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Frankenstein o el moderno Shoggoth.


Frankenstein o el moderno Shoggoth.




«Recogí huesos de osarios y perturbé,
con dedos profanos,
los tremendos secretos del cuerpo humano.»



Antes de comenzar es necesario quitarse de la cabeza la imagen del monstruo creado por Victor Frankenstein que nos ha dado el cine. Buena parte deriva de la adaptación teatral de Richard Brinsley Peake, entre otros elementos: Victor es un científico loco y el monstruo es una criatura afligida, temida por ser diferente; todo envuelto en una tranquilizadora moraleja sobre los peligros de la ciencia y la crueldad humana. La novela de Maey Shelley, escrita en 1818: Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein; or, The Modern Prometheus), permite cavar más profundo.

La imagen popular es que el monstruo está hecho de pedazos de cadáveres cosidos rudimentariamente. El procedimiento es mucho más complejo: aunque Victor ha descubierto la forma de infundir vida en el tejido muerto, preparar el cuerpo para recibirla constituye un trabajo de «inconcebible dificultad». Tanto es así que no solo se cosen «pedazos», se unen fibras, huesos, arterias, órganos, músculos y venas. El propio Victor duda sobre si crear un ser humano o «uno de organización más simple», pero su audacia es tal que solo se permite darle vida a «un animal tan complejo y maravilloso como el hombre».

En esencia, los «materiales» [así se llama en la novela a los «pedazos», grandes y pequeños, que el doctor extrae de los cadáveres] que formarán parte de la criatura son los que obligan a Victor a darle una proporción más grande que la del ser humano promedio. Es decir, la «pequeñez de las piezas» [fibras, tejidos, etc.] hacen que resulte más práctico «crear un ser de estatura gigantesca». Y al final lo es. El monstruo mide unos dos metros y medio de altura, y toda su constitución es proporcionada.

Recopilar y organizar con éxito los «materiales» le toma a Victor varios meses, y el posterior ensamblaje [que dura unos dos años] es un proceso de una minuciosidad tal que el avance es casi imperceptible. Victor no une pedazos como si se tratara de un rompecabezas, construye un ser humano desde el esqueleto hacia afuera, cosiendo tendones, órganos, nervios, músculos y venas. Las adaptaciones cinematográficas son algo perezosas en este sentido. Se conforman con extremidades enteras cosidas a un torso intacto y luego quemadas por un rayo.

Es evidente que el monstruo de Mary Shelley incluye elementos no humanos. Por ejemplo, dadas las complejidades de trabajar con materiales tan pequeños, Victor opta por crear un ser de escala más grande. Pero, ¿cómo es posible hacerlo si solo está trabajando con huesos y tejidos ordinarios? La respuesta es obvia: los «materiales» no son solo de procedencia humana. Esto queda en evidencia cuando Victor sostiene que, además de los cementerios y las salas de disección, extrae «materiales» del matadero.

El ingrediente más extraño de la novela de Mary Shelley es el laboratorio de Victor, en realidad, ni siquiera llega a ser eso. Trabaja en «una cámara solitaria», que en realidad es el ático de una pensión. El lugar está «separado de las demás habitaciones por una galería y una escalera». Esto después resulta útil al argumento, como veremos más adelante.

Ahora bien, Victor no es un científico loco. Entiende que su proyecto podría dar a lugar la llegada de seres inhumanos, mucho más fuertes que nosotros, y quizás con una moral diferente. Estos miedos implican que el monstruo sería capaz de reproducirse, pero, ¿con quién? ¿Con hembras humanas? En realidad, Victor teme que su creación sea lo suficientemente inteligente como para crear otros seres como él.

En cierto modo, el monstruo lo es. Obliga a Victor a crear una hembra, pero el científico siente remordimientos al notar una «sonrisa fantasmal» mientras el monstruo lo observa trabajar. El verdadero temor no radica en la creación de una hembra, y una posible propagación de la «horrible estirpe» mediante la reproducción sexual. La «sonrisa fantasmal» del monstruo insinúa que este no está simplemente observando el proceso, está aprendiendo a crear otros de su especie.

En efecto, el monstruo de Mary Shelley no es una criatura descerebrada que apenas puede flexionar las rodillas. Es físicamente poderoso y posee, además, un intelecto que rivaliza con el de su creador. En algunas películas esto se explica diciendo que Victor utilizó el cerebro de un prestigioso cirujano, y a veces el de un asesino particularmente astuto. Nada de eso está en la novela.

El procedimiento de animación del cuerpo es otro misterio en la novela. Victor Frankenstein no lo dice, y es lógico. Quiere evitar que otros hagan lo mismo. Sin embargo, Victor menciona a Paracelso y a otros alquimistas y ocultistas, de manera tal que el monstruo podría ser algo así como un homúnculo gigantesco, un golem orgánico, un shoggoth. De chispas y electricidad hay poco y nada. Ni siquiera se menciona a Luigi Galvani [ver: Lovecraft y la IA: el futuro es de los Shoggoth]

Volviendo al laboratorio, Victor no tiene asistente en la novela de Mary Shelley, ni jorobado ni de ningún tipo. El segundo laboratorio, donde crea a la hembra, está situado en una pequeña isla en las Orcadas. Este sitio es interesante. Podemos asumir que la población de la isla no puede proporcionarle los «materiales» necesarios. Además, no se menciona ninguna morgue o cementerio. O bien Victor ha perfeccionado el procedimiento, o sus conocimientos alquímicos le permiten cultivar los cuerpos antes de animarlos.

En todo momento, Victor procede más como un biólogo y un bioquímico que como un físico o un ingeniero. La única referencia en la novela que justifique la presencia de rayos sobre Boris Karloff y otras variantes del cine es una misteriosa «chispa vital», que podría ser o no electricidad, e «instrumentos de la vida», que podrían ser o no artefactos galvánicos. De hecho, el nacimiento del monstruo pretende ser trágico, no un logro científico. El monstruo incluso parece resistirse a deslizarse hacia el mundo de los vivos.

El asco es la parte principal de la relación de Víctor con el monstruo, nacido evidentemente del autodesprecio. Mary Shelley trabaja en varios niveles aquí, siendo el monstruo una proyección de Victor, la parte suya que profiere «una sonrisa espantosa» cuando moldea la carne inerte. En términos de Carl Jung, el monstruo es la Sombra de Victor, los aspectos oscuros e inaccesibles de su ser que dominan sus acciones. Tal vez intuyendo esto, Victor describe a su creación como «mi propio vampiro, mi propio espíritu desatado, obligado a destruir todo lo que me es querido».

A propósito, si bien «vampiro» parece una elección extraña, Victor encuentra un sinnúmero de formas para referirse a su creación, sin nunca emplear un nombre propio. Lo llama «criatura» (creature), «demonio» (fiend), «espectro» (spectre), «miserable» (wretch), «diablo» (devil), «cosa» (thing), «ser» (being), «ogro» (ogre) y, por supuesto, «monstruo» (monster).

La siguiente es la mejor descripción del monstruo en la novela de Mary Shelley, muy diferente de los torpes esperpentos cosidos del cine:


«Su piel amarilla apenas cubría el conjunto de músculos y arterias que había debajo; su cabello era de un negro brillante y fluido; y sus dientes de una blancura perlada; pero estas exuberancias solo formaban un contraste más horrible con sus ojos llorosos, que parecían casi del mismo color que las cuencas blancas en las que estaban colocados, su tez era arrugada y sus labios rectos y negros.»


El grado de horror que despierta el monstruo supera al maquillaje del cine, y esto es razonable. Quienes se encuentran con él en la novela no piensan: «pobre desgraciado, mira esas cicatrices», sino: «¡Mátenlo! ¡Mátenlo!». Es decir que su aspecto debe ser terriblemente inhumano [ver: La biología de los Monstruos]

El subtítulo de la novela, «el moderno Prometeo», proporciona una pista adicional. Victor Frankenstein es un genio, y por lo tanto es un rebelde. En cierto modo, «roba» el «fuego» de los dioses [la creación de la vida], que estos han mantenido oculto para el ser humano. Si esta es una historia de dualidad, el monstruo es el pájaro que roe las vísceras de Prometeo como castigo a su desenfado.

El castigo del Prometeo de los mitos griegos es brutal e incesante. Las vísceras picoteadas crecen durante la noche para ser arrancadas a lo largo del día. El castigo de Victor no es menos grave [en la escala humana]. El monstruo asesina al pequeño hermano de Victor, de cinco años, e incrimina a Justine Moritz, una joven que vive con los Frankenstein, provocando su ejecución. Más adelante asesina al mejor amigo de Victor, Henry Clerval, y posteriormente a su novia, Elizabeth Lavenza , en su noche de bodas [irrumpe en la suite nupcial y la estrangula], tras lo cual el padre de Victor muere de pena.

Los grandes monstruos góticos, como el de Frankenstein, Drácula, Jekyll, Dorian, suelen ser retratados en el cine como seres incomprendidos, a veces atacados por aldeanos analfabetos que portan antorchas, incapaces de percibir que, en el fondo, todos somos humanos. En el gótico, todos podemos ser monstruos, y el de Frankenstein, entre ellos, lo demuestra al llevar a un niño de cinco años al bosque, con la implicación de abuso que eso tiene en el cuento de hadas, y procede a matarlo de la forma más cruel. Como tal acto atenta contra toda posibilidad de que empaticemos con el monstruo, o bien se lo omite o se le da el contexto de un accidente. Mary Shelley es clara al respecto: el monstruo es un monstruo, sin atenuantes.

En resumen, Mary Shelley no explica con claridad cómo Victor Frankenstein creó al monstruo. Décadas de películas nos han dado la impresión de que se fabricó con partes completas, una extremidad por aquí, un órgano por allá, pero la novela sugiere que se trató de un trabajo titánico en su minuciosidad. Si empezó con huesos, presumiblemente no estaba cosiendo partes enteras del cuerpo, porque en ese caso podría haber construido extremidades del tamaño que quisiera.

Esto nos lleva a una pregunta incómoda, un poco injusta tratándose de una pieza de ficción, donde lo inverosímil se debe aceptar para que las cosas sucedan: Si Victor era capaz de crear un cuerpo a partir de elementos diversos y luego animarlos, ¿por qué no utiliza un cadáver completo, intacto, fresco, ahorrándose así la molestia de la reconstrucción? [ver: IA y el Golem de Dios]




Mary Shelley. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Frankenstein o el moderno Shoggoth fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El «extraño cochero»: ¿es Drácula el conductor de la calesa?


El «extraño cochero»: ¿es Drácula el conductor de la calesa?




Denn die Todten reiten Schnell.
[«Porque los muertos viajan deprisa»]



En la primera entrada de su diario, fechada el 3 de mayo, Jonathan Harker llega a la ciudad de Bistritz, en el norte de Rumanía. Al día siguiente toma un carruaje hasta el Paso de Borgo. Al anochecer observa a algunos campesinos con atuendos «pintorescos» que rezan arrodillados en pequeños santuarios junto al camino. Al caer la noche, los demás pasajeros se inquietan e instan al conductor a acelerar. Al llegar al Paso, no hay ningún carruaje esperando para llevar a Harker al Castillo. Justo cuando el cochero se ofrece a llevarlo de vuelta, arriba una calesa tirada por caballos. Este conductor, según algunos, es el propio Drácula. Pero, ¿lo es? ¿Podría tratarse de un «familiar»? ¿O acaso estamos ante la presencia de otro vampiro, tal vez un subordinado del Conde?

Algunas adaptaciones cinematográficas de la novela, como el Drácula de Francis Ford Coppola, muestran explícitamente que el cochero es Drácula. La novela es mucho más ambigua, y permite otras interpretaciones [ver: El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker]

Continuemos con Stoker.

Harker sube al carruaje y continúa hacia el Castillo. Es un viaje onírico, parece fuera del tiempo ordinario. Harker tiene la impresión de que el carruaje recorre una y otra vez el mismo tramo. Oye aullidos en la noche. En un momento, el protagonista mira hacia afuera y ve una llama azul, parpadeante, que arde en la distancia. El cochero se detiene sin dar explicaciones, desciende, inspecciona la llama, regresa al carruaje y continúa su camino.

