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Los secretos de «La pesadilla» de Henry Fuseli


Los secretos de «La pesadilla» de Henry Fuseli.




La pesadilla (The Nightmare) —también llamada El íncubo— es uno de los cuadros más conocidos por los amantes de lo macabro.

Pertenece al pintor suizo Johann Heinrich Füssli, quien realizó varias versiones del mismo tema, siendo la de 1781 la más famosa de todas.

Desde entonces, La pesadilla ha sido sujeto de numerosas y muchas veces desacertadas interpretaciones. La literatura la saqueó, literalmente, no solo al absorber su atmósfera inquietante sino al incluirla como ilustración de cubierta en miles de libros.

La escena retratada por Fuseli no es original, aunque su acercamiento y su visión son únicas. Los antecedentes inmediatos son el Sueño de Hécuba, de Giulio Romano; y el Sueño de Rafael, de Marcantonio Raimondi. En ambas observamos a una mujer dormida y acechada por un demonio, posiblemente un Íncubo, es decir, una criatura diabólica caracterizada por inducir toda clase de sueños eróticos.

En el fondo, casi fundido con la oscuridad, aparece la cabeza de un caballo con aire fantasmagórico que presencia la escena.

Seguramente todos los amantes de la literatura gótica conocen a la perfección el cuadro de Fuseli; no obstante, esta obra aún se reserva un puñado de misterios que a continuación trataremos de develar.

Para ello analizaremos uno a uno los personajes que intervienen en el cuadro.


El escenario:

Henry Fuseli nos coloca en un plano de intimidad, de penumbra, casi de claustrofobia.

El cuarto es oscuro pero revela algunos tintes cálidos. El más prominente de estos tonos es el rojo; lo cual podía ser interpretado como una señal de erotismo, habida cuenta de la relación entre este color y la pasión.

Por otro lado, el rojo puede ser visto como una representación del infierno, lo cual le daría un contexto completamente distinto a la escena. Es decir, no sería el Íncubo y el Caballo quienes visitan a la mujer sino ella la accede a las profundidades del infierno.

El tema es claramente erótico, o mejor dicho, sexual, pero de un modo monstruoso.

Su título, La pesadilla, cumple la función de desviar la atención al forzarnos a observar ese pequeño habitáculo como un escenario onírico, cuando en realidad Fuseli se refiere a un tipo completamente distinto de pesadilla.


La mujer:

Obviamente la mujer de La pesadilla es el foco del cuadro, de modo que todas las interpretaciones deberían centrarse en ella. Sus ropas, claras, limpias, y contrastan fuertemente con la oscuridad que la rodea.

La posición de su cuerpo no sugiere en absoluto que esté padeciendo una pesadilla, sino que parece evidenciar que ha sido víctima de un tipo particularmente bestial de abuso.

Si quitáramos todos los otros elementos del cuadro y dejáramos únicamente a la mujer, nada nos induciría a pensar que está soñando. Sería evidente para cualquiera que su cuerpo ha sido abusado, y que acaso agoniza.

Ahora bien, la mujer de La pesadilla de Henry Fuseli está basada en la fisonomía de Anna Landoldt, sobrina de su amigo Johann Caspar Lavater.

Fuseli sentía una gran atracción física por ella; una pasión enfermiza, podríamos decir, algo que se transformó en obsesión cuando Anna Landoldt contrajo matrimonio con otro hombre. En cierta forma, La pesadilla es una especie de venganza por la mujer que lo sumió en la oscuridad.

Citamos a continuación un breve fragmento de una carta de Henry Fuseli a su amigo Johann Kaspar Lavater, tío de Anna, donde le revela un sueño siniestro que expresa su oscura pasión por la joven:


Anoche la tuve en mi cama, entre mis ropas de dormir, hambrienta. Mis manos como garras sobre su cuerpo, fundiéndolo, uniéndolo con el mío. Vertí en su interior mi espíritu, mi aliento, mi fuerza. Cualquier otro hombre que la toque cometerá el pecado más atroz, pues ella es mía, y yo de ella.


