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El extraño plan de Kurt Barlow.


El extraño plan de Kurt Barlow.




«¡Yo no soy la serpiente,
soy el padre de las serpientes!»

(Kurt Barlow)



La gran mayoría de los personajes de la novela de vampiros de Stephen King: Salem's Lot, son memorables. Dicho esto, la muerte del antagonista principal, Kurt Barlow, parece anticlimática. Es cierto, Matt Burke sostiene que su arrogancia terminará siendo su perdición, pero el vampiro simplemente se acuesta en su ataúd esperando que todo salga bien. Podemos deducir que Kurt tuvo muchos enemigos en el curso de su existencia [antinaturalmente larga], razón por la cual su escasa planificación resulta difícil de digerir.

Siendo Salem's Lot un homenaje a Drácula, el final podría ser una versión aproximada del final del novela de Bram Stoker, donde los perseguidores llegan al castillo del Conde y lo matan fácilmente [en un párrafo]; sin embargo, para llegar hasta ese punto los protagonistas han viajado durante días por barco y tren desde Londres a Transilvania, siguiendo y descartando una serie de pistas falsas hasta que se separan en dos grupos [Van Helsing y Mina llegan primero]. En resumen: todos viven una gran aventura para matar a Drácula, y esto sólo fue posible porque el vampiro fue interceptado justo antes de entrar al castillo [ver: Drácula visita Salem's Lot]

Al final de Salem's Lot, Barlow es destruido en el sótano de la pensión de Eva Miller, donde Ben Mears tiene una habitación. Es como si Drácula se escondiera en la casa de Jonathan Harker: una jugada audaz, tal vez demasiado. Esconderse a plena vista es un plan elegante, pero en términos prácticos no funciona ni siquiera en La carta robada de E. A. Poe.

Otro punto debatible: ¿cómo pudo Kurt Barlow entrar en la casa de los Petrie sin ser invitado?

El tema de la invitación es un motivo importante en la novela: ningún vampiro puede entrar en una casa sin invitación; y ésta incluso puede ser retirada, como sucede con Matt Burke, quien invita y expulsa a Mike Ryerson. Kurt Barlow simplemente irrumpe por la ventana de la casa de los Petrie y mata a los padres de Mark.

Podría argumentarse que Barlow es más que un vampiro «común» [si es que existe tal cosa]. Él mismo le dice al padre Callahan: «Yo era viejo cuando tu iglesia era joven», y habla de «tradiciones» [como el crucifijo] como cosas que la humanidad simplemente inventó. En su batalla dialéctica con Callahan, Barlow sugiere que, en teoría, el sacerdote podría haber luchado contra él sin el crucifijo. Sin embargo, su fe falla y el crucifijo se vuelve inútil. Podemos asumir que la idea de seguridad dentro de la propia casa es en sí misma otra «tradición», es decir, algo que no funciona sin el poder de la fe [ver: ¿Por qué los vampiros necesitan ser invitados a entrar?]

También vale señalar que, anteriormente, Mark le da permiso a un vampiro para entrar a su casa. ¿Es posible que este permiso se extienda hacia arriba en la jerarquía?

Aunque se desconoce su verdadera edad, Barlow afirma ser muy viejo En la serie La Torre Oscura se revela que Barlow es un vampiro Tipo Uno, capaz de hibernar durante siglos y poseedor de una inteligencia superior, pero esa adición posterior no debería eximirlo de las reglas que, aparentemente, rigen sobre los demás vampiros de la novela [ver: 4 tipos de vampiros en el Multiverso de Stephen King]

Por momentos, Barlow parece parecer más humano que los otros vampiros. Su apariencia física incluso cambia, hacia el final de la novela, en una versión de aspecto más joven; y en varios pasajes es capaz de contenerse y jugar psicológicamente con sus víctimas antes de atacarlas. En otras ocasiones se comporta como cualquier otro vampiro. Después de que Mark Petrie hiere a Straker durante su huida de la Casa Marsten, Barlow no puede resistirse y se alimenta de la sangre de su sirviente. Se muestra furioso por este giro en los acontecimientos, ya que considera a Straker el mejor «familiar» que jamás ha tenido. A pesar de toda su sofisticación y experiencia, Barlow sigue estando bajo el dominio de sus impulsos.

El problema con el «plan» de Barlow es que comienza siendo demasiado meticuloso como para terminar durmiendo en el sótano de Eva Miller sin ninguna protección adicional, excepto la de otros vampiros menores, y por lo tanto más vulnerables que él. Según los registros gubernamentales obtenidos por el comisario de Jerusalem's Lot [Parkins Gillespie], Barlow utilizó anteriormente el nombre de Kurt Breichen bajo la fachada de un noble austríaco. Con este nombre mantuvo una correspondencia de doce años con Hubert Marsten, quien asesinó a su esposa y se suicidó [después de quemar sus cartas con Breichen]. La novela de Stephen King implica fuertemente que Hubie Marsten consolidó una especie de acuerdo [¿invitación?] con Breichen, la cual le permitiría al vampiro entrar en Jerusalem's Lot unas décadas después [ver: «The Bad Place»: análisis de la Casa Marsten]. En 1938, Breichen huye de Alemania y se establece en Londres, donde adopta el apellido Barlow.

La logística de Drácula es desconocida. Bram Stoker sólo habla de sus fieles «gitanos», quienes preparan todo para el viaje del vampiro a bordo del Deméter, incluídas sus cajas llenas de tierra del castillo [ver: El misterio del «Deméter»: análisis de un capítulo de «Drácula»]. Realmente no se sabe si Drácula posee «familiares», pero ciertamente cuenta con colaboradores humanos. Sus asuntos inmobiliarios en Londres dependen de R. M. Renfield y, luego, de Jonathan Harker [ver: el caso Renfield]. Kurt Barlow sí posee un «familiar» declarado: Richard Throckett Straker, quien funciona como debería haber funcionado Renfield de no haber perdido la cordura. Todos los asuntos comerciales de Barlow son representados por Straker: compra la Casa Marsten y organiza los ritos necesarios para preparar el arribo de su amo [ver: Los «espíritus familiares»]

En otras palabras, el «plan» de Kurt Barlow comienza a diseñarse [al menos] en 1938, demasiado tiempo como para no contemplar la posibilidad de encontrar resistencia en Jerusalem's Lot. El sótano de Eva Miller evidentemente no es parte del plan original, sino más bien una improvisación, algo inaceptable en un sujeto que ya era viejo cuando los primeros cristianos «se escondían en las catacumbas de Roma y se pintaban peces en el pecho para poder reconocerse».

Stephen King se inspiró para escribir Salem’s Lot después de su experiencia como profesor en una escuela secundaria donde dio varias clases sobre Drácula. Descubrió que, a pesar de que la novela de Bram Stoker es un producto de su época [en el vampirismo confluye la sexualidad victoriana reprimida, la xenofobia y el homoerotismo], la trama aún resonaba en los estudiantes. Salem’s Lot es una historia bastante diferente de Drácula. Podría decirse que, en esencia, es la historia de un escritor que regresa a su ciudad natal y descubre que sus pesadillas de la infancia son demasiado reales. Sin embargo, el modelo de Bram Stoker está presente. Incluso los residentes de Jerusalem’s Lot lo han leído.

De hecho, es la fama del Drácula de Bram Stoker lo que le da cierta ventaja a los protagonistas de Salem's Lot. Mark Petrie, aficionado al género, conoce las «reglas», y es el primero en darse cuenta de la amenaza sobrenatural que ha llegado a la Casa Marsten. En cierto modo, Mark es una especie de Van Helsing. Proporciona una visión general de las costumbres de los vampiros, así como de sus puntos fuertes y debilidades. Van Helsing, en cambio, primero estudia y descarta cuestiones médicas conocidas antes de resolver que está enfrentando a un ser sobrenatural. Stephen King no tuvo que molestarse en llevar de la mano al público. Mark sabe lo que Van Helsing comprende más adelante. En la década de 1970, la erudición en materia de vampirismo se ha devaluado lo suficiente como para formar parte de la cultura popular.

En otros aspectos, Salem’s Lot invierte algunos puntos centrales de Dracula. En la novela de Bram Stoker, la tecnología, sobre todo los avances en las comunicaciones, son herramientas contra las que Drácula no puede luchar. Los telegramas viajan de un lado a otro a través de Europa, dándoles a los «buenos» una ventaja que quizás no ha sido debidamente contemplada por el Conde. Sin embargo, casi un siglo después, los personajes de Salem’s Lot parecen varados, aislados en un pequeño pueblo. Después de todo, Ben Mears es un escritor bastante reconocido. ¿Por qué nunca se evalúa la posibilidad de obtener ayuda externa? No es necesario denunciar la presencia de vampiros; bastaría mencionar las desapariciones, asesinatos y muertes inexplicables para despertar la atención de las autoridades.

Todo esto devalúa un poco el plan de Kurt Barlow. La estratégica adquisición de propiedades de Drácula sugiere que el Conde deseaba, como mínimo, conquistar Londres [el ombligo del mundo en el pensamiento victoriano]; y a partir de allí quizás extenderse. ¿Cuál era el plan de Kurt Barlow? Convertir en vampiros a todos los habitantes de Jerusalem´s Lot y esperar que ningún agente externo metiera las narices?

Digamos, por afán de teorizar, que Kurt Barlow sí tiene un plan maestro. Hay evidencias en la novela que respaldan esto, como el contacto con Hubie Marsten cuatro décadas antes, la profanación de la Casa Marsten [haciéndola habitable para el mal], entre otras cosas. Cómo este plan maestro fue desbaratado por un chico de doce años, un escritor traumatizado [por su infancia y la reciente muerte de su esposa], un sacerdote alcohólico [en medio de una crisis de fe] y un profesor de secundaria con una afección cardíaca, sin hacer otra cosa que apelar a la lógica, es una pregunta difícil de responder.

Tal vez estas diferencias en el planeamiento residen en el punto de comparación más interesante entre Drácula y Salem’s Lot: el estatus social de los vampiros. El Conde es un aristócrata que planea atacar en el seno de la alta sociedad londinense, y en parte lo logra al convertir a Lucy Westenra. Barlow y su familiar se presentan como dos anticuarios europeos que buscan retirarse [Straker encanta a los habitantes con sus aires sofisticados]. De ningún modo parecen interesados en las clases sociales de sus víctimas; de hecho, una de las primeras víctimas de Barlow es Dud Rogers, el encargado del basurero local, un hombre de pocas luces.

Los vampiros de Salem's Lot tienen puntos en común con las tradiciones medievales. Por ejemplo, los vampiros convertidos por Barlow parecen ir primero en busca de sus familiares y amigos, como el pequeño Ralphie Glick, que primero bebe la sangre de su hermano, Danny, y este, una vez convertido, bebe la de su madre, Marjorie, y así sucesivamente [ver: Danny Glick y los niños-vampiro de Stephen King]. En Drácula no ocurre lo mismo. Lucy Westenra, por ejemplo, sale de la bóveda familiar y comienza a llevarse niños pequeños con los que no tiene ninguna relación previa [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]. Sin embargo, en la novela de Stephen King se alude a Drácula específicamente, siempre en ocasión de describir el comportamiento de los vampiros. Una de ellas es cuando Matt y Ben sospechan que Mike Ryerson, el encargado del cementerio, se ha convertido en un no-muerto. Mike tenía dos marcas en el cuello que han desaparecido al día siguiente. Matt y Ben discuten el tema:


»—De acuerdo con el folclore, las marcas desaparecen —dijo Matt de repente—. Cuando las víctimas muere, las marcas desaparecen.