Harker describe varias paradas más como ésta, y señala que, en un momento dado, cuando el cochero reúne unas piedras alrededor de una de las llamas azules, puede verla «a través» del cuerpo del hombre. Punto a favor de la posibilidad de que el conductor sea, como mínimo, un vampiro.

Esta escena de la novela de vampiros de Bram Stoker: Drácula (Dracula), integra una gran variedad de elementos: las luces azules, los lobos, la distorsión del tiempo, los pequeños rituales a la vera del camino. Todas estas pistas nos permiten descubrir la identidad del misterioso cochero.

Una vez en el castillo, Drácula explica que existe la creencia local de que las luces azules aparecen sobre los lugares donde hay tesoros enterrados, y que los lugareños marcan esos lugares con piedras cuando las ven. Si el cochero es el propio Conde, ¿por qué se detendría? ¿Por qué tendría tantas dificultades para marcar los lugares? Después de tantos siglos, ¿no habría ideado una forma más eficiente? Además, ¿por qué está interesado en los tesoros? No parece que Drácula esté recaudando dinero para su campaña, habida cuenta que puede comprar varias propiedades en Londres. ¿Acaso las luces marcan otra clase de tesoros?

El principal indicio sobre la identidad del cochero proviene de Harker. Este pronto concluye que el Conde no tiene sirvientes, y asume que el cochero debe haber sido el propio Drácula. Suena razonable, pero lo cierto es que el Conde sí tiene sirvientes [Harker no lo sabe en este punto], sólo que no se ocupan de los quehaceres domésticos, sino que asisten a su amo en la logística del viaje a Inglaterra. Por ejemplo, estos servidores llenan y transportan cajas de tierra del castillo, así como baúles con dinero y otras pertenencias.

Todo el episodio del cochero es uno de los más extraños de la novela. Podríamos decir que es intencionadamente extraño. Después de todo, Bram Stoker solo transmite al lector la misma confusión en la que está envuelto Harker.

Las «luces azules» son una versión del Will of the Wisp, los fuegos fatuos, un genius loci o elemental presente en muchas culturas. Bram Stoker extrajo este motivo del libro de Emily Gerard: La Tierra más allá del Bosque (The Land Beyond the Forest), donde se dice que en la víspera de San Jorge pueden verse «llamas azules» marcando el lugar de un tesoro. Ahora bien, según la leyenda, las personas mueren si intentan seguir esta luz. El cochero se detiene repetidamente ante todas las luces y no sufre ningún daño. Con esto, Bram Stoker deja en evidencia que el cochero ya está muerto, mejor dicho, que es un no-muerto [ver: «No-Muertos» en el folklore y la psicología]. Sin embargo, el hecho de ser un vampiro no le brinda total protección: necesita realizar pequeños rituales con las piedras para lograr su objetivo, y ya sabemos que Drácula era un nigromante poderoso [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]

Bram Stoker establece en este episodio que Drácula controla y manipula toda la región. Por esta razón, algunos sospechan que los tesoros son propiedad del Conde, es decir, son los escondites que él ha designado para guardar su fortuna. En este contexto, las luces azules serían una defensa mágica para ahuyentar a los saqueadores, y por eso no tienen ningún efecto sobre él. Lo cierto es que no está claro que fuera Drácula quien marcó esos lugares. Podrían estar allí desde tiempos paganos y, por lo tanto, protegidos por fuerzas precristianas.

Las observaciones de Harker acerca del poder antinatural del cochero sobre lo lobos deja en claro que no se trata simplemente de un «familiar»:


«Llamé al cochero para que viniera, pues me parecía que nuestra única oportunidad era intentar escapar del círculo y, para ayudarlo, grité y golpeé el costado de la calesa, esperando asustar a los lobos. Cómo llegó allí, no lo sé, pero oí su voz alzada en un tono de mando imperioso, y al mirar hacia el sonido, lo vi de pie en el camino. Mientras agitaba sus largos brazos, como si apartara un obstáculo impalpable, los lobos retrocedieron cada vez más. Justo entonces, una densa nube cubrió la cara de la luna, de modo que volvimos a estar a oscuras. Cuando recuperé la vista, el cochero subía a la calesa y los lobos desaparecieron. Todo esto fue tan extraño y sobrecogedor que me invadió un miedo terrible,»


Estamos acostumbrados a pensar en Drácula en relación al cine, donde ejerce sus poderes casi sin esfuerzo. El Drácula de la novela [si es que el Conde es el cochero] necesita bajar de la calesa y agitar «sus largos brazos, como si apartara un obstáculo impalpable» para hacer retroceder a los lobos.

Ahora bien, el principal punto sobre la posibilidad de que el cochero de la calesa NO sea el Conde es que Harker de hecho VE SU ROSTRO. ¿Cómo es entonces que, al ver a Drácula en el castillo, no advierte que se trata del mismo hombre?

Es cierto, algunas características físicas del cochero se asemejan a las de Drácula. Es un «hombre alto», con una «larga barba», pero lleva un sombrero negro que oculta parcialmente su rostro. Sin embargo, Harker puede ver sus ojos, que parecen «rojos a la luz de la lámpara» de la calesa. Obviamente, la barba puede ser parte de un disfraz, lo mismo que el sombrero. De hecho, a menudo se describe al Conde con ojos rojos y una estatura considerablemente alta.

La siguiente cita parece probar definitivamente que el cochero es Drácula:


«Mientras hablaba, sonreía, y la luz de la lámpara caía sobre una boca de aspecto severo, con labios muy rojos y dientes afilados, blancos como el marfil.»

 
Previamente, cuando el cochero recoge a Harker, reprocha la intención del conductor que ha transportado al inglés hasta el Paso de Borgo por querer llevar a su pasajero de regreso a Bucovina. Más aún, el «extraño cochero» [presuntamente Drácula] asegura que «lo sabe todo» [knows all], y ciertamente sabe lo que se ha dicho antes de su llegada, lo que demuestra algún tipo de conocimiento oculto. No está claro si los campesinos del primer carruaje saben que el «extraño cochero» es, de hecho, Drácula; pero ciertamente sospechan que es un vampiro. Tal es así que uno de los pasajeros susurra en alemán: Denn die Todten reiten Schnell, que significa «los muertos viajan deprisa» [ver: «Porque los muertos viajan deprisa»].

Como señala el propio Harker, estas palabras hacen referencia al poema gótico de Gottfried August Burger: Lenore, donde la epónima protagonista cabalga en medio de la noche acompañada de un desconocido idéntico a su prometido, William, recientemente fallecido. Esta referencia, por supuesto, es otra insinuación a la condición vampírica del cochero de la calesa.

Cuando el «extraño cochero» escucha aquellas palabras [Denn die Todten reiten Schnell], responde con «una sonrisa radiante», y el pasajero aparta la mirada y se santigua. Luego pide el equipaje de Harker y, con una rapidez y una fuerza que sobresalta a todos, lo arroja al interior de la calesa. Harker experimenta en carne propia la fuerza física del cochero cuando este lo ayuda a subir al habitáculo sujetándolo del brazo «con una fuerza de acero». En este punto, el cochero le habla: dice que recibido instrucciones del Conde para cuidar de Harker y llevarlo rápidamente al castillo.

La cultura occidental de Harker, para colmo victoriana y racionalista, le impiden tomar seriamente las advertencias de los campesinos. Las considera simples «supersticiones» de una época primitiva. Sin embargo, ahora se enfrenta a una situación que sacude los cimientos de sus creencias, como las luces azules. Su cableado mental le impide aceptar que todo eso sea real, por lo que llega a la conclusión de que debió ser producto de un sueño.

El «extraño cochero» de Bram Stoker también está inspirado en el conde Azzo von Klatka de El extraño misterioso (The Mysterious Stranger), de 1853. Allí podemos leer un pasaje casi idéntico al del conductor de la calesa ahuyentando a los lobos:


«En cuanto apareció el extraño, los lobos abandonaron su persecución, se abalanzaron unos sobre otros y lanzaron un aullido aterrador. El extraño levantó la mano, pareció agitarla, y los animales salvajes se refugiaron en la espesura.»


El extraño misterioso es un cuento que influyó poderosamente en Drácula; de hecho, allí encontramos a un vampiro aristocrático, mayor, con ojos rojos, que vive en un castillo de los Cárpatos infestado de lobos. Por lo que Bram Stoker sabía, El extraño misterioso era una historia anónima, por lo tanto tomó libremente muchos elementos. Sin embargo, hoy sabemos que se trata de una traducción pirata [es decir, no autorizada] de El extraño (Der Fremde), de Karl von Wachsmann, publicada en 1844 [medio siglo antes de Drácula]. En esta historia, el protagonista viaja hacia el castillo de un conde, de noche. Teme ser atacado por lobos, a quienes oye aullar a lo lejos, por lo que se refugia en unas ruinas que, se dice, están embrujadas. A medida que los lobos se acercan, aparece un «extraño» [análogo al «extraño cochero»] y, con un gesto, los ahuyenta. Más adelante nos enteramos [por los lugareños] que las ruinas son el antiguo castillo de Klatka, cuyo último señor fue Azzo von Klatka, un tirano que fue ahorcado por los campesinos después de décadas de opresión.

Drácula guarda muchas otras similitudes con El extraño: un vampiro que controla a los lobos, una historia ambientada en los Cárpatos, un conde, un castillo embrujado, etc. Sin embargo, hay un punto interesante que Bram Stoker descartó. En la historia de Karl von Wachsmann se insiste en que es la víctima quien debe matar al vampiro. Stoker quizás omitió este elemento ya que requeriría que fueran Mina Harker y Lucy Westenra quienes mataran a Drácula.

En las notas preliminares de Bram Stoker, el episodio de Harker y el cochero no se produce en el primer capítulo, sino en el tercero. Stoker fue muy meticuloso en su notas, y en ellas se encuentran casi todos los elementos que terminarían siendo incluidos en la novela. Uno de los pocos que no aparece es el «extraño cochero». De hecho, parece un cochero ordinario. Ahuyenta a los lobos pero arrojando un cuchillo. Repasemos la nota del capítulo tres:


«Paso de Borgo. llegada dejado por diligencia —solo — soledad — comodidad (?) del conductor — llegada del carruaje, conductor enfundado — el viaje — lobos aúllan y rodean — llamas azules — conductor se detiene — cuchillo arrojado — ruidos extraños — niebla — truenos — perros aúllan — medianoche, llegada al castillo — describir — dejado solo — entra el conde, cena — a la cama — describir la habitación.»


No hay mención a ninguna característica sobrenatural o vampírica en el conductor, pero quizás Bram Stoker estaba tan seguro de que era Drácula disfrazado que no necesitó tomar nota de ello.

El viaje en la calesa está marcado por una continua perturbación de los sentidos [hay muchos sonidos y pocas imágenes], que se acrecenta a medida que Harker se acerca al castillo: no ve prácticamente nada por la ventanilla ni sabe dónde está geográficamente, quizás debido a que no tiene ningún punto de referencia exterior que le permita calcular la distancia recorrida. Sin embargo, es probable que el tiempo fluya de diferente manera en la proximidad de Drácula. Es interesante notar que el cochero no se confunde. Su sentido del tiempo y la ubicación es preciso. De hecho, las primeras palabras de Drácula son: «Llega temprano esta noche, amigo mío». El Conde, que de algún modo ha desafiado el paso del tiempo, es muy consciente de su corriente, sobre todo dentro de sus dominios. Necesariamente lo es para calcular sus propios asuntos, de modo que no es sorprendente que conozca las rutas y los horarios de los carruajes en sus tierras. ¿De otro modo cómo podría saber que Harker llegó temprano?

Lo curioso es que Harker llega «temprano» al castillo por deseo de Drácula.

