«El Gran Dragón Rojo y la Mujer Vestida de Sol»: William Blake; pintura y análisis


«El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol»: William Blake; pintura y análisis.




El Gran Dragón Rojo (The Great Red Dragon) es una serie de pinturas del pintor y poeta inglés William Blake (1757-1827), creadas entre 1805 y 1810 para iluminar algunos pasajes del Libro de las revelaciones que mencionan a esta singular criatura:


Y contemplad al Gran Dragón Rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y siete coronas sobre sus sienes. Y su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.


Esta mención al Gran Dragón Rojo es, desde luego, metafórica; al igual que el título de ese enigmático libro de la Biblia: El libro de las revelaciones o Libro del Apocalipsis.

De hecho, revelar significa volver a velar, es decir, esconder algo bajo un nuevo velo; todo lo contrario de lo que actualmente entendemos por revelación; es decir, algo que súbitamente es puesto de manifiesto. En ese caso, la palabra adecuada sería desvelar.

Si el Libro de las revelaciones pretendía ocultar algo bajo un doble velo, el Gran Dragón Rojo de William Blake se encarga de perpetuar ese secreto.



El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol.


En esta pintura de la serie, El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol (The Great Red Dragon and the Woman Clothed with the Sun), observamos cómo el Gran Dragón Rojo se desciende sobre una mujer a punto de dar a luz, tal vez para devorar a su vástago:


Luego apareció en el cielo otra señal: un gran dragón rojo que tenía siete cabezas, diez cuernos y una corona en cada cabeza. Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo, y las lanzó sobre la tierra. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera.


La exégesis católica supone que esa mujer es la virgen María, y que su hijo, Jesús, es la presa que ansía el Gran Dragón Rojo (Satanás o Lucifer). Sin embargo, la imagen de una criatura imposible que desea devorar a los recién nacidos se asemeja mucho más al mito griego de Cronos devorando a sus hijos.

William Blake era un hombre de símbolos, no de alusiones específicas, que introdujo la filosofía del romanticismo en cada una de sus pinturas. Basta repasar los conceptos de William Blake acerca de la fe para ponernos en guardia frente a su manera de entender el hecho artístico:


Yo no considero que los justos, así como los condenados, alcancen el estado supremo; creo que cada uno de ellos son estados de ilusión en los que el alma puede caer en sus mortales sueños sobre el bien y el mal.

(I do not consider either the just, or the wicked, to be in a supreme state, but to be, every one of them, states of the sleep which the soul may fall into in its deadly dreams of good and evil)


Los que William Blake intentaba representar en El Gran Dragón Rojo y la Mujer Vestida de Sol es, quizá, lo mismo que se observa en las principales características del romanticismo: la batalla cósmica entre el bien y el mal pero vista a partir de la perspectiva del individuo, del sujeto, del ser.

De esta forma, William Blake interpreta el pasaje del Libro de las revelaciones a través de una doble alegoría:

Si la fe considera que el Gran Dragón Rojo es un símbolo de Satanás, es decir, el principio del mal en el universo, ¿por qué la Mujer Vestida con el Sol es identificada de forma individual en la virgen María?

Algunos signos evidencian que esta asociación no es del todo exacta; por ejemplo, que la Mujer Vestida de Sol esté sentada sobre la tierra, pero con una media luna, o luna en cuarto creciente, trasluciendo a través de los pliegues de su vestido; o que sus cabellos imiten la forma de una corona de doce puntas.

Abajo, a la derecha, emergen los rostros de la humanidad que contemplan la escena; y ellos son justamente los que le dan sustancia a la visión.

En resumen: el Gran Dragón Rojo desciende sobre la Mujer Vestida con el Sol, que no es otra cosa que el arquetipo de la mujer a punto de parir, y no precisamente al hijo de Dios, sino al hombre en tanto individuo.

El sol irradia sobre la figura de la Mujer, la viste de sol; pero el centro de esa luz coincide con la semiesfera de la luna en la que ella descansa, rodeando su vientre. La oscuridad no está abajo, en el submundo, sino que llena el cielo como una nube siniestra a medida que el Gran Dragón Rojo desciende batiendo sus alas.

Lo más curioso de El Gran Dragón Rojo y la Mujer Vestida con el Sol es la actitud de la humanidad. Sus rostros desesperados no observan a la mujer, sino al Gran Dragón Rojo, al que quizás han invocado para exterminar a la hembra primordial.

Pero Dios, o aquello que William Blake pensaba como Dios, le otorga a la mujer un don especial; algo que resulta fácil perder de vista cuando apreciamos la pintura: la mujer tiene alas, y se encuentra a punto de lanzarse a los aires para embestir al Gran Dragón Rojo.

Es por eso que los brazos del Gran Dragón Rojo y los de la Mujer Vestida con el Sol forman una imagen simétrica. Después de todo, para William Blake el bien y el mal no son fuerzas independientes entre sí, sino parte de una dualidad de luz y oscuridad que atraviesa la totalidad del cosmos.

Más allá de esa dualidad, y muy a pesar de lo fascinante que resulta la imagen del Dragón Rojo, es la Mujer Vestida de Sol la que prevalece, sin importar cuan horribles sean las circunstancias.




