Mostrando entradas con la etiqueta simbolismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta simbolismo. Mostrar todas las entradas

«Ojos azules»: Maurice Level; relato y análisis.


«Ojos azules»: Maurice Level; relato y análisis.




«Estaba a punto de desmayarse de hambre y cansancio,
pero ya no era consciente de ello.
Solo pensaba en la árida franja de tierra del cementerio,
imaginándola adornada con flores.»



Ojos azules (Mes yeux) es un relato del escritor francés Maurice Level (1875-1926), escrito en 1904 y publicado en la antología de 1910: Las puertas del infierno (Les portes de l'enfer).

Ojos azules, uno de los grandes cuentos de Maurice Level, relata la historia de una prostituta, joven y enferma, dispuesta a cualquier cosa con tal de llevarle flores a su difunto amado, ejecutado por asesinato, en el Día de Todos los Santos.

Ojos azules, apodo de esta pobre mujer, se encuentra en un estado deplorable: decrépita, consumida, a tal punto que lo único que queda de ella son sus ojos. A duras penas consigue reunir fuerzas para irse del hospital donde está internada para cumplir una promesa. Su amado, llamado Vandat, fue ejecutado recientemente, y nadie le ha llevado flores ni ha rezado en la fosa común donde está enterrado. Con este objetivo, Ojos azules sale a las calles de Paris, hambrienta, enferma, y sin dinero para comprar el ramo.

Presa de la fiebre, Ojos azules logra llegar hasta el burdel donde trabajaba para recuperar sus pertenencias, un abrigo al menos, para paliar el frío de las calles. Con sus últimas fuerzas sale de nuevo para buscar un último cliente y así conseguir unas monedas para las flores. Su recorrido por las calles es onírico, cargado de imágenes sugestivas. Finalmente, consigue obtener la atención de un hombre con el que apenas cruza palabra. Juntos vuelven al burdel, a la habitación sórdida, y consigue las monedas.

El giro final de esta historia, justifica su inclusión en la categoría conte cruel [«cuento cruel», sobre el cual hablaremos en un momento]: el último cliente de Ojos azules es el verdugo que ejecutó a su amado.

Ojos azules de Maurice Level es un conte cruel por excelencia. No se conforma con lo macabro de la situación [una prostituta enferma que debe salir a la calle para conseguir unas monedas], sino que aplica sobre ella la devastadora ironía del destino, haciendo que su recorrido se transforme en una especie de infierno personal, visto desde el humanismo, pero un infierno a fin de cuentas.

Maurice Level no utiliza la ironía de forma aleccionadora. Es brutal, cruel y gratuita. ¿Qué ha hecho Ojos azules para sufrir este destrato de Dios o del destino? Nada. No hay razones. Tampoco lecciones de moral. La vida sencillamente es una mierda para muchas personas, y de una manera tan cruel que hasta parece dirigida por un titiritero sádico.

Es importante mencionar que Ojos azules es una historia pensada para los periódicos parisinos, y luego para ser representada en el legendario Théâtre du Grand-Guignol, cuyas obras fueron precursoras de los thrillers y las películas de terror modernas; es decir, busca el impacto, la violencia, lo melodramático. En términos de género, Ojos azules pertenece a la escuela del conte cruel, hermana del decadentismo, que toma su nombre de la antología de Auguste Villiers de l'Isle-Adam de 1883: Cuentos crueles (Contes cruels), aunque otros autores, como Edgar Allan Poe, proporcionaron ejemplos anteriores.

Actualmente se llama conte cruel a esas historias de terror que no cuentan con ingredientes sobrenaturales y que poseen algún giro final desagradable, aunque en realidad es aplicable a cualquier historia que utilice la ironía del destino de una forma macabra. En el ensayo de 1927: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), H. P. Lovecraft menciona que «este tipo de historias [las de Maurice Level] pertenece menos a la tradición de lo extraño que a una clase peculiar en sí misma: el llamado cuento cruel, en el que la angustia emocional se logra mediante intrigas dramáticas, frustraciones y horrores físicos espantosos».

ACLARACIÓN: La siguiente traducción al español de Ojos Azules no fue hecha sobre el original francés. En 1920, la periodista y editora inglesa Alys Eyre Macklin tradujo una colección de 26 cuentos de Maurice Level y los publicó con el título: Crisis: cuentos de misterio y horror (Crises: Tales of Mystery and Horror). Nuestra traducción fue hecha sobre esta versión.




Ojos azules.
Mes yeux, Maurice Level (1875-1926)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Envuelta en una holgada bata de hospital que la hacía parecer aún más delgada de lo que era, la chica enferma permanecía erguida, absorta en sus pensamientos, al pie de su cama.

Su rostro infantil estaba demacrado, y sus ojos azules, tristes, profundos y rodeados de ojeras, eran tan anormalmente grandes que parecían iluminar toda su cara. Sus mejillas ardían con un rubor intenso, y las profundas arrugas que descendían hasta su boca parecían haber sido marcadas por un flujo incesante de lágrimas.

Bajó la cabeza cuando el médico residente se detuvo a su lado.

—Bueno, pequeña número 4, ¿qué es esto que oigo? ¿Quieres salir?

—Sí, señor —la voz apenas era un susurro.

—Pero eso es una tontería. Solo llevas aquí dos o tres días, y con este tiempo, además, seguro que volverías a enfermar. Espera un día o dos. ¿Te sientes incómoda aquí? ¿Alguien te ha tratado mal?

—No, oh, no, señor.

—¿Qué ocurre entonces?

Su voz adquirió más energía al decir:

—Tengo que salir —y como si anticipara otra pregunta, continuó rápidamente—: Hoy es el Día de Todos los Santos. Prometí llevar flores a la tumba de mi amado. Se lo prometí. Solo me tiene a mí. Si no voy, nadie irá.

Una lágrima brilló bajo su párpado. Se la secó con un dedo.

El médico residente se conmovió y, ya fuera por curiosidad o para no dejarla sin palabras de consuelo, preguntó:

—¿Hace mucho que falleció?

—Casi un año.

—¿Qué le pasaba?

Ella pareció encogerse, volverse más frágil, con el pecho más hundido, las manos más delgadas, mientras, con los ojos entrecerrados y los labios temblorosos, murmuraba:

—Lo ejecutaron.

El médico residente se mordió el labio inferior y dijo en voz baja:

—Pobre niña, lo siento mucho. Si de verdad tienes que salir, sal, pero ten cuidado de no resfriarte. Debes volver mañana.

Una vez fuera de las puertas del hospital, ella empezó a temblar.

Era una mañana otoñal. La humedad goteaba por las paredes. Todo era gris: el cielo, las casas, los árboles desnudos y la brumosa lejanía por donde la gente se apresuraba, ansiosa por salir de las calles.

Había enfermado a mediados de verano, y su vestido era de algodón fino y de colores vivos. La cinta arrugada que rodeaba su cuello demacrado la hacía parecer aún más lamentable. La falda, la blusa y la corbata parecían sonreírle al sol, pero en el frío y gris ambiente se veían melancólicas.

