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«Los problemas de un libro»: Laura Riding; poema y análisis.


«Los problemas de un libro»: Laura Riding; poema y análisis.




«La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.»



Los problemas de un libro (The Troubles of a Book) es un poema de la escritora norteamericana Laura Riding (1901-1991), escrito en 1938.

Los problemas de un libro, uno de los poemas de Laura Riding más interesantes, explora el ciclo de vida del libro, desde su preexistencia en el ámbito metafísico, espiritual, su manifestación en la imaginación del autor, hasta su arraigo final en la mente del lector, donde por fin muere.


El problema de un libro es, primero,
no ser un pensamiento para nadie,
luego reposar sin ser escrito
tanto tiempo como permanecerá sin ser leído,
después erigir, palabra por palabra, un autor,
y ocupar su cabeza
hasta que la cabeza se declare vacante
y haga alarde de su vacío.

El problema de un libro es, segundo,
mantenerse despierto, atento
alerta como un posadero,
deseando y no deseando un huésped,
dividido entre la esperanza del desvelo
y el anhelo del descanso.
Inseguras, las páginas se adormecen
y en un instante se abren a los dedos que hojean
con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse.

El problema de un libro es, tercero,
pronunciar su sermón y mirar hacia otro lado,
provocar revuelo en los márgenes,
donde la lengua se encuentra con la mirada,
pero sin alegar pánico
ni complicidad en la protesta.
La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.

El problema de un libro reside
en ser nada más que un libro por afuera;
llevar encuadernación como tal,
enterrarse en la muerte del libro,
sin dejar de sentirse libro;
en respirar palabras vivas,
pero con el aliento de las letras;
en dirigirse a la vivacidad
de los ojos lectores y ser respondido
con letras y cariño.


Laura Riding examina la noción platónica de que las ideas y formas existen en un plano diferente al nuestro, perfectas, y que de algún modo se filtran hacia nuestra realidad a través del pensamiento y la imaginación. Es decir que el libro, todo libro, existe antes de ser escrito.

Además, el libro tiene una existencia paradójica. Es un vehículo activo del pensamiento, capaz de dispersarse en otras mentes, y, a la vez, un objeto físico, inerte. Del mismo modo en que el autor accede [o se deja acceder] por el espacio platónico para extraer una idea, una imagen, una odisea completa, el lector recurre al espacio potencial del libro cerrado, con todo su saber o engaño en estado latente, que se activa con el proceso de lectura.

Los problemas de un libro no es un poema que exalte las virtudes de la literatura, particularmente de la poesía, más bien desnuda sus dificultades: período latencia, creación, espera y limitaciones físicas. El libro, dice Laura Riding, primero debe «reposar sin ser escrito» hasta «ocupar» la cabeza del autor. Más adelante, ya hecho libro físico, debe mantenerse «alerta como un posadero» mientras espera pacientemente en la biblioteca por la llegada de un «huésped». Y así, «en un instante», las páginas «se abren a los dedos que hojean / con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse».

Laura Riding continúa afirmando que «la prueba de un libro consiste en no dar señales de esfuerzo», es decir, en presentarse ante el lector de manera tal que las luchas internas del autor, sus dificultades, la tenacidad con la que trabaja y pule una idea, no se noten; y además debe sobrevivir «al sentido literal de la imprenta», o sea, al significado estricto que deriva de las palabras.




Los problemas de un libro.
The Troubles of a Book, Laura Riding (1901-1991)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


El problema de un libro es, primero,
no ser un pensamiento para nadie,
luego reposar sin ser escrito
tanto tiempo como permanecerá sin ser leído,
después erigir, palabra por palabra, un autor,
y ocupar su cabeza
hasta que la cabeza se declare vacante
y haga alarde de su vacío.

El problema de un libro es, segundo,
mantenerse despierto, atento
alerta como un posadero,
deseando y no deseando un huésped,
dividido entre la esperanza del desvelo
y el anhelo del descanso.
Inseguras, las páginas se adormecen
y en un instante se abren a los dedos que hojean
con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse.

El problema de un libro es, tercero,
pronunciar su sermón y mirar hacia otro lado,
provocar revuelo en los márgenes,
donde la lengua se encuentra con la mirada,
pero sin alegar pánico
ni complicidad en la protesta.
La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.

El problema de un libro reside
en ser nada más que un libro por afuera;
llevar encuadernación como tal,
enterrarse en la muerte del libro,
sin dejar de sentirse libro;
en respirar palabras vivas,
pero con el aliento de las letras;
en dirigirse a la vivacidad
de los ojos lectores y ser respondido
con letras y cariño.


The trouble of a book is first to be
No thoughts to nobody,
Then to lie as long unwritten
As it will lie unread,
Then to build word for word an author
And occupy his head
Until the head declares vacancy
To make full publication
Of running empty.

The trouble of a book is secondly
To keep awake and ready
And listening like an innkeeper,
Wishing, not wishing for a guest,
Torn between hope of no rest
And hope of rest.
Uncertainly the pages doze
And blink open to passing fingers
With landlord smile, then close.

The trouble of a book is thirdly
To speak its sermon, then look the other way,
Arouse commotion in the margin,
Where tongue meets the eye,
But claim no experience of panic,
No complicity in the outcry.
The ordeal of a book is to give no hint
Of ordeal, to be flat and witless
Of the upright sense of print.

The trouble of a book is chiefly
To be nothing but book outwardly;
To wear binding like binding,
Bury itself in book-death,
Yet to feel all but book;
To breath live words, yet with the breath
Of letters; to address liveliness
In reading eyes, be answered with
Letters and bookishness.


Laura Riding (1901-1991)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Laura Riding.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Laura Riding: Los problemas de un libro (The Troubles of a Book), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:
bienvenidas a la oscuridad.»



Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Se oyó en el tejado a medianoche, uno de los grandes poemas de Leah Bodine Drake, ofrece un breve retrato de la creencia en las brujas, doblemente interesante si se tiene en cuenta que la autora era descendiente del experto en demonología Jean Bodin, autor del tratado de 1580: De la démonomanie des sorciers [«Sobre la adoración demoníaca de las brujas»]

El poema abre con la Oradora «sentada junto al fuego» durante la Noche de Walpurgis. De repente, oye «a unas brujas en el tejado», incluso oye «relinchar sus escobas» y a una anciana, de nombre Lib, llamando a sus hermanas y «compañeros del aquelarre». Estos compañeros son espíritus familiares que forman parte del coven: gatos, una gallina [«disfrazada de comadreja»] y una kelpie, especie de ninfa acuática del folklore escocés, quienes «surcan el aire con furia», es decir, vuelan hacia el «Sabbat».

Entonces la Oradora oye «gritar a las brujas», llamándola, invitándola a unirse, a abrir el «alma a la antigua alegría». Sabemos que se dirigen a ella porque la anciana alude a alguien que «dormita junto al hogar», y la Oradora comienza el poema sentada junto al fuego. Sabemos también que la Oradora es mujer porque la bruja la invita a bajar «la escoba» del «estante», y luego añade: «¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga! / ¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Las Piedras Sarsen que menciona la bruja son bloques de arenisca tallados por los pueblos neolíticos de Europa. Se encuentran principalmente en Inglaterra, como Stonehenge, Avebury y otros lugares. Esto pone en duda la ubicación geográfica del poema. Por la mención a la kelpie, parece ser Escocia, por la mención a las Piedras Sarsen, parece ser Inglaterra. En Escocia no tienen este nombre, pero sin duda existen monumentos de este tipo.

