Mostrando entradas con la etiqueta libros prohibidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros prohibidos. Mostrar todas las entradas

De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.


De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren.




Dissertationem de hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren («Disertación sobre humanos que beben sangre después de la muerte, comúnmente llamados Vampiros») es un libro prohibido de los médicos alemanes Johann Christoph Pohl y Johann Gottlob Hertel, publicado en 1732.

El libro aborda el tema del vampirismo desde una perspectiva científica, crítica, pero admite su posible realidad a pesar de estar oculta bajo el «vicio de la superstición». En esencia, el libro propone que los vampiros, si es que realmente existen, son individuos que padecen morbi post mortem, «enfermedades posteriores a la muerte» [ver: Porque la sangre es la vida: análisis del «Caso Renfield»]

El primer caso que expone es el de Arnold Paul, un hombre en Serbia que untó su cuerpo con la sangre de un cadáver [de quien se sospechaba era un vampiro], y luego ingirió tierra de su tumba. Transcurridos unos días, varias personas de una aldea cercana «se quejaron de haber sido torturados por él», de hecho, se le atribuyó la muerte de cuatro personas. El cuerpo de Arnold Paul fue exhumado por orden judicial y se encontró sangre fresca saliendo de sus ojos, nariz, boca y oídos, «hasta tal punto que su ropa interior y las cubiertas del ataúd estaban manchadas». Las autoridades procedieron a clavarle una estaca en el pecho:


«No sin un suspiro murió apreciablemente, traspasado.»


De hominibus post mortem sanguisugis aclara que el cuerpo de los vampiros, al ser exhumado, se encuentra «libre de los estragos de la putrefacción». Las uñas de las manos y de los pies se caen, y en su lugar crecen otras, más duras y largas. Esto basta para concluir que la persona desenterrada es un vampiro, también sus víctimas, o lo serán en pocos días, de modo que los procedimientos de exhumación y perforación con estacas recién comienzan para las autoridades. Cuando se descubre a un vampiro, se debe proceder a desenterrar a todas sus presuntas víctimas.

Los métodos profilácticos, en el caso de los vampiros, requerían de la participación activa de toda la aldea. El libro vuelve a la historia de Arnold Paul, que no sólo atacaba a seres humanos, sino también a animales de granja, cuya carne luego era aprovechada por sus propietarios. Estas personas, se creía, podían convertirse en vampiros en el curso de algunos días.

Las personas atacadas por un vampiro mueren al segundo o tercer día, «sin enfermedades previas», pero habiendo tenido espantosas pesadillas, «gritando que los muertos los estaban estrangulando», y acusando un agudo dolor en el pecho. Después de la disección de algunos de estos cadáveres, se notó que «los estómagos y corazones se llenaron de sangre que escapaba de los vasos». En los casos más repugantes, los méditos observaron que «el cerebro se convertía en pus» [ver: «No-Muertos» en el folklore y la psicología]

De hominibus post mortem sanguisugis no vacila en brindar testimonios sobre vampiros que regresan a sus hogares para mantener relaciones con sus esposas [ver: Liber Incubis et Succubis]. Al parecer, estas actividades se efectuaban a la manera de los vivos, «con la única diferencia de que el semen emitido era frío». Después, «al expirar el período habitual de 40 semanas», nacía un niño con características físicas anormales, «sin miembros»; fundamentalmente «una masa de carne» indistinta que el autor, no sabemos si en un lapsus de macabro humor, define como «arrugado como una salchicha».

Esto último remite al Malleus Maleficarum, así como a varios tratados demonológicos medievales, donde se emite la opinión unánime de que el fluido seminal de los demonios era frío como el hielo [ver: Los Demonios, el amor, y el placer]. Sin embargo, los demonólogos sostenían que los demonios no podían engendrar vida, algo que aparentemente sí era posible entre los vampiros.

De hominibus post mortem sanguisugis presenta estos reportes asombrosos pero también es reacio a aceptarlos. La mayor sospecha recae sobre los testigos y personas involucradas en la investigación, y afirma que es necesaria la presencia de médicos bien formados para determinar «el estado natural o sobrenatural» de estos presuntos cadáveres ambulantes. Sin la opinión fundada de anatomistas, no se puede «investigar en profundidad cosas o incluso enfermedades posteriores a la muerte que, con ciertas cualidades únicas, parecen a primera vista trascender los límites de la naturaleza».


«En la práctica de la medicina a menudo nos encontramos con fenómenos sorprendentes de enfermedades que, en la antigüedad, se consideraban milagros y trucos del diablo, y que aún hoy los incautos y los menos experimentados se refieren a ellas como milagros.»


De hominibus post mortem sanguisugis plantea algunas «contradicciones y absurdos» en los reportes sobre actividad vampírica. Por ejemplo, muchos testimonios alegan que la ausencia de putrefacción es un signo evidente de que el cuerpo exhumado es un vampiro, cuando otras historias afirman la presencia de vampiros prácticamente consumidos por la putrefacción. Esto, afirma Johann Christoph Pohl, se debe a la impericia de los testigos, cuando no a la matriz de superstición cultural que los rodea:


«Cuando los cuerpos fueron encontrados inmunes a los estragos de la corrupción, guiados por alguna ley de superstición, les infligieron la pena capital, y también a los putrefactos, de manera tal que ningún cuerpo debía eximirse de la pena.»


Los «hechos» expuestos en los reportes de vampirismo, opina el De hominibus post mortem sanguisugis, son «dudosos, oscuros y llenos de superstición». El libro admite la posiblidad de las «enfermedades post-mortem» como fundamento detrás de las leyendas de vampiros, pero desconfía de aquellos que, «movidos por una convicción engañosa, parecen intentar perturbar a los mismos muertos prolongando los mandamientos de la tierra».

Antes de que la novela gótica instalara la idea del vampirismo como enfermedad infecciosa transmitida por una mordida, De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta si realmente son los dientes del vampiro los que «llevan la maldición a los vivos»; incluso se pregunta si lo que estas criaturas ansían es beber sangre. Para responder estas preguntas el libro resume los reportes judiciales sobre actividad vampírica de la siguiente manera:


«De lo dicho anteriormente queda bastante claro que un VAMPIRO es una persona fallecida que, después de la muerte, regresa de la tumba, drena la sangre de otras personas y animales que aún viven.»


Esto coincide en gran medida con las leyendas y tradiciones populares, y ese es el problema de credibilidad que encuentra el De hominibus post mortem sanguisugis. Toma como ejemplo las historias griegas sobre el Vrykolaka, que «acecha de manera similar» a los vivos que el vampiro alemán. Esto podría tomarse como otra mirada sobre el mismo fenómeno, sin embargo, Johann Christoph Pohl opina que no se puede elegir qué leyendas aceptar como potencialmente verídicas, y cuáles descartar como absurdas. «Si hemos de creer a Aristóteles, algunas aves extraen en secreto leche de las cabras y de las nodrizas».

Acto seguido reproduce un caso de vampirismo perfectamente contrario al comportamiento civilizado de los vampiros del romanticismo:


«Las tres hijas de un pastor, que dormían en la habitación habitual, se vieron perturbadas por un llanto inusual e inquietud durante algún tiempo, porque sentían que algo las estaba ordeñando. Las sospechas se vieron confirmadas por los pezones, que sobresalían como los de una mujer lactante. Para romper el hechizo, había que untar los pezones con ciertas hierbas. A partir de ahí, sus ombligos fueron aplastados por una succión tan fuerte que no sólo se destacó claramente, sino que también mostró el tamaño de la boca de la ventosa en forma de huella.»


Este caso, sostiene el De hominibus post mortem sanguisugis, seguramente tiene una explicación natural, aunque desconocida, que nada tiene que ver con los Ephialtes, «elementales» griegos que muestran un gran apetito por la leche y la sangre. Esta «ficción» demuestra «la convicción de algunas naciones sobre almas que se deleitan en la sangre». Esto podría estar relacionado con los mitos griegos, donde las almas que no eran admitidas en el Hades «vagaban por las costas del Leteo» alimentándose de vino y leche.

De hominibus post mortem sanguisugis afirma que todas estas historias se apoyan en la creencia antigua de que es la sangre la que le aporta vida al cuerpo. «No hay lugar para la reanudación de la vida» debido a la inexorable «decadencia de los órganos» en la tumba. Además, «si la muerte rompe el vínculo entre el alma y el cuerpo, el alma no continuará en el cadáver».


«¿Quién puede creer que la vida y la muerte puedan albergarse juntas en un mismo cadáver?»


El libro comenta astutamente que «los atributos de los Vampiros surgen del uso de funciones que les han sido negadas» por la muerte. «De hecho, la succión no se puede realizar sin la función de los pulmones y la respiración, ni la deglución sin el movimiento de los diversos músculos de la lengua y la mandíbula». En este contexto, el De hominibus post mortem sanguisugis se pregunta cómo los vampiros consiguen digerir la sangre «sin la fuerza del estómago, de los intestinos y del calor procedente de la circulación». Y ni hablar «del deseo y apetito de comer y beber, que sólo absurdamente se atribuye a los muertos».

Son interrogantes interesantes, sin duda, sobre los que las leyendas populares no proporcionan respuestas. «¿Con qué fin tiene lugar esta succión de sangre?». ¿Por qué una criatura «privada de todo aire» en la tumba necesitaría la sangre de los vivos, si ni siquiera posee funciones biológcas que requieran algún tipo de alimento?


«¿Cómo estos muertos poseen el poder de salir de las tumbas, de caminar y de ejercitar el movimiento voluntario, de secretar el esperma de los testículos?»


Estas «funciones que se alegan aquí» sólo pueden existir en un cuerpo vivo; por lo tanto, o los llamados vampiros no existen, «y sus historias deben considerarse como relatos supersticiosos», o bien están vivos de alguna manera; por lo tanto, no serían criaturas sobrenaturales sino individuos que padecen algún tipo de enfermedad desconocida.

De hominibus post mortem sanguisugis apunta sobre todo a los testigos que afirman haber sido «atormentados por vampiros con diversas dolencias». Padecimientos reales y bien documentados, como la fiebre, pueden producir un «desbordamiento copioso y rápido» de la imaginación.

