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Penny Dreadful: el horror por monedas

Penny Dreadful: el horror por monedas.

El Penny Dreadful, también llamado Penny Horrible, Penny Awful o Penny Blood, fue un formato de publicación del siglo XIX que incluía novelas góticas y relatos de terror que se estiraban durante semanas (o meses, o años), y cuyo costo era de un penique (penny).

El género de horror, lejos de lo que sucede en nuestros tiempos, era considerado una variante menor, y acaso innoble, de la literatura fantástica. Acceder a él no sólo era económico para el lector, sino para los editores, que utilizaban el papel más barato disponible en el mercado, haciendo de los Penny Dreadful un objeto que se degradaba y consumía en pocos años.

Los Penny Dreadful iniciaron su carrera en la década de 1830. Al principio, serializando obras clásicas, o bien autores de renombre, pero siempre dentro de un formato por entregas, segmentado, a veces con imprevisible saltos y supresiones. Pronto los editores advirtieron que los lectores del Penny Dreadful, en su mayoría, adolescentes o adultos jóvenes de la clase trabajadora, no compraban los clásicos, sino aquellas historias impactantes y sangrientas de fantasmas y asesinos, de modo que para 1850 el contenido de estas publicaciones se enfocó directamente en ellos.

El formato y la necesidad de agotar las ediciones impusieron un estilo impensado. No solo se reeditaron clásicos del género gótico como El monje (The Monk), de Matthew Lewis, o El castillo de Otranto (The Castle of Otranto, Horace Walpole), de , sino que se reescribieron novelas góticas completas, adaptándolas a un estilo serial que buscaban sostener el interés del lector hasta una nueva entrega.

En paralelo, el Penny Dreadful colaboró con obras originales que luego fueron prácticamente imposibles de recopilar en su totalidad. Entre ellas, El collar de perlas (The String of Pearls), de Thomas Preskett Prest, cuyo protagonista es nada menos que Sweeney Todd; o Los misterios de Londres (The Mysteries of London), de George W. M. Reynolds, inspirados -o plagiados- de un serial francés llamado Los misterios de París (Les Mystères de Paris), de Eugène Sue; e incluso Varney el vampiro (Varney the Vampire), una novela de vampiros cuyo final, y parte de su desarrollo, continúa siendo un misterio.

Poco a poco el Penny Dreadful se ensambló perfectamente con los deseos de sus lectores. Por un lado, ofrecía relatos macabros para los adultos jóvenes, por el otro, historias de salteadores (highwaymen), para los adolescentes, creando una nueva generación de héroes y villanos que se repetían de un modo cíclico. Para dar un ejemplo de la elasticidad de estas historias vale destacar el ejemplo de La negra Bess o el caballero del camino (Black Bess or the Knight of the Road), que incluía las andanzas de Dick Turpin, un salteador de caminos real, que se dilató por más de 250 episodios.

La pasión de los lectores del Penny Dreadful rozó el fanatismo. Los adolescentes que no podían pagar un penique por semana formaron clubes de lectura, en donde se adquirían las entregas de forma cooperativa y se pasaban de mano en mano mediante sorteos. Esta sed fenomenal por el terror convenció a los adultos que los Penny Dreadful eran perjudiciales para la juventud. En 1893, Alfred Harmsworth, un editor consternado por la higiene mental de los jóvenes ingleses, decidió reciclar los Penny Dreadful y transformarlos en algo más saludable. Así nació el Halfpenny Marvel, una edición licuefacta de historias cargadas de moral y ética, ajenas al deseo juvenil por verdaderos escalofríos.

De aquellas interminables historias -literalmente- destacamos la presencia de Jack Harkaway, personaje de la serie Los muchachos de Inglaterra (Boys of England) y Sexton Blake. Entre ambos logran la cifra astronómica de más de 4.000 historias a lo largo de casi cien años; ya que el Penny Dreadful lentamente evolucionó hacia el comic, sin dejar de lado a sus antiguos héroes.

El horror por monedas fue una de las revoluciones literarias más bastardeadas de la historia. Si bien el papel barato, el bajo costo de producción, y sus historias, llenas de saltos, baches e incongruencias, cuando no de escaso valor estético, colaboraron para esta dura valoración crítica, también dieron un nuevo impulso a la literatura, llevando historias, relatos y novelas a jóvenes con nulo acceso a la lectura. Para valorar el Penny Dreadful en su justa medida deberíamos pensar que todo aquello que forma lectores, a despecho de sus deficiencias, es necesariamente valioso.



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