Al final, la Oradora se aferra al Libro, es decir, la Biblia, mientras oye a las brujas «surcar los cielos de medianoche». Finalmente se atreve a mirar por la ventana, pero «todo estaba vacío», excepto por «dos murciélagos», que se alejan volando «a través de la luna».

Tal como lo anuncia su título, Se oyó en el tejado a medianoche es un poema repleto de imágenes que nunca son vistas, sino reconstruidas a partir de sonidos. Lo único que alcanza a ver la Oradora son dos murciélagos. Las voces, los gritos, los correteos por el techo, las escobas, pueden ser parte del terror de la noche de Walpurgis, la fantasía de una mujer sola, pero creo que Leah Bodine Drake intenta decirnos que, en ciertas noches, algunos simplemente son llamados a los misterios de la noche.




Se oyó en el tejado a medianoche..
Heard on the Roof at Midnight, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:

«Bienvenidas a la oscuridad, Tess, muchacha.
¿Has visto pasar a nuestros compañeros del aquelarre?»
«¡Sí, Lib! ¡El Kelpie de su estanque
y la mitad de los gatos del granero
surcaron el aire con furia,
cada uno creciendo hasta duplicar su tamaño!
La gallina pasó disfrazada de comadreja.
¡Oh, el coven se reúne para el Sabbat!»

Entonces mi sangre se heló, y volvió a arder,
al oír gritar a las brujas (las oí claramente):
«¡Tú que dormitas junto al hogar!
¡Abre tu alma a la antigua alegría!
¡No encadenes más tu ser secreto!
¡Baja la escoba de su estante!
El búho ha ululado dos veces, gime el viento nocturno.
La luna sonríe sobre las Piedras Sarsen.
¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga!
¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Entonces cerré la ventana, recé una oración
(¡No me atreví a escuchar más!)
abracé el Libro y cerré los ojos...
Las oí surcar los cielos de medianoche.
Miré por la ventana y todo estaba vacío.
El techo, la cumbrera y el aire lechoso.
Y solo dos murciélagos, que pronto desaparecieron,
volaban a través de la luna.


As I sat by my fire one night
Witches I heard on the roof alight.
I heard their broomsticks whinny and neigh.
And then I heard one beldame say:

"Well met in darkaess,Tess,my lass I
Have you seen our coven comrades pass?”
"Aye,Lib! The Kelpie from her tarn,
And half the cats from miller's barn
Tore through the air with fiery
Each one grown to twice his size!
The hen-wife passed in a weasel’s habit -
Oh,the coven gathers for the Sabbat!"

Then my blood ran cold, and hot again,
As I heard the witches (Heard them plain).
Cry,"You who doze by the dullard hearth.
Open your soul to the ancient mirth!
Chain no longer your secret self.
Take down the besom from its shelf!
The owl ’s cried twice, the night wind moans.
The moon grins over the Sarsen Stones.
Fling wide the casement,mount and ride -
Walpurgis Night is all outside!"

Then I barred the window, I said a prayer
(To listen longer I didn't dare!)
I clasped the Book and I closed my eyes...
I heard them rush through the midnight skies.
So I looked out the windows all was bare.
Roof and ridgepole and milky air.
And only two bats, who vanished soon,
Were winging their way across the moon.


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Casa maldita»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió.
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,»



Casa maldita (House Accurst) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado en la antología de Arkham House de 1950: Un abecedario para brujas (A Hornbook for Witches).

Casa maldita, uno de los poemas de Leah Bodine Drake más reconocidos, versifica la historia de un hombre que maldice una casa, y cómo esta empieza a deteriorarse hasta ser tragada por la tierra.

El tema del poema posee tintes macabros, como todas las piezas de Leah Bodine Drake, aunque la estructura es convencional. Por alguna razón, es un poema intrigante. Todo es bastante directo, casi sin puntos ciegos, pero la casa y el hombre que la maldice parecen sacados de una historia que no puedo identificar. Es importante mencionar que Leah Bodine Drake es la segunda poetisa más prolífica de Weird Tales, por lo que no sería extraño que utilizara material de base proveniente de alguna historia publicada en la revista.

La caída de esta casa anónima se asemeja a la Casa Usher, de Edgar Allan Poe, sobre todo por la rapidez y la espectacularidad de su declive y destrucción [ver: El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher»], pero tal vez su origen tenga más que ver con una casa familiar, un nombre, una genealogía, y no tanto con una estructura edilicia.

Después de todo, Leah era descendiente de Jean Bodin, autor del tratado demonológico de 1580: De la démonomanie des sorciers (Sobre la adoración demoníaca de las brujas), donde se establecen los parámetros del pacto satánico. Un abecedario para brujas está dedicado a Jean Bodin, y Casa maldita, tal vez, refiere a la maldición y caída de la familia de la autora.




Casa maldita.
House Accurst, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


—¡Maldita sea esta casa! —gritó,
cerrando la puerta de golpe,
volviéndose para agitar el puño furioso
contra las ventanas tapiadas—.
¡Maldita sea noche y día,
de norte a sur,
de este a oeste, de adentro hacia afuera!
¡La maldigo con mi boca!
¡Abajo esta casa de traición,
y abajo todo lo que hay dentro!—
Los que escuchaban no daban señal
ni respondían a su estruendo.
Pero a medida que las sombras se alargaban
desde las oscuras colinas a su alrededor,
cayó la maldición
sobre toda la casa y el terreno.
Los cristales, antes transparentes como el aire,
se nublaron y adquirieron una película verdosa;
las puertas se atascaron, un espejo se quebró
y el peldaño cayó de la escalera.
Hongos brillaban en las losas
y las paredes se oscurecieron por la humedad;
la chimenea se ensució y no tiraba,
y la llama de la lámpara se consumió.
Entonces, desde los sótanos, las ratas salieron
en grupos asustados y frenéticos.
Mataron al gato en el suelo de la cocina
y el perro aulló bajo sus colmillos.
Con colas, bigotes y ojos inyectados en sangre,
se apresuraron a huir en la oscuridad;
esa fue la noche en que el pozo se secó
y la lámpara no dio ni una chispa.
Silenciosa, inexorablemente, la casa se hundió…
De los que se apiñaban allí,
uno enloqueció, pero nadie huyó,
presa del miedo.
Entonces llegó la noche en que la tierra se quebró
con un ruido sigiloso, una enorme boca se abrió…
y toda la casa se desvaneció en lo profundo.


“A curse upon this house!” cried he,
Slamming the door behind,
Turning to shake a furious fist
At windows closed and blind.
“A curse upon it night and day,
From north unto the south,
And east and west and in and out
I curse it with my mouth!”
“Down with this house of treachery,
And down with all within!”
While those who listened gave no sign
Or answer to his din.
But as the lengthening shadows fell
Of dark hills all around,
From that day forward fell the curse
On all that house and ground.
For panes grew cloudy and with greenish film
That once had been clear as air;
Doors stuck fast and a mirror cracked,
And the newell fell from the stair.
Fungi gleamed from the dairy’s flags
And walls grew dark with damp;
The chimney fouled and would not draw
And the flame burned low in the lamp.
Then up from the cellars swarmed the rats
In frightened and frantic gangs!
They slew the cat on the kitchen floor
And the dog howled under their fangs.
Tails and whiskers and blood-shot eyes,
They hurried away in the dark;
That was the night that the well went dry
And the lamp would not show a spark.
Quietly, steadily, sank the house…
Of those who huddled here
One went mad, but nobody fled,
Bound in a spell of fear.
Then came the night when the earth beneath
Cracked with a stealthy sound,
And a huge mouth opened…and all that house
Vanished into the ground!