Sobre la pequeña mesa de madera, justo en el ángulo inferior izquierdo del cuadro, Henry Fuseli nos deja otras pistas que abren un sinnúmero de interpretaciones.

Vemos que allí hay algunas pequeñas botellas, que bien podrían contener perfumes, medicinas, pero también láudano, uno de los brebajes más utilizados entre los suicidas del romanticismo.

De ser así la mujer de La pesadilla acaso experimente esas visiones de horror luego de consumir una dosis letal, trayéndole un pequeño anticipo de los horrores indecibles que le aguardan en el infierno.


El demonio o Íncubo:

Los que siguen El Espejo Gótico saben lo suficiente sobre Íncubos y Súcubos como para insistir en sus características. Sin embargo, el Íncubo de La pesadilla presenta al menos dos interpretaciones distintas:

La primera interpretación, y quizá la más habitual, es que el Íncubo es el origen de la pesadilla de la mujer. En este contexto, Henry Fuseli pudo haber utilizado la leyenda del Mare, espíritu de la mitología nórdica que acecha a las mujeres durante el sueño e intenta sofocarlas con pesadillas horribles.

No es infrecuente que estas leyendas incluyan algún tipo de relación blasfema entre el Íncubo y la mujer mortal. De hecho, existen historias donde las mujeres pueden quedar embarazadas de estos seres abominables, dando a luz a criaturas híbridas, bestiales, conocidas como Changelings.

¿Acaso la mujer de La pesadilla muestra los signos típicos de ese abrazo antinatural?

Es posible.

La pesadilla no lo aclara, pero tampoco nos indica lo contrario. Por la posición de la mujer podemos pensar que ha sido abusada contra su voluntad, o bien que se encuentra extenuada, casi transfigurada, tras un agotador encuentro con fuerzas sobrenaturales.

La segunda interpretación del Íncubo de La pesadilla señala que éste podría representar el inconsciente de la mujer, es decir, su lado oscuro.

Según esta hipótesis, el Íncubo no es una manifestación externa sino una proyección de la profunda oscuridad mental en la que ella se encuentra sumida.

Carl Jung consideraba que La pesadilla de Fuseli, la cual fue analizada sustancialmente en El hombre y sus símbolos (Der Mensch und seine Symbole), presenta uno de los valores principales del romanticismo: aceptar la naturaleza interior del ser, y sobre todo la posibilidad de que ésta sea, después de todo, una entidad oscura.


El caballo:

El caballo de La pesadilla resulta desconcertante a primera vista, con esos ojos blancuzcos y las orejas puntiagudas, asomando el rostro fantasmal entre las cortinas.

Para muchos, el caballo de La pesadilla es la verdadera causa del horror de la mujer. Otros sostienen que en realidad es simplemente la montura que el Íncubo utiliza para atravesar la noche.

Recordemos que el título original del cuadro, Nachtmahr, que significa pesadilla, era también el nombre del caballo de Mefistófeles, aquel demonio que realizó un pacto satánico con Fausto.

Lo único cierto es que el caballo de La pesadilla es la única figura que realmente parece moverse dentro del cuadro. De hecho, es sencillo imaginarlo mientras asoma lentamente la cabeza entre las cortinas.

El caballo de Henry Fuseli está basado directamente en la fantasmagórica figura pintada por Salvator Rosa en Saúl y la bruja de Endor.


Para finalizar hay que decir que La pesadilla expresa los ideales principales del romanticismo: individualismo, subjetivismo, irracionalidad, imaginación. Henry Fuseli, el loco, el abandonado, el vengativo, sublima las emociones, aún las más oscuras y siniestras del alma, por encima de la razón; alaba lo sensorial, casi desde una perspectiva criminal, para adormecer la lógica.

No debemos sorprendernos de la fama y mucho menos de la persistencia de La pesadilla. El arte debe mostrarse intrigado por las pasiones, especialmente por aquellas que conducen al hombre a la locura.




Autores con historia. I Filosofía del romanticismo.


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