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Por qué los Íncubos las prefieren viudas


Por qué los Íncubos las prefieren viudas.




Algunos grimorios y libros prohibidos de la Edad Media realizan un minucioso reporte sobre los Íncubos, especie de demonios o vampiros de segundo orden altamente capacitados para despertar las fantasías femeninas más escandalosas y luego cumplirlas mediante maniobras que desafían las habilidades de cualquier macho humano.

Uno de los Íncubos más notables de la historia fue conocido como Lüdérc —también llamado Ludverc—, heredero de una raza de vampiros proveniente de Hungría, cuya estirpe se remonta a Larimón, diabólico especialista en el arte de la seducción.

El De Daemonialitate et Incubis et Succubis —título que significa literalmente: Sobre los demonios, íncubos y súcubos—, del investigador Ludovico María Sinistrari, realiza una interesante crónica sobre este Íncubo y sus peculiares hábitos a la hora de elegir a sus víctimas.

En las aldeas medievales de Hungría se creía que la aparición de Lüdérc era precedida por fenómenos inusuales en el firmamento. Sinistrari no los aclara, pero podemos suponer que se refería a cometas, estrellas fugaces, etc. Estos signos eran evidencia suficiente de que Lüdérc se aproximaba.

Hay que decir que la gran mayoría de las personas estaban seguras de que no serían atacadas, ya que Lüdérc posee una de las dietas más extrañas entre todos los Íncubos. Desde luego que se alimenta de sangre humana, pero no de cualquiera, sino únicamente de la sangre de las viudas.

Nadie ha sabido explicar la razón de este apetito singular. Tal vez tenga que ver con las escasas habilidades predatorias del Lüdérc, y del dolor íntimo y todavía reciente de las mujeres que han perdido a sus esposos; dolor que, quizá, las lleve a mostrarse accesibles ante una manifestación que asuma la misma silueta.

El Lüdérc es capaz de cambiar de forma a voluntad y adoptar el rostro y el cuerpo de los maridos fallecidos de una forma muy convincente; no obstante, presenta algunas discrepancias.

Hay una región que el Lüdérc no puede metamorfosear. Su miembro, capaz de rivalizar con los incómodos atributos de Príapo, mantiene invariable su forma descomunal; razón por la cual importa realmente poco el parecido que pueda asumir con el fallecido: una vez en el lecho de la viuda ella puede notar fácilmente las diferencias de tamaño, grosor y sobre todo de rendimiento.

El porcentaje de viudas que admite esa sustitución es muy elevada, según Sinistrari.

Más allá de la envergadura ciclópea del Lüdérc, su mayor habilidad consiste en brindar un largo repertorio de proezas amatorias, cuya función es conducir a la viuda a un estado de agotamiento físico y emocional que le permita alimentarse de su sangre sin ejercer la violencia, algo prohibido tanto para los Íncubos como para los Súcubos en general.

Las leyendas medievales ofrecen pocos métodos profilácticos para librarse del Lüdérc, tal vez porque su presencia rara vez es indeseable.

Sinistrari elude la crítica simplista a las viudas que aceptan a estos amantes diabólicos. Es sabido que el dolor nos lleva a cometer toda clase de actos insensatos, entre ellos, creer que la muerte puede ser indulgente.




Leyendas de vampiros. I Diccionario demonológico.


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