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Casa maldita (House Accurst), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«A la Muerte»: Caroline Southey; poema y análisis.


«A la Muerte»: Caroline Southey; poema y análisis.




«¡Oh Muerte! Ven en silencio, amorosamente,
cierra mis ojos, róbame el aliento;
entonces, voluntariamente, me iré contigo.»



A la Muerte (To Death) es un poema gótico de la escritora inglesa Caroline Anne Bowles Southey (1786-1854) —esposa del poeta Robert Southey—, publicado en la antología de 1836: El cumpleaños; un poema en tres partes, al que se añaden versos ocasionales (The birth-day; a poem, in three parts: to which are added, occasional verses).

A la Muerte, uno de los mejores poemas de Caroline Southey, introduce a un Orador anónimo [probablemente mujer, quizás la propia autora] que se dirige a la Muerte. No es una plegaria; más bien se trata de una petición.


No vengas ataviada con terror, a reclamar
una presa invencible:
¡Ven como una sombra vespertina, Muerte!
¡Tan sigilosa, tan silenciosa!
Y cierra mis ojos, y róbame el aliento;
entonces, voluntariamente,
oh, voluntariamente, ¡me iré contigo!


La mayoría de los poemas que aluden a la Muerte como una entidad autónoma suelen referirse a ella en términos ominosos [«Y con eones extraños incluso la muerte puede morir»], o bien desafiantes [«Muerte no te enorgullezcas» / «Y la Muerte no tendrá dominio»], pero Caroline Southey se dirige a la Muerte como una figura capaz de tener sentimientos humanos, incluso ternura. Sucede que su faz aterradora es empleada con aquellos que le temen. Nuestra Oradora, en cambio, le dice a la Muerte que no hay necesidad de ataviarse con su «aspecto oscuro». Ella partirá silenciosamente:

El tono de este pedido no es imperativo, es incluso suave, cauteloso, y hasta se podría decir que íntimo:


¿Qué necesidad de aferrarme con garras de hierro
si el más suave roce basta?
¿Qué necesidad de aterrar con aspecto oscuro,
tan espantoso, tan terrible,
de modo que al alma fatigada no le importe,
si la llamas en silencio, si la llamas con ternura
para quebrantarte por tu terrible poder?

No es como cuando distingues a los jóvenes,
a los bienaventurados, a los alegres,
a los amados, a los que aman, aquellos que sueñan
tan felices, tan esperanzados;
entonces tu llamado más amable puede parecer duro,
y con reticencia y de mala gana,
los convocados podrían obedecer.

Pero he bebido bastante de la vida
—la copa que me fue asignada,
derramada con un poco de dulce,
tan escasamente—
para saber muy bien que el resto
será más amargo, más amargo,
drogado hasta el final.

Y puede que yo viva para encontrar un corazón
que me cuide con cariño:
para causarle daño, no para bendecirlo.
¡Oh Muerte! Ven en silencio —ven amorosamente—
cierra mis ojos, róbame el aliento;
entonces, voluntariamente,
¡oh, voluntaramente, me iré contigo!


A cierta edad, todos abrimos una especie de negociación con la Muerte, o, mejor dicho, con la noción de nuestra propia mortalidad. Algunos han visto a la Muerte de cerca, su cara y formas particulares, otros la intuyen o perciben como una entidad todavía lejana, pero todos negociamos con ella. A la Muerte de Caroline Southey es una de estas negociaciones, solo que la autora no solicita prórrogas, sino una partida íntima, voluntaria, silenciosa.

En cierto modo, Caroline Southey le pide a la Muerte que le quite dramatismo a la situación. Además, en su discurso está implícita una mirada despojada de puntos de vista tradicionales. De hecho, la Muerte aparece casi como un alivio, no como un castigo. No hay alegrías perdidas, solo la carga, el agotamiento de la vida.

Por supuesto, toda negociación con la Muerte es unilateral. No hay agencia, ni forma arquetípica que pueda respondernos. Sin embargo, el tono que emplea Caroline Southey expresa nobleza. No se ve a sí misma como una víctima o presa de la mortalidad. Al contrario, toma una posición más elevada. No hay necesidad de tanto dramatismo. Cuando la Muerte venga, ella irá sin ofrecer resistencia.




A la Muerte.
To Death, Caroline Southey (1786-1854)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


No vengas ataviada con terror, a reclamar
una presa invencible:
¡Ven como una sombra vespertina, Muerte!
¡Tan sigilosa, tan silenciosa!
Y cierra mis ojos, y róbame el aliento;
entonces, voluntariamente,
oh, voluntariamente, ¡me iré contigo!

¿Qué necesidad de aferrarme con garras de hierro
si el más suave roce basta?
¿Qué necesidad de aterrar con aspecto oscuro,
tan espantoso, tan terrible,
de modo que al alma fatigada no le importe,
si la llamas en silencio, si la llamas con ternura
para quebrantarte por tu terrible poder?

No es como cuando distingues a los jóvenes,
a los bienaventurados, a los alegres,
a los amados, a los que aman, aquellos que sueñan
tan felices, tan esperanzados;
entonces tu llamado más amable puede parecer duro,
y con reticencia y de mala gana,
los convocados podrían obedecer.

Pero he bebido bastante de la vida
—la copa que me fue asignada,
derramada con un poco de dulce,
tan escasamente—
para saber muy bien que el resto
será más amargo, más amargo,
drogado hasta el final.

Y puede que yo viva para encontrar un corazón
que me cuide con cariño:
para causarle daño, no para bendecirlo.
¡Oh Muerte! Ven en silencio —ven amorosamente—
cierra mis ojos, róbame el aliento;
entonces, voluntariamente,
¡oh, voluntaramente, me iré contigo!


Come not in terrors clad, to claim
An unresisting prey:
Come like an evening shadow, Death!
So stealthily, so silently!
And shut mine eyes, and steal my breath;
Then willingly, O willingly,
With thee I'll go away!

What need to clutch with iron grasp
What gentlest touch may take?
What need with aspect dark to scare,
So awfully, so terribly,
The weary soul would hardly care,
Call'd quietly, call'd tenderly,
From thy dread power to break?

'Tis not as when thou markest out
The young, the blest, the gay,
The loved, the loving—they who dream
So happily, so hopefully;
Then harsh thy kindest call may seem,
And shrinkingly, reluctantly,
The summon'd may obey.

But I have drunk enough of life—
The cup assign'd to me
Dash'd with a little sweet at best,
So scantily, so scantily—
To know full well that all the rest
More bitterly, more bitterly,
Drugg'd to the last will be.

And I may live to pain some heart
That kindly cares for me:
To pain, but not to bless. O Death!
Come quietly—come lovingly—
And shut mine eyes, and steal my breath;
Then willingly, O willingly,
I'll go away with thee!


Caroline Southey (1786-1854)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de muerte.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Caroline Southey: A la Muerte (To Death), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La casa embrujada»: Alice Cary; poema y análisis.


«La casa embrujada»: Alice Cary; poema y análisis.




«Cuentan que el mastín tuerto despierta
y aúlla como si tuviera miedo,
desde la medianoche hasta el amanecer:
cuando los muertos están cerca.»



La casa embrujada (The Haunted House) es un poema de fantasmas de la escritora norteamericana Alice Cary (1820-1871), publicado en la antología de 1855: Poemas (Poems).

La casa embrujada, uno de los grandes poemas de Alice Cary, prescinde de los fenómenos paranormales asociados a estas propiedades infestadas de espíritus y explora manifestaciones tan sutiles que resultan indistinguibles del recuerdo.

