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«Ojos azules»: Maurice Level; relato y análisis.


«Ojos azules»: Maurice Level; relato y análisis.




«Estaba a punto de desmayarse de hambre y cansancio,
pero ya no era consciente de ello.
Solo pensaba en la árida franja de tierra del cementerio,
imaginándola adornada con flores.»



Ojos azules (Mes yeux) es un relato del escritor francés Maurice Level (1875-1926), escrito en 1904 y publicado en la antología de 1910: Las puertas del infierno (Les portes de l'enfer).

Ojos azules, uno de los grandes cuentos de Maurice Level, relata la historia de una prostituta, joven y enferma, dispuesta a cualquier cosa con tal de llevarle flores a su difunto amado, ejecutado por asesinato, en el Día de Todos los Santos.

Ojos azules, apodo de esta pobre mujer, se encuentra en un estado deplorable: decrépita, consumida, a tal punto que lo único que queda de ella son sus ojos. A duras penas consigue reunir fuerzas para irse del hospital donde está internada para cumplir una promesa. Su amado, llamado Vandat, fue ejecutado recientemente, y nadie le ha llevado flores ni ha rezado en la fosa común donde está enterrado. Con este objetivo, Ojos azules sale a las calles de Paris, hambrienta, enferma, y sin dinero para comprar el ramo.

Presa de la fiebre, Ojos azules logra llegar hasta el burdel donde trabajaba para recuperar sus pertenencias, un abrigo al menos, para paliar el frío de las calles. Con sus últimas fuerzas sale de nuevo para buscar un último cliente y así conseguir unas monedas para las flores. Su recorrido por las calles es onírico, cargado de imágenes sugestivas. Finalmente, consigue obtener la atención de un hombre con el que apenas cruza palabra. Juntos vuelven al burdel, a la habitación sórdida, y consigue las monedas.

El giro final de esta historia, justifica su inclusión en la categoría conte cruel [«cuento cruel», sobre el cual hablaremos en un momento]: el último cliente de Ojos azules es el verdugo que ejecutó a su amado.

Ojos azules de Maurice Level es un conte cruel por excelencia. No se conforma con lo macabro de la situación [una prostituta enferma que debe salir a la calle para conseguir unas monedas], sino que aplica sobre ella la devastadora ironía del destino, haciendo que su recorrido se transforme en una especie de infierno personal, visto desde el humanismo, pero un infierno a fin de cuentas.

Maurice Level no utiliza la ironía de forma aleccionadora. Es brutal, cruel y gratuita. ¿Qué ha hecho Ojos azules para sufrir este destrato de Dios o del destino? Nada. No hay razones. Tampoco lecciones de moral. La vida sencillamente es una mierda para muchas personas, y de una manera tan cruel que hasta parece dirigida por un titiritero sádico.

Es importante mencionar que Ojos azules es una historia pensada para los periódicos parisinos, y luego para ser representada en el legendario Théâtre du Grand-Guignol, cuyas obras fueron precursoras de los thrillers y las películas de terror modernas; es decir, busca el impacto, la violencia, lo melodramático. En términos de género, Ojos azules pertenece a la escuela del conte cruel, hermana del decadentismo, que toma su nombre de la antología de Auguste Villiers de l'Isle-Adam de 1883: Cuentos crueles (Contes cruels), aunque otros autores, como Edgar Allan Poe, proporcionaron ejemplos anteriores.

Actualmente se llama conte cruel a esas historias de terror que no cuentan con ingredientes sobrenaturales y que poseen algún giro final desagradable, aunque en realidad es aplicable a cualquier historia que utilice la ironía del destino de una forma macabra. En el ensayo de 1927: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), H. P. Lovecraft menciona que «este tipo de historias [las de Maurice Level] pertenece menos a la tradición de lo extraño que a una clase peculiar en sí misma: el llamado cuento cruel, en el que la angustia emocional se logra mediante intrigas dramáticas, frustraciones y horrores físicos espantosos».

ACLARACIÓN: La siguiente traducción al español de Ojos Azules no fue hecha sobre el original francés. En 1920, la periodista y editora inglesa Alys Eyre Macklin tradujo una colección de 26 cuentos de Maurice Level y los publicó con el título: Crisis: cuentos de misterio y horror (Crises: Tales of Mystery and Horror). Nuestra traducción fue hecha sobre esta versión.




Ojos azules.
Mes yeux, Maurice Level (1875-1926)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Envuelta en una holgada bata de hospital que la hacía parecer aún más delgada de lo que era, la chica enferma permanecía erguida, absorta en sus pensamientos, al pie de su cama.

Su rostro infantil estaba demacrado, y sus ojos azules, tristes, profundos y rodeados de ojeras, eran tan anormalmente grandes que parecían iluminar toda su cara. Sus mejillas ardían con un rubor intenso, y las profundas arrugas que descendían hasta su boca parecían haber sido marcadas por un flujo incesante de lágrimas.

Bajó la cabeza cuando el médico residente se detuvo a su lado.

—Bueno, pequeña número 4, ¿qué es esto que oigo? ¿Quieres salir?

—Sí, señor —la voz apenas era un susurro.

—Pero eso es una tontería. Solo llevas aquí dos o tres días, y con este tiempo, además, seguro que volverías a enfermar. Espera un día o dos. ¿Te sientes incómoda aquí? ¿Alguien te ha tratado mal?

—No, oh, no, señor.

—¿Qué ocurre entonces?

Su voz adquirió más energía al decir:

—Tengo que salir —y como si anticipara otra pregunta, continuó rápidamente—: Hoy es el Día de Todos los Santos. Prometí llevar flores a la tumba de mi amado. Se lo prometí. Solo me tiene a mí. Si no voy, nadie irá.

Una lágrima brilló bajo su párpado. Se la secó con un dedo.

El médico residente se conmovió y, ya fuera por curiosidad o para no dejarla sin palabras de consuelo, preguntó:

—¿Hace mucho que falleció?

—Casi un año.

—¿Qué le pasaba?

Ella pareció encogerse, volverse más frágil, con el pecho más hundido, las manos más delgadas, mientras, con los ojos entrecerrados y los labios temblorosos, murmuraba:

—Lo ejecutaron.

El médico residente se mordió el labio inferior y dijo en voz baja:

—Pobre niña, lo siento mucho. Si de verdad tienes que salir, sal, pero ten cuidado de no resfriarte. Debes volver mañana.

Una vez fuera de las puertas del hospital, ella empezó a temblar.

Era una mañana otoñal. La humedad goteaba por las paredes. Todo era gris: el cielo, las casas, los árboles desnudos y la brumosa lejanía por donde la gente se apresuraba, ansiosa por salir de las calles.

Había enfermado a mediados de verano, y su vestido era de algodón fino y de colores vivos. La cinta arrugada que rodeaba su cuello demacrado la hacía parecer aún más lamentable. La falda, la blusa y la corbata parecían sonreírle al sol, pero en el frío y gris ambiente se veían melancólicas.

Empezó a caminar con paso inseguro, deteniéndose de vez en cuando porque le faltaba el aire y la cabeza le daba vueltas. La gente a su paso se giraba para mirarla. Ella vacilaba, como si quisiera hablar con ellos, pero luego, asustada, seguía caminando, mirando nerviosamente de derecha a izquierda. Así cruzó medio París. Se detuvo al llegar a los muelles, contemplando el lento y turbio fluir del río.

El frío penetrante la caló hasta los huesos, y sintiendo que no podía soportarlo más, reanudó la marcha.