»—Lo sé —dijo Ben. Recordó que tanto al Drácula de Stoker como a las películas de Hammer protagonizada por Christopher Lee.


Hay otra mención a Drácula cuando Ben debe matar a Susan:


«De pronto le vino a la mente un fragmento de Drácula, esa divertida ficción que ya no le hacía ninguna gracia. Era el discurso de Van Helsing a Arthur Holmwood cuando este último se enfrentó a esa misma terrible tarea: Debemos atravesar aguas amargas antes de llegar a las dulces


Barlow es diferente de Drácula en un aspeto fundamental: su psicología. El Conde no tiene demasiado interés en los humanos, pero cuida a sus vampiros, sobre todo a sus tres «novias», a quienes provee sustento [ver: La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula]. Barlow, por el contrario, muestra un vivo interés por las personas, le gusta conocer a la gente, hablar con ellas, y observa detalladamente a sus víctimas. Ambos comparten el orgullo y la arrogancia alimentadas a través de siglos de existencia, pero sus actitudes hacia sus víctimas son diferentes. Drácula es más distante, pero posee un mayor grado de control sobre sus impulsos. Cuando Harker se corta al afeitarse, el rostro del Conde se contorsiona en un gesto de avidez, pero no lo ataca. Cuando Barlow percibe la sangre de Straker, después de ser atacado por Mark, no puede resistir el impulso de beber.

El «plan» de Barlow, cualquiera haya sido, se deshilacha por completo en la carta que deja a los cazadores en la Casa Marsten [una improvisación y, por lo tanto, no planeada] cuando estos intentan rescatar a Susan:



***

4 de octubre.
Queridos jóvenes amigos:


¡Qué amable de su parte haber pasado por aquí!

Nunca me disgusta la compañía; ha sido una de mis grandes alegrías en una vida larga y a menudo solitaria. Si hubieran venido por la tarde, los habría recibido en persona con el mayor placer. Sin embargo, como sospechaba que elegirían llegar durante el día, pensé que sería mejor estar fuera.

Les he dejado una pequeña muestra de mi agradecimiento: alguien muy cercano y querido para uno de ustedes se encuentra ahora en el lugar donde yo ocupaba mis días hasta que decidí que otro podría ser más agradable. Ella es muy encantadora, señor Mears, muy sabrosa, si me permite una pequeña broma. Ya no la necesito, así que la he dejado para que usted... ¿cómo se dice su idioma?, se prepare para el evento principal. Para abrir su apetito, si lo desea. Veamos qué tanto disfruta el aperitivo del plato principal que está considerando, ¿de acuerdo?

Maestro Petrie, me ha robado al sirviente más fiel y hábil que he conocido. Me ha hecho participar, de manera indirecta, en su ruina; ha hecho que mis propios apetitos me traicionen. Se ha acercado sigilosamente, sin duda. Voy a disfrutar tratando con usted. Con sus padres primero, creo. Esta noche... o mañana por la noche... o la siguiente. Y luego usted. Pero entrará en mi iglesia como castratum.

Y, padre Callahan, ¿lo han convencido para que se una? Eso pensé. Lo he observado durante algún tiempo desde que llegué a Jerusalem’s Lot… de la misma manera que un buen jugador de ajedrez estudia las partidas de su oponente, ¿no es así? ¡Pero la Iglesia Católica no es el más antiguo de mis oponentes! Yo era viejo cuando ella era joven, cuando sus miembros se escondían en las catacumbas de Roma y se pintaban peces en el pecho para reconocerse. Yo era fuerte cuando este club de comedores de pan y bebedores de vino que veneran al salvador de las ovejas era débil. Mis ritos eran viejos cuando los de su iglesia eran desconocidos. Sin embargo, no subestimo. Soy sabio en los caminos del bien así como en los del mal. No estoy hastiado.

Y yo venceré. ¿Cómo?, dicen. ¿No lleva Callahan el símbolo de la Blancura? ¿No se mueve tanto de día como de noche? ¿No hay hechizos y pociones, tanto cristianas como paganas, que mi buen amigo Matthew Burke piensa utilizar tanto en mí como en mis compatriotas? Sí, sí y sí. Pero yo he vivido más que ustedes. Soy astuto. No soy la serpiente, soy el padre de las serpientes.

Pero, dicen, esto no es suficiente. Y no lo es. Al final, “Padre” Callahan, terminará destruyéndose. Su fe en la Blancura es débil y blanda. Sus palabras de amor son presunción. Sólo cuando habla de la botella está bien informado.

Mis buenos amigos, señor Mears, señor Cody, maestro Petrie y padre Callahan, disfruten de su estancia. El Médoc es excelente, me lo consiguió especialmente el difunto propietario de esta casa, de cuya compañía personal nunca pude disfrutar. Les ruego que sean mis invitados si aún tienen gusto por el vino después de haber terminado el trabajo que tienen entre manos. Nos volveremos a encontrar en persona y les transmitiré mis felicitaciones a cada uno de ustedes de una manera más personal.

Hasta entonces, adieu.


BARLOW.

***



El tono de la carta de Barlow dista mucho de ser solemne; de hecho, es más humoristica que otra cosa. Uno a uno amenaza a los cazadores, revelando sus debilidades personales; excepto a Mark, a quien llama master [del lat. magister, alguien que posee control o autoridad sobre determinado tema], aunque luego sostiene que formará parte de su «iglesia» como castratum, un niño cantor sometido a una castración para conservar su voz aguda.

La carta de Barlow, además, revela algunos detalles de lo que podría ser su «plan». Habla de «mi iglesia», lo cual podría inferir que forma parte de un culto a una entidad superior. De hecho, Stephen King [a través de Matt] menciona de pasada que Barlow tiene, o tuvo, un Amo, pero nunca vuelve a hablar de ello:


«Bueno, creo que he juntado algunas piezas. Straker debe ser el perro guardián, el guardaespaldas humano de esta cosa... una especie de familiar. Debe haber estado en la ciudad mucho antes de que apareciera Barlow. Había ciertos ritos que realizar, en propiciación del Padre Oscuro. Incluso Barlow tiene su Amo, ¿sabes?»


Cuando Matt hace referencia a que Barlow tiene un «Amo», creo que no está hablando de un personaje específico, sino más bien de una abstracción: el Mal absoluto, con mayúsculas, quizás Satanás o, posteriormente, el Rey Carmesí en la mitología de Stephen King. Quizás el «Amo» es el Gusano [del cuento Jerusalem's Lot] No está muy claro, pero si Boon está vinculado con Barlow, entonces su plan podría ser traer a su «Amo» [el Gusano] de vuelta al mundo.

En el capítulo XII, Mark y Susan encuentran en la Casa Marsten un libro escrito en latín. Mark lo abre al azar y ve «un hombre desnudo sosteniendo el cuerpo destripado de un niño ante algo que no se podía ver». Mark se alegra de cerrar el libro. La encuadernación le resulta incómoda y familiar en sus manos. ¿Stephen King está sugiriendo que la encuadernación del libro está hecha de piel humana? En Jerusalem's Lot, Charles y Calvin también encuentran un libro escrito en latín en el púlpito de la iglesia abandonada. Su título es De Vermis Mysteriis [«Los misterios del gusano»]. Cuando Charles toca el libro, la iglesia tiembla y algo gigantesco mueve bajo el suelo [ver: Reconstruyendo el «De Vermis Mysteriis»]

Los Misterios del Gusano [apócrifo] de Ludwig Prinn apareció por primera vez en el cuento de Robert Bloch de 1935: El secreto en la tumba (The Secret in the Tomb); y luego con mayor fuerza en El vampiro estelar (The Shambler from the Stars). H. P. Lovecraft acuñó el título en latín [De Vermis Mysteriis], que el propio Bloch nunca utilizó. Prinn fue un alquimista que «se jactaba de haber alcanzado una edad milagrosa» hasta que fue capturado «en las ruinas de una tumba prerromana» y quemado en la hoguera a finales del siglo XV. Si bien Stephen King cita directamente al De Vermis Mysteriis en Jerusalem's Lot, el libro que encuentra Mark en la Casa Marsten nunca es nombrado [ver: De Vermis Misteriis y la biología extradimensional de los Mitos de Cthulhu].

En términos prácticos, el propio Barlow es el centro de la adoración de los vampiros. Si esto es así, su «plan» podría estar relacionado con establecer su culto en Jerusalem's Lot. No es una posibilidad completamente descabellada. A la luz de las acciones que va tomando en el curso de la novela, Barlow no es selectivo con sus víctimas, de hecho, su único objetivo parece ser transformar a todo pueblo en vampiros, que le servirán de esclavos y/o adoradores. El único que podría conservar cierta autonomía es Straker [después de todo, uno siempre necesita que alguien lo cuide mientras duerme].

Entonces, la «iglesia» de la que habla Barlow podría ser simplemente el resultado de convertir a las personas en vampiros. Seguir y adorar al lider, aún cuando este no haya planificado demasiado las cosas, es quizás un impulso natural en los no-muertos [ver: «No-Muertos» en el folclore y la psicología]




Vampiros. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: El extraño plan de Kurt Barlow fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.


De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.




Dissertationem de hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren («Disertación sobre humanos que beben sangre después de la muerte, comúnmente llamados Vampiros») es un libro prohibido de los médicos alemanes Johann Christoph Pohl y Johann Gottlob Hertel, publicado en 1732.

El libro aborda el tema del vampirismo desde una perspectiva científica, crítica, pero admite su posible realidad a pesar de estar oculta bajo el «vicio de la superstición». En esencia, el libro propone que los vampiros, si es que realmente existen, son individuos que padecen morbi post mortem, «enfermedades posteriores a la muerte» [ver: Porque la sangre es la vida: análisis del «Caso Renfield»]

El primer caso que expone es el de Arnold Paul, un hombre en Serbia que untó su cuerpo con la sangre de un cadáver [de quien se sospechaba era un vampiro], y luego ingirió tierra de su tumba. Transcurridos unos días, varias personas de una aldea cercana «se quejaron de haber sido torturados por él», de hecho, se le atribuyó la muerte de cuatro personas. El cuerpo de Arnold Paul fue exhumado por orden judicial y se encontró sangre fresca saliendo de sus ojos, nariz, boca y oídos, «hasta tal punto que su ropa interior y las cubiertas del ataúd estaban manchadas». Las autoridades procedieron a clavarle una estaca en el pecho:


«No sin un suspiro murió apreciablemente, traspasado.»


De hominibus post mortem sanguisugis aclara que el cuerpo de los vampiros, al ser exhumado, se encuentra «libre de los estragos de la putrefacción». Las uñas de las manos y de los pies se caen, y en su lugar crecen otras, más duras y largas. Esto basta para concluir que la persona desenterrada es un vampiro, también sus víctimas, o lo serán en pocos días, de modo que los procedimientos de exhumación y perforación con estacas recién comienzan para las autoridades. Cuando se descubre a un vampiro, se debe proceder a desenterrar a todas sus presuntas víctimas.

Los métodos profilácticos, en el caso de los vampiros, requerían de la participación activa de toda la aldea. El libro vuelve a la historia de Arnold Paul, que no sólo atacaba a seres humanos, sino también a animales de granja, cuya carne luego era aprovechada por sus propietarios. Estas personas, se creía, podían convertirse en vampiros en el curso de algunos días.

