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«Un vistazo a Pan»: James Whitcomb Riley; poema y análisis.


«Un vistazo a Pan»: James Whitcomb Riley; poema y análisis.




«Y allí, como en un sueño, juro que vi a Pan, tendido,
con sus miembros a la sombra y el rocío,»



Un vistazo a Pan (A Glimpse of Pan) es un poema gótico del escritor norteamericano James Whitcomb Riley (1849-1916), publicado de manera póstuma en la antología de 1922: Canciones de verano (Songs of Summer).

Un vistazo a Pan, tal vez uno de los poemas de James Whitcomb Riley más conocidos, presenta una curiosa mirada sobre Pan, aquella misteriosa deidad de la mitología griega.

Si esta fuera una pieza de Arthur Machen, Algernon Blackwood, Walter de la Mare, incluso de H. P. Lovecraft, la visión de Pan habría traído la locura y la muerte al Orador, pero James Whitcomb Riley tiene una perspectiva diferente. No le teme a la naturaleza, no se siente un intruso en ella, por lo que sus fuerzas no le parecen hostiles. Esto es típico de la poesía de James Whitcomb Riley, donde la naturaleza es una entidad genérica, benevolente, cuyas expresiones ni siquiera rozan el desagrado. Riley escribió poemas sobre insectos, sapos, caracoles, en fin; una naturaleza inofensiva, sin dientes, sin hambre. Me resulta difícil creer que el Orador haya podido vislumbrar a Pan en este contexto, siendo que es una entidad que nos recuerda el salvajismo, el animalismo y el primitivismo de la existencia «natural» [ver: Sobre los nombres bárbaros]

Sin embargo, el Orador asegura que vio a Pan. Es lo primero que dice. Se aleja del pueblo y se mete en un bosque, cerca del mediodía, «donde las sombras eran frescas». Siente que sus pies desprenden «oleadas de flores» con cada paso. A través de las ramas de unos «árboles inclinados», a la vera del río:


«Como en un sueño, juro que vi a Pan, tendido,
con sus miembros a la sombra y el rocío,
y su rostro en el el resplandor y el deslumbramiento
de la alegre luz del sol; mientras por todas partes,
encima, a través y alrededor de él,
vaporosas libélulas volaban de aquí para allá,
y pequeñas mariposas blancas, de dos en dos,
giraban en remolinos de aire fragante.


Y así nos deja James Whitcomb Riley. El Orador no enloquece al ver a Pan, no es metamorfoseado en animal, ni siquiera oye flautas al acercarse al río. Es un Pan, digamos, vencido; una expresión más de la naturaleza, como podría serlo una mariposa o un árbol, no La Naturaleza en estado crudo, la existencia antes de la civilización.

No creo que Un vistazo a Pan sea un mal poema. Creo que responde a las afinidades de James Whitcomb Riley. La imagen de Pan es hermosa: resplandece al sol, está rodeado de libélulas y mariposas, pero, ¿es este el Pan de los mitos griegos? Se parece más a una estatua, sin vida ni intención. Es una visión triste, aunque bella: un elemento decorativo, no el alma, no el espíritu del bosque. James Whitcomb Riley no se lamenta de ver a Pan en estas condiciones, se maravilla. En lo personal, me inclino más por la tristeza de Elizabeth Barrett Browning al pensar que los antiguos dioses están muertos [ver: ¡Pan no ha muerto!]:


La tierra ha olvidado las míticas fantasías
que cantaba en su juventud,
y aquellos hermosos cuentos
pierden su belleza al lado de la verdad.
¡El carro de Apolo ya no correrá!
¡Contemplad, poetas, al sol!
¡Pan ha muerto!




Un vistazo a Pan.
A Glimpse of Pan, James Whitcomb Riley (1849-1916)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Apenas lo vislumbré. Ya era verano,
y me alejé del pueblo, de su polvo y su calor,
y caminé por un bosque mientras se acercaba el mediodía,
donde las sombras eran frescas y la atmósfera estaba brumosa,
con las fragancias que mis pies desprendían
de las oleadas de flores que se alzaban
entre la hierba, verdes y dulces.

Y miré a través de una vista de árboles inclinados,
trenzados con largas marañas de enredaderas que se extendían
hasta la cara de un río, acariciándolas en la brisa,
hasta que los labios anhelantes de las ondas
se arrastraron y las besaron, con éxtasis tembloroso,
y reían y lloraban con nostalgia.

Y allí, como en un sueño, juro que vi a Pan, tendido,
con sus miembros en la sombra y el rocío,
y su rostro en el resplandor y el deslumbramiento
de la alegre luz del sol; mientras por todas partes,
encima, a través y alrededor de él,
vaporosas libélulas volaban de aquí para allá,
y pequeñas mariposas blancas, de dos en dos,
giraban en remolinos de aire fragante.


I caught buta glimpse of him. Summer was here,
And I strayed from the town and its dust and heat,
And walked in a wood, while the noon was near,
Where the shadows were cool, and the atmosphere
Was misty with fragrances stirred by my feet
From surges of blossoms that billowed sheer
Of the grasses, green and sweet.

And I peered through a vista of leaning trees,
Tressed with long tangles of vines that swept
To the face of a river, that answered these
With vines in a wave like the vines in the breeze,
Till the yearning lips of the ripples crept
And kissed them, with quavering ecstacies,
And wistfully laughed and wept.

And there, like a dream in a swoon, I swear
I saw Pan lying,-his limbs in the dew
And the shade, and his face in the dazzle and glare
Of the glad sunshine; while everywhere,
Over, across, and around him blew
Filmy dragon-flies hither and there,
And little white butterflies, two and two,
In eddies of odorous air.


James Whitcomb Riley (1849-1916)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas mitológicos.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de James Whitcomb Riley: Un vistazo a Pan (A Glimpse of Pan), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El pequeño huerto verde»: Walter de la Mare; poema y análisis.