En cuanto a las exhumaciones, el libro sostiene que «la sangre puede fluir después de la muerte por causas naturales», particularmente «por los ojos, las fosas nasales, la boca y los oídos, en tal abundancia que la mortaja y el ataúd pueden estar manchados». Esto podría confundir a los profanadores, haciéndoles creer que el cuerpo es en realidad un vampiro, y que la sangre no es suya. Sobre la ausencia de signos de putrefacción, el libro presenta algunas ideas bastante originales:


«Los cadáveres de VAMPIROS no contaminados por la descomposición, podrían tal vez denotar la condición especial y milagrosa de estos muertos, si no fuera porque otras circunstancias, también naturales, causan el mismo efecto (...) En los hombres de hábito corporal más seco y tenso, o en las personas privadas de sangre por hemorragias anteriores, o por heridas más graves, se observa que sus cuerpos no contienen más que huesos, cartílagos, ligamentos, piel, y nada más.»


De hominibus post mortem sanguisugis también propone una explicación natural para los movimientos observados en el cuerpo de los supuestos vampiros cuando se les perfora el tórax con una estaca:


«Sobre el sonido y el suspiro que los presentes percibieron de ARNOLD PAOLE, cuando la estaca le atravesó el pecho y el corazón de la manera habitual, espero encontrar menos dificultades en la explicación de este fenómeno. Por supuesto, la constitución de los pulmones después de la exhalación es tal que, aunque se colapsaban notablemente, retenían sin embargo una gran cantidad de aire en sus células y vesículas que, al ser comprimidas violentamente contra el pecho, no podían dejar de estallar con fuerza.»


El libro concluye concluye que la verdadera causa del vampirismo podría ser algún tipo de enfermedad epidémica., y recomienda a los jueces no aprobar «la ejecución supersticiosa de los muertos», es decir, la exhumación y profanación, bajo pretextos irracionales.

El texto original puede encontrarse aquí.




Libros prohibidos. I Libros de vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: De hominibus post mortem sanguisugis, vulgo sic dictis Vampyren fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Loca Infesta»: de la Infestación Demoníaca al Poltergeist.


«Loca Infesta»: de la Infestación Demoníaca al Poltergeist.




En este artículo de El Espejo Gótico examinaremos el concepto de infestación demoníaca. La persona que haya llegado hasta aquí buscando una corroboración de «síntomas», o confirmación de su autodiagnóstico como «poseída», probablemente necesite evaluar otras opciones primero, como estar sufriendo alucinaciones hipnagógicas, hipnopómpicas, experiencias psicóticas. Muchas personas se convencen de estar sufriendo algún tipo de ataque espiritual cuando estas experiencias tienen causas internas.

Dicho esto, continuemos:

El concepto de infestación demoníaca extiende sus raíces desde la demonología, donde era vista como algo similar a cualquier otra infestación [de ratas, por ejemplo]. Actualmente se considera a la infestación demoníaca como una de las instancias o fases previas a la Posesión. Estas fases no siempre siguen la misma progresión, pero a grandes rasgos pueden describirse del siguiente modo:


a- Opresión/Obsesión: La entidad demoníaca no tiene acceso al cuerpo físico. El ataque es psicológico, principalmente a través de pensamientos intrusivos, donde se intenta influir y tentar al sujeto. Sensación de agotamiento. El espacio mental seguro se vuelve cada vez más estrecho. Comportamiento extraño y acciones erráticas. Pesadillas intensas y sueño profundo.

b- Infestación: presencia de entidades en un lugar [como una casa] o un objeto [como un espejo, un mueble, una muñeca]. Fenómenos paranormales asociados. En cierto modo, las entidades se han ganado el derecho a manifestarse en el lugar.

c- Posesión: Esta aflicción psicoespiritual es muy rara. En términos simples, una inteligencia exterior desaloja la voluntad del sujeto y reclama su cuerpo como propio, también se apodera de sus facultades racionales y domina su personalidad.


La infestación demoníaca se produce con mayor frecuencia al mudarse a una casa o un departamento, donde a veces quedan algunas pertenencias del propietario o inquilino anterior. Por lo general, las cosas comienzan lentamente, con pequeñas manifestaciones unos días o semanas después de mudarse. Los episodios progresan y ganan intensidad a lo largo de los meses, dependiendo de la fortaleza e integridad psicológica y emocional de sus habitantes.

En otro escenario, la infestación demoníaca puede desatarse en una casa sin antecedentes de fenómenos paranormales al comprar o recibir un objeto cargado o asociado a prácticas oscuras. Esto significa que la entidad tiene derecho a manifestarse en torno a ese objeto, que puede ser completamente mundano [no es necesario que sea un espejo antiguo o una pintura oculta debajo de un paisaje anodino]. Sacar el objeto de la propiedad no siempre resuelve las cosas, tampoco quemarlo o destruírlo; de hecho, para deshacerse de este tipo de objetos es necesario seguir un procedimiento.

La tercera raíz de la infestación demoníaca es la práctica del ocultismo y la magia negra. A veces un miembro de la familia practica activamente las artes oscuras, o imprudentemente la adivinación, la Wicca, Ouija, permitiendo acceso y luego reconocimiento a través del miedo [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]

El concepto de infestación demoníaca no es nuevo. El teólogo jesuita Petrus Thyraeus fue uno de los primeros en darle un contexto en su libro de 1598: Loca infesta: hoc est, De infestis, ob molestantes daemoniorum et defunctorum hominum Spiritus, locis [«Lugares embrujados, es decir, Sobre los lugares embrujados a causa de los espíritus atormentadores de demonios y personas fallecidas»], donde habla de territorios [casas, campos y zonas periféricas a las poblaciones] saturados de presencias demoníacas y espectrales. Thyraeus divide el fenómeno en dos partes: la primera tiene que ver estrictamente con la presencia demoníaca [infesta per se] y la otra debido a la actividad humana [infesta propter homines]. Hasta entonces, la posición teológica estandar afirmaba que toda actividad demoníaca era consecuencia de la pecaminosidad humana, siendo la posesión una especie de castigo. Thyraeus, en cambio, sostuvo que algunos demonios pueden «aferrarse» a ciertos lugares por voluntad propia, algo más cercano a las leyendas tradicionales de espacios animados por espíritus de la naturaleza [ver: Sobre las apariciones demoníacas]

En cuanto a la causa humana de la infestación demoníaca, Thyraeus habla de un «pacto implícito», es decir, la idea de que la práctica magia involucra la aceptación, e incluso la invitación [involuntaria] a estas entidades [ver: Invité a un demonio a mi casa]. Esto tenía como objetivo persuadir a las personas de llevar a cabo prácticas aparentemente inocuas, convirtiéndolas en una puerta de entrada a los demonios. En el libro de Jean Gerson: De erroribus circa artem magicam [«Sobre los conceptos erróneos de las artes mágicas»], el autor presenta numerosos relatos de actividad poltergeist relacionados con prácticas casi inocentes, como la adivinación y hechizos para propiciar lluvias o buenas cosechas. La presencia demoníaca descrita por Gerson es decepcionante. En la mayoría de los casos, los demonios se limitan a hacer ruido e impedir el descanso de los habitantes de la casa [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]

Las historias de infestación demoníaca parecen seguir el mismo patrón que los sucesos reportados en las casas embrujadas ordinarias. El teólogo francés Noël Taillepied sostuvo los demonios «tienden a aparecer en lugares donde en tiempos pasados se han producido actos horribles, asesinatos, disturbios y violaciones», sugiriendo que ciertos lugares pueden absorber y retener ciertos matices emocionales [miedo, sobre todo], volviéndolos habitables para las entidades demoníacas [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]. Esto no difiere demasiado de la Teoría de la Cinta de Piedra, la cual postula que ciertos sucesos violentos pueden quedar «grabados» en un lugar, y luego activarse y reproducirse, como una cinta, ante la presencia de una persona sensitiva [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

En De Praestigiis Daemonum [«Sobre las ilusiones de los demonios»], Johann Weyer advierte que la infestación demoníaca puede manifestarse de modo muy sutil, fundiéndose con el entorno: [los demonios] «se arrastran por todas las vías de los sentidos, se prestan a las formas, se adaptan a los colores, se adhieren a los sonidos, se incorporan a los olores e infunden sabores». Para Weyer, los demonios se esconden en todo lo que percibimos «por todas las vías de los sentidos», e incluso se incorporan a los sonidos, olores y sabores. La persona que vive en una casa infestada probablemente termina naturalizando estas anormalidades, como escuchar ruidos extraños, ver figuras oscuras o percibir olores desagradables [ver: El olor de los demonios]

La demonología proporcionó algunos tropos sobre cómo los demonios lograban ocupar y perpetuarse en un espacio, principalmente hogares de familia. Una vez que se les abría la puerta [o la abrían ellos mismos debido a sucesos violentos ocurridos en el lugar], se producía un efecto contagio. O bien los fenómenos extraños [perturbaciones hostiles de diversa índole] primero eran experimentados por una persona en la casa, y luego las demás se «contagiaban»; o bien se producían de forma desordenada y aparentemente aleatoria. Esto básicamente cubría todos los escenarios.

Los demonólogos clásicos [como muchos «expertos» modernos en los paranormal] tendían a ver demonios en toda actividad inusual, como si fueran la explicación por defecto de cualquier cosa extraña. Incluso cuando podía deducirse un orden o secuencia racional de causas para explicar el fenómeno, se hablaba de «ilusión demoníaca», una distorsión de la realidad producida por la presencia de un spiritu immundus [«espíritu impuro»]. En otras palabras, esta rama de la demonología creía que no sucedía nada sobrenatural, sino que los demonios tenían la capacidad de inducir alucinaciones. Esta distorsión pronto se «contagiaba» a otros miembros del hogar.

