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Ciclo de Carcosa [¡Vamos a las Híades con el Rey de Amarillo!]


Ciclo de Carcosa [¡Vamos a las Híades con el Rey de Amarillo!].




Desde hace años quiero hablar en El Espejo Gótico sobre el Ciclo de Carcosa. Es uno de esos artículos que uno siempre está escribiendo en su cabeza, pero que resultan imposibles de ordenar. Si J.R.R. Tolkien fue el artífice de una Mitología perfectamente ordenada y cohesiva, el Ciclo de Carcosa es todo lo contrario. Nada está claro; todo está sujeto al debate y la interpretación [así es como funcionan los Mitos]; por eso [para evitar extraviarnos irremediablemente] nos centraremos en Carcosa desde la perspectiva del Círculo de Lovecraft y de sus precursores.

Para hablar de Carcosa primero hay que hablar de los hombres que forjaron el Mito, y que [afortunadamente, en aras de su eficacia] no se molestaron en ordenar. Este artículo de El Espejo Gótico continúa ese espíritu caótico.

Si el Ciclo de Carcosa realmente tiene un comienzo [y por lo que veremos más adelante tal vez no lo tenga] este es el relato de Ambrose Bierce Un habitante de Carcosa (An Inhabitant of Carcosa, 1886), publicado originalmente en la edición del 25 de diciembre de 1886 del periódico San Francisco News Letter, y luego reeditado en dos antologías del mismo autor: Cuentos de soldados y civiles (Tales of Soldiers and Civilians) y ¿Pueden estas cosas existir? (Can Such Things Be?). Allí, Carcosa es una ciudad antigua y misteriosa, apenas mencionada en retrospectiva [después de su destrucción].

Robert W. Chambers tomó prestado el nombre Carcosa para sus historias de El Rey de Amarillo (The King in Yellow, 1895). Chambers había leído el trabajo de Ambrose Bierce y tomó prestados algunos nombres adicionales, incluidos Hali y Hastur. En las historias de El Rey de Amarillo, la ciudad de Carcosa es un lugar misterioso, antiguo y posiblemente maldito. La descripción más precisa de su ubicación son las orillas del lago Hali, que bien puede estar en otro planea o en otro universo. En El canto de Cassilda (Cassilda's Song), [Acto 1, Escena 2], el cual forma parte de la obra de teatro apócrifa que es El Rey de Amarillo, encontramos estos hermosos versos:


Rompen las olas neblinosas a lo largo de la costa,
los soles gemelos se hunden tras el lago,
se prolongan las sombras
en Carcosa.
Extraña es la noche en que surgen estrellas negras,
y extrañas lunas giran por los cielos,
pero más extraña todavía es la
perdida Carcosa.
Los cantos que cantarán las Híades
donde flamean los andrajos del Rey,
deben morir inaudibles en la
penumbrosa Carcosa.
Canto de mi alma, se me ha muerto la voz,
muere, sin ser cantada, como las lágrimas no derramadas
se secan y mueren en la
perdida Carcosa.


El Lago de Hali es un lago brumoso que se encuentra cerca de la ciudad de Hastur. En El Rey de Amarillo, las misteriosas ciudades de Alar y Carcosa se alzan junto al lago. Al igual que Carcosa, el Lago de Hali aparece en varias historias de los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft [y de sus acólitos]. El nombre Hali también se originó en Un habitante de Carcosa de Ambrose Bierce, en el que Hali es el autor de una cita que precede a la historia. El narrador de da a entender que Hali ahora está muerto [al menos en la línea de tiempo de la historia]. En los relatos de Robert W. Chambers se alude a otros lugares relacionados a Carcosa, como Hastur, Yhtill y Aldebarán. Por supuesto, Aldebarán es la estrella Aldebarán, tambié asociada con la mención de las Híades, con las que comparte espacio en el cielo nocturno.

De las Híades proviene el famoso cristal de Leng, el cual puede moldearse para tomar la forma de una ventana. Si el propietario es un iniciado, puede dibujar un pentagrama con tiza roja en el piso frente a la ventana, sentarse dentro del diagrama y pronunciar las palabras: Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn. El cristal, entonces, se volverá transparente y mostrará una visión de otros mundos y dimensiones, incluida Carcosa. Lamentablemente, no se puede elegir la ubicación de la visión; además, se debe tener mucho cuidado, ya que los seres del otro lado pueden ver y atravesar el portal mágico si así lo desean. [La ventana en la buhardilla (The Gable Window), Lovecraft y Derleth] [ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu]

Se supone que el Signo Amarillo, descrito como un símbolo, no pertenece a ninguna escritura humana, sino que se originó en Carcosa [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]. De hecho, el Signo Amarillo es el centro de poder de Hastur, y el principal símbolo de su culto. Como objeto suele ser bastante inofensivo [a escala cósmica], causando únicamente visiones y sueños de la ciudad de Carcosa en el Lago de Hali. Sin embargo, en ocasiones puede convertirse en una especie de portal para que el Rey de Amarillo visite nuestro mundo [ver: La maldición del Rey de Amarillo]

Otro nombre asociado al Ciclo de Carcosa es Demhe y sus «profundidades nubladas». Esto nunca ha sido explicado ni por Robert W. Chambers ni por ningún otro autor que haya ampliado este universo, por lo que no sabemos qué o quién es exactamente «Demhe».

Escritores posteriores, incluidos H. P. Lovecraft y sus acólitos, eran admiradores del trabajo de Robert W. Chambers e incorporaron el nombre de Carcosa en sus propias historias, ambientadas en los Mitos de Cthulhu. Sin embargo, si Robert W, Chambers fue el primero en expandir el concepto inicial de Ambrose Bierce, el Ciclo de Carcosa realmente despegó con el aporte del flaco de Providence, y más concretamente gracias a sus dos métodos de construcción de Mitos.