El poema abre con un escenario gótico tradicional: los vientos «resuenan con fuerza» y la luna «brilla sobre la agreste colina». En ese lugar, «hace mucho, mucho tiempo», se sentaba Coralin, la amada del Orador. «Su tumba está ahora bajo un árbol / donde solía hilar». En este punto, el Orador se centra en este árbol, uno de tres nogales, donde jugaba cuando era niño. La dicha de esos días se ha ido, pero el hilado sigue ahí.

Coralin solía balancearse en una rama «nudosa y retorcida» del nogal, durante la primavera; pero ahora ningún pájaro se posa en ella, y el Orador añade: «ningún pájaro cantará en esa rama, dicen». En el hilado «se ven a veces pálidos fantasmas / desde que Coralin está muerta».

La última insinuación de una presencia espectral la brinda el perro de la casa:


«Las aguas, una vez tan brillantes y frescas,
dentro del pozo cubierto de musgo,
se han reducido a un lento estanque;
y más que esto, cuentan
que a menudo el mastín tuerto se despierta
y aúlla como si tuviera miedo,
desde la medianoche hasta el amanecer:
cuando los muertos están demasiado cerca.»


Alice Cary —elogiada por Edgar Allan Poe— tiende a representar a los fantasmas en situaciones que mueven a la tristeza, nunca al miedo. El Orador de La casa embrujada tampoco proporciona escenas concretas, y lo poco que brinda viene con la advertencia implícita de un rumor: «dicen», «cuentan». menciona ante cada situación que se aproxima a lo sobrenatural. Ni siquiera estamos seguros de que el perro aullara [«como si tuviera miedo»] ya que esto es algo que otros «cuentan».

Algo parecido puede verse en el cuento de Alice Cary: Los Wilderming (The Wildermings), donde una familia vive cerca de un cementerio abandonado. Se «cree» [«cuentan», «dicen»] que el lugar está embrujado por el espíritu de Mary Wilderming. Su fantasma, como el de Coralin con su hilado, repite actividades cotidianas: susurra canciones tristes bajo la luna, o se sienta sobre su tumba y trenza rosas en su cabello, «como para asistir a una boda» [ver: La teoría de la Cinta de Piedra]. Y aunque el Narrador de Los Wilderming [como el Orador de La casa embrujada] nunca haya visto ni oído al fantasma, de algún modo consigue transmitir su existencia de un modo tan eficaz como si fuera a través de un testimonio de primera mano.




La casa embrujada.
The Haunted House, Alice Cary (1820-1871)


Los vientos de marzo resuenan con fuerza,
la media luna, inclinada y baja,
brilla sobre la agreste colina
donde, hace mucho, mucho tiempo,
cantando canciones de amor,
estaba sentada Coralin, la de ojos azules.
Su tumba está ahora bajo el árbol
donde solía hilar.

Tres nogales, tan altos y silvestres,
se yerguen delante de la casa.
Cuando era niño, a menudo he tomado
en mis manos sus troncos lisos;
y el que está más cerca de la pared,
aunque una vez crecieron iguales,
no es tan bonito ni tan alto
como los otros dos.

El hilado siempre estuvo ahí,
y ahí estaba nuestra alegría infantil;
pero cuando creció como una jovencita,
las canciones no eran para mí.
Una noche, dos veces en siete años,
con la luna brillando como ahora,
la esbelta figura de Coralin
se balanceaba en la rama

nudosa y retorcida; en primavera,
cuando los campos se alegran
con madrigales, ningún pájaro cantará
en esa rama, dicen.
Y a través de la cámara donde la rueda,
cubierta de telarañas,
se ven a veces pálidos fantasmas
desde que Coralin está muerta.

Las aguas, una vez tan brillantes y frescas,
dentro del pozo cubierto de musgo,
se han reducido a un estanque lento;
y más que esto, cuentan
que a menudo el mastín tuerto se despierta
y aúlla como si tuviera miedo,
desde la medianoche hasta el amanecer:
cuando los muertos están demasiado cerca.


The winds of March are piping shrill,
The half-moon, slanting low,
Is shining down the wild sea-hill
Where, long and long ago,
Love ditties singing all for me,
Sat blue-eyed Coralin --
Her grave is now beneath the tree
Where then she used to spin.

Three walnut trees, so high and wild,
Before the homestead stand --
Their smooth boles often, when a child,
I've taken in my hand;
And that the nearest to the wall,
Though once alike they grew,
Is not so goodly, nor so tall,
As are the other two.

The spinning work was always there --
There all our childish glee;
But when she grew a maiden fair,
The songs were not for me.
One night, twice seven years 't has been,
When shone the moon as now,
The slender form of Coralin
Hung swinging on the bough

That's gnarled and knotty grown; in spring,
When all the fields are gay
With madrigals, no bird will sing
Upon that bough, they say.
And through the chamber where the wheel
With cob-webs is o'erspread,
Pale ghosts are sometimes seen to steal,
Since Coralin is dead.

The waters once so bright and cool,
Within the mossy well,
Are shrunken to a sluggish pool;
And more than this, they tell,
That oft the one-eyed mastiff wakes,
And howls as if in fear,
From midnight till the morning breaks --
The dead is then too near.


Alice Cary (1820-1871)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de casas embrujadas.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Alice Cary: La casa embrujada (The Haunted House), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El borracho»: Edith Sitwell; poema y análisis.


«El borracho»: Edith Sitwell; poema y análisis.




«En rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad, como una araña,
teje extraños hilos para sujetar el Tiempo.»



El borracho (The Drunkard) es un poema de la escritora inglesa Edith Sitwell (1887-1964), publicado en la antología de 1920: El pegaso de madera (The Wooden Pegasus).

El borracho, uno de los mejores poemas de Edith Sitwell, parece retratar la escena dramática de una adicción, el alcoholismo, y el comportamiento criminal del protagonista, que ha asesinado a su esposa. Sin embargo, esta es apenas la primera capa del poema.

En esencia, El borracho versifica la historia de un hombre que mató a su esposa mientras estaba alcoholizado, y ahora, atrapado en una especie de bucle, se ve obligado a revivir el crimen una y otra vez.

Este infierno personalizado adquiere la arquitectura de una «torre negra». El Orador accede a una «estrecha habitación» y nota que hay una mujer en la cama, inmóvil, «sin decir palabra»:


Creo que apenas me oyó
cuando llegué con pasos tambaleantes
y pronuncié su nombre en voz baja.
Pero aún así ella no duerme.
Sus ojos observan con sorpresa
el cuchillo sediento que la compadeció;
esos párpados no se mueven,
aunque el miedo insidioso aún roe
el hueco de su cerebro.


El Orador ni siquiera advierte que ella está muerta. Piensa que su inmovilidad responde a «algún plan astuto», un «truco», porque antes ella solía desgarrar «el aire mudo» con sus gritos cuando el se acercaba sigilosamente [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]

El borracho concluye con una nota densa. El Orador, atrapado en el bucle, ni siquiera entiende que está inmerso en su propio infierno. Intuye que hay algo extraño en el flujo del tiempo, pero nada más. Es un infierno que él mismo ha fabricado para sí, y del cual es imposible salir:


Ella solo sonríe al ver
cómo en rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad recién nacida,
como una araña, teje y teje
extraños hilos para sujetar el Tiempo.