Esta narrativa ha cambiado. En la actualidad se habla de personas «sensitivas», capaces de vislumbrar aspectos ocultos de la realidad, rara vez de víctimas pasivas de una ilusión inducida por agentes diabólicos. De hecho, algunos aspectos de aquella narrativa se han invertido. En uno de los exorcismos registrados por Thyraeus, el demonio en cuestión declaró no saber nada sobre posesión. En cambio, sostuvo haber sentido que caminaba por una calle, de noche, todas las casas estaban a oscuras; de repente dijo haber visto una casa iluminada [la casa de la persona poseída] y que simplemente caminó hacia ella. Hoy en día un «experto» en lo sobrenatural diría que la persona en la casa era esa LUZ, y que los demonios y espíritus se sienten atraídos como polillas a un farol solitario en la noche. Esta LUZ no necesariamente tiene que ver con poderes o capacidades extraordinarias, sino con la vulnerabilidad producto de algún trauma. En tiempos de Thyraeus se pensaba que los demonios no atacaban a nadie que no «abriera la puerta», que no ofreciera algún tipo de invitación [ver: Si los ves, Ellos te ven]. Ninguna LUZ funcionaba como señal o GPS para que estas cosas se acerquen.

La designación loca infesta comenzó a utilizarse para referirse a un lugar [loca] que estaba plagado [infesta] de espíritus demoníacos. En latín clásico, el verbo infesto significa «acosar», «atacar», en el sentido de algo que perturba la paz. El participio pasado infestus refiere a algo hostil, antagónico, una amenaza. Era un término militar, relacionado etimológicamente con infenso [«golpear»] y defendo [«proteger»], utilizado en este contexto porque se pensaba en el ataque demoníaco como análogo al asedio de un ejército que poco a poco va ocupando el cuerpo humano hasta tomar control [ver: ¿Qué siente una persona poseída?]

Uno de los principales signos de infestación demoníaca se manifestaba a través de los animales. San Teodoro de Sikeon relata la historia de un tribuno llamado Pherentinus, quien aseguró haber tenido un encuentro con un perro infernal. El animal bostezó frente a él, y esto lo dejó en un deplorable estado de salud. Afortunadamente para él, San Teodoro no entendió el bostezo del canino como un simple reflejo, sino como un ataque. Lo cierto es que, desde entonces, Pherentinus era incapaz de controlar su propio cuerpo. Se contorsionaba en posturas asombrosas y «permanecía medio muerto durante mucho tiempo con la cara torcida hacia atrás». Indagado por San Teodoro, Pherentinus confesó haber hecho algo con lo que cualquiera de nosotros podría realcionarse. Al ver al perro bostezar, bostezó el mismo. ¡Aha!, habrá dicho San Teodoro, esto permitió la irrupción de lo demoníaco en el cuerpo de Pherentinus, quien al instante perdió el control de su motricidad. Suena un poco absurdo, pero en la doctrina exorcista no se debía repetir ningún gesto o palabra dicha por el demonio; y como el demonio no podía pronunciar ninguna oración del ritual, el exorcista estaba a salvo siempre que no se desviara del texto.

Si un exorcista tradicional hubiera visitado la residencia MacNeil, habría concluido que la posesión de Regan era el último eslabón de una larga cadena de contagio [ver: Regan MacNeil vs Lovecraft]. El exorcismo realizado por Karras y Merrin no habría podido practicarse porque el lugar ya no era seguro, estaba «infestado» por la presencia de Pazuzu, y el resto de la familia probablemente ya habría cedido a cierto grado de obsesión/opresión. Para este exorcista, la residencia MacNeil no habría sido un domus, un «hogar», sino un espacio de intrusión violenta, un loca infesta. Dentro de este lugar contaminado, la entidad demoníaca podría moverse con libertad, abandonando el cuerpo de Regan y regresando cuando quisiera.

La casa MacNeil parece un loca infesta. La habitación de Regan tiene una temperatura considerablemente más baja que resto de la casa, los muebles se mueven solos y hay objetos volando por el lugar. Sin embargo, los exorcistas proceden con el ritual, algo que nuestro experto tradicional no habría recomendado. Según su esquema, los demonios son como alimañas que infestan la casa y ocupan cada rincón; de hecho, se creía que los espíritus hostiles primero se manifestaban a través de ruidos extraños atribuídos a roedores [como los que se oyen en el ático de las MacNeil], luego se mueven hacia los espacios comunes [donde la gente se congrega para comer], y finalmente a los espacios de descanso [ver: Casas tomadas por espíritus]

Los habitantes de una casa infestada rara vez son capaces de señalar algo concreto, un lugar específico del cual provienen las perturbaciones. Más bien, es como una propagación de fenómenos que comienzan siendo externos [ruidos, voces, sombras] y luego son experimentados en el propio cuerpo, como movimientos involuntarios y erráticos [ver: Sobre ruidos paranormales intensos]. Es común que, al dormir, la persona mueva las manos bruscamente, como si estuviera luchando contra algo. Varios demonólogos comentaron sobre esta faceta nocturna de la aflicción demoníaca. Noël Taillepied comenta lo siguiente en Tratado sobre la aparición de espíritus (Traité de l’apparition des esprits, 1588):


«No en vano hay que temer cuando por la noche percibimos algo desconocido. Porque los espíritus a menudo atacan a las personas mientras duermen.»


Con mayor énfasis en los órganos afectados, el demonólogo Johann Weyer [Pseudomonarchia Daemonum] señala que los demonios pueden interferir e interrumpir la visión de las mujeres «melancólicas», basándose en la teoría óptica predominante en la Edad Media [extramisión e intromisión], que postulaba que el ojo humano emitía rayos que rebotaban en los objetos y los hacían visibles. Los demonios, se creía, podían interrumpir y manipular los rayos oculares [haciéndose visibles para una sola persona], e incluso afectar el sentido del tacto, haciendo que una persona experimente estar siendo golpeada, mordida, arañada o abusada sin que esto realmente ocurra [ver: Arañazos, rasguños y marcas en la piel durante la noche]. En esencia, se pensaba que los demonios podían hackear nuestros sentidos. Es curioso que la parapsicología no haya estudiado este modelo de manipulación sensorial para intentar explicar los llamados «toques espirituales», es decir, la sensación de que un espíritu o entidad incorpórea te toca físicamente [ver: Cuando algo invisible te toca]

Las alucinaciones eran sólo un tipo de alteración sensorial dentro de la loca infesta. El teólogo suizo Ludwig Lavater sostuvo: «por su experiencia en las cosas naturales, el diablo puede engañar al ojo humano y a otros sentidos»; y Martín del Rio [Disquisitionum magicarum] afirmó que los demonios «inducen miedo, vergüenza, ira y tristeza». Es decir que en una infestación demoníaca no solo había que dudar de lo que veías y oías, sino también de tus sentimientos.

La instancia previa de estos fenómenos era idéntica a lo que ocurre actualmente en los poltergeist: los habitantes de la casa oyen el ruido de piedras arrojadas desde afuera contra el techo y las ventanas [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

Otro punto interesante de la infestación demoníaca es el hedor a putrefacción. Podemos suponer que esto no era raro en la Edad Media, pero en la mayoría de los casos se menciona que la carne fresca se ponía negra en pocos instantes, pero no se registraba ningún olor desagradable. Sin embargo, los habitantes de la casa afirmaban tener las fosas nasales saturadas de este olor a descomposición [ver: Entidades que se manifiestan a través del olor]. La situación no podía ser peor: en una loca infesta la gente veía, oía, sentía y olía cosas, todas tan desagradables que desafiaban la capacidad de asimilarlas. La degradación sensorial de las infestaciones demoníacas, la pérdida de control sobre las sensaciones corporales, realmente podían quebrar la voluntad de cualquier persona.

Al igual que hoy se habla de casas embrujadas y toda una batería de fenómenos asociados, antiguamente se pensaba que los demonios podían instalarse en los espacios domésticos y alterar la percepción normal de las cosas. Dentro y en los alrededores de la casa parecían producirse pequeñas desgracias inesperadas sin que se comprendiera cómo y por qué ocurrían. Muchos demonólogos anotan que, sobre todo en las áreas rurales, la gente se acostumbraba tanto a la presencia de estas entidades domésticas que incluso llegaban a establecer complejas relaciones de convivencia. Esta es otra mirada distorsionada de una verdadera constelación de creencias paganas sobre espíritus domésticos, como los Brownies. Nadie pensaba que fueran demonios salvo los demonólogos, que naturalmente los veían en todas partes. Los actuales investigadores paranormales parecen seguir el mismo patrón: ¿Oyes ese ruido extraño? Espíritu. ¿Has visto esa sombra? Espíritu.¿Sientes esa ráfaga de viento? Espíritu. ¿Ha bajado la temperatura? Espíritu.

Los espíritus domésticos del paganismo eran un orgullo para la familia, estaban asociados a ella y mantenían una relación durante generaciones. Es cierto, eran propensos a realizar travesuras, como ruidos molestos en la noche, pero nada que no pudiera apaciguarse con un tazón de leche y un poco de pan. Todo esto estaba bastante alejado, digamos, de la posesión, la magia negra y la brujería. Los demonólogos condenaban estas tradiciones, pero nunca las entendieron. Asociaban el nombre de espíritus locales con demonios, aunque los fenómenos que se producían estaban lejos de ser demoníacos. La parapsicología moderna, que invita a las personas a realizar «limpiezas» y rituales de destierro ante cualquier ruido inusual, confunde del mismo modo la actividad focalizada con la presencia nociva de un principio abstracto del mal, que al parecer puede deleitarse urdiendo engaños infantiles.

El Malleus Malficarum cae la misma confusión al señalar que «los demonios vienen en muchas variedades diferentes» y que «hay tantos espíritus impuros como actividades entre los hombres». En lugar de incitar a la locura y el asesinato, estos provocadores, afirma el Malleus, se deleitan haciendo travesuras y «no pueden dañar a nadie, al menos no gravemente». En el siglo XIII, Jacobo de Vitry anota una historia peculiar, que luego será citada por muchos demonólogos como ejemplo de infestación demoníaca: un hombre parte en peregrinación a Compostela, mientras su esposa se queda en casa. Un demonio impide a la mujer engañarlo al expulsar a sus pretendientes golpeando las paredes y ventanas. En lugar de estimular un comportamiento pecaminoso, la historia invierte las enseñanzas teológicas sobre los espíritus malignos. Esta entidad protege al hombre que se fue a Compostela y frustra el pecado de adulterio de la mujer [en cierto modo, la protege de sus propias inclinaciones]; sin embargo, el autor sostiene que se trata de un «demonio». Evidentemente la historia original no incluía demonios de ninguna clase, sino algún tipo de espíritu doméstico que intentaba proteger la integridad de la familia.