«El pequeño huerto verde»: Walter de la Mare; poema y análisis.




«Cuando más solo estás,
todo menos el silencio se va.
Alguien está esperando y observando ahí,
en el pequeño huerto verde.»



El pequeño huerto verde (The Little Green Orchard) es un poema gótico del escritor inglés Walter de la Mare (1873-1956), publicado originalmente en la antología de 1913: Peacock Pie; y luego recopilado por August Derleth en la colección de Arkham House: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon)

El pequeño huerto verde. uno de los poemas de Walter de la Mare menos conocidos, nos sitúa en un huerto [simbólico] donde el Orador siente que alguien, o algo, «siempre está sentado allí».

Este «siempre» es precisamente eso: la presencia siempre está en el huerto, día y noche. No hay demasiados indicios, excepto por unas voces suaves que llaman al anochecer y ciertos sonidos nocturnos. El Orador no siente miedo; y si bien la sensación de estar siendo observado es extraña, tal vez incómoda, no es aterradora.

Visitemos primero el huerto de Walter de la Mare y luego intentemos desentrañar sus misterios:


Siempre hay alguien sentado ahí,
en el pequeño huerto verde;
incluso cuando el sol está alto
en el cielo despejado del mediodía
y la abeja va zumbando débilmente
de rosa en rosa,
siempre hay alguien sentado en la sombra,
en el pequeño huerto verde.

Sí, y cuando el crepúsculo cae suavemente
en el pequeño huerto verde;
cuando el perlado rocío destila
y cada copa de flor se llena;
cuando el último mirlo dice:
"¡Qué, qué!" y se va.
He oído voces que llaman delicadamente
en el pequeño huerto verde.

No es que tenga miedo de estar ahí,
en el pequeño huerto verde;
porqué, cuando la luna brilla,
derramando su luz solitaria
y las polillas vienen como fantasmas,
y el cornudo caracol abandona su hogar:
me he sentado ahí, susurrando y escuchando
en el pequeño huerto verde.

Sólo que es extraño sentarse ahí,
en el pequeño huerto verde;
ya sea que pintes o dibujes,
caves, martilles, cortes o serruches;
cuando más solo estás,
todo menos el silencio se va...
Alguien está esperando y observando ahí,
en el pequeño huerto verde.


Está sentado, esperando, observando, en el pequeño huerto verde. Pero, ¿quién?

Lo único claro es que el Orador siente una presencia en el huerto, invisible, tranquila, que aguarda. No es simplemente una experiencia aparicional, es decir, cuando sentimos que no estamos solos en un lugar [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]. El Orador percibe algunas características de la entidad, que podría definirse como algo consciente que espera y observa en silencio. De hecho, el Orador no siente miedo, sino que experimenta una sensación de asombro y serenidad.

Walter de la Mare es un maestro capturando misterios cotidianos: sensaciones y emociones que aparecen y desaparecen tan fugazmente que no podríamos asegurar que hayan ocurrido en primer lugar.

El misterio central de El pequeño huerto verde está cerrado a la lógica. Sabemos que es una presencia, que es constante, que observa, que espera, que está sentada a la sombra. Leído fríamente, Walter de la Mare fabrica una atmósfera serena pero inquietante, pero creo que el poeta busca que nos coloquemos en una perspectiva infantil, que volvamos a ser niños por un momento. En este sentido, el poema expresa la naturaleza imaginativa de la infancia, donde las cosas mágicas no son analizadas para desentrañar sus mecanismos internos. La magia, en el huerto de la infancia, se acepta. Simplemente está ahí.

Es agradable pesar que la presencia en el huerto tal vez sea el adulto que regresa en la memoria a los días de su infancia.

Esto explicaría porqué el Orador no siente miedo por la presencia; sin embargo, también dice que oye «voces» [en plural] que «llaman delicadamente». De todos modos, esto tampoco lo asusta ni le impide estar en el huerto. ¿Acaso la presencia es otro tipo de fuerza benévola, como un genius loci? Quizás seamos nosotros, quizás, mientras Walter de la Mare escribía su huerto, percibió la presencia silenciosa, observadora y expectante del lector.

El pequeño huerto verde no necesita estas interpretaciones. Todas son válidas y ninguna es incorrecta. En lo personal, creo que Walter de la Mare está hablando del proceso artístico, o, mejor dicho, de la creatividad, como sinónimo del acto de vivir. No importa realmente cuál sea la actividad, «ya sea que pintes o dibujes, caves, martilles, cortes o serruches; cuando más solo estás, todo menos el silencio se va». Sin embargo, «alguien está esperando y observando ahí, en el pequeño huerto verde».

En efecto, alguien está.

Y quien aguarda, y siempre aguardará, es la muerte.




El pequeño huerto verde.
The Little Green Orchard, Walter de la Mare (1873-1956)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Siempre hay alguien sentado ahí,
en el pequeño huerto verde;
incluso cuando el sol está alto
en el cielo despejado del mediodía
y la abeja va zumbando débilmente
de rosa en rosa,
siempre hay alguien sentado en la sombra,
en el pequeño huerto verde.

Sí, y cuando el crepúsculo cae suavemente
en el pequeño huerto verde;
cuando el perlado rocío destila
y cada copa de flor se llena;
cuando el último mirlo dice:
"¡Qué, qué!" y se va.
He oído voces que llaman delicadamente
en el pequeño huerto verde.

No es que tenga miedo de estar ahí,
en el pequeño huerto verde;
porqué, cuando la luna brilla,
derramando su luz solitaria
y las polillas vienen como fantasmas,
y el cornudo caracol abandona su hogar:
me he sentado ahí, susurrando y escuchando
en el pequeño huerto verde.

Sólo que es extraño sentarse ahí,
en el pequeño huerto verde;
ya sea que pintes o dibujes,
caves, martilles, cortes o serruches;
cuando más solo estás,
todo menos el silencio se va..
. Alguien está esperando y observando ahí,
en el pequeño huerto verde.