Lovecraft construyó los fundamentos de lo que luego se conocerían como los Mitos de Cthulhu [él nunca los llamó de este modo] a través de dos métodos. Primero, entrelazó sus relatos con un tejido de alusiones compartidas. No es descabellado que tomara prestada esta técnica de Los dioses de Pegana (The Gods of Pegana) de Lord Dunsany, donde un conjunto de poemas en prosa se entrelazan con referencias cruzadas a un mismo panteón de dioses. No obstante, no tenemos indicios de que Lovecraft se haya propuesto crear un panteón; de hecho, sus primeras creaciones no son dioses ni entidades sobrenaturales, sino principalmente lugares, individuos y libros prohibidos.

Una fuente de inspiración más inmediata fueron probablemente los Cuentos de tres hemisferios (Tales of Three Hemispheres) de Lord Dunsany, donde encontramos tres historias en particular [Días de ocio en el Yann (Idle Days on the Yann); Una tienda en Go-By Street (A Shop in Go-By Street) y El vengador de Perdondaris (The Avenger of Perdondaris)] que se refieren a eventos, individuos y lugares que se cruzan entre sí, creando así un mundo completamente nuevo que el lector puede explorar con el narrador.

El segundo componente de los Mitos de Cthulhu de Lovecraft fue la inclusión de las creaciones de otros autores en su obra. Vemos los primeros signos de esto en El sabueso (The Hound), que contiene tantas referencias a las obras de Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle que podrían considerarse casi como una parodia.

En El ceremonial (The Festival), Lovecraft introduce deliberadamente las obras de otro autor. Cuando el narrador examina los libros sobre la mesa de su anfitrión, encuentra [además del Necronomicón y otros libros prohibidos, como el Daemonolatreia de Nicolás Remy], un libro llamado Maravillas de la ciencia (Marvells of Science) de Morryster. Este libro apócrifo es una creación de Ambrose Bierce, quien se refiere a él en El hombre y la serpiente (The Man and the Snake). Nunca sabremos por qué Lovecraft eligió este libro en particular, pero parece haber sido su único intento de hacer este tipo de referencias durante muchos años.

Un protegido de Lovecraft, Frank Belknap Long, dio el primer paso en la referencia cruzada de autores, iniciando así los Mitos de Cthulhu tal como los conocemos. Mientras escribía Los devoradores del espacio (The Space-Eaters), incluyó una cita de una traducción desconocida del Necronomicón de Lovecraft, hecha por el mago isabelino John Dee [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]. Por alguna razón [y aquí se olfatea el humor volátil de Farnsworth Wright] esa cita no se imprimió con la historia en la edición de julio de 1928 de Weird Tales, pero Lovecraft la leyó en el manuscrito original que Frank Belknap Long le había enviado. Como resultado, el flaco de Providence se refirió a la traducción de John Dee [recordemos, fabricada por Long] en El horror de Dunwich (The Dunwich Horror), un relato que de algún modo sentaría las bases para muchos elementos posteriores de los Mitos [ver: La Biblia de Yog-Sothoth: análisis de «El horror de Dunwich»]

Después de esto, Lovecraft y su Círculo comenzaron el proceso de tomar prestados dioses, libros y personas entre sí [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]. Lovecraft siguió el juego con entusiasmo, a menudo incluyendo largas listas de referencias a las creaciones de autores pasados y presentes en sus relatos posteriores. El flaco de Providence podría usar al Tsathoggua de Clark Ashton Smith en una de sus historias, y el californiano le devolvería la cortesía al incluir el Necronomicón en una de las suyas [ver: Ciclo Klarkash-Ton: la ficción lovecraftiana de Clark Ashton Smith]

El proceso mediante el cual se intercambiaban estos elementos es difícil de precisar, porque la cronología de los préstamos no tiene mucho que ver con las ediciones impresas, sino con los manuscritos originales que estos autores se enviaban constantemente. Por lo tanto, a veces la publicación de un elemento prestado en una historia [generalmente en las páginas de Weird Tales] precede a la publicación del original.

En este punto, los Mitos de Cthulhu se convirtieron en algo más que un dispositivo para inspirar horror; también significó un vínculo de amistad y camaradería entre un grupo de escritores.

Además de estas referencias cruzadas, Lovecraft también adoptó algunos autores fuera del Círculo. Uno de ellos es Arthur Machen. El uso que hace el flaco de Providence de una «piedra negra» con propiedades extrañas en El que susurra en la oscuridad (The Whisperer in Darkness), hace eco de la aparición del Ixaxar en El sello negro (The Black Seal) de Arthur Machen. Por otro lado, El horror de Dunwich no solo emplea términos machenianos como «Voorish», «Aklo» y el «Pueblo Blanco» [White People], también alude explícitamente al Gran Dios Pan [The Great God Pan], sustentado por todo un lore de resurgimiento prehistórico, magia y primitivismo. En otras palabras, Lovecraft no solo utiliza términos prestados de otros autores con motivo de homenaje, sino que además incorpora los conceptos mitológicos que los sostienen [ver: «Cánticos de Dhole»: Lovecraft, Tolkien, y una fuente común en Arthur Machen]

Después de leer El Rey de Amarillo y El hacedor de lunas (The Maker of Moons) de Robert W. Chambers, Lovecraft mencionó a Yian, Hastur, el Signo Amarillo [Yellow Sign] y el Lago de Hali. Ya hemos visto que algunos de estos nombres, como Hastur y Carcosa, se originaron en Ambrose Bierce; al cual Lovecraft también había leído extensamente. Finalmente, el flaco de Providence recurrió a Edgar Allan Poe, cuya Narrativa de Arthur Gordon Pym (Narrative of Arthur Gordon Pym) contribuyó no solo a la inspiración para En las Montañas de la Locura (At the Mountains of Madness), sino que además fue la fuente para el escalofriante grito: ¡Tekeli-li!.

A Lovecraft no le preocupaba que estas referencias confundieran o desalentaran a los lectores. A lo sumo, se trataba de un juego de cortesía y admiración entre autores que se escribían, consultaban y colaboraban mutuamente. El lector estaba excluido; solo conocía el material publicado, y nada del ir y venir de manuscritos por correspondencia y préstamos cruzados. Sin embargo, algunos lectores demostraron ser muy perspicaces.

