El jardin del amor: William Blake

William Blake decide regresar a su olvidado Jardín del Amor; y así como todos los que alguna vez desearon volver a sus pequeños paraísos, el poeta descubre con dolor y melancolía que nada en este mundo es inmune a la corrupción del tiempo.

Personalmente, siento que estos intentos de retorno son una de las visiones más desoladoras de toda la poesía de Blake. Mientras otros poetas cantan a la Belleza Eterna, William Blake dedica sus versos al rostro de aquella tímida novia que ha perdido sus dones. Porque de eso se trata El Jardín del Amor: de la terrible angustia que todos los hombres sentimos ante lo frágil y efímero de la existencia.

Nada está a salvo del cruel paso del tiempo: aquellas playas que de niños recorríamos siempre serán más pequeñas; los vigorosos árboles, que como fortalezas inexpugnables tratábamos de escalar hoy son sólo viejos robles marchitos; y aquel cuerpo cómplice que se nos ofrecía bajo la luna, como un jardín exuberante donde el pudor estaba prohibido, algún día será un páramo yermo; seco y desolado, como nosotros mismos.

El Jardín del Amor.
William Blake.

Me dirigí al Jardín del Amor,
y observé lo que nunca viera:
una capilla habían construido en su centro,
allí donde yo solía jugar rodeado de verdor.

Las puertas de la capilla estaban cerradas
y escrito en la puerta se leía: “No lo harás”,
de modo que presté atención al Jardín del Amor,
que tantas amables flores ofreciera.

Y vi que estaba cubierto de sepulcros,
y lápidas se erguían donde flores debieran crecer.
Sacerdotes de hábito negro cumplían sus rondas,
enlazando con espinas mis sueños y anhelos.

William Blake.


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