Pinturas del romanticismo. I Poemas de William Blake.


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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante, thx por la información, |) | /|\ |_ ()

Anónimo dijo...

Estimados lectores:

La pintura ha de interpretarse en el contexto del simbolismo ocultista y alquímico.
No pertenezco a ninguna Orden ni Sociedad, pero llevo más de un año estudiando Ocultismo (entendido como el método para alcanzar la Iluminación) y mis conocimientos son tremendamente escasos si se atiende al inmenso océano que supone esta Ciencia. Aun con todo, trataré de darles unas ciertas nociones para que, aunque de forma superficial, puedan hacerse una idea de su significado.

En primer lugar, aclarar que la pintura, aunque situada en el contexto del Apocalipsis, está haciendo referencia a un concreto estado mental o de consciencia por el que pasa aquella persona que busca la Luz. Es un tránsito de un nivel a otro.

Tenemos, por un lado, la Virgen vestida con el Sol y con una Luna a sus pies.
Esta imagen no se refiere a la Virgen María, sino al estado más puro y divino que se halla latente en nuestra consciencia. Tanto la Luna a sus pies como el Sol en su cuerpo representan niveles de desenvolvimiento espiritual que se han superado e integrado en el propio ser del Iniciado (la persona que ha encarnado una porción de la Conciencia Divina).

Por otro lado, tenemos al Gran Dragón Rojo, que la ha derribado de su inalcanzable posición. Este Dragón tampoco es un ente, sino otra metáfora. El Dragón, dormido en un principio, se despierta para alzarse y hacer caer a la Virgen. Esto supone la demolición de las estructuras mentales del hombre que aspira a la Iluminación: sus creencias, convicciones, proyectos, aspiraciones... se halla, por tanto, envuelto en la Nada. Sin embargo, si el aspirante a la Luz no se desvía del recto sendero, edificará entre los escombros de lo que fue arrasado por el Dragón Rojo una Escalera Celeste, que le permitirá alcanzar la Luz, a la Virgen vestida con el Sol (Blake también hace alusión a esta "escalera" en su pintura "La Escalera de Jacob").

Con ello, la Virgen, en un principio, permanece inaccesible para el género humano (salvo para los Grandes Maestros y Profetas, exaltados entre los hombres, que tuvieron el divino don de ser la máxima expresión de la Conciencia Divina); sin embargo, el despertar del Dragón Rojo hace posible que los hombres puedan aspirar a ser iluminados con su Luz.

He de aclarar, por último, que la Única Fuente de Luz es el Dios Único y Universal; el Alfa y Omega, Señor de la existencia y la inexistencia. La Virgen es, por tanto, la metáfora de la Semilla Divina que todos albergamos, pero que no deja de ser una ínfima parte de la Divinidad.
"Dios es una Esfera Infinita cuyo centro está en todas partes".

Espero que mi explicación les haya podido hacer reflexionar y comprender mínimamente el significado de esta pintura; asimismo, haberles hecho conscientes de aquello que persiguen quienes se adentran por el sinuoso y accidentado sendero de la Ciencia Oculta.
El que esté interesado en transitar por este sendero, le recomiendo comenzar con la pausada lectura y meditación de "El Libro de los Esplendores o Zohar", de Eliphas Levi, y adquirir conocimientos de Kábbalah, por ejemplo, con el estudio del libro "El Arbol de la Vida", de Isaac Regardie.

Un fraternal saludo,
I.C.B.M.

Enamora arte dijo...

"...Los caminos se bifurcan, y cada uno acciona desde su estado de conciencia actual...!" Gracias por tu generosidad en compartir...!

Anónimo dijo...

Genial. Pero en relación a lo que el segundo anónimo opina, no tiene por qué ser así. Mucha gente está metida en esto de las "Ciencias Ocultas" (cuyos conocimientos no son ni una unidad homogénea ni una verdad absoluta, hay cientos de tipos de "ciencias ocultas") y la interpretación de obras como la de Blake depende del experto de turno. No hay una única interpretación (y no explicación) posible. No se puede explicar su significado, sólo intentar interpretar en base a contextos, y aún así toda interpretación es vaga y puede o no acercarse a lo que el artista quiso decir en un principio. Quizá ni siquiera sea necesario saber qué pensaba Blake cuando estaba pintando, sino en qué pensamos ahora que miramos sus obras, en el siglo XXI, en internet. ¿Cambia su significado? Toda interpretación bien argumentada puede ser válida, o no. Tu interpretación está hecha desde tu punto de vista, en base a tu experiencia, a lo que leíste, a los críticos sobre esta obra que leíste. Pero otra persona, del otro lado del planeta, de otra cultura, con otras experiencias, que leyó a otra gente, interpretará algo totalmente distinto. Si Blake decidió plasmar la idea en imagen fue para comunicarse con lo más profundo posible de su inconsciente. Si todo eso que decís era exactamente lo que hubiese querido decir, lo hubiese escrito en un libro sin dar más vueltas, pero en cambio decidió dejarnos a nosotros los que observamos a la deriva... Así son los buenos artistas en fin, no son tan fáciles de resolver como una ecuación de primer grado de secundaria.

tarsi dijo...

gracias por las luces vertidas en este trabajo
S.T.U.



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