Empezó a caminar con paso inseguro, deteniéndose de vez en cuando porque le faltaba el aire y la cabeza le daba vueltas. La gente a su paso se giraba para mirarla. Ella vacilaba, como si quisiera hablar con ellos, pero luego, asustada, seguía caminando, mirando nerviosamente de derecha a izquierda. Así cruzó medio París. Se detuvo al llegar a los muelles, contemplando el lento y turbio fluir del río.

El frío penetrante la caló hasta los huesos, y sintiendo que no podía soportarlo más, reanudó la marcha.

Al llegar a la Place Maubert y la Avenue des Gobelins, se sintió casi como en casa, pues estaba en el barrio donde había vivido. Pronto empezó a ver rostros conocidos y oyó a alguien decir al pasar:

—¡Seguro que es la chica de Vandat. ¡Cómo ha cambiado!

—¿Qué Vandat?

—El asesino...

Aceleró el paso, tapándose la cara con las manos para no oír el final.

Ya estaba anocheciendo cuando por fin llegó al miserable hotel donde se había alojado antes de enfermar. Entró. Unas chicas de la calle y los hombres con los que se alojaban jugaban a las cartas en el pequeño café de abajo. Al verla, la saludaron:

—¡Hola! ¡Aquí está Ojos Azules! —ese era su apodo—. Ven a tomar algo, siéntate, ven.

Su bienvenida la conmovió, pero el humo denso y rancio la hizo toser, y apenas pudo respirar mientras respondía:

—No tengo tiempo ahora. ¿Está la señora?

—Sí, ahí está.

Le sonrió tímidamente a la encargada.

—Quería preguntarle, señora, si puedo recuperar mis cosas. La ropa que llevo puesta no abriga lo suficiente.

—La ropa que dejó la subieron al ático; estará por ahí. Enviaré a alguien a buscarla. Siéntese junto a la estufa y caliéntese.

—No, ahora no tengo tiempo. Volveré enseguida.

Se dirigió a la puerta. Uno de los hombres se burló:

—¿De vuelta a la calle, no? No pierdes el tiempo.

Salió, y la breve estancia en la sofocante habitación hizo que el frío exterior pareciera más penetrante que nunca. La gente se apresuraba, cargada de coronas de cuentas y ramos de flores; otros, vestidos con sus mejores galas, charlaban y reían, y se veía a simple vista que llevaban sus ofrendas al cementerio por costumbre, que el tiempo había mitigado su dolor.

A lo largo de la acera se alineaban carretas de flores. Crisantemos de pétalos rizados se inclinaban sobre racimos de rosas; aquí y allá, la mimosa esparcía su polvo dorado sobre ramos de violetas. Más cerca del cementerio, frente a las tiendas de los marmolistas, había macetas con flores dispuestas en los estantes de los puestos, insignificantes, con follaje cuidado y colores sobrios; más adelante, siemprevivas y grandes coronas de cuentas.

Ella lo contempló todo con ojos que brillaban de envidia. Ojalá pudiera conseguirle algunas, solo un pequeño ramo para él, que yacía al fondo del cementerio, en su pobre tumba sin consagrar, un montículo desnudo, sin una palabra que indicara que estaba allí.

«Asesino», eso no significaba nada para ella. Él era el ser que adoraba, su Hombre, el amante que había poseído no solo su cuerpo, sino su alma. En un momento de locura había matado a alguien. ¿Acaso no había pagado ya su deuda?

El día que lo arrestaron, ella juró no volver a tener nada que ver con ningún otro hombre, jamás. Abandonaría la vida que llevaba, trabajaría, volvería a ser una chica honrada.

Siguió mirando las flores. Un vendedor le susurró:

—¿Un ramo? ¿Y unos crisantemos? ¿Violetas?

Pasó de largo sin responder, pues no tenía ni un céntimo. Sin embargo, tenía una idea en mente: flores. Necesitaba flores. Tenía que conseguirle flores de alguna manera, se lo había prometido.

Estaba a punto de desmayarse de hambre y cansancio, pero ya no era consciente de ello. Solo pensaba en la árida franja de tierra del cementerio, imaginándola adornada con flores. Pero el dinero, ¿cómo iba a conseguirlo? ¿Qué podía hacer?

La solución que se le ocurrió era la más obvia, y no parecía contradecir su promesa de honrar la memoria de su amado.

Como un buen artesano que regresa a su taller, toma sus herramientas y se pone a trabajar, se arregló el cabello mecánicamente, se acomodó el vestido y comenzó a caminar por la calle como solía hacerlo en los viejos tiempos, cuando su hombre, jugando a las cartas en el café, era lo único que le importaba en el mundo.

Siguió caminando, con la mirada atenta, contoneando las caderas, pero estaba demasiado demacrada: una sola mirada bastaba para que los hombres se alejaran. Y, en efecto, su rostro ya no era un rostro para el placer; tampoco su cuerpo, con sus ángulos marcados y profundas concavidades visibles bajo su fino vestido de algodón. En tiempos pasados, cuando era hermosa, cuando realmente era la «Ojos Azules» que todos admiraban, las cosas eran diferentes. Ahora solo era objeto de lástima.

La luz del día se desvanecía. ¿Y si el cementerio cerraba antes de que pudiera comprar las flores?

Caía una llovizna fina, silenciosa, impalpable, y todo se envolvía en sombras grises. Ya no se veía nada de su delgado rostro excepto sus ojos, dos grandes ojos que ardían de fiebre.

Un hombre doblaba la esquina de una calle tranquila, con el cuello del abrigo levantado y las manos en los bolsillos. Ella rozó su brazo y le dijo suavemente, con la voz llena de anhelo:

—¿No quieres venir conmigo.?

La miró un instante. Ella se había acercado, sus ojos penetrando los suyos con la expresión inspirada de quien tiene una misión importante.

Él la tomó del brazo y ella lo condujo al modesto hotel que acababa de dejar. A través de la puerta entreabierta, dijo rápidamente:

—Mi llave. Una vela.

La encargada respondió en voz baja:

—Número 23, segundo piso, tercera puerta.

Los hombres y las mujeres del café se inclinaron para ver quién era, y mientras subía las escaleras oyó exclamaciones y carcajadas.

Ya casi era de noche cuando bajó. Se despidió apresuradamente de su acompañante y echó a correr. Deteniéndose ante la primera florista que encontró, tomó el ramo más cercano y arrojó las dos monedas de plata que tintineaban en sus manos.

Corrió hacia el cementerio. La gente se marchaba en pequeños grupos. Temblaba. ¿Aún habría tiempo? En la entrada, el portero dijo:

—¡Demasiado tarde! Ya cerramos.

—¡Ay, por favor, por favor! Solo quiero entrar y salir rápidamente. Solo dos minutos.

—Muy bien. Pero rápido.

Bajó corriendo por el sendero, tropezando con las piedras en la oscuridad. Era un largo camino. Apenas podía respirar; algo le quemaba el pecho con un dolor insoportable. Se detuvo junto al muro donde entierran a los ejecutados y cayó de rodillas, esparciendo sus flores por la tierra. Las lágrimas le corrían por las mejillas, goteando entre las manos que se apretaban contra el rostro. Intentó rezar, pero no recordaba las palabras adecuadas, y solo sollozó, con los labios pegados al suelo:

—¡Ay, mi hombre... mi hombre...!

