La Memoria del Lugar vs. Teoría de la Cinta de Piedra.


La Memoria del Lugar vs. Teoría de la Cinta de Piedra.




Cada recuerdo tiene sus lugares.
¿Cada lugar tiene sus recuerdos?



Las experiencias paranormales más creíbles suelen ser incidentes aislados que ocurren en un lugar específico. De hecho, es difícil considerar seriamente a las personas que sostienen cosas como que una entidad o un espíritu las atormenta desde hace años. No pretendo desestimar estos testimonios, pero después de leer muchísimos correos para el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico hay ciertos rasgos y características compartidas en la mayoría de las personas que experimentan lo paranormal a partir del ego, como haber visto «cosas extrañas» desde pequeños, haber tenido familiares con «dones especiales», poseer cierta sensibilidad adicional, entre otras cosas.

Por el contrario, las experiencias más creíbles [a título personal] no presentan este tipo de características, y ciertamente ninguna señal reveladora. Son episodios vagos, desconcertantes, sin asociaciones ni afirmaciones extraordinarias sobre su causa. Es decir, carecen de «reglas».

Supongo que es parte de nuestro cerebro esta necesidad de comprender lo «extraño» mediante el razonamiento, y eso incluye atribuirle ciertas reglas, ciertos patrones, con el fin de darle un contexto más seguro y previsible a la vida diaria. El problema es que esto genera, como factor colateral, una serie de opiniones personales que no admiten explicaciones más sencillas para los fenómenos inusuales que, en teoría, se experimenta. Y lo paranormal, casi siempre, tiene una explicación sencilla.

El parapsicólogo y filósofo de Oxford, Harry Price, propuso un concepto que denominó «Memoria de Lugar» [place memory] para explicar una gran variedad de fenómenos extraños. Según su modelo, la memoria no es dominio exclusivo de los organismos vivos, sino una propiedad del espacio-tiempo. En otras palabras, la memoria se almacena en todas partes a nuestro alrededor, todo el tiempo, de manera tal que, en determinadas circunstancias, es posible «recordar» [em términos de «extraer» un recuerdo del tejido del universo] a partir de la memoria de ciertos lugares.

Imaginemos que regresamos a un sitio que frecuentábamos en el pasado, la escuela primaria. Seguramente podríamos rememorar muchas cosas, compañeros, maestras, incidentes; básicamente recuerdos personales. Según Harry Price, las fronteras de la memoria se extienden más allá, y en estas ocasiones, cuando entramos en un lugar al que estuvimos relacionados, podríamos ser capaces de extraer psíquicamente [o recordar] material almacenado en él. Esa es la Memoria del Lugar, externalizada y extraída por un tercero.

La Memoria del Lugar parece un concepto similar al de la Teoría de la Cinta de Piedra [Stone Tape Theory]; después de todo, ambos exploran las relaciones psíquicas de los seres humanos con los espacios físicos, y cómo estos pueden retener, almacenar y reproducir incidentes y emociones del pasado. En este modelo, todos seríamos capaces de sentir el pasado de un lugar, incluso si no estuvimos presentes durante el suceso original. Sin embargo, la Teoría de la Cinta de Piedra propone que estos recuerdos residuales que quedan impresos en el lugar poseen una intensidad extraordinaria, lo cual limita el asunto a eventos traumáticos, como accidentes, hechos de violencia, sufrimiento psicológico, muerte.

Ahora bien, la Teoría de la Cinta de Piedra propone que el almacenamiento requiere ciertos materiales de construcción que cumplan la función de soporte, así como una persona con determinada sensibilidad para reproducir el recuerdo en condiciones específicas. Comparativamente hablando, esto se aproxima al concepto de Memoria del Lugar, sin embargo, existen diferencias.

La Memoria del Lugar, por ejemplo, se centra en las experiencias emocionales del individuo al interactuar con un espacio determinado. En pocas palabras, aborda el aspecto psicológico, personal y emocional de esta experiencia. Por otra parte, la Teoría de la Cinta de Piedra incorpora el ingrediente sobrenatural, es decir, establece una conexión directa entre el entorno y la actividad paranormal [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Podría decirse que la Memoria del Lugar funciona de manera más sutil: el individuo extrae una impresión psíquica [recuerdo] del lugar [soporte], pero no la reproduce como si se tratara de una grabación fija [como en la Teoría de la Cinta de Piedra], sino que se entrelaza con sus recuerdos personales.