Las personas atacadas por un vampiro mueren al segundo o tercer día, «sin enfermedades previas», pero habiendo tenido espantosas pesadillas, «gritando que los muertos los estaban estrangulando», y acusando un agudo dolor en el pecho. Después de la disección de algunos de estos cadáveres, se notó que «los estómagos y corazones se llenaron de sangre que escapaba de los vasos». En los casos más repugantes, los méditos observaron que «el cerebro se convertía en pus» [ver: «No-Muertos» en el folklore y la psicología]

De hominibus post mortem sanguisugis no vacila en brindar testimonios sobre vampiros que regresan a sus hogares para mantener relaciones con sus esposas [ver: Liber Incubis et Succubis]. Al parecer, estas actividades se efectuaban a la manera de los vivos, «con la única diferencia de que el semen emitido era frío». Después, «al expirar el período habitual de 40 semanas», nacía un niño con características físicas anormales, «sin miembros»; fundamentalmente «una masa de carne» indistinta que el autor, no sabemos si en un lapsus de macabro humor, define como «arrugado como una salchicha».

Esto último remite al Malleus Maleficarum, así como a varios tratados demonológicos medievales, donde se emite la opinión unánime de que el fluido seminal de los demonios era frío como el hielo [ver: Los Demonios, el amor, y el placer]. Sin embargo, los demonólogos sostenían que los demonios no podían engendrar vida, algo que aparentemente sí era posible entre los vampiros.

De hominibus post mortem sanguisugis presenta estos reportes asombrosos pero también es reacio a aceptarlos. La mayor sospecha recae sobre los testigos y personas involucradas en la investigación, y afirma que es necesaria la presencia de médicos bien formados para determinar «el estado natural o sobrenatural» de estos presuntos cadáveres ambulantes. Sin la opinión fundada de anatomistas, no se puede «investigar en profundidad cosas o incluso enfermedades posteriores a la muerte que, con ciertas cualidades únicas, parecen a primera vista trascender los límites de la naturaleza».


«En la práctica de la medicina a menudo nos encontramos con fenómenos sorprendentes de enfermedades que, en la antigüedad, se consideraban milagros y trucos del diablo, y que aún hoy los incautos y los menos experimentados se refieren a ellas como milagros.»


De hominibus post mortem sanguisugis plantea algunas «contradicciones y absurdos» en los reportes sobre actividad vampírica. Por ejemplo, muchos testimonios alegan que la ausencia de putrefacción es un signo evidente de que el cuerpo exhumado es un vampiro, cuando otras historias afirman la presencia de vampiros prácticamente consumidos por la putrefacción. Esto, afirma Johann Christoph Pohl, se debe a la impericia de los testigos, cuando no a la matriz de superstición cultural que los rodea:


«Cuando los cuerpos fueron encontrados inmunes a los estragos de la corrupción, guiados por alguna ley de superstición, les infligieron la pena capital, y también a los putrefactos, de manera tal que ningún cuerpo debía eximirse de la pena.»


Los «hechos» expuestos en los reportes de vampirismo, opina el De hominibus post mortem sanguisugis, son «dudosos, oscuros y llenos de superstición». El libro admite la posiblidad de las «enfermedades post-mortem» como fundamento detrás de las leyendas de vampiros, pero desconfía de aquellos que, «movidos por una convicción engañosa, parecen intentar perturbar a los mismos muertos prolongando los mandamientos de la tierra».

Antes de que la novela gótica instalara la idea del vampirismo como enfermedad infecciosa transmitida por una mordida, De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta si realmente son los dientes del vampiro los que «llevan la maldición a los vivos»; incluso se pregunta si lo que estas criaturas ansían es beber sangre. Para responder estas preguntas el libro resume los reportes judiciales sobre actividad vampírica de la siguiente manera:


«De lo dicho anteriormente queda bastante claro que un VAMPIRO es una persona fallecida que, después de la muerte, regresa de la tumba, drena la sangre de otras personas y animales que aún viven.»


Esto coincide en gran medida con las leyendas y tradiciones populares, y ese es el problema de credibilidad que encuentra el De hominibus post mortem sanguisugis. Toma como ejemplo las historias griegas sobre el Vrykolaka, que «acecha de manera similar» a los vivos que el vampiro alemán. Esto podría tomarse como otra mirada sobre el mismo fenómeno, sin embargo, Johann Christoph Pohl opina que no se puede elegir qué leyendas aceptar como potencialmente verídicas, y cuáles descartar como absurdas. «Si hemos de creer a Aristóteles, algunas aves extraen en secreto leche de las cabras y de las nodrizas».

Acto seguido reproduce un caso de vampirismo perfectamente contrario al comportamiento civilizado de los vampiros del romanticismo:


«Las tres hijas de un pastor, que dormían en la habitación habitual, se vieron perturbadas por un llanto inusual e inquietud durante algún tiempo, porque sentían que algo las estaba ordeñando. Las sospechas se vieron confirmadas por los pezones, que sobresalían como los de una mujer lactante. Para romper el hechizo, había que untar los pezones con ciertas hierbas. A partir de ahí, sus ombligos fueron aplastados por una succión tan fuerte que no sólo se destacó claramente, sino que también mostró el tamaño de la boca de la ventosa en forma de huella.»


Este caso, sostiene el De hominibus post mortem sanguisugis, seguramente tiene una explicación natural, aunque desconocida, que nada tiene que ver con los Ephialtes, «elementales» griegos que muestran un gran apetito por la leche y la sangre. Esta «ficción» demuestra «la convicción de algunas naciones sobre almas que se deleitan en la sangre». Esto podría estar relacionado con los mitos griegos, donde las almas que no eran admitidas en el Hades «vagaban por las costas del Leteo» alimentándose de vino y leche.

De hominibus post mortem sanguisugis afirma que todas estas historias se apoyan en la creencia antigua de que es la sangre la que le aporta vida al cuerpo. «No hay lugar para la reanudación de la vida» debido a la inexorable «decadencia de los órganos» en la tumba. Además, «si la muerte rompe el vínculo entre el alma y el cuerpo, el alma no continuará en el cadáver».


«¿Quién puede creer que la vida y la muerte puedan albergarse juntas en un mismo cadáver?»


El libro comenta astutamente que «los atributos de los Vampiros surgen del uso de funciones que les han sido negadas» por la muerte. «De hecho, la succión no se puede realizar sin la función de los pulmones y la respiración, ni la deglución sin el movimiento de los diversos músculos de la lengua y la mandíbula». En este contexto, el De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta cómo los vampiros consiguen digerir la sangre «sin la fuerza del estómago, de los intestinos y del calor procedente de la circulación». Y ni hablar «del deseo y apetito de comer y beber, que sólo absurdamente se atribuye a los muertos».

Son interrogantes interesantes, sin duda, sobre los que las leyendas populares no proporcionan respuestas. «¿Con qué fin tiene lugar esta succión de sangre?». ¿Por qué una criatura «privada de todo aire» en la tumba necesitaría la sangre de los vivos, si ni siquiera posee funciones biológcas que requieran algún tipo de alimento?


«¿Cómo estos muertos poseen el poder de salir de las tumbas, de caminar y de ejercitar el movimiento voluntario, de secretar el esperma de los testículos?»


Estas «funciones que se alegan aquí» sólo pueden existir en un cuerpo vivo; por lo tanto, o los llamados vampiros no existen, «y sus historias deben considerarse como relatos supersticiosos», o bien están vivos de alguna manera; por lo tanto, no serían criaturas sobrenaturales sino individuos que padecen algún tipo de enfermedad desconocida.

De hominibus post mortem sanguisugis apunta sobre todo a los testigos que afirman haber sido «atormentados por vampiros con diversas dolencias». Padecimientos reales y bien documentados, como la fiebre, pueden producir un «desbordamiento copioso y rápido» de la imaginación.

En cuanto a las exhumaciones, el libro sostiene que «la sangre puede fluir después de la muerte por causas naturales», particularmente «por los ojos, las fosas nasales, la boca y los oídos, en tal abundancia que la mortaja y el ataúd pueden estar manchados». Esto podría confundir a los profanadores, haciéndoles creer que el cuerpo es en realidad un vampiro, y que la sangre no es suya. Sobre la ausencia de signos de putrefacción, el libro presenta algunas ideas bastante originales:


«Los cadáveres de VAMPIROS no contaminados por la descomposición, podrían tal vez denotar la condición especial y milagrosa de estos muertos, si no fuera porque otras circunstancias, también naturales, causan el mismo efecto (...) En los hombres de hábito corporal más seco y tenso, o en las personas privadas de sangre por hemorragias anteriores, o por heridas más graves, se observa que sus cuerpos no contienen más que huesos, cartílagos, ligamentos, piel, y nada más.»


De hominibus post mortem sanguisugis también propone una explicación natural para los movimientos observados en el cuerpo de los supuestos vampiros cuando se les perfora el tórax con una estaca:


«Sobre el sonido y el suspiro que los presentes percibieron de ARNOLD PAOLE, cuando la estaca le atravesó el pecho y el corazón de la manera habitual, espero encontrar menos dificultades en la explicación de este fenómeno. Por supuesto, la constitución de los pulmones después de la exhalación es tal que, aunque se colapsaban notablemente, retenían sin embargo una gran cantidad de aire en sus células y vesículas que, al ser comprimidas violentamente contra el pecho, no podían dejar de estallar con fuerza.»


El libro concluye concluye que la verdadera causa del vampirismo podría ser algún tipo de enfermedad epidémica., y recomienda a los jueces no aprobar «la ejecución supersticiosa de los muertos», es decir, la exhumación y profanación, bajo pretextos irracionales.

El texto original puede encontrarse aquí.




Libros prohibidos. I Libros de vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La Tierra más allá del Bosque»: Emily Gerard; libro y análisis.


«La Tierra más allá del Bosque»: Emily Gerard; libro y análisis.




«Transilvania bien podría llamarse la tierra de la superstición, porque en ningún otro lugar esta curiosa planta torcida del engaño florece con tanta persistencia y en una variedad tan desconcertante. Casi parecería como si los demonios, duendes y brujas, expulsados del resto de Europa por la ciencia, se hubiesen refugiado en estas montañas.»


Emily Gerard era de una mujer notable. Pasó muchos años en varias regiones inhóspitas de Europa Central con su esposo, un oficial del ejército austríaco, no tanto en su rol de esposa y madre de dos niños pequeños, sino como folclorista aficionada. Previamente había publicado algunos cuentos, reseñas, y un par de novelas en colaboración con su hermana, Dorothea. Pero fue mientras su esposo estuvo estacionado en Hermannstadt y Kronstadt, que Emily Gerard investigó, y luego escribió sobre los relatos, tradiciones y supersticiones de la zona. Su principal ensayo, titulado Supersticiones de Transilvania (Transylvanian Superstitions), publicado en la edición de julio de 1885 de la revista The Nineteenth Century, sería la principal fuente del Drácula de Bram Stoker.

Un año después de la publicación de Drácula, Supersticiones de Transilvania pasó a formar parte de un proyecto más grande y ambicioso: La Tierra más allá del Bosque (The Land beyond the Forest), cuyo título es una traducción del latín medieval transilvania; de trans, «más allá»; y sylva, «bosque».

Emily Gerard se sintió cautivada por Transilvania. Sus historias no fueron recogidas de las reuniones de la alta sociedad militar estacionada en la zona, sino de la gente común, incluso de la gente común en aldeas remotas. Emily Gerard se negaba a ir armada en sus largas caminatas, y mucho menos a ser acompañada. Confiaba en su calidez, en su relativa fluidez para comunicarse en varios idiomas, y en su olfato. Tal es así que solo utilizaba mapas para orientarse en relación a los caminos principales, porque sus caminatas se adentraban lejos de cualquier camino. Allí observaba, escuchaba, preguntaba y tomaba notas.