Al llegar a la Place Maubert y la Avenue des Gobelins, se sintió casi como en casa, pues estaba en el barrio donde había vivido. Pronto empezó a ver rostros conocidos y oyó a alguien decir al pasar:

—¡Seguro que es la chica de Vandat. ¡Cómo ha cambiado!

—¿Qué Vandat?

—El asesino...

Aceleró el paso, tapándose la cara con las manos para no oír el final.

Ya estaba anocheciendo cuando por fin llegó al miserable hotel donde se había alojado antes de enfermar. Entró. Unas chicas de la calle y los hombres con los que se alojaban jugaban a las cartas en el pequeño café de abajo. Al verla, la saludaron:

—¡Hola! ¡Aquí está Ojos Azules! —ese era su apodo—. Ven a tomar algo, siéntate, ven.

Su bienvenida la conmovió, pero el humo denso y rancio la hizo toser, y apenas pudo respirar mientras respondía:

—No tengo tiempo ahora. ¿Está la señora?

—Sí, ahí está.

Le sonrió tímidamente a la encargada.

—Quería preguntarle, señora, si puedo recuperar mis cosas. La ropa que llevo puesta no abriga lo suficiente.

—La ropa que dejó la subieron al ático; estará por ahí. Enviaré a alguien a buscarla. Siéntese junto a la estufa y caliéntese.

—No, ahora no tengo tiempo. Volveré enseguida.

Se dirigió a la puerta. Uno de los hombres se burló:

—¿De vuelta a la calle, no? No pierdes el tiempo.

Salió, y la breve estancia en la sofocante habitación hizo que el frío exterior pareciera más penetrante que nunca. La gente se apresuraba, cargada de coronas de cuentas y ramos de flores; otros, vestidos con sus mejores galas, charlaban y reían, y se veía a simple vista que llevaban sus ofrendas al cementerio por costumbre, que el tiempo había mitigado su dolor.

A lo largo de la acera se alineaban carretas de flores. Crisantemos de pétalos rizados se inclinaban sobre racimos de rosas; aquí y allá, la mimosa esparcía su polvo dorado sobre ramos de violetas. Más cerca del cementerio, frente a las tiendas de los marmolistas, había macetas con flores dispuestas en los estantes de los puestos, insignificantes, con follaje cuidado y colores sobrios; más adelante, siemprevivas y grandes coronas de cuentas.

Ella lo contempló todo con ojos que brillaban de envidia. Ojalá pudiera conseguirle algunas, solo un pequeño ramo para él, que yacía al fondo del cementerio, en su pobre tumba sin consagrar, un montículo desnudo, sin una palabra que indicara que estaba allí.

«Asesino», eso no significaba nada para ella. Él era el ser que adoraba, su Hombre, el amante que había poseído no solo su cuerpo, sino su alma. En un momento de locura había matado a alguien. ¿Acaso no había pagado ya su deuda?

El día que lo arrestaron, ella juró no volver a tener nada que ver con ningún otro hombre, jamás. Abandonaría la vida que llevaba, trabajaría, volvería a ser una chica honrada.

Siguió mirando las flores. Un vendedor le susurró:

—¿Un ramo? ¿Y unos crisantemos? ¿Violetas?

Pasó de largo sin responder, pues no tenía ni un céntimo. Sin embargo, tenía una idea en mente: flores. Necesitaba flores. Tenía que conseguirle flores de alguna manera, se lo había prometido.

Estaba a punto de desmayarse de hambre y cansancio, pero ya no era consciente de ello. Solo pensaba en la árida franja de tierra del cementerio, imaginándola adornada con flores. Pero el dinero, ¿cómo iba a conseguirlo? ¿Qué podía hacer?

La solución que se le ocurrió era la más obvia, y no parecía contradecir su promesa de honrar la memoria de su amado.

Como un buen artesano que regresa a su taller, toma sus herramientas y se pone a trabajar, se arregló el cabello mecánicamente, se acomodó el vestido y comenzó a caminar por la calle como solía hacerlo en los viejos tiempos, cuando su hombre, jugando a las cartas en el café, era lo único que le importaba en el mundo.

Siguió caminando, con la mirada atenta, contoneando las caderas, pero estaba demasiado demacrada: una sola mirada bastaba para que los hombres se alejaran. Y, en efecto, su rostro ya no era un rostro para el placer; tampoco su cuerpo, con sus ángulos marcados y profundas concavidades visibles bajo su fino vestido de algodón. En tiempos pasados, cuando era hermosa, cuando realmente era la «Ojos Azules» que todos admiraban, las cosas eran diferentes. Ahora solo era objeto de lástima.

La luz del día se desvanecía. ¿Y si el cementerio cerraba antes de que pudiera comprar las flores?

Caía una llovizna fina, silenciosa, impalpable, y todo se envolvía en sombras grises. Ya no se veía nada de su delgado rostro excepto sus ojos, dos grandes ojos que ardían de fiebre.

Un hombre doblaba la esquina de una calle tranquila, con el cuello del abrigo levantado y las manos en los bolsillos. Ella rozó su brazo y le dijo suavemente, con la voz llena de anhelo:

—¿No quieres venir conmigo.?

La miró un instante. Ella se había acercado, sus ojos penetrando los suyos con la expresión inspirada de quien tiene una misión importante.

Él la tomó del brazo y ella lo condujo al modesto hotel que acababa de dejar. A través de la puerta entreabierta, dijo rápidamente:

—Mi llave. Una vela.

La encargada respondió en voz baja:

—Número 23, segundo piso, tercera puerta.

Los hombres y las mujeres del café se inclinaron para ver quién era, y mientras subía las escaleras oyó exclamaciones y carcajadas.

Ya casi era de noche cuando bajó. Se despidió apresuradamente de su acompañante y echó a correr. Deteniéndose ante la primera florista que encontró, tomó el ramo más cercano y arrojó las dos monedas de plata que tintineaban en sus manos.

Corrió hacia el cementerio. La gente se marchaba en pequeños grupos. Temblaba. ¿Aún habría tiempo? En la entrada, el portero dijo:

—¡Demasiado tarde! Ya cerramos.

—¡Ay, por favor, por favor! Solo quiero entrar y salir rápidamente. Solo dos minutos.

—Muy bien. Pero rápido.

Bajó corriendo por el sendero, tropezando con las piedras en la oscuridad. Era un largo camino. Apenas podía respirar; algo le quemaba el pecho con un dolor insoportable. Se detuvo junto al muro donde entierran a los ejecutados y cayó de rodillas, esparciendo sus flores por la tierra. Las lágrimas le corrían por las mejillas, goteando entre las manos que se apretaban contra el rostro. Intentó rezar, pero no recordaba las palabras adecuadas, y solo sollozó, con los labios pegados al suelo:

—¡Ay, mi hombre... mi hombre...!

Entonces, tan agotada que había perdido la sensibilidad en las extremidades, pero con una sensación de alivio, casi de alegría en el corazón, se levantó y se alejó. Incluso le sonrió al portero mientras decía:

—Como ves, no me tomó mucho tiempo.

Ahora que todo había terminado, ahora que había cumplido su promesa, que había estado cerca de su hombre, volvió a sentir el frío y el cansancio. Apenas podía arrastrarse, la tos era terrible: de vez en cuando tenía que detenerse y apoyarse contra la pared.

Finalmente, regresó al hotel y entró tambaleándose. Las chicas y los chicos seguían jugando a las cartas en la habitación sofocante y llena de humo. Un silencio sepulcral se apoderó de todos al verla. Intentó reír.

Una mujer al fondo de la habitación se dejó caer en la silla y exclamó:

—¡Qué buen comienzo, Ojos Azules! Necesitabas un poco de valor, ¿no?