El hecho de que sea el Conde quien conduce la calesa le permite seguir alimentando las supersticiones de los lugareños. Podemos ver esto entre los pasajeros del primer carruaje. Su cochero cree haber eludido el horario programado para la llegada de la calesa:


«El cochero, mirando su reloj, les dijo a los demás algo que apenas pude oír: Una hora antes»


El plan del cochero del primer carruaje era llegar al Paso de Borgo una hora antes; de ese modo tendría una excusa para llevar a Harker de regreso al pueblo. Su plan fracasa: el Paso está dentro del ámbito de influencia del Conde, y este pronto llega, como si conociera de antemano las intenciones del cochero. ¿Cómo pudo saber esto? Bueno, no lo sabemos; y por eso es oportuno el comentario del pasajero: «los muertos viajan deprisa»

Cuando se dice que el Conde es un aristócrata decadente, tendemos a pensarlo desde la perspectiva de la aristocracia victoriana. En definitiva, Bram Stoker es un producto de su tiempo. Pero, si lo pensamos bien, Drácula no procede en absoluto como un noble: él mismo patrulla su territorio, no necesita sirvientes para atender a Harker, se ocupa personalmente de sus asuntos inmobiliarios, sale de cacería [al menos una vez así alimenta a sus Novias], y hasta conduce una calesa para llevar a su invitado al castillo. Drácula se involucra activamente, y así mantiene vivo el terror de los humanos que, de otro modo, seguramente se aventurarían a sus dominios.




Taller gótico. I Vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: El «extraño cochero»: ¿es Drácula el conductor de la calesa? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.


De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.




Dissertationem de hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren («Disertación sobre humanos que beben sangre después de la muerte, comúnmente llamados Vampiros») es un libro prohibido de los médicos alemanes Johann Christoph Pohl y Johann Gottlob Hertel, publicado en 1732.

El libro aborda el tema del vampirismo desde una perspectiva científica, crítica, pero admite su posible realidad a pesar de estar oculta bajo el «vicio de la superstición». En esencia, el libro propone que los vampiros, si es que realmente existen, son individuos que padecen morbi post mortem, «enfermedades posteriores a la muerte» [ver: Porque la sangre es la vida: análisis del «Caso Renfield»]

El primer caso que expone es el de Arnold Paul, un hombre en Serbia que untó su cuerpo con la sangre de un cadáver [de quien se sospechaba era un vampiro], y luego ingirió tierra de su tumba. Transcurridos unos días, varias personas de una aldea cercana «se quejaron de haber sido torturados por él», de hecho, se le atribuyó la muerte de cuatro personas. El cuerpo de Arnold Paul fue exhumado por orden judicial y se encontró sangre fresca saliendo de sus ojos, nariz, boca y oídos, «hasta tal punto que su ropa interior y las cubiertas del ataúd estaban manchadas». Las autoridades procedieron a clavarle una estaca en el pecho:


«No sin un suspiro murió apreciablemente, traspasado.»


De hominibus post mortem sanguisugis aclara que el cuerpo de los vampiros, al ser exhumado, se encuentra «libre de los estragos de la putrefacción». Las uñas de las manos y de los pies se caen, y en su lugar crecen otras, más duras y largas. Esto basta para concluir que la persona desenterrada es un vampiro, también sus víctimas, o lo serán en pocos días, de modo que los procedimientos de exhumación y perforación con estacas recién comienzan para las autoridades. Cuando se descubre a un vampiro, se debe proceder a desenterrar a todas sus presuntas víctimas.

Los métodos profilácticos, en el caso de los vampiros, requerían de la participación activa de toda la aldea. El libro vuelve a la historia de Arnold Paul, que no sólo atacaba a seres humanos, sino también a animales de granja, cuya carne luego era aprovechada por sus propietarios. Estas personas, se creía, podían convertirse en vampiros en el curso de algunos días.

Las personas atacadas por un vampiro mueren al segundo o tercer día, «sin enfermedades previas», pero habiendo tenido espantosas pesadillas, «gritando que los muertos los estaban estrangulando», y acusando un agudo dolor en el pecho. Después de la disección de algunos de estos cadáveres, se notó que «los estómagos y corazones se llenaron de sangre que escapaba de los vasos». En los casos más repugantes, los méditos observaron que «el cerebro se convertía en pus» [ver: «No-Muertos» en el folklore y la psicología]

De hominibus post mortem sanguisugis no vacila en brindar testimonios sobre vampiros que regresan a sus hogares para mantener relaciones con sus esposas [ver: Liber Incubis et Succubis]. Al parecer, estas actividades se efectuaban a la manera de los vivos, «con la única diferencia de que el semen emitido era frío». Después, «al expirar el período habitual de 40 semanas», nacía un niño con características físicas anormales, «sin miembros»; fundamentalmente «una masa de carne» indistinta que el autor, no sabemos si en un lapsus de macabro humor, define como «arrugado como una salchicha».

Esto último remite al Malleus Maleficarum, así como a varios tratados demonológicos medievales, donde se emite la opinión unánime de que el fluido seminal de los demonios era frío como el hielo [ver: Los Demonios, el amor, y el placer]. Sin embargo, los demonólogos sostenían que los demonios no podían engendrar vida, algo que aparentemente sí era posible entre los vampiros.

De hominibus post mortem sanguisugis presenta estos reportes asombrosos pero también es reacio a aceptarlos. La mayor sospecha recae sobre los testigos y personas involucradas en la investigación, y afirma que es necesaria la presencia de médicos bien formados para determinar «el estado natural o sobrenatural» de estos presuntos cadáveres ambulantes. Sin la opinión fundada de anatomistas, no se puede «investigar en profundidad cosas o incluso enfermedades posteriores a la muerte que, con ciertas cualidades únicas, parecen a primera vista trascender los límites de la naturaleza».


«En la práctica de la medicina a menudo nos encontramos con fenómenos sorprendentes de enfermedades que, en la antigüedad, se consideraban milagros y trucos del diablo, y que aún hoy los incautos y los menos experimentados se refieren a ellas como milagros.»


De hominibus post mortem sanguisugis plantea algunas «contradicciones y absurdos» en los reportes sobre actividad vampírica. Por ejemplo, muchos testimonios alegan que la ausencia de putrefacción es un signo evidente de que el cuerpo exhumado es un vampiro, cuando otras historias afirman la presencia de vampiros prácticamente consumidos por la putrefacción. Esto, afirma Johann Christoph Pohl, se debe a la impericia de los testigos, cuando no a la matriz de superstición cultural que los rodea:


«Cuando los cuerpos fueron encontrados inmunes a los estragos de la corrupción, guiados por alguna ley de superstición, les infligieron la pena capital, y también a los putrefactos, de manera tal que ningún cuerpo debía eximirse de la pena.»


Los «hechos» expuestos en los reportes de vampirismo, opina el De hominibus post mortem sanguisugis, son «dudosos, oscuros y llenos de superstición». El libro admite la posiblidad de las «enfermedades post-mortem» como fundamento detrás de las leyendas de vampiros, pero desconfía de aquellos que, «movidos por una convicción engañosa, parecen intentar perturbar a los mismos muertos prolongando los mandamientos de la tierra».

Antes de que la novela gótica instalara la idea del vampirismo como enfermedad infecciosa transmitida por una mordida, De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta si realmente son los dientes del vampiro los que «llevan la maldición a los vivos»; incluso se pregunta si lo que estas criaturas ansían es beber sangre. Para responder estas preguntas el libro resume los reportes judiciales sobre actividad vampírica de la siguiente manera:


«De lo dicho anteriormente queda bastante claro que un VAMPIRO es una persona fallecida que, después de la muerte, regresa de la tumba, drena la sangre de otras personas y animales que aún viven.»


Esto coincide en gran medida con las leyendas y tradiciones populares, y ese es el problema de credibilidad que encuentra el De hominibus post mortem sanguisugis. Toma como ejemplo las historias griegas sobre el Vrykolaka, que «acecha de manera similar» a los vivos que el vampiro alemán. Esto podría tomarse como otra mirada sobre el mismo fenómeno, sin embargo, Johann Christoph Pohl opina que no se puede elegir qué leyendas aceptar como potencialmente verídicas, y cuáles descartar como absurdas. «Si hemos de creer a Aristóteles, algunas aves extraen en secreto leche de las cabras y de las nodrizas».

Acto seguido reproduce un caso de vampirismo perfectamente contrario al comportamiento civilizado de los vampiros del romanticismo:


«Las tres hijas de un pastor, que dormían en la habitación habitual, se vieron perturbadas por un llanto inusual e inquietud durante algún tiempo, porque sentían que algo las estaba ordeñando. Las sospechas se vieron confirmadas por los pezones, que sobresalían como los de una mujer lactante. Para romper el hechizo, había que untar los pezones con ciertas hierbas. A partir de ahí, sus ombligos fueron aplastados por una succión tan fuerte que no sólo se destacó claramente, sino que también mostró el tamaño de la boca de la ventosa en forma de huella.»


Este caso, sostiene el De hominibus post mortem sanguisugis, seguramente tiene una explicación natural, aunque desconocida, que nada tiene que ver con los Ephialtes, «elementales» griegos que muestran un gran apetito por la leche y la sangre. Esta «ficción» demuestra «la convicción de algunas naciones sobre almas que se deleitan en la sangre». Esto podría estar relacionado con los mitos griegos, donde las almas que no eran admitidas en el Hades «vagaban por las costas del Leteo» alimentándose de vino y leche.

De hominibus post mortem sanguisugis afirma que todas estas historias se apoyan en la creencia antigua de que es la sangre la que le aporta vida al cuerpo. «No hay lugar para la reanudación de la vida» debido a la inexorable «decadencia de los órganos» en la tumba. Además, «si la muerte rompe el vínculo entre el alma y el cuerpo, el alma no continuará en el cadáver».


«¿Quién puede creer que la vida y la muerte puedan albergarse juntas en un mismo cadáver?»


El libro comenta astutamente que «los atributos de los Vampiros surgen del uso de funciones que les han sido negadas» por la muerte. «De hecho, la succión no se puede realizar sin la función de los pulmones y la respiración, ni la deglución sin el movimiento de los diversos músculos de la lengua y la mandíbula». En este contexto, el De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta cómo los vampiros consiguen digerir la sangre «sin la fuerza del estómago, de los intestinos y del calor procedente de la circulación». Y ni hablar «del deseo y apetito de comer y beber, que sólo absurdamente se atribuye a los muertos».

Son interrogantes interesantes, sin duda, sobre los que las leyendas populares no proporcionan respuestas. «¿Con qué fin tiene lugar esta succión de sangre?». ¿Por qué una criatura «privada de todo aire» en la tumba necesitaría la sangre de los vivos, si ni siquiera posee funciones biológcas que requieran algún tipo de alimento?


«¿Cómo estos muertos poseen el poder de salir de las tumbas, de caminar y de ejercitar el movimiento voluntario, de secretar el esperma de los testículos?»


Estas «funciones que se alegan aquí» sólo pueden existir en un cuerpo vivo; por lo tanto, o los llamados vampiros no existen, «y sus historias deben considerarse como relatos supersticiosos», o bien están vivos de alguna manera; por lo tanto, no serían criaturas sobrenaturales sino individuos que padecen algún tipo de enfermedad desconocida.

De hominibus post mortem sanguisugis apunta sobre todo a los testigos que afirman haber sido «atormentados por vampiros con diversas dolencias». Padecimientos reales y bien documentados, como la fiebre, pueden producir un «desbordamiento copioso y rápido» de la imaginación.

En cuanto a las exhumaciones, el libro sostiene que «la sangre puede fluir después de la muerte por causas naturales», particularmente «por los ojos, las fosas nasales, la boca y los oídos, en tal abundancia que la mortaja y el ataúd pueden estar manchados». Esto podría confundir a los profanadores, haciéndoles creer que el cuerpo es en realidad un vampiro, y que la sangre no es suya. Sobre la ausencia de signos de putrefacción, el libro presenta algunas ideas bastante originales:


«Los cadáveres de VAMPIROS no contaminados por la descomposición, podrían tal vez denotar la condición especial y milagrosa de estos muertos, si no fuera porque otras circunstancias, también naturales, causan el mismo efecto (...) En los hombres de hábito corporal más seco y tenso, o en las personas privadas de sangre por hemorragias anteriores, o por heridas más graves, se observa que sus cuerpos no contienen más que huesos, cartílagos, ligamentos, piel, y nada más.»