«Que tales remedios se utilizan incluso ahora es un hecho bien atestiguado, y probablemente hay pocos pueblos rumanos donde tales remedios no hayan tenido lugar en la memoria de los habitantes. Asimismo, no hay pueblo rumano que no cuente entre sus habitantes con alguna anciana (generalmente una comadrona) versada en las precauciones que deben tomarse para contrarrestar a los vampiros, y que haga de esta ciencia un floreciente oficio. La familia que ha perdido a un miembro la convoca y le pide que coloque el cadáver de forma segura en su ataúd, para asegurarse de que contrarrestre cualquier instinto vampírico. A veces clava un clavo en la frente del difunto, o se frota el cuerpo con la grasa de un cerdo que ha sido sacrificado en la fiesta de San Ignacio. También es habitual colocar la rama espinosa de un rosal silvestre sobre el cuerpo para evitar que salga del ataúd.»


A fines del siglo XX, la Biblioteca de Londres logró rastrear el proyecto de investigación de Bram Stoker para su novela Drácula. Bram Stoker, por supuesto, era miembro de la biblioteca, y se encontraron los 25 libros que utilizó como material de referencia; no solo los títulos, sino los libros físicos que tomó prestados, muchos de los cuales tienen notas escritas a mano [me temo que Stoker era el tipo de monstruo que escribía en libros de biblioteca]. Supersticiones de Transilvania de Emily Gerard fue una de las dos fuentes principales de Bram Stoker, de la cual, entre otras cosas, extrajo el concepto de nosferatu [ver: El código secreto en el «Drácula» de Bram Stoker]

La Tierra más allá del Bosque es, en esencia, un diario de viaje que se convirtió en un libro en dos volúmenes. Bram Stoker se apoyó [tal vez demasiado] en Emily Gerard para darle forma al diario de Jonathan Harker. Ambos, Emily Gerard y Harker, están menos interesados en el paisaje y la arquitectura que en la naturaleza de la gente de Transilvania, en sus creencias y «supersticiones». La misión de Harker, desde luego, no le permite extraviarse demasiado de su objetivo, pero Emily Gerard pasaba días enteros caminando o cabalgando hacia aldeas remotas, atenta a los hábitos de los campesinos y comerciantes, escuchando sus historias, pero con la desventaja de no ser antropóloga profesional, lo cual terminó siendo una bendición para el lector.

Quiero decir, un atropólogo hace lo mismo que hacía Emily Gerard: va a un lugar «nuevo», habla con la gente, toma notas y trata de darle sentido a todo. Emily Gerard no tenía la «ventaja» de contar con una disciplina académica para enseñarle qué preguntas hacer y cómo compararlas. Por lo tanto, Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque son piezas más personales que profesionales, más animadas y detalladas que rigurosas. Otro punto favorable [desde el punto de vista del lector] es que Emily Gerard no estaba buscando «algo» en particular. Ella habla de strigoii, licantropos y vampiros con el mismo interés con el que explora las costumbres de una boda rural o los patrones de tejido de una anciana.

Sin embargo, y a pesar de sus variados intereses, el lado oscuro de Transilvania terminó absorbiendo su atención, en especial las creencias de los campesinos sobre lo que sucede después de la muerte, y lo que sucede cuando los muertos no permanecen muertos:


«Estos espíritus inquietos, llamados strigoi, no son maliciosos, pero su apariencia no anuncia nada bueno y pueden considerarse como presagios de enfermedad o desgracia.»


Bram Stoker no usa el término strigoi que recoge Emily Gerard, probablemente porque no estaba escribiendo sobre «espíritus inquietos», sino sobre un individuo específico. Sin embargo, ciertos elementos y frases que se encuentran en Drácula derivan directamente de las reflexiones de Emily Gerard. Considerando la enorme industria de libros, estudios y ensayos sobre la gran novela de Bram Stoker durante los últimos 120 años, pocos autores han investigado en profundidad que una parte importante de su inspiración [vital, diría yo], proviene de una mujer escocesa que arremangó sus faldas victorianas y se embarró los pies con tierra transilvana para preguntar a los nativos sobre sus vidas, sus hábitos y sus creencias.

Si bien gran parte de la información que Emily Gerard vierte en Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque parece tener fuentes confiables, la nomenclatura utilizada para los vampiros es incorrecta, y este error también se deslizó hacia Drácula. Por ejemplo, la palabra nosferatu presentada por Emily Gerard, y repetida por Bram Stoker en su novela, como el término común en Transilvania para «vampiro», no es en realidad una palabra rumana [ver: Nosferatu no existe ni siquiera en el Paso de Borgo]. Emily Gerard escribe:


«Más decididamente malvado es el nosferatu, o vampiro, en el que todo campesino rumano cree tan firmemente como en el cielo o el infierno. Hay dos tipos de vampiros, vivos y muertos. El vampiro vivo es generalmente la descendencia ilegítima de una pareja ilegítima; pero incluso un pedigrí impecable no asegurará a nadie contra la intrusión de un vampiro en su bóveda familiar, ya que cada persona asesinada por un nosferatu se convierte igualmente en vampiro después de la muerte, y continuará chupando la sangre de otras personas inocentes hasta que el espíritu haya sido exorcizado abriendo la tumba de la persona sospechosa y clavando una estaca en el cadáver, o bien disparando un tiro de pistola en el ataúd.»


A propósito del nosferatu, en Drácula podemos leer lo siguiente:


«Amigo Arthur, si hubieras encontrado ese beso antes de que la pobre Lucy muriera; o de nuevo, anoche, cuando le abriste los brazos, con el tiempo, cuando hubieras muerto, te habrías convertido en nosferatu, como lo llaman en Europa del Este (...) El nosferatu no muere como la abeja después de picar. Solo se vuelve más fuerte; y siendo más fuerte tiene aún más poder para obrar el mal.»


Emily Gerard recoge una receta profiláctica menos dramática que clavar una estaca en el corazón del vampiro. Según una tradición, anota, se supone que caminar fumando alrededor de la tumba en cada aniversario de la muerte del sospechoso es efectivo para confinar al vampiro. Y añade: «en casos muy obstinados de vampirismo se recomienda cortar la cabeza, y volver a colocarla en el ataúd con la boca llena de ajo, o extraer el corazón y quemarlo, esparciendo sus cenizas sobre la tumba.»

En rumano hay dos palabras para seres vampíricos que Emily Gerard fundió en el término nosferatu: moroi y strigoi [pl. moroii y strigoii]. Strigoi parece ser una categoría más amplia de vampiros, pero ambos comparten muchos rasgos, incluidos comportamientos, prevención y modos de destrucción [ver: Strigoi: los vampiros que inspiraron la leyenda de Drácula]. Los moroii y strigoii tienden a confundirse con otras dos entidades, vârcolaci y pricolici, que podrían estar más cerca de nuestro concepto del hombre lobo [ver: Razas y clanes de hombres lobo]

La Tierra más allá del Bosque suele referirse a los vampiros como «espíritus inquietos», pero también nos brinda información sobre la fuente de esa inquietud.


«Esta inquietud por parte del difunto puede ser causada por haber escondido tesoros durante su vida, en cuyo caso está condenado a frecuentar el lugar donde ha escondido sus riquezas hasta que sean descubiertas; o bien puede haber muerto con algún pecado secreto en su conciencia, como, por ejemplo, haber quitado el mojón del terreno de un vecino para ensanchar el suyo. Entonces probablemente, se verá obligado a vagabundear con un saco de la tierra robada a la espalda hasta que haya logrado venderla a la gente que encuentra en sus vagabundeos nocturnos.»


Emily Gerard relaciona al vampiro con dos elementos centrales: los tesoros y la tierra, que puede ser robada o conquistada militarmente. Bram Stoker también hace que la tierra sea importante en Drácula; tanto es así que el Conde necesita dormir en su tierra natal, que debe transportar a Inglaterra a bordo del Deméter; sin embargo, nunca sabemos cuál es la razón de esta regla [ver: El misterio del «Deméter»]. En La Tierra más allá del Bosque, los strigoii deben cargar una bolsa de tierra sobre la espalda [simbólicamente la misma norma que debe seguir Drácula] a causa de haber robado un pedazo de terreno. Bram Stoker no lo menciona específicamente, pero está implícito en la estirpe aristocrática de Drácula que este, o sus ancestros, han ensanchado sus territorios, en cierto modo «robándolo» de sus vecinos.


«Al nacer un niño, cada uno de los presentes toma una piedra y la arroja detrás de él, diciendo: Esto en las fauces de los strigoii, una costumbre que parecería sugerir a Saturno y las piedras envueltas en pañales. Mientras el niño no esté bautizado, debe ser vigilado cuidadosamente por temor a que un brujo lo dañe. Un trozo de hierro o una escoba debajo de la almohada mantendrá alejados a los espíritus.»


Es interesante cómo Emily Gerard relaciona esta tradición para evitar que un niño se convierta en strigoi con el mito griego de Cronos [Saturno, para los romanos], quien devoraba a sus hijos uno por uno, hasta que se lo empezó a engañar con piedras envueltas en pañales para salvar, entre otros, al pequeño Zeus.

En Drácula, Van Helsing consulta a un amigo especialista, el profesor Arminius, quien menciona que el Conde seguramente asistió a la Scholomance, una escuela de nigromancia dirigida por Satanás, ubicada en algún rincón secreto de los Cárpatos. Bram Stoker no dice explícitamente que allí el Conde se convirtió en vampiro; más bien, la sugerencia es que Drácula adquirió en Scholomance su arsenal sobrenatural, como el poder de cambiar de forma, controlar a ciertos animales [lobos, ratas, murciélagos], e incluso manejar el clima [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]. En otras palabras, los poderes sobrenaturales de Drácula no provienen de su naturaleza como vampiro, sino de los conocimientos de magia negra adquiridos en esta institución. Tanto en Supersticiones de Transilvania como en La Tierra más allá del Bosque, Emily Gerard se refiere a Scholomance:


«Como estoy en el tema de las tormentas eléctricas, también puedo mencionar aquí la scholomance, o escuela, que se supone que existe en algún lugar en el corazón de las montañas, y donde los secretos de la naturaleza, el lenguaje de los animales y toda la magia y los hechizos son enseñados por el diablo en persona. Solo diez eruditos son admitidos a la vez, y cuando el curso de aprendizaje ha expirado y nueve de ellos son liberados para regresar a sus hogares, el décimo es detenido por el diablo como pago y, montado en un ismeju o dragón, convirtiéndose en adelante en el ayudante de campo del diablo, sobre todo en cuanto la creación del mal clima y la distribución de rayos.»


En Drácula podemos leer lo siguiente:


«Ellos [la estirpe de Drácula] aprendieron sus secretos en la Scholomance, entre las montañas sobre el lago Hermanstadt, donde el diablo reclama al décimo erudito como su apoderado (...) [Drácula] Se atrevió incluso a asistir a la Scholomance, y no hubo rama del conocimiento de su tiempo que él no practicara.»


Hay mucho trabajo académico sobre las fuentes de Bram Stoker en un intento de explicar los orígenes de Drácula. Esta tarea es absurda debido a su caracter abarcativo; sin embargo, si ponemos el foco sobre ciertos puntos específicos de la novela, las fuentes de Bram Stoker se vuelven obvias. Tanto Supersticiones de Transilvania como La Tierra más allá del Bosque están fuertemente presentes en los comentarios de Drácula a Jonathan Harker: «Estamos en Transilvania; y Transilvania no es Inglaterra. Nuestros constumbres no son vuestras costumbres, y habrá para usted muchas cosas extrañas». Esta línea tan citada tiene la función de mitificar Transilvania para el lector victoriano. Según el diario de Jonathan Harker, Transilvania se encuentra «en el extremo este del país, justo en la frontera de tres estados, Transilvania, Moldavia y Bucovina, en medio de los Cárpatos; una de las partes más salvajes y menos conocidas de Europa». El Conde continúa describiendo a Transilvania como un «remolino» de razas europeas, una metáfora que Bram Stoker tomó prestada de Emily Gerard.