Some one is always sitting there,
In the little green orchard;
Even when the sun is high
In noon's unclouded sky,
And faintly droning goes
The bee from rose to rose,
Some one in shadow is sitting there,
In the little green orchard.

Yes, and when twilight is falling softly
In the little green orchard;
When the grey dew distils
And every flower-cup fills;
When the last blackbird says,
"What - what!" and goes her way - s-sh!
I have heard voices calling softly
In the little green orchard.

Not that I am afraid of being there,
In the little green orchard;
Why, when the moon's been bright,
Shedding her lonesome light,
And moths like ghosties come,
And the horned snail leaves home:
I've sat there, whispering and listening there,
In the little green orchard.

Only it's strange to be feeling there,
In the little green orchard;
Whether you paint or draw,
Dig, hammer, chop, or saw;
When you are most alone,
All but the silence gone...
Some one is waiting and watching there,
In the little green orchard.


Walter de la Mare (1873-1956)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Walter de la Mare.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walter de la Mare: El pequeño huerto verde (The Little Green Orchard), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Bestias»: Richard Wilbur; poema y análisis.


«Bestias»: Richard Wilbur; poema y análisis.




«Las bestias, en su mayor libertad,
duermen en paz esta noche.»



Bestias (Beasts) es un poema del escritor norteamericano Richard Wilbur (1921-2017), publicado en la antología de 1956: Cosas del mundo (Things of This World).

Bestias, uno de los poemas de Richard Wilbur más reconocidos, nos introduce en un reino salvaje, primordial, donde las «bestias» [«en su mayor libertad»] ejercen su derecho a vagar por la imaginación del poeta.

La primera «bestia» que encontramos es «la gaviota en su cornisa», soñando; pero sus sueños [sobre «las olas que abajo arranca la luna»] no se producen en su mente, sino en sus «entrañas». La segunda es el pez que dormita «en el agua que canta». Luego llega el «ciervo», el «ratón desgarrado» en las garras del «búho»:


Las bestias, en su mayor libertad,
duermen en paz esta noche. La gaviota, en su cornisa,
sueña en sus entrañas con las olas que abajo arranca la luna,
y el pez se apoya en una piedra, adormecido
por el agua que canta,

donde las inmaculadas patas
del ciervo salpican dulcemente, a las cuales
el destripado ratón, a salvo en las garras del búho, grita
en armonía. Aquí no existe tal daño
ni tal oscuridad.


Entre las «Bestias» y nosotros media «el cristal de la ventana», una barrera entre la luna, la noche, y el interior de una habitación. A pesar de ese distanciamiento con la luna, pronto descubrimos que su poder y su influencia no se diluyen. Mientras estamos seguros en la habitación, «esa misma luna» produce «la dolorosa transformación del hombre lobo»:


mientras la misma luna,
deformada en el cristal de la ventana, asiste
a la dolorosa transformación del hombre lobo. Apartando su cabeza
de la sudorosa almohada, intenta recordar
el estado de ánimo humano,

pero yace al fin, como siempre,
dejándose llevar, que el feroz pelo de fiera llene su rostro,
escuchando con oídos agudos los exaltados tonos del viento,
el pánico de las hojas y la degradación
de los arroyos revueltos.


La transformación en lobo es una especie de retorno a una forma de vida primaria, a la versión por defecto del ser humano. Por lo tanto, en el contexto del poema de Richard Wilbur, la metamorfosis en lobo es menos sobrenatural que natural. Vemos al hombre luchando por conservar su humanidad, pero al final, «dejándose llevar», cede a sus impulsos. Sus sentidos se agudizan, percibe «los tonos del viento», el «pánico de las hojas», los «arroyos revueltos», mientras siente que su «feroz pelo de fiera» va creciendo en su rostro.

Bestias expresa una enorme nostalgia, no por el pasado personal, no por la infancia del individuo, sino por la existencia animal, primordial e inconsciente de la especie humana. Siguiendo esta línea evolutiva, el poema de Richard Wilbur progresa desde las «bestias» al ser humano, pasando por una criatura intermedia: el hombre lobo. La presencia de la luna, la reacción de las «bestias», el licántropo y el hombre ante su luz, guía al lector a lo largo de todo el proceso.

El hombre lobo funciona aquí como el eslabón intermedio entre la existencia animal [inconsciente] y la condición humana [consciente]. El licántropo está unido a la luna, sincronizado a sus fases, pero los seres humanos, aquellos que están «lejos de la espesura» [alejados de la naturaleza], la observan a través de las «altas ventanas» y encuentran su belleza «dolorosa». La luna nos conmueve, pero entre ella y nosotros existe el cristal de la venana, una lente pero también una separación. El hombre estudia la naturaleza como si fuera un agente externo. Las «bestias» la experimentan en primera persona.


Entretanto, en las altas ventanas,
lejos de la espesura y las sordas pisadas, los mejores pretendientes
suspiran y abandonan su trabajo para recostruir la dolorosa
belleza del cielo, la diáfana luna
y el cazador despierto,

creando para los hombres tales sueños
que romperán sus corazones como siempre, trayendo
monstruos a la ciudad, cuervos en las estatuas públicas
y flotas alimentando a los peces en las oscuras
y desenfrenadas aguas.


Richard Wilbur hace una última distinción, por cierto, intrigante, entre «bestias» y «monstruos». Todas las «bestias» pertenecen a la naturaleza, pero solo el ser humano es capaz de crear «monstruos». En este contexto, la ciudad representa a la civilización como la máxima expresión del orden y la consciencia, pero también una especie de caída de la naturaleza.