Una carta de un lector de Weird Tales [publicada en la edición de marzo de 1930], llamado N.J. O'Neil, añadió una nueva dimensión a esta polinización cruzada. O'Neil preguntó si «Kathulos» de Robert E. Howard y «Cthulhu» de Lovecraft estaban inspirados en la misma fuente [ver: Cthulhu: origen e historia según el canon de Lovecraft]. También notó la aparición de Yog-Sothoth tanto en El horror de Dunwich como en La última prueba (The Last Test), este último publicado en noviembre de 1928 y acreditado a Adolphe de Castro, aunque en realidad fue una colaboración con Lovecraft. Pero O'Neil no lo sabía [ver: Yog-Sothoth: el nieto de Azathoth y abuelo de Cthulhu]

La carta de O'Neil [que fue seguida por otras] le hizo saber a Lovecraft y a su Círculo que los lectores [o al menos una parte de ellos] encontraban que estas referencias cruzadas eran realmente interesantes. Si bien los lectores no conocían el detrás de escena entre los escritores, por sus cartas a Weird Tales sabemos que muchos de ellos disfrutaban descifrando y reuniendo las piezas de lo que parecía ser una tradición antigua y esotérica. Las frecuentes cartas a Lovecraft y otros escritores sugieren que la mayoría no tenía idea de que estos elementos de fondo eran ficticios.

Dicho esto, ahora podemos profundizar en los pocos elementos que tenemos sobre el Ciclo de Carcosa. 

Sobre su fauna hay poco que decir. Entre las criaturas que conocemos están los Byakhee, seres que desafiarían la imaginación de la comunidad de criptozoólogos, mezcla de topos, murciélagos y cadáveres en descomposición. Los Byakhee sirven a Hastur y frecuentemente participan en sus rituales. También pueden utilizarse como monturas capaces de llevar a sus jinetes entre las estrellas [siempre que hayan bebido el hidromiel espacial]. Al activar un órgano en su abdomen [llamado «Hune»], los Byakhee pueden recorrer increíbles distancias interestelares, tan rápido que el científico desprevenido podría pensar que ha sido teletransportado [ver: Lovecraft y los viajes en el tiempo: la tecnología de los Antiguos]

Con el conocimiento adecuado, los terrícolas pueden convocar a los Byakhee. El hechicero [portador de un Signo Antiguo] debe esperar la presencia de Aldebarán en un punto preciso del horizonte nocturno [la Noche de la Candelaria es ideal], hacer sonar un pequeño cuerno y luego pronunciar la siguiente fórmula mágica:


[¡Iä! ¡Iä! ¡Hastur! Hastur cf'ayak' vulgtmm, vulgtmm, vulgtmm! ¡Ai! ¡Ai! ¡Hastur!]


Según se cree, los Byakhee fueron una vez habitantes inteligentes de una ciudad de otro planeta que fue atraída a Carcosa, una experiencia que volvió loca a su especie y finalmente causó su degradación. Algunos dicen que los Byakhee hicieron un trato con Hastur para que este los apoye en un conflicto que condujo a la destrucción de su mundo natal. Los Byakhee ahora habitan en Carcosa y el espacio interestelar, aunque se sabe que frecuentan Yuggoth y otros mundos [ver: El Multiverso en los Mitos de Cthulhu]

Ahora bien, Carcosa es una ciudad alienígena en las Híades, situada en las orillas del Lago de Hali, a la cual puede accederse desde diferentes mundos y universos. En nuestro planeta hay al menos dos portales geográficos conocidos; uno en el desierto de Gobi, y otro cerca del lago de Galilea. Carcosa se caracteriza por tener edificios altos y negros, pero más aún por los sucesos misteriosos que allí ocurren, entre otros, visiones y sonidos inexplicables, como si allí ocurrieran eventos de otros mundos simultáneamente. En cualquier caso, la arquitectura de Carcosa no es estable; varia en estilo, y el entorno cambia dependiendo de la atención del viajero.

Al otro lado del Lago de Hali se encuentra el palacio de Yhtill, donde se recrea la venida del Rey Eterno [y donde está ambientado El Rey de Amarillo], que además es el hogar de Naotalba, sumo sacerdote de Yhtill [El reparador de reputaciones (The Repairer of Reputations)]. Algunas tradiciones hablan de Naotalba como el rey de Carcosa que envió algunos bibliotecarios a los rincones más lejanos de la Tierra para diseminar el conocimiento de los Grandes Antiguos. Más allá de esto, se sabe que Yhtill una vez existió en otro mundo, hasta que sus pecados se hicieron tan grandes que se incorporó a Carcosa; tal vez por eso la palabra Yhtill significa «extranjero» en la lengua de la ciudad de Alar [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

Carcosa tiene conexiones con nuestro mundo, aunque a menudo son tenues. Además de los portales geográficos, hay otros más pequeños, a veces en forma de obras de arte, que pueden conducir a una persona a Carcosa. Además, una ciudad que se encuentre lo suficientemente degradada puede incorporarse a Carcosa después de una evaluación por parte de la Máscara Pálida [Pallid Mask]. Muy pocos han visitado Carcosa y regresado para contar sus experiencias. Allí es donde tiene lugar la obra El Rey de Amarillo, y algunas tradiciones sostienen que Carcosa fue el hogar original de la humanidad, aunque la descripción original de Ambrose Bierce se limita únicamente a una ciudad en ruinas que no posee los atributos que mencionan autores posteriores.

Máscara Pálida [también conocido como el Fantasma de la Verdad (Phantom of Truth) en El Signo Amarillo] es una entidad de Carcosa conectada con el Rey de Amarillo. En la obra de teatro del mismo nombre, Máscara Pálida actúa como mensajero de Hastur a la ciudad de Yhtill. Al parecer, su función es visitar ciudades decadentes para decidir si deben o no incorporarse a Carcosa. Otras referencias citan a Máscara Pálida como la apariencia que adopta el Rey de Amarillo cuando trata con los mortales, por lo cual podría ser simplemente una extensión suya, no una entidad completamente separada.