En las notas premilinares de la novela encontramos la siguiente entrada: «el viaje — lobos — llamas azules». El viaje, por supuesto, se refiere al viaje de Harker al Castillo de Drácula, en el cual observa a unos lobos siguiendo el carruaje y unas extrañas luces azules. El diario de Harker dice:


«De repente, a nuestra izquierda, vi una débil y parpadeante llama azul. El conductor la vio en el mismo momento; inmediatamente detuvo a los caballos y, saltando al suelo, desapareció en la oscuridad. No sabía qué hacer, menos cuanto más se acercaba el aullido de los lobos; pero mientras me preguntaba qué hacer el conductor reapareció, y sin una palabra se sentó, y reanudamos nuestro viaje. Pude observar los movimientos del conductor. Fue rápidamente hacia donde brotaba la llama azul (debía de ser muy débil, porque no parecía iluminar el lugar que la rodeaba) y, juntando unas cuantas piedras, las transformó en algún tipo de dispositivo.»


Más adelante en la historia, Harker le pregunta a Drácula sobre estos sucesos. Quiere saber por qué el cochero [que era Drácula, pero Harker no lo sabe] fue a los lugares donde había visto las llamas azules. El Conde explica:


«Se creía comúnmente que, en cierta noche del año, la última noche, de hecho, cuando se supone que todos los espíritus malignos tienen un dominio ilimitado, se ve una llama azul sobre cualquier lugar donde se haya escondido un tesoro.»


Drácula menciona que el lugar donde Harker vió las luces azules seguramente era «terreno por el que lucharon durante siglos los valacos, los sajones y los turcos. ¡Porque apenas hay un pie de tierra en toda esta región que no haya sido enriquecida con la sangre de los hombres, patriotas o invasores». La creencia de que, en la víspera de San Jorge, una llama azul aparece sobre cualquier lugar donde se haya enterrado un tesoro se puede encontrar en Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque:


«Quizás el día más importante en el año de los rumanos es el de San Jorge, el 24 de abril (correspondiente a nuestro 6 de mayo), cuya víspera se dice que todavía es frecuentada por reuniones ocultas que tienen lugar por la noche en cavernas solitarias o dentro de muros en ruinas, y donde se practican todas las ceremonias propias del sabbath de las brujas (... ) La noche de San Jorge es la más favorable del año para tales investigaciones, y muchos campesinos rumanos pasan estas horas vagando por las colinas buscando tesoros, pues en esta noche (así dicen las leyendas) todos estos tesoros comienzan a arder, o, hablando en lenguaje místico, a florecer en el seno de la tierra, y la luz que emiten, descrita como una llama azul, sirve para guiar a los mortales favorecidos a su lugar de ocultamiento.»


En las notas preliminares de Drácula podemos encontrar lo siguiente: «En la noche antes del Domingo de Pascua, las brujas y los demonios salen y los tesoros escondidos flamean. Esta noche es perfecta para encontrar tesoros». Bram Stoker se nutre de los comentarios de Emily Gerard, pero no explora lo suficiente la idea de las «luces o llamas azules». De hecho, tanto en la novela como en algunas adaptaciones cinematográficas, especialmente en la de Francis Ford Coppola, las llamas azules parecen tener alguna relación con el Conde, cuando en realidad simplemente ocurren en esta noche del año [ver: El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker]

También en las notas preliminares se encuentra la siguiente entrada: «hombre lobo o prikolitsch», que también está inspirada en La Tierra más allá del Bosque:


«El primo hermano del vampiro, el hombre lobo, se encuentra persistentemente bajo el nombre de prikolitsch. A veces es un perro en lugar de un lobo cuya forma un hombre ha tomado, o se ha visto obligado a tomar como penitencia por sus pecados. En un pueblo todavía se cuenta —y se cree— la historia de un hombre que, un domingo, conduciendo a casa con su esposa, sintió de pronto que había llegado el momento de su transformación. Por lo tanto, le entregó las riendas y se hizo a un lado entre los arbustos, donde, murmurando la fórmula mística, dio tres saltos mortales sobre una zanja. Poco después, la mujer, que esperaba en vano a su esposo, fue atacada por un perro furioso que salió corriendo entre los arbustos, ladrando, y logró rasgarle el vestido. Cuando, una o dos horas después, la mujer llegó a su casa después de dar por perdido a su esposo, se sorprendió al verlo venir sonriente a su encuentro; pero cuando vio entre sus dientes los jirones de su vestido, el horror de este descubrimiento la hizo desmayarse.»


Emily Gerard añade la siguiente historia:


«Otro hombre solía afirmar gravemente que durante varios años había andado en forma de lobo, conduciendo una manada de estos animales, hasta que un cazador, al cortarle la cabeza, le devolvió su forma natural. Esta superstición una vez resultó casi fatal para un inofensivo botánico, quien, mientras recolectaba plantas en la ladera de una colina hace muchos años, fue observado por algunos campesinos y, como consecuencia de su actitud agazapada, lo confundieron con un lobo. Sin embargo, antes de que tuvieran tiempo de alcanzarlo, se puso de pie y se reveló en forma de hombre; pero esto, en la mente de los rumanos, no fue más que un motivo adicional para atacarlo. Estaban bastante seguros de que debía ser un prikolitsch


Bram Stoker utiliza repetidamente la figura del hombre lobo, y la sugerencia de la licantropía, a lo largo de la novela; pero no menciona a los prikolitsch [«abrigo de lobo»]. El propio Conde desciende en Whitby en forma de de un gran perro, y lobos de extraordinario tamaño rondan por el Castillo de Transilvania, incluso parecen escoltar tan cercanamente el carruaje en el que viaja Jonathan Harker que el propio Drácula debe intervenir para contenerlos [ver: Una exploración literaria por el Castillo de Drácula]

En La Tierra más allá del Bosque, el tema de los licántropos es relativizado por Emily Gerard, quien lo explica como una consecuencia lógica en una región donde los lobos todavía eran comunes.


«No necesitamos ir muy lejos para explicar la extraordinaria tenacidad de la leyenda del hombre lobo en un país como Transilvania, donde todavía abundan los lobos reales. Cada invierno aquí trae nuevas pruebas de la audacia y la astucia de estos terribles animales, cuyos ataques a los rebaños y granjas a menudo se llevan a cabo con una habilidad que honraría al intelecto humano. A veces un pueblo entero se ve atemorizado durante semanas seguidas por algún líder particularmente audaz, a quien los campesinos atribuyen una naturaleza más que animal; y es seguro profetizar que mientras el lobo de carne y hueso continúe rondando por los bosques de Transilvania, su hermano fantasma sobrevivirá en la mente de la gente.»


No es improbable que Bram Stoker haya tomado el nombre de Drácula de Emily Gerard, después de todo, ella deja en claro que la raíz de la palabra drak significa «diablo», no una, sino tres veces; la primera mencionando «el jardín del diablo [Gregnyia Drakuluj], la segunda describiendo «la montaña del diablo» [Gania Drakuluj]; y la tercera refiriéndose al «abismo del diablo» [Yadu Drakuluj]. El probable que Bram Stoker, como mínimo, haya encontrado confirmación en el ensayo de Emily Gerard, no únicamente en relación al significado de Drácula, sino a esta idea de que el mal acecha en todas partes en Transilvania [jardines, montañas y abismos], de tal modo que «estas personas se creen rodeadas por toda una legión de espíritus malignos».

Estos «espíritus malignos», continúa Emily Gerard, «son asistidos por ismejus (otro tipo de dragón)». Algunos asocian el nombre de Drácula con la palabra dragón, y en la versión de Francis Ford Copolla incluso se menciona que dracul significa «dragón»; sin embargo, Bram Stoker no utiliza ni una sola vez la palabra «dragón» en toda la novela [ver: Breve historia del Dragón medieval]

Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque son las principales influencias de Bram Stoker, no solo a través del contenido y la forma de las leyendas transilvanas, sino de la interpretación occidental de Emily Gerard. En efecto, Emily Gerard insiste hasta el hartazgo en que Transilvania es una tierra supersticiosa; por lo tanto, su acercamiento a las leyendas locales asume una forma que oscila entre la superioridad y la condescendencia. Esta misma actitud se encuentra en los personajes occidentales de Drácula, pero con una dificultad: ellos saben que estas historias no son supersticiones [¡los vampiros existen en este mundo!], lo cual no parece atenuar cierto aire de superioridad en relación a las costumbres transilvanas.

Cuando Mina Harker llega a Transilvania queda impresionada por la belleza del paisaje y la hospitalidad de la gente; sin embargo, hay un aspecto que la perturba: «ellos son muy, muy supersticiosos». El hecho de que Mina utilice cursivas no solo enfatiza el carácter supersticioso de la gente, sino que lo coloca como el rasgo predominante. Del mismo modo, La Tierra más allá del Bosque abre con la siguiente declaración: «Transilvania bien podría llamarse la tierra de la superstición». De todos modos, el prejuicio de Mina no tiene su raíz en sus experiencias personales; de hecho, estas han sido positivas, pero la lectura del diario de Jonathan, con sus constantes alusiones a la extrañeza del lugar, la condiciona a compartir la opinión de su prometido.

Esta idea de que Transilvania es un lugar supersticioso se establece temprano en Drácula, así como en la primera línea de Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque. En ambos casos, Harker y Emily Gerard llevan consigo sus preconceptos desde Londres. Incluso antes de llegar a Transilvania, Harker piensa que esta es una región supersticiosa debido a sus lecturas previas. En cierto modo, Harker actúa como Bram Stoker, asumiendo la supuesta naturaleza supersticiosa del lugar basándose en sus lecturas, en el caso de Stoker, la lectura de Emily Gerard.

La idea original de Bram Stoker era situar la historia en Estiria [Austria], una región asociada con los vampiros a través de Carmilla de Sheridan Le Fanu, pero cuando leyó Supersticiones de Transilvania decidió cambiar el lugar de residencia de Drácula. Emily Gerard era novelista, de modo que su enfoque de Transilvania posee un tinte que sin dudas atrajo a Bram Stoker. Por ejemplo, tanto en Supersticiones de Transilvania como en La Tierra más allá del Bosque, la autora sostiene que incluso el paisaje transilvano parece «adaptado para servir de escenario para todo tipo de seres sobrenaturales» ya que «hay innumerables cavernas cuyas profundidades parecen hechas para albergar legiones enteras de espíritus malignos». A esto hay que añadirle «la naturaleza imaginativa y poéticamente inclinada» de los lugareños para que el cambio de Estiria a Transilvania fuese decidido casi de inmediato luego de que Bram Stoker leyera a Emily Gerard.

Además, Emily Gerard establece que muchas de estas supersticiones reflejan no solo el miedo de los lugareños al diablo, sino a sus agentes [brujas, dragones, vampiros], y muchos topónimos de los lugares más peligrosos están relacionados con ellos. Por otro lado, Emily Gerard escribe que «se supone que el poder de encontrar cierto tesoro solo pertenece a los miembros de una familia en particular»; y da el ejemplo de unos campesinos rumanos que piden ayuda al heredero de una familia aristocrática para encontrar un tesoro. Bram Stoker también utiliza esta idea cuando Harker advierte que Drácula, quien está orgulloso de su estirpe aristocrática, sabe exactamente el lugar donde están enterrados los tesoros que brillan con una luz azul [ver: Porque los muertos viajan deprisa]

En Supersticiones de Transilvania y La Tierra más allá del Bosque, Emily Gerard declara que «en ninguna parte la superstición del campesino rumano encuentra una expresión más fuerte que en sus ritos funerarios y de duelo, que se basan en una concepción totalmente original de la muerte». En la presentación de estas prácticas funerarias, la perspectiva de Emily Gerard se enfoca más en los ritos extremos, y no en las prácticas habituales. En su descripción, ciertos elementos pueden ser asociados al vampirismo [la pérdida de sangre de las supuestas víctimas de los no-muertos, las formas de matar a estos seres, etc], pero todo el proceso está lejos de centrarse exclusivamente en la potencialidad del vampirismo en los recién fallecidos. Sin embargo, Emily Gerard lo etiqueta todo en función de esta «superstición».

