió.

En media milla, volvería a estar al aire libre, fuera de la protección de estas rocas protectoras. El pensamiento parecía doblemente horrible ahora y ya sentía una sensación de desnudez. Podría ser atacado desde cualquier dirección y estaría completamente indefenso.

Hasta ahora, todavía había conservado algo de autocontrol. Con mucha determinación, había mantenido su mente alejada del único hecho que daba algo de color a la historia del anciano: la única prueba que había detenido las bromas en la abarrotada sala del campamento y provocado un repentino silencio en la compañía. Ahora, cuando la voluntad de Armstrong se debilitó, recordó de nuevo las palabras que habían provocado un escalofrío momentáneo incluso en la cálida comodidad del edificio de la base.

El pequeño empleado había insistido mucho en un punto. Nunca había escuchado ningún sonido de persecución de la tenue forma percibida, en lugar de vista, en el límite de su luz. No hubo ruido de garras o cascos en la roca, ni siquiera el ruido de las piedras desplazadas. Así lo había declarado el anciano con esa solemne manera suya:

—Era como si la cosa que venía detrás pudiera ver perfectamente en la oscuridad, y tuviera muchas patas pequeñas o almohadillas para poder moverse rápida y fácilmente sobre la roca, como una oruga gigante o una de las rayas de Kralkor II.

Sin embargo, aunque no hubo ningún ruido de persecución, hubo un sonido que el anciano sí había captado varias veces. Era tan inusual que su misma extrañeza lo hacía doblemente siniestro. Era un clic débil pero horriblemente persistente.

El anciano había sido capaz de describirlo muy vívidamente, demasiado vívidamente para el gusto de Armstrong ahora.

—¿Alguna vez has escuchado a un insecto grande masticando a su presa? —dijo—. Bueno, fue así. Me imagino que un cangrejo hace exactamente el mismo ruido con sus garras cuando las choca. Fue un... ¿cuál era la palabra?... un sonido quitinoso.

En este punto, Armstrong recordó haberse reído a carcajadas. (era extraño cómo todo volvía a él ahora) Pero nadie más se había reído, aunque se habían apresurado a hacerlo antes. Al sentir el cambio de tono, se puso serio de inmediato y le pidió al anciano que continuara su historia. ¡Cómo deseaba ahora haber sofocado su curiosidad!

Al día siguiente, un grupo de técnicos escépticos se había adentrado en la tierra de nadie más allá del Paso de Carver. No eran lo suficientemente escépticos como para dejar sus armas, pero no tenían motivos para usarlas porque no encontraron rastro de ningún ser vivo. Allí estaban los inevitables pozos y túneles, agujeros relucientes por donde la luz rebotaba sin cesar hasta perderse en la distancia, pero el planeta estaba plagado de ellos.

Aunque el grupo no encontró señales de vida, descubrió una cosa que no le gustó en absoluto. En la tierra árida e inexplorada más allá del Paso habían llegado a un túnel aún más grande que el resto. Cerca de la boca de ese túnel había una roca maciza, medio incrustada en el suelo. Y los lados de esa roca se habían desgastado como si se hubiera utilizado como una enorme piedra de afilar.

No menos de cinco de los presentes habían visto esta inquietante roca. Ninguno de ellos pudo explicarlo satisfactoriamente como una formación natural, pero aun así se negaron a aceptar la historia del anciano. Armstrong les había preguntado si alguna vez lo habían puesto a prueba. Hubo un silencio incómodo. Entonces el gran Andrew Hargraves había dicho:

—¡Demonios, quién saldría al Paso por la noche solo por diversión!

De hecho, no había ningún otro registro de nadie caminando desde Port Sanderson hasta el campamento de noche, o de día. Durante las horas de luz, ningún ser humano desprotegido podía vivir a la intemperie bajo los rayos del enorme y morboso sol que parecía llenar la mitad del cielo. Y nadie caminaría seis millas, con armadura de radiación, si el tractor estuviera disponible.

Armstrong sintió que abandonaba el Paso. Las rocas de ambos lados se estaban cayendo y el camino ya no era tan firme y bien compactado como antes. Estaba saliendo a la llanura abierta una vez más, y en algún lugar no muy lejos de la oscuridad estaba ese enigmático pilar que podría haber sido usado para afilar colmillos o garras monstruosas. No era un pensamiento tranquilizador, pero no podía sacárselo de la cabeza.

Sintiéndose claramente preocupado, Armstrong hizo un gran esfuerzo por recomponerse. Intentaría volver a ser racional; pensaría en negocios, en el trabajo que había hecho en el campamento, en cualquier cosa menos en este lugar infernal. Durante un tiempo lo logró bastante bien. Pero luego, con una persistencia enloquecedora, cada línea de pensamiento regresó al mismo punto. No podía quitarse de la cabeza la imagen de esa inexplicable roca y sus espantosas posibilidades. Una y otra vez se sorprendió preguntándose qué tan lejos estaba, si ya la había pasado o si estaba a su derecha o a su izquierda.

El suelo volvía a ser bastante llano y la carretera seguía recta como una flecha. Hubo un destello de consuelo: Port Sanderson no podía estar a mucho más de dos millas de distancia. Armstrong no tenía idea de cuánto tiempo había estado en la carretera. Desafortunadamente su reloj no estaba iluminado y solo podía adivinar el paso del tiempo. Con suerte, el Canopus no debería despegar hasta dentro de dos horas como mínimo. Pero no podía estar seguro, y ahora otro miedo comenzó a entrar en su mente: el temor de ver una vasta constelación de luces elevándose rápidamente hacia el cielo y saber que toda esta agonía mental había sido en vano.