De hominibus post mortem sanguisugis también propone una explicación natural para los movimientos observados en el cuerpo de los supuestos vampiros cuando se les perfora el tórax con una estaca:


«Sobre el sonido y el suspiro que los presentes percibieron de ARNOLD PAOLE, cuando la estaca le atravesó el pecho y el corazón de la manera habitual, espero encontrar menos dificultades en la explicación de este fenómeno. Por supuesto, la constitución de los pulmones después de la exhalación es tal que, aunque se colapsaban notablemente, retenían sin embargo una gran cantidad de aire en sus células y vesículas que, al ser comprimidas violentamente contra el pecho, no podían dejar de estallar con fuerza.»


El libro concluye concluye que la verdadera causa del vampirismo podría ser algún tipo de enfermedad epidémica., y recomienda a los jueces no aprobar «la ejecución supersticiosa de los muertos», es decir, la exhumación y profanación, bajo pretextos irracionales.

El texto original puede encontrarse aquí.




Libros prohibidos. I Libros de vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo».


«Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo».




Hoy en El Espejo Gótico analizaremos uno de los párrafos más brillantes de toda la literatura de terror. Me refiero al párrafo de apertura [y cierre] de la novela de Shirley Jackson: La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House).


«Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo bajo condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta más. En su interior, las paredes se mantenían erguidas, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio presionaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo


Toda la novela de Shirley Jackson está contenida en este párrafo. La Casa, en términos de «organismo vivo», tiene antecedentes en la ficción gótica, pero, ¿cuáles son las «condiciones de realidad absoluta» que promueven la locura? ¿Por qué Hill House está loca? ¿Por qué acumula oscuridad? ¿Y por qué «lo que fuera que caminase allí, caminaba solo»?

En una primera lectura, Shirley Jackson sugiere que el estado más alejado de la «realidad absoluta» es soñar; y da a entender que cualquier «organismo vivo» que no sueñe perderá la cordura. Aquí se nos informa que Hill House no está cuerda; la implicación, por supuesto, es que la Casa es un «organismo vivo» y que existe en la «realidad absoluta». Más aún, se nos dice cuánto tiempo ha existido en esta «realidad absoluta» [ochenta años] y que podemos esperar que continúe así durante el mismo lapso. En cuanto a «lo que fuera que caminase allí», bueno... no sólo estamos leyendo la historia de un casa que está viva, sino que está loca [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

Esta relación entre la percepción de la «realidad absoluta» como condición de la locura me recuerda la frase de H. P. Lovecraft que abre La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu): «Lo más misericordioso del mundo es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos». Ambos autores dicen que no podemos ver el mundo tal como es. Si lo hiciéramos, si accediéramos a la «realidad absoluta», si pudiéramos «correlacionar» todos los «contenidos», nos volveríamos locos. En cierto modo, caminaríamos solos.

Todo esto plantea preguntas adicionales: Hill House no está «cuerda», lo cual le proporciona a las personas que entran en la casa este estado de «realidad absoluta» que induce a la locura. ¿Se supone que Hill House está loca porque no sueña? ¿Acaso las casas normales, «cuerdas», sueñan? [ver: Psicología de las Casas Embrujadas]

Stephen King acuñó el concepto de Bad Place para referirse a lugares como Hill House o la Casa Marsten de Salem's Lot; y propone que la fórmula convencional de este arquetipo puede resumirse en «una casa con una historia desagradable» [ver: «The Bad Place»: análisis de la Casa Marsten]. Es decir que un buen relato de casas embrujadas no puede ser simplemente un repertorio de apariciones y sucesos paranormales. Si Sigmund Freud se hubiese interesado en las casas embrujadas seguramente hablaría del retorno de algún hecho traumático del pasado que logra abrirse paso hacia la conciencia [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

El párrafo de apertura [y cierre] de La maldición de Hill House trasciende las palabras que lo componen, pero también proporciona una gran cantidad de información: Hill House es un «organismo vivo» que existe en condiciones de «realidad absoluta», no sueña, no está cuerda, existe desde hace ochenta años [y podemos esperar que continúe durante ochenta más]; y concluye diciéndonos que «algo» camina por sus pasillos y habitaciones. Uno esperaría que este fuera inicio de la historia de una típica Casa Gótica: un lugar en ruinas, antiguo y melancólico, con catacumbas y habitaciones donde uno no debería merodear de noche, pero Hill House está en buenas condiciones edilicias; excepto por su inusual arquitectura [ver: Borges, Lovecraft y el Feng Shui de la cuarta dimensión]

Ese primer párrafo también sugiere la presencia de una fuerza primordial, ajena e indiferente a la humanidad. Al final de la novela, Eleanor Vance debe descartar la creencia de que la casa ha estado esperando a alguien como ella, y entiende que Hill House la ha estado manipulando desde el principio. Esta revelación le llega en el último instante de su vida, que ella misma está a punto de quitarse:


«Realmente lo estoy haciendo —pensó, girando el volante para dirigir el coche hacia el gran árbol en la curva del camino de entrada—. Realmente lo estoy haciendo, lo estoy haciendo yo sola, ahora, por fin; ésta soy yo. Realmente lo estoy haciendo yo... yo... yo.»

En el interminable segundo del impacto antes de que el coche se empotrara en el árbol, Eleanor pensó con toda claridad:

«¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué no me detienen?»


«Ésta soy yo», piensa Eleanor mientras conduce a toda velocidad hacia el árbol, y es ella, no una fuerza sobrenatural, la que termina con su vida. Su último pensamiento no es Hill House. La novela termina con una repetición del primer párrafo, cerrando el circuito, o abriendo una especie de bucle.

La crítica feminista sugiere que Hill House representa el tipo de opresión familiar que conduce [a mujeres como Eleanor] hacia la autodestrucción, e incluso que la novela explora la relación preedípica entre madres e hijas [ver: La Casa Embrujada como representación del cuerpo de la mujer]. Estos enfoques son interesantes, sobre todo porque Shirley Jackson trata a Hill House como un personaje que se mantiene firme y erguido a pesar de estar completamente loco. Por supuesto, esto podría representar a las viejas estructuras sociales y familiares que, originalmente, tenían la función de contener y proteger al individuo, como una casa protege de las amenazas del exterior, pero que al final terminan destruyéndote. Creo que la novela es más que eso. Hill House pone a prueba los límites de la realidad. En cierto modo, está relacionada con la Casa Usher de Edgar Allan Poe, la cual parece resistir cualquier intento de comprenderla por estar más allá «de la espantosa caída del velo» [ver: El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher»]

Este motivo [común en la ficción de terror] donde el protagonista debe enfrentarse a fuerzas que están más allá de su capacidad de comprensión, esta directamente relacionado con el concepto de Unheimliche [«lo Siniestro»]. Freud lo explica en estos términos:


«Ocurre una experiencia extraña cuando los complejos infantiles que han sido reprimidos son revividos una vez más por alguna impresión, o cuando las creencias primitivas que han sido superadas parecen ser confirmadas.»


«¡Los fantasmas no existen!», aseguran los padres, y la mayoría de los niños eventualmente terminan reprimiendo esa «creencia primitiva», pero entonces, algún día, ocurre algo «extraño», algo que parece confirmar nuestros miedos primordiales. Esa mezcla de extrañeza y familiaridad es lo Unheimliche. Hill House lleva a la superficie todos estos recuerdos dolorosos de Eleanor durante el tiempo que cuidó a su madre enferma y se descuidó a sí misma. El cierto modo, Hill House se convierte en la madre simbólica de Eleanor. Constantemente la llama a «regresar a casa», la infantiliza.

Shirley Jackson elude un tropo común en las historias de casas embrujadas: la idea de que estos lugares fueron contaminados en el pasado, a veces por algún asesinato, otras por la presencia de personas malignas o por la comisión de actos ligados al ocultismo. En este sentido, Shirley Jackson toma un camino similar al de H. P. Lovecraft: Hill House es una fuerza preexistente, algo no-humano y que no depende de los actos humanos; simplemente es [ver: ¿Hill House pertenece a los Mitos?]. Por esta razón existe en la «realidad absoluta», porque está desprovista de humanidad:


«Ningún ojo humano puede aislar la desafortunada coincidencia de línea y lugar que sugiere el mal en el aspecto de una casa y, sin embargo, de alguna manera una yuxtaposición maníaca, un ángulo errado, un encuentro casual entre el techo y el cielo, convirtió a Hill House en un lugar de desesperación, más aterrador porque el rostro de Hill House parecía despierto, con una vigilancia desde las ventanas vacías y un toque de alegría en la ceja de una cornisa.»


Toda casa está cargada con los recuerdos de las personas que vivieron en ella. Nuestras pertenencias, y las de nuestros seres queridos, nos vinculan con nuestro pasado, incluso con nuestros ancestros. Hill House existe en una instancia diferente. Eleanor comenta:


«Era una casa sin bondad, nunca destinada a ser habitada, nunca un lugar apropiado para la gente o para el amor o la esperanza.»


Gradualmente, los sentimientos de Eleanor cambian, hasta que corre por los pasillos, de noche, llamando a su madre muerta:


«—Estás aquí en alguna parte —dijo, y el pequeño eco se fue por el pasillo, deslizándose en un susurro por las corrientes de aire—. En algún lugar —dijo—. En algún lugar.»


Uno de los subtextos de La Maldición de Hill House resuena en relatos como El empapelado amarillo (The Yellow Wallpaper) de Charlotte Perkins Gilman, donde una mujer se encuentra confinada en una casa y luego empieza a aceptar ese mundo hasta que se vuelve reconfortante [ver: Puérpera, loca y poseída]. En su viaje a Hill House, huyendo de una vida dependiente con la desagradable familia de su hermana, Eleanor observa a una niña que se niega a beber su leche del vaso del restaurante; quiere su taza favorita [con estrellas estampadas], que se ha dejado en casa:


«—No lo hagas —le dijo Eleanor [en silencio] a la niña—: insiste; una vez que te hayan atrapado para que seas como las demás, nunca volverás a ver tu taza de estrellas; no lo hagas.»


El mensaje de Eleanor es claro: «no dejes que te quiten tu magia, pequeña. La necesitarás». Por ejemplo, cuando una casa haga todo lo posible para que te quedes eternamente allí, para que no puedas soñar con otra vida, para que existas en su «realidad absoluta».

Eleanor puede intuir esto pero. al mismo tiempo, se engaña a sí misma y es poseída por fuerzas que su propia creencia en ellas hace reales. Al llegar a Hill House se permite sentirse atraída por Luke, lo cual podría darle una vía de escape al curso de su vida, pero este interés se disuelve bajo el peso de sus propias proyecciones obsesivas. Al final, la única fantasía que le queda es pertenecer a un hogar, y el único hogar que alguna vez la deseó es Hill House:


«La casa me estaba esperando—pensó—, nadie más que yo podría satisfacerla.»


El párrafo de apertura [y cierre] de la novela enfatiza el rol de la percepción y la fantasía en la configuración de la realidad: «Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo bajo condiciones de realidad absoluta». Esta formulación hace de la percepción una condición de la vida; ya que [dentro de la lógica de la afirmación], sólo los muertos están libres de soñar. En este contexto, hacer de los sueños una condición de la cordura [y la «realidad absoluta» una condición de la locura] prefigura la forma en la que Eleanor maneja su destrozada vida familiar y su consiguiente soledad. Ser incapaces de filtrar la realidad a través de nuestros sueños e ilusiones, según Shirley Jackson, es un pasaje a la locura.