Buena parte de la [escasa] información que tenemos sobre Carcosa se encuentra en una copia de Los Fragmentos de Celaeno (Celaeno Fragments), depositada en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic en 1915 por el doctor Laban Shrewsbury, desaparecido poco después. Celaeno es una de las siete estrellas de las Pléyades. En el cuarto planeta en la órbita de Celaeno se encuentra la Gran Biblioteca de Celaeno, donde se guarda la sabiduría robada por los Grandes Antiguos a los Dioses Mayores [ver: Lovecraft y el culto secreto de los Antiguos]

No está claro cómo se almacena esta información. Algunas referencias indican que se encuentra en libros y tablillas, pero otras afirman que se almacena en organismos vivos diseñados genéticamente para ese propósito [ver: Lovecraft y la IA: el futuro es de los Shoggoth]. Los visitantes de la Gran Biblioteca de Celaeno deben llevar el Signo de los Dioses Mayores y no modificar ningún conocimiento escrito o registrado en el código genético de los bibliotecarios. Caso contrario deben vérselas con el Durmiente del Lago [Sleeper of the Lake].

Estos elementos del Ciclo de Carcosa pertenecen a August Derleth [La casa de Curwen Street (The House on Curwen Street); El vigilante del cielo (The Watcher from the Sky)], y si bien Celaeno es una estrella real, ningún astrónomo ha encontrado una gran biblioteca cerca. Es probable que August Derleth haya elegido esta estrella porque estaba tratando de relacionar a los Byakhee con las Arpías de los mitos griegos, cuya reina, llamada Celaeno, se menciona en la Eneida.

Otros libros prohibidos relacionados con el Ciclo de Carcosa son Las revelaciones de Hali (Revelations of Hali), escrito en 1913 por el médium E.S. Bayrolles [Bayrolles aparece originalmente en Un habitante de Carcosa de Ambrose Bierce.], el cual contiene una serie de himnos e invocaciones a una entidad de Carcosa cuyo avatar en la Tierra se conoce como Hoseib Alar Robardin. Por supuesto, se conserva una copia en la Universidad de Miskatonic.

También hay que mencionar el Códice Amarillo (Yellow Codex) [conocido como Folio Xántico (Xanthic Folio)], un conjunto de tablillas [pnakóticas] encontradas en la ciudad en ruinas de Niya, en la provincia china de Xinjiang. Las tablillas hablan de algún tipo de tratado o acuerdo entre las ciudades de Hastur y Carcosa. Algunos han sugerido que las copias en inglés del Códice Amarillo circulaban mucho antes del descubrimiento de las tablillas. Estas copias podrían haber inspirado a ciertas personas [como Robert W. Chambers] a mencionar al Rey de Amarillo en sus obras.

Como decíamos anteriormente, el erudito Laban Shrewsbury pasó mucho tiempo en la Gran Biblioteca de Celaeno y hasta descifró parte de los Fragmentos de Celaeno de las tablillas de piedra que encontró en este lugar. Su copia, por supuesto, está incompleta. Solo consta de algunas notas que, según él, son una traducción bastante fiel de los Fragmentos, particularmente de un capítulo que se remonta a mediados del período Triásico de nuestro planeta.

Posteriormente, algunas expediciones arqueológicas han encontrado pedazos de piedra inscritos con partes de los Fragmentos, y una copia también apareció más tarde en Biblioteca de la Universidad de Miskatonic. Los Fragmentos son breves y constituyen solo cincuenta páginas de las notas de Shrewsbury. En contenido se asemejan mucho a los Fragmentos Pnakóticos (Pnakotic Fragments), aunque las notas de Shrewsbury incluyen algo de información sobre el Rey de Amarillo, Carcosa, y unos pocos datos inconexos sobre los Profundos [ver: El secreto de los «Manuscritos Pnakóticos»]

Hali a veces es mencionado como un lugar [un lago] pero también como una persona, siempre relacionada con el Rey de Amarillo, Hastur y Carcosa. Como lago, las aguas de Hali bañan las costas de Carcosa, aunque algunos han sugerido que el lago se ha secado y que su cuenca árida resuena en nuestra dimensión, y en nuestro propio mundo, en el desierto de Gobi, de ahí que este último sea considerado un portal geográfico a Carcosa.

Otros sostienen que el lago nunca se secó, y que de hecho es la morada de Hastur. En sus aguas habitan criaturas tentaculares que desafían cualquier descripción [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción]. Es sabido que cualquiera que tenga una visión [o un sueño] del Lago Hali pronto será visitado por Hastur o por sus acólitos; este es uno de los pocos elementos que se repiten consistentemente en el Ciclo de Carcosa [El Signo Amarillo (Robert W. Chambers); La ventana en la buhardilla (Derleth y Lovecraft)]

Existen, decíamos, otras variantes de Hali donde no es un lago, o mejor dicho, donde el Lago es una metáfora. Hali es también el nombre árabe de la constelación de Tauro, en la que se encuentran Aldebarán y las Híades. Dado que estas constelaciones son el hogar de Hastur y el Rey de Amarillo, esta explicación también es posible, aunque solo se encuentra en un relato de Marion Zimmer Bradley.

Hali también es el nombre de un nigromante que vivía en la Ciudad Inmemorial [Immemorial City] de Carcosa. Este Hali puede ser aquel cuyo nombre se ha dado al Lago de Hali [Historia de Carcosa sobre Hali (Carcosa Story about Hali), Carter]. En nuestro planeta, el nombre Hali es una deformación del nombre Khalid [ibn Yazid ibn Mu’awiyah (668–704)] un príncipe omeya que renunció al califato de su padre para convertirse en alquimista. En este contexto, el nombre Hali también es una forma corrupta de Ali ibn-Ridwan, filósofo, astrólogo y una de las principales autoridades médicas del siglo XI [es mencionado en los Cuentos de Canterbury (The Canterbury Tales)]. Estos dos Hali perdieron la cabeza [algo común entre los visitantes de Carcosa], pero no podríamos decir que estén relacionados con el Hali de El Rey de Amarillo, aunque es probable que Ambrose Bierce sí los conociera cuando usó el nombre en sus relatos.