Es cierto, los strigoii poseen elementos en común con los vampiros, pero mayores son las similitudes con el concepto de fantasma. Por ejemplo, el strigoi es un espíritu, no una criatura física, y solo acecha en los lugares donde vivió cuando era un ser humano. Puede aparecer con un aspecto sanguinolento, pero la mordida nunca se describe en las leyendas. Sin embargo, para Emily Gerard, y para muchos de sus sucesores, los strigoii son una raza de vampiros.

Buena parte del edificio sobrenatural de Drácula depende de los cimientos que estableció Emily Gerard. En la novela hay una gran ambivalencia en la actitud de los personajes «civilizados» hacia la superstición, como si no hubiera una línea clara entre superstición y religión. Esto se apoya en la mirada de Emily Gerard, quien abre La Tierra más allá del Bosque con una cita de Jacob Grimm que subraya este vínculo entre superstición y religión: «la superstición en toda su multiplicidad constituye una especie de religión aplicable a todas las necesidades domésticas de la vida diaria». Esta actitud ambivalente, esta fascinación con la superstición que lleva al observador occidental a intentar racionalizarla, está arraigada en Bram Stoker, via Emily Gerard.

Al cierre de Supersticiones de Transilvania, Emily Gerard expresa una dura crítica: «la superstición es un mal cuya muerte debería desear toda persona con una mente bien equilibrada.» Años más tarde, cuando este ensayo se expandió hasta convertirse en La Tierra más allá del Bosque, esta declaración no se incluyó. ¿Por qué? Porque Emily Gerard consiguió despegarse de su inicial actitud negativa y racionalista sobre las «supersticiones» rumanas, aprendiendo a encontrar belleza, incluso belleza estética, en las creencias populares de Transilvania.

Recordemos que Supersticiones de Transilvania apareció en la revista Nineteenth Century, de la cual se esparaba un tono científico del fenómeno expuesto. En La Tierra más allá del Bosque, la superstición es más ampliamente discutida, e incluso expuesta en una actitud menos crítica que descriptiva.


«Las viejas piedras comenzarán a hablar, y los viejos dioses se dejarán atraer fuera de sus escondites. Entonces se verá que la lira de Apolo no ha cesado de vibrar, y las baladas de la antigua Roma surgirán y desarrollarán una nueva vida.»


Esta invitación a darle «nueva vida» a las viejas leyendas fue recogida por Bram Stoker, creando a su vez uno de los mitos literarios más sólidos y perdurables.

[No hay disponibles ediciones en español en pdf de los libros de Emily Gerard, pero se puede acceder a los originales en inglés aquí y aquí]




Vampiros. I Libros prohibidos.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del libro de Emily Gerard: La Tierra más allá del Bosque (The Land Beyond the Forest) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Las 100 páginas eliminadas de «Drácula» [y un final alternativo]


Las 100 páginas eliminadas de «Drácula» [y un final alternativo]




Los viejos siglos tenían, y tienen,
poderes propios que la mera «modernidad» no puede matar.


Si Bram Stoker hubiera seguido adelante con sus planes iniciales, Drácula (Dracula) habría sido una novela muy diferente. En esta primera versión, titulada El No Muerto (The Un-Dead), un profesor alemán, Max Windshoeffel, se habría enfrentado al Conde Wampyr de Estiria, Lucy Westenra habría estado comprometida con el doctor Seward, mientras que Mina habría asesinada por un hombre lobo.

Incluso en la versión terminada de Drácula hay algunos cabos sueltos. ¿El Conde es realmente destruido al final de la novela? Si no es así, ¿tenía Bram Stoker la intención de escribir una secuela? Todas estas cuestiones requieren una respuesta detallada. Comencemos, entonces, por el final de Drácula, el cual está directamente relacionado con estas 100 páginas eliminadas del manuscrito original.

El final de la novela es lo suficientemente ambiguo como para sugerir que es posible que Drácula no haya sido destruido. A lo largo del libro, Van Helsing insiste en que el método apropiado para matar a un vampiro es una estaca en el corazón, seguido de la decapitación. Pero, cuando llega el momento crucial, no hay estaca de madera. Drácula es derrotado con dos cuchillos y no está claro si se llevó a cabo una decapitación completa. ¿Esa tenue nube de polvo en la que se disuelve el cuerpo del Conde es una señal de que ha logrado escapar mediante una de sus tantas estratagemas? Las dudas solo aumentan cuando examinamos las instancias previas a la publicación de la novela.

Después de lo que parece ser la muerte de Drácula, Mina registra:


«El Castillo de Drácula se destacaba contra el cielo rojo, y cada piedra de sus almenas rotas se recortaba contra la luz del sol poniente».


En la versión mecanografiada podemos encontrar una interesante adición que luego sería eliminada:


«Mientras mirábamos se produjo una terrible convulsión de la tierra, de modo que pareció que nos balanceábamos de un lado a otro y caímos de rodillas. En el mismo momento, con un rugido que pareció sacudir los mismos cielos, todo el castillo y la roca e incluso la colina sobre la que se encontraba parecieron elevarse en el aire y dispersarse hacia en fragmentos mientras una poderosa nube de humo negro y amarillo se disparada hacia arriba con una rapidez inconcebible. Luego hubo una quietud en la naturaleza cuando retumbaron los ecos de algo, como el estampido hueco de un trueno, un largo redoble reverberante. Luego, en una ruina poderosa, cayeron los fragmentos que habían sido arrojados hacia el cielo en el cataclismo. Desde nuestra posición parecía como si el feroz estallido del volcán hubiera satisfecho el hambre de la naturaleza y que el castillo y la estructura de la colina se hubieran hundido nuevamente en el vacío. Estábamos tan consternados con lo repentino y la grandeza de ese suceso que nos olvidamos de pensar en nosotros mismos.»


En efecto, el final original de Drácula incluye una erupción volcánica que se traga el Castillo del Conde [ver: Una exploración literaria por el Castillo de Drácula]

Bram Stoker no incluyó este cataclismo en la novela, según su amigo Roger Sherman Hoar, porque «planeaba llevar a Drácula a Estados Unidos en otra historia» [ver: Drácula visita Salem's lot]. Esto es, por supuesto, un rumor. Sin embargo, el final que sí se publicó es decididamente ambiguo, lo cual podría ser una señal de que Bram Stoker tenía la intención de dejar abierta la posibilidad de una secuela.

Más aún, en la versión publicada no se usan las estacas para despachar al Conde, algo con lo que Van Helsing insiste a lo largo de la novela; de hecho, el uso de cuchillos podría ser una indicación de que Bram Stoker no se decidió por aniquilar por completo a Drácula y, en cambio, presentó un final ambivalente. Por supuesto, en esta posible secuela se explicaría que Drácula sobrevivió porque no fue ultimado correctamente.

Todo lo que se sabe sobre esta posible secuela de Drácula son rumores provenientes de amigos y familiares de Bram Stoker. Algunos sostienen que no solo planeaba una secuela, sino también una serie de relatos donde Van Helsing, como una especie de detective psíquico, se encargaría de resolver toda clase de entuertos paranormales. Lo cierto es que Bram Stoker nunca escribió una secuela de sus otras obras; ni siquiera recicló personajes de una historia a otra, de modo que una segunda parte de Drácula parece improbable.

El final de Drácula es decididamente anticlimático. No solo un villano tan inteligente y poderoso merecía un mejor final que ser despachado en cinco líneas, sino que los últimos dos capítulos de la novela poseen un ritmo excesivamente acelerado, como si hubiesen sido escritos a toda prisa, lo cual generó varias inconsistencias y puntos ciegos. Algunos sospechan que este frenesí no se debe a una escritura apresurada, sino a una corrección de último momento. ¿Acaso Bram Stoker fue persuadido por su editor [Archibald Constable] a cortar la escena del volcán en favor de un final más ambivalente?

Después de todo, por la versión mecanografiada sabemos que había muchos episodios y elementos que fueron recortados en la versión final. Por ejemplo, antes de llegar al Castillo tenemos unas 80 páginas en las que Jonathan Harker visita la Casa Muerta de Munich, donde, sin saberlo, conoce a una vampiresa llamada Condesa Dolinger de Gratz.

Es inusual que el manuscrito de una obra tan importante se pierda por completo... durante casi un siglo, pero este fue el caso del texto mecanografiado original de Drácula, cuya existencia no se sospechó hasta su descubrimiento en 1984. En las notas preliminares de la novela hay un apartado sin fecha que contiene varios títulos posibles, entre ellos, El No Muerto (The Un-Dead) y El Muerto No Muerto (The Dead Un-Dead). El 18 de mayo de 1897 se llevó a cabo una especie de premiere; en realidad, una lectura teatral de la novela. El programa impreso publicitó la obra como Drácula o El No Muerto (Dracula, or the Un-Dead). Dos días después Bram Stoker firmó el contrato con la editorial, Constable & Co., donde se especifica que el título de la novela es El No Muerto (The Un-Dead), pero cuando el libro apareció en las librerías, el 26 de mayo, el título se cambió al memorable, crujiente y enfático Drácula. Se desconoce si el cambio fue consensuado entre el autor y la editorial, o si fue una decisión unilateral.

Bram Stoker era un escritor minucioso [anal, diría Freud]. Existe evidencia concreta de las complejas reorganizaciones que sufrió la historia durante siete años de trabajo, además de una última carnicería al preparar el texto mecanografiado para la imprenta. La mayoría de las páginas del texto mecanografiado tienen, al menos, tres conjuntos de paginación: uno mecanografiado y dos en tinta, escritos a mano, lo cual sugiere la existencia de textos mecanografiados anteriores o, al menos, de otra drástica reorganización. Debido a que Bram Stoker utilizó el método de cortar y pegar [en esa época, literalmente cortar y pegar] para ensamblar el manuscrito, la numeración no siempre es lineal; de hecho, algunas páginas tienen dos números consecutivos.

Para evitar este engorro digamos que las secuencias de numeración indican con cierto grado de probabilidad que Bram Stoker no solo alteró el orden de los capítulos, sino el orden de las páginas dentro de los capítulos.

Del texto mecanografiado y las notas preliminares se desprenden algunas cuestiones interesantes, entre ellas, que el viaje de Jonathan Harker a Transilvania no era el comienzo original de la novela. El primer capítulo consistiría en la correspondencia entre Drácula y el señor Hawkins [el jefe de Jonathan] acerca de la compra de una propiedad en Londres. En el segundo capítulo, Harker habría escrito en su diaro de viaje que se detuvo en Munich para asistir a una representación de El holandés errante (Der Fliegende Hollander) de Richard Wagner [una elección apropiada dados sus elementos sobrenaturales], donde conocería a la Condesa Dolinger de Gratz, una vampiresa más sofisticada que las tres novias del Castillo. Está claro que, como mínimo, Bram Stoker eliminó 102 páginas que preceden al inicio del Drácula que conocemos, el cual comienza con una entrada del diario de Jonathan Harker fechada el 3 de mayo.