Terminamos la novela como la empezamos, con el mismo párrafo. Con esta simetría, Shirley Jackson envuelve la historia dentro de sí misma, dejando implícito que nada ha cambiado. Al final, la muerte de Eleanor no resuelve nada. Ella es absorbida por la fuerza que la ha estado siguiendo. Podría haber vivido en un mundo de sueños, fantasía e ilusiones, incluso vanas: podría haber detenido el coche camino a Hill House y empezar una nueva vida en otro lugar, con o sin una familia sustituta. En cambio, sucumbe a la seducción de la nada, que siempre la ha estado esperando [ver: La verdadera Entidad que se esconde Hill House]

Es un lugar común aconsejarle a los demás que afronten la realidad. Parece un buen consejo, suena razonable, pero también algo que podrías encontrar escrito en las paredes de Hill House. Shirley Jackson forja una oposición entre soñar y afrontar la realidad [absoluta] como conflicto central de su novela. La norma, aparentemente, es soñar, pero esto no significa vivir en una versión idealizada pero falsa de la realidad. Soñar significa alimentar las ilusiones incluso en situaciones a las que no se les puede encontrar sentido. Por otro lado, la realidad [absoluta] carece de significado, es absurda y sin sentido, y nadie puede afrontar esta verdad sin perder la cordura.

Permanecer en la órbita de los sueños se vuelve mucho más difícil para las personas que han sufrido algún tipo de trauma. La palabra trauma proviene del griego, y significa «herida», pero también «ruptura». Para Sigmund Freud, el trauma es el dolor que una persona debe soportar después de una experiencia traumática, y la única forma de sanarlo es narrativizarlo, hablarlo; en otras palabras, darle sentido a través de la palabra. Este dolor a menudo se reprime y retorna asumiendo formas que la mente consciente no puede controlar. En este sentido, la Casa Embrujada es un arquetipo apropiado de la mente traumatizada, un espacio [psicológico] donde el trauma merodea como una entidad no deseada. De hecho, los traumas se manifiestan de manera similar a los fantasmas: dando portazos y derribando cosas; es decir, a través de pequeños estallidos violentos que no parecen tener una causa lógica [ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror]

El Trauma, como el Fantasma, es un remanente del pasado, un asunto pendiente, algo que no encaja dentro de los marcos lógicos. En la literatura gótica, el Trauma es la base de los horrores edilicios que presenta, es por esa razón que el arquetipo de la casa embrujada brinda a sus habitantes una incómoda mirada hacia adentro, los obliga a contemplar sus propias cicatrices. El concepto de «realidad absoluta» encaja en esta narrativa y muestra que la mente puede ser nuestro mayor enemigo. Las habitaciones de la Casa Embrujada [dependencias simbólicas de nuestra Psique] son los espacios donde el Trauma permanece activo, causando disturbios, debilitando la capacidad de soñar, abriendo grietas y hendiduras.

Eso es Hill House: una fuerza alimentada por el Trauma que trata de llevarnos a la «realidad absoluta». Para conseguir a Eleanor, Hill House no le insinúa una realidad idílica, libre de desdichas y dolores pasados, sino que actúa como un espejo que refleja sus traumas. Pero Hill House manipula no solo los traumas de Eleanor, sino que los transforma en el objetivo final de sus deseos; en este caso, tener un hogar propio.

Shirley Jackson presenta a Eleanor Vance como una mujer traumatizada. No sólo ha sufrido la muerte prematura de su padre, sino que ha sido objeto del abuso verbal y físico de su madre, y más tarde de su hermana y su cuñado. El resultado de estos años de sufrimiento es una mujer de treinta y dos años que afirma que «nunca ha sido querida en ningún lado». Además, Eleanor siente que siempre ha sido una intrusa en hogares ajenos. Sin embargo, este trasfondo no la ha vuelto una persona incapaz de soñar. Camino a Hill House se pierde en ensoñaciones; anhela encontrar un sitio donde su presencia sea deseada. Hill House es el único lugar que le abre las puertas, aunque sea para realizar un experimento paranormal. Recordemos que fue «elegida» por el doctor Montague debido a sus antecedentes. Al parecer, la pequeña Eleanor ha sido el foco de actividad poltergeist en su infancia.

Mientras el resto de los residentes [sobre todo Theodora y Luke] desconfían de Hill House, Eleanor descubre que su deseo de pertenecer es más fuerte que su sensatez. Su capacidad resistir a la «realidad absoluta» [en términos de ceder ante el Trauma] apenas existe, porque nunca en su vida ha tenido la oportunidad de desarrollarla. El doctor Montague explica:


«La amenaza de lo sobrenatural es que ataca donde las mentes modernas son más débiles, donde hemos abandonado nuestra armadura protectora de la superstición y no tenemos defensa sustituta. Ninguno de nosotros piensa racionalmente que lo que anoche corrió por el jardín fuera un fantasma.»


Esta «armadura protectora de la superstición» es representativa del soñar, de la posibilidad de encontrar alternativas a la realidad [absoluta], aunque de hecho estén alejadas de la verdad. Eleanor está indefensa, carece de los recursos para esconderse detrás de sus sueños. El doctor Montague también explica:


«El miedo es el abandono de la lógica, el abandono voluntario de patrones razonables. Nos rendimos ante él o lo combatimos, pero no podemos afrontarlo a mitad de camino (…) Creo que sólo tenemos miedo de nosotros mismos.»


Sus traumas han hecho de Eleanor una mujer que esencialmente siente miedo de sí misma: teme no ser lo suficientemente agradable, ser incapaz de tener un comportamiento apropiado y, como consecuencia, ser rechazada. Por supuesto, estos miedos hunden sus raíces en el hecho de que su familia siempre la ha hecho sentir excluida. Hill House se apoya en todo esto, toma esos miedos y los proyecta de vuelta. Poco a poco, Eleanor se va despojando de sus ensoñaciones, estas se vuelven insuficientes para que ella se aferre a la ilusión de una vida mejor, y a medida que avanza la historia la vemos descender gradualmente hacia las fauces de Hill House. Así como los traumas de Eleanor, profundamente arraigados en ella, parecen surgir de su infancia; es interesante notar que en el corazón de Hill House se encuentra la Guardería, que apesta a abandono.

La Casa ya ha «devorado» a otras personas antes de capturar a Eleanor, pero nunca se las ve deambulando como fantasmas, ni se las oye comunicándose con los vivos [una diferencia sustancial con la serie de Netflix]. De hecho, no hay ninguna sugerencia de espíritus en la novela. Los muertos simplemente pasan, no se vislumbra ninguna puerta a una existencia futura; sólo queda Hill House. Ese, quizás, es uno de los rostros de la «realidad absoluta»: la impermanencia, este estado inimaginable de no-existencia. En este sentido, no hay nada sobrenatural en Hill House; más bien lo contrario: la realidad dolorosamente natural de la muerte absoluta.

Algunos críticos han notado que los fundamentos de la relación de Eleanor con la Casa es análoga a la de una mujer con su abusador. Este último proporciona la sensación de que la mujer abusada es realmente deseada, y que los actos atroces que se cometen contra ella en realidad nacen de ese deseo. Hill House continúa esta probable analogía siguiendo el mecanismo estandar del abusador: aislar a su víctima, manipularla, controlarla, y finalmente poseerla, disponer de ella a su antojo.

El proceder de Hill House, su estrategia para capturar a Eleanor, es tan astuto que sólo puede calificarse de maquiavélico. El mayor miedo de Eleanor es la exclusión, el aislamiento, y la Casa convierte este miedo en su destino. Le proporciona un lugar, la «desea», pero, al final, Eleanor termina como siempre estuvo, caminando sola.




Taller gótico. I Shirley Jackson.


Más literatura gótica:
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«Mörkrets Makter»: la versión preliminar de «Drácula».


«Mörkrets Makter»: la versión preliminar de «Drácula».




En 1899, dos años después de la aparición de Drácula (Drácula), el periódico sueco Dagen publicó por entregas una «adaptación» de la novela de vampiros de Bram Stoker, titulada Mörkrets Makter, que significa «Poderes de la Oscuridad». Esta «adaptación» fue firmada por «A–e», y apareció entre el 10 de junio de 1899 hasta el 7 de febrero de 1900. Dacre Stoker, sobrino-bisnieto de Bram y responsable de desempolvar los secretos literarios familiares, sospecha que Mörkrets Makter no está basada en el Drácula publicado, sino en los primeros borradores de la novela.

Teniendo en cuenta que Bram Stoker fue un verdadero perro de presa en su lucha por la legislación sobre los derechos de autor, combatiendo ferozmente cada versión pirata, ¿por qué nunca movió un dedo para impedir la publicación de la versión sueca?

Mörkrets Makter es el doble de extenso que Drácula, e incorpora una gran variedad de escenas, personajes y subtramas de los cuales no hay rastros en la novela publicada de Bram Stoker; y hasta incluye un final nuevo. Varios personajes cambian de nombre: Mina es Wilma, Jonathan es Thomas y Drácula pasó a llamarse Mavros Draculitz. No es un pastiche, tampoco un penny dreadful, sino una historia consistente, bien escrita, que preserva el estilo y la atmósfera del original. Aquí, el Conde no solo se limita a desembarcar en Inglaterra. Su plan es esparcir la raza vampírica por todo el planeta, conspirando con políticos de todo el mundo para introducir un nuevo orden mundial basado en la [supuesta] superioridad racial de los Vampiros.

En efecto, el Conde Draculitz concibe a los Vampiros como el siguiente escalón evolutivo de la humanidad.

El Ocultismo chorrea de la versión sueca. Tal es así que, en las catacumbas debajo del Castillo, Draculitz asume el rol de sumo sacerdote de una obscena religión pagana que incluye, por supuesto, sacrificios humanos practicados por seres que no son exactamente Vampiros, pero tampoco humanos, sino más bien necrófagos, Ghouls de aspecto simiesco [ver: Ghouls: historia de los Necrófagos]. Este es el credo que el Conde Draculitz planea difundir por todo el mundo.

Una de las diferencias entre Drácula y Mörkrets makter es la presencia de una extraña mujer en el Castillo, una vampiresa rubia y de ojos azules que trata de seducir a Jonathan Harker. En la novela de Bram Stoker hay tres vampiresas, dos de cabello oscuro y una rubia, que de hecho seducen a Harker y lo mantienen prisionero [ver: La verdad sobre las tres Vampiresas de «Drácula»]. Si bien desempeñan un papel importante en los planes del Conde, ocupan un espacio insignificante en la novela. La Vampiresa de Mörkrets makter, en cambio, posee mayor agencia, y de hecho consigue doblegar la voluntad de Jonathan:


«Todo fue iluminado por la luz de dos grandes relámpagos, uno tras otro. Ella apareció ante mí en ese resplandor, cerca, deslumbrante, como una llama blanca, con la misma sonrisa enigmática y tentadora que cuando vi por primera vez sus ojos de fuego azul quemando mi cerebro y haciendo que mi fuerza y mi voluntad se derritieran como cera (...) Su rostro se inclinaba sobre el mío, anhelante, sus labios voluptuosos estaban entreabiertos y una joya resplandeciente colgaba sobre su pecho desnudo. Sentí como si me hundiera en un abismo, sentí su aliento sobre mi rostro, cálido y embriagador; sentí un par de labios hinchados presionando contra mi cuello en un beso largo y ardiente que hizo temblar cada fibra de mi ser con estremecedora lujuria y angustia; y en un delirio imprudente cerré mis brazos alrededor de la hermosa aparición.»


La escena de Drácula donde la mujer rubia se acerca a Harker para darle el «beso de vampiro» es, quizás, más sensual y cargada de insinuaciones, pero parece mansa al lado de la de Mörkrets makter, donde el propio Harker deja de ser un sujeto pasivo que recibe las caricias para cerrar sus «brazos alrededor de la hermosa aparición», participando activamente en el encuentro de los cuerpos [ver: Las fantasías privadas de Bram Stoker]

Otro punto interesante sobre la «conexión sueca» es la elección del nombre «Helsing». El Van, «hijo de», ciertamente es holandés, pero «Helsing» no lo es. No hay ninguna pista en las notas de Bram Stoker sobre dónde obtuvo el nombre; lo que sí sabemos es que Helsing [y Hellsing] es común en Suecia, y casi inexistente en Inglaterra y el continente europeo, donde solo lo utilizaban los descendientes de suecos. Originalmente, las personas nacidas en la provincia sueca de Helsingland eran llamadas «Helsing» en otras regiones, y así comenzó a ser utilizado como apellido. Helsinki, la capital de Finlandia, recibió su nombre de una colonia de Helsings que se asentó allí en el siglo XIII.