Es imposible hablar de Carcosa sin decir algo sobre Hastur [lo cual es paradójico ya que se lo conoce como el Indescriptible (The Unspeakable One)] [ver: Hastur: el dios de los Mitos de Cthulhu anterior a Lovecraft]. La versión más común sostiene que Hastur vive [o está preso] en una estrella oscura cerca de Aldebarán, en la constelación de Tauro. Está relacionado con Carcosa, el Signo Amarillo, el Lago de Hali y el Rey de Amarillo, y a menudo se lo asocia con la decadencia y el nihilismo. Más extraño es que se lo considere como patrono de los pastores.


[«Me encontré con nombres y términos que había escuchado en otros lugares: Yuggoth, el Gran Cthulhu, Tsathoggua, Yog-Sothoth, R'lyeh, Nyarlathotep, Azathoth, Hastur, Yian, Leng, el Lago de Hali, Bethmoora, el Signo Amarillo, Kathulos, Bran y el Magnum Innominandum, que fue atraído a través de eones sin nombre y dimensiones inconcebibles a mundos antiguos, una entidad externa que el autor loco del Necronomicón solo había intuído»]


En este pasaje de El que susurra en la oscuridad de Lovecraft, no está claro si Hastur es una persona, un lugar, un objeto [como el Signo Amarillo] o una deidad. Además, Hastur y el Lago de Hali no son los únicos elementos «externos» que el flaco de Providence incorpora a su mitología. También menciona a Bethmoora [Lord Dunsany], Tsathoggua [Clark Ashton Smith], el Signo Amarillo [R.W. Chambers], Kathulos y Bram [Robert E. Howard].

Existe una confusión considerable sobre la apariencia de Hastur, con posibilidades que van desde una fuerza invisible que solo se puede sentir psíquicamente, hasta un lagarto bípedo de doscientos pies cubierto de tentáculos [ver: Black Goo y otras monstruosidades amorfas en la ficción]. Tiene al menos un avatar: el Lama Esmeralda [Emerald Lama], un monje de aspecto extraterrestre que viste una túnica verde. Sabemos también que, en los raros casos de posesión, la piel de la víctima se vuelve escamosa y sus extremidades parecen corroídas; aunque esto no necesariamente tiene que ver con verdadera forma de Hastur [si es que acaso tiene una verdadera forma], la cual, en todo caso, sigue siendo un misterio.

Los Tcho-Tcho y la gente de K'n-yan adoran a Hastur. En el pasado, también fue reverenciado en Samaria, Attluma e Hyboria. Su culto se considera particularmente abominable, incluso cuando se lo compara con los de los otros Grandes Primigenios. La misión del culto es traer a Hastur a la Tierra, lo cual solo se consigue en presencia de nueve monolitos en forma de V, que imitan la constelación de Tauro. Afortunadamente, hasta ahora han tenido poco éxito [ver: Einstein, la Relatividad y los Antiguos]

Hastur y Shub-Niggurath están estrechamente vinculados. De hecho [¡horror!], se aparearon para producir su propia descendencia repugnante: los Mil Jóvenes [Thousand Young]. También parece haber algún conflicto entre Hastur y Cthulhu, ya que los cultistas terrícolas de ambas entidades se han esforzado por destruirse mutuamente [ver: Cthulhu: anatomía de un Primigenio]. Más adelante en la cronología de los Mitos, August Derleth convirtió a Hastur en hijo de Yog-Sothoth, y medio hermano de Cthulhu [ver: August Derleth: el creador de los Mitos de Cthulhu]

Según algunas fuentes, Hastur no es una entidad, sino una encarnación del principio cósmico de la entropía. En Haita el pastor (Haïta the Shepherd) de Ambrose Bierce, Hastur es el benévolo dios de los pastores. Más tarde, Robert W. Chambers se apropió de Hastur y usó el término como persona y lugar en sus propias historias. Posteriormente, August Derleth tomó a Hastur de la ficción de Chambers. El título: El Que No Debe Ser Nombrado [Him Who Is Not to be Named] aparece en Derleth, pero la idea de que las personas son destruidas simplemente por pronunciar su nombre aparece primero La Llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu).

Aquellos que quieran indagar un poco más en Hastur necesitan algunas lecturas indispensables; entre ellas: Haita el pastor [Bierce]; El regreso de Hastur (The Return of Hastur, Derleth); El que acecha en el umbral (The Lurker at the Threshold, Derleth y Lovecraft); El montículo (The Mound, Lovecraft y Zealia Bishop); La sombra fuera del tiempo (The Shadow Out of Time, Lovecraft) y El que susurra en la oscuridad (The Whisperer in Darkness, Lovecraft). La lista no es definitiva.

Teniendo en cuenta todos estos elementos relacionados con Carcosa, volvamos a su creador: Ambrose Bierce, quien a finales de 1913 abandonó los Estados Unidos para cubrir la Revolución Mexicana, uniéndose al ejército de Pancho Villa como cronista. Al poco tiempo, desapareció sin dejar rastros. Lovecraft y Derleth se refieren de este modo a la misteriosa desaparición de Bierce en El que acecha en el umbral:


[«Ambrose Bierce, y aquí llegamos a algo de naturaleza siniestra (pues Bierce se interesaba en asuntos extraterrestres), desapareció en México. Se dijo que había muerto luchando contra Villa, pero en la época de su desaparición debió de tener más de setenta años y era prácticamente un inválido. Jamás se volvió a saber de él. Esto ocurrió en mil novecientos trece.»]