El borracho.
The Drunkard, Edith Sitwell (1887-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Esta torre negra absorbe la luz cegadora.
Extrañas ventanas, de un blanco lívido,
tiemblan bajo la maldición de Dios.
Sin embargo, la maleza aún asiente
al enorme sol, un ojo diabólico
que rastrea las almas que mueren.
El reloj late como el corazón de la fatalidad
en la estrecha habitación;
y, susurrando con un aire espectral,
las cortinas flotan y se agitan.
Pero ella sigue sin decir palabra;
creo que apenas me oyó
cuando llegué con pasos tambaleantes
y pronuncié su nombre en voz baja.
Pero aún así ella no duerme.
Sus ojos observan con sorpresa
el cuchillo sediento que la compadeció;
esos párpados no se mueven,
aunque el miedo insidioso aún roe
el hueco de su cerebro.
Debe tener algún plan astuto, el truco,
para permanecer tan quieta. El ritmo
que una vez palpitó como un tambor apagado
por el miedo de oírme llegar,
ya no suena cuando me acerco sigilosamente.
¡Oh! Siempre fue astuta.
Y si para fastidiarla me atrevía a escabullirme
tras su cama y palpar
con dedos torpes su corazón,
antes de poder tocarla,
un grito tras otro desgarraba el aire mudo y estremecido...
y aun así, nunca me habla.
Solo sonríe al ver
cómo en rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad recién nacida,
como una araña, teje y teje
extraños hilos para sujetar el Tiempo.


THIS black tower drinks the blinding light.
Strange windows livid white,
Tremble beneath the curse of God.
Yet living weeds still nod
To the huge sun, a devil’s eye
That tracks the souls that die.
The clock beats like the heart of Doom
Within the narrow room;
And whispering with some ghastly air
The curtains float and stir.
But still she never speaks a word;
I think she hardly heard
When I with reeling footsteps came
And softly spoke her name.
But yet she does not sleep. Her eyes
Still watch in wide surprise
The thirsty knife that pitied her;
But those lids never stir,
Though creeping Fear still gnaws like pain
The hollow of her brain.
She must have some sly plan, the cheat,
To lie so still. The beat
That once throbbed like a muffled drum
With fear to hear me come,
Now never sounds when I creep nigh.
Oh! she was always sly.
And if to spite her, I dared steal
Behind her bed, and feel
With fumbling fingers for her heart ...
Ere I could touch the smart,
Once more wild shriek on shriek would tear
The dumb and shuddering air....
And still she never speaks to me.
She only smiles to see
How in dark corners secret-sly
New-born Eternity,
All spider-like, doth spin and cast
Strange threads to hold Time fast.


Edith Sitwell (1887-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Edith Sitwell.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Edith Sitwell: El borracho (The Drunkard), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Después de un gran dolor»: Emily Dickinson; poema y análisis.


«Después de un gran dolor»: Emily Dickinson; poema y análisis.




«Esta es la Hora de Plomo,
recordada sólo si se la sobrevive,
como los Congelados rememoran la Nieve;
primero el Frío, el Estupor, y luego el Abandono.»



Después de un gran dolor llega una sensación formal (After great pain, a formal feeling comes) es un poema de la escritora norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), escrito alrededor de 1862 y publicado de manera póstuma en la antología de 1890: Poemas (Poems).

Después de un gran dolor, uno de los mejores poemas de Emily Dickinson, aborda la situación más dolorosas la experiencia humana: la sensación de entumecimiento, de parálisis y sufrimiento emocional que sigue al trauma; específicamente a la pérdida de un ser querido.

Con gran intuición, Emily Dickinson conjura una poderosa meditación sobre el dolor, particularmente sobre cómo somos incapaces de procesar el duelo de inmediato, y cómo este se sitúa temporalmente en un segundo plano, permitiéndonos funcionar de forma automática, mecánica, antes de que se desate una devastadora tormenta emocional, que a veces llega días, semanas, incluso años después.


«Después de un gran dolor llega una sensación formal.
Los Nervios se yerguen, ceremoniosos como Tumbas.
Rígido, el Corazón se pregunta
si pasó ayer o hace ya Siglos.
Los pies, mecánicos, giran en círculos
sobre un camino de Madera,
de Tierra, de Aire, o de Vacío, que creció en el descuido,
alivio hecho de Cuarzo, como piedra —
Esta es la Hora de Plomo —
recordada sólo si se la sobrevive,
como los Congelados rememoran la Nieve —
primero el Frío, el Estupor, y luego el Abandono.»


Emily Dickinson plantea que existe una «sensación formal» que sigue a un «gran dolor». Este dolor no se especifica, pero no parece ser físico. Más bien, el poema sugiere que está hablando del dolor del duelo, nuestra respuesta por defecto a la muerte de un ser querido. A esto sigue el entumecimiento corporal, una ausencia de respuesta, casi como si experimentáramos la muerte en vida. El propio doliente se convierte en una representación ambulante de la tumba, siente la presencia de la muerte en su propio cuerpo, y la expresa a través de automatismos, pesadez, rigidez, reacciones que suceden al trauma.

La primera parte de Después de un gran dolor es objetiva: la muerte de un ser querido ocupa todo nuestro ser, todos nuestros pensamientos. En cierto modo, la muerte nos invade corporalmente, nos ocupa; todo nuestro ser es consumido por el dolor. Si bien el tiempo puede proporcionar algo de distancia y recogimiento, tras este gran dolor sentimos ansias por el silencio, la soledad, la quietud. Es como si el cuerpo del doliente se convirtiera en una tumba temporal [ver: La muerte en vida]

Emily Dickinson se pregunta cómo podemos seguir funcionando a pesar de esto. La vida continúa y seguimos adelante, pero de forma mecánica, las horas se vuelven de «plomo», apenas avanzan; ya no sabemos si la tragedia «pasó ayer o hace siglos». Curiosamente, esta es la única forma de superar un duelo: seguir adelante. Sin embargo, Emily Dickinson también derrama una nota pesimista cuando habla del «recordado, si se sobrevive», haciendo alusión a los casos donde simplemente no logramos superar esta etapa y nos quedamos estancados [ver: Muerte, a los muertos para siempre]

Con el tiempo, si tenemos suerte, los «Congelados» [los dolientes] «rememoran la Nieve» [la muerte del ser querido] a través de las etapas del duelo: «primero el Frío, el Estupor, y luego el Abandono», es decir, el dejar ir, soltar, lo cual suena inusualmente moderno [ver: Y la Muerte no tendrá dominio]

Creo que todos hemos atravesado uno o varios duelos. Después del «gran dolor» de una muerte, los siguientes días uno simplemente existe. Es como si el cuerpo siguiera con sus hábitos y rutinas, pero la mente está apagada. A veces ni siquiera hay una dramática expresión de dolor; el llanto puede estar ausente, pero el automatismo, los pies que se arrastran lánguidamente mientras el doliente intenta seguir con su vida, puede ser aún más sobrecogedor. Eventualmente llega la descarga de emoción, el llanto, el reproche, el enojo. Al final, el shock pasa, queda el trauma, y el vacío insoportable que sucede al «dejar ir» [ver: «Y con eones extraños incluso la muerte puede morir»]

Después de un gran dolor explora con mucha sutileza el estado mental del doliente: la disociación entre el trauma y el agotamiento físico, la rigidez, la necesidad orgánica de seguir a pesar del entumecimiento emocional. Afortunadamente, Emily Dickinson hace un movimiento hacia el consuelo al final del poema, sugiriendo que esta parálisis o congelación emocional puede superarse mediante la liberación, el abandono, que no es otra cosa que la recuperación de la pulsión de vida.