Bestias.
Beasts, Richard Wilbur (1921-2017)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Las bestias, en su mayor libertad,
duermen en paz esta noche. La gaviota, en su cornisa,
sueña en sus entrañas con las olas que abajo arranca la luna,
y el pez se apoya en una piedra, adormecido
por el agua que canta,

donde las inmaculadas patas
del ciervo salpican dulcemente, a las cuales
el destripado ratón, a salvo en las garras del búho, grita
en armonía. Aquí no existe tal daño
ni tal oscuridad

mientras la misma luna,
deformada en el cristal de la ventana, asiste
a la dolorosa transformación del hombre lobo. Apartando su cabeza
de la sudorosa almohada, intenta recordar
el estado de ánimo humano,

pero yace al fin, como siempre,
dejándose llevar, que el feroz pelo de fiera llene su rostro,
escuchando con oídos agudos los exaltados tonos del viento,
el pánico de las hojas y la degradación
de los arroyos revueltos.

Entretanto, en las altas ventanas,
lejos de la espesura y las sordas pisadas, los mejores pretendientes
suspiran y abandonan su trabajo para recostruir la dolorosa
belleza del cielo, la diáfana luna
y el cazador despierto,

creando para los hombres tales sueños
que romperán sus corazones como siempre, trayendo
monstruos a la ciudad, cuervos en las estatuas públicas
y flotas alimentando a los peces en las oscuras
y desenfrenadas aguas.


Beasts in their major freedom
Slumber in peace tonight. The gull on his ledge
Dreams in the guts of himself the moon-plucked waves below,
And the sunfish leans on a stone, slept
By the lyric water,

In which the spotless feet
Of deer make dulcet splashes, and to which
The ripped mouse, safe in the owl’s talon, cries
Concordance. Here there is no such harm
And no such darkness

As the selfsame moon observes
Where, warped in window-glass, it sponsors now
The werewolf’s painful change. Turning his head away
On the sweaty bolster, he tries to remember
The mood of manhood,

But lies at last, as always,
Letting it happen, the fierce fur soft to his face,
Hearing with sharper ears the wind’s exciting minors,
The leaves’ panic, and the degradation
Of the heavy streams.

Meantime, at high windows
Far from thicket and pad-fall, suitors of excellence
Sigh and turn from their work to construe again the painful
Beauty of heaven, the lucid moon
And the risen hunter,

Making such dreams for men
As told will break their hearts as always, bringing
Monsters into the city, crows on the public statues,
Navies fed to the fish in the dark
Unbridled waters.


Richard Wilbur (1921-2017)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Richard Wilbur.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Richard Wilbur: Bestias (Beasts), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La tierra desconocida»: Leah Bodine Drake; poema y análisis


«La tierra desconocida»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




La tierra desconocida (The Unknown Land) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de otoño de 1948 de la revista The Arkham Sampler, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1950: Un abecedario para brujas (A Hornbook for Witches).

La tierra desconocida, uno de los mejores poemas de Leah Bodine Drake, retrata un sueño recurrente donde la narradora visita una tierra extraña, poblada de criaturas asombrosas, tan extraordinariamente vívido que teme que el sueño se transforme eventualmente en su realidad.

A simple vista, La tierra desconocida de Leah Bodine Drake parece homenajear a Lord Dunsany y el ciclo onírico de H.P. Lovecraft, pero debajo de esas aparentes simetrías, se esconde una pieza sumamente original de la poesía macabra.

Leah Bodine Drake nos invita a transitar el terreno de lo fantástico en la poesía, y ese recorrido está marcado por una constante que nunca flaquea: lo macabro. Desde el principio, La tierra desconocida nos guía con admirable moderación sobre un tema que rara vez es desafiado por poetas mucho más reconocidos: la incapacidad del ser humano para alejarse demasiado de los impulsos primarios de la naturaleza.

El valor de la poesía de Leah Bodine Drake es indiscutible, y La tierra desconocida es una prueba de ello: las imágenes que evoca, la elección de palabras, la riqueza y la fluidez del resultado, lo convierten en una verdadera joya de la poesía extraña. La brújula temática Leah Bodine Drake va desde lo extraño a lo fantástico, y en cada uno de sus poemas se observa un fuerte compromiso con los grandes intereses y preocupaciones del ser humano.




La tierra desconocida.
The Unknown Land, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Hay un sueño extraño y recurrente
que acecha mi descanso.
Me dirige a otras costas, creo
me desvío hacia una, remota y fría,

desconocida para cualquier mapa.
Aquí corren ríos de perlas vivas y jades
bajo un cielo donde ni la luna ni el sol
brillan sobre el cabalgar de los centauros.

Aquí deambulo, desarmada, sola,
a través de cañadas custodiadas por sapos gigantes,
hacia un trono medio adivinado, medio recordado.

De las cicatrices leonardescas descienden
las bandas blancas de la esfinge inquietante,
a estanques como estrellas secretas de esmeralda
donde bebe el gran pavo real dorado,

y las jirafas y los babuinos blancos
se alimentan entre árboles rígidos y fúnebres,
de frutos como pequeñas lunas plateadas,
que las luciérnagas chupan como abejas.

Aquí las arenas se estremecen con el andar
de los unicornios al pasar furiosamente,
los silenos saltan de roca en roca;
y en las colinas suenan siniestros cuernos

de algún espolón golpeado por el trueno.
Pero no sé qué pueden significar esas notas extravagantes,
tampoco si pelo o piel lo que cubre
esas invisibles gargantas monstruosas.

Desafío o súplica, ¿cuál es esa llamada?
¿Qué ciudad construida de hielo o de llamas,
gobernada por el troll o la lamia,
prevé mi llegada y sabe mi nombre?

Alguna noche mi sueño me invitará a subir
la última pendiente alta donde aguarda la perdición;
y mi alma, encadenada más allá del espacio y el tiempo,
oirá el estruendo de las puertas que se cierran.


There is a strange, recurring dream
That haunts my sleep. Do what I will
To steer to other shores, I seem
To drift to one, remote and chill,

Unknown to any map. Here run
Rivers of living pearls and jades
Beneath a sky where moon nor sun
Shine on the centaur-cavalcades.

