«La senda antigua»: H.P. Lovecraft; poema y análisis


«La senda antigua»: H.P. Lovecraft; poema y análisis.




La senda antigua (The Ancient Track) es un poema gótico del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado originalmente en la edición de marzo de 1930 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1943: Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep).

La senda antigua, uno de los mejores poemas de H.P. Lovecraft, narra la espeluznante visión de un hombre —acaso el mismísimo H.P. Lovecraft—, quien recorre un misterioso sendero a la luz de la luna que lo dirige directamente hacia Dunwich, aquella decrépita aldea del relato de terror de 1928: El horror de Dunwich (The Dunwich Horror). En este contexto, es justo situar al poema dentro de los Mitos de Cthulhu.

Es probable que La senda antigua en realidad describa cómo H.P. Lovecraft regresa a Dunwich después de los hechos narrados en el cuento. Recordemos que, en el relato, un ser interdimensional llamado Yog-Sothoth se abre camino a través de los campos y bosques, arrasando la zona, y dejando detrás de sí una especie de sendero, acaso el mismo que recorre el narrador del poema en su imaginario camino de vuelta a Dunwich.

En este sentido, es importante mencionar que, tras El horror de Dunwich, H.P. Lovecraft solo volvió a mencionar esta ciudad ficticia en La senda antigua.




La senda antigua.
The Ancient Track, H.P. Lovecraft (1890-1937)

No hubo una mano amiga que me sostuviera
la noche que encontré la senda antigua
sobre la colina, cuando creí vislumbrar
los campos que acechaban mis recuerdos.
Ese árbol, aquel muro: los recordaba bien,
y todos los tejados y bosques
eran familiares en mi mente,
como si poco antes los hubiese visto.
Supe aquello que las sombras moldearían
cuando la perezosa luna ascendiera
detrás de la Colina de Zaman, y supe
cómo se iluminaría el valle unas horas después.
Y cuando la senda subió, alta y agreste,
y parecía perderse entre los cielos,
no temí lo que pudiera ocultarse
tras aquellas laderas informes.
Caminaba decidido mientras la noche
se tornaba pálida en su brillo fosforescente;
los muros y tejados de la granja lucían
espectrales cerca del escarpado camino.
Allí estaba el conocido letrero:
«Dos millas a Dunwich»,
y ahora la visión de los techos y campanarios
se asomó delante de mí unos pasos más arriba...

No hubo una mano amiga que me sostuviera
la noche que encontré la senda antigua,
cuando alcancé la cima y descubrí
aquel valle de muerte y desolación:
sobre la Colina de Zaman emergió
la mole enorme de una maligna luna,
alumbrando malezas y enredaderas que crecían
sobre ruinosos muros nunca antes vistos por mí.
Los fuegos fatuos resplandecieron sobre ciénagas y campos
y aguas desconocidas arrojaron vapores,
cuyas ondulaciones se burlaban de la idea
de que alguna vez hubiese conocido aquel lugar.
Y bien supe, desde aquella horrible región,
que mi pasado cariño nunca había sido,
que me había alejado del camino
que desciende hacia el valle de la muerte.
A mi alrededor la niebla se escurría,
arriba, luminosa, brillaba la Vía Láctea.
No hubo mano amiga que me sostuviera
la noche que encontré la senda antigua.


There was no hand to hold me back
That night I found the ancient track
Over the hill, and strained to see
The fields that teased my memory.
This tree, that wall—I knew them well,
And all the roofs and orchards fell
Familiarly upon my mind
As from a past not far behind.
I knew what shadows would be cast
When the late moon came up at last
From back of Zaman’s Hill, and how
The vale would shine three hours from now.
And when the path grew steep and high,
And seemed to end against the sky,
I had no fear of what might rest
Beyond that silhouetted crest.
Straight on I walked, while all the night
Grew pale with phosphorescent light,
And wall and farmhouse gable glowed
Unearthly by the climbing road.
There was the milestone that I knew—
“Two miles to Dunwich”—now the view
Of distant spire and roofs would dawn
With ten more upward paces gone...

There was no hand to hold me back
That night I found the ancient track,
And reached the crest to see outspread
A valley of the lost and dead:
And over Zaman’s Hill the horn
Of a malignant moon was born,
To light the weeds and vines that grew
On ruined walls I never knew.
The fox-fire glowed in field and bog,
And unknown waters spewed a fog
Whose curling talons mocked the thought
That I had ever known this spot.
Too well I saw from the mad scene
That my loved past had never been—
Nor was I now upon the trail
Descending to that long-dead vale.
Around was fog—ahead, the spray
Of star-streams in the Milky Way.
There was no hand to hold me back
That night I found the ancient track.


H.P. Lovecraft
(1890-1937)




Poemas góticos. I Poemas de H.P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de H.P. Lovecraft: La senda antigua (The Ancient Track), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

0 comentarios:



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Fredric Brown.
Libros de Radu Florescu.
Novela de Oliver Goldsmith.

Poema de Ella Wheeler Wilcox.
Libros de Raymond T. McNally.
Nombres de vampiros.