Entonces, tan agotada que había perdido la sensibilidad en las extremidades, pero con una sensación de alivio, casi de alegría en el corazón, se levantó y se alejó. Incluso le sonrió al portero mientras decía:

—Como ves, no me tomó mucho tiempo.

Ahora que todo había terminado, ahora que había cumplido su promesa, que había estado cerca de su hombre, volvió a sentir el frío y el cansancio. Apenas podía arrastrarse, la tos era terrible: de vez en cuando tenía que detenerse y apoyarse contra la pared.

Finalmente, regresó al hotel y entró tambaleándose. Las chicas y los chicos seguían jugando a las cartas en la habitación sofocante y llena de humo. Un silencio sepulcral se apoderó de todos al verla. Intentó reír.

Una mujer al fondo de la habitación se dejó caer en la silla y exclamó:

—¡Qué buen comienzo, Ojos Azules! Necesitabas un poco de valor, ¿no?

Se encogió de hombros. La otra continuó:

—¿Sabías quién era tu cliente?

—No.

—Bueno, te lo diré. Era Le Bingue.

Ojos Azules tartamudeó:

—¿Qué dices? Le...

La otra vació su vaso y volvió a tomar las cartas, respondiendo:

—Sí, Le Bingue. Ya sabes, el verdugo.

Maurice Level (1875-1926)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de terror.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Maurice Level: Ojos azules (Mes yeux), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El borracho»: Edith Sitwell; poema y análisis.


«El borracho»: Edith Sitwell; poema y análisis.




«En rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad, como una araña,
teje extraños hilos para sujetar el Tiempo.»



El borracho (The Drunkard) es un poema de la escritora inglesa Edith Sitwell (1887-1964), publicado en la antología de 1920: El pegaso de madera (The Wooden Pegasus).

El borracho, uno de los mejores poemas de Edith Sitwell, parece retratar la escena dramática de una adicción, el alcoholismo, y el comportamiento criminal del protagonista, que ha asesinado a su esposa. Sin embargo, esta es apenas la primera capa del poema.

En esencia, El borracho versifica la historia de un hombre que mató a su esposa mientras estaba alcoholizado, y ahora, atrapado en una especie de bucle, se ve obligado a revivir el crimen una y otra vez.

Este infierno personalizado adquiere la arquitectura de una «torre negra». El Orador accede a una «estrecha habitación» y nota que hay una mujer en la cama, inmóvil, «sin decir palabra»:


Creo que apenas me oyó
cuando llegué con pasos tambaleantes
y pronuncié su nombre en voz baja.
Pero aún así ella no duerme.
Sus ojos observan con sorpresa
el cuchillo sediento que la compadeció;
esos párpados no se mueven,
aunque el miedo insidioso aún roe
el hueco de su cerebro.


El Orador ni siquiera advierte que ella está muerta. Piensa que su inmovilidad responde a «algún plan astuto», un «truco», porque antes ella solía desgarrar «el aire mudo» con sus gritos cuando el se acercaba sigilosamente [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]

El borracho concluye con una nota densa. El Orador, atrapado en el bucle, ni siquiera entiende que está inmerso en su propio infierno. Intuye que hay algo extraño en el flujo del tiempo, pero nada más. Es un infierno que él mismo ha fabricado para sí, y del cual es imposible salir:


Ella solo sonríe al ver
cómo en rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad recién nacida,
como una araña, teje y teje
extraños hilos para sujetar el Tiempo.




El borracho.
The Drunkard, Edith Sitwell (1887-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Esta torre negra absorbe la luz cegadora.
Extrañas ventanas, de un blanco lívido,
tiemblan bajo la maldición de Dios.
Sin embargo, la maleza aún asiente
al enorme sol, un ojo diabólico
que rastrea las almas que mueren.
El reloj late como el corazón de la fatalidad
en la estrecha habitación;
y, susurrando con un aire espectral,
las cortinas flotan y se agitan.
Pero ella sigue sin decir palabra;
creo que apenas me oyó
cuando llegué con pasos tambaleantes
y pronuncié su nombre en voz baja.
Pero aún así ella no duerme.
Sus ojos observan con sorpresa
el cuchillo sediento que la compadeció;
esos párpados no se mueven,
aunque el miedo insidioso aún roe
el hueco de su cerebro.
Debe tener algún plan astuto, el truco,
para permanecer tan quieta. El ritmo
que una vez palpitó como un tambor apagado
por el miedo de oírme llegar,
ya no suena cuando me acerco sigilosamente.
¡Oh! Siempre fue astuta.
Y si para fastidiarla me atrevía a escabullirme
tras su cama y palpar
con dedos torpes su corazón,
antes de poder tocarla,
un grito tras otro desgarraba el aire mudo y estremecido...
y aun así, nunca me habla.
Solo sonríe al ver
cómo en rincones oscuros, secreta y astuta,
la Eternidad recién nacida,
como una araña, teje y teje
extraños hilos para sujetar el Tiempo.


THIS black tower drinks the blinding light.
Strange windows livid white,
Tremble beneath the curse of God.
Yet living weeds still nod
To the huge sun, a devil’s eye
That tracks the souls that die.
The clock beats like the heart of Doom
Within the narrow room;
And whispering with some ghastly air
The curtains float and stir.
But still she never speaks a word;
I think she hardly heard
When I with reeling footsteps came
And softly spoke her name.
But yet she does not sleep. Her eyes
Still watch in wide surprise
The thirsty knife that pitied her;
But those lids never stir,
Though creeping Fear still gnaws like pain
The hollow of her brain.
She must have some sly plan, the cheat,
To lie so still. The beat
That once throbbed like a muffled drum
With fear to hear me come,
Now never sounds when I creep nigh.
Oh! she was always sly.
And if to spite her, I dared steal
Behind her bed, and feel
With fumbling fingers for her heart ...
Ere I could touch the smart,
Once more wild shriek on shriek would tear
The dumb and shuddering air....
And still she never speaks to me.
She only smiles to see
How in dark corners secret-sly
New-born Eternity,
All spider-like, doth spin and cast
Strange threads to hold Time fast.


Edith Sitwell (1887-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Edith Sitwell.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Edith Sitwell: El borracho (The Drunkard), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los No-Muertos»: Richard Wilbur; poema y análisis.


«Los No-Muertos»: Richard Wilbur; poema y análisis.




Los No-Muertos (The Undead) es un poema de vampiros del escritor norteamericano Richard WilburRichard Purdy Wilbur (1921-2017)—, publicado originalmente en la edición del 26 de mayo de 1961 del periódico The New Yorker, y luego reeditado en la antología del mismo año: Consejos a un profeta y otros poemas (Advice to a Prophet and Other Poems).

Los No-Muertos, uno de los grandes poemas de Richard Wilbur, es en muchos sentidos diferente de otros poemas de vampiros. Aquí, el autor va más allá de la mera descripción de estas criaturas de la noche para hacer un poderoso comentario social [ver: Razas de vampiros]

Los No-Muertos transporta al lector a un mundo de oscuridad, un mundo poblado por no-muertos. El poema evoca una aterradora visión nocturna de un castillo sobrevolado por murciélagos, mientras los lobos cercanos aúllan a la fría luna invernal. Si bien las figuras principales del poema son Vampiros, Richard Wilbur va develando su presencia por etapas, siendo la primera el título, el cual prepara al lector para enfrentarse a lo sobrenatural. Sin embargo, Los No-Muertos solo nos brinda una pista a la vez sobre la naturaleza de estos seres, guiándonos paso a paso, hasta que cuando la palabra «Vampiros» finalmente emerge del texto ya estamos seguros de su identidad.

