La Tierra más allá del Bosque es, en esencia, un diario de viaje que se convirtió en un
libro en dos volúmenes.
Bram Stoker se apoyó [tal vez demasiado] en
Emily Gerard para darle forma al diario de Jonathan Harker. Ambos,
Emily Gerard y Harker, están menos interesados en el paisaje y la arquitectura que en la naturaleza de la gente de Transilvania, en sus creencias y «supersticiones». La misión de Harker, desde luego, no le permite extraviarse demasiado de su objetivo, pero
Emily Gerard pasaba días enteros caminando o cabalgando hacia aldeas remotas, atenta a los hábitos de los campesinos y comerciantes, escuchando sus historias, pero con la desventaja de no ser antropóloga profesional, lo cual terminó siendo una bendición para el lector.
Quiero decir, un atropólogo hace lo mismo que hacía
Emily Gerard: va a un lugar «nuevo», habla con la gente, toma notas y trata de darle sentido a todo.
Emily Gerard no tenía la «ventaja» de contar con una disciplina académica para enseñarle qué preguntas hacer y cómo compararlas. Por lo tanto,
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque son piezas más personales que profesionales, más animadas y detalladas que rigurosas. Otro punto favorable [desde el punto de vista del lector] es que
Emily Gerard no estaba buscando «algo» en particular. Ella habla de
strigoii,
licantropos y
vampiros con el mismo interés con el que explora las costumbres de una boda rural o los patrones de tejido de una anciana.
Sin embargo, y a pesar de sus variados intereses, el lado oscuro de Transilvania terminó absorbiendo su atención, en especial las creencias de los campesinos sobre lo que sucede después de la muerte, y lo que sucede cuando los muertos no permanecen muertos:
«Estos espíritus inquietos, llamados
strigoi, no son maliciosos, pero su apariencia no anuncia nada bueno y pueden considerarse como presagios de enfermedad o desgracia.»
Bram Stoker no usa el término
strigoi que recoge
Emily Gerard, probablemente porque no estaba escribiendo sobre «espíritus inquietos», sino sobre un individuo específico. Sin embargo, ciertos elementos y frases que se encuentran en
Drácula derivan directamente de las reflexiones de
Emily Gerard. Considerando la enorme industria de
libros, estudios y ensayos sobre la gran novela de
Bram Stoker durante los últimos 120 años, pocos autores han investigado en profundidad que una parte importante de su inspiración [vital, diría yo], proviene de una mujer escocesa que arremangó sus faldas victorianas y se embarró los pies con tierra transilvana para preguntar a los nativos sobre sus vidas, sus hábitos y sus creencias.
Si bien gran parte de la información que
Emily Gerard vierte en
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque parece tener fuentes confiables, la nomenclatura utilizada para los
vampiros es incorrecta, y este error también se deslizó hacia
Drácula. Por ejemplo, la palabra
nosferatu presentada por
Emily Gerard, y repetida por
Bram Stoker en su novela, como el término común en Transilvania para «vampiro», no es en realidad una palabra rumana [ver:
Nosferatu no existe ni siquiera en el Paso de Borgo].
Emily Gerard escribe:
«Más decididamente malvado es el
nosferatu, o vampiro, en el que todo campesino rumano cree tan firmemente como en el cielo o el infierno. Hay dos tipos de vampiros, vivos y muertos. El vampiro vivo es generalmente la descendencia ilegítima de una pareja ilegítima; pero incluso un pedigrí impecable no asegurará a nadie contra la intrusión de un vampiro en su bóveda familiar, ya que cada persona asesinada por un
nosferatu se convierte igualmente en vampiro después de la muerte, y continuará chupando la sangre de otras personas inocentes hasta que el espíritu haya sido exorcizado abriendo la tumba de la persona sospechosa y clavando una estaca en el cadáver, o bien disparando un tiro de pistola en el ataúd.»
A propósito del
nosferatu, en
Drácula podemos leer lo siguiente:
«Amigo Arthur, si hubieras encontrado ese beso antes de que la pobre Lucy muriera; o de nuevo, anoche, cuando le abriste los brazos, con el tiempo, cuando hubieras muerto, te habrías convertido en
nosferatu, como lo llaman en Europa del Este (...) El
nosferatu no muere como la abeja después de picar. Solo se vuelve más fuerte; y siendo más fuerte tiene aún más poder para obrar el mal.»