Después de un gran dolor llega una sensación formal.
After great pain, a formal feeling comes, Emily Dickinson (1830-1886)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Después de un gran dolor llega una sensación formal.
Los Nervios se yerguen, ceremoniosos como Tumbas.
Rígido, el Corazón se pregunta
si pasó ayer o hace ya Siglos.
Los pies, mecánicos, giran en círculos
sobre un camino de Madera,
de Tierra, de Aire, o de Vacío, que creció en el descuido,
alivio hecho de Cuarzo, como piedra —
Esta es la Hora de Plomo —
recordada sólo si se la sobrevive,
como los Congelados rememoran la Nieve —
primero el Frío, el Estupor, y luego el Abandono.


After great pain, a formal feeling comes –
The Nerves sit ceremonious, like Tombs –
The stiff Heart questions ‘was it He, that bore,’
And ‘Yesterday, or Centuries before’?

The Feet, mechanical, go round –
A Wooden way
Of Ground, or Air, or Ought –
Regardless grown,
A Quartz contentment, like a stone –

This is the Hour of Lead –
Remembered, if outlived,
As Freezing persons, recollect the Snow –
First – Chill – then Stupor – then the letting go –


Emily Dickinson (1830-1886)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Emily Dickinson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Emily Dickinson: Después de un gran dolor (After great pain), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La Banshee»: Dora Sigerson; poema y análisis.


«La Banshee»: Dora Sigerson; poema y análisis.




«Se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.»



La Banshee (The Banshee) es un poema gótico de la escritora irlandesa Dora Sigerson Shorter (1866-1918), publicado en la antología de 1907: Poemas completos de Dora Sigerson Shorter (The Collected Poems of Dora Sigerson Shorter).

La Banshee, uno de los poemas de Dora Sigerson más reconocidos, nos introduce en la mitología irlandesa, más precisamente en la leyenda popular de la Banshee, para explorar temas como la pérdida y el duelo en la figura de Molly Reilly y su amado.

El poema comienza con la Oradora augurando una desgracia, ya que ha visto «a una banshee pasar a la sombra por aquel camino oscuro», llorando, «peinando su larga cabellera blanca», y finalmente deteniéndose en la puerta de la casa de Molly Reilly. En este punto, la Oradora no sabe si la banshee está aquí para anunciar la muerte de Molly Reilly o la de su amado, quien, cree Molly, «se ha convertido en marinero».

El realidad, el hombre «se ha marchado a la ciudad de Galway», completamente «hechizado por la mirada de otra mujer». Nadie en el pueblo se ha atrevido a contárselo a Molly, por lo que alientan su ilusión de que retorne pronto. La Oradora desea que la banshee haya venido para llevarse a Molly Reilly, porque, «¿quién se atreverá a contarle la noticia, tal vez la muerte de su marido?».

El final del poema de Dora Sigerson nos deja en la incertidumbre:


Pero se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.


La banshee es una especie de Hada, una habitante de los túmulos, cuya presencia [no su función] anuncia la muerte de un miembro de la familia mediante amargos llantos, gritos, lamentos, incluso aullidos [ver: El lenguaje de las hadas]. Tiene el cabello largo, negro, que peina mientras se lamenta, y los ojos rojos por el lagrimeo continuo. En otras versiones de la leyenda, la banshee tiene el cabello rojo y posee una estatura prodigiosa, aunque la mayoría de las historias hablan de una mujer de tamaño pequeño, de alrededor de un metro de altura, y de aspecto avejentado [ver: Razas y especies de Hadas]

La Banshee de Dora Sigerson Shorter evoca una Irlanda mágica, todavía poblada de seres sobrenaturales. A propósito, las banshees solo aparecen ante la muerte de una persona de pura estirpe irlandesa, sin sangre normanda o sajona en las venas, por lo que Molly Reilly, abandonada por su esposo, también ejemplifica el final progresivo de la población autóctona de la isla [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano]




La Banshee.
The Banshee, Dora Sigerson (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Que Dios nos proteja de todo mal,
porque esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel camino oscuro.

Y mientras caminaba, sollozaba,
peinando su larga cabellera blanca;
se detuvo frente a la puerta de Molly Reilly
y hasta la medianoche estuvo llorando.

¿Acaso llora por él,
que está tan lejos?
¿O por la muerte de Molly Reilly
llora hasta el amanecer?

Ahora, Molly cree que su hombre
se ha convertido en marinero;
cada noche coloca una vela en la puerta
para que él la vea.

Pero se ha marchado a la ciudad de Galway
(¿y quién se atreve a decírselo?),
hechizado por la mirada de otra mujer,
enloquecido por su beso.

Así que, al pasar junto a la puerta de Molly,
miramos hacia el mar y decimos:
«Que Dios traiga de vuelta a tu muchacho,
donde sea que esté».

Ruego para que sea Molly quien oiga
los lamentos y llantos de la banshee,
porque ¿quién se atreverá a contarle la noticia,
tal vez la muerte de su marido?

Pero se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.


Now God between us and all harm,
For I to-night have seen
A banshee in the shadow pass
Along the dark boreen.

And as she went she keened and cried
And combed her long white hair,
She stopped at Molly Reilly's door,
And sobbed till midnight there.

And is it for himself she moans,
Who is so far away?
Or is it Molly Reilly's death
She cries until the day?

Now Molly thinks her man is gone
A sailor lad to be;
She puts a candle at her door
Each night for him to see.

But he is off to Galway town,
(And who dare tell her this?)
Enchanted by a woman's eyes,
Half-maddened by her kiss.

So as we go by Molly's door
We look towards the sea,
And say, "May God bring home your lad,
Wherever he may be."

I pray it may be Molly's self
The banshee keens and cries,
For who dare breathe the tale to her,
Be it her man who dies?

But there is sorrow on the way,
For I to-night have seen
A banshee in the shadow pass
Along the dark boreen.


Dora Sigerson (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Dora Sigerson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Dora Sigerson: La Banshee (The Banshee), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Embrujada»: Amy Lowell; poema y análisis.


«Embrujada»: Amy Lowell; poema y análisis.




«Sus uñas arañan las copas de los árboles,
sus labios succionan la ventana abierta,
su aliento se desliza por mi cuerpo
se acumula en charcos bajo mis rodillas.»



Embrujada (Haunted) es un poema de vampiros de la escritora norteamericana Amy Lowell (1874-1925), publicado originalmente en la antología de 1919: Imágenes del mundo flotante (Pictures of the Floating World); y luego reeditado por Margaret Widdemer en La hora embrujada (The Haunted Hour, 1920). Finalmente volvería a aparecer gracias a August Derleth en la colección de Arkham House de 1947: El lado oscuro de la luna: poemas de fantasía y lo macabro (Dark of the Moon: Poems of Fantasy and the Macabre).

Emrbujada, uno de los grandes poemas de Amy Lowell, comienza dirigiendo la vista del lector: «¡Mira!», exclama; y agrega: «él arrastra los dedos de los pies / bajo los largos rayos de la luna». La Oradora añade varios detalles más sobre su misterioso visitante: las «uñas de sus dedos [esta vez de las manos] brillan» y «arañan entre las copas de los árboles».

En este punto, el visitante es un misterio. Puede ser un fantasma, un vampiro, incluso un recuerdo que retorna durante la noche. Si enfocamos la mirada un poco más veremos que, en apariencia, se trata de una criatura de tamaño colosal. Los dedos de sus pies se arrastran «bajo la luz de la luna», pero los de sus manos «arañan entre las copas de los árboles».