Si bien Los No-Muertos puede leerse a nivel superficial, es decir, como un poema sobre vampiros, Richard Wilbur dice mucho más que eso. El Vampiro se utiliza aquí para simbolizar cierto tipo de persona a la que el autor considera «no-muerta». Richard Wilbur desarrolla esta imagen manteniendo siempre el motivo vampírico de fondo, mencionando «almenas balcánicas», transformaciones en murciélagos y lúgubres coros de lobos. Pero el lector debe recordar que todo esto sirve para simbolizar seres humanos reales, ordinarios, personas que vemos todos los días, personas que incluso pueden ser el propio lector.

Estos individuos [los «no-muertos»] son personas de todas las razas y naciones, pero que tienen una cosa en común: se han aislado de la vida en su deseo egoísta de vivir. Richard Wilbur introduce este concepto en la primera estrofa, cuando dice que tenían este deseo «incluso cuando eran niños». El calificativo «incluso» [even] se usa aquí para señalar lo extremo de su deseo. La infancia es la etapa más inocente de la existencia humana, la etapa en la que tenemos un concepto indefinido de los problemas de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Por lo tanto, estas personas deben tener una aversión muy fuerte a la muerte, si es que ya estaban tratando de rehuirla en sus años inocentes.

Referirse a estos individuos como «durmientes tardíos» es una forma inteligente de vincular la vida del Vampiro con las acciones de las personas ordinarias; hace que el descanso diario del Vampiro desde el amanecer hasta el atardecer parezca un lugar común, al tiempo que enfatiza el hecho de que el Vampiro está siendo usado como un símbolo. Esta es también la primera pista sobre la identidad de los «no-muertos».

La irrealidad de su deseo de una vida eterna se ilustra al referirse a ella como un «mero sueño». Por eso, los «no-muertos» prefieren sus sueños, en los que nada muere o cambia, aunque estén «llenos de monstruos». ¿Cuál es la lógica aquí? Los monstruos pueden ser tolerados, permanecen igual: no cambian, no mueren, y, por lo tanto, no les recuerdan la muerte [ver: Los Monstruos y lo Monstruoso]. Por otro lado, estas personas encuentran intolerable la vida del mundo real, un mundo de «juguetes frágiles» donde todo es vulnerable a la muerte y la descomposición. Es un mundo de «pactos con los moribundos», ya que cada ser vivo en el mundo está muriendo, cada día de su vida lo acerca más a su final.

En la segunda estrofa encontramos que los No-Muertos evitan todas las formas de vida, desde la humana a la vegetal. Se alejan de los «brazos extendidos de los árboles marchitos» porque temen que la mortalidad que hizo que los árboles envejecieran y se marchitaran sea contagiosa. También se apartan de «las ciruelas del verano», porque aunque durante el verano las ciruelas son jóvenes, los No-Muertos saben que pronto se marchitarán; es decir, están «infectadas» con la mortalidad.

En la tercera estrofa encontramos en qué tipo de personas se han convertido los No-Muertos al evitar la vida: «secretos, antipáticos, pálidos». Este último es irónico, porque estas personas que buscan afanosamente prolongar su vida tienen semblantes enfermizos, cadavéricos. Richard Wilbur nos dice que están poseídos de un solo deseo: «la sed de mera supervivencia». «Mero» es la palabra clave aquí. Sugiere que la supervivencia, sin la esencia de la vida, es nada en sí misma. Es decir que los No-Muertos solo quieren sobrevivir, no vivir. Richard Wilbur observa que son extremistas en su feroz posesión de este deseo, y hace un comentario interesante: «Llegaron, como todos los extremistas con el tiempo, a una especie de grandeza».

En este punto, el poema insinúa la identidad de los No-Muertos ya que recuerda los lazos del Vampiro con el folclore balcánico. La «ciudad vulgar» sirve como contraste con las «almenas balcánicas», y enfatiza la separación del Vampiro con el mundo. En sus «primeras vidas» estaban entre la gente común y experimentaban sus alegrías y tristezas, pero ahora prefieren el aislamiento de sus almenas.

La segunda pista respecto a la identidad de los No-Muertos es que «se levantan cuando sale la luna», una característica definida del Vampiro [ver: Por qué a los vampiros los mata la luz del sol]. Richard Wilbur también menciona que su «absoluta preocupación por sí mismos», es decir, el deseo egoísta de vivir eternamente, los ha dejado «desinteresados». Irónicamente, al obtener una «mera supervivencia», ellos mismos han muerto. Permanecen como simples cadáveres animados que creen haber obtenido la vida eterna. El autor también añade otra característica de los Vampiros: «los espejos no los perciben». Los No-Muertos ni siquiera tienen suficiente sustancia para ser reflejados por un espejo o suficiente materia para «romper las telarañas» al pasar [ver: Mitos y leyendas de vampiros]

Richard Wilbur lleva la imagen del Vampiro más allá cuando los No-Muertos, «envueltos en sus capas ondulantes», emergen en la «noche pálida». La descripción de la noche como «pálida» es algo común en la literatura gótica, pero aquí adquiere mayor resonancia: incluso el entorno de los No-Muertos, el mismo cielo por el que vuelan con sus alas membranosas, está sin vida. Al afirmar que estos seres están «rutinariamente enloquecidos por el grito de un lobo», Richard Wilbur tal vez nos está diciendo que los No-Muertos están siguiendo la rutina adquirida de una emoción, de algo que se supone que deben sentir. Sabemos que lo único que encuentran enloquecedor es la idea de un mundo con «juguetes frágiles»: la vida tal como la conocemos. Por lo tanto, quizás el grito del lobo, viniendo como lo hace de un animal vivo, les recuerda la vida, un recuerdo que sin duda encuentran «enloquecedor».

Como si el grito del lobo no fuera suficiente combustible para su locura, los No-Muertos se detienen un momento para abrir el «ojo de la mente», es decir, para cavilar sobre el mundo de los vivos. Richard Wilbur dice que sus pensamientos son lewd [«lascivos», «obscenos»], aunque probablemente está usando la palabra en su sentido obsoleto como wicked [«malvado»], porque los No-Muertos odian y sienten repulsión por sus recuerdos de la vida. En este punto del poema, el autor nos entrega un delicioso retrato de algunos de los aspectos de la vida que más apreciamos, fundamentalmente esas cosas por las que sentimos que vale la pena vivir. Esto también sirve como contraste para enfatizar la perversión de los No-Muertos: sienten repulsión por las mismas cosas que encontramos hermosas. Me recuerda a El niño robado (The Stolen Child), de W.B. Yeats:


[Caminamos toda la noche,
tejiendo viejas danzas,
juntando las manos, las miradas,
hasta que la luna emprende el vuelo;
saltamos de un lado a otro
y cazamos las burbujas de la espuma,
mientras el mundo está lleno de problemas
y duerme con ansiedad.
¡Márchate, oh niño humano,
a las aguas y a lo silvestre
con un hada de la mano!
]


Los No-Muertos, como el Niño Robado de W.B. Yeats [un poema sobre Changelings, es decir, niños humanos criados por las hadas], no pueden entender este mundo en el que la vida es una mezcla de alegría y dolor, un mundo lleno de llantos y «pactos con los moribundos», pero que también contiene niños dormidos, terneros que mugen y muñecos desgastados por caricias infantiles. Aunque las «flores prensadas» en un libro evocan un recuerdo precioso, tal vez de una tarde al aire libre, los No-Muertos las ven como ven a los árboles marchitos: son ejemplos del efecto devastador que el tiempo y la muerte tienen sobre los seres vivos.

