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Lo que el viento se llevó: la historia de amor detrás de la película

Lo que el viento se llevó.
La historia de amor detrás de la película.


Seguramente muchos estarán familiarizados con la película: Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind), basada en la excelente novela de Margaret Mitchell, tal vez uno de los cinco libros más vendidos del siglo XX.

Ahora bien, Margaret Mitchell nunca pensó en escribir una novela. De hecho, Lo que el viento se llevó fue su única novela editada, cifra que, teniendo en cuenta su excelencia, es más que suficiente para cualquier lector sensato.

Al parecer, la historia de Lo que el viento se llevó fue inspirada en un suceso aparentemente cotidiano, trivial para la mayoría de nosotros, pero que en manos de un autor con talento y algo para decir puede transformarse en una fuerza arrasadora.

La propia Margaret Mitchell comentó que Lo que el viento se llevó nació a partir de la lectura de un poeta bastante olvidado del decadentismo, llamado Ernest Dowson (1867-1900), autor de: Amor profanus (Amor Profanus), El jardín de sombras (The Garden of Shadows), Flos lunae (Flos Lunae), Noches grises (Grey Nights), Para alguien en el manicomio (To one in Bedlam) y Una última palabra (A Last Word).

Ernest Dowson fue un poeta inquieto. Estudió en la Universidad de Oxford y abandonó la carrera de abogado antes de graduarse. Participó activamente de muchos movimientos estéticos y artísticos de su época, e incluso entabló una relación entrañable W.B. Yeats.

En 1889 Ernest Dowson se enamoró perdidamente de Adelaide Foltinowicz, conocida como Missie, hija de un poderoso empresario gastronómico. Este dato no sería relevante, para nosotros y mucho menos para Margaret Mitchell y Lo que el viento se llevó, salvo por un detalle. Missie tenía apenas once años de edad.

Ernest Dowson dejó que los años pasaran. Cuando Adelaide Foltinowicz alcanzó la mayoría de edad, el poeta se lanzó a un cortejo apresurado y torpe. Compuso para ella sus poemas más conocidos, y acaso los más bellos, pero sus esfuerzos por conquistarla fracasaron miserablemente.

En 1897 Adelaide Foltinowicz eligió las caricias de un sastre, y pronto contrajo matrimonio con él. Ernest Dowson quedó devastado por la noticia. Previamente, en 1894, su padre se había suicidado ingiriendo una dosis letal de hidrato de cloral. Y un año después, en 1895, su madre se suicidó ahorcándose de una viga.

Sería redundante aclarar que Ernest Dowson cayó en una profunda depresión de la que nunca se recuperaría.

Se dice que un amigo, llamado Robert Sherard, encontró a Ernest Dowson en un estado deplorable, casi en la indigencia, bebiendo enloquecidamente en un bar. Corría el año 1900, y los festejos por el cambio de siglo disimulaban el aspecto descuidado del poeta.

Sherard llevó a Ernest Dowson a su casa en Catford. El poeta pasó allí las ultimas seis semanas de vida, bebiendo a escondidas para sepultar los dolores de su corazón, y sobre todos los malestares indecibles de la tuberculosis.

Tenía apenas 32 años de edad cuando su cuerpo fue enterrado con todo el rigor del rito católico.

Su obra cayó en el olvido, o mejor dicho, en el recuerdo de un puñado de fieles. Entre ellos se contaba Margaret Mitchell, la autora de Lo que el viento se llevó.

Margaret Mitchell buscaba algo, una melodía, una sincronía, tal vez, que la sacudiera en su fibra más íntima. Según lo comentó ella misma, ese estremecimiento llegó como una nota lejana en la primera línea de la tercera estrofa del poema Ernest Dowson: Non Sum Qualis eram Bonae Sub Regno Cynarae, naturalmente dedicado a la indiferente Adelaide Foltinowicz.

Al leer el poema, Margaret Mitchell se estremeció profundamente por algo que definió como el lejano y débilmente triste sonido que quería (far away, faintly sad sound I wanted).

Algunos poemas persiguen propósitos que exceden al propio poeta, y sobre todo a las penas y los sufrimientos que los inspiraron. Algunos poemas, de hecho, fueron forjados para inspirar a una sola persona.


Non Sum Qualis eram Bonae Sub Regno Cynarae.
Ernest Dowson.

¡Mucho he olvidado, Cynara! Lo que el viento se llevó,
Rosas arrojadas, rosas descontroladamente mezcladas
Bailando, para poner tus lirios pálidos fuera de la mente;
Pero yo estaba solo y harto de una vieja pasión,
Sí, todo el tiempo, porque el baile era largo:
¡Te he sido fiel, Cynara! A mi manera.

I have forgot much, Cynara! gone with the wind,
Flung roses, roses riotously with the throng,
Dancing, to put thy pale, lost lilies out of mind;
But I was desolate and sick of an old passion,
Yea, all the time, because the dance was long:
I have been faithful to thee, Cynara! in my fashion.




Más poemas de Ernest Dowson. I Poemas de amor.


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El artículo: Lo que el viento se llevó, el poema detrás de la película fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Jaime Egusquiza dijo...

Fascinante poema y fascinante detalle ignorado por mi hasta hoy, soy fanatico de Margaret Mitchell y de su inmortal novela, realmente es curioso ver como todo Arte se vincula con el Arte y que la Inspiracion nace porque se inspira siempre con algo ya nacido ---)))O(((---