Florence, la viuda de Bram Stoker, publicó un texto mecanografiado después de la muerte de su esposo, que, según ella, era el segundo capítulo original de la novela. Lo tituló El huésped de Drácula (Dracula's Guest) y apareció en una colección de 1914 del mismo título. Sin embargo, a la luz de las notas y las versiones previas, hoy sabemos que El huésped de Drácula no era un capítulo, sino un borrador muy temprano de la novela, o incluso un cuento independiente que data de alrededor de 1890.

No ha sobrevivido ningún texto escrito a mano de Drácula, si es que realmente existió alguno, pero sí ha sobrevivido un extenso archivo de notas preliminares, esquemas de la trama, listas y descripciones de los personajes, y varios borradores mecanografiados. Al igual que Mina Harker, Bram Stoker optó por utilizar la máquina de escribir, que para la década de 1890 había dejado de ser un dispositivo que solía fallar y difícil de mantener. En el capítulo XIV de la novela, Mina expresa su gratitud por poder usar la «máquina de escribir del viajero», posiblemente una referencia a la la Columbia, una máquina de escribir portátil. Es probable que Bram Stoker escribiera toda la novela en dispositivos de este tipo, o bien que haya contratado a una de las numerosas agencias de mecanografía que existían en la época para transcribir textos escritos a mano. Si esto fue así, el trabajo habría sido hecho por una mujer, una auténtica Mina cuyo nombre nunca conoceremos.

Desde luego, todas las páginas del texto mecanografiado exhiben alguna revisión a mano por parte de Bram Stoker, a veces añadiendo una o dos frases. Una de estas adiciones de última hora, en puño y letra, es la cita de la popular balada de Gottfried August Bürger, Lenore (Lenore)Denn die Todten reiten schnell [«porque los muertos viajan deprisa»], susurrada por uno de los pasajeros del carruaje que Harker toma en el Paso de Borgo [ver: Porque los muertos viajan deprisa]

Algunas de estas revisiones fueron hechas por el distinguido médico Sir William Thornley Stoker, hermano de Bram, quien lo asesoró en el aspecto médico de la historia, sobre todo en relación a las transfusiones de sangre que se le administran a Lucy Westenra con la esperanza de salvarla. De hecho, William Stoker viajó desde Dublin, su lugar de residencia, a Londres, a efecto de asegurarse de que la descripción técnica del inusual proceso de transfusión de sangre hecha por Bram fuera precisa.

En este punto del desarrollo de Drácula, Renfield, aquel entrañable paciente zoófago, todavía no tenía nombre propio, y simplemente se refería a él como Flyman [ver: Síndrome de Renfield]. La Abadía de Carfax [una de las propiedades que Drácula adquiere en Londres] tampoco tenía nombre, y las fechas y progresión de hechos a bordo del Deméter [el barco que lleva al Conde a Whitby] eran un verdadero caos. Todo esto sugiere que Bram Stoker permaneció indeciso sobre diferentes aspectos de la novela hasta una etapa relativamente tardía.

A propósito de Lucy, la muchacha encuentra un «broche misterioso» en la playa de Whitby, probablemente uno de los objetos que se perdió en el naufragio del Deméter. Esta pieza de joyería juega un papel importante en la versión no publicada, cuando Lucy, sonámbula, camina por el cementerio de Whitby y es atacada. La seductora mujer rubia del Castillo que ataca a Harker usa el mismo tipo de joya. Ambas ejercen un poder hipnótico sobre Harker y Lucy, pero no queda claro si Bram Stoker deseaba que esta vampiresa viajara con el Conde a Inglaterra, perdiendo el broche en el naufragio.

Tal vez el aspecto más importante que no fue incluido en la versión publicada es el final. Afortunadamente, el pasaje fue tachado del texto mecanografiado pero resulta claramente legible. Allí nos enteramos que, después de que Morris y Harker matan al Drácula, el Castillo es destruido en un cataclismo volcánico. El pasaje sugiere que, así como el cuerpo de Drácula se mantenía sobrenaturalmente más allá de los límites de la muerte, el Castillo estaba atado al Conde [como Sauron al Anillo Único, o como la Casa Usher a Roderick Usher], y colapsó cuando ese vínculo se rompió debido a la muerte del Conde. Es posible que nunca sepamos los motivos de Bram Stoker para ese significativo recorte del clímax de la historia, pero es probable que tenga que ver con la posibilidad de traer de nuevo al Conde en una secuela [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]

Debemos retroceder siete años, hasta 1890, para encontrar el momento en que Bram Stoker se decidió por un tema y un personaje destinados a convertirse en un clásico. Él, su esposa e hijo pasaron el verano de 1890 en el balneario de Whitby, en la costa de Yorkshire. Esta pintoresca ciudad, con las imponentes ruinas de una abadía del siglo XIII sobre un promontorio junto al mar, causó una fuerte impresión en Bram Stoker; tal es así que esta localidad se incorporó a varios capítulos de Drácula. En el libro, Whitby se convierte en el sitio de la casa de vacaciones de la familia Westenra. Más tarde, cuando Drácula es llevado a Inglaterra en secreto a bordo de un barco mercante ruso, el Deméter, llega a Whitby en medio de una tormenta. El incidente se basó en un naufragio real de un barco ruso del que Bram Stoker había oído hablar a los residentes locales [ver: El misterio del «Deméter»]. Finalmente, después de que Drácula desembarca en forma de un gran perro, es en un banco en lo alto del acantilado, cerca del cementerio, donde Lucy Westenra tiene su primer y fatídico encuentro con el vampiro [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]

Según el hijo del autor, Noel Stoker, Drácula fue inspirado por una pesadilla de su padre sobre un rey vampiro que se levantaba de la tumba. Esta pesadilla se produjo durante aquellas vacaciones familiares en Whitby, luego de una indigestión.

Las primeras notas para el libro datan de marzo de 1890. En contraste con el vértigo periodístico al que Bram Stoker estaba acostumbrado, que apenas le permitía desarrollar un relato corto durante el año, y una novela en el transcurso de un mes de vacaciones, su trabajo sobre Drácula fue meticuloso, casi obsesivo, desde el principio; a tal punto que a menudo se estancaba durante semanas en la atención de detalles triviales. Todo este esfuerzo por la precisión y la verosimilitud, por el ritmo de la historia, por cada giro de la trama, cuidadosamente planeado y revisado en numerosas ocasiones, es, en lo personal, lo que más destaco de la novela. Por supuesto, mis opiniones son cirrelevantes aquí, pero tal vez sirvan para enfatizar esta relación entre el carácter obsesivo de un autor con la calidad de la obra producida. Prefiero leer una mala novela [no es el caso de Drácula] que realmente haya obsesionado a su autor, que una pieza excelente que solo haya constituído para su creador un desafío intelectual. En cualquier caso, a diferencia de sus otras novelas, Drácula fue, como toda obsesión, un proyecto a largo plazo [ver: El código secreto en el «Drácula» de Bram Stoker]

Las primeras notas de 1890 muestran que, originalmente, Bram Stoker concibió a Drácula como una obra en cuatro libros, que denominó De Estiria a Londres (From Styria to London) [luego tachó «Estiria» y la sustituyó por «Transilvania»]. Cada uno de estos cuatro libros constaría de siete capítulos. Aún en esta etapa temprana, la acción de cada capítulo se trazó con sorprendente detalle. El capítulo III del Libro 1 se describe como «El viaje — lobos — llama azul» [The journey — wolves — blue flame]; y el capítulo IV: «Llegada al castillo» [Arrival the castle]. Incluso una de las líneas más memorables del Conde ya había sido visualizada por Bram Stoker en 1890. Su borrador para el capítulo V dice: «Soledad — el beso — este hombre me pertenece» [Loneliness — the Kiss — this man belongs to me] [ver: ¡Este hombre me pertenece!]

El personaje principal aparece allí como El Conde [The Count], luego Conde Wampyr [Count Wampyr], y finalmente Drácula. Como dato curioso, Bram Stoker anota algunos rasgos especiales de los vampiros, por ejemplo, «nunca comer ni beber», «influencia sobre ratas», «dinero en oro viejo», «no hay espejos en el castillo, nunca puedo verlo reflejado» [ver: El «Drácula» de Stoker NO está inspirado en Vlad Tepes]

Todo este rigor contradice el corte abrupto que recibió el final original de Drácula. Como ya hemos mencionado, Drácula no es destruido de la manera recomendada por Van Helsing durante el curso de la novela, es decir, con una estaca atravesándole el corazón y, acto seguido, su decapitación. En cambio, es ultimado cuando Jonathan Harker le corta el cuello con su cuchillo kukri mientras que Quincey Morris, herido de muerte, clava su cuchillo bowie en el corazón del Conde. Esto es lo que sucede a continuación, tal como lo describe Mina:


«Fue como un milagro, pero ante nuestros propios ojos, y casi en un abrir y cerrar de ojos, todo el cuerpo se convirtió en polvo y desapareció de nuestra vista (...) incluso en ese momento de disolución final había en el rostro una mirada de paz como nunca hubiera imaginado que podría haber descansado allí.»


¿El obsesivo Bram Stoker está tratando de decirnos que Drácula está muerto, y aparentemente reconciliado con Dios, de un modo que contradice el lore que plantea la novela? Es como si Tolkien hubiera decidido a último momento, mientras Frodo y Sam [y Gollum] llegaban al Monte del Destino, que el Anillo Único podía ser destruido por un fuego común y corriente, y no por el calor volcánico que lo forjó en primera lugar? No es un ejemplo exagerado: Tolkien nos dice que la ÚNICA manera de destruir el Anillo es en el Monte del Destino, así como Van Helsing sostiene que la ÚNICA forma de matar a Drácula es atravesándole el corazón con una estaca y luego decapitarlo. Tolkien es consistente con el lore de su historia, pero Bram Stoker toma un camino alternativo. ¿Por qué? Solo hay dos respuestas posibles: pensaba traer de regreso al Conde en una secuela, o bien Van Helsing estaba equivocado [ver: El «cerebro infantil» de Drácula]

Personalmente creo que el plan de Bram Stoker era acabar con el Conde de forma consistente con el universo interno de la novela, pero Archibald Constable, su editor, le planteó la posibilidad de una secuela en el futuro. Realmente no podemos saber si Bram Stoker pensaba escribirla algún día, pero de todos modos recortó el final original y optó por un final ambiguo, un final que en su ambivalencia sí es consistente con el lore de la historia. Siguiendo esta posibilidad, la descripción de Mina de que el cuerpo de Drácula «se convirtió en polvo y desapareció de nuestra vista» podría ser una señal de que el Conde simplemente escapó convirtiéndose en polvo en el momento justo. Después de todo, es uno de sus poderes.

Sin embargo, hasta ese momento, la frente de Mina estaba marcada por la hostia eucarística que Van Helsing utilizó luego de ser mordida por el Conde. Al colocar la hostia en la frente de Mina, la piel quedó en carne viva, como si le hubieran apoyado «una pieza de metal al rojo vivo». La marca significa su infección vampírica y su enlace con Drácula, ya que en esta historia se establece un vínculo telepático entre los vampiros [ver: El enlace entre el Vampiro y su víctima]. Además, en el universo de Bram Stoker los vampiros no toleran los objetos sagrados. Drácula es repelido con crucifijos, sus «novias» se mantienen a raya con un círculo mágico hecho con hostias desmenuzadas; etc. En este sentido, cuando Drácula [aparentemente] ha sido despachado, un agonizante Quincey Morris dice:


«¡Gracias, Dios mío, porque todo esto no ha sido en vano! ¡Miren! ¡Ni la nieve está más limpia que su frente! ¡La maldición ha terminado!»