Sentimos ternura por los «muñecos desmembrados del amor» [es decir, muñecos desgastados por el afecto de sus dueños]. Son prueba del amor de un niño. Pero para los No-Muertos son ejemplos de la vulnerabilidad de las cosas de este mundo. Richard Wilbur quizás esté insinuando el aspecto devastador del amor. Incluso en su momento más elevado, el amor deja vulnerable al que ama, y los No-Muertos desprecian la vulnerabilidad. La estrofa se cierra con la hermosa imagen de «niños enterrados en un sueño acolchado». Mientras nos llenamos de paz y amor al contemplar a un niño dormido, los No-Muertos lo ven como «enterrado» bajo las mantas, recordándoles la muerte que tanto temen.

Aquí, Richard Wilbur nos entrega la última pista [en realidad, una evidencia reveladora] sobre la identidad de los No-Muertos: «sus formas negras se convierten en súbitos murciélagos». Si antes teníamos alguna duda, ahora podemos estar seguros: los No-Muertos son Vampiros.

Richard Wilbur procede a cerrar el poema con un comentario sobre tal actitud hacia la vida. Finalmente, identificando a los No-Muertos, señala que, en comparación con un «zorzal frío que ha cantado sus pocos veranos» o «un viejo erudito descansando por fin sus ojos», los Vampiros no son impresionantes.

El zorzal sabe de los sufrimientos de la vida, pero también que las alegrías han hecho que el viaje valiera la pena; por eso seguirá «cantado sus pocos veranos» hasta que muera. Tal es el caso del viejo erudito. Sus estudios sin duda le han demostrado que los árboles se marchitan y los juguetes se rompen; incluso puede que haya deseado «descansar sus ojos», pero también ha obtenido la sabiduría que comparte con el zorzal. La alegría de sus estudios ha valido el dolor que acompaña al conocimiento.


[Sin embargo, su dolor es real
y requiere nuestra piedad. Pensad qué triste debe ser
tener eterna sed de un elixir despreciado,
la sal de la sangre cotidiana que,
si se desconfía, no tiene sabor;
depredar la vida para siempre y no poseerla,
como los huecos de las rocas, marea tras marea,
que cristalinamente encallan en el mar.
]


Richar Wilbur dice que los Vampiros no son impresionantes si los comparamos con el Zorzal y el Erudito, quienes aparecen como mártires en el poema; no en el sentido de que son sacrificados, sino que no siguen la tendencia habitual en muchos de nosotros a huir de los problemas de la vida como los No-Muertos. Es decir, «no podemos estar muy impresionados con los vampiros» porque se parecen demasiado a nosotros. Por supuesto, Richard Wilbur es moderado en su crítica al lector No-Muerto, señalando que «su dolor es real y requiere nuestra compasión». De repente, los No-Muertos ya no son seres malévolos por los que no podemos sentir piedad. No importa cuáles sean sus pecados, duelen, y no podemos dejar de sentir lástima por ellos [o por nosotros mismos].

En este punto el lector se da cuenta del patetismo de estar siempre sediento de un «elixir despreciado». Para los Vampiros, la sangre es de hecho un elixir, una sustancia que prolongará sus vidas indefinidamente. Mientras mantengan una dieta regular, permanecerán jóvenes y nunca morirán; pero, al mismo tiempo, Richard Wilbur utiliza la palabra «elixir» para simbolizar la vida. Los No-Muertos quieren la sangre que da vida, mientras que al mismo tiempo desprecian la vida que da. Por lo tanto, siempre tendrán sed, beban o no. Lamentablemente, los No-Muertos no entienden que la supervivencia no es vida, que sobrevivir no es lo mismo que vivir, y que si no hay una plena aceptación de todos los efectos secundarios de la vida [dolor, sufrimiento, frustración, etc.] esta no puede ser vivida con plenitud.

Los No-Muertos no viven: sobreviven, depredan la vida sin poseerla. Son como los «como los huecos de las rocas, marea tras marea, que cristalinamente encallan en el mar». Aunque están en contacto con el mar, las rocas no lo poseen, nunca son parte de él, como los No-Muertos no pertenecen a la vida, solo permanecen en el borde, siendo erosionados lentamente.



Los No-Muertos.
The Undead, Richard Wilbur (1921-2017)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Incluso de niños dormían hasta tarde,
prefiriendo sus sueños, aún cuando estaban llenos de monstruos,
al mundo con todos sus juguetes frágiles,
sus pactos con los moribundos;

se alejaron de los brazos extendidos de los árboles marchitos,
temiendo el contagio de los mortales,
e incluso bajo las ciruelas del verano
flotaron como lunas de invierno.

Secretos, antipáticos, pálidos, poseídos
por un único deseo, la sed de la mera supervivencia,
llegaron, como todos los extremistas en el tiempo,
a una especie de grandeza:

Ahora, a sus almenas balcánicas
sobre la ciudad vulgar de sus primeras vidas,
se elevan al salir la luna. Es extraño
que su absoluta preocupación por sí mismos,

al final, los haya dejado desinteresados:
los espejos no los perciben mientras flotan
a través del gran salón y suben la escalera;
ni rompen las telarañas al pasar.

Emergiendo en la noche pálida,
envueltos en sus capas ondulantes,
rutinariamente enloquecidos por el grito de un lobo,
se detienen un momento avivando el ojo de la mente

con pensamientos lascivos de flores prensadas
y baratijas, de muñecas desmembradas
por el amor y niños
enterrados en un sueño acolchado.

Luego se van en un frenesí negativo,
sus formas negras se convierten en súbitos murciélagos
que pululan, estallan y desaparecen. Pensando
en un zorzal frío en las hojas

que ha cantado de verdad sus pocos veranos,
o en un viejo erudito descansando por fin sus ojos,
no podemos estar muy impresionados con los vampiros,
por coloridos que sean.

Sin embargo, su dolor es real
y requiere nuestra piedad. Pensad qué triste debe ser
tener eterna sed de un elixir despreciado,
la sal de la sangre cotidiana que,

si se desconfía, no tiene sabor;
depredar la vida para siempre y no poseerla,
como los huecos de las rocas, marea tras marea,
que cristalinamente encallan en el mar.


Even as children they were late sleepers,
Preferring their dreams, even when quick with monsters,
To the world with all its breakable toys,
Its compacts with the dying;

From the stretched arms of withered trees
They turned, fearing contagion of the mortal,
And even under the plums of summer
Drifted like winter moons.

Secret, unfriendly, pale, possessed
Of the one wish, the thirst for mere survival,
They came, as all extremists do
In time, to a sort of grandeur:

Now, to their Balkan battlements
Above the vulgar town of their first lives,
They rise at the moon's rising. Strange
That their utter self-concern

Should, in the end, have left them selfless:
Mirrors fail to perceive them as they float
Through the great hall and up the staircase;
Nor are the cobwebs broken.