Tradicionalmente se cree que Abraham Van Helsing, el metafísico holandés de la novela, médico experto en enfermedades neurológicas, sigue el modelo del personaje de Sheridan Le Fanu: Martin Hesselius, quien desbarató los planes de Carmilla. Al igual que Van Helsing, Hesselius es un médico interesado en las enfermedades mentales y el ocultismo. Además, comparte la costumbre de citar con frecuencia al místico sueco Emanuel Swedenborg, cuya doctrina es el argumento de Té verde (Green Tea). Hesselius también es un apellido sueco, aunque el personaje originalmente estaba destinado a ser alemán, como Van Helsing en las notas preliminares de Drácula, pero Bram Stoker finalmente se decidió por hacerlo holandés, quizás para licuar las similitudes con el personaje de Sheridan Le Fanu. Este cambio de nacionalidad, aparentemente a último momento, queda demostrado en el hecho de que, en la novela publicada, Van Helsing cita constantemente frases en alemán.

Hay algunos indicios [ninguna prueba concluyente] de que Mörkrets makter fue escrito sobre la base de los primeros borradores de Drácula. En 2008 se publicaron estas notas preliminares [Bram Stoker's Notes for Dracula], pero no hay ninguna razón para pensar que fueron las únicas. Sencillamente no podemos dar por sentado que estas Notas brinden un panorama completo de las distintas etapas de desarrollo de la novela. Al parecer, Bram Stoker tenía una increíble capacidad para acumular material, escribir subtramas, y luego descartarlas en el proceso de revisión. Tal es así que la mitad de los acontecimientos de la novela no se mencionan en las Notas. Además, es improbable que Bram Stoker pasara directamente de las Notas al texto mecanografiado. En el camino seguramente quedaron varios eslabones perdidos, y son estos, según la teoría, los que podrían haber servido de base para Mörkrets makter.

Algunos de estos «eslabones» en el proceso de desarrollo de Drácula son bien conocidos. Que en la novela de Bram Stoker haya tres vampiresas, y en Mörkrets makter solo una, puede ser visto como una pequeña discrepancia en la versión sueca [que no era una traducción, sino una adaptación], sin embargo, la viuda de Stoker, Florence, publicó en 1914 el [según ella] capítulo preliminar de Drácula, que no aparece en la versión publicada, titulado: El Huésped de Drácula (Dracula's Guest). En esta historia, Harker se encuentra con una Vampiresa con las mismas características que la hematófaga de Mörkrets makter, incluso se nos da su nombre, Condesa Dolingen de Gratz, y una breve historia de fondo. Hablaremos sobre ella más adelante.

En las notas preliminares de Bram Stoker, Lucy Westenra encuentra un «broche misterioso» en la playa de Whitby, probablemente un resto del Deméter, el barco naufragado que trajo a Drácula a Inglaterra [ver: El misterio del «Deméter»]. Esta joya desempeña un papel importante y, a la vez, sin historia de fondo, cuando Lucy deambula, sonámbula, por el cementerio de Whitby y es atacada por el Conde. ¿Se trata de la misma «joya resplandeciente» que colgaba del «pecho desnudo» de la vampiresa que atacó a Thomas Harker en el Castillo? ¿Bram Stoker consideró la posibilidad de que Drácula viajara a Inglaterra acompañado de su consorte? No lo sabemos, pero en Mörkrets makter Lucy también cae bajo la influencia de una joya cuando encuentra a un grupo de gitanos que han acampado en las afueras de Whitby esperando órdenes de Draculitz [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]

En las notas preliminares encontramos a un personaje que lamentablemente fue abandonado en la versión final, pero que sí aparece en Mörkrets makter. El Conde tiene una sirvienta sordomuda en el Castillo, cuyo nombre no se especifica. Mientras que en la novela publicada es el propio Drácula quien se ocupa de las tareas del hogar, en las notas la mujer sordomuda se encarga de la limpieza y de preparar la comida de Jonathan Harker, e incluso es llevada a Inglaterra por el Conde. En Mörkrets makter la mujer sordomuda sólo está presente en el Castillo de Draculitz.

La versión sueca no pudo extraer a la sirvienta sordomuda de la novela publicada porque allí no aparece. O bien «A–e» tuvo acceso a las notas preliminares, o bien obtuvo el dato de una conversación con Bram Stoker, o estamos ante una coincidencia extraordinaria. ¿«A–e» y Stoker pudieron crear el mismo personaje de manera independiente? ¿Acaso el hecho de que la sirvienta sea sordomuda era un elemento común de la aristocracia transilvana? Parece improbable.

En las Notas aparece otro sirviente de Drácula. Se refieren a él como «el hombre silencioso», probablemente el cochero que recoge a Jonathan Harker en el Paso de Borgo [ver: Porque los muertos viajan deprisa]. Tanto en Drácula como en Mörkrets makter es el propio Conde quien desempeña el papel de cochero. Bram Stoker también consideró la posibilidad de incluir a un detective de Scotland Yard en la historia, que luego fue eliminado. Este detective, llamado Edward Tellet, tiene un papel importante en Mörkrets makter.

Bram Stoker menciona una habitación roja en varias notas: «habitación secreta, coloreada como sangre» [secret room—coloured like blood], «registran la casa del Conde, habitación rojo sangre» [Count’s house searched, blood red room]; «la sala de sangre» [the blood room]; «búsqueda secreta en la casa del Conde: habitación roja como la sangre» [Secret search Count’s house—blood red room]. En la versión publicada de Drácula esta habitación roja no aparece, pero en Mörkrets makter sí, y resulta ser la cámara privada de Condesa Ida de Gonobitz-Vàrkony [también una vampiresa], cerca de Carfax. El doctor Seward la describe así en Mörkrets makter:


«Me encontré en un dormitorio amueblado con gran lujo e iluminado por una lámpara en el techo con una pantalla de color rojo sangre. Todo en la habitación era del mismo color: un intenso rojo llameante que impregnaba toda la atmósfera (...) El techo y las paredes estaban cubiertos de seda rojo rubí; dos de los grandes espacios de las paredes estaban cubiertos casi por completo con inmensos espejos, enmarcados con felpa roja; la alfombra tenía el mismo color rojo, y tanto las ventanas como las puertas estaban completamente cubiertas con cortinas rojas, mientras que la cama misma estaba tan forrada y acolchada con seda y terciopelo de este color intenso y brillante que parecía un estuche destinado a alguna joya costosa y no a un lugar ordinario de reposo.»


En las notas preliminares, esta habitación roja estaba destinada a ser la cámara orgiástica de Drácula, pero Bram Stoker entendió que no podría incluirla y descartó la idea, sin embargo, en Mörkrets makter sí se utiliza, aunque como los aposentos de la Condesa Ida de Gonobitz-Vàrkony. En la versión sueca, Seward asocia la habitación con «un estuche destinado a alguna joya costosa», lo cual es pertinente teniendo en cuenta la joya de la vampiresa que fue encontrada por Lucy. Además de esta habitación roja, en Mörkrets makter Draculitz tiene una habitación similar en otro edificio, donde seduce a sus víctimas, aunque con una decoración menos llamativa.

El doctor Seward también podría usarse como argumento en favor de que el autor de Mörkrets makter tuvo acceso a las notas de Drácula. En estas anotaciones, Bram Stoker escribe que el doctor Seward, administrador del manicomio de Carfax, es «un médico loco». En la versión publicada de la novela, Seward no tiene problemas con su salud mental [aunque es sádico con sus pacientes], pero en Mörkrets makter se retoma la idea primaria de Bram Stoker: Seward es un «médico loco», más aún, el hecho de estar loco es un punto importante en la trama. Sufre una crisis después de la muerte de Lucy, y ya no vuelve a ser el mismo. Robert Eighteen-Bisang y Elizabeth Miller, dos autoridades en el estudio de Stoker, señalan que la nota: a mad doctor no significa necesariamente que Seward esté loco, sino que podría referirse un médico especializado en la locura.

Otra coincidencia interesante son las golondrinas, que se mencionan un par de veces en las notas preliminares de Bram Stoker como símbolos del bien. Las dos notas son iguales: «la golondrina —galinelle lui dieu [«ave del Señor»] —trae buena fortuna. Ahora bien, en el Drácula publicado no aparece ninguna golondrina, pero sí se mencionan en una escena importante de Mörkrets makter en el contexto simbólico que tienen en las Notas. Al poco tiempo de llegar al Castillo, Jonathan Harker ve una bandada de golondrinas a través de una ventana, reflexiona que estas representan al día, en contraste con los murciélagos, que representan a la noche. A la luz de esto, las golondrinas y los murciélagos son símbolos del bien y del mal respectivamente.


«Las golondrinas, todavía zumbando de un lado a otro sobre las profundidades del abismo, finalmente se calmaron y fueron reemplazadas por los murciélagos, girando silenciosamente en círculos. En innumerables bandadas parecen habitar todas las grietas de este antiguo castillo.»


Harker no logra cerrar la ventana a tiempo antes de que uno de los murciélagos entre en la habitación y se pierda por un pasillo. Instantes después la Vampiresa rubia irrumpe en la habitación y se presenta a sí misma ante Harker. La sugerencia es que ella era el murciélago, pero Harker, todavía racional, no hace la asociación.

En Borradores de Drácula (Drafts of Dracula), Robert Eighteen-Bisang desestima la idea de que Mörkrets makter esté basado directamente en un borrador de Drácula, pero considera probable que el autor de la versión sueca haya leído las notas preliminares, o discutido con Bram Stoker algunas de las ideas que luego descartó. Esta parece ser la opción más razonable: explica las similitudes entre Mörkrets makter y las notas de Bram Stoker, pero también las diferencias. Por ejemplo, la sirvienta sordomuda se aloja en el Castillo de Draculitz, mientras que en las Notas asiste al Conde en Londres; la habitación roja pertenece al Conde en las Notas, pero en Mörkrets makter es el aposento de la Vampiresa; hay dos detectives en la versión sueca, mientras que las Notas solo hay uno. Si el autor de Mörkrets makter hubiese tenido a mano las Notas, estas discrepancias no tendrían sentido, pero si conversó personalmente con Bram Stoker pudo haber retenido algunos elementos particulares [sirvienta sordomuda, habitación roja, detective] pero confundido su uso [ver: El código secreto en el «Drácula» de Bram Stoker]

Podemos imaginar a Bram Stoker comentando al autor de Mörkrets makter que originalmente pensaba incluir una sirvienta sordomuda del Conde, pero no dónde [Transilvania o Inglaterra], o una habitación rojo sangre, pero no de quién era.

Esto también explicaría porqué otros elementos de las notas preliminares no aparecen en Mörkrets makter. Por ejemplo, en las Notas podemos leer:


«Jonathan y Mina se casan. Lucy empeora en la boda, vuelve a soñar. ¿Dónde está el mal? ¿Dónde está la cura? Dos visitantes, el Conde Drácula y el Tejano.»


En la novela publicada, Drácula entra en la casa de Lucy de forma sigilosa o por la fuerza, pero en las notas preliminares Bram Stoker consideró la posibilidad de una visita regular; de hecho, en la nota anterior, Drácula y el Tejano [Quincey Morris] visitan a Lucy después de que su estado de salud empeora. Bram Stoker también evaluó la posibilidad de escribir una escena donde se reúnen trece personas a cenar en la casa del doctor Seward, siendo el propio Conde el último invitado en llegar:


«Cena en casa del doctor loco: cada uno tiene un número. A todos se les pide que cuenten algo extraño según el orden de los números; al final llega el Conde.»


