Eco-pioneros literarios: historia del CAMBIO CLIMÁTICO en la ficción


Eco-pioneros literarios: historia del CAMBIO CLIMÁTICO en la ficción.




Mucho antes de que se nos advirtiera sobre los peligros de utilizar indiscriminadamente desodorantes en aerosol, la ficción ya se había ocupado del CAMBIO CLIMÁTICO.

Por CAMBIO CLIMÁTICO nos referimos a la posibilidad de que la tecnología humana, desde la industria a la contaminación individual y la deforestación, pasando por la emisión de gases de todo tipo, sea un factor considerable a la hora de transformar el clima del mundo; pero también de que otros actores, a veces cósmicos, a veces domésticos, aportaran lo suyo para el desastre global.

Uno podría pensar que semejante posibilidad, al menos dentro de la literatura, es probablemente la consecuencia de los primeros síntomas del deterioro ambiental, por ejemplo, del CALENTAMIENTO GLOBAL; sin embargo, la ficción se ocupó del CAMBIO CLIMÁTICO mucho antes de que los científicos nos alertaran de su influencia en los ecosistemas del mundo.

Este subgénero, a menudo asociado a la ciencia ficción, y conocido Cli-fi (Climate Change Fiction), está con nosotros desde hace mucho tiempo.

Tal vez el tratamiento más tradicional para el CAMBIO CLIMÁTICO dentro de la ficción es intentar explicar sus causas como producto de la contaminación. En casi todas las historias de este tipo la humanidad frecuentemente cumple un rol protagónico como agente contaminador del medio ambiente.

Dos casos paradigmáticos que evalúan la posibilidad de que el CAMBIO CLIMÁTICO genere una especie de nueva ERA DE HIELO, son las novelas de John Christopher: El mundo en invierno (The World in Winter) —a veces traducida como El largo invierno—, de 1962, y El sexto invierno (The Sixth Winter, 1979), de John Gribbin y Douglas Orgill, donde la humanidad sobrevive a duras penas a una sucesión de inviernos realmente crudos.

Es redundante aclarar que, ambos casos, se anticipan por muchos años a la idea del CAMBIO CLIMÁTICO como posibilidad real y hasta inevitable si la sociedad en su conjunto no se plantea un cambio radical en sus hábitos de producción y consumo.

Ahora bien, no todo el CAMBIO CLIMÁTICO en la ficción es obra de industriales inescrupulosos. También hay otros ejemplos

En Un balde de aire (A Pail of Air, 1951), de Fritz Leiber, el eje gravitacional del planeta es afectado, o mejor dicho, capturado, por la presencia de una estrella oscura —que algunos entusiastas asocian a NIBIRU—. En el relato, la atmósfera se enfría drásticamente, generando un acentuado CAMBIO CLIMÁTICO que finalmente conduce a la humanidad hacia el pandemonium.

Algo similar sucede en la novela de Fred Hoyle: La nube oscura (The Black Cloud, 1957), donde el sol es ocultado detrás de una oscura y descomunal entidad cósmica, produciendo en la tierra un CAMBIO CLIMÁTICO que lentamente nos lleva al desastre.

Otra obra que acusa a los alienígenas de producir el CAMBIO CLIMÁTICO es El Kraken despierta (The Kraken Wakes, 1953), de John Wyndham, donde invasores beligerantes de otras galaxias utilizan sus armas para aumentar el nivel del mar y de ese modo acabar eficientemente con las ciudades más pobladas del mundo.

J.G. Ballard, en El mundo ahogado (The Drowned World, 1962) fue el primero, tal vez, en detallar significativamente las circunstancias que la humanidad deberá enfrentar como consecuencia del CAMBIO CLIMÁTICO, sin la intervención de otros factores.

Entre otros síntomas, J.G. Ballard describe un aumento de la temperatura promedio de la tierra, así también como del nivel del mar. Esto, en principio, genera el hundimiento de grandes ciudades, entre ellas, Londres, con el valor agregado de que al fallar el escudo protector de la atmósfera los pocos sobrevivientes que quedan deben cocinarse bajo una ráfaga de tormentas solares.

Si hablamos del CAMBIO CLIMÁTICO no podemos evitar mencionar al EFECTO INVERNADERO, algo de lo que Philip José Farmer se ocupó en: Carne (Flesh, 1960), donde el CALENTAMIENTO GLOBAL logra varios efectos dramáticos que coinciden con la actual opinión de muchos científicos: las capas de hielo del Ártico y la Antártida comienzan a derretirse y los océanos aumentan su nivel de forma irreversible.

Los consumidores de conspiraciones globales también pueden encontrar material interesante acerca del CAMBIO CLIMÁTICO en la ficción.

En el relato de H.F. Heard: El presidente de los Estados Unidos: detective (The President of the United States, Detective, 1947), se describe una conspiración del gobierno chino para derretir el casco polar ártico y de ese modo anegar buena parte del territorio americano.

El Oeste, desde luego, lanza un contraataque, en principio reclamando los territorios de Groenlandia y la Antártida, desde los cuales organizan una ofensiva para derribar al sagaz gobierno chino.

Las catástrofes cósmicas también aportan los suyo a la historia del CAMBIO CLIMATICO en la ciencia ficción.

En Anillos de hielo (Rings of Ice, 1974), de Piers Anthony, se describe cómo un enjambre de enormes asteroides de hielo pasan cerca de la tierra, operando como lentes de aumento para la luz del sol, y finalmente haciendo que la tierra se ahogue en una tormenta que empalidece al diluvio universal.

Uno de los escenarios más insólitos del CAMBIO CLIMÁTICO en la literatura ocurre en Los muñecos de nieve (The Snowmen, 1959), de Frederik Pohl, donde la proliferación indiscriminada de aires acondicionados y calefactores en los hogares tiene un efecto devastador sobre el medio ambiente, lanzándonos directamente hacia una nueva ERA DE HIELO.

A pesar de lo inaudito de esta posible causa del desastre climático, hay un aspecto sumamente realista en el relato: la negación casi patológica del público frente al llamado de alerta de los científicos.

Más realista es el cuento de James Blish: Todos morimos desnudos (We All Die Naked, 1969), donde es la sociedad humana la responsable de emitir altísimos niveles de dióxido de carbono, lo cual produce casi todos síntomas del EFECTO INVERNADERO: calentamiento global, derretimiento de los cascos polares, inundaciones, etc.

El CAMBIO CLIMÁTICO en la ficción también tiene un pequeño lugar para sus detractores.

Por ejemplo, en Ángeles caídos (Fallen Angels, 1991), de Larry Niven, los ambientalistas y ecologistas son parte de una gran conspiración global que lucra anunciando desastres que, en última instancia, no serían producto de la influencia del hombre sobre el medio ambiente, sino de ciclos regulares de calentamiento y enfriamiento del planeta.




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