Here I wander, unarmed, alone,
Through glens whose guards are giant toads,
To some half-guessed, half-memorized throne.

Down from Leonardesque scars
Come the white bands of haunting-sphinx,
To pools like secret emerald stars
Where the great golden peacock drinks,

And the giraffes and white baboons
Feed among stiff, funereal trees
On fruits like little silver moons,
Which the green glowworms suck like bees.

Here the sands quiver with the shock
Of furiously-passing unicorns,
And silens stamp from rock to rock;
And in the hills sound ominous horns

Blown from some thunder-smitten spur.
But what may mean those outlandish notes
I know not—nor whether hide or fur
Cover those unseen monstrous throats.

Challenge or plea, which is that call?
What city builded of ice or flame,
Lorded by lamia or troll,
Forsees my coming and knows my name?

Some night my dream will bid me climb
The last high slope where doom awaits;
And my soul, enchained beyond space and time,
Will hear the clang of the closing gates!


Leah Bodine Drake
(1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


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«Un alto en el bosque en una noche nevada»: Robert Frost; poema y análisis


«Un alto en el bosque en una noche nevada»: Robert Frost; poema y análisis.




Un alto en el bosque en una noche nevada (Stopping by Woods on a Snowy Evening) es un poema melancólico del escritor norteamericano Robert Frost (1874-1963), publicado en la antología de 1923: New Hampshire.

Un alto en el bosque en una noche nevada, tal vez uno de los poemas de Robert Frost más conocidos, es una pieza compleja en su aparente sencillez. Su interpretación no es fácil. ¿Debemos tomar las palabras del poeta literalmente, y no ver nada más allá de la nieve, el caballo y el bosque? ¿O acaso hay algo más profundo, más oscuro, para reflexionar?

Tratándose de Robert Frost, probablemente esto último sea lo más aconsejable.

Robert Frost llamó a Un alto en el bosque en una noche nevada: mi mejor apuesta al recuerdo. Al parecer, lo compuso después de haber estado despierto toda la noche escribiendo otro poema. Al terminar, se dio cuenta de que había llegado la mañana; salió a ver el amanecer, y de repente se le ocurrió la idea de Un alto en el bosque en una noche nevada. Fue una inspiración súbita, que el propio autor definió como una especie de alucinación.

Una primera lectura de Un alto en el bosque en una noche nevada nos deja la sensación de estar ante un poema hermoso, pero también oscuro, como si algo indefinible se ocultara debajo de la superficie. Muchos suponen que esto tiene que ver con la muerte, o al menos con cierta fatiga de la vida, pero Robert Frost nunca brindó una explicación al respecto. A título personal, siento que Un alto en el bosque en una noche nevada es como una historia de ensueño, tal vez la de alguien diciendo su último adiós a esta vida, haciendo un alto en el bosque, antes de seguir su infatigable camino en el más allá.

En este contexto, Un alto en el bosque en una noche nevada de Robert Frost es uno de esos poemas que necesariamente deben ser completados por el lector. Las palabras, los sonidos, las imágenes, son muy atractivas, incluso si lo consideramos un simple poema sobre una escena invernal con bosques nevados, un caballo y un jinete. No obstante, hay algo más; algo profundo, relevante, que emerge en las últimas líneas. Es esta ambigüedad, esta tensión entre la atracción intemporal de los hermosos bosques y las obligaciones del presente, la necesidad o el impulso de seguir adelante, lo que convierte a Un alto en el bosque en una noche nevada en un clásico.




Un alto en el bosque en una noche nevada.
Stopping by Woods on a Snowy Evening, Robert Frost (1874-1963)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


De quién son estos bosques, creo que lo sé.
En el pueblo se encuentra su casa;
él no me verá parar aquí,
para ver cómo su bosque se cubre de nieve.

Mi pequeño caballo debe pensar que es extraño
detenerse aquí, sin ninguna granja cerca
entre los bosques y el lago helado,
en la noche más lóbrega del año.

Agita las campanas de su arnés,
como si presintiera que ocurre algo.
El único otro sonido que se oye es el barrido
del viento entre los copos blandos.

Los bosques son bellos, oscuros, profundos.
Pero tengo promesas que cumplir,
y mucho camino por andar sin dormir,
y mucho camino por andar sin dormir.


Whose woods these are I think I know.
His house is in the village though;
He will not see me stopping here
To watch his woods fill up with snow.

My little horse must think it queer
To stop without a farmhouse near
Between the woods and frozen lake
The darkest evening of the year.

He gives his harness bells a shake
To ask if there is some mistake.
The only other sound's the sweep
Of easy wind and downy flake.

The woods are lovely, dark and deep,
But I have promises to keep,
And miles to go before I sleep,
And miles to go before I sleep.


Robert Frost
(1874-1963)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Robert Frost.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert Frost: Un alto en el bosque en una noche nevada (Stopping by Woods on a Snowy Evening), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«A Pan»: H.P. Lovecraft; poema y análisis


«A Pan»: H.P. Lovecraft; poema y análisis.




A Pan (To Pan) es un poema mitológico del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado originalmente por Arkham House en la antología de 1963: Poemas escogidos (Collected Poems), y luego reeditado en la colección de 1971: Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth).

A Pan, tal vez uno de los poemas de Lovecraft menos conocidos, versifica el encuentro de un muchacho soñador con el dios de los mitos griegos, Pan.

Es importante tener en cuenta que A Pan fue escrito cuando H.P. Lovecraft tenía solo doce años. A esa temprana edad, mientras otros chicos solo deseaban jugar en la calle, Lovecraft se consideraba a sí mismo un auténtico pagano, y construía pequeños altares hechos con flores y ramas en su jardín. Podemos deducir que A Pan, en este contexto, formaba parte de esas ceremonias.

Se trata, entonces, de un poema juvenil, que no debe ser juzgado por sus imperfecciones, sino más bien como una muestra temprana de lo que el maestro de Providence haría con el tiempo empleando motivos similares.