La brujería era la primera preocupación de los demonólogos a finales de la Edad Media. La segunda era la casa como sede de sucesos inexplicables, es decir, como espacio de infestación demoníaca, pero para eso era necesario establecer límites entre las causas naturales y las sobrenaturales. Las personas en las zonas rurales, cuyas tradiciones precristianas todavía estaban vigentes, podían aceptar la existencia de demonios que perturban la casa y a sus habitantes, pero eso equivalía a aceptar que los ángeles caídos desperdiciaban su energía rompiendo cacerolas y haciendo ruidos molestos. En este contexto, la demonología no tuvo otra alternativa que adoptar la existencia de elementales y otros espíritus menores. Este fue el inicio del poltergeist, una faceta menos pomposa de la infestación [ver: Genius Loci: el espíritu del lugar]

El alquimista Georgius Agricola comentó que estos espíritus menores «parecen hacer muchas cosas cuando en realidad no hacen nada». Comenzó a hablarse de demonios «gentiles» [paganos] que estaban activos en los hogares, especialmente durante la noche. Johann Weyer insinúa que «estos seres parecen estar desempeñando tareas de sirvientes, como subir y bajar las escaleras llevando cosas, abrir puertas, encender el fuego, sacar agua, preparar la comida, cuando en realidad no hacen nada en absoluto». La actividad asociada a los fantasmas actuales sigue el mismo patrón: suelen ser vistos en el mismo lugar, a la misma hora, haciendo una y otra vez lo mismo, sin parecer tener conciencia de su entorno, como si estuvieran atrapados en una especie de bucle [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]

Así apareció la idea de que ciertos espíritus domésticos podían causar menos o ningún daño a las personas de la casa, pero la demonología siguió siendo cautelosa. Nunca afirmó que fueran «benévolos», sino que ocupaban los hogares, o se asociaban con una familia, y a menudo exigían una recompensa [pan, leche y vino] por mantener la casa ordenada y castigaban a quienes no lo hacían. La posición de la élite clerical era antagónica con los poltergeist. Negó que fueran «inocuos», y se pronunció a favor de condenar cualquier manifestación [que hoy llamaríamos «paranormal»] de seres asociados a los cultos precristianos. En su Démonomanie, Jean Bodin propuso «eliminar las excusas y la impiedad de aquellos que invocan demonios bajo la apariencia de espíritus benévolos». Bodin temía que la gente pensara que algunos demonios eran tibios en su odio hacia la humanidad si no se condenaba las tradiciones que parecían dar la bienvenida a los espíritus domésticos. Su discurso fue aceptado respecto de los poltergeist más virulentos, porque estos espíritus «traviesos» generalmente provocaban miedo [afín a la teología ortodoxa], sin embargo, en cuando a los espíritus hogareños, criaturas moralmente ambivalentes, el arraigo fue considerablemente menor.

El libro de Catherine Crowe: El lado nocturno de la naturaleza (The Night Side of Nature, 1848) popularizó el término «poltergeist» [acuñado por Martín Lutero] en términos de criaturas espirituales relativamente inofensivas, aunque capaces de provocar perturbaciones considerables. Crowe comenta: «los muertos no siempre descansan pacíficamente; a veces tienen la desagradable costumbre de aparecer». Sin embargo, los poltergeist no siempre tienen que ver con espíritus humanos que se manifiestan ante familiares y amigos, sino con los equivalentes latinos «larva» y «lémur», es decir, entidades que no fueron humanas y que actúan de forma hostil y aleatoria. Por otro lado, los geister [espíritus] parecen actuar como humanos atrapados en este plano que tratan de llamar la atención de los vivos. La demonología, incluso en la era industrial, siguió mantenienodo que los demonios se escondían detrás del poltergeist.

La palabra poltergeist es de origen alemán y alude a un ser espiritual [geist] que genera ruido [poltern]. Lutero, una autoridad en el tema, añadió una instancia superior: el rumpelgeist [«espíritu retumbante»], que aparentemente causaba más ruido y que él mismo experimentó en su residencia. Poco a poco la infestación demoníaca pasó a verse como algo más espiritual, menos demoníaco, aunque de origen desconocido. En muchos cuentos de poltergeists, la actividad suele terminar tan misteriosamente como comenzó, pero nunca es aleatoria. Generalmente alguien hace algo, va a algún lugar, practica la magia o compra un objeto maldito. Siempre hay un desencadenante.

Un caso interesante de infestación demoníaca, que hoy en día consideraríamos un poltergeist, puede leerse en el tratado de Johannes Nider: Formicarius [1475], escrito en forma de diálogo: un alumno de teología le pide a su maestro que comente algunos ejemplos de «perturbaciones» en el hogar. Este le cuenta la historia de una casa cerca de la ciudad de Nuremberg, donde un «espiritu inmundo» silba en la oscuridad, golpea las paredes, hace que las cosas se pierdan y aparezcan en lugares insólitos, pero en ningún momento daña a las personas de la casa. Si bien nunca se dice que este «espíritu inmundo» sea un poltergeist, las manifstaciones de la entidad son comparables. La anécdota está incluida en un contexto más amplio que intenta demostrar que los demonios intentan influir en los asuntos humanos a menudo a través de pequeñas travesuras [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]

Además de la referencia auditiva de los términos polter [«ruido»] y rumpel [«estruendo»], estas entidades producen otras perturbaciones. Mueven y rompen pequeños objetos de la casa, como vasos y utensilios, y también los reubican furtivamente [ver: ¿Por qué las cosas se pierden en tu casa?]. En algunos casos, los poltergeist mueven objetos más grandes y pesados, como camas y mesas; pero la característica secundaria de este fenómeno [después del ruido] es la desaparición de objetos personales que eventualmente se encuentran en lugares inesperados. En casos más raros pueden provocar daños físicos, de hecho, la noción de que estos espíritus arrojan piedras es muy antigua. Este fenómeno, conocido como lithobolia tiene antecentes en el historiador romano Tito Livio, quien describió cómo algunas piedras en llamas [de origen desconocido] aterrorizaron a los soldados romanos durante las Guerras Púnicas. Guillermo de Auvernia afirmó que un espíritu menor lo atormentaba arrojándole piedras y golpeando paredes. Los ascetas cristianos comúnmente se topaban con demonios que les lanzaban piedras para interrumpir sus prácticas ascéticas. Hay un cuento popular de 1698 llamado Lithobolia o El demonio lanzador de piedras (Lithobolia: or, the Stone-Throwing Devil), atribuído a Richard Chamberlayne, que esencialmente describe un poltergeist moderno.

Un aspecto en común entre el antiguo concepto de infestación demoníaca y el poltergeist moderno es la extrema sensibilidad emocional de estas entidades. Al parecer, reaccionan ante la más ínfima ofensa, real o imaginaria, y estallan violentamente cuando no obtienen la reacción que esperan provocar [miedo y reconocimiento]. Quemar salvia, gritarles, ordenarles que se vayan, puede empeorar las cosas, precisamente porque se les está dando reconocimiento. La falta de sueño añade un condimento particularmente desagradable a la situación. Estas entidades suelen comenzar la actividad cuando la persona intenta conciliar el sueño. En estos momentos es común sentir que algo presiona sobre la cama, algo con peso que hunde el colchón, como si un animal se hubiera subido [ver: Una sombra se sienta en el borde de mi cama]

Las pesadillas también son frecuentes en este punto. Suele soñarse con figuras sombrías que adquieren una forma humanoide y emiten una energía maligna. A veces corren en cuatro patas, como perros grotescos. Lo único visible son sus dientes [afilados] y las cuencas de sus ojos. Es común que estas figuras te persigan en sueños o directamente te torturen. Lucen hambrientos [ver: Significado de soñar con el demonio]

Si el foco del poltergeist es una persona, notaremos un cambio radical en su forma de actuar y hablar. No es infrecuente que se pellizque la cara, los brazos y las piernas, tampoco que tenga arañazos y ampollas, como si fueran quemaduras. En cuanto a su personalidad, es como si fuera una persona diferente, constantemente enojada por trivialidades. Cambia de humor bruscamente. Responde como si alguien invisible la hubiera llamado [ver: Algo me llamó por mi nombre]. Pasa mucho tiempo en silencio, como aletargada. Ocasionalmente, una masa informe de oscuridad parece flotar a su alrededor

Aumentar las fuentes de luz de la casa, e iluminar todos los rincones oscuros parece tener un efecto positivo, pero lo que realmente parece funcionar es localizar el espacio de la casa desde donde provenían los primeros ruidos, que suelen producirse a primeras horas de la mañana. No son particularmente fuertes. Es como si la criatura quisiera llamar la atención y, una vez que la obtiene, empezara a desplegar todo su arsenal. Si el origen es un mueble o un espejo, es conveniente deshacerse de ellos. Al parecer, los ruidos nunca comienzan en la estructura de la casa [pisos, paredes, techo] sino de un objeto en particular que puede estar en el piso, la pared o el techo. En cualquier caso, ignóralo. No lo reconozcas. Sólo quiere tu atención. Haga lo que haga, actúa como si no lo hubieras notado. No hables del tema en la casa. No actúes asustado. Recuerda que podrían estar observando, esperando una reacción.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


Más Consultorio Paranormal:
El artículo: «Loca Infesta»: de la Infestación Demoníaca al Poltergeist fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Trolldómr» y los Libros Negros de Cyprianus.


Trolldómr y los Libros Negros de Cyprianus.