Si Drácula no murió, ¿cómo pudo suceder eso? La desaparición de la marca en la frente de Mina indica que ella está libre de la «infección». Además, lo que muchos olvidan es que la novela concluye con un epílogo ambientado siete años después. No hay signos de vampirismo en Mina. De hecho, ella y Jonathan han tenido un hijo, el pequeño Quincey. Por otro lado, Arthur Holmwood ha superado la pérdida de Lucy y se ha casado, también el doctor Seward. Hasta Van Helsing parece despreocupado y jovial. Si Bram Stoker tenía la intención de traer de regreso a Drácula, ¿dónde están las señales?

Respuesta: en las páginas excluidas de la novela publicada.

En la historia original, Scotland Yard toma parte en la investigación de las actividades del Conde en Londres. De hecho, Bram Stoker perfiló dos detectives que colaborarían con el grupo de «cazadores». Archibald Constable planteó su desacuerdo sobre este punto, en parte porque la investigación de estos dos detectives se desarrollaría en Londres, donde Jack el Destripador seguía prófugo. En resumen, Archibald Constable pensaba que incluir una investigación policial sobre una serie de misteriosos y espantosos asesinatos en Londres sería considerado un golpe bajo. Al final, Bram Stoker y su editor se pusieron de acuerdo, y el escritor accedió a eliminar la mayor parte del prefacio y unas cien páginas del manuscrito.

Ahora bien, para reconstruir la posibilidad de un Drácula que haya sobrevivido debemos comentar un dato biográfico: la misteriosa enfermedad de Bram Stoker, la cual lo confinó a la cama durante la mayor parte de su infancia hasta que se recuperó, abrupta y milagrosamente, a la edad de 7 años. Diez años más tarde sería campeón de rugby en el Trinity College. ¿Qué sucedió para que Bram Stoker pasara de ser un niño frágil y postrado a un duro jugador de rugby en tan poco tiempo? No, no creo que hubiera un vampiro involucrado, pero sí un conocimiento profundo, de primera mano, de lo que sentiría una víctima de vampirismo, particularmente un niño.

Al parecer, Bram Stoker consideró la posibilidad de que Drácula comenzara con la historia de un niño enfermizo que es curado por su niñera [en realidad, no es solo una niñera, sino una criatura sobrenatural]. Este episodio terminaría en la cima de una volcán en Rumania, básicamente en lugar donde estaba el Castillo del Conde, destruido por aquella erupción. Esto, sin embargo, sería presentado al lector al comienzo de la novela, pero cronológicamente tendría que ver con el final; mejor dicho, con el epílogo, porque este niño enfermizo es nada menos que el pequeño Quincey Harker, hijo de Jonathan y Mina. De este modo quedaría establecido que Drácula no solo sobrevivió, sino que siguió vampirizando al pequeño Quincey, quizás después de algunos años de recuperar fuerzas, y que el epílogo, conectado directamente con el prefacio, en realidad da comienzo a una nueva historia.

Por supuesto, todo esto es simplemente especulación, aunque posee ciertos fundamentos, porque buena parte de estos elementos no incluidos en el original aparecieron en Mörkrets makter [Poderes de la oscuridad], una versión islandesa de Drácula publicada en 1899, dos años después de la aparición del original, que fue aprobada por el propio Bram Stoker a pesar de sus extravagantes diferencias. Mörkrets makter [para no desviarnos demasiado hablaremos sobre esta versión en otro artículo] incluye TODO el material que Bram Stoker no publicó en la versión oficial, incluida la siguiente declaración en el prefacio:


«Estoy bastante convencido de que no hay duda alguna de que los eventos aquí descritos realmente sucedieron, por increíbles e incomprensibles que puedan parecer a primera vista.»


Por las circunstancias que rodean a El huésped de Dracula queda claro que Bram Stoker escribió versiones anteriores de Drácula, pero hay una confirmación más directa que proviene de una fuente inesperada: H.P. Lovecraft. En una carta a Frank Belknap Long, fechada el 7 de octubre de 1923, el flaco de Providence escribe:


«La señora Miniter leyó Drácula en un manuscrito hace unos treinta años. Estaba increíblemente descuidado. Consideró hacer el trabajo de revisión, pero Stoker pensó que sus aranceles eran demasiado altos.»


La «señora Miniter» era una buena amiga de Lovecraft [este se quedó en su casa en un par de ocasiones]. Su nombre era Edith Dowe Miniter (1867-1934), una escritora y periodista cuyas revisiones eran muy bien consideradas en el ámbito editorial. En otra carta, esta vez a Donald Wandrei, fechada el 29 de enero de 1927, Lovecraft repite la misma información sobre el manuscrito de Bram Stoker:


«... es interesante mencionar que una persona de nuestro círculo de periodistas aficionados, la anciana señora Miniter, tuvo la oportunidad de revisar el manuscrito de Drácula [¡que era un diabólico desastre!] antes de su publicación, pero lo rechazó porque Stoker se negó a pagar el precio que la dificultad del trabajo le impulsó cobrar.»


Lovecraft vuelve sobre el mismo tema en una carta a R.H. Barlow del 10 de diciembre de 1932:


«Conozco a una anciana que casi tuvo el trabajo de revisar Drácula a principios de la década de 1890: vio el manuscrito original y dijo que era un tremendo desastre. Finalmente, alguien más (Stoker pensó que el precio a pagar por el trabajo era demasiado alto) le dio la la forma que ahora posee.»


En otra carta a Barlow, fechada en septiembre de 1933, Lovecaft agrega que la señora Miniter no tuvo ningún contacto personal con Bram Stoker:


«Ella nunca estuvo en contacto directo con Stoker, un representante suyo le llevó el manuscrito y más tarde, cuando no se pudo llegar a ningún acuerdo, tuvo que devolverlo.»


Finalmente, en una memoria de la fallecida señora Miniter, escrita en 1934 pero publicada en 1938, Lovecraft brinda información adicional sobre parte de la razón por la cual la señora Miniter no aceptó el trabajo:


«A la señora Miniter no le gustaban las historias de carácter macabro o sobrenatural, considerándolas como extravagantes y poco representativas de la vida. Rechazó la oportunidad de revisar un manuscrito de este tipo que más tarde alcanzó mucha fama: la novela de vampiros, Drácula, cuyo autor estaba entonces de gira por Estados Unidos como representante de Sir Henry Irving.»


Si los detalles que proporciona Lovecraft son correctos, Edith Miniter fue contactada para hacer el trabajo de revisión del manuscrito de Drácula cuando Sir Henry Irving y su conjunto estaban de gira en los Estados Unidos, respaldados por Bram Stoker. Esta gira comenzó en 1893 y llegó a Boston en enero de 1894, donde Edith Miniter trabajaba para el la revista Boston Home Journal. Las producciones de Irving fueron reseñadas por Miniter de manera mordaz; de hecho, fue una de las peores críticas de aquella gira por los Estados Unidos. Bram Stoker fue el contacto de prensa durante la gira, y no es improbable que allí conociera a Edith Miniter.

Volviendo a las notas de Bram Stoker, es bien sabido que, en la versión publicada, el Conde se encarga secretamente de todas las tareas del hogar para Harker; pero en las notas tiene una criada sordomuda. Debe haber sido una buena empleada, porque también cumple sus funciones en Inglaterra. Probablemente esto se descartó cuando Bram Stoker escribió la masacre del Deméter, lo cual hacía difícil que la mujer, evidentemente humana, llegara a salvo a Whitby. Otro sirviente se menciona en las notas, un «hombre silencioso», originalmente el cochero que lleva a Jonathan Harker al castillo. En Drácula, el propio Conde desempeña el papel de cochero [ver: ¿Drácula era menos inteligente de lo que creíamos?]

Otro detalle interesante que aparece repetidamente en las notas de Bram Stoker es el Cuarto Rojo. Se trata de «una habitación secreta del castillo coloreada como la sangre». En una nota leemos: «Harker registra el castillo — descubre cuarto rojo sangre» [ver: Las fantasías privadas de Bram Stoker]. Esta habitación resulta ser el lugar más secreto del Castillo que luego, en una versión corregida, se convierte en una de las habitaciones de Carfax. El doctor Seward la describe del siguiente modo:


«Estaba en un dormitorio decorado con gran lujo, además de iluminado por una lámpara colgante con una pantalla roja sangre. Todo en la habitación era del mismo color, en mi opinión no muy adecuado para un ambiente tranquilo y relajante, como debería ser un dormitorio. Allí todo era un rojo llameante que penetraba y llenaba el ambiente. Techos y paredes estaban cubiertos de terciopelo rojo, dos de las grandes paredes estaban cubiertas casi en su totalidad con inmensos espejos (?) enmarcados con felpa roja: la alfombra tenía el mismo color, y tanto las ventanas como las puertas estaban completamente cubiertas con cortinas rojas, mientras que la cama misma estaba cubierta y acolchonada con seda y terciopelo en este color intenso y brillante, tal es así que parecía un estuche para joyas, más que un ordinario lugar de descanso.»


Bram Stoker le dio vueltas a esta idea del Cuarto Rojo, originalmente destinado a ser a la habitación donde Drácula se alimentaba, pero luego la descartó por considerar que un cuarto con estos colores era más adecuado para una mujer. Drácula pasó a tener otra habitación dispuesta de forma más masculina [ver: Drácula y las mujeres]

A propósito del doctor Seward, el administrador del manicomio de Carfax, se lo describe en las notas como «el médico loco» [mad doctor]. La primera nota dice: «médico loco — enamorado de la chica — paciente loco — teoría de la vida eterna» [Mad Doctor — Loves Girl —Mad patient theory of perpetual life]. John Seward es el «doctor loco», Lucy Westenra es de quien está «enamorado», y Renfield es el «paciente loco» con sus extrañas teorías. En el Drácula publicado, el doctor Seward no tiene problemas con su salud mental [aunque es un sádico], pero en las notas su condición mental es un punto importante de la trama. Eventualmente pierde la cordura cuando Lucy, ya convertida en vampiro, es ultimada por los cazadores, y termina encerrado en el manicomio que el mismo administraba hasta hace poco. De hecho, algunos piensan que, originalmente, el doctor Seward y Renfield serían un solo personaje [ver: Porque la sangre es la vida: análisis del «Caso Renfield»]

Si tomamos esta prehistoria de Drácula, es decir, las notas preliminares, y las comparamos con la versión publicada, podemos encontrar varios elementos que no son disonantes con la historia final. A su llegada al Castillo, por ejemplo, Harker habría sido recibido por la ama de llaves sordomuda y conducido a un templo subterráneo [el Cuarto Rojo], donde se revelaría rápidamente que Drácula practica el sacrificio ritual. La sangre, sin embargo, no es para sí mismo, sino para un selecto grupo de acólitos gitanos «parecidos a simios». Más adelante, Harker se encuentra con una vampiresa rubia, en lugar de las tres novias; y aunque en el libro Harker se siente aliviado de ser rescatado por la interrupción del Conde, en las notas Harker sigue encontrándose en secreto con esta no-muerta, desobediendo repetidamente las instrucciones de su anfitrión [ver: La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula]

En Londres, Drácula tiene muchas apariciones públicas, incluso charla animadamente con Mina en la calle [Coppola incorporó esta nota a su película]. De hecho, mientras se alimenta de Lucy por las noches, durante el día el Conde asiste a una reunión en la residencia Westenra, y hasta organiza una fiesta en Carfax con invitados muy respetables [ver: El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker]




Taller gótico. I Vampiros.


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El artículo: Las 100 páginas eliminadas de «Drácula» [y un final alternativo] fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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