En otro borrador el anfitrión es Drácula, aunque sigue siendo el último en llegar a la cena, probablemente porque no puede ingerir alimentos convencionales.


Mörkrets makter no solo incluye elementos preliminares de Drácula, sino también material de historias anteriores de Bram Stoker, particularmente de Una profecía gitana (A Gipsy Prophecy), publicado en diciembre de 1885. Tanto el cuento como el capítulo VII de Mörkrets makter tratan sobre personas que visitan un campamento gitano [Mina y Lucy en la versión sueca], donde se anuncia una fatídica profecía sobre algo terrible que un prometido está a punto de cometer contra su amada. En ambas historias la profecía resulta ser malinterpretada. El prometido de Una profecía gitana no mata a su amada, solo parece culpable cuando la chica muere y él es descubierto a su lado. El prometido de Lucy, Arthur Holmwood, no la engaña con otra, solo abraza y besa a su hermana para consolarla después de que ella abandona a su marido. De una forma u otra, «A–e» estaba familiarizado no solo con los primeros borradores de Drácula, sino con la obra de Bram Stoker.

Llegamos por fin a la Vampiresa rubia y de ojos azules, presente en las Notas y en Mörkrets makter, donde hace que Harker vacile sobre su fidelidad a Mina. En la novela publicada, la mujer rubia es la líder de las tres vampiresas que viven en el Castillo [suponemos que es ella porque las otras dos tienen el cabello oscuro]. Ella es la primera en «besar» a Harker, momento en el que el Conde irrumpe en la habitación: «¿Cómo se atreven a tocarlo? ¿Cómo se atreven a mirarlo cuando se los había prohibido? ¡Atrás, les digo! ¡Este hombre me pertenece!». Pero la Vampiresa rubia no retrocede, incluso desafía a Drácula diciéndole: «¡Tú mismo nunca amaste!», insinuando que ella sí puede sentir amor [ver: ¡Este hombre me pertenece!]

Ahora bien, en las Notas queda claro que, hasta último momento, Bram Stoker tenía la intención de incluir una sola Vampiresa en el Castillo, no tres. Al final, ella se convirtió en la líder de las «tres hermanas» [weird sisters]. Al parecer, ella es la más vieja, e incluso comparte algunos rasgos faciales con el Conde, lo cual insinúa que pertenece a la misma familia, justificando de este modo el hecho de que haya infringido la orden de «no tocar» a Harker.

Recién en 1914, cuando Florence Stoker, viuda de Bram, publicó El Huésped de Drácula, se echó algo de luz sobre la historia de fondo de la Vampiresa. En el prefacio, Florence afirma que el relato es una pieza inédita de Drácula que fue eliminada para no extender demasiado la primera parte de la novela. La historia tiene lugar en las afueras de Munich, durante la Noche de Walpurgis [30 de abril], mientras que Drácula empieza con la llegada de Jonathan Harker a Bistritz [desde Munich] unos días después, el 3 de mayo. La cronología parece lógica, sin embargo, los acontecimientos de El Huésped de Drácula no tienen nada que ver con la trama de la novela, incluso el estilo es diferente al de otras entradas del diario de Harker. Por otro lado, el final de la historia, con su alusión a Drácula, parece una adición tardía.

El protagonista de El Huésped es Jonathan Harker [aunque no se menciona su nombre], quien visita un pueblo abandonado en las afueras de Munich. Lo sorprende una tormenta de nieve y busca refugio en una cripta. Allí descansa la Condesa Dolingen de Gratz, que se suicidó en 1801. A la luz de los relámpagos Harker ve a una mujer hermosa que parece dormir en un féretro. El siguiente rayo cae en la cripta y la mujer se levanta. Más adelante, unos soldados encuentran a Harker desmayado en las ruinas, cuidado por un gran lobo que le dio calor durante la noche invernal [los soldados lo encuentran lamiéndole el cuello]. La sugerencia aquí es que Drácula, bajo la forma de un lobo, protege a su futuro huésped de la Vampiresa utilizando sus poderes para controlar los elementos.

Hoy sabemos que El Huésped de Drácula no es un capítulo eliminado de la novela, sino el borrador de una versión anterior. Y lo sabemos porque en la década de 1980 se descubrió un texto mecanografiado que perteneció a Thomas Corwin Donaldson, abogado y amigo de Bram Stoker, donde queda claro que los sucesos de El Huésped de Drácula forman parte del desarrollo temprano de la novela. En esta etapa, Harker incluso le menciona al Conde esta extraña experiencia que tuvo en la tumba de la Condesa, y hasta se queja de que todavía le duele el cuello a causa de las «lamidas» del lobo. En las Notas, el epidodio es referido como «aventura, tormenta de nieve y lobo.»

El texto mecanografiado revela algo más: ¡la Condesa de la tumba es la Vampiresa rubia del castillo!

Cuando las tres hermanas se acercan a Harker y la Vampiresa rubia intenta «besarlo», en el texto mecanografiado [no en la versión final] podemos leer lo siguiente:


«Estaba mirando a la mujer rubia y de repente me di cuenta de que ella era la mujer —o su viva imagen— que había visto en la tumba en la Noche de Walpurgis.»


Es cierto, hay aquí un incómodo elemento de ambigüedad: Harker dice que es la misma mujer, pero agrega podría ser alguien con su misma apariencia [«o su viva imagen»], pero realmente no hay razones para suponer eso. Si este fuese un mundo donde los vampiros tienen rasgos similares, entonces sería posible que la Vampiresa del Castillo y la Condesa fuesen dos hematófagas diferentes, pero Bram Stoker establece que las dos vampiresas de cabello oscuro poseen rasgos distintos de los de la rubia, de modo que sí hay particularidades de cada vampiro. Harker está en lo cierto inicialmente: son la misma mujer. Solo se permite una pequeña duda debido a su estado de confusión general.

Bram Stoker juega constantemente con estas ambigüedades. Es un rasgo de su estilo narrativo. Por ejemplo, nunca afirma explícitamente que el cochero que lleva a Harker al Castillo sea el propio Drácula, ni Harker se da cuenta, pero el lector lo da sentado, y con buenas razones.

En Mörkrets makter no se encuentra el episodio de El Huésped de Drácula, pero se nos brinda un trasfondo para la Vampiresa rubia. Resulta ser [también] una Condesa «de principios de siglo» [XIX] que vivió en Austria [al igual que la Condesa Dolingen de Gratz]. En ninguna versión se informa las causas de su muerte, pero la sugerencia es que se quitó la vida; sin embargo, Elizabeth Miller especula que la inscripción en la cripta, con el nombre y título nobiliario de su ocupante, no necesariamente tiene que ver con la Vampiresa que Harker ve en su interior. Según el folclore, los suicidas pueden convertirse en vampiros, y estos se sienten atraídos por los lugares de entierro de personas que se quitaron la vida, como el propio Drácula, que duerme en la tumba del suicida George Canon en el cementerio de Whitby.

El estilo de El Huésped de Drácula difiere significativamente de la prosa sin adornos que usa Harker en Drácula. Esto podría indicar que el texto proviene de los primeros borradores de la novela, alejado cronológicamente de la versión final. Sin embargo, se asemeja mucho al estilo de Mörkrets makter: una prosa minuciosa y espesa que también caracteriza los cuentos de Bram Stoker. Esta particularidad, afortunadamente, se mantuvo bajo control en Drácula.

Las notas y borradores que pudieron haber sido la base de Mörkrets makter forman parte de las primeras instancias del desarrollo de Drácula. Mina Murray, Lucy Westenra, Jonathan Harker, y el propio Drácula ya habían adquirido sus nombres definitivos entre 1890 y 1892, pero en la versión sueca se usan las variantes primarias: Wilma Murray, Lucy Western, Thomas Harker y Conde Draculitz respectivamente. Sin embargo, Bram Stoker incluyó a R. M. Renfield a último momento, y no hay ninguna anotación con este nombre, de modo que, al incluirlo en Mörkrets makter, «A–e» también tenía un ojo puesto sobre la versión publicada [ver: Porque la sangre es la vida: análisis del «Caso Renfield»]

Ahora bien, la trama secundaria de Mörkrets makter sobre la conspiración política [conspiración que, por otro lado, justifica el título: «Poderes de la Oscuridad»], el carácter fascista de Draculitz y sus planes para establecer un orden mundial vampírico, son una adición sueca. Nada de eso aparece en las Notas de Bram Stoker. Evidentemente, «A–e» se dio ciertas libertades, sin embargo, pudo haberse inspirado en los indicios de darwinismo social que ya aparecen en Drácula.

El único aspecto de Mörkrets makter que está por encima del Drácula de Bram Stoker es la forma en la que aborda la estirpe del Conde. Tanto Drácula como Draculitz se enorgullecen de ser descendientes de Atila y los hunos. Cuando ambos se refieren a esta leyenda, omiten la parte que sostiene que los hunos se mezclaron originalmente con una raza subhumana. En su lugar, los Condes transforman a estas criaturas en «demonios», y enfatizan el parentesco de los hunos con los brujas. A pesar de esa omisión, Drácula y Draculitz parecen haberse informado con Jordanes, el historiador romano del siglo VI d.C., quien sostuvo que los hunos eran originalmente «una tribu atrofiada, repugnante y endeble, apenas humana, que no tenía más idioma que un balbuceo parecido ligeramente con el habla humana». Esta lengua sauroniana no parece muy diferente de los balbuceos guturales de los ancestros degenerados de Draculitz que viven en las catacumbas. Jordanes también menciona que los hunos se «humanizaron» al cruzarse con brujas escitas [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]. En Mörkrets makter se resume de la siguiente manera:


«Nosotros, los Draculitz, de la tribu de los Székélys, como le dije antes, querido amigo, rastreamos nuestro linaje hasta los antiguos hunos, que una vez se extendieron por Europa como un fuego y consumieron a los pueblos moribundos como la llama consume la hierba seca. Cuenta la leyenda que descendían de hechiceras escitas que fueron expulsadas de su país y luego hicieron el amor con demonios en el desierto. ¿Quién puede afirmar que el diablo o el hechicero haya sido más grande y más poderoso que Atila, cuya sangre fluye por estas venas, y quién puede dudar que nosotros, sus hijos, somos mayores, tanto en odio como en amor, que otros mortales.»


En el Drácula publicado se menciona que «por sus venas [las de los hunos] corría la sangre de aquellas viejas brujas que, expulsadas de Escitia, se habían apareado con los demonios en el desierto». Inmediatamente después, Drácula añade que la sangre de Atila fluye por sus propias venas. Esta herencia solo se menciona una vez más en la novela, pero ocho veces en Mörkrets makter; razón por la cual el tema de la herencia genética es más significativo en la versión sueca. De hecho, el propio Thomas Harker reflexiona agudamente sobre el orgullo racial de Draculitz:


«He observado muchas veces cuán dispuestas están las personas a jactarse de cualidades externas o internas que, en otras circunstancias, serían consideradas defectos (...) Por eso no me sorprende que el Conde se jacte con puro orgullo de su ascendencia, imaginaria o real, de una de las tribus más repulsivas que jamás haya manchado con su presencia la superficie de la Tierra, mezcla de carnalidad bestial y valentía indomable.»


Después de la publicación de Drácula, inmediatamente se establecieron asociaciones entre la estancia del Conde en Londres y los asesinatos cometidos por Jack el Destripador, ocurridos unos años antes. Bram Stoker fue cuidadoso para evitar los paralelismos. Por eso eliminó de cuajo al detective de Scotland Yard. Mörkrets makter continúa esa línea, y afirma que los «asesinatos de Whitechapel» [la versión sueca no se refiere específicamente al Destripador] se cometieron después del paso de Draculitz por Londres, no al revés:


«La serie de tristemente célebres asesinatos de Whitechapel, totalmente inexplicables, todos con signos de tener el mismo origen, que en aquel momento enfurecieron a la opinión pública, ocurrieron algo más tarde [de la estancia de Draculitz en Londres], y probablemente aún no se han olvidado por completo.»