Se encogió de hombros. La otra continuó:

—¿Sabías quién era tu cliente?

—No.

—Bueno, te lo diré. Era Le Bingue.

Ojos Azules tartamudeó:

—¿Qué dices? Le...

La otra vació su vaso y volvió a tomar las cartas, respondiendo:

—Sí, Le Bingue. Ya sabes, el verdugo.

Maurice Level (1875-1926)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de terror.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Maurice Level: Ojos azules (Mes yeux), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Mi vecina, Lilith: análisis de «La araña» de H.H. Ewers.


Mi vecina, Lilith: análisis de «La araña» de H.H. Ewers.




Hoy analizaremos el relato de Hanns Heinz Ewers: La araña (Die Spinne), publicado en 1913.

La araña es un relato inusual, surrealista, como una pesadilla: tres hombres, un viajante de comercio suizo [anónimo], un actor [Karl Krause] y un oficial de policía [Charles-Maria Caumié], son encontrados muertos en la habitación de un hotel en tres viernes consecutivos, entre las 5 y las 6 de la tarde, colgados del travesaño de la ventana. Una gran araña negra fue vista saliendo de la boca de cada hombre muerto. Esta serie de suicidios cometidos de la misma manera, a la misma hora del día, en el mismo lugar, por tres víctimas sin relación entre sí, incita a un estudiante de medicina, Richard Bracquemont, a investigar el caso:


[«Temiendo por las consecuencias para su negocio, Madame Dubonnet, la propietaria de la sucia casa de huéspedes, convocó al inspector de policía del noveno distrito, quien, a regañadientes, permitió que Richard Bracquemont, un estudiante de medicina, se hospede en la habitación número 7 para investigar a fondo las misteriosas muertes.»]


El único vínculo entre los tres hombres es una araña negra que se ve saliendo de sus bocas cuando sus cuerpos fueron encontrados. Los investigadores pronto olvidan el detalle.

La araña de Hans Heinz Ewers es una historia sombría, y si bien el suicidio es un tema predominante en el relato, este no se aborda desde una perspectiva existencial, sino sobre la idea de que el enamoramiento y el placer pueden ser tan fuertes que son capaces de destruir el deseo de vivir.

Si bien filósofos y escritores, como Sartre y Goethe, ponderaron la filosofía del suicidio como un acto existencial [y en el proceso tal vez lo idealizaron hasta un punto problemático], el hecho es que no siempre hay una razón para que la gente se suicide. La depresión, por ejemplo, es una enfermedad, y la ideación suicida que puede causar es fundamentalmente irracional, un proceso químico. Pero esto no impide que los amigos y familiares de la víctima luchen para entender porqué sus seres queridos se han quitado la vida, especialmente si no hay respuestas satisfactorias [ver: El suicidio de Stanley Uris]

La araña de Hans Heinz Ewers explora el aspecto irracional detrás de la psicología del suicidio. Al principio, la Araña que sale de la boca de los muertos brinda un sombrío consuelo al proporcionar una causa, si no una razón real, para estos tres misteriosos suicidios, lo cual es más reconfortante que no encontrar ninguna explicación. Pero la Araña también sugiere que el suicidio es contagioso, como una enfermedad, y que esta de alguna manera ha infectado a estos hombres con pensamientos suicidas.

Inicialmente en la historia, la Araña aparece como una causa sobrenatural, algo que parece explicar lo inexplicable. Quizás la asociación de la Araña con el suicidio, específicamente con el ahorcamiento, se deba a una conexión con el mito griego de Aracné, aquella mujer mortal que se ahorcó después de ser castigada por ganar una competencia de tejido contra la diosa Atenea, quien la transformó por lástima en una araña. ¿Fue la propia Aracné quien provocó la muerte de las tres víctimas, el viajante de comercio, el actor y el policía? En cierto modo, sí.

El joven investigador aficionado, Bracquemont, pasa varias semanas en la misma habitación donde se encontraron a los hombres ahorcados para escribir un informe para la policía. Comienza mintiendo a las autoridades al insinuar que está tras alguna pista fundamental [en realidad, no tiene nada]. Pronto se siente atraído por la ventana donde los hombres se suicidaron, pero no para ahorcarse. En cambio, mira por la ventana a la mujer que vive en un alto aposento al otro lado de la calle, y que ha capturado su imaginación. Su nombre [cree] es Clarimonde.

Clarimonde se parece notablemente a la Aracné de los mitos griegos: se sienta junto a la ventana, tejiendo, mientras usa un vestido negro con manchas moradas, muy parecido a la araña observada saliendo de las bocas de los difuntos. Pronto, Bracquemont comienza a jugar un juego con Clarimonde: cualquier gesto suyo, ya sea una sonrisa, un asentimiento o una serie compleja de ademanes, es replicado por ella. Poco a poco, Bracquemont se enamora.

Sin embargo, aun distante de ella, de ventana a ventana Bracquemont siente por Clarimonde «un extraño consuelo y un miedo muy sutil». Eventualmente descubre que ella no está replicando sus movimientos; más bien, ella lo está controlando [ver: Carmilla, Lucy y Helen: el monstruo femenino como figura de resiliencia]

Cuando Clarimonde ha terminado su proceso de seducción/control, Bracquemont es consciente de que su amor por ella es «una compulsión de una naturaleza y un poder inauditos, pero sutilmente sensual en su ineludible ferocidad». Algunos años después de La araña, Sigmund Freud publicaría un ensayo titulado: Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips), en el que describe la pulsión de muerte [Thanatos]. Hans Heinz Ewers esboza un retrato psicológico muy similar de este impulso de autodestrucción. Seducido por la muerte misma, Bracquemont descubre que debe renunciar a su voluntad y replicar los movimientos de Clarimonde, incluso cuando ella ata un cordón rojo de la cortina de su apartamento con un nudo corredizo. Bracquemont replica la misma acción en su propia habitación [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

Al final de la historia, queda claro que la Araña no infectó a los tres suicidas, sino que cada hombre fue atraído por la hermosa y sobrenatural Clarimonde. No es que desearan morir, sino que estaban tan sobrecogidos por el placer hasta el punto que Clarimonde los obligó a matarse. Al vincular a Eros con Thanatos, Hans Heinz Ewers establece un vínculo entre estos dos impulsos en la mente humana, sugiriendo cómo incluso podemos enamorarnos de la muerte.

La araña de Hans Heinz Ewers, entonces, es un cuento decadentista, pero también un retrato psicológico profético que representa de manera convincente la transformación de una mente racional en una autodestructiva.

Un marco lúdico, a menudo enmascarado bajo la figura de «desafío», es completamente capaz de hacer que las personas se olviden de su integridad física. Una vez que la dopamina se dispara en el cerebro, puede anular el sentido de autopreservación, dejándote a merced de una telaraña que no es indigna de Clarimonde. El juego te está controlando, no al revés, y no sabes adónde puede llevarte.

Es fascinante cómo un relato de 1913, escrito en una Alemania convulsionada, puede hablar de la dinámica psicológica de las redes sociales de una manera tan específica. Las redes sociales tienden a crear imitadores, a influir en la forma de pensar. A veces es un juego inofensivo, incluso divertido, ya que puede alentar a las personas a realizar buenas obras. Pero esta tendencia imitadora también ha fomentado la difusión de doctrinas intolerantes.