Into the pallid night emerging,
Wrapped in their flapping capes, routinely maddened
By a wolf's cry, they stand for a moment
Stoking the mind's eye

With lewd thoughts of the pressed flowers
And bric-a-brac of rooms with something to lose,--
Of love-dismembered dolls, and children
Buried in quilted sleep.

Then they are off in a negative frenzy,
Their black shapes cropped into sudden bats
That swarm, burst, and are gone. Thinking
Of a thrush cold in the leaves

Who has sung his few summers truly,
Or an old scholar resting his eyes at last,
We cannot be much impressed with vampires,
Colorful though they are;

Nevertheless, their pain is real,
And requires our pity. Think how sad it must be
To thirst always for a scorned elixir,
The salt quotidian blood

Which, if mistrusted, has no savor;
To prey on life forever and not possess it,
As rock-hollows, tide after tide,
Glassily strand the sea.


Richard Wilbur
(1921-1917)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de vampiros.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Richard Wilbur: Los No-Muertos (The Undead), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

E.E. Cummings: poemas destacados


E.E. Cummings: poemas destacados.




E.E. Cummings (1894-1962) fue un importante poeta estadounidense que desafió las leyes de la sintaxis, de la gramática, en favor de un efecto poético verdaderamente ingenioso. En este contexto, los poemas de E.E. Cummings forman parte de a vanguardia de la época, y aun hoy, después de tanto tiempo, continúan vigentes incluso en su aspecto experimental.

En esta segmento iremos repasando los poemas de E.E. Cummings más destacados.




Poemas de E.E. Cummings.
  • En algún lugar al que nunca he viajado (Somewhere I Have Never Travelled)
  • Nadie, ni siquiera la lluvia (Nobody, Not Even the Rain)
  • 1 × 1 (1 × 1)
  • 1/20 (1/20)
  • 50 poemas (50 Poems)
  • Antropos o El futuro del arte (Anthropos or The Future of Art)
  • CIOPW (CIOPW)
  • Cuentos de hadas (Fairy Tales)
  • Eimi (Eimi)
  • La habitación enorme (The Enormous Room)
  • No gracias (No Thanks)
  • Ocho poetas de Harvard (Eight Harvard Poets)
  • Poemas (Poems)
  • Poemas escogidos (Collected Poems)
  • Puella Mea (Puella Mea)
  • Santa Claus (Santa Claus)
  • Tom (Tom)
  • Tulipanes y chimeneas (Tulips and Chimneys)
  • ViVa (ViVa)
  • Xaipe (Xaipe)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: E.E. Cummings: poemas destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos del Simbolismo: cuentos simbolistas clásicos


Relatos del Simbolismo: cuentos simbolistas clásicos.








El artículo: Relatos del Simbolismo: cuentos simbolistas clásicos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Villiers de L'Isle-Adam: cuentos destacados


Villiers de L'Isle-Adam: cuentos destacados.




Villiers de L'Isle-Adam (1838-1889) fue un destacado escritor francés, dedicado principalmente al relato psicológico y el relato de terror, siempre dentro del simbolismo. En este sentido, los cuentos de Villiers de L'Isle-Adam se introducen en lo más profundo y oscuro del alma humana, y con una vigencia realmente extraordinaria.

En esta sección iremos recorriendo todos los cuentos de Villiers de L'Isle-Adam.




Cuentos de Villiers de L'Isle-Adam:
  • Como para confundirse (A s'y méprendre)
  • Correspondencias (Intersigne à l’abbé de Villers)
  • Cuento de final de verano (Conte de fin d'été)
  • Cuentos crueles (Contes cruels)
  • El asesino de cisnes (Le tueur de cygnes)
  • El asesino de cisnes: audio relato.
  • El convidado de las últimas fiestas (Le convive des dernières fêtes)
  • El duque de Portland (Duke of Portland)
  • El secreto de la iglesia (L'enjeu)
  • Flores de tinieblas (Fleurs de tenebres)
  • La desconocida (L'Inconnue)
  • La máquina de gloria (La machine à gloire)
  • La reina Isabel (La reine Ysabeau)
  • La tortura por la esperanza (La torture par l’espérance)
  • Recuerdos ocultos (Souvenirs occultes)
  • Sombrío relato, narrador aún más sombrío (Sombre récit, conteur plus sombre)
  • Vera (Véra)
  • Akëdysséril (Akëdysséril)
  • Antonie (Antonie)
  • Aviso al lector (Avis au lecteur)
  • Catalina (Catalina)
  • Claire Lenoir (Claire Lenoir)
  • Cuento de amor (Conte d'amour)
  • Dos presagios (Deux augures)
  • El afiche celeste (L'affichage céleste)
  • El amor de lo natural (L'amour du naturel)
  • El anunciador (L'annonciateur)
  • El banquete de las contingencias (Le banquet des éventualistes)
  • El canto del gallo (Le chant du coq)
  • El deseo de ser un hombre (Le désir d'être un homme)
  • El dispositivo para el análisis químico del último suspiro (L'appareil pour l'analyse chimique du dernier soupir)
  • El heroísmo del doctor Hallidonhill (L'héroïsme du docteur Hallidonhill)
  • El instante de Dios (L'instant de Dieu)
  • El juego de las Gracias (Le jeu des Grâces)
  • El mejor amor (Le meilleur amour)
  • El secreto de la bella Ardiane (Le secret de la belle Ardiane)
  • El secreto de la música antigua (Le secret de l'ancienne musique)
  • El secreto del andamio (Le secret de l'échafaud)
  • El tratamiento del doctor Tristán (Le traitement du docteur Tristan)
  • Entre lo viejo y lo nuevo (Entre l'ancien et le nouveau)
  • Fragmento de novela (Fragment de roman)
  • La agencia del candelabro de oro (L'agence du Chandelier d'or)
  • La aventura de Tsë-i-la (L'aventure de Tsë-i-la)
  • La cena más bella del mundo (Le plus beau dîner du monde)
  • La impaciencia de la multitud (Impatience de la foule)
  • La increíble pareja Moutonnet (L'étonnant couple Moutonnet)
  • La inquietud (L'inquiéter)
  • La leyenda del elefante blanco (La légende de l'éléphant blanc)
  • La máquina de gloria (La machine à gloire)
  • La sagacidad de Aspacia (Sagacité d'Aspasie)
  • Las doncellas de Bienfilâtre (Les demoiselles de Bienfilâtre)
  • Las hijas de Milton (Les filles de Milton)
  • Las visiones maravillosas del doctor Tribulat Bonhommet (Les visions merveilleuses du Dr Tribulat Bonhommet)
  • Leones cristianos (Aux Chrétiens les lions!)
  • Los amigos de la pensión (Les amies de pension)
  • Los fantasmas de M. Redoux (Les phantasmes de M. Redoux)
  • Los ladrones (Les brigands)
  • Los plagiarios del relámpago (Les plagiaires de la foudre)
  • Los sueños elegidos (L'élu des rêves)
  • Mahoin (Ce Mahoin!)
  • Maître Pied (Maître Pied)
  • Mal entendido (L'incomprise)
  • Maryelle (Maryelle)
  • Sentimentalismo (Sentimentalisme)
  • Sor Natalia (Sœur Natalia)
  • Sylvabel (Sylvabel)
  • Tribulat Bonhommet (Tribulat Bonhommet)
  • Una nueva profesión (Une profession nouvelle)
  • Virginia y Paul (Virginie et Paul)
  • Vox Populi (Vox populi)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Villiers de L'Isle-Adam: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La letanía de los siete besos»: Clark Ashton Smith; poema y análisis


«La letanía de los siete besos»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




La letanía de los siete besos (The Litany of the Seven Kisses) es un poema de amor en prosa del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), escrito en 1921 y publicado en la antología de 1922: Ébano y cristal (Ebony and Crystal).