En la tradición escandinava existen los Svarteboken [«libros negros»], similares en algunos aspectos a los Libros de las Sombras de las brujas, particularmente de la religión Wicca. Los Svarteboken, en esencia, son pequeños grimorios atribuidos en parte a un sujeto misterioso: Cyprianus [Cipriano]

Los Libros Negros no solo proporcionan las típicas instrucciones para invocar demonios, lanzar hechizos y adquirir poderes mágicos; en algunos casos, la posesión del Libro Negro en sí otorga poderes sobrenaturales a su propietario. Sin embargo, y a pesar de esta ventaja, gracias a la cual no es necesario practicar las artes ocultas para obtener sus beneficios, bastando ser solamente el propietario, el uso inadecuado de un Libro Negro, incluso su posesión, puede traer graves consecuencias.

Algunos Libros Negros están escritos con sangre, otros simplemente están firmados de este modo, y esa es la raíz de su peligrosidad, ya que estos pequeños grimorios suelen quedar dentro de una familia y en cierto modo funcionan como un pacto. Cuando un Libro Negro sale de esa familia, por descuido o falta de herederos, y termina en manos imprudentes, este se libera del pacto con su propietario original y puede causar toda clase de desgracias.

Hay una leyenda alemana sobre un Libro Negro que, por circunstancias desconocidas, llegó a manos de unos campesinos. Sus poderes se liberaron cuando estos intentaron leerlo, no al revés, como debe hacerse, sino como si se tratara de un libro corriente. Una vez activado, causó grandes calamidades a la familia de campesinos. De hecho, cuenta la historia que intentaron repetidamente deshacerse del libro, pero no pudieron hacerlo, porque el Svarteboken estaba ligado a su propietario. Se decía que los Libros Negros no podían ser quemados, pues resistían a las llamas, ni tampoco destruidos por el agua. Si se los desechaba, siempre encontraban la forma de regresar.

Finalmente, los campesinos consiguieron la ayuda de un ministro, quien clavó con éxito el Libro Negro en un ataúd. Este final, quizás apócrifo, vindica el poder cristianismo sobre el paganismo.

Los Libros Negros tenían un fuerte arraigo popular. Muchas familias poseían uno, funcionando como una especie de guía para las generaciones venideras donde también se incluían recetas de cocina y métodos curativos, ritos estacionales y agrícolas, además de encantamientos, conjuros y hechizos. Los Libros Negros de Cyprianus [Cipriano], a pesar de contener elementos inocuos, tenían una pésima reputación entre las autoridades de la iglesia, quienes creían que la única forma de obtener el libro por sucesión familiar era renunciando al bautismo y entregándose a Satanás. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los Libros Negros estaban relacionados con párrocos rurales, más precisamente con sus esposas, quienes a menudo oficiaban de curanderas en las comunidades aisladas.

Aunque los Libros Negros, en gran parte, eran un compendio del saber tradicional recopilado por una familia durante generaciones, los aspectos mágicos siempre estaban atribuidos a un tal Cyprianus. Se cuenta una variedad de historias sobre la identidad de este individuo. Algunos dicen que sería Cipriano de Antioquía [San Cipriano], que vivió en el siglo IV d.C. en Turquía; quien logró invocar y dominar a una variedad de demonios, y que finalmente se convirtió al cristianismo y terminó su vida como mártir. En la Edad Media circulaban muchas leyendas unidas al nombre de Cyprianus, incluida la tradición de que practicaba la magia negra antes de su conversión al cristianismo. En otra tradición medieval, Cipriano era un hechicero que trató de seducir a Santa Justina, pero fue convertido cuando ella hizo la señal de la cruz, liberándolo del poder del diablo.

Los Svarteboken escandinavos casi nunca hacen referencia a San Cipriano, sino más bien a un hechicero, una figura fáustica llamada Cyprianus, que a menudo es descrito como un malvado noruego [o danés] que aprendió la magia negra a través de sus tratos con el Diablo. De hecho, una versión de la leyenda comenta que Cyprianus era tan malvado que el Diablo lo expulsó del infierno. Para vengarse, Cyprianus escribió el primer Libro Negro con fórmulas e invocaciones que permitirían controlar a los demonios.

Ahora bien, esta tradición de Cyprianus como expulsado por el diablo relaciona [con hilos delicados] a los Libros Negros con el Drácula de Bram Stoker. Según esta variante de la leyenda, el «infierno» del cual fue expulsado Cyprianus era en realidad la Scholomance, aquella legendaria escuela de magia negra situada en Transilvania y dirigida por el Diablo. En este contexto, Cyprianus habría sido uno de los diez solomonari [tal como lo fue Drácula], quien después de haber sido expulsado regresó a escandinavia y comenzó a difundir los secretos de esta institución [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]

Otras historias, en cambio, comentan que Cyprianus no estaba al tanto de las oscuras actividades de Scholomance hasta que ingresó en ella. Escapó y escribió el primer Svarteboken como método de defensa contra las actividades del Diablo y sus solomonari.

Rastrear los verdaderos orígenes del Cyprianus de los Libros Negros es prácticamente imposible. Hay demasiadas variantes extravagantes, como aquella mencionada en el Oldtidens Sortebog [«el antiguo libro mágico»], donde se afirma que Cyprianus fue una hermosa monja mexicana del siglo XIV, arrojada a una mazmorra en 1351. Mientras estuvo encerrada, escribió con sangre todos sus conocimientos mágicos en sus hábitos. Tiempo después, sus ropas fueron encontradas en un antiguo castillo y volcadas en el primer Libro Negro.

Uno de los principales intereses de los Libros Negros era la adivinación. Una de las prácticas más comunes era el støyping, y consistía en vertir plomo fundido a través de un agujero sobre un trozo de pan sumergido en agua fría. Luego se procedía a interpretar la causa de varias enfermedades, que a menudo eran atribuídas a la presencia de un changeling, es decir, la prole de los maliciosos huldra-folk dejada en el lugar de un niño humano sano. Este rito de adivinación a menudo era realizado por una signekjerring [«anciana bendita»].

Las leyendas más interesantes en torno a los Libros Negros son aquellas que narran su uso inadecuado, un motivo recurrente del folclore escandinavo. En tales historias, un sirviente o una criada encuentra y lee el Libro Negro de la familia, invocando así al diablo mientras el propietario [casi siempre un clérigo] está ausente. La única manera de salvarse es darle al diablo una tarea imposible, como desatar los nudos de una red de pesca o vaciar un fiordo. De este modo, el diablo, obligado por el Libro Negro a cumplir las órdenes del invocador, se mantiene ocupado hasta que el propietario del libro regresa y lo envía de vuelta al infierno.

En los años '70 del siglo pasado, una mujer noruega llamada Mary Rustad empezó a revisar la casa de campo a la que se había mudado recientemente. La casa había pertenecido a su familia durante siglos y estaba llena de objetos en desuso. En el ático encontró una caja, y dentro de la caja encontró dos libros que datan de principios del siglo XVIII, conocidos como Los Libros Negros de Elverum.

La familia Rustad siempre estuvo asociada a la brujería. De hecho, en 1625 se llevó a cabo un proceso judicial contra Ingeborg Økset, antepasado de Mary Rustad; de modo que la presencia de estos libros en la finca familiar no es sorprendente. Sin embargo, los hechizos y conjuros de los Libros Negros de Elverum no son gran cosa. Algunos apelan a Cristo, otros a Lucifer, pero también hay recetas medicinales que no tienen ningún elemento espiritual, por ejemplo, para tratar la impotencia [ver: Cómo las brujas causaban impotencia]. Lo sorprendente es la especificidad de estos hechizos. Hay uno que puede usarse para enviar al diablo tras el sinvergüenza que cometió un robo, no para matarlo, sino para que devuelva las pertenencias robadas.

En los Libros Negros de Elverum también hay instrucciones para encontrar brujas. Si usted sospecha que hay una bruja en su comunidad, se recomienda merodear en los alrededores de la iglesia local en ciertas noches y esperar cerca del campanario. Al parecer, a las brujas les encanta mordisquear las campanas y aprovecharán cualquier oportunidad para hacerlo. Los Libros Negros simplifican un poco esta tradición. No es que las brujas realmente mordisquearan las campanas, sino que raspaban el metal para utilizarlo en sus pociones.

Si bien los Libros Negros poseen toda clase de conjuros y encantamientos, así como instrucciones sobre cómo fabricar objetos mágicos, amuletos y talismanes, también conservan fórmulas personales anotadas por el propietario, es decir, variantes propias de fórmulas conocidas. La mayoría de los Libros Negros [conocidos] son pequeños cuadernos escritos a mano que datan de mediados del siglo XVIII. Por aquel entonces solo tenían valor para su propietario, pero a fines del siglo XIX surgió un renovado interés por ellos como depositarios de antiguas tradiciones y costumbres populares escandinavas, incluso precristianas. Algunos Libros Negros se imprimieron como curiosidades de una época que realmente creía en la magia.

Además del aspecto mágico, la proliferación de Libros Negros dependía de dos cuestiones fundamentales: el acceso a los libros [que era muy limitado para la gente común] y la creencia generalizada en el poder de la palabra escrita. Tener acceso a un libro era tener acceso a cierto grado de poder. El clero pertenecía a este grupo privilegiado, y cuando a mediados del siglo XVII se instruyó a todas las iglesias a que mantuvieran un registro, los párrocos [sobre todo] comenzaron a llevar pequeños cuadernos de anotaciones donde se enumeraban los nombres de los feligreses en relación con los eventos importantes de sus vidas. Uno se pregunta si los Libros Negros podrían estar relacionados con el establecimiento de estos registros eclesiásticos.

En un principio, estos registros no se diferenciaban demasiado de un cuaderno de almacenero de pueblo, con anotaciones cronológicas de los quehaceres diarios, pero evolucionaron gradualmente hasta convertirse en verdaderos registros con columnas para bautizos, confirmaciones, bodas y entierros. El acceso a tales libros estaba estrictamente regulado, pero cualquiera podía ver al sacerdote escribir los nombres y las fechas de quienes iban a participar en los rituales de la iglesia. Este acceso privilegiado a la información a través de un libro manuscrito podría haber dado lugar a especulaciones sobre su significado.

No me refiero aquí a que el clero estaba involucrado en la magia [y lo estaba], sino que la idea de mantener un registro de actividades e información rodeado del mayor secretismo bien pudo haber sido imitado.