La araña comienza como un misterio detectivesco y poco a poco se transforma en algo mucho más profundo e inquietante. El «héroe» de la historia, Richard Bracquemont, no es realmente un héroe. Convence al detective encargado del caso de que podría resolver el misterio a través del conocimiento, aunque su verdadera motivación es ganar notoriedad, alojamiento y comida gratis. Bracquemont describe a Clarimonde en su diario como una mujer de cabello negro, piel pálida, de nariz delicada y labios descoloridos y vestida con ropa victoriana negra. Cuando sonríe, parece que sus pequeños incisivos son tan afilados como los de un depredador [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]. Su aspecto, sumado a su incesante tejido, hace que el lector la vincule inmediatamente con la araña negra encontrada en las víctimas anteriores. Pero, ¿cuál es la conexión? ¿Cómo funciona exactamente la araña real, la cual fue vista por varios testigos saliendo de la boca de los muertos?

Si Clarimonde ejerce algún tipo de influencia a distancia sobre sus víctimas, no es irracional pensar que se trata de algún tipo de bruja, y que la Araña es un espíritu familiar, aquellos fieles compañeros [a menudo gatos y sapos] de brujas y ocultistas [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]. Después de todo, Clarimonde y la Araña tienen el mismo aspecto, y ambas atraen a sus víctimas con la promesa de una cita amorosa [que cumplen rigurosamente], para luego atraparlos en su telaraña y devorarlos. Sin embargo, esto parece demasiado simple; y Hans Heinz Ewers no es un autor afín a la simpleza.

Otra forma de intentar resolver el misterio de La araña de Hans Heinz Ewers es analizar su uso de nombres y sus conexiones. El nombre Clarimonde [«brillante protectora»] proviene del germano Claremunda, formado por el latín clarus [«claro», «brillante»]; y mund, forma femenina de munt [«protector»]. También es el nombre de una vampiresa en el relato de Théophile Gautier: La muerta enamorada (La Morte Amoureuse), la primera historia de vampiros realmente convincente. Allí, un sacerdote [Romuald] se enamora de una hermosa cortesana [Clarimonda] justo antes de ordenarse; sin embargo, sigue adelante con sus votos. Poco después, un caballero le ordena que lo siga a un palacio en el bosque para encontrarse con su dama, que está agonizando.

El sacerdote obedece y sigue al caballero hasta el palacio donde ve a la mujer y vuelve a enamorarse de ella. Eventualmente, el sacerdote confiesa sus pecados a un obispo, quien lo lleva a una cripta. Al abrirla, ven a la joven Clarimonda. Evidentemente, es una vampiresa. Acto seguido, la rocían con agua bendita y el cuerpo de Clarimonda se convierte en una masa informe de huesos medio calcificados. La escena es similar al ajusticiamiento de Lucy Westenra en el Drácula de Bram Stoker [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]

En La araña de Hans Heinz Ewers, Clarimonde no es una vampiresa tradicional, pero posee algunos los atributos vampíricos: usa sus habilidades para seducir, manipular; es capaz de proyectar sus pensamientos e hipnotizar a sus víctimas para que actúen en contra de su integridad física. Además, como podemos deducirlo por los horarios de las muertes anteriores [«entre las 5 y las 6 de la tarde»], está especialmente activa entre el atardecer y la noche. Además, la vampiresa de Gautier tiene «manos finas y aristocráticas, con uñas largas, envueltas en guantes blancos». El sacerdote enamorado sospecha que ella es el demonio, y que tal vez sus garras estén escondidas bajo los guantes. La Clarimonde de Hans Heinz Ewers siempre usa largos guantes negros y los movimientos de sus dedos recuerdan el movimiento de las patas de una araña. [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción]

No es improbable que Théophile Gautier haya sido una influencia para La araña de Hanns Heinz Ewers, pero las similitudes terminan ahí. No hay ninguna ayuda externa, ni salvación, para Bracquemont; solo el reconocimiento tardío de que está atrapado en la red de Clarimonde. Ni siquiera existe la esperanza de una justicia posterior, ya que todas las víctimas de Clarimonde se suicidan, haciendo imposible vincularlas a alguien más. Sin embargo, la muerte de Bracquemont termina siendo una revelación para el departamento de policía. Las autoridades se dan cuenta de que las muertes están relacionadas con la magia negra. Bracquemont luchó hasta el final, y destruyó a la Araña [mordiéndola con el último aliento de voluntad], cuyo trabajo era llevarle una gota de sangre a ama.

Al final, ni siquiera estamos seguros de que Clarimonde sea real.

La araña comienza presentando un panorama, y luego lo revierte. Al principio, Hanns Heinz Ewers presenta a Bracquemont como un joven decidido a resolver el misterio, y alegando poseer un conocimiento particular que le permitirá hacerlo. Debe ser un sujeto convicente, porque las autoridades le permiten seguir adelante. Pero, más tarde, cuando leemos el diario de Bracquemont, que narra los eventos que ocurren durante su estancia en la habitación, descubrimos que el protagonista no tiene idea de lo que podría haberle sucedido a los tres fallecidos.

En efecto, utiliza sus [supuestas] habilidades de observación, pero no llega a ninguna parte. Esto no parece desanimarlo; y si bien espera hacerse un nombre si resuelve el misterio, su principal interés es prolongar su estadía [es decir, demorar la investigación] para seguir disfrutando comida y alojamiento gratis. En este sentido, es justo preguntarse si toda la historia de la mujer en la ventana es real, o una excusa para justificar su investigación.

Después de todo, Bracquemont solo puede introducir un elemento original en la investigación: lo sobrenatural [en este caso, Clarimonde]. Uno supone que los detectives ya han cubierto todas las posibilidades mundanas, de modo que Bracquemont, tanto si miente como si dice la verdad, solo puede encaminar la investigación hacia la causa sobrenatural. Si la historia que escribe en su diario es mentira, hay que darle el mérito de la creatividad; si es verdad, el atributo de la estupidez. ¿Por qué Bracquemont tardaría tanto en relacionar a Clarimonde con la Araña que salió de la boca de los muertos? Con la misma información, el lector llega a esa conclusión de inmediato; y este es, recordemos, alguien que de hecho está buscando pistas, conexiones, patrones con aquellas misteriosas muertes.

De hecho, el tercer suicida es un policía; no cualquier policía, sino uno que estaba en la habitación para resolver la muerte de los dos anteriores. Si a esto le sumamos dos hechos objetivos, libres de interpretación: tres hombres se suicidaron en esa habitación, y una Araña [o tres de la misma especie] fueron vistas saliendo de la boca de los fallecidos; más uno subjetivo [que solo conocemos a través de Bracquemont]: una misteriosa mujer que se ve y actúa como una araña... bueno, no es difícil unir los puntos, pero Bracquemont parece incapaz de hacerlo inicialmente.

En resumen, no podemos saber qué tan confiable es Bracquemont como narrador, pero la implicación es que, si realmente hubiese estado investigando el caso, su enfoque habría sido racional, al menos al principio. Su experiencia transcurre sin incidentes hasta dos días antes de su muerte, cuando expresa la opinión de que pudo haber encontrado una pista [aunque se desconoce cuál], y que el viernes por la mañana aventuró la siguiente afirmación: «la ventana de la habitación ciertamente tenía un notable poder de atracción». Para esa noche está muerto.

El primer viernes después de su llegada, Bracquemont espera, revólver en mano, pero no pasa nada. Para el lunes siguiente, señala que está «ganando considerablemente en salud y peso», lo que sugiere que antes no se encontraba en buenas condiciones. El miércoles nos enteramos de la existencia de Clarimonde. Desde el principio, hay algo extraño en esta mujer que se sienta en su ventana, al otro lado de la calle. El lector, alertado por el título de la historia, probablemente ya sospeche que Clarimonde es o está relacionada con la Araña que ha salido de la boca de los muertos, aunque el propio Bracquemont no haga la relación.