Sé lo que estás pensando, querido lector de El Espejo Gótico, pero de ningún modo estoy sugiriendo que Ambrose Bierce, tal vez, esté en Carcosa [ver: La misteriosa desaparición de Ambrose Bierce]




Mitos de Cthulhu. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Ciclo de Carcosa [¡Vamos a las Híades con el Rey de Amarillo!] fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Sobre libros y árboles frutales prohibidos


Sobre libros y árboles frutales prohibidos.




Todo libro es un fruto prohibido. Toda biblioteca es una versión mundana del Árbol del Conocimiento.

No hace falta recurrir a libros prohibidos para mordisquear el fruto que condenó a Adán y Eva. No es necesario recorrer las páginas malditas del Necronomicón, El cantar de los vampiros, o los infames Unaussprechlichen Kulten y el De Vermis Mysteriis. Cualquier libro nos permite incurrir gozosamente en el pecado original.

De hecho, pocas metáforas, o kennings, son tan acertadas para la palabra «libro» que «árbol del conocimiento».

Al igual que sucede con los árboles frutales prohibidos, el consumo de libros trae consigo una semilla del pecado original: el Conocimiento, que en la ficción (y en la mayoría de las religiones) siempre trae consecuencias nefastas.

La idea de que un solo libro pueda tener semejante poder es muy antigua, y probablemente se remonta a los albores de la alfabetización. La capacidad de registrar ideas, técnicas, experiencias, fantasías, que éstas sean accesibles para las generaciones venideras, que trasciendan la duración de una mísera vida, es algo sumamente perturbador si uno es un Dios que lo permite todo, excepto el conocimiento.

Los lectores de El Espejo Gótico seguramente podrán identificar varios ejemplos de libros prohibidos, además de los que ya hemos proporcionado, porque hoy nos ocuparemos de uno en particular, un libro cuyos frutos prescinden de la magia, de lo oculto, para despertar este conocimiento atroz en cada individuo que lo examina.

Nos referimos a El Rey de Amarillo (The King in Yellow), de Robert W. Chambers.

El Rey de Amarillo coincide con esa vasta bibliografía de frutos prohibidos. Su consumo trae conocimiento, es cierto, una conciencia lo suficientemente poderosa como para desintegrar las almas de sus lectores; pero al mismo tiempo es diferente de los libros apócrifos de H.P. Lovecraft, y de tantos otros emuladores contemporáneos. El Rey de Amarillo no es un libro de ocultismo, un grimorio, o un manual de procedimientos de magia negra: es una obra dramática, una obra de teatro.

En este sentido, El Rey de Amarillo se parece más al fruto prohibido que cualquier otro libro, no solo porque en su interior se encuentra el dulce sabor del conocimiento, sino porque su exterior también invita a degustarlo, contrariamente a lo que sucede con el libro prohibido estándar, encuadernado de forma tal que incluso al tacto produce rechazo.

Leer un libro —cualquier libro— es como morder el fruto prohibido, porque la adquisición de Conocimiento implica la pérdida del estado de Inocencia; condición indispensable si uno quiere vivir en el Edén.

Por eso Adán y Eva se cubrieron después de saborear el fruto, se ocultaron de la mirada de Dios: ya no eran inocentes. Por eso, quizás, los lectores de El Rey de Amarillo viven en áticos lúgubres, completamente aislados de la mirada de los demás.

No es mucho lo que se conoce sobre El Rey de Amarillo, salvo fragmentos aislados. Ni siquiera el nombre de su autor ha trascendido. Sabemos, eso sí, que se suicidó al terminarlo en 1889. Si bien el libro no tiene título, se lo conoce como Rey de Amarillo debido a un enigmático símbolo: el Signo Amarillo, en el que algunos creen reconocer una entidad interdimensional, otros, un dios olvidado.

El libro consta de dos bocados, quiero decir, de dos partes. La primera advierte sobre las consecuencias de leer la segunda. Todo aquel que examine sus páginas está condenado al goce supremo de perder la cordura.

Para mayores sincronías con el mito bíblico también hay una especie de Trinidad en este libro.

La primera es el propio libro.

La segunda, una entidad misteriosa conocida como Rey de Amarillo.

La tercera es el símbolo, el Signo Amarillo.

También hay tres personajes en el libro: Cassilda, Camilla y El Extraño (The Stranger), que puede o no ser visto como una especie de Lucifer.

Robert W. Chambers, quizás para evitar que sus lectores caigan en la locura del conocimiento, solo cita pequeños extractos del Acto I de El Rey de Amarillo; es decir, de aquel acto que advierte sobre los peligros de leer el segundo. El Acto I puede verse como una especie de Edén, antes de que Eva fuera tentada por la serpiente. Hay una banalidad allí, una inocencia indispensable para que que se produzca el efecto demoledor del Acto II.

Es decir que el Acto I es bastante ordinario, como la vida en el Edén. No pasa demasiado, y lo poco que pasa no merece mayor desarrollo. Recién cuando irrumpe el Acto II, la verdad revelada de El Rey de Amarillo se vuelve irresistible. Incluso examinar la primera página del Acto II, apenas moderla, saborear un pequeño bocado, es suficiente para arrojar al lector desde un estado de inocencia, o de ignorancia, hacia la horrible dimensión del conocimiento.

El Conocimiento no es gratuito, tiene un precio, y es dulce, como el fruto, porque nunca produce saciedad.

Desde aquí recomendamos cautela al lector ávido de conocimiento. Nadie sabe realmente cuál es el aspecto de El Rey de Amarillo. Podría estar en tu biblioteca, aguardándote silenciosamente. Podría ser todos los libros.




Taller literario. I Libros prohibidos.


Más literatura gótica:
El artículo: Sobre libros y árboles frutales prohibidos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El misterio de la elección»: Robert W. Chambers; libro y análisis


«El misterio de la elección»: Robert W. Chambers; libro y análisis.