Lo cierto es que uno puede encontrar recetas contra prácticamente todo en los Libros Negros, desde curar un dolor de muelas [kalamaris, katalibus, ratalibus] hasta protegerse de ladrones [auratebul], desde volverse invisible a enamorar a una chica o fabricar amuletos para protegerse del mal. Estos amuletos solían ser palabras escritas en un papel que envolvía una pequeña piedra y se llevaba alrededor del cuello. Las palabras a veces derivaban de la liturgia católica. Se escribían en un tosco latín, mal escritas o, mejor dicho, escritas como las personas sencillan las escuchaban de un sacerdote rural que no tenía muchos más conocimientos del latín que sus fieles.

Los Libros Negros, en general, eran bastante respetuosos. Un hechizo para hacer daño podía estar escrito en este latín rudimentario, pero nunca haría alusión a la tradición cristiana. Los Svarteboken menos familiares y dedicados a la medicina rural, ingresaban en el tenebroso territorio del trolldom [«hechicería»].

Los escandinavos medievales estaban preocupados por la eficacia de la magia, que funcionaba como una herramienta en la vida cotidiana tanto de los campesinos como de la nobleza. Era un lugar común. Muchas formas de magia, ya sean relacionadas con creencias paganas o clericales, se consideraban beneficiosas y eran aceptadas. Las formas oscuras de la magia, sin embargo, eran inaceptables y se consolidaron en la noción de trolldómr [de trolle, «conjurar»; y dom, sufijo utilizado para formar sustantivos a partir de adjetivos]. Este término puede traducirse aproximativamente como «hechicería», aunque sin la relación necesaria con los trolls, de la cual hablaremos más adelante.

A mediados del siglo XVI, los obispos comenzaron a viajar a las comunidades rurales escandinavas con el objetivo de proporcionarles a los clérigos locales algunas herramientas para comenzar a aislar a los practicantes de la magia. La estrategia, muy exitosa, fue etiquetar todas las formas de magia como trolldómr, término que implicaba malicia en las operaciones mágicas. Fue en este momento en que comenzaron a prosperar los Libros Negros bajo un manto de secretismo. Esto significaba que no podían salir del seno de una familia ya que constituían una prueba de delito.

Los trolls ya estaban asociados con la magia en los mitos nórdicos, pero en el folclore moderno, desde alrededor del siglo XIX en adelante, se han transformado en criaturas grandes y brutas, o incluso en seres pequeños que pueden poseer algún rasgo mágico, pero ya no peligrosos. Sin embargo, los trolls fueron vistos como muy peligrosos en el pasado [ver: Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens»]

Es importante entender que los trolls escandinavos no son solo una cosa, sino todo un abanico de seres diferentes pero al mismo tiempo similares en algunos aspectos. Están los trolls de la montaña, que no parecen demasiado interesados en los seres humanos; y los trolls del bosque, que están aterrorizados por el cristianismo y se convierten en piedra cuando les da el sol. El troll promedio es similar a un ser humano de gran estatura, y generalmente se distingue de nosotros por el hecho de tener cola, que esconde entre sus ropas. A propósito, el clero tuvo una excelente idea para que la gente no se vaya de la iglesia antes de que termine el servicio religioso al difundir la idea de que los trolls no soportan escuchar misa, y huyen precipitadamente si oyen las sagradas escrituras. Si uno no quería ser acusado de ser un troll [y podía ser una acusación seria], era aconsejable quedarse hasta el final del servicio.

Los trolls, salvo excepciones, eran expertos en todos los aspectos mágicos de los Libros Negros: eran capaces de volverse invisibles, de cambiar de forma, y de lanzar maldiciones devastadoras. Sin embargo, la magia de los trolls no era considerada realmente «magia» por los antiguos escandinavos, sino más bien habilidades extraordinarias, si es que podemos captar la sutil distinción. La magia [seiðr] en la cultura nórdica era algo sagrado, algo que practicaba el propio Odín, mientras que los trolls solo utilizaban una forma degradada y con fines viles. Ahora bien, desde la mirada cristiana, las habilidades de los trolls se ajustaban a lo que incluso hoy consideraríamos magia, de modo que el término trolldómr era lógico [para esa mirada cristiana], aunque no para la percepción escandinava.

En la actualidad se habla mucho de magia nórdica, de seiðr, pero estas interpretaciones [wiccanas y neopaganas en su mayoría] son muy licuadas, una especie de chamanismo burgües para gente blanca que quiere «conectar con la naturaleza». No puede haber «expertos» en magia nórdica porque el seidr no tiene fuentes históricas. Hay menciones en los Eddas y Sagas, pero no hay descripciones rigurosas de sus rituales. De hecho, por las pocas referencias que han sobrevivido, sabemos que el seiðr era originalmente una magia basada en el tejido [seithr], algo así como un tejido ritual. Los hombres no la practicaban porque se consideraba una forma cobarde y retorcida de lograr objetivos. Tal vez por eso los aesir se sorprendieron enormemente cuando Odin decidió practicarla.

Las leyes medievales prohibían la magia dañina [maleficium, en latín] mientras que se toleraba la magia beneficiosa [sanación, suerte en la caza, protección del ganado y las cosechas]; sin embargo, a finales de la Edad Media los teólogos desarrollaron una nueva visión, donde toda la magia, incluso al servicio del bien, estaba vinculada a los poderes del mal [ver: El «accidente» que convirtió a los Dioses en Demonios]

En Noruega, las leyes medievales se aplicaron hasta 1697, pero la pena de muerte por practicar la hechicería fue adoptada por decreto real recién en 1584. Para el centenario de la Reforma, el 12 de octubre de 1617, el castigo ya era menos riguroso: el destierro en lugar de la pena de muerte.

En este contexto, cuando las autoridades de la fe etiquetaron toda forma de magia como trolldómr, la gente sencillamente no dejó de practicar sus ritos y costumbres, solo se vio forzada a realizarlos de manera privada, discreta, cobijadas por sus personas de confianza: sus familias. Así, probablemente, nacieron los Libros Negros.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más literatura gótica:
El artículo: Trolldómr y los Libros Negros de Cyprianus fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary».


Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary».




En la excelente película de terror de 2018, Hereditary [El legado del diablo], vemos enloquecer lentamente a una familia debido a la influencia de un culto satánico que adora a un demonio particularmente misterioso: Paimon. ¿Quién es exactamente la entidad demoníaca detrás de los sombríos eventos de la película?

Paimon es un demonio que habita en uno de los rincones más recónditos de los mitos cristianos, aunque de hecho proviene de la mitología mesopotámica, no como un demonio, sino como una diosa que progresivamente fue vista como un djinn, seres que a menudo son hermafroditas, y por lo tanto retratados con atributos tanto masculinos como femeninos. Originalmente, Paimon presidía las artes y la ciencia; razón por la cual el propósito de invocarlo era adquirir conocimientos en estos campos, algo muy distinto a lo que vemos en la película. [ver: Diccionario demonológico]

Ahora bien, la mayoría de la información que tenemos sobre el demonio Paimon proviene de grimorios y libros ocultistas posteriores, quienes oscurecieron progresivamente su figura mitológica. Estos tratados demonológicos suelen estirar y distorsionar las características mitológicas de los demonios, pero aún así es posible recolectar algunos rasgos en común para reconstruir algo de la figura original. De modo que comenzaremos con estas referencias y, a continuación, intentaremos escarbar más profundo.

Según estos libros prohibidos, Paimon suele ser invocado para que otorgue espíritus familiares y revelar la ubicación de tesoros ocultos [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]. Se le debe permitir hacer cualquier pregunta y la respuesta debe ser honesta y directa. El Lemegeton Clavicula Salomonis [«La Llave Menor de Salomón»] le añade un atributo aparentemente trivial al afirmar que Paimon tiene el poder de controlar a los peces. En Pseudomonarchia Daemonum [«pseudo monarquía de los demonios»] se afirma que Paimon es el sirviente más «obediente» de Lucifer, quien en este grimorio en particular es sumamente arrogante. Cuando es obligado por la virtud divina, a través de un exorcista, Paimon se revela como un hombre con «un semblante afeminado», portando una corona con una estrella en el medio y montando un dromedario. Detrás de él marcha una multitud de réprobos con trompetas y címbalos.

Cuando Paimon es invocado por un nigromante, su manifestación es precedida por un gran rugido. El invocador debe poseer una extraordinaria firmeza para obligar a Paimon a observar su deseo y pedirle que responda claramente. Si el demonio es doblegado, puede responder cualquier cuestión relacionada con la filosofía, la ciencia, y revelar cualquier secreto. Sin embargo, si el invocador es débil, quedará atado a las mentiras de Paimon:


[«Él (Paimon) prepara buenos familiares, y tiene el entendimiento de todas las artes. Al invocarlo se debe mirar hacia el noroeste, porque allí está su casa. Cuando sea llamado, el invocador debe recibirlo sin temor, enumerando sus preguntas y demandas para obtener lo mismo de él.»]


Según el Pseudomonarchia Daemonum, no está claro si Paimon, antes de caer entre los ángeles, pertenecía a la orden de las Dominaciones o de los Querubines. En cualquier caso, el grimorio sostiene que le siguen doscientas legiones y, si el invocador no realiza los correspondientes sacrificios, Paimon puede manifestarse con sus dos servidores: Beball [a veces llamado Lebal] y Abalam, haciendo casi imposible controlarlo

Tanto en el Dictionnaire Infernal [diccionario infernal] de Collin de Plancy, como en el Livre des Esperitz [libro de los espíritus], se lo menciona como Paymon. En El Libro de Abramelin y el Grimorio del Papa Honorio aparece como Bayemon. Todas estas obras coinciden en la obediencia de Paimon a Lucifer, en la confianza que el Príncipe de las Tinieblas tiene depositada en él, en su residencia en el noroeste, y en su mayor enemigo, el ángel Haziel.