Además [de manera muy improbable], Clarimonde «hace girar una pequeña rueca anticuada». Bracquemont anota cuán anticuada es: «una cosa muy pequeña, fina, blanca y aparentemente hecha de marfil. Los hilos que hila deben ser infinitamente finos». Nada sobre Clarimonde suena real. Todo sobre ella es muy vago. Bracquemont apenas puede describirla objetivamente [«Me parece sentir más que saber todo esto»]. Una vez más, el diario de Bracquemont prepara al lector al registrar el encuentro mortal entre dos arañas, una hembra y un macho; pero increíblemente no establece ninguna conexión con Clarimonde.

En este punto [quizás para justificar el hecho de que el narrador no pueda sumar uno más uno], Bracquemont abandona la investigación para pasar horas «jugando» con Clarimonde mientras se miran y reflejan sus movimientos a través de la ventana. Esto continúa durante días. Bracquemont parece incapaz de razonar, como si le hubieran arrebatado su voluntad. Sin embargo, la historia no es tan simple. Bracquement dura más que los otros hombres porque puede verse a sí mismo luchando contra la influencia de Clarimonde.

Algo que también llama la atención es la forma en que Bracquemont se da cuenta de que están jugando con él. El instante donde entiende que ya no tiene el control total de sus propias acciones es tan intenso como el conocimiento de lo que debe hacer para contrarrestar el efecto de Clarimonde. Sin embargo, no puede salir de la habitación [ver: La atracción por lo Macabro en la ficción]

Es tentador suponer que Bracquemont está documentando su propio descenso a la locura, pero la forma en que murieron los tres hombres anteriores sugiere que estos tuvieron experiencias similares, al menos hasta cierto punto. De hecho, lo que marca su experiencia como diferente es la muerte de Bracquemont, eso y la destrucción de la Araña, un gesto final por parte de un hombre atrapado dentro de sí mismo, y acaso testigo de cómo esa voluntad foránea manipula y dispone de su cuerpo. Pero quedan más preguntas, todas sin respuesta:

¿Hay algo en la propia ventana, como sugiere el sargento de policía? ¿Es la habitación la que ejerce esta extraña y poderosa influencia sobre sus ocupantes? La araña de Hanns Heinz Ewers se resiste a emitir cualquier conclusión definitiva, de la misma manera que resiste una explicación sobrenatural más directa. En este contexto, uno piensa en La habitación que silbaba (The Whistling Room) de William Hope Hodgson, escrito el mismo año [1913], donde algo extraño está incrustado en la habitación misma, aunque las dos historias son muy diferentes en otros aspectos.

Volviendo a Sigmund Freud, La araña de Hanns Heinz Ewers parece una ficcionalización de los principios de Eros y Thanatos. Para Freud, los impulsos instintivos pregenitales son ambivalentes, es decir, se manifiestan hacia el mismo objeto; Eros con el deseo de preservar, Tanatos con el deseo de destruir. El componente destructivo representa un peligro para el objeto, tanto mayor cuanto más temprana sea la etapa de desarrollo de la libido a la que pertenece la tendencia instintiva. La ambivalencia disminuye durante el curso del desarrollo de la libido y casi desaparece con la madurez. En la literatura gótica encontramos dos comparaciones clásicas para representar el peligro del amor objetal: la Araña y el Vampiro.

Ambos son símbolos del peligro destructivo de la agresión oral. El significado de la Araña como medio de representación fue reconocido muy pronto por el psicoanálisis; primero como símbolo de la mala madre, poseedora de un órgano masculino destructivo [ver: La maternidad fallida en «Drácula»]. La Araña es la madre masculina, cuyo abrazo hiere y mata [ver: Puérpera, loca y poseída: análisis de «El empapelado amarillo» de Charlotte Perkins Gilman]

Sigmund Freud comentó que el significado de la Araña como símbolo era el reflejo de un hecho biológico, ya que la araña macho es más débil que la hembra y con frecuencia es devorada por la hembra después del coito; y añadió que, en el universo de los sueños, las telarañas representan el vello púbico femenino, mientras que un único hilo representa los genitales masculinos. ¡Cuántos descensos a cavernas y sótanos uterinos encontramos en la ficción gótica donde predominan las telarañas! [ver: El Horror siempre viene desde el Sótano]

¿Qué hacemos con todo esto?

No lo sé. Quizás si seguimos avanzando encontraremos alguna explicación.

La araña de Hanns Heinz Ewers necesariamente debe clasificarse como un relato fantástico, en términos de Tzvetan Todorov, debido a la «ambigüedad mutua de dos instancias narrativas», en este caso, el diario de Bracquemont y el narrador anónimo. Según Todorov, solo se puede hablar de «lo fantástico» cuando una historia no resuelve si un proceso puede explicarse de forma natural o sobrenatural. En el relato de Hanns Heinz Ewers, la Araña no sólo simboliza a la mujer avasalladora [la madre masculina de Freud], que tiene algo de misterioso y mucho de peligroso [Freud también la resumió en la figura de Lilith], sino que también conecta la realidad con el nivel de lo fantástico. En la introducción, el narrador anónimo informa sobre una gran araña negra que [se dice] fue vista en los primeros cadáveres, y al final queda impactado con la imagen de una araña mordida en la boca de Bracquemont, cuyos puntos morados recuerdan al vestido negro y moteado de Clarimonde [ver: El cuerpo de la mujer en el Horror]

Cuando la fatal relación con Clarimonde se desarrolla, Bracquemont observa un día cómo una araña hembra es acechada por un macho, considerablemente más pequeño y cuidadoso, que finalmente se embarca en el apareamiento. Después, el macho intenta escapar, pero es capturado por la hembra, arrastrado al centro de la telaraña, succionado, vaciado y luego arrojado como «un bulto patético e irreconocible». Si bien Bracquemont inicialmente quiere distanciarse de la relación obvia que establece [«me alegro de no ser un chico araña»], vuelve a retomar el tema poco antes del suicidio:


[«Siento como si estuviera caminando en un gran círculo a su alrededor, cada vez más cerca (...) Hasta que, finalmente —y lo sé con certeza—, tenga que ir hacia ella. Clarimonde está sentada en la ventana y está loca.»]


Precisamente porque Bracquemont mantiene una visión analítica, sospechando los posibles peligros pero luego rechazándolos como absurdos, Clarimonde continúa arrastrándolo hacia su telaraña. El hecho de que no pueda eludir ese destino, como médico y científico, es típico del clásico protagonista racional que no puede defenderse de las influencias de lo sobrenatural. Bracquemont ya no puede huir. Está demasiado cerca de los pegajosos hilos de la telaraña, por lo que se entrega a cierto disfrute macabro por su humillación y destrucción [ver: El placer estético del Horror]. Él mismo escribe:


[«Así que yo, que estaba tan orgulloso de influir en sus pensamientos, es quien está completamente influenciado.»]


No creo que Hanns Heinz Ewers esté hablando aquí de hipnosis vampírica, sino de una arrolladora atracción erótica que emana de Clarimonde, subrayada por el símbolo de la Araña que se come al macho indefenso. Con esto, el autor invierte la trama: no es Thanatos, el impulso de muerte, lo que ha llevado a los hombres a suicidarse, sino una atroz influencia de Eros. En Bracquemont, Eros y Thanatos, el amor y la muerte, se combinan en un éxtasis masoquista de regocijo. La estrangulación imitada es la unión simbólica con la amada. Poco antes de su final, Bracquemont entiende que ha sido víctima de una ilusión demoníaca, y en el último reflejo de sus fuerzas mata a la Araña, mordiéndola, y así también mata a Clarimonde.