El misterio de la elección (The Mystery of Choice) es una colección de relatos fantásticos del escritor norteamericano Robert W. Chambers (1865-1933), publicada en 1897.

El misterio de la elección agrupa algunos de los cuentos de Robert W. Chambers menos conocidos, sobre todo si los comparamos con el ciclo de El rey amarillo (The King in Yellow), pero que de todas maneras tuvieron una influencia notable en el relato de terror y el relato pulp a lo largo del siglo XX.




El misterio de la elección.
The Mystery of Choice, Robert W. Chambers (1865-1933)
  • El mensajero (The Messenger)
  • La barquera (Passeur)
  • La llave del dolor (The Key to Grief)
  • El emperador púrpura (The Purple Emperor)
  • Envoi (Envoi)
  • La sombra blanca (The White Shadow)
  • Pompas fúnebres (Pompe Funèbre)
  • Un asunto de interés (A Matter of Interest)




Antologías. I Libros de Robert W. Chambers.


El análisis y resumen del libro de Robert W. Chambers: El misterio de la elección (The Mystery of Choice), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Robert W. Chambers: cuentos destacados


Robert W. Chambers: cuentos destacados.




Robert W. Chambers (1865-1933) fue un extraordinario escritor norteamericano, autor de verdaderos clásicos del relato fantástico y el relato de terror. En este sentido, los cuentos de Robert W. Chambers llegarían a convertirse en clásicos del relato pulp, además de auténticas referencias para los autores más importantes de aquel período; entre ellos, nada menos que H.P. Lovecraft.

Aquí iremos compartiendo todos los cuentos de Robert W. Chambers.




Cuentos de Robert W. Chambers.
  • Ciclo de Carcosa.
  • El hacedor de lunas (The Maker of Moons)
  • El mensajero (The Messenger)
  • El misterio de la elección (The Mystery of Choice)
  • El reparador de reputaciones (The Repairer of Reputations)
  • El rey amarillo (The King in Yellow)
  • El signo amarillo (The Yellow Sign)
  • En la corte del dragón (In the Court of the Dragon)
  • La barquera (Passeur)
  • La doncella de Ys (The Demoiselle d'Ys)
  • La llave del dolor (The Key to Grief)
  • La máscara (The Mask)
  • Una velada agradable (A Pleasant Evening)
  • Abajo y afuera (Down and Out)
  • Carondelet (Carondelet)
  • Cenizas del infierno (Hell's Ashes)
  • Coleccionista del puerto (Collector of the Port)
  • Desde las profundidades (Out of the Depths)
  • Drusilla y Pa-Pah (Drusilla and Pa-Pah)
  • El agua negra (The Black Water)
  • El árbol del cielo (The Tree of Heaven)
  • El caso del señor Helmer (The Case of Mr. Helmer)
  • El crimen (The Crime)
  • El dios de las batallas (The God of Battles)
  • El emperador púrpura (The Purple Emperor)
  • El fantasma de la suerte (The Ghost of Chance)
  • El germen de la locura (The Germ of Madness)
  • El guardián del fuego (The Fire-Warden)
  • El hombre en la mesa de al lado (The Man at the Next Table)
  • El inmortal (The Immortal)
  • El maestro portuario (The Harbour Master)
  • El mejor hombre (The Better Man)
  • El mensajero fatal (The Fatal Messenger)
  • El pájaro de fuego (The Fire-Bird)
  • El paraíso del profeta (The Prophets' Paradise)
  • El par nupcial (The Bridal Pair)
  • El pozo dorado (The Golden Pool)
  • El progreso de Janet (The Progress of Janet)
  • El rastreador de personas perdidas (The Tracer of Lost Persons)
  • El sacrificio (The Sacrifice)
  • El sello de Salomón (The Seal of Solomon)
  • El signo de Venus (The Sign of Venus)
  • El susurro (The Whisper)
  • El tercer ojo (The Third Eye)
  • En el nombre del Altísimo (In the Name of the Most High)
  • En la búsqueda del Dingue (In Quest of the Dingue)
  • En la búsqueda del gran Auk (In Search of the Great Auk)
  • En la búsqueda del mamut (In Search of the Mammoth)
  • En Nauvoo (In Nauvoo)
  • Entra la reina (Enter the Queen)
  • Excuria (Excuria)
  • Extraordinario embajador (Ambassador Extraordinary)
  • La alfombra de Belshazzar (The Carpet of Belshazzar)
  • La aparición espléndida (The Splendid Apparition)
  • La banda resplandeciente (The Shining Band)
  • La batería de Smith (Smith's Battery)
  • La cabeza del búho (Owl's Head)
  • La calle de los cuatro vientos (The Street of the Four Winds)
  • La calle de Nuestra Dama de los Campos (The Street of Our Lady of the Fields)
  • La ciudad de Nueva Yor en los años '30 (New York City in the 1930s)
  • La habitación verde (The Green Room)
  • La hermana del muchacho (The Boy's Sister)
  • La muerte de Yarghouz Khan (The Death of Yarghouz Khan)
  • La pequeña miseria (The Little Misery)
  • Las damas del lago (The Ladies of the Lake)
  • La sombra blanca (The White Shadow)
  • Las piernas de Lucille (Lucille's Legs)
  • La tierra silenciosa (The Silent Land)
  • Lo real (The Real Thing)
  • Los huevos de la luna plateada (The Eggs of the Silver Moon)
  • Los tres sueños (The Tree of Dreams)
  • Los zapatos de Marlitt (Marlitt's Shoes)
  • Magia gris (Grey Magic)
  • Número siete (Number Seven)
  • Otro buen hombre (Another Good Man)
  • Piquetes (Pickets)
  • Pompas fúnebres (Pompe Funèbre)
  • Ratón verde (Green Mouse)
  • Rastro de muerte (Death Trail)
  • Rue Barrée (Rue Barrée)
  • Samaris (Samaris)
  • Sibila (Sybilla)
  • Una cuestión de interés (A Matter of Interest)
  • Un asunto internacional (An International Affair)
  • Un cuento infantil (A Nursery Tale)
  • Un hombre en un millón (One Man in a Million)
  • Un hombre joven en apuros (A Young Man in a Hurry)
  • Un peregrino (A Pilgrim)
  • Yo Espero (Yo espero)




Antologías. I Relatos de Robert W. Chambers.