La letanía de los siete besos, quizás uno de los poemas de Clark Ashton Smith más curiosos, se aleja considerablemente del horror cósmico para introducirse en un reino todavía más misterioso: el amor; en este caso a través de una meticulosa descripción de siete besos muy singulares.

Aquí podemos ver la gran admiración que sentía Clark Ashton Smith por los grandes poetas malditos del decadentismo, sobre todo por Charles Baudelaire y sus poemas en prosa. A su vez, La letanía de los siete besos no desprende la fragancia descolorida de sus primeros poemas simbolistas, que muchas veces fatigan con oscuras referencias de anticuario, sino que utiliza imágenes exquisitas con notable precisión y eficacia.




La letanía de los siete besos.
The Litany of the Seven Kisses, Clark Ashton Smith (1893-1961)

I
Beso tus manos, tus manos, cuyos dedos son delicados y pálidos como los pétalos del loto blanco.


II
Beso tu cabello, que tiene el lustre de negras joyas, y es más oscuro que el Leteo, floreciendo a medianoche a través del sueño sin luna de tierras con fragancias de amapola.


III
Beso tu frente, que se asemeja a la luna creciente en un valle de cedros.


IV
Beso tus mejillas, donde persiste un leve rubor, como el reflejo de una rosa sostenida en una urna de alabastro.


V
Beso tus párpados, los comparo con las flores veteadas de púrpura y me cierro bajo la opresión de una noche presente, en una tierra donde los ocasos son tan brillantes como las llamas del ámbar ardiente.


VI
Beso tu garganta, cuya ardiente palidez es la del mármol calentado por el sol de otoño.


VII
Beso tu boca, que tiene el sabor y el perfume de las frutas humedecidas con el rocío de una fuente mágica, en el paraíso secreto que solo nosotros encontraremos; un paraíso donde los que vienen nunca más se irán, ya que sus aguas son las del Leteo, y su fruto es el del árbol de la Vida.


I
I kiss thy hands-thy hands. whose fingers are delicate and the pale as the petals of the white lotus.

II
I kiss thy hair, which has the lustre of black jewels, and is darker than Lethe, flowering by midnight through the moonless slumber of poppy-scented lands.

III
I kiss thy brow, which resembles the rising moon in a valley of cedars.

IV
I kiss thy cheeks, where lingers a faint flush, like the reflection of a rose upheld to an urn of alabaster.

V
I kiss thine eyelids, and liken them to the purple veined flowers and close beneath the oppression of a topic evening, in a land where the sunsets are bright as the flames of burning amber.

VI
I kiss thy throat, whose ardent pallor is the pallor of marble warmed by the autumn sun.

VII
I kiss thy mouth, which has the savour and perfume of fruit made moist with spray from a magic fountain, in the secret paradise that we alone shall fine; a paradise whence they that come shall nevermore depart, for the waters thereof are Lethe, and the fruit is the fruit of the tree of Life.


Clark Ashton Smith
(1893-1961)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: La letanía de los siete besos (The Litany of the Seven Kisses), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Lo irreparable»: Charles Baudelaire; poema y análisis


«Lo irreparable»: Charles Baudelaire; poema y análisis.




Lo irreparable (L'Irréparable) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1857: Las flores del mal (Les Fleurs du mal).

Lo irreparable, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire, juega con el concepto de lo irreparable, es decir, de aquello cuya condición de roto es irreversible, para dar cuenta de sus propios pensamientos, emociones y remordimientos; por cierto, saturados de nostalgia, de melancolía, pero también de una fuerza vital que funciona como una especie de consuelo para la desesperanza.

De eso se trata, en definitiva, Lo irreparable, uno de los más exquisitos poemas de Charles Baudelaire.




Lo irreparable.
L'Irréparable, Charles Baudelaire (1821-1867)

¿Podemos ahogar el viejo y prolongado Remordimiento,
que vive, se agita y se retuerce,
y se nutre de nosotros como el gusano de los muertos,
como de la encina la oruga?
¿Podernos ahogar el implacable Remordimiento?

¿En qué filtro filtro, en qué vino, en qué tisana,
ahogaremos este viejo enemigo,
paciente como la hormiga?
destructor y goloso como la cortesana,
¿en qué filtro? —¿En qué vino?— ¿en qué tisana?

¿Podemos iluminar un cielo pantanoso y negro?
¿Podemos desgarrar las tinieblas,
más densas que la paz, sin mañana y sin noche,
sin astros, sin relámpagos fúnebres?
¿Podemos iluminar un cielo pantanoso y negro?

Lo Irreparable roe con su diente maldito
nuestra alma, triste monumento,
y con frecuencia ataca, como los insectos,
los cimientos del edificio.
¡Lo Irreparable roe con su diente maldito!

Yo he visto, en el foro de un escenario banal
que inflamaba la sonora orquesta,
un hada, en un cielo infernal
encender una milagrosa aurora;

Y yo he visto, en el foro de un escenario banal,
Un ser que, hecho sólo de luz, oro y gasa,
derribar al enorme Satán;
pero mi corazón, al que jamás visita el éxtasis,
es un escenario donde se aguarda
en vano, siempre, al ser de las alas de gasa.


Pouvons-nous étouffer le vieux, le long Remords,
Qui vit, s'agite et se tortille
Et se nourrit de nous comme le ver des morts,
Comme du chêne la chenille?
Pouvons-nous étouffer l'implacable Remords?

Dans quel philtre, dans quel vin, dans quelle tisane,
Noierons-nous ce vieil ennemi,
Destructeur et gourmand comme la courtisane,
Patient comme la fourmi?
Dans quel philtre? — dans quel vin? — dans quelle tisane?

Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir?
Peut-on déchirer des ténèbres
Plus denses que la poix, sans matin et sans soir,
Sans astres, sans éclairs funèbres?
Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir?

L'Irréparable ronge avec sa dent maudite
Notre âme, piteux monument,
Et souvent il attaque ainsi que le termite,
Par la base le bâtiment.
L'Irréparable ronge avec sa dent maudite!

J'ai vu parfois, au fond d'un théâtre banal
Qu'enflammait l'orchestre sonore,
Une fée allumer dans un ciel infernal
Une miraculeuse aurore;
J'ai vu parfois au fond d'un théâtre banal.

Un être, qui n'était que lumière, or et gaze,
Terrasser l'énorme Satan;
Mais mon coeur, que jamais ne visite l'extase,
Est un théâtre où l'on attend
Toujours. toujours en vain, l'Etre aux ailes de gaze!