Emily Gerard recoge una receta profiláctica menos dramática que clavar una estaca en el corazón del
vampiro. Según una tradición, anota, se supone que caminar fumando alrededor de la tumba en cada aniversario de la muerte del sospechoso es efectivo para confinar al
vampiro. Y añade: «en casos muy obstinados de vampirismo se recomienda cortar la cabeza, y volver a colocarla en el ataúd con la boca llena de ajo, o extraer el corazón y quemarlo, esparciendo sus cenizas sobre la tumba.»
En rumano hay dos palabras para seres vampíricos que
Emily Gerard fundió en el término
nosferatu:
moroi y
strigoi [pl.
moroii y
strigoii].
Strigoi parece ser una categoría más amplia de
vampiros, pero ambos comparten muchos rasgos, incluidos comportamientos, prevención y modos de destrucción [ver:
Strigoi: los vampiros que inspiraron la leyenda de Drácula]. Los
moroii y
strigoii tienden a confundirse con otras dos entidades,
vârcolaci y
pricolici, que podrían estar más cerca de nuestro concepto del hombre lobo [ver:
Razas y clanes de hombres lobo]
La Tierra más allá del Bosque suele referirse a los
vampiros como «espíritus inquietos», pero también nos brinda información sobre la fuente de esa inquietud.
«Esta inquietud por parte del difunto puede ser causada por haber escondido tesoros durante su vida, en cuyo caso está condenado a frecuentar el lugar donde ha escondido sus riquezas hasta que sean descubiertas; o bien puede haber muerto con algún pecado secreto en su conciencia, como, por ejemplo, haber quitado el mojón del terreno de un vecino para ensanchar el suyo. Entonces probablemente, se verá obligado a vagabundear con un saco de la tierra robada a la espalda hasta que haya logrado venderla a la gente que encuentra en sus vagabundeos nocturnos.»
Emily Gerard relaciona al
vampiro con dos elementos centrales: los tesoros y la tierra, que puede ser robada o conquistada militarmente.
Bram Stoker también hace que la tierra sea importante en
Drácula; tanto es así que el Conde necesita dormir en su tierra natal, que debe transportar a Inglaterra a bordo del
Deméter; sin embargo, nunca sabemos cuál es la razón de esta regla [ver:
El misterio del «Deméter»]. En
La Tierra más allá del Bosque, los
strigoii deben cargar una bolsa de tierra sobre la espalda [simbólicamente la misma norma que debe seguir
Drácula] a causa de haber robado un pedazo de terreno.
Bram Stoker no lo menciona específicamente, pero está implícito en la estirpe aristocrática de
Drácula que este, o sus ancestros, han ensanchado sus territorios, en cierto modo «robándolo» de sus vecinos.
«Al nacer un niño, cada uno de los presentes toma una piedra y la arroja detrás de él, diciendo:
Esto en las fauces de los strigoii, una costumbre que parecería sugerir a Saturno y las piedras envueltas en pañales. Mientras el niño no esté bautizado, debe ser vigilado cuidadosamente por temor a que un brujo lo dañe. Un trozo de hierro o una escoba debajo de la almohada mantendrá alejados a los espíritus.»
Es interesante cómo
Emily Gerard relaciona esta tradición para evitar que un niño se convierta en
strigoi con el
mito griego de Cronos [Saturno, para los romanos], quien devoraba a sus hijos uno por uno, hasta que se lo empezó a engañar con piedras envueltas en pañales para salvar, entre otros, al pequeño
Zeus.
En
Drácula,
Van Helsing consulta a un amigo especialista, el profesor Arminius, quien menciona que el Conde seguramente asistió a la
Scholomance, una escuela de
nigromancia dirigida por
Satanás, ubicada en algún rincón secreto de los Cárpatos.