La Oradora de Amy Lowell sostiene que los «labios» de la criatura «succionan mi ventana abierta». A la luz de todo lo anterior, la «ventana abierta» parece ser eso, una ventana, pero inmediatamente añade: «su aliento se desliza por mi cuerpo / se acumula en charcos bajo mis rodillas». Creo que esto no requiere demasiado análisis: la Oradora está excitada. Lo mismo podría decirse de los siguiente: «puedo ver su boca temblando / pegándose al marco de mi ventana» [ver: La Casa Embrujada como representación del cuerpo de la mujer]

El final de Embrujada deja abiertos otros interrogantes: mientras la boca se «pega» y «succiona» la «ventana abierta», la Oradora advierte que «la luz de la luna brilla en el suelo / sin sombras»; es decir, la criatura no proyecta sombra. Esto puede deberse al carácter sobrenatural de la criatura [un íncubo, por ejemplo], o bien a su naturaleza imaginaria, una fantasía nocturna que llega con fuerza pero que carece de consistencia física. Sin embargo, el poema comienza diciéndole al lector que mire, que observe, por lo que el visitante, de acuerdo al contexto, debe ser visible,

El poema concluye con un cambio de sentidos. Primero, la Oradora nos pide que miremos; al final, nos dice que agudicemos el oído: «¡Escucha!», exclama: «una liebre se ahoga [es decir, grita en agonía] en el bosque / y el viento arranca una contraventana». ¿Acaso estamos ante el clímax de la Oradora, que gime agónicamente mientras la boca que «succiona» la «ventana abierta» termina arrancando un postigo?. Es posible, también que el misterioso visitante sea simplemente el viento: se arrastra por el suelo, sacude las ramas de los árboles, succiona, agita las ventanas. Pero, si es el viento, ¿por qué «se acumula en charcos» bajo las rodillas de la Oradora? ¿Se trata de una tormenta?

Embrujada es todo eso, y probablemente más. Amy Lowell fue una gran poeta, por lo que sus piezas tienen diferentes niveles de interpretación. La idea del amante sobrenatural resulta plausible, pero la propia Lowell era lesbiana, y el poema aclara específicamente que el visitante es un «él». De todos modos, la Oradora bien podría estar sufriendo, y no gozando, como especulamos anteriormente.




Embrujada.
Haunted, Amy Lowell (1874-1925)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


¡Mira! Él arrastra los dedos de los pies
bajo los largos rayos de la luna,
y las uñas de sus dedos brillan;
destellan y arañan entre las copas de los árboles.
Sus labios succionan mi ventana abierta,
su aliento se desliza por mi cuerpo
se acumula en charcos bajo mis rodillas.
Puedo ver su boca temblando,
pegándose al marco de la ventana,
pero la luz de la luna brilla en el suelo,
sin sombras.
¡Escucha! Una liebre se ahoga en el bosque,
y el viento arranca una contraventana.


See! He trails his toes
Through the long streaks of moonlight,
And the nails of his fingers glitter;
They claw and flash among the tree-tops.
His lips suck at my open window,
And his breath creeps about my body
And lies in pools under my knees.
I can see his mouth sway and wobble,
Sticking itself against the window-jambs,
But the moonlight is bright on the floor,
Without a shadow.
Hark! A hare is strangling in the forest,
And the wind tears a shutter from the wall.


Amy Lowell (1874-1925)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Amy Lowell.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Amy Lowell: Embrujada (Haunted), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El Fetch: una balada»: Dora Sigerson Shorter; poema y análisis.


«El Fetch: una balada»: Dora Sigerson Shorter; poema y análisis.




«Estaba fría como los muertos,
no pronunció palabra cuando se dijo:
Su tumba es profana.
Estaba callada como los muertos,
nunca lanzó un grito al escuchar,
más triste que el lamento,
el ruido de la pala.»



El Fetch: una balada (The Fetch: A Ballad) es un poema gótico de la escritora irlandesa Dora Sigerson Shorter (1866-1918), escrito en 1898 y publicado de manera póstuma en la antología de 1907: Poemas escogidos de Dora Sigerson Shorter (The Collected Poems of Dora Sigerson Shorter).

El Fetch, uno de los grandes poemas de Dora Sigerson, nos introduce en el ámbito del folclore irlandés, heredero de una vasta mitología. Es una pieza extensa, como aclara el título, «una balada» con reminiscencias medievales.

El poema desarrolla la historia de dos amantes y un suceso misterioso que conduce a un desencuentro y, finalmente, a la muerte. A través una estructura de diálogos, tal vez sobrecargados de la resonancia emocional de la literatura gótica, vamos conociendo a estos dos enamorados que pactan un encuentro nocturno, tal vez ilícito. Ella espera mientras su amado se retrasa observando una procesión espectral, el cortejo funeral de una muchacha.

Cuando por fin se encuentran, él le cuenta esta curiosa visión, pero ella no le cree. Para probarlo, la lleva a los dos cementerios de la zona y a un cruce de caminos, donde se entierran los cadáveres «impíos», es decir, los de aquellos que se han quitado la vida. Sin embargo, no encuentran el sitio de entierro de la misteriosa mujer. Discuten, y él se va. Ella, abatida, se quita la vida. Por supuesto, el cortejo fúnebre que el hombre ha visto al principio del poema es un «fetch», un presagio ominoso; y la muchacha muerta no es otra que su propia amada.

El Fetch maneja de forma excepcional las creencias irlandesas en lo sobrenatural. No las describe, las respeta, por lo que no brinda información adicional, asumiendo que el lector entiende, desde el título, de qué se está hablando [ver: mitología celta]. Dora Sigerson se apoya en el diálogo, lo que permite que podamos sumergirnos en el drama sin exposiciones. Resulta divertido, desde la perspectiva actual, que la primera parte del poema trate básicamente de una mujer enojada porque la han dejado plantada. La llegada tardía de su amante y su curiosa explicación [la visión de una espectral procesión fúnebre] no parecen suficiente para ella.

Ahora bien, el joven no es simplemente un espectador: oye su nombre susurrado por los dolientes. Esta es la clave, escalofriante y a la vez profética, de que está observando un evento futuro. El camino para verificar su historia es, tal vez, el momento más flojo. Se nos lleva por todos los lugares de entierro de la zona y todo culmina en lo que ella considera la constatación de un engaño. El giro es devastador, ya que conduce a la pérdida de confianza entre ambos y, en última instancia, de la vida.

El final de El Fetch es trágico. La profecía espectral se cumple y la joven es enterrada en la encrucijada, lo que refleja la forma «impía» en que se quitó la vida [ver: ¡No salgas del camino! El Modelo «Caperucita Roja»]

Dora Sigerson emplea una gran variedad de recursos sobrenaturales al servicio del miedo, la duda y la culpa. Todo el poema está impregnado de folclore irlandés, como el motivo de la procesión espectral y las encrucijadas, ambos particularmente significativos.

En nuestros tiempos, lamentablemente, las hadas y otros seres fabulosos de Irlanda han sido reducidos a meros entretenimientos infantiles, criaturas más o menos amigables. Dora Stigerson explora otra faceta, más antigua, una Irlanda nocturna poblada de espectros errantes [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano].

El Fetch es una entidad [no una criatura] que a veces se manifiesta como el doble de un ser humano vivo. Está relacionada con el concepto de doppelgänger en cuanto a ser una réplica y un mal augurio, pero en Irlanda estas entidades eran más bien espectrales. Otra diferencia es que el doppelgänger, al ser visto, siempre es un presagio de muerte, mientras que el avistamiento del Fetch solo es fatal durante la noche. De hecho, si uno lo ve durante la mañana es una señal de larga vida.