No habrá conclusiones en este análisis. El episodio de Clarimonde quizás fue ilusorio, o incluso un entretenimiento superficial para distraer al lector. Quizás ella no es una araña sobrenatural, demoníaca, sino una especie de Lilith; es decir, una encarnación del poder de la libido y el Eros, que para algunas personas, como Bracquemont y sus predecesores, puede ser fatal.




H.H. Ewers. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Mi vecina, Lilith: análisis de «La araña» de H.H. Ewers fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Joris-Karl Huysmans: novelas y relatos


Joris-Karl Huysmans: novelas y relatos.




Joris-Karl Huysmans —Charles Marie Georges Huysmans (1848-1907)—, fue un extraordinario escritor francés. En este sentido, los relatos y novelas de Joris-Karl Huysmans son considerados referentes del Decadentismo, y expresan cierto disgusto, cierto pesimismo por la vida moderna y la condición humana en general.

Aquí iremos repasando todos los relatos y novelas de Huysmans




Obras completas de Joris-Karl Huysmans.
  • A contrapelo (À rebours)
  • J.K. Huysmans: el autor que fue atacado por un súcubo.
  • A la deriva (A vau l'eau)
  • Algunos (Certains)
  • Allá abajo (La bas)
  • Bocetos parisinos (Croquis parisiens)
  • Bosquejo biográfico de Don Bosco (Esquisse biographique sur Don Bosco)
  • De todo (De Tout)
  • Durtal (Durtal)
  • El arte moderno (L'art moderne)
  • El barrio de Notre Dame (Le Quartier Notre-Dame)
  • El Bièvre (La bièvre)
  • El Bièvre y San Severino (La Bièvre et Saint-Séverin)
  • El oblato (L'Oblat)
  • En rada (En rade)
  • En ruta (En route)
  • Hogar (En ménage)
  • La catedral (La catedrale)
  • La magia en Poitou (La magie en Poitou)
  • Las multitudes de Lourdes (Les foules de Lourdes)
  • Las similitudes (Les similitudes)
  • Marta (Marta)
  • Mochila (Sac au dos)
  • Pierrot escéptico (Pierrot sceptique)
  • Santa Liduvina (Sainte Lydwine)
  • Tres iglesias y tres primitivos (Trois Églises et trois Primitifs)
  • Un dilema (Un Dilemme)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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«La oscuridad devora la débil luz»: John Barlas; poema y análisis


«La oscuridad devora la débil luz»: John Barlas; poema y análisis.




La oscuridad devora la débil luz (The Darkness Swallows Up the Feeble Light) es un poema decadentista del escritor inglés John Barlas (1860-1914), publicado en la antología de 1889: Sonetos de amor (Love Sonnets).

La oscuridad devora la débil luz, probablemente uno de los poemas de John Barlas menos conocidos, versifica la caída de la noche, el crecimiento inexorable de las sombras, y el chispazo de una luz, un destello fugaz, que por un instante desafía al poderoso reino de las tinieblas.




La oscuridad devora la débil luz.
The Darkness Swallows Up the Feeble Light, John Barlas (1860-1914)

La oscuridad devora la débil luz,
el gran silencio envuelve el pequeño e inmóvil sonido;
y el amor, en el fugaz tiempo que nos está permitido,
yace ahogado, fuera de la vista, profundamente enterrado:
Pero el gran faro convierte en día la noche,
y resuena, como un eco que rebota de pecho en pecho,
entre las montañas de alegre granito,
asombrando a los valles que se contraen con regocijo.
Levanta la cabeza, pobre nadador entre las olas,
cálidas olas que te mecen en su salvaje abrazo:
las profundidades, todavía frías, ahora están debajo.
Allí, el oscuro lodo escasea entre las tumbas,
donde el sol no visitará el rostro pálido,
ni el viento agitará un árbol sobre la frente muerta.


The darkness swallows up the feeble light,
And the great silence gulfs the still small sound;
And little love in lasting time lies drwoned
Five fathom deep and buried out of sight:
But the great beacon makes a day in night,
And echoes, that from breast to breast rebound
Of mountains at their granite joys, astound
The shrinking valleys with their loud delight.
Hold up thy head, poor swimmer among the waves,
Warm waves that rock thee in their wild embrace:
The still cold depths are underneath thee now.
There the dim ooze scarce creeps between the graves,
Where wind nor sun shall visit the pale face,
Nor wave shall stir a tress on the dead brow.


John Barlas
(1860-1914)




Poemas góticos. I Poemas de John Barlas.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Barlas: La oscuridad devora la débil luz (The Darkness Swallows Up the Feeble Light), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Jean Lorrain: cuentos destacados


Jean Lorrain: cuentos destacados.




Jean LorrainPaul Alexandre Martin Duval (1855-1906)— fue uno de los escritores franceses más interesantes de la época. Los cuentos de Jean Lorrain a menudo transitan por lo fantástico, lo onírico, lo simbólico; a tal punto que se lo considera un gran maestro del simbolismo francés. Sus relatos de terror, y su fuerte inclinación por el decadentismo, lo vuelven ideal para aquellos lectores que busquen una sutil combinación entre el horror y lo psicológico.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de algunos de los más destacados cuentos de Jean Lorrain.




Cuentos destacados de Jean Lorrain.
  • Cuento para la noche de reyes (Conte pour la nuit des Rois)
  • Cuentos de un bebedor de éter (Contes d'un buveur d'éther)
  • El crimen desconocido (Un crime inconnu)
  • Historia de la criada Gudule (Histoire de la bonne Gudule)
  • La mano enguantada (La main gantée)
  • La princesa de las azucenas rojas (La princesse aux lys rouges)
  • Los agujeros de la máscara (Les trous du masque)
  • Relato del estudiante (Récit de l'étudiant)
  • Acerca de las almas simples (Propos d'âmes simples)
  • Algunos hombres (Quelques hommes)
  • Almas del otoño (Âmes d'automne)
  • Bebedores de almas (Buveurs d'âmes)
  • Cuentos para leer a la luz de las velas (Contes pour lire à la chandelle)
  • Dolmance (Dolmancé)
  • El amante (L'amant)
  • El crimen de los ricos (Le crime des riches)
  • El doble (Le double)
  • El egregor (L'égrégore)
  • El espíritu de las ruinas (L'âme des ruines)
  • El hechizo del bohemio (Conte du Bohémien)
  • El sapo (Le crapaud)
  • El vals de Giselle (La valse de Giselle)
  • El vaso de sangre (Le verre de sang)
  • El visionario (Le visionnaire)
  • En Guilloury (Chez Guilloury)
  • Guardia nocturna (Nuit de veille)
  • Historias de máscaras (Histoires de masques)
  • La cabina (Le fiacre)
  • La casa malvada (Le mauvais gîte)
  • La coartada imposible (L'impossible alibi)
  • La escuela de ancianas (L'école des vieilles femmes)
  • La habitación cerrada (La chambre close)
  • La mandrágora (La Mandragore)
  • La mano de sombra (La main d'ombre)
  • La poseída (Le possédé)
  • La princesa del copo de nieve (La princesse Neigefleur)
  • La princesa de los espejos (La princesse aux miroirs)
  • La princesa en el sabbat (La princesse au sabbat)
  • Linterna mágica (Lanterne magique)
  • Lo desconocido (L'inconnue)
  • Lorelei (Lorelei)
  • Los ojos glaucos (Les yeux glauques)
  • Mandosiane en cautividad (Mandosiane captive)
  • Más allá (Au-delà)
  • Mi pequeña aldea (Ma petite ville)
  • Narkiss (Narkiss)
  • Ofelio (Ophélius)
  • Oración fúnebre (Oraison funèbre)
  • Plegaria a las tinieblas (Proie de ténèbres)
  • Princesa de marfil y embriaguez (Princesses d'ivoire et d'ivresse)
  • Reclamo póstumo (Réclamation posthume)
  • Sedosa (Sonyeuse)
  • Sonrojos y venenos (Fards et poisons)
  • Una carta (Un lettre)
  • Una cuenta (Un acompte)
  • Una noche de enero (Nuit de janvier)
  • Una noche de nevada (Un soir qu'il neigeait)
  • Una noche problemática (Une nuit trouble)
  • Uno de ellos (L'un d'eux)
  • Veinte mujeres (Vingt femmes)




Relatos góticos. I Libros de Jean Lorrain.