Bram Stoker no dice explícitamente que allí el Conde se convirtió en
vampiro; más bien, la sugerencia es que
Drácula adquirió en Scholomance su arsenal sobrenatural, como el poder de cambiar de forma, controlar a ciertos animales [lobos, ratas, murciélagos], e incluso manejar el clima [ver:
¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]. En otras palabras, los poderes sobrenaturales de
Drácula no provienen de su naturaleza como
vampiro, sino de los conocimientos de
magia negra adquiridos en esta institución. Tanto en
Supersticiones de Transilvania como en
La Tierra más allá del Bosque,
Emily Gerard se refiere a
Scholomance:
«Como estoy en el tema de las tormentas eléctricas, también puedo mencionar aquí la
scholomance, o escuela, que se supone que existe en algún lugar en el corazón de las montañas, y donde los secretos de la naturaleza, el lenguaje de los animales y toda la magia y los hechizos son enseñados por el diablo en persona. Solo diez eruditos son admitidos a la vez, y cuando el curso de aprendizaje ha expirado y nueve de ellos son liberados para regresar a sus hogares, el décimo es detenido por el diablo como pago y, montado en un
ismeju o dragón, convirtiéndose en adelante en el ayudante de campo del diablo, sobre todo en cuanto la creación del mal clima y la distribución de rayos.»
En
Drácula podemos leer lo siguiente:
«Ellos [la estirpe de Drácula] aprendieron sus secretos en la
Scholomance, entre las montañas sobre el lago Hermanstadt, donde el diablo reclama al décimo erudito como su apoderado (...) [Drácula] Se atrevió incluso a asistir a la
Scholomance, y no hubo rama del conocimiento de su tiempo que él no practicara.»
Hay mucho trabajo académico sobre las
fuentes de Bram Stoker en un intento de explicar los orígenes de
Drácula. Esta tarea es absurda debido a su caracter abarcativo; sin embargo, si ponemos el foco sobre ciertos puntos específicos de la novela, las
fuentes de Bram Stoker se vuelven obvias. Tanto
Supersticiones de Transilvania como
La Tierra más allá del Bosque están fuertemente presentes en los comentarios de
Drácula a Jonathan Harker: «Estamos en Transilvania; y Transilvania no es Inglaterra. Nuestros constumbres no son vuestras costumbres, y habrá para usted muchas cosas extrañas». Esta línea tan citada tiene la función de mitificar Transilvania para el lector victoriano. Según el diario de Jonathan Harker, Transilvania se encuentra «en el extremo este del país, justo en la frontera de tres estados, Transilvania, Moldavia y Bucovina, en medio de los Cárpatos; una de las partes más salvajes y menos conocidas de Europa». El Conde continúa describiendo a Transilvania como un «remolino» de razas europeas, una metáfora que
Bram Stoker tomó prestada de
Emily Gerard.
En las notas premilinares de la novela encontramos la siguiente entrada: «el viaje — lobos — llamas azules». El viaje, por supuesto, se refiere al viaje de Harker al Castillo de Drácula, en el cual observa a unos lobos siguiendo el carruaje y unas extrañas luces azules. El diario de Harker dice:
«De repente, a nuestra izquierda, vi una débil y parpadeante llama azul. El conductor la vio en el mismo momento; inmediatamente detuvo a los caballos y, saltando al suelo, desapareció en la oscuridad. No sabía qué hacer, menos cuanto más se acercaba el aullido de los lobos; pero mientras me preguntaba qué hacer el conductor reapareció, y sin una palabra se sentó, y reanudamos nuestro viaje. Pude observar los movimientos del conductor. Fue rápidamente hacia donde brotaba la llama azul (debía de ser muy débil, porque no parecía iluminar el lugar que la rodeaba) y, juntando unas cuantas piedras, las transformó en algún tipo de dispositivo.»
Más adelante en la historia, Harker le pregunta a
Drácula sobre estos sucesos. Quiere saber por qué el cochero [que era
Drácula, pero Harker no lo sabe] fue a los lugares donde había visto las llamas azules. El Conde explica:
«Se creía comúnmente que, en cierta noche del año, la última noche, de hecho, cuando se supone que todos los espíritus malignos tienen un dominio ilimitado, se ve una llama azul sobre cualquier lugar donde se haya escondido un tesoro.»
