Poemas de flores.

Confieso que me gustan las flores. Todas, incluso aquellas modestas joyas que se abren paso penosamente entre las grietas del suelo, tienen para mí la capacidad de evocar y sugerir otras realidades. Ahora pienso en Blake, caminando por un jardín cuando era niño y viendo el funeral de un hada, cuyo cuerpo diminuto encabezaba la procesión sobre una flor blanca.

La naturaleza, ente inabarcable desde lo sensorial, y curiosamente sólo perceptible por este medio, ha dejado a nuestros pies uno de sus símbolos más acabados. La literatura del romanticismo redescubre el mundo de los sentidos, y especialmente una de sus manifestaciones más sutiles: la flor.

Los poemas de flores secas y tumbas frías no se comparan al sepulcro que Isabella Valancy Crawford ha soñado; donde un bote y grupo de lirios (por cierto, femeninos) se entrelazan en un amor imposible, si es que de hecho existe otra clase de amor.

Dejamos que la alegoría corra por cuenta del lector.


El Lecho de Lirios.
The Lily Bed; Isabella Valancy Crawford (1850-1887)

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Fluyó hacia abajo en un lecho de lirios;

Envuelto en una pausa de oro yacía,
Entre los brazos de una apacible bahía.

Temblaba solo en su barca de corteza,
Mientras los lirios rompían con certeza

El inmóvil cristal de la marea,
Hiriendo la frágil proa de madera.

O cuando cerca de los delgadas plantas
Levanta sus afiladas escamas de plata;

O cuando en el viento frío y sonoro
Cae la libélula envuelta en oro

Y todas las joyas y las amplias aguas,
En anillos cantan en sus alas;

O cómo el alma ardiente y alada,
Que de la oscuridad desciende en llamas

Sobre la fría ola, como el bálsamo
Que por un gran espíritu es derramado,

El alma vuela en libertad, y el silencio se aferra
A las horas inmóviles, como cuelga la Tierra,

Cortando la oscuridad, en los árboles,
A medias enterrados hasta las rodillas.

Se sentó en su quietud de plácidas hojas,
Aferrado a sus sombras, doradas y rojas,

Y sobre el suelo cóncavo, como una espiga,
Cayó el rostro entre luces ambarinas.

Orgullosa y valiente espuma de madera,
Perla brillante, una doncella frente a la marea.

Y él hubo de cantar de su alma el amor,
Con la voz del águila y el dolor.

En lo alto, fuertes pinos fueron hechos de su lengua,
Sus labios florecieron suaves en la sombra de la tormenta,

Besando los femeninos pétalos, plateados despojos,
Como lirios blancos en un íntimo arroyo.

Hasta hoy él permanece allí, en reposo,
Su imagen pintada en ella, descanso glorioso.

Una isla entre dos azules no se derrite,
Una gota de rocío en la costa

Se alza como un crepúsculo púrpura,
Sobre la vasta arena durmiendo bajo el cielo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Fluyó hacia arriba desde un lecho de lirios;

Todas las flores, todos los lirios,
En la luz de la tarde la corteza agitaron.

Sus labios frescos rodearon la aguda proa,
Sus caricias suaves treparon por los flancos,

Con labios y senos tejieron su bóveda,
Robando a sus ojos la noche estrellada;

Con mano dorada ella tomó el cabello
De una nube roja, hasta su planicie de azur.

Furtivo, el dorado atardecer fluyó,
Un viento frío de su cuerpo huyó.

Aceptaron lo alto, los árboles oscuros,
Y los bajos lirios que cubrían todo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
Escapó lejos de su lecho de lirios.

Isabella Valancy Crawford (1850-1887)


Más Poemas del romanticismo. I Poemas de amor. I Poemas de mujeres.


Más Poemas:
El poema de Isabella Valancy Crawford: The Lily Bed; fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com