El artículo: Jean Lorrain: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Sonetos de amor»: John Barlas; libro y análisis


«Sonetos de amor»: John Barlas; libro y análisis.




Sonetos de amor (Love Sonnets) es una colección de poemas de amor del escritor inglés John Barlas (1860-1914) —seudónimo de Evelyn Douglas—, publicado en 1889.

Sonetos de amor es una de las antología más brillantes del período, la cual incluye buena parte de los mejores poemas de John Barlas; por aquel entonces fuertemente influenciado por el decadentismo y por autores de la talla de Ernest Dowson y Algernon Swinburne.




Sonetos de amor.
Love Sonnets, John Barlas (1860-1914)
  • Amor terrible (Terrible Love)
  • Anademas de la belleza (Beauty's Anadems)
  • Cuando en la solitaria quietud de la tumba (When in the Lonely Stillness of the Tomb)
  • El perfume escondido en el corazón de la rosa (The Perfume Hidden at the Rose's Heart)
  • En sueños vi rojos los cielos de medianoche (In Sleep I Saw the Skies at Midnight Red)
  • La bailarina (The Dancing Girl)
  • La oscuridad devora la débil luz (The Darkness Swallows Up the Feeble Light)
  • Olvido (Oblivion)
  • ¿Por qué amo el silencio de la luna? (Why Do I Love the Silence of the Moon?)
  • Alegría en el deseo más que deseo de alegría (Joy in desire more than desire of joy)
  • Amado una vez, para siempre amado (Loved once for ever loved)
  • A pesar de que anduve por el espinoso sendero del dolor (What though I tread the thorny path of pain)
  • Belleza (Beauty)
  • Cada hoja que baila en los claros (Lo every leaf that dances in the glades)
  • Cada rasgo familiar de tu cara (Each fair familiar feature of thy face)
  • Como cuando llueve sobre el día fatigado (As when day upon weary day it rains)
  • Como de los sueños de alguna antigua gloriosa lucha (Ay as from dreams of some old glorious fight)
  • Cómo el amor nos acompañó cambiando su curso (How love ran on with us his varying course)
  • Como el débil fantasma de una cepa olvidada (As the faint ghost of a forgotten strain)
  • Como el vino es dulce (As wine is sweet)
  • Como hojas frescas y marchitas crecidas en un árbol (As fresh and faded leaves grown on one tree)
  • ¿Cómo puedes moldear los labios para llamarme amigo? (How canst thou shape thy lips to call me friend?)
  • Como una corriente (Like as a stream)
  • Como un amante en su última edad (How oft a lover in his later age)
  • Como un capullo florece de la oscuridad y el frío (As a flower springs up out of dark and cold)
  • Déjame soñar (Oh let me dream!)
  • Desde que te conozco tengo poco cuidado (Since I have known you I have little heed)
  • Dos burbujas en un cuenco de cristal aparecen (Two bubbles in a crystal bowl appear)
  • Dulce, no he dormido (Sweetest, I have not slept)
  • El amor de mi corazón es un avaro (My heart's love is a miser)
  • El amor es el hermano del sacrificio (Love is own brother to self-sacrifice)
  • El amor es el sendero hacia la virtud para los valientes (Love is a path to virtue for the brave)
  • El corazón sangrante (The Bloody Heart)
  • El instrumendo de dulce alma está en silencio (The sweet-souled instrument in silence stands)
  • El vagabundo, viajando en el bosque de medianoche (The wanderer, journeying through the midnight wood)
  • En tu honor construiré un lugar (Lo in thine honour I will build a place)
  • ¿Estás solo, de pie junto al borde del bosque? (Hast thou, lone-standing by the forest's verge)
  • Esto no es más cruel que tú (Is not this cruel that thou)
  • Fantasmagoría (Phantasmagoria)
  • Fugas oníricas (Dream-Fugues)
  • Hay un secreto que todos los amantes verdaderos comparten (There is a secret all true lovers share)
  • He soñado (I dreamed)
  • La locura del amor en los demás no parece menos (Love's folly in others seemeth such no less)
  • La misma luna (The same moon)
  • La música y el amor seguramente son parientes (Music and love are surely next of kin)
  • La riqueza revuelta de un hidromiel floral (The rifled riches of some flowery mead)
  • Las pobres y tontas criaturas de la llanura (The poor dumb creatures of the field)
  • La tierra primordial, los cielos omnipresentes (The primal earth, the all-pervading skies)
  • La tranquila quietud de un mediodía de verano (The slumberous stillness of the summer noon)
  • Los anchos límites del mar no son lo suficientemente amplios (The sea's wide bounds are yet not wide enough)
  • Los besos son más dulces bajo el cabello que los cubre (Kisses are sweetest under covering hair)
  • Los labios de tu imagen de arte mudo y sin movimiento (Thy picture's lips of mute and moveless art)
  • Mi dulce dama, contempla este mundo desolado (Sweet lady mine, behold this desolate world)
  • Mientras voy meditando por esta triste tierra (As I go musing through this mournful land)
  • Nobleza obliga (Noblesse oblige)
  • Oh, corazón, ¿por qué sigues sufriendo? (Oh heart, why wilt thou suffer evermore?)
  • Oh, río que fluyes por la silenciosa noche (Oh river flowing through the silent night)
  • Ola tras ola se levantan del abismo (Wave after wave arises from the deep)
  • Para ver la sombra y la comuna de hojas (To see the shadow and the leaf commune)
  • Para vivir como en un retrato pastoral (Oh to live like a pictured pastoral!)
  • Por qué en su ausencia el mundo aparece (Why in her absence doth the world appear)
  • ¿Por qué estamos separados después de habernos besado? (Why are we thus divided having kissed?)
  • Puede este, nuestro amor (Can this our Love)
  • Sí, debes morir (Yes thou must die)
  • Suelto de manos extrañas en la húmeda noche salvaje (Loosed from strange hands into the wet wild night)
  • Te ví en una visión nocturna (I saw thee in a vision of the night)
  • Una hoja sobre el río, déjala flotar (A leaf upon the river: let it float)
  • Una rosa arrancada puesta en agua (A cut rose set in water)
  • Un jardín saqueado de su rosa más bella (A garden ransacked of its fairest rose)
  • Yo envidio pero no a los amantes felices (I envy not the lovers who are glad)




Libros de poemas. I Libros de John Barlas.


El análisis y resumen del libro de John Barlas: Sonetos de amor (Love Sonnets), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ven, descendamos»: Ernest Dowson; poema y análisis


«Ven, descendamos»: Ernest Dowson; poema y análisis.




Ven, descendamos (Venite Descendamus) es un poema decadentista del escritor inglés Ernest Dowson (1867-1900), publicado en la antología de 1896: Versos (Verses).