En el Ars Goetia, nuevamente, se describe a Paimon como un hombre montado en un camello, precedido por tropas que tocan trompetas y címbalos. En los anteriores grimorios se insiste en que Paimon tiene un rostro hermoso, pero el Ars Goetia no es tan específico, aunque aún se refiere a él como hombre. Este libro también añade un par de datos interesantes: la «voz ronca» de Paimon, y su tendencia a hablar en su idioma nativo [no se sabe si la lingua diaboli o el enoquiano] hasta que se le ordene responder en el idioma del invocador.

Si tomamos todos los grimorios mencionados hasta aquí, encontraremos que Paimon generalmente es descrito enseñando ciencia y respondiendo preguntas, lo cual no parece particularmente diabólico. El Ars Goetia y el Pseudomonarchia Daemonum especifican que su conocimiento incluye «todas las artes» y «cosas secretas» [tesoros, en su mayoría]. El Livre des Esperitz amplía esto y afirma que Paimon suele responder con sinceridad y es capaz de otorgar «dignidades y señoríos». Otra coincidencia es el mérito de otorgar familiares [que también son buenos para enseñar] y el dominio sobre los peces. También hay atributos absurdos, como la mención en el Ars Goetia de que Paimon puede «hacer que un ladrón regrese y devuelva lo robado». En El Libro de Abramelin se expanden un poco estos poderes con el conocimiento de eventos pasados y futuros, hacer aparecer espíritus, crear visiones, adquirir y despedir espíritus sirvientes, reanimar a los muertos durante varios años, volar, permanecer bajo el agua indefinidamente y habilidades generales para «hacer todo tipo de cosas» a instancias del mago.

Ahora bien, es probable que el origen de Paimón se remonte a los mitos mesopotámicos. Algunos incluso afirman que hay una relación directa entre Paimón y la diosa egipcia Isis, pero basándose en cuestiones puramente cosméticas. Paimón [recordemos, de «rostro afeminado»] suele ser representado montando un camello, lo mismo que Isis. Pero ahí terminan las similitudes, de modo que no tomaremos este camino.

Es interesante que, en El Libro de Abramelin, Paimon se escriba con frecuencia «Paymon» y, a veces, «Paimonia». Probablemente podríamos rastrear el origen etimológico de su nombre en el hebreo pomn [«tintineo», como el de una pequeña campana], que a su vez deriva de la raíz hebrea pom, «agitar», «impulsar». La palabra pomn se utiliza seis veces en Éxodo, y no era infrecuente que los rabinos llamaran a Paimon con el título de ozazl [«azazel»], que es un nombre usado en Levítico con referencia al chivo expiatorio [de oz, «cabra»; y azl, «irse»]. Todavía se realizan acalorados debates sobre si la palabra ozazl [«azazel»] es el chivo expiatorio, o un demonio a quien se le ofrecia ese animal, No obstante, en la demonología rabínica siempre se usa para referirse a uno de los principales demonios [ver: Azazel, el origen del chivo expiatorio]

Azazel, además de provenir la antigua práctica hebrea conocida como chivo expiatorio, también es uno de los Ben-Elohim mencionados en El Libro de Enoc; es decir, uno de los «Vigilantes» que le dio conocimiento a la humanidad en contra de la voluntad de Dios. A pesar de esto, la mayoría de los demonólogos consideran a Azazel y Paimon como entidades completamente separadas.

Hay una conexión evidente en los rasgos más sutiles de Paimon: su nombre significa «tintineo», suele «rugir» cuando se manifiesta, sus tropas tocan trompetas, y además habita en el seno de los vientos del noroeste. Es claro, entonces, que Paimon era antiguamente una deidad del aire. De hecho, en De sphera [«Sobre las esferas»] de Juan Sacrobosco, se habla de los «cuatro espíritus de gran virtud» que gobiernan los cuatro puntos cardinales y sus respectivos vientos: Oriens, Amaymon, Paymon y Egim. Pero demos un paso más allá en el terreno especulativo: la relación de Paimon con el aire [quizás siendo él mismo, originalmente, un espíritu del aire] se expresa en su devoción por la música.

En este punto no es ilícito suponer que Paimon comenzó siendo un djinn. En primer lugar, se lo representa montando un dromedario, una clara alusión al desierto; pero también tenemos su asociación con el aire. Djinn significa «oculto», pero en relación a algo que no puede verse aunque sí resulta audible, como el viento. De hecho, sus dos principales servidores, Label y Ablim, también son djinns en la mitología de medio oriente.

Muchos de los demonios mencionados en grimorios y tratados demonológicos tienen sus orígenes en los antiguos dioses de culturas subyugadas o absorbidas por una nueva religión [ver: El «accidente» que convirtió a los Dioses en Demonios]. De hecho, era una práctica común demonizar a los dioses de otras civilizaciones, pero también a seres de menor escala. En otras palabras, todos los grimorios y todos los tratados demonológicos presentan groseras distorsiones de la entidad original. Sin embargo, aún en esta deliberada deformación es posible encontrar vestigios, que de ningún modo son concluyentes y deben tomarse con pinzas. Paimon podría estar vinculado a los djinns, pero ningún vínculo es demostrable empíricamente.

Dicho esto, es significativo que Paimon siempre apareza con un «rugido» y hable con una «voz ronca». Cuando encontramos estos elementos en la demonología, por lo general estamos ante un eufemismo. El rugido que precede a la aparición de Paimon es análogo al aullido de las banshees en los mitos celtas, aunque probablemente más horrible, ya que es capaz de «partir en dos» al invocador si este es indigno. La presentación de Paimon con rugidos y amenazas al ser invocado es un lindo detalle. Es como si nos levantáramos a la madrugada cuando alguien que no conocemos golpea la puerta. Los rugidos de Paimon son una versión extrema del «¿quién es?» de alguien perturbado en medio de la noche, porque los grimorios establecen claramente que Paimon luego adopta un tono de cordialidad cuando el invocador se presenta.

Es importante tener en cuenta que muchos de los grimorios se contradicen entre sí con respecto a Paimon, pero todos coinciden en describirlo con los atributos de un djinn, y probablemente uno importante, ya que algunas leyendas lo describen como uno de los líderes del Djinnestán. Las representaciones de Paimon respaldan todo esto.

Ahora bien, el Djinnestán no es una región del infierno cristiano, menos aún del Sheol hebreo, sino el plano extradimensional donde habitan los djinn, según la mitología árabe, seres anteriores a la creación del ser humano. La palabra djinn, como hemos visto, significa «oculto» [a la vista], y cuya etimología es un ejemplo interesante de la forma en la cual este pueblo antiguo concebía el mundo. Djinn proviene del árabe jann, que significa «esconderse», pero no como nosotros habitualmente interpretamos esta palabra. Por ejemplo, la misma raíz [jann] está presente en manjun, «loco» [pero que literalmente significa «intelecto escondido»] y janin, «embrión» [«oculto dentro del útero»]. Esta es una maravillosa forma de pensar el mundo.

Los djinn forman parte de la mitología árabe preislámica, aunque posteriormente fueron absorbidos y reinterpretados por el Corán. Su reino, el Djinnestán, donde algunos grimorios sitúan a Paimon, originalmente era considerado un planeta lejano, y luego un plano distinto del físico. Se dice que los djinn fueron creados a partir del «fuego abrasador y sin humo» de Dios, pero también que son de naturaleza física, siendo capaces de interactuar con personas y objetos de nuestro mundo, y además poseen libre albedrío.

Iblis, uno de los principales djinn, ejerció su libre albedrío al máximo cuando se negó a inclinarse ante Adán, incluso cuando el propio Dios se lo ordenó. Por esa desobediencia, Iblis fue expulsado del Edén y llamado «shaytan» [Satanás]. Al parecer, Paimon y muchos otros también habrían sido expulsados, convirtiéndose en renegados, como los demonios.

Los djinn generalmente no pueden ser vistos por los seres humanos, pero estos sí son claramente visibles para los djinn. Lo que sí podemos ver es la interacción de los djinn con nuestro mundo físico, lo cual explica un poco el nombre de Paimon, «tintineo», el cual, como hemos visto, está asociado al aire, al viento, particularmente cuando hace agitar una pequeña campana. Esta asociación con los vientos también explica porqué los djinn, en el folclore, pueden viajar grandes distancias a una gran velocidad y habitar en áreas inaccesibles: sobre las montañas, los mares, incluso en las «alturas del cielo».

La estructura social de los djinn parece acreditar las divagaciones de los grimorios sobre ducados y rangos militares asignados a los demonios. Tenían reyes, cortes, bodas, funerales, y, como los seres humanos, serán juzgados en el Día del Juicio y enviados al Cielo o al Infierno según sus acciones.

Todo parece indicar que Paimon pertenece a la raza de los Marid, el tipo más fuerte de djinn [los más débiles son los ifrit], no en términos de fuerza física, sino por su dominio del elemento aire. Mientras los djinn más poderosos se elevan y vuelan por el cielo, los más débiles solo pueden manifestarse en nuestro mundo con formas bestiales, nunca con el «rostro hermoso» de Paimon.

A finales de 1909, el ocultista Aleister Crowley y Victor Neuburg [compañero y amante], viajaron al norte de África con la intención de practicar una ceremonia mágica en el desierto. El resultado fue una experiencia aterradora que involucra a Paimon.

Lo que sucedió en el desierto fue el resultado de toda una vida de identificación con los demonios. En sus Confesiones, Aleister Crowley afirma que no podía entender la razón de esta repentina identificación infantil con las fuerzas del mal, y que incluso a una edad muy temprana buscó «el camino de Satanás». Fue su madre quien primero se refirió a él como «la Bestia», un nombre que Aleister Crowley haría suyo. Esta identificación temprana con el mal tendría un impacto considerable en aquella experiencia en el desierto.

Crowley y Neuburg viajaron a Londres a principios de julio de 1909 y llegaron a Argel el 17 de noviembre. La actitud de Aleister Crowley hacia las autoridades coloniales francesas fue de cortés desdén. Eligió ignorar las advertencias de que un viaje por el desierto sin guía podría ser peligroso, aunque hay que que decir que este desdén estaba de algún modo justificado: Aleister Crowley era un montañista experto, y perfectamente capaz de realizar esfuerzos físicos extraordinarios; además, tenía conocimientos básicos del árabe y entendía la cultura musulmana.