Drácula menciona que el lugar donde Harker vió las luces azules seguramente era «terreno por el que lucharon durante siglos los valacos, los sajones y los turcos. ¡Porque apenas hay un pie de tierra en toda esta región que no haya sido enriquecida con la sangre de los hombres, patriotas o invasores». La creencia de que, en la víspera de San Jorge, una llama azul aparece sobre cualquier lugar donde se haya enterrado un tesoro se puede encontrar en
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque:
«Quizás el día más importante en el año de los rumanos es el de San Jorge, el 24 de abril (correspondiente a nuestro 6 de mayo), cuya víspera se dice que todavía es frecuentada por reuniones ocultas que tienen lugar por la noche en cavernas solitarias o dentro de muros en ruinas, y donde se practican todas las ceremonias propias del
sabbath de las brujas (... ) La noche de San Jorge es la más favorable del año para tales investigaciones, y muchos campesinos rumanos pasan estas horas vagando por las colinas buscando tesoros, pues en esta noche (así dicen las leyendas) todos estos tesoros comienzan a arder, o, hablando en lenguaje místico, a
florecer en el seno de la tierra, y la luz que emiten, descrita como una llama azul, sirve para guiar a los mortales favorecidos a su lugar de ocultamiento.»
En las notas preliminares de
Drácula podemos encontrar lo siguiente: «En la noche antes del Domingo de Pascua, las brujas y los demonios salen y los tesoros escondidos flamean. Esta noche es perfecta para encontrar tesoros».
Bram Stoker se nutre de los comentarios de
Emily Gerard, pero no explora lo suficiente la idea de las «luces o llamas azules». De hecho, tanto en la novela como en algunas adaptaciones cinematográficas, especialmente en la de Francis Ford Coppola, las llamas azules parecen tener alguna relación con el Conde, cuando en realidad simplemente ocurren en esta noche del año [ver:
El Drácula de Coppola y las cloacas de Stoker]
También en las notas preliminares se encuentra la siguiente entrada: «hombre lobo o
prikolitsch», que también está inspirada en
La Tierra más allá del Bosque:
«El primo hermano del vampiro, el hombre lobo, se encuentra persistentemente bajo el nombre de
prikolitsch. A veces es un perro en lugar de un lobo cuya forma un hombre ha tomado, o se ha visto obligado a tomar como penitencia por sus pecados. En un pueblo todavía se cuenta —y se cree— la historia de un hombre que, un domingo, conduciendo a casa con su esposa, sintió de pronto que había llegado el momento de su transformación. Por lo tanto, le entregó las riendas y se hizo a un lado entre los arbustos, donde, murmurando la fórmula mística, dio tres saltos mortales sobre una zanja. Poco después, la mujer, que esperaba en vano a su esposo, fue atacada por un perro furioso que salió corriendo entre los arbustos, ladrando, y logró rasgarle el vestido. Cuando, una o dos horas después, la mujer llegó a su casa después de dar por perdido a su esposo, se sorprendió al verlo venir sonriente a su encuentro; pero cuando vio entre sus dientes los jirones de su vestido, el horror de este descubrimiento la hizo desmayarse.»
Emily Gerard añade la siguiente historia:
«Otro hombre solía afirmar gravemente que durante varios años había andado en forma de lobo, conduciendo una manada de estos animales, hasta que un cazador, al cortarle la cabeza, le devolvió su forma natural. Esta superstición una vez resultó casi fatal para un inofensivo botánico, quien, mientras recolectaba plantas en la ladera de una colina hace muchos años, fue observado por algunos campesinos y, como consecuencia de su actitud agazapada, lo confundieron con un lobo. Sin embargo, antes de que tuvieran tiempo de alcanzarlo, se puso de pie y se reveló en forma de hombre; pero esto, en la mente de los rumanos, no fue más que un motivo adicional para atacarlo. Estaban bastante seguros de que debía ser un
prikolitsch.»