Charles Baudelaire
(1821-1867)




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Charles Baudelaire: Lo irreparable (L'Irréparable), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Jean Lorrain: cuentos destacados


Jean Lorrain: cuentos destacados.




Jean LorrainPaul Alexandre Martin Duval (1855-1906)— fue uno de los escritores franceses más interesantes de la época. Los cuentos de Jean Lorrain a menudo transitan por lo fantástico, lo onírico, lo simbólico; a tal punto que se lo considera un gran maestro del simbolismo francés. Sus relatos de terror, y su fuerte inclinación por el decadentismo, lo vuelven ideal para aquellos lectores que busquen una sutil combinación entre el horror y lo psicológico.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de algunos de los más destacados cuentos de Jean Lorrain.




Cuentos destacados de Jean Lorrain.
  • Cuento para la noche de reyes (Conte pour la nuit des Rois)
  • Cuentos de un bebedor de éter (Contes d'un buveur d'éther)
  • El crimen desconocido (Un crime inconnu)
  • Historia de la criada Gudule (Histoire de la bonne Gudule)
  • La mano enguantada (La main gantée)
  • La princesa de las azucenas rojas (La princesse aux lys rouges)
  • Los agujeros de la máscara (Les trous du masque)
  • Relato del estudiante (Récit de l'étudiant)
  • Acerca de las almas simples (Propos d'âmes simples)
  • Algunos hombres (Quelques hommes)
  • Almas del otoño (Âmes d'automne)
  • Bebedores de almas (Buveurs d'âmes)
  • Cuentos para leer a la luz de las velas (Contes pour lire à la chandelle)
  • Dolmance (Dolmancé)
  • El amante (L'amant)
  • El crimen de los ricos (Le crime des riches)
  • El doble (Le double)
  • El egregor (L'égrégore)
  • El espíritu de las ruinas (L'âme des ruines)
  • El hechizo del bohemio (Conte du Bohémien)
  • El sapo (Le crapaud)
  • El vals de Giselle (La valse de Giselle)
  • El vaso de sangre (Le verre de sang)
  • El visionario (Le visionnaire)
  • En Guilloury (Chez Guilloury)
  • Guardia nocturna (Nuit de veille)
  • Historias de máscaras (Histoires de masques)
  • La cabina (Le fiacre)
  • La casa malvada (Le mauvais gîte)
  • La coartada imposible (L'impossible alibi)
  • La escuela de ancianas (L'école des vieilles femmes)
  • La habitación cerrada (La chambre close)
  • La mandrágora (La Mandragore)
  • La mano de sombra (La main d'ombre)
  • La poseída (Le possédé)
  • La princesa del copo de nieve (La princesse Neigefleur)
  • La princesa de los espejos (La princesse aux miroirs)
  • La princesa en el sabbat (La princesse au sabbat)
  • Linterna mágica (Lanterne magique)
  • Lo desconocido (L'inconnue)
  • Lorelei (Lorelei)
  • Los ojos glaucos (Les yeux glauques)
  • Mandosiane en cautividad (Mandosiane captive)
  • Más allá (Au-delà)
  • Mi pequeña aldea (Ma petite ville)
  • Narkiss (Narkiss)
  • Ofelio (Ophélius)
  • Oración fúnebre (Oraison funèbre)
  • Plegaria a las tinieblas (Proie de ténèbres)
  • Princesa de marfil y embriaguez (Princesses d'ivoire et d'ivresse)
  • Reclamo póstumo (Réclamation posthume)
  • Sedosa (Sonyeuse)
  • Sonrojos y venenos (Fards et poisons)
  • Una carta (Un lettre)
  • Una cuenta (Un acompte)
  • Una noche de enero (Nuit de janvier)
  • Una noche de nevada (Un soir qu'il neigeait)
  • Una noche problemática (Une nuit trouble)
  • Uno de ellos (L'un d'eux)
  • Veinte mujeres (Vingt femmes)




Relatos góticos. I Libros de Jean Lorrain.


El artículo: Jean Lorrain: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Una lágrima del diablo»: Théophile Gautier; relatos y análisis


«Una lágrima del diablo»: Théophile Gautier; relatos y análisis.




Una lágrima del diablo (Une Larme du diable) es una colección de relatos de terror del escritor francés Théophile Gautier (1811-1872), publicada en 1839.

En esta estupenda antología podemos encontrar algunos de los cuentos de Théophile Gautier más interesantes. La primera edición contó con apenas seis relatos inéditos, pero en posteriores apariciones se añadirían los cuentos publicados en Les Jeunes-France y La piel del tigre (La Peau de tigre).

Los cuentos de Una lágrima del diablo se encuentran dentro de la misma filosofía que los poemas de Théophile Gautier; esto es, una sutil combinación entre el romanticismo y el costumbrismo, pero con una vuelta de tuerca que también los aproxima a la literatura gótica, a lo grotesco, lo macabro.

En este sentido, podemos pensar que Una lágrima del diablo es una de las primeras obras en anticiparse a las características del modernismo.




Una lágrima del diablo.
Une Larme du diable, Théophile Gautier (1811-1872)
  • Avatar (Avatar)
  • El nido de ruiseñores (Le Nid de rossignols)
  • La muerta enamorada (La Morte Amoureuse)
  • Onufrius o las aflicciones fantásticas de un admirador de Hoffmann (Onuphrius ou les Vexations fantastiques d'un admirateur d'Hoffmann)
  • Una noche de Cleopatra (Une nuit de Cléopâtre)
  • Bajo la mesa (Sous la table)
  • Cuál de todos (Laquelle des deux)
  • Daniel Jovard (Daniel Jovard)
  • Dos actores para un papel (Deux acteurs pour un rôle)
  • El alma de la casa (L’âme de la maison)
  • El caballero doble (Le Chevalier double)
  • El club de los asesinos (Le Club des hachichins)
  • Elias Wildmanstadius (Élias Wildmanstadius)
  • El pastor (Le berger)
  • El perrito de la marquesa (Le Petit Chien de la marquise)
  • El refractario de la guardia nacional (Le garde national réfractaire)
  • El retrato de madame Jabulot (Le portrait de madame Jabulot)
  • El rey Candaule (Le Roi Candaule)
  • El tazón de ponche (Le Bol de punch)
  • El vellocino de oro (La Toison d'or)
  • Espiritista (Spirite)
  • Este y aquel (Celle-ci et celle-là)
  • La almohada de una chica (L’oreiller d’une jeune fille)
  • La cadena de oro o El amante compartido (La Chaîne d'or ou L'Amant partagé)
  • La cafetería (La cafetière)
  • La falsa conversión (La Fausse conversion)
  • La rata (Le rat)
  • La tauromaquia (La tauromachie)
  • Mademoiselle Dafné (Mademoiselle Dafné)
  • Mal de ojo (Jettatura)
  • Moda (De la mode)
  • Monografía de un burgués parisino (Monographie du bourgeois parisien)
  • Omphale: una historia rococó (Omphale. Histoire rococo)
  • Sylvain (Sylvain)
  • Una visita nocturna (Une visite nocturne)




Libros de poemas. I Relatos de Théophile Gautier.


El análisis y resumen del libro de Théophile Gautier: Una lágrima del diablo (Une Larme du diable), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.