El Fetch: una balada.
The Fetch: A Ballad, Dora Sigerson Shorter (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


«¿Por qué llegas tan tarde a la cita?
¿Por qué has tardado tanto?
Con afán he esperado desde
la hora prometida.»

«Quisiera estar a tu lado, amor,
hace muchas horas,
pero vi una cosa al borde del camino,
triste y soñolienta.»

«¿Y qué has visto al borde del camino
que te ha hecho tardar tanto?»
«Es fatigoso el tiempo que he pasado
desde que dejé la puerta de mi padre.»

«Mientras me apresuraba al anochecer
por el camino hacia ti esta noche,
vi el cadáver de una joven doncella
vestida con un sudario blanco.»

«¿Y era ella alguna querida camarada,
o una hermana muerta,
para que dejaras así a tu amada
hasta pasada la hora de la cita?»

«¡Oh, me encantaría saberlo!
Pero nunca vi su rostro,
solo supe que debía seguirla
hasta su lugar de descanso.»

«¿Por el sendero del pueblo echó a andar
o abajo por el lago?
Sé que solo hay dos cementerios
donde un cadáver puede descansar.»

«No fueron por el sendero del pueblo,
ni se detuvieron a los pies del lago,
enterraron el cadáver en silencio
donde las encuentran las cuatro encrucijadas.»

«¿Y era tan extraño espectáculo, entonces,
para que te marcharas como un niño,
dejándome así, esperando,
olvidada, por una engañosa visión pasajera?»

«Era mi nombre lo que oía susurrar
a cada doliente que pasaba a mi lado;
y tuve que seguir sus pasos,
aunque no podía ver sus rostros.»

«Y ahora me gustaría saber quién
podría ser esta bella joven,
así que ven conmigo, mi verdadero amor,
si no tienes miedo.»

Él no bajó por la orilla del lago,
ni pasó por la ciudad,
sino que la llevó hasta las cuatro encrucijadas
y allí la dejó.

«No veo aquí ninguna huella de pie,
no veo ninguna marca de una pala,
sé muy bien que en este camino
blanco nunca se cavó una tumba.»

Y él tomó su mano con la suya
y la condujo a la ciudad,
allí le preguntó al buen anciano sacerdote
si había enterrado a una doncella ese día.

Y él tomó su mano con la suya
y la condujo hasta la iglesia junto al lago,
allí le preguntó al pálido y joven sacerdote
si una doncella le había quitado la vida.

Pero nadie había oído hablar de una nueva tumba
en todas las parroquias de los alrededores,
nadie habló de una joven doncella
puesta en tierra impía.

«Entonces él le soltó la mano,
se dio la vuelta y dijo:
"Ahora sé que eres mentiroso
por la mentira que has dicho.»

Y ella dijo: «¡Ay! ¿Qué mal
me ha pasado esta noche?»
Se arrodilló junto al agua
y lloró con el corazón destrozado.

Y ella dijo: «¡Oh! ¿Qué espectáculo de hadas
fue entonces el que me causó tanta pena?
Dormiré tranquila bajo las aguas tranquilas,
ya que mi amor se ha apartado de mí».

Y su amor se fue a las tierras del norte,
y muy al sur se fue,
y él aún podía oír su voz distante
que lo llamaba llorando amargamente.

Él podía descansar durante el día,
ni podía dormir durante la noche,
así que se apresuró a regresar al viejo camino,
con el lugar de la cita a la vista.

Lo primero que oyó fue el nombre de su amada
y, tras un lamento fuerte y prolongado,
vio fue el rostro querido de su amada,
a la cabeza de una procesión de luto.

Ella estaba tan pálida como los muertos,
y no hizo ningún gesto,
pasó junto a él con su mortaja negra,
todavía durmiendo pacíficamente.

Y ella estaba tan fría como los muertos,
y no pronunció ni una palabra
cuando dijeron: «Profana es su tumba,
porque se quitó la vida.»

Y ella estaba silenciosa como están los muertos,
nunca gritó cuando pudo escuchar,
más triste que el lamento,
el sonido de la pala al cavar.

No tuvo descanso en la vieja iglesia del pueblo,
ni una tumba junto al lago tan dulce,
la enterraron en tierra impía,
donde se encuentran las cuatro encrucijadas.


"What makes you so late at the trysting?
What caused you so long to be?
For a weary time I have waited
From the hour you promised me."

"I would I were here by your side, love,
Full many an hour ago,
For a thing I passed on the roadway
All mournful and so slow."

"And what have you passed on the roadside
That kept you so long and late?"
"It is weary the time behind me
Since I left my father's gate.

"As I hastened on in the gloaming
By the road to you to-night,
There I saw the corpse of a young maid
All clad in a shroud of white."

"And was she some comrade cherished,
Or was she a sister dead,
That you left thus your own beloved
Till the trysting-hour had fled?"

"Oh, I would that I could discover.
But never did see her face,
And I knew I must turn and follow
Till I came to her resting place."

"And did it go up by the town path,
Did it go down by the lake?
I know there are but the two churchyards
Where a corpse its rest may take."

"They did not go up by the town path,
Nor stopped by the lake their feet,
They buried the corpse all silently
Where the four cross-roads do meet."

"And was it so strange a sight, then,
That you should go like a child,
Thus to leave me wait all forgotten—
By a passing sight beguiled?"

"'Twas my name that I heard them whisper,
Each mourner that passed by me;
And I had to follow their footsteps,
Though their faces I could not see."

"And right well I should like to know, now,
Who might be this fair young maid,
So come with me, my own true love,
If you be not afraid."

He did not go down by the lakeside,
He did not go by the town,
But carried her to the four cross-roads,
And he there did set her down.

"Now, I see no track of a foot here,
I see no mark of a spade,
And I know right well in this white road
That never a grave was made."

And he took her hand in his right hand
And led her to town away,
And there he questioned the good old priest,
Did he bury a maid that day.

And he took her hand in his right hand,
Down to the church by the lake,
And there he questioned the pale young priest
If a maiden her life did take.

But neither had heard of a new grave
In all the parish around,
And no one could tell of a young maid
Thus put in unholy ground.

So he loosed her hand from his hand,
And turned on his heel away,
And, "I know now you are false," he said,
"From the lie you told to-day."

And she said, "Alas! what evil thing
Did to-night my senses take?"
She knelt her down by the water-side
And wept as her heart would break.

And she said, "Oh, what fairy sight then
Was it thus my grief to see?
I will sleep well 'neath the still water,
Since my love has turned from me."

And her love he went to the north land,
And far to the south went he,
And her distant voice he still could hear
Call weeping so bitterly.

And he could not rest in the daytime,
He could not sleep in the night,
So he hastened back to the old road,
With the trysting place in sight.

What first he heard was his own love's name,
And keening both loud and long,
What first he saw was his love's dear face,
At the head of a mourning throng.

And all white she was as the dead are,
And never a move made she,
But passed him by in her lone black pall,
Still sleeping so peacefully.

And all cold she was as the dead are,
And never a word she spake,
When they said, "Unholy is her grave
For she her life did take."

And silent she was as the dead are,
And never a cry she made,
When there came, more sad than the keening,
The ring of a digging spade.

No rest she had in the old town church,
No grave by the lake so sweet,
They buried her in unholy ground,
Where the four cross roads do meet.


Dora Sigerson Shorter (1866-1918)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de fantasmas.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de Dora Sigerson Shorter: El Fetch: una balada (The Fetch: A Ballad), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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