Bram Stoker utiliza repetidamente la figura del hombre lobo, y la sugerencia de la licantropía, a lo largo de la novela; pero no menciona a los
prikolitsch [«abrigo de lobo»]. El propio Conde desciende en Whitby en forma de de un gran perro, y lobos de extraordinario tamaño rondan por el Castillo de Transilvania, incluso parecen escoltar tan cercanamente el carruaje en el que viaja Jonathan Harker que el propio
Drácula debe intervenir para contenerlos [ver:
Una exploración literaria por el Castillo de Drácula]
En
La Tierra más allá del Bosque, el tema de los licántropos es relativizado por
Emily Gerard, quien lo explica como una consecuencia lógica en una región donde los lobos todavía eran comunes.
«No necesitamos ir muy lejos para explicar la extraordinaria tenacidad de la leyenda del hombre lobo en un país como Transilvania, donde todavía abundan los lobos reales. Cada invierno aquí trae nuevas pruebas de la audacia y la astucia de estos terribles animales, cuyos ataques a los rebaños y granjas a menudo se llevan a cabo con una habilidad que honraría al intelecto humano. A veces un pueblo entero se ve atemorizado durante semanas seguidas por algún líder particularmente audaz, a quien los campesinos atribuyen una naturaleza más que animal; y es seguro profetizar que mientras el lobo de carne y hueso continúe rondando por los bosques de Transilvania, su hermano fantasma sobrevivirá en la mente de la gente.»
No es improbable que
Bram Stoker haya tomado el nombre de
Drácula de
Emily Gerard, después de todo, ella deja en claro que la raíz de la palabra
drak significa «diablo», no una, sino tres veces; la primera mencionando «el jardín del diablo [
Gregnyia Drakuluj], la segunda describiendo «la montaña del diablo» [
Gania Drakuluj]; y la tercera refiriéndose al «abismo del diablo» [
Yadu Drakuluj]. El probable que
Bram Stoker, como mínimo, haya encontrado confirmación en el ensayo de
Emily Gerard, no únicamente en relación al significado de
Drácula, sino a esta idea de que el mal acecha en todas partes en Transilvania [jardines, montañas y abismos], de tal modo que «estas personas se creen rodeadas por toda una legión de espíritus malignos».
Estos «espíritus malignos», continúa
Emily Gerard, «son asistidos por
ismejus (otro tipo de dragón)». Algunos asocian el nombre de
Drácula con la palabra
dragón, y en la versión de Francis Ford Copolla incluso se menciona que
dracul significa «dragón»; sin embargo,
Bram Stoker no utiliza ni una sola vez la palabra «dragón» en toda la novela [ver:
Breve historia del Dragón medieval]
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque son las principales influencias de
Bram Stoker, no solo a través del contenido y la forma de las leyendas transilvanas, sino de la interpretación occidental de
Emily Gerard. En efecto,
Emily Gerard insiste hasta el hartazgo en que Transilvania es una tierra supersticiosa; por lo tanto, su acercamiento a las leyendas locales asume una forma que oscila entre la superioridad y la condescendencia. Esta misma actitud se encuentra en los personajes occidentales de
Drácula, pero con una dificultad: ellos saben que estas historias no son supersticiones [¡los vampiros existen en este mundo!], lo cual no parece atenuar cierto aire de superioridad en relación a las costumbres transilvanas.
Cuando
Mina Harker llega a Transilvania queda impresionada por la belleza del paisaje y la hospitalidad de la gente; sin embargo, hay un aspecto que la perturba: «ellos son
muy, muy supersticiosos». El hecho de que Mina utilice cursivas no solo enfatiza el carácter supersticioso de la gente, sino que lo coloca como el rasgo predominante. Del mismo modo,
La Tierra más allá del Bosque abre con la siguiente declaración: «Transilvania bien podría llamarse la tierra de la superstición». De todos modos, el prejuicio de Mina no tiene su raíz en sus experiencias personales; de hecho, estas han sido positivas, pero la lectura del diario de Jonathan, con sus constantes alusiones a la extrañeza del lugar, la condiciona a compartir la opinión de su prometido.