Pan bien podría pertenecer a los Mitos de Cthulhu. Su nombre significa «todo», y esencialmente es un símbolo del universo, así como la personificación de la naturaleza. Al reunir sobre sí todos los atributos, Pan es todos los dioses, y el propio paganismo. Por otro lado, Pan no era precisamente un dios hermoso: tenía patas de cabra, cuernos, orejas puntiagudas, y su cuerpo estaba cubierto por un oscuro y denso pelaje. Se dice que era tan feo que su madre, una ninfa del bosque, huyó gritando al verlo por primera vez. Esto debió haber facilitado la identificación del joven Lovecraft, cuya madre, Sarah, solía tratarlo de feo, e incluso vestirlo de mujer (ver: Por qué a Lovecraft lo vestían de niña)




A Pan.
To Pan, H.P. Lovecraft (1890-1937)

Sentado en una cañada del bosque,
a orillas de un arroyo bordeado de juncos,
meditaba un día cuando, adormecido,
me vi sumido en un profundo sueño.

De las aguas surgió una figura,
mitad hombre, mitad macho cabrío;
en vez de pies tenía pezuñas,
y una barba coronaba su cuello.

Con una rústica flauta de caña
dulcemente tocaba este ser híbrido,
y yo olvidé todas las cosas mundanas
porque supe que ante mí estaba Pan.

Ninfas y sátiros se congregaron
para gozar del alegre sonido.

Demasiado pronto desperté, con pesar,
y regresé a las moradas de los hombres,
pero deseando perderme de nuevo en los valles
para escuchar de nuevo la flauta de Pan.


Seated in a woodland glen
By a shallow reedy stream
Once I fell a-musing, when
I was lull’d into a dream.

From the brook a shape arose
Half a man and half a goat.
Hoofs it had instead of toes
And a beard adorn’d its throat

On a set of rustic reeds
Sweetly play’d this hybrid man
Naught car’d I for earthly needs,
For I knew that this was Pan

Nymphs and Satyrs gather’d ’round
To enjoy the lively sound.

All to soon I woke in pain
And return’d to haunts of men.
But in rural vales I’d fain
Live and hear Pan’s pipes again.


H.P. Lovecraft
(1890-1937)




Poemas góticos. I Poemas de H.P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de H.P. Lovecraft: A Pan (To Pan), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Poemas ecológicos


Poemas ecológicos.




Hablar de poemas ecológicos no es caprichoso. Después de todo, la poesía siempre estuvo del lado de la naturaleza (ver: Poemas de la naturaleza) a veces denunciando los horrores de la industrialización, y en consecuencia la separación cada vez más marcada entre el hombre y su entorno; y otras reparando en eventos demasiado lentos para la observación, como el crecimiento de una flor, la agonía de un árbol. En este contexto, existe una gran cantidad de poemas ecológicos que dan cuenta de esos motivos.

A veces sin quererlo, estos poemas ecológicos prefiguran preocupaciones modernas, como el cambio climático (ver: Eco-pioneros literarios: el cambio climático en la ficción); mientras que otros aventuran hipótesis que hoy en día forman parte de la filosofía ecológica, como la idea de que nuestro planeta es, después de todo, un organismo consciente capaz de sentir y sufrir (ver: La Tierra como superorganismo consciente).

En esta sección de El Espejo Gótico iremos recorriendo los mejores poemas ecológicos de nuestra biblioteca.




Poemas ecológicos.




El artículo: Poemas ecológicos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Antarktos»: H.P. Lovecraft; poema y análisis


«Antarktos»: H.P. Lovecraft; poema y análisis.




Antarktos (Antarktos) es un poema gótico del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1938 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1943: Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep). Finalmente volvería a aparecer en la colección de 1971: Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth).

Antarktos, posiblemente uno de los poemas de H.P. Lovecraft menos conocidos, nos brinda un escalofriante repaso de los horrores ocultos debajo de los hielos eternos de la Antártida.

En este sentido, Antarktos puede considerarse como un complemento del relato de los Mitos de Cthulhu: En las montañas de la locura (At the Mountains of Madness), donde esos mismos horrores antárticos que aparecen en este poema son explicados de forma menos metafórica, es decir, como los restos de las ciudades colosales de los Antiguos.




Antarktos.
Antarktos, H.P. Lovecraft (1890-1937)

En lo profundo de mi sueño el gran pájaro susurraba extrañamente,
hablándome del cono negro de los desiertos polares,
que se alza lúgubre y solitario sobre el casquete glaciar,
azotado, desfigurado, por eones de frenéticas tormentas.
Allí no palpita ninguna forma de vida terrestre;
sólo pálidas auroras, soles mortecinos,
que brillan sobre ese peñón horadado, cuyo origen primitivo
intentan adivinar, a oscuras, los Antiguos.

Si los hombres lo vieran, se preguntarían entonces:
qué raro capricho de la Naturaleza contemplo;
pero el pájaro me ha hablado de lugares más vastos
que meditan, escondidos, bajo la espesa mortaja de hielo.
¡Dios ayude al soñador cuyas locas visiones le muestren
esos ojos muertos engastados en abismos de cristal!


Deep in my dream the great bird whispered queerly
Of the black cone amid the polar waste;
Pushing above the ice-sheet lone and drearly,
By storm-crazed aeons battered and defaced.
Hither no living earth-shapes take their courses,
And only pale auroras and faint suns
Glow on that pitted rock, whose primal sources
Are guessed at dimly by the Elder Ones.

If men should glimpse it, they would merely wonder
What tricky mound of Nature's build they spied;
But the bird told of vaster parts, that under
The mile-deep ice-shroud crouch and brood and bide.
God help the dreamer whose mad visions shew
Those dead eyes set in crystal gulfs below!


H.P. Lovecraft
(1890-1937)




Poemas góticos. I Poemas de H.P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
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«Árboles nocturnos»: Frank Belknap Long; poema y análisis


«Árboles nocturnos»: Frank Belknap Long; poema y análisis.