Es importante aclarar que el lore de Jack el Destripador es muy diferente del que era en tiempos de Bram Stoker. Hoy en día se le atribuyen cinco asesinatos «canónicos», pero hubo otros, una verdadera ola de crimenes con otros modus operandi, probablemente cometidos por otros perpetradores, pero no por eso menos grotescos y misteriosos. Cuando Drácula fue publicado, habían pasado ocho años del último asesinato «canónico» de Jack, pero todavía aparecían miembros amputados y cuerpos desmembrados flotando en el Támesis. Mörkrets makter deja en claro que los hechos que narra son posteriores al Destripador, pero de todos modos se sitúan en plena ola de crímenes, de modo que la asociación era inevitable. Bram Stoker, a pesar de sus intentos por evitar cualquier paralelo, también admitió que los asesinatos del Destripador son la razón por la cual el Conde resuelve instalarse en Londres. Es una decisión estratégica atinada. El propio Draculitz lo explica:


«—Sí, estos crímenes, estos asesinatos espantosos, estas mujeres masacradas encontradas en sacos en el Támesis, esta sangre que fluye y fluye, gotea y gotea en habitaciones selladas, donde ojos muertos buscan en vano al asesino…

No quiero ser injusto con el anciano [dice Thomas Harker], pero me pareció como si se lamiera la boca mientras enumeraba estas atrocidades.

—¡Incluso sobre esto he leído! ¡Es triste, muy triste! Y nunca son resueltos... nunca. ¡También leo tus periódicos, querido amigo, y veo que apenas entre el tres y el cuatro por ciento de todos los crímenes cometidos son descubiertos y castigados! Sí, Londres es una ciudad maravillosa.»


En otras palabras, los Condes siguen las noticias sobre los crímenes en los periódicos, y por eso eligen instalarse en Londres, donde sus propias atrocidades pasarían desapercibidas. De hecho, el anterior comentario de Draculitz deja en claro que, en aquellos años, no se hacía distinción entre los asesinatos de Jack el Destripador y los del Asesino de los Torsos del Támesis [The Thames Torso Murder]. Las mujeres «encontradas en sacos en el Támesis» refiere al Asesino de los Torsos; mientras que la sangre que «gotea en habitaciones selladas» refiere a los crímenes de Jack. La frase: «donde ojos muertos buscan en vano al asesino» prueba que Draculitz realmente ha estado devorando los periódicos londinenses. Se está refiriendo a Mary Kelly, la última víctima del Destripador, encontrada en una habitación cerrada, sin rostro, pero con los ojos ilesos.

Finalmente llegamos al «Contacto Lovecraft». El Flaco de Providence es una fuente inesperada, y no resuelve el misterio, pero aporta algunas preguntas interesantes.

En una carta a Frank Belknap Long, fechada el 7 de octubre de 1923, Lovecraft escribe:


«Hace treinta años, la señora Miniter leyó Drácula en un manuscrito. Era un texto increíblemente descuidado. Consideró hacer el trabajo de revisión, pero su precio era demasiado alto para Stoker.»


La señora Miniter es la periodista y escritora Edith Dowe Miniter (1867-1934), quien entabló amistad con Lovecraft debido a sus intereses compartidos por la historia de Nueva Inglaterra y algunas participaciones en el periodismo aficionado. Estuvieron en contacto desde 1920 hasta la muerte de Edith en 1934. En otra carta, dirigida a Donald Wandrei, fechada el 29 de enero de 1927, Lovecraft repite la misma información sobre el borrador de Stoker:


«Es curioso observar que una persona de nuestro círculo de periodistas aficionados, una anciana llamada señora Miniter, tuvo la oportunidad de revisar el manuscrito de Drácula (¡que era un diabólico desastre!) antes de su publicación, pero lo rechazó porque Stoker se negó a pagar el precio que la dificultad del trabajo le imponía establecer.»


En una carta a R. H. Barlow [10 de diciembre de 1932], Lovecraft añade:


«Conozco a una anciana que estuvo a punto de hacer el trabajo de revision de Drácula a principios de 1890; vio el manuscrito original y dice que era un desastre espantoso. Finalmente, alguien más (Stoker pensó que el precio era demasiado alto) le dio la forma que tiene ahora.»


En otra carta a Barlow [septiembre de 1933], Lovecraft agrega que la señora Miniter no se reunió ni tuvo contacto personal con Bram Stoker: «Ella nunca estuvo en contacto directo con Stoker, ya que un representante suyo le alcanzó el manuscrito. y luego se lo llevó cuando no pudieron llegar a un acuerdo». Cuatro años después del fallecimiento de la señora Miniter, el Flaco de Providence proporcionó información adicional en un breve homenaje publicado en la prensa aficionada:


«A pesar de sus conocimientos sobre la tradición espectral, a la señora Miniter no le interesaban las historias de carácter macabro o sobrenatural; las consideraba irremediablemente extravagantes y no representativas de la vida. Quizás esa sea una de las razones por las que, en sus primeros años en Boston, rechazó la oportunidad de revisar un manuscrito de Drácula, cuyo autor estaba entonces de gira por América.»


Si la información de Lovecraft es correcta, un representante de Bram Stoker se puso en contacto con Edith Miniter para encomendarle el trabajo de revisión de la novela. El dato de que Bram Stoker estaba en los Estados Unidos entre 1893 y 1894 es correcto [estaba en una gira teatral como agente de Sir Henry Irving]; de hecho, la gira llegó a Boston en enero de enero de 1894, y Edith trabajaba para el Boston Home Journal, una revista de literatura y arte. Curiosamente, la producción teatral de Irving fue masacrada por la crítica de Edith, y Bram Stoker, siendo el agente de prensa de la compañía, seguramente estaba al tanto. ¿Fue la mordacidad de Edith la que convenció a Stoker de proponerle, a través de un agente, que revise su novela?

En conclusión: si Edith Miniter tuvo en sus manos la versión de Drácula de 1893-94, y concluyó que era «un diabólico desastre», es lícito deducir que lo leyó y examinó con cierta produndidad. Y, si lo leyó, estuvo al tanto de gran parte de los elementos que luego serían eliminados de la versión publicada, pero presentes en versión sueca. Esto nos lleva a la última conexión, la más absurda, pero no por ello menos atractiva.

Consideremos lo siguiente: en Mörkrets Makter [que incluye episodios de Edith leyó pero que no aparecieron en la novela publicada], Draculitz y Thomas Harker deambulan por la galería de arte del castillo, a la luz de las velas, donde observan y comentan retratos centenarios cubiertos de telarañas. A medida que contemplan los retratos más antiguos, los rostros de los antepasados de Draculitz empiezan a evidenciar rasgos más bestiales y primitivos. Más adelante nos enteramos que estos sujetos no han muerto, sino que han degenerado hasta convertirse en criaturas semihumanas, parecidas a simios, que merodean por las catacumbas del castillo. En este punto, Thomas Harker descubre un templo pagano en ruinas que tiene un acceso a las cactumbas. Desciende y es testigo de cómo estas criaturas, que son los ancestros del Conde, practican ritos blasfemos que incluyen el sacrificio humano y el consumo de sangre, con Draculitz como sumo sacerdote [ver: Una exploración literaria por el Castillo de Drácula]

La sugerencia aquí es que la línea de sangre familiar se ha ido destilando y refinando en el curso de los siglos. Draculitz probablemente es el primero de esta estirpe en poder pasar como un ser humano, pero los individuos con rasgos prehumanos han sido relegados [voluntariamente o por la fuerza] a las catacumbas y túneles. Si el lector de El Espejo Gótico está pensando que todo esto se parece al argumento de Las Ratas en las Paredes (The Rats in the Walls), no es el único.

Las Ratas en las Paredes se escribió entre agosto y septiembre de 1923. Un mes después, Lovecraft le escribiría aquella primera carta a Frank Belknap Long donde menciona la anécdota de la señora Miniter [el encuentro entre Edith y HPL se produjo a principios de ese año] y el borrador de Drácula. Tal vez la composición del cuento le recordó a Lovecraft aquella historia y se la comentó a Long, o tal vez fue al revés: la señora Miniter le comentó a Lovecraft algunos puntos del manuscrito de Drácula y el Flaco de Providence los utilizó en Las Ratas en las Paredes [ver: El nido de Nyarlathotep: análisis de «Las ratas en las paredes»]

Es una posibilidad aventurera, pero tiene su lógica. No imagino a Lovecraft recibiendo el comentario de que una conocida suya tuvo en sus manos una versión cruda de Drácula sin haber escarbado en el asunto. Quiero decir, si alguien te comenta que tuvo en sus manos una versión preliminar de Drácula, es razonable suponer que le preguntarías de qué trataba, o al menos a qué se refiere si asegura que era «un diabólico desastre». Además, el encuentro con Edith no fue breve. Ella llevó a Lovecraft [y a Edward H. Cole] a hacer un recorrido por Boston y Marblehead, de modo que HPL tuvo tiempo de sobra para interrogar a Edith, quizás preguntarle si recordaba alguna diferencia entre el borrador y la novela terminada. En este sentido, la escena de los ancestros degenerados del Conde y los rituales obscenos en las catacumbas son tan originales e impactantes que, si Edith acaso recordaba algo del borrador, seguramente fue esto.

Ahora bien, si Edith Miniter no exageró los hechos, y realmente examinó a fondo la versión preliminar de Drácula [tuvo que hacerlo para establecer sus honorarios], y treinta años después se lo comentó a Lovecraft, es probable que el Flaco de Providence haya obtenido mucha más información de la que estaba dispuesto a compartir con Frank Belknap Long y sus otros corresponsales.

En cualquier caso, el episodio de las catacumbas es prácticamente idéntico al argumento de Las Ratas en las Paredes, con la única diferencia significativa de que en el cuento de Lovecraft las criaturas no están vivas [o no-muertas]; solo son esqueletos debajo de un castillo familiar, pero sus restros revelan que también han estado involucrados en ritos caníbales. Más aún, Thomas Harker comenta que algunos de estos seres se parecen a cerdos, comparación que también se encuentra en Las Ratas en las Paredes.

Podríamos seguir acumulando evidencia circunstancial: Las Ratas en las Paredes no solo es el único relato de Lovecraft que muestra signos de la influencia de Bram Stoker, sino que incluso hay una alusión directa a Drácula: los antepasados del Narrador fueron dueños de una finca llamada «Carfax», el mismo nombre de la abadía que adquiere el Conde en Londres. Además, las Ratas en sí mismas parecen inspiradas en los roedores sobrenaturales del cuento de Stoker: La Casa del Juez (The Judge's House) [ver: El Gran Rey Rata: análisis de «La Casa del Juez»]

Al final de este recorrido no hemos dado ninguna respuesta concluyente, solo algunas preguntas interesantes y una madeja de datos aislados que no podemos desenredar: No sabemos si el autor de Mörkrets makter hojeó los borradores de Drácula, pero sí que incluyó muchísimos elementos e ideas que forman parte de las versiones preliminares de la novela. No sabemos si Edith Miniter leyó el borrador, pero sí que las fechas y los lugares coinciden: Stoker y ella estaban en el mismo lugar y participaban del mismo círculo. No sabemos si Lovecraft escribió Las Ratas en las Paredes teniendo en mente la información que le proporcionó Edith, ni siquiera si Edith le proporcionó alguna, pero sí que el argumento del relato reproduce un episodio del diario de Thomas Harker.

En definitiva, no sabemos nada con absoluta certeza. No podemos disipar ningún interrogante. Pero, al menos para mí, este juego de asociaciones, coincidencias, aleatoriedad y, quizás, sobreinterpretación, se parece un poco a los merodeos de Harker por las tinieblas del castillo del Conde, a la luz tenue de las velas, observando detalles aquí y allí, pero sin poder afirmar con rigor cuántos metros cuadrados tienen las catacumbas, cuál es la edad de los ancestros centenarios del Conde, pero capaz de elaborar una hipótesis de trabajo, o de supervivencia: ¡los vampiros existen!




Taller gótico. I Vampiros.


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El artículo: «Mörkrets Makter»: la versión preliminar de «Drácula» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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