Esta idea de que Transilvania es un lugar supersticioso se establece temprano en
Drácula, así como en la primera línea de
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque. En ambos casos, Harker y
Emily Gerard llevan consigo sus preconceptos desde Londres. Incluso antes de llegar a Transilvania, Harker piensa que esta es una región supersticiosa debido a sus lecturas previas. En cierto modo, Harker actúa como
Bram Stoker, asumiendo la supuesta naturaleza supersticiosa del lugar basándose en sus lecturas, en el caso de
Stoker, la lectura de
Emily Gerard.
La idea original de
Bram Stoker era situar la historia en Estiria [Austria], una región asociada con los vampiros a través de
Carmilla de
Sheridan Le Fanu, pero cuando leyó
Supersticiones de Transilvania decidió cambiar el lugar de residencia de
Drácula.
Emily Gerard era novelista, de modo que su enfoque de Transilvania posee un tinte que sin dudas atrajo a
Bram Stoker. Por ejemplo, tanto en
Supersticiones de Transilvania como en
La Tierra más allá del Bosque, la autora sostiene que incluso el paisaje transilvano parece «adaptado para servir de escenario para todo tipo de seres sobrenaturales» ya que «hay innumerables cavernas cuyas profundidades parecen hechas para albergar legiones enteras de espíritus malignos». A esto hay que añadirle «la naturaleza imaginativa y poéticamente inclinada» de los lugareños para que el cambio de Estiria a Transilvania fuese decidido casi de inmediato luego de que
Bram Stoker leyera a
Emily Gerard.
Además,
Emily Gerard establece que muchas de estas supersticiones reflejan no solo el miedo de los lugareños al diablo, sino a sus agentes [brujas, dragones, vampiros], y muchos topónimos de los lugares más peligrosos están relacionados con ellos. Por otro lado,
Emily Gerard escribe que «se supone que el poder de encontrar cierto tesoro solo pertenece a los miembros de una familia en particular»; y da el ejemplo de unos campesinos rumanos que piden ayuda al heredero de una familia aristocrática para encontrar un tesoro.
Bram Stoker también utiliza esta idea cuando Harker advierte que
Drácula, quien está orgulloso de su estirpe aristocrática, sabe exactamente el lugar donde están enterrados los tesoros que brillan con una luz azul [ver:
Porque los muertos viajan deprisa]
En
Supersticiones de Transilvania y
La Tierra más allá del Bosque,
Emily Gerard declara que «en ninguna parte la superstición del campesino rumano encuentra una expresión más fuerte que en sus ritos funerarios y de duelo, que se basan en una concepción totalmente original de la muerte». En la presentación de estas prácticas funerarias, la perspectiva de
Emily Gerard se enfoca más en los ritos extremos, y no en las prácticas habituales. En su descripción, ciertos elementos pueden ser asociados al vampirismo [la pérdida de sangre de las supuestas víctimas de los no-muertos, las formas de matar a estos seres, etc], pero todo el proceso está lejos de centrarse exclusivamente en la potencialidad del vampirismo en los recién fallecidos. Sin embargo,
Emily Gerard lo etiqueta todo en función de esta «superstición».
Es cierto, los
strigoii poseen elementos en común con los
vampiros, pero mayores son las similitudes con el concepto de fantasma. Por ejemplo, el
strigoi es un espíritu, no una criatura física, y solo acecha en los lugares donde vivió cuando era un ser humano. Puede aparecer con un aspecto sanguinolento, pero la mordida nunca se describe en las leyendas. Sin embargo, para
Emily Gerard, y para muchos de sus sucesores, los
strigoii son una
raza de vampiros.
Buena parte del edificio sobrenatural de
Drácula depende de los cimientos que estableció
Emily Gerard. En la novela hay una gran ambivalencia en la actitud de los personajes «civilizados» hacia la superstición, como si no hubiera una línea clara entre superstición y religión. Esto se apoya en la mirada de
Emily Gerard, quien abre
La Tierra más allá del Bosque con una cita de
Jacob Grimm que subraya este vínculo entre superstición y religión: «la superstición en toda su multiplicidad constituye una especie de religión aplicable a todas las necesidades domésticas de la vida diaria». Esta actitud ambivalente, esta fascinación con la superstición que lleva al observador occidental a intentar racionalizarla, está arraigada en
Bram Stoker,
via Emily Gerard.