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Alp: los Elfos de las pesadillas

Alp: los Elfos de las pesadillas.


La palabra Alp define a una raza de elfos provenientes de Alemania, cuyo pasado se hunde en el más remoto folklore pre-ario.

El Alp no posee una forma definida, mejor dicho, posee muchas formas, tan cambiantes que no es inusual que los folkloristas lo confundan con otras criaturas fantásticas de la mitología nórdica. 

Originalmente, Alp significaba sencillamente Elfo, aunque de un modo despectivo, haciendo mención a los Elfos Oscuros (Svartalf) de la mitología escandinava. Sus únicas características que se han perpetuado a lo largo de los siglos son sus cuernos, ocultos bajo un inamovible sombrero blanco, y una tos recurrente, durante la cual los Alps expectoran polillas y mariposas nocturnas.

Generalmente los Alp son masculinos, o se muestran como masculinos. Pueden asumir la forma de cualquier animal, aunque prefieren mostrarse como pájaros, gatos, perros, cerdos y serpientes. Poseen una fuerza física notable e incluso conocen los secretos de la invisibilidad.

Durante muchos años se asoció a los Alps con los demonios, de hecho, se los incluyó en varios diccionarios demonológicos, grimorios y libros prohibidos de la Edad Media; pero lo cierto es que, por definición, un demonio jamás ha sido humano, y los Alp sí.

Los primeros relatos sobre esta raza de elfos aseguran que los Alps son, en realidad, las almas de los niños que mueren durante el parto. Tal vez por eso acechan obsesivamente a las mujeres, por las que sienten un vivo rencor y un deseo igualmente intenso.

Una vez que han seleccionado a su víctima, casi siempre sus propias madres, los Alp se deslizan sobre ellas como una nube espesa y furtiva, justo en el momento de mayor debilidad: el sueño. 

Luego se sientan sobre su pecho y aspiran todo el aire de sus pulmones, impidiendo que inhalen con regularidad. De este modo los Alp llevan a las mujeres a un estado de inconsciencia, durante el cual se alimentan de sangre o leche, si la dama en cuestión es capaz de proveerla.

Al mismo tiempo, los Alp introducen abominables pesadillas eróticas durante el proceso de succión. 

En la Edad Media hubo casos registrados por monjas infidentes en los que se asegura que muchas mujeres despiertan en pleno ataque, completamente imposibilitadas de gritar debido a la enorme presión que ejercen estos elfos sobre los pulmones.

Henry Fuseli ha pintado un cuadro magnífico llamado Pesadilla (Nightmare) donde se retrata el ataque de un Alp sentado sobre una mujer durmiendo, rodeado por las visiones infernales que proyecta sobre ella.

Cuando el ataque posee tintes eróticos, es decir, sueños eróticos impuestos, los Alp son llamados Alpdrücke, que literalmente significa "presión de elfo"; y cuando el erotismo está prolijamente ausente es llamado Albtraum, "sueño de elfo", es decir, pesadilla.

Los hermanos Grimm, que además de recopilar cuentos de hadas se dedicaban intensamente a la filología, mencionan que si la mujer atacada pronuncia la palabra Alp, éste se convierte súbitamente en un amante gentil, incluso generoso, y deja de lado sus necesidades de sangre y leche en favor del placer femenino; detalle que fue prudentemente eliminado de los tratados demonológicos del romanticismo, ya que el reencuentro incestuoso de una madre con su hijo muerto es, francamente, demasiado para cualquiera.

Los animales, en cambio, tienen menos suerte cuando son atacados. 

El Alp normalmente tritura la cabeza de gatos, conejos, incluso de caballos, y luego pasa a alimentarse de sangre y materia gris.

Algunos sostienen que el verdadero alimento de los Alps son los sueños, más concretamente, las pesadillas. 

Leyendas de la región de Colonia aseguran que los Alps dejan su sombra sobre el pecho de la durmiente y se introducen a través de las fosas nasales como un gusano alargado y ciego, con la intención de administrar desde el interior la textura, el volumen y la intensidad de las pesadillas.

Los Alps son insólitamente fieles con sus amadas, a quienes visitan aún debiendo atravesar grandes distancias, y no las abandonan hasta que éstas mueren, o bien logran ahuyentarlos mediante los siguientes procedimientos.

El más difícil: robarle el sombrero.

Sin él los Alps pierden todos sus poderes y se convierten en solícitos esclavos domésticos. De hecho, se sabe al menos de un caso en el que una monja conservó a un Alp durante cincuenta años, obligándolo a realizar toda clase de tareas deshonrosas, entre ellas, higienizar a la piadosa hermana.

Jacobo Grimm se burla de esta tradición, señalando que una monja esclavizando a un elfo es menos impresionante que imaginarla pariendo a su futuro sirviente.

Dejando de lado las recopilaciones de los hermanos Grimm, los Alp provienen de la situación más traumática que puede vivir una mujer: la muerte de un hijo.

Los Alp son un reflejo de este horror atávico. Sus necesidades lácteas resumen una de las imágenes más horrorosas que nos ofrece la mitología nórdica: el cadáver de un infante, deforme y contrahecho, vistiendo un absurdo sombrero blanco, igual al de los recién nacidos bajo la égida de Odín, arrastrándose como un insecto descomunal para beber la leche del seno materno.

En la región teutona de Kiel, se explica mediante los Alp el hecho de que algunas mujeres sigan produciendo leche luego de la muerte de su hijo; y aún más, en una balada espeluznante sobre la Tarnkappe, es decir, aquel manto que facilitaba la invisibilidad, una madre infortunada alaba las visitas del Alp, último despojo del alma de su hijo, cuyas visitas nocturnas son el único consuelo que le queda.





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