El artículo: Robert W. Chambers: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Haïta el pastor»: Ambrose Bierce; relato y análisis


«Haïta el pastor»: Ambrose Bierce; relato y análisis.




Haïta el pastor (Haïta the Shepherd) es un relato de terror del escritor norteamericano Ambrose Bierce (1842-1914), publicado originalmente en la edición del 24 de enero de 1891 de la revista The Wave, y luego reeditado en dos ocasiones: en la antología de 1891: Cuentos de soldados y civiles (Tales of Soldiers and Civilians), y en la colección de 1910: ¿Pueden existir estas cosas? (Can Such Things Be?).

Haïta el pastor, uno de los grandes relatos de Ambrose Bierce, cuenta la historia de un joven e inocente pastor, llamado Haïta, y su relación con Hastur, el dios de los pastores [Ciclo de Carcosa: ¡Vamos a las Híades con el Rey de Amarillo!]

Es importante mencionar que en Haïta el pastor aparece por primera vez el nombre del dios Hastur, el cual luego pasaría a engrosar el panteón de los Mitos de Cthulhu.

El propio H.P. Lovecraft utilizó al Hastur de Ambrose Bierce en el relato: El que susurra en la oscuridad (The Whisperer in Darkness). Previamente, sin embargo, Robert W. Chambers ya había hecho lo propio en la colección: El Rey de Amarillo (The King in Yellow), de 1895, donde Hastur aparece en tres cuentos: La doncella de Ys (The Demoiselle D'Ys), El reparador de reputaciones (The Repairer of Reputations) y en el clásico: El signo amarillo (The Yellow Sign).

Más allá de este vínculo con los Mitos de Cthulhu, Haïta el pastor es un excelente relato en sí mismo; un cuento de Ambrose Bierce que evidencia, otra vez, que fue uno de los grandes maestros del género.




Haïta el pastor.
Haïta the Shepherd, Ambrose Bierce (1842-1914)

En el corazón de Haïta las ilusiones de la juventud no habían sido suplantadas por esas, de la edad y la experiencia. Sus pensamientos eran puros y placenteros, pues su vida era simple y su alma estaba desprovista de ambición. Se levantaba con el sol y andaba a rezar al santuario de Hastur, el dios de los pastores, quien oía y se complacía.

Después de realizar ese rito piadoso, Haïta abría el portón del redil y, con una mente animada, conducía su rebaño a la campiña, comiendo su matinal harina de cuajada y pastel de avena mientras andaba, haciendo una pausa, ocasionalmente, para agregar unas pocas bayas frías de rocío, o para beber de las aguas que venían de las colinas para unirse al riachuelo en el centro del valle, y ser llevadas a lo largo de éste él no sabía adónde.

Durante el largo día de verano, mientras sus ovejas pacían la hierba buena, que los dioses habían hecho crecer para ellas, o yacían con sus patas delanteras dobladas bajo sus pechos, y rumiaban el bolo, Haïta, reclinado a la sombra de un árbol, o sentado sobre una roca, tocaba una música tan dulce en su flauta de junco que a veces, por el rabillo del ojo, tenía vislumbres accidentales de las deidades selváticas menores, que se inclinaban afuera del matorral para oír, aunque si él las miraba de forma directa, éstas se desvanecían.

De esto —pues él debía estar pensando si no se convertiría en una de sus propias ovejas— extrajo la solemne inferencia de que la felicidad podía venir si no era buscada, y que si era buscada nunca sería vista; pues junto al favor de Hastur, que nunca se revelaba, Haïta valoraba mucho el amistoso interés de sus vecinos, los tímidos inmortales del bosque y el riachuelo. Al anochecer conducía su rebaño al redil de vuelta, veía que el portón estuviera asegurado y se retiraba a su cueva para refrescarse y para los sueños.

Así pasaba su vida, un día igual a otro, salvo cuando las tormentas proferían la furia de un dios ofendido. Entonces Haïta se agachaba en su cueva, el rostro oculto entre las manos, y rezaba para que sólo él pudiera ser castigado por sus pecados, y el mundo se salvara de la destrucción. A veces, cuando había una gran lluvia y el riachuelo se salía de sus orillas, y lo compelía a empujar a su rebaño aterrado a las tierras altas, intercedía por las gentes de las ciudades, que le habían dicho estaban en la llanura más allá de las dos colinas azules, que formaban la puerta de entrada de su valle.

—Es amable de tu parte, oh Hastur —así rezaba—, que me hayas dado unas montañas tan cercanas a mi vivienda y mi redil, que yo y mis ovejas podamos escapar de los torrentes coléricos, pero tú mismo debes liberar al resto del mundo de algún modo que yo no sé, o no te voy a adorar más.

Y Hastur, sabiendo que Haïta era un joven que mantenía su palabra, se apiadaba de las ciudades y hacía volver las aguas al mar.

Así había vivido desde que podía recordar. No podía concebir rectamente cualquier otro modo de existencia. El santo ermitaño que moraba en la cabeza del valle, a toda una hora de viaje, de quien había oído el cuento de las grandes ciudades, donde moraban las gentes -¡pobres almas!- que no tenían ovejas, no le dio ningún conocimiento de ese tiempo temprano, cuando, como razonaba, él debió haber sido pequeño e indefenso como un cordero.

Fue a través de la meditación de esos misterios y maravillas, y de ese cambio horrible hacia el silencio y la corrupción, que estaba seguro debería llegarle a él en algún tiempo, como había visto llegarle a muchas ovejas de su rebaño -como le llegaba a todos los seres vivos excepto a los pájaros- que Haïta fue consciente por primera vez de lo miserable y sin