Mientras los dos hombres se dispusieron a comprar las provisiones necesarias, la única preocupación de Crowley era el físico delgado de su compañero y su «mirada de perro avergonzado». Victor Neuburg, ante la insistencia de Crowley, se afeitó la cabeza dejando solo dos mechones en las sienes, que estaban «retorcidos en forma de cuernos». Crowley, riéndose, anota en su cuaderno de viaje que Neuburg era «un demonio que yo había domesticado y entrenado para que me sirviera como un espíritu familiar».

El ritual que Crowley tenía en mente estaba basado en un sistema mágico desarrollado por John Dee, el eminente matemático y astrólogo isabelino, y su clarividente, Edward Kelley. John Dee y Kelley estaban bien versados en la Cábala, pero sus experimentos estaban inspirados en el mago renacentista Henry Cornelius Agrippa, quien elaboró un sistema de tablas numéricas y alfabéticas para invocar a los ángeles. John Dee aprovechó los supuestos dones de Edward Kelley como vidente e intentó entablar una conversación con los ángeles. En otras palabras: John Dee hacía las preguntas a través de Kelley y luego registraba sus respuestas, formuladas en un lenguaje angelical secreto, llamada vulgarmente Enoquiano. Con el tiempo, John Dee construyó una cosmología completa de ángeles y demonios y esbozó treinta aethyrs [aires], básicamente dimensiones distintas a la nuestra.

Este esquema se había integrado en las enseñanzas de la Orden Hermética del Alba Dorada, y aunque a Crowley se le había negado la entrada a la Segunda Orden, lo había aprendido de otros adeptos, y de hecho estaba bastante familiarizado con el sistema de John Dee. Sin embargo, mientras los iniciados de la Golden Dawn solo estudiaban el Enoquiano como un ejercicio académico, Aleister Crowley estaba decidido para probar su eficacia. Había hecho una copia de las diecinueve Llamadas o Claves de Dee, que invocaban poderosas fuerzas ocultas; y entonces, en el desierto, se sintió impulsado a intentarlo. Según anota en sus cuadernos de viaje, «las condiciones son perfectas para emprender un viaje a través de los Aethyrs de John Dee».

El plan de Crowley era simple: elegiría un lugar apartado y recitaría la Llamada apropiada, el encantamiento ritual que le daría acceso al Aethyr. Después de asegurarse de que las fuerzas invocadas estaban presentes, tomaría su piedra mágica [en este caso, un topacio] y, como lo había hecho Kelley siglos antes, «la piedra desempeñaría un papel no muy diferente al del espejo de Alicia». Después de entrar en el Aethyr, describiría sus experiencias a Neuburg, quien las escribiría. Cabe señalar que Crowley adaptó el procedimiento a su medida. A diferencia de John Dee, él sería su propio vidente, y Victor Neuburg, el clarividente, cumpliría la función de escriba.

Aleister Crowley afirma haber entrado en contacto con seres celestiales «tanto terribles como hermosos», quienes se comunicaron con él en un rico lenguaje simbólico. Entendió gran parte del simbolismo y comenzó a darse cuenta de que las Llamadas, de hecho, le daban acceso a un intrincado sistema universal de mundos y planos de existencia:


[«Vi con mis propios ojos y escuché con mis propios oídos la verdad. Estas visiones cristalizaron la conclusión teórica que mis estudios de religión comparada solo habían esbozado.»]


Aleister Crowley esperaba que esta experiencia fuera una exploración impersonal de los Aethyr, pero las cosas se habían vuelto mucho más intensas y complejas. Estaba convencido de que se le estaba revelando la «brillante simplicidad de las verdades cósmicas». También se dio cuenta de que se estaba involucrando personalmente, que el ritual estaba trabajando en él. A medida que progresaba, Crowley empezó a sentir algo muy parecido al miedo.


[«Era como si una mano sostuviera mi corazón mientras un rugido me envolvía en palabras horribles y encantadoras.»]


Para fortalecerse contra la creciente sensación de pavor y asombro, Aleister Crowley empezó a recitar el Corán mientras marchaba por el desierto. Las grandes extensiones vacías, calurosas durante día y heladas por la noche, y la continua enunciación de fórmulas mágicas, se combinaron para producir un estado de intensidad espiritual abrumador.

El llegar al monte Da'leh Addin, Crowley, siguiendo las instrucciones de sus interlocutores angélicos, intentó ingresar al decimocuarto Aethyr. Se encontró con un «espeso velo negro», a pesar de intentarlo repetidamente, no pudo penetrar. Mientras tanto, una «voz» susurraba en sus oídos advirtiéndole que estaba a punto de entrar en el «Reino de la Tumba». De repente, el velo se rasgó, y Crowley vio «un ángel glorioso» parado frente a él con los brazos extendidos y la cabeza echada hacia atrás. Llevaba una «corona con una estrella en la frente» [al igual que Paimon] y «rodeado del llanto de las bestias». Este ángel instruyó a Crowley para que se retirara, ya que el misterio del decimocuarto Aethyr es «tan grande y terrible que no puede ser revelado a la vista del sol».

Conmocionado, Crowley se preparó para regresar a la aldea de Bou Saada. Mientras lo hacía, «me llegó la orden de realizar una ceremonia mágica en la cima de la montaña». Cualquiera que sea la forma que tomó esta «orden», Crowley la obedeció. Él y Neuburg construyeron un gran círculo con rocas; inscribieron palabras mágicas y erigieron un altar en su centro. Allí, dice Crowley: «Me sacrifiqué. El fuego del sol que todo lo ve cayó sobre el altar, desgarrando cada partícula de mi cuerpo y personalidad.»

Crowley no recordaba nada de su regreso a Bou Saada. Sin embargo, a medida que recobró lentamente la conciencia, supo que había cambiado:


[«Sabía quién era yo y todos los acontecimientos de mi vida; pero ya no me sentía el centro de esas experiencias. Yo no existía. Todas las cosas eran como sombras que se deslizan sobre la tranquila superficie de un lago; sus imágenes no tienen significado para el agua, ni poder para agitar su silencio.»]


Unos días después, Crowley se preparó formalmente para pasar por la prueba del Abismo. Comprendió que lo haría cuando entró en el décimo Aethyr de John Dee, y supo que, mientras estaba allí, debía enfrentarse y derrotar al terrible «Choronzon, el poderoso demonio que habita en el Abismo más lejano». También sabía que solo podía hacerlo como Perdurabo, un Adepto, y que era fundamental que no quedara ni una pizca de su ego si quería sobrevivir a la experiencia. El éxito dependía de la habilidad de Crowley para dominar a Choronzon a través del poder de la voluntad.

Las complejas técnicas, rituales y parafernalia de la práctica mágica son los medios por los cuales un mago inflama su voluntad. Choronzon podía ser controlado solo a través de la aplicación silenciosa pero implacable de esta voluntad. Si fracasaba en obligar a Choronzon a someterse, este lo esclavizaría. Ante esto, y las advertencias que había recibido en los Aethyrs anteriores, Crowley cambió su procedimiento mágico.

El 6 de diciembre de 1909, Crowley y Neuburg abandonaron Bou Saada y se adentraron en el desierto. Acamparon en las dunas, trazaron un círculo en la arena e inscribieron los signos apropiados. Luego se trazó un triángulo cercano, cuyos perímetros también estaban inscritos con nombres divinos y también con el de Choronzon. El círculo mágico les brindaría protección, y el triángulo estaba destinado a contener cualquier manifestación. En este punto, Neuburg entró en el círculo. Estaba armado con una daga y tenía instrucciones de usarla si algo intentaba entrar en el círculo. Crowley, negándose a unirse a su compañero en la relativa seguridad del círculo mágico, entró en el triángulo. Mientras Neuburg realizaba los rituales de destierro, Crowley hizo la Llamada del décimo Aethyr. Choronzon se anunció con un «rugido» y las palabras «Zazas, Zazas, Nasatanada Zazas». Luego, según Crowley, pronunció las siguientes palabras:


[«Yo soy. De mí proceden la lepra, la viruela, la peste, el cáncer, el cólera y la enfermedad. ¡Ay! Llegaré hasta las rodillas del Altísimo, y desgarraré su falo con mis dientes, moleré sus testículos en un mortero y haré de ellos veneno para matar a los hijos de los hombres.»]


A partir de entonces, Crowley guardó silencio. Permaneció sentado en el triángulo, profundamente retraído, y no se movió ni habló durante el resto de la ceremonia. Lentamente, Choronzon procedió a burlarse del inexperto Neuburg. Durante el intenso debate que siguió, con Neuburg garabateando furiosamente para registrar cada detalle, Choronzon comenzó a borrar sigilosamente los bordes protectores del círculo. De repente, saltó del triángulo al círculo y derribó a Neuburg al suelo. El escriba se encontró luchando con un «demonio en la forma de un salvaje desnudo», un hombre fuerte que trató de desgarrarle el cuello con «colmillos cubiertos de espuma». Neuburg, invocando los nombres mágicos de Dios, golpeó con su daga y finalmente obligó a la figura a regresar al triángulo, reparó el círculo, y Choronzón reanudó sus delirios: tentando, denunciando, suplicando, intentando socavar la voluntad del escriba. Finalmente, la manifestación empezó a desvanecerse.

La ceremonia concluyó. Los dos hombres se purificaron y borraron el círculo y el triángulo. Crowley afirmó que se había «identificado astralmente» con Choronzon y que había «experimentado cada angustia, cada rabia, cada desesperación, cada arrebato de locura» del demonio.

Durante las dos semanas siguientes, mientras Crowley y Neuburg se dirigían a Biskra, los hombres reflexionaron sobre el mantra «Zazas, Zazas, Nasatanada Zazas», mencionado en algunos grimorios como uno de los secretos que Paimon otorga a sus invocadores. Atinadamente, en la película Hereditary podemos ver varios términos mágicos disimulados en las paredes de la casa; entre otros, satony, pandemonium y «Zazas Zazas Nasatanada Zazas».




Demonología. I Mitología.


Más literatura gótica:
El artículo: Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.