Ven, descendamos, uno de los grandes poemas de Ernest Dowson, y probablemente uno de los ejemplos más brillantes del decadentismo, nos propone una mirada sombría de la realidad, donde el único consuelo posible se encuentra en el silencio, en el reposo, en el lento transitar de las horas en la tumba.




Ven, descendamos.
Venite Descendamus, Ernest Dowson (1867-1900)

Deja que así sea;
renuncia a las palabras y al lamento,
en vano tanto ansiamos responder:
mejor encontrar un lugar para yacer,
solo para estar muerto.

El silencio fue lo mejor,
mejor que las canciones y el lamento;
ahora sé las melodías desiertas;
ahora deja que las hojas muertas
y rojas del otoño cubran el laúd incierto.

El silencio es lo mejor:
por nunca jamás, eternamente,
descendamos y allí, durmiendo,
en algún lugar más allá de su conocimiento,
ella nos olvidará para siempre.

Deja que así sea:
más y más fría ella se ha de transformar,
el sueño y la noche fueron la perla;
yacer donde ya no podemos verla,
donde podamos descansar.


Let be at last; give over words and sighing,
Vainly were all things said:
Better at last to find a place for lying,
Only dead.

Silence were best, with songs and sighing over;
Now be the music mute;
Now let the dead, red leaves of autumn cover
A vain lute.

Silence is best: for ever and for ever,
We will go down and sleep,
Somewhere beyond her ken, where she need never
Come to weep.

Let be at last: colder she grows and colder;
Sleep and the night were best;
Lying at last where we cannot behold her,
We may rest.


Ernest Dowson
(1867-1900)




Poemas góticos. I Poemas de Ernest Dowson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Ernest Dowson: Ven, descendamos (Venite Descendamus), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Versos»: Ernest Dowson; libro y análisis


«Versos»: Ernest Dowson; libro y análisis.




Versos (Verses) es una colección de poemas decadentistas del escritor inglés Ernest Dowson (1867-1900), publicada en 1896.

Versos, sin dudas una de las grandes antologías del decadentismo, agrupa los mejores poemas de Ernest Dowson, un autor que también exploró el relato fantástico y la novela. Sin embargo, los versos eran su territorio natural, a tal punto que con el tiempo se convirtió en un verdadero clásico de la poesía inglesa.




Versos.
Verses, Ernest Dowson (1867-1900)
  • Amor Profanus (Amor Profanus)
  • El jardín de sombras (The Garden of Shadows)
  • Flor de la luna (Flos Lunae)
  • Las tres brujas (The Three Witches)
  • Me habrías entendido (You Would Have Understood Me)
  • Noches grises (Grey Nights)
  • Non Sum Qualis Eram Bonae Sub Regno Cynarae (Non Sum Qualis Eram Bonae Sub Regno Cynarae)
  • Para alguien en el manicomio (To One In Bedlam)
  • Para un amor perdido (To A Lost Love)
  • Una última palabra (A Last Word)
  • Ven, descendamos (Venite Descendamus)
  • Absinthia Taetra (Absinthia Taetra)
  • Ad Manus Puellae (Ad Manus Puellae)
  • A su amante (To His Mistress)
  • Benedictio Domini (Benedictio Domini)
  • Cynara (Cynara)
  • Decoraciones en verso (Decorations in Verse)
  • Después de Paul Verlaine (After Paul Verlaine)
  • El cambio del mar (The Sea-Change)
  • El niño muerto (The Dead Child)
  • En primavera (In Spring)
  • Extremaunción (Extreme Unction)
  • Heces (Dregs)
  • Impenitent Ultima (Impentitent Ultima)
  • La visita (The Visit)
  • Libérame (Libera Me)
  • Mi dama Abril (My Lady April)
  • Moritura (Moritura)
  • Para un amor perdido (To A Lost Love)
  • Para William Theodore Peters (To William Theodore Peters)
  • ¿Quid Non Supremus, Amantes? (Quid Non Supremus, Amantes?)
  • Requiem (A Requiem)
  • Rondeau (Rondeau)
  • Sabiduría de la luna (Sapientia Lunae)
  • Saint Germain (Saint Germain)
  • Serafita (Seraphita)
  • Sobre el nacimiento del hijo de un amigo (On The Birth Of A Friend's Child)
  • Soli Cantare Periti Arcades (Soli Cantare Periti Arcades)
  • Terre Promise (Terre Promise)
  • Transición (Transition)
  • Vana esperanza (Vain Hope)
  • Vanidad (Vanitas)
  • Vesperal (Vesperal)
  • Villanelle (Villanelle)
  • Vita Summa Brevis Spem Nos Vetat Incohare Longam (Vita Summa Brevis Spem Nos Vetat Incohare Longam)




Libros de poemas. I Libros de Ernest Dowson.


El análisis y resumen del libro de Ernest Dowson: Versos (Verses), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Sed Non Saciata» (Nunca satisfecha): Charles Baudelaire; poema y análisis


«Sed Non Saciata» (Nunca satisfecha): Charles Baudelaire; poema y análisis.




Sed Non Saciata (Sed Non Saciata) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la edición de 1861 de la antología: Las flores del mal (Les Fleurs du Mal).

Sed Non Saciata —que algunos traducen alternativamente como Nunca satisfecha, aunque literalmente signifique: «sin embargo, no está satisfecha»— es uno de los poemas de Charles Baudelaire más importantes de aquella colección.

Podemos pensar que el narrador, sin dudas, el propio Charles Baudelaire, se refiere a la insatisfacción de una de sus típicas musas, en general, mujeres de belleza singular, atípica, se diría, pero también deterioradas por opio, el láudano y el alcohol.




Sed Non Saciata.
Sed Non Saciata, Charles Baudelaire (1821-1867)

Deidad bizarra, oscura como las noches,
Con perfume mezclado de almizcle y habano,
Obra de algún hechicero, el Fausto de la sabana,
Bruja con ijares de ébano, engendro de nocturnidad,
Yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches,
El elixir de tu boca donde el amor se regodea;
Cuando hacia ti mis deseos parten en caravana,
Tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos.
Por esos tus grandes ojos negros, tragaluces de tu alma,
¡Oh, demonio sin piedad!, vierten sobre mí menos fuego;
No soy el Estigia* para abrazarte nueve veces,
Y no puedo, Megera** libertina,
Para quebrar tu coraje y dejarte
En el infierno de tu lecho, volverme Proserpina***.


Bizarre déité, brune comme les nuits,
Au parfum mélangé de musc et de havane,
Oeuvre de quelque obi, le Faust de la savane,
Sorcière au flanc d'ébène, enfant des noirs minuits,
Je préfère au constance, à l'opium, au nuits,
L'élixir de ta bouche où l'amour se pavane;
Quand vers toi mes désirs partent en caravane,
Tes yeux sont la citerne où boivent mes ennuis.
Par ces deux grands yeux noirs, soupiraux de ton âme,
Ô démon sans pitié! verse-moi moins de flamme;
Je ne suis pas le Styx pour t'embrasser neuf fois,
Hélas! et je ne puis, Mégère libertine,
Pour briser ton courage et te mettre aux abois,
Dans l'enfer de ton lit devenir Proserpine!

Charles Baudelaire
(1821-1867)


Estigia*: río del Hades, el inframundo de los mitos griegos. Los nueve abrazos hacen referencia a sus nueve afluentes.

Megera**: una de las Erinias, diosa de los celos.

Proserpina***: versión romanizada de Perséfone, reina del inframundo.




Poemas góticos. I Poemas de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.