No estaba zigzagueando tan mal ahora, y parecía ser capaz de anticipar el borde de la carretera antes de tropezar. Era probable, se animó a sí mismo pensando, que viajaba casi tan rápido como si tuviera una luz. Si todo iba bien, podría estar acercándose a Port Sanderson en treinta minutos, un espacio de tiempo ridículamente pequeño. Cómo se reiría de sus miedos cuando entrara en su ya reservado camarote en el Canopus y sintiera ese peculiar estremecimiento cuando el motor fantasma arrojaba la gran nave lejos de este sistema, de regreso a las nubes de estrellas agrupadas cerca del centro de la Galaxia, de regreso a la Tierra misma, que no había visto en tantos años.

Un día, se dijo a sí mismo, debía volver a visitar la Tierra. Toda su vida había estado haciendo la promesa, pero siempre se respondía lo mismo: falta de tiempo. ¿No es extraño que un planeta tan pequeño haya jugado un papel tan importante en el desarrollo del Universo, que incluso haya llegado a dominar mundos mucho más sabios e inteligentes que él mismo?

Los pensamientos de Armstrong volvieron a ser inofensivos y se sintió más tranquilo. El conocimiento de que se estaba acercando a Port Sanderson fue inmensamente reconfortante, y deliberadamente mantuvo su mente en asuntos familiares y sin importancia. El Paso ya estaba muy atrás, y con él esa cosa que ya no tenía la intención de recordar. Un día, si alguna vez regresaba a este mundo, visitaría el Paso durante el día y se reiría de sus miedos. En veinte minutos se habrían sumado a las pesadillas de su infancia.

Fue casi un shock, aunque uno de los más agradables que había conocido, cuando vio las luces de Port Sanderson aparecer en el horizonte. La curvatura de este pequeño mundo era muy engañosa: no parecía correcto que un planeta con una gravedad casi tan grande como la de la Tierra tuviera un horizonte tan cerca. Algún día, alguien tendría que descubrir qué hay en el núcleo de este mundo para darle una densidad tan grande.

Quizás los muchos túneles…

Este fue un giro de pensamiento desafortunado, pero la cercanía de su objetivo le había robado el terror ahora. De hecho, la idea de que pudiera estar realmente en peligro parecía darle a su aventura un cierto interés. Ya no le podía pasar nada, faltaban diez minutos y las luces del Puerto ya estaban a la vista.

Unos minutos más tarde sus sentimientos cambiaron abruptamente cuando llegó a la repentina curva del camino. Había olvidado el abismo que provocó su desvío y añadió media milla al viaje. Bueno, ¿y qué?, pensó obstinadamente. Un kilómetro extra no supondría ninguna diferencia ahora, otros diez minutos como máximo.

Fue muy decepcionante cuando las luces de la ciudad se desvanecieron. Armstrong no se había acordado de la colina que bordeaba la carretera, tal vez era sólo una loma baja, apenas perceptible durante el día. Pero al ocultar las luces del puerto le había quitado su principal talismán y lo había dejado nuevamente a merced de sus miedos.

Muy irrazonablemente, le dijo su inteligencia, comenzó a pensar en lo horrible que sería si algo sucediera ahora, tan cerca del final del viaje. Mantuvo a raya el peor de sus miedos durante un tiempo, esperando desesperadamente que las luces de la ciudad reaparecieran pronto. Pero a medida que pasaban los minutos, se dio cuenta de que la cresta debía ser más larga de lo que imaginaba. Trató de alegrarse pensando que la ciudad estaría más cerca cuando la viera de nuevo, pero de alguna manera la lógica parecía haberle fallado. Pues en ese momento se encontró haciendo algo a lo que no se había rebajado, incluso en los páramos del paso de Carver.

Se detuvo, se volvió lentamente y, conteniendo la respiración, escuchó hasta que sus pulmones estuvieron a punto de estallar.

El silencio era inquietante, considerando lo cerca que debía estar del puerto. Ciertamente no hubo ningún sonido detrás de él. Por supuesto que no lo habría, se dijo a sí mismo, enojado. Pero se sintió inmensamente aliviado. La idea de ese chasquido débil e insistente lo había perseguido durante la última hora.

Tan amistoso y familiar fue el ruido que casi le hizo reír a carcajadas. A la deriva a través del aire quieto desde una fuente que claramente no estaba a más de una milla de distancia, llegó el sonido de un tractor de campo de aterrizaje, tal vez una de las máquinas que cargaban el Canopus. En cuestión de segundos, pensó Armstrong, estaría alrededor de esa cresta con el puerto a solo unos cientos de metros por delante. El viaje estaba casi terminado. En unos momentos, esa llanura malvada no sería más que una pesadilla que se desvanece.

Parecía terriblemente injusto: tan poco tiempo, una fracción tan pequeña de una vida humana, era todo lo que necesitaba ahora. Pero los dioses siempre han sido injustos con el hombre, y ahora estaban disfrutando de su pequeña broma. Porque no podía confundirse el traqueteo de garras monstruosas en la oscuridad frente a él.

Arthur C. Clarke (1917-2008)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Arthur C. Clarke.


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El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Arthur C. Clarke: Un paseo en la oscuridad (A Walk in the Dark), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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