Árboles nocturnos (Night Trees) es un poema del escritor norteamericano Frank Belknap Long (1901-1994), publicado originalmente en la edición de marzo de 1928 de la revista Weird Tales, y luego reeditado en la antología de 1935: La torre de los duendes (The Goblin Tower).

Árboles nocturnos, posiblemente uno de los mejores poemas de Frank Belknap Long, compara la inquietante silueta de los árboles en medio de la noche, sus ramas que se estiran como dedos lívidos hacia la luna, y formas que se estremecen en el viento, con la belleza y la paz que esas mismas siluetas nos producen a la luz del día.




Árboles nocturnos.
Night Trees, Frank Belknap Long (1901-1994)

Creí verlos agitarse al amanecer
en las frías y negras colinas: los fantasmas retorcidos
de los cedros de Titán y los incontables brotes reunidos
que tan completamente desnudos podían permanecer.

Pobres cosas que asumían formas en la distancia,
formas de hombres y bestias; grandes gorgonas no reclamadas
por la graciosa fantasía de la infancia.
¿Debo declarar entonces que para siempre fueron mutiladas?

Altos álamos se retorcían como serpientes decapitadas,
y cipreses, con largos cuellos distorsionados,
hiedras atrofiadas en los frenos nevados
se aferraban al cadáver de un viejo roble.
¿Acaso me incorporé y los maldije, uno por uno,
sólo por ser tan hermosos bajo la luz del sol?


I thought I saw them writhing in the dawn
On cold, black hills -the gnarled and twisted ghosts
Of Titan cedars and the sapling hosts
That stood so starkly naked an forlong.

Poor stricken things that bore the forms of men
And forms of beasts; great gorgons unreclaimed
By childhood's gracious fancy. Did I then
Declare that they had been forever maimed?

Tall aspens writhing like beheaded snakes,
And cypresses with lean, distorted necks,
And stunted hemlocks in the riven brakes
That fringed the garments of the oaken wrecks.
Oh, did I stand and curse them, one by one,
That were so lovely once beneath the sun?


Frank Belknap Long
(1901-1994)




Poemas góticos. I Poemas de Frank Belknap Long.


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«Cuando yo era un pájaro»: Katherine Mansfield; poema y análisis


«Cuando yo era un pájaro»: Katherine Mansfield; poema y análisis.




Cuando yo era un pájaro (When I was a Bird) es un poema modernista de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield (1888-1923), publicado en la antología de 1923: Poemas (Poems).

Cuando yo era un pájaro, uno de los grandes poemas de Katherine Mansfield de aquella colección, versifica el recuerdo de una niña que, en su universo de juegos e imaginación, realmente logró convertirse en pájaro, a pesar de lo que dijeran los demás.




Cuando yo era un pájaro.
When I was a Bird, Katherine Mansfield (1888-1923)

Subí al árbol karaka
en un nido hecho de hojas
que eran tan suaves como plumas.
Inventé una canción que cantaba sola,
una canción que no tenía palabras,
y que al final me produjo tristeza.
Había margaritas en la hierba, debajo del árbol.
Para asustarlas les dije sin reparo:
les morderé la cabeza
y alimentaré a mis pequeños con ellas.

Pero no creyeron que yo fuese un pájaro,
y se mantuvieron abiertas.
El cielo era como un nido azul con blancas plumas,
y el sol era la madre pájaro que lo mantenía caliente.
Eso es lo que decía mi canción, sin palabras que la resuman.
Mi hermanito subió por el sendero, haciendo girar su juguete.
Hice alas con mi vestido, me mantuve muy callada.
Luego, cuando estuvo cerca, dije: ¡Dulce, dulce!
Por un momento pareció sobresaltado;
Pooh, puedo ver tus piernas, dijo con descaro.
Pero las margaritas realmente no importaban,
Mi hermanito no importaba;
yo me sentí como un pájaro.


I climbed up the karaka tree
Into a nest all made of leaves
But soft as feathers.
I made up a song that went on singing all by itself
And hadn't any words, but got sad at the end.
There were daisies in the grass under the tree.
I said just to try them:
“I'll bite off your heads and give them to my little children to eat.”
But they didn't believe I was a bird;
They stayed quite open.
The sky was like a blue nest with white feathers
And the sun was the mother bird keeping it warm.
That's what my song said : though it hadn't any words.
Little Brother came up the path, wheeling his barrow.
I made my dress into wings and kept very quiet.
Then when he was quite near I said : “Sweet, sweet!”
For a moment he looked quite startled;
Then he said: “Pooh, you're not a bird; I can see your legs.”
But the daisies didn't really matter,
And Little Brother didn't really matter;
I felt just like a bird.


Katherine Mansfield
(1888-1921)




Poemas góticos. I Poemas de Katherine Mansfield.


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«El espantapájaros»: Walter de la Mare; poema y análisis


«El espantapájaros»: Walter de la Mare; poema y análisis.




El espantapájaros (The Scarecrow) es un poema del escritor inglés Walter de la Mare (1873-1956), publicado originalmente en la antología de 1906: Poemas (Poems); y luego reeditado en la colección de 1912: Los oyentes (The Listeners).

El espantapájaros, posiblemente uno de los mejores poemas de Walter de la Mare de aquella colección, nos permite conocer los sentimientos de un espantapájaros y, quizás lo más interesante, su ancestral relación con el Tiempo y el Hombre.




El espantapájaros.
The Scarecrow, Walter de la Mare (1873-1956)

Durante todo el invierno inclino la cabeza
bajo la lluvia torrencial;
el viento del norte me rocía con nieve
y me nuevo me golpea;
a medianoche, bajo un laberinto de estrellas,
ardo con un brillante resplandor,
y me incorporo sobre el rastrojo, rígido,
como el correo matinal.

Pero cuando ese niño, llamado Primavera,
y toda su hueste de amigos vienen,
esparciendo sus capullos y gotas
sobre estos acres de mi hogar,
una agitación se despierta en mis harapos;
levanto los ojos vacíos y observo
los cielos en busca de cuervos,
esos enemigos voraces de mi amo: el Hombre.

Lo observo caminar detrás de sus herramientas,
y sé que pronto el trigo
se balanceará sobre los campos,
antes cubiertos por un estéril blanco;
pronto miraré a través de un mar
de granos por el sol engendrados,
que mi estrecha vigilia ha custodiado,
para que otra vez haya cosecha.


All winter through I bow my head
Beneath the driving rain;
The North Wind powders me with snow
And blows me back again;
At midnight 'neath a maze of stars
I flame with glittering rime,
And stand, above the stubble, stiff
As mail at morning-prime.

But when that child, called Spring, and all
His host of children, come,
Scattering their buds and dew upon
These acres of my home,
Some rapture in my rags awakes;
I lift void eyes and scan
The skies for crows, those ravening foes,
Of my strange master, Man.

I watch him striding lank behind
His clashing team, and know
Soon will the wheat swish body high
Where once lay sterile snow;
Soon shall I gaze across a sea
Of sun-begotten grain,
Which my unflinching watch hath sealed
For harvest once again.


Walter de la Mare
(1873-1956)




Poemas góticos. I Poemas de Walter de la Mare.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walter de la Mare: El espantapájaros (The Scarecrow), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El mensaje del viento de Marzo»: William Morris; poema y análisis


«El mensaje del viento de Marzo»: William Morris; poema y análisis.




El mensaje del viento de marzo (The Message of the March Wind) es un poema prerrafaelita del escritor inglés William Morris (1834-1896), publicado en la antología de 1891: Poemas por el camino (Poems By the Way).

El mensaje del viento de marzo, sin dudas uno de los poemas de William Morris más importantes, desarrolla la firme postura política del autor en contra de las desigualdades sociales. En definitiva, el viento que sopla desde las grandes ciudades trae consigo el testimonio de sus desventuras, y su voz, como un canto ancestral, agita la noche de los desafortunados.

Resulta difícil leer este notable poema de William Morris sin sentir que las mismas desigualdades, las mismas injusticias sociales que desvelaron al poeta, siguen tan vigentes como entonces.




El mensaje del viento de marzo.
The Message of the March Wind, William Morris (1834-1896)

Bella es ahora la primavera, y la tierra mira
con los ojos de un amante el rostro del sol;
la luz se perpetúa, y la esperanza abraza
los acres de verde que de a poco florecen.

¿Siempre seremos felices? Acércate y escucha:
dicen que allá abajo, cuando la luna nueva se ponga,
y el cielo de marzo se oscurezca, desde la cima del cerro
quizás veremos el resplandor de la gran ciudad.

¡Escucha el viento en las ramas de olmo!
Sopla desde Londres, y del oro, la esperanza y del desasosiego habla,
del poder que no puede; de la sabiduría que sabe
pero que de lo peor y lo mejor no enseña nada.

¡Escuchen! El viento de marzo habla de gentes,
de la vida que allá se vive, tan demacradas y lúgubres
que si entre ellos viviéramos
mi cariño vacilaría, tu belleza se oscurecería.

Los cantantes han cantado y los constructores han construido,
los pintores han moldeado sus cuentos encantadores;
¿Para qué se ha dorado el libro del mundo, para quién,
cuando todo es para éstos, excepto el negro de la noche?

Volvamos a la posada, mi amor, a las luces y al fuego,
a la antigua melodía del violinista, a los pies que se arrastran;
pronto habrá allí reposo y deseo,
y será dulce la luz de la mañana.

Y mientras volvemos, mi amor, el viento sopla detrás,
llevando el último cuento que narra esta noche:
como la semilla invernal, escondida, imperecedera,
como el trigo sembrado en otoño que reverdece bajo la nieve,
como el amor que nos abrumó, desprevenidos, sin amar,
como el bebé que en tu vientre crece,
así florece la esperanza del pueblo.

¡Pero miren! La vieja posada, las luces, el fuego,
la antigua melodía del violinista, los pies que se arrastran,
pronto habrá reposo y deseo,
y los ideales, transformados en hechos,
serán dulces a la luz de la mañana.


Fair now is the spring-tide, now earth lies beholding
With the eyes of a lover, the face of the sun;
Long lasteth the daylight, and hope is enfolding
The green-growing acres with increase begun.

Shall we be glad always? Come closer and hearken:
Three fields further on, as they told me down there,
When the young moon has set, if the March sky should darken,
We might see from the hill-top the great city’s glare.

Hark! the March wind again of a people is telling;
Of the life that they live there, so haggard and grim,
That if we and our love amidst them had been dwelling,
My fondness had falter’d, thy beauty grown dim.

The singers have sung and the builders have builded,
The painters have fashioned their tales of delight;
For what and for whom hath the world’s book been gilded,
When all is for these but the blackness of night?

Come back to the inn, love, and the lights and the fire,
And the fiddler’s old tune and the shuffling of feet;
For there in a while shall be rest and desire,
And there shall the morrow’s uprising be sweet.

Yet, love, as we wend, the wind bloweth behind us,
And beareth the last tale it telleth to-night,
Like the seed of midwinter, unheeded, unperish’d,
Like the autumn-sown wheat ’neath the snow lying green,
Like the love that o’ertook us, unawares and uncherish’d,
Like the babe ’neath thy girdle that groweth unseen;
So the hope of the people now buddeth and groweth

But lo, the old inn, and the lights, and the fire,
And the fiddler’s old tune and the shuffling of feet;
Soon for us shall be quiet and rest and desire,
And to-morrow’s uprising to deeds shall be sweet.


William Morris
(1834-1896)




Poemas góticos. I Poemas de William Morris.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de William Morris: El mensaje del viento de marzo (The Message of the March Wind), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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Poema de Laura Riding.
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