Tal vez la idea de que estas impresiones psíquicas son una especie de recuerdo, en el sentido de que persiste en el tiempo [al igual que un recuerdo persiste en la memoria] y luego va desapareciendo progresivamente, se olvida [como algunos recuerdos tienden a desvanecerse], no es del todo precisa. Ofrece la noción de que puede experimentarse objetivamente, cuando en realidad es todo lo contrario: los recuerdos, en todas sus formas, son subjetivos.

A diferencia de lo que ocurre en la Teoría de la Cinta de Piedra, la Memoria del Lugar permite acceder a un recuerdo impersonal [el hecho original] pero a través del tamiz de la percepción personal. No es el lugar ni los materiales de construcción los que proyectan el recuerdo, como si se tratara de una cinta, es la memoria del individuo, con su carga de subjetividad, quien accede al material de base, recordando, en cierta forma, un pasado que no experimentó [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

La Memoria del Lugar se fundamenta en la noción de que la memoria humana roza o se complementa con las habilidades psíquicas. Sigmund Freud no llegó tan lejos, pero su concepto de reminiszenz [reminiscencia o recuerdo], en el contexto de la histeria, funciona de manera similar: ciertos recuerdos están enterrados en nuestro inconsciente, no queremos saber nada con ellos, sin embargo, necesitan expresarse, y lo hacen a través de determinados síntomas, del mismo modo en que un recuerdo traumático asociado a un lugar a veces se expresa emitiendo sonidos, moviendo objetos, etc. En este contexto, lo que experimentamos como paranormal es un síntoma, no la causa [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones»?]

La memoria humana, después de todo, quizás desempeñe un rol fundamental en percepción extrasensorial, actuando como canal o enlace, no solo con el lugar, sino con otras personas. En definitiva, cada vez que accedemos a nuestra memoria estamos moviéndonos a través del espacio y el tiempo.

No debemos confundir «memoria» con «recuerdo». El recuerdo es el material almacenado, la memoria es el acto de acceder a ese recuerdo; de ahí la posibilidad de que ciertos aspectos de la memoria no solo se extiendan a nuestros recuerdos personales, sino a los recuerdos [o impresiones] almacenados en un lugar físico.

La memoria humana está viva, encarnada, navega por un tiempo y un lugar pero no está limitada al ahora. Una persona escéptica podría argumentar, y con toda lógica, que los recuerdos son «huellas» tangibles, en el sentido de que tienen un correlato orgánico, que existen en el dominio físico del cerebro. Sin embargo, quizás exista una especie de sincronización entre nuestra memoria y la memoria de los lugares, huellas también, pero de un origen diferente.

Me gusta pensar que las emociones pueden ser absorbidas y retenidas por ciertos lugares, donde permanecen en estado latente hasta que otra memoria accede a ellas, no tanto reproducirlas, como ocurre con la Teoría de la Cinta de Piedra. Más aún, es lícito afirmar que la Memoria del Lugar y la Teoría de la Cinta de Piedra son puntos de vista opuestos, conceptualmente se basan en premisas diferentes. La última propone una presunta «grabación», físicamente tangible, es decir, incrustada en la composición física de una construcción o de un accidente geológico, como ocurre con el Genius Loci y otros ejemplos del folklore popular. En cambio, la Memoria del Lugar es orgánica, no se basa en registros o grabaciones, sino en recuerdos, huellas, reminiscencias, aspectos mucho más sutiles y que, por su propia naturaleza, son tan vagos y caprichosos como la memoria humana.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:
bienvenidas a la oscuridad.»



Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Se oyó en el tejado a medianoche, uno de los grandes poemas de Leah Bodine Drake, ofrece un breve retrato de la creencia en las brujas, doblemente interesante si se tiene en cuenta que la autora era descendiente del experto en demonología Jean Bodin, autor del tratado de 1580: De la démonomanie des sorciers [«Sobre la adoración demoníaca de las brujas»]

El poema abre con la Oradora «sentada junto al fuego» durante la Noche de Walpurgis. De repente, oye «a unas brujas en el tejado», incluso oye «relinchar sus escobas» y a una anciana, de nombre Lib, llamando a sus hermanas y «compañeros del aquelarre». Estos compañeros son espíritus familiares que forman parte del coven: gatos, una gallina [«disfrazada de comadreja»] y una kelpie, especie de ninfa acuática del folklore escocés, quienes «surcan el aire con furia», es decir, vuelan hacia el «Sabbat».

Entonces la Oradora oye «gritar a las brujas», llamándola, invitándola a unirse, a abrir el «alma a la antigua alegría». Sabemos que se dirigen a ella porque la anciana alude a alguien que «dormita junto al hogar», y la Oradora comienza el poema sentada junto al fuego. Sabemos también que la Oradora es mujer porque la bruja la invita a bajar «la escoba» del «estante», y luego añade: «¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga! / ¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Las Piedras Sarsen que menciona la bruja son bloques de arenisca tallados por los pueblos neolíticos de Europa. Se encuentran principalmente en Inglaterra, como Stonehenge, Avebury y otros lugares. Esto pone en duda la ubicación geográfica del poema. Por la mención a la kelpie, parece ser Escocia, por la mención a las Piedras Sarsen, parece ser Inglaterra. En Escocia no tienen este nombre, pero sin duda existen monumentos de este tipo.

Al final, la Oradora se aferra al Libro, es decir, la Biblia, mientras oye a las brujas «surcar los cielos de medianoche». Finalmente se atreve a mirar por la ventana, pero «todo estaba vacío», excepto por «dos murciélagos», que se alejan volando «a través de la luna».

Tal como lo anuncia su título, Se oyó en el tejado a medianoche es un poema repleto de imágenes que nunca son vistas, sino reconstruidas a partir de sonidos. Lo único que alcanza a ver la Oradora son dos murciélagos. Las voces, los gritos, los correteos por el techo, las escobas, pueden ser parte del terror de la noche de Walpurgis, la fantasía de una mujer sola, pero creo que Leah Bodine Drake intenta decirnos que, en ciertas noches, algunos simplemente son llamados a los misterios de la noche.




Se oyó en el tejado a medianoche..
Heard on the Roof at Midnight, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:

«Bienvenidas a la oscuridad, Tess, muchacha.
¿Has visto pasar a nuestros compañeros del aquelarre?»
«¡Sí, Lib! ¡El Kelpie de su estanque
y la mitad de los gatos del granero
surcaron el aire con furia,
cada uno creciendo hasta duplicar su tamaño!
La gallina pasó disfrazada de comadreja.
¡Oh, el coven se reúne para el Sabbat!»

Entonces mi sangre se heló, y volvió a arder,
al oír gritar a las brujas (las oí claramente):
«¡Tú que dormitas junto al hogar!
¡Abre tu alma a la antigua alegría!
¡No encadenes más tu ser secreto!
¡Baja la escoba de su estante!
El búho ha ululado dos veces, gime el viento nocturno.
La luna sonríe sobre las Piedras Sarsen.
¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga!
¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Entonces cerré la ventana, recé una oración
(¡No me atreví a escuchar más!)
abracé el Libro y cerré los ojos...
Las oí surcar los cielos de medianoche.
Miré por la ventana y todo estaba vacío.
El techo, la cumbrera y el aire lechoso.
Y solo dos murciélagos, que pronto desaparecieron,
volaban a través de la luna.


As I sat by my fire one night
Witches I heard on the roof alight.
I heard their broomsticks whinny and neigh.
And then I heard one beldame say:

"Well met in darkaess,Tess,my lass I
Have you seen our coven comrades pass?”
"Aye,Lib! The Kelpie from her tarn,
And half the cats from miller's barn
Tore through the air with fiery
Each one grown to twice his size!
The hen-wife passed in a weasel’s habit -
Oh,the coven gathers for the Sabbat!"

Then my blood ran cold, and hot again,
As I heard the witches (Heard them plain).
Cry,"You who doze by the dullard hearth.
Open your soul to the ancient mirth!
Chain no longer your secret self.
Take down the besom from its shelf!
The owl ’s cried twice, the night wind moans.
The moon grins over the Sarsen Stones.
Fling wide the casement,mount and ride -
Walpurgis Night is all outside!"

Then I barred the window, I said a prayer
(To listen longer I didn't dare!)
I clasped the Book and I closed my eyes...
I heard them rush through the midnight skies.
So I looked out the windows all was bare.
Roof and ridgepole and milky air.
And only two bats, who vanished soon,
Were winging their way across the moon.


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas.
Hemos visto los soles negros
derramando la noche»



Nictálope (Nyctalops) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado originalmente en la edición de octubre de 1929 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Nictálope, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, despliega un vasto repertorio de criaturas mitológicas, arquetípicas de la noche.

El título del poema posee una doble faz. Por un lado, «nictálope» designa a una persona que padece nictalopía, la cual se caracteriza por una disminución de la visión en condiciones de poca luz. No es una enfermedad en sí misma, sino el síntoma. Sin embargo, Clark Ashton Smith emplea el término en su sentido original, contrario al uso médico, el cual describe a una persona [o animal] con la capacidad de ver en la oscuridad. La palabra proviene del griego nyktos, «noche»; y optos, «vista».

El poema abre con una pregunta a los que «ven en la oscuridad», es decir, a los nictálopes:


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?


La respuesta del nictálope es un catálogo de horrores cósmicos, seres mitológicos y sutilezas cuánticas:


Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


En 1933, cuatro años después de la publicación de este poema, Clark Ashton Smith volvería a utilizar el término nyctalops en El viaje del rey Euvoran (The Voyage of King Euvoran). En una escena, Euvoran está en una celda y es visitado por una especie de búho, «un nictalopo de ojos amarillos brillantes» pero «con las robustas patas de un megápodo». Como es lógico en una situación semejante, Euvoran está incómodo, en especial debido a la mirada del ave, «que lo fulminaba con un brillo más intenso a medida que la penumbra se intensificaba».

En una carta a H. P. Lovecraft, fechada en febrero de 1931, Clark Ashton Smith deja en claro que considera a Nictálope como uno de sus mejores poemas:


«Si realmente tuviera la energía que me atribuyes, intentaría hacer algo con mis traducciones, poemas, etc. Pero con las condiciones actuales del mercado, imagino que sería doblemente difícil interesar a alguien. Sin embargo, todavía se publica poesía; recientemente he recibido solicitudes de colaboración de las editoriales de dos antologías proyectadas. Una de ellas incluirá cinco de mis mejores poemas cortos: Símbolos (Symbols), Nictálope (Nyctalops), La nereida (The Nereid), Palmeras (Palms) y Sepultura (Sepulture)


En lo personal, creo que Nictálope es un homenaje de Clark Ashton Smith a todos los autores del género macabro, en particular a Lovecraft y sus camaradas de Weird Tales, quienes eran, en cierto modo, aquellos que «veían en la oscuridad», es decir, quienes se permitían observar en las tinieblas de la naturaleza para proporcionarnos todas esas visiones extrañas [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]




Nictálope.
Nyctalops, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?

Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


Ye that see in darkness
When the moon is drowned
In the coiling fen-mist
Far along the ground—
Ye that see in darkness,
Say, what have ye found?

—We have seen strange atoms
Trysting on the air—
The dust of vanished lovers
Long parted in despair,
And dust of flowers that withered
In worlds of otherwhere.

We have seen the nightmares
Winging down the sky,
Bat-like and silent,
To where the sleepers lie;
We have seen the bosoms
Of the succubi.

We have seen the crystal
Of dead Medusa's tears.
We have watched the undines
That wane in stagnant weirs,
And mandrakes madly dancing
By black, blood-swollen meres.

We have seen the satyrs
Their ancient loves renew
With moon-white nymphs of cypress,
Pale dryads of the yew,
In the tall grass of graveyards
Weighed down with evening's dew.

We have seen the darkness
Where charnel things decay,
Where atom moves with atom
In shining swift array,
Like ordered constellations
On some sidereal way.

We have seen fair colors
That dwell not in the light—
Intenser gold and iris
Occult and recondite;
We have seen the black suns
Pouring forth the night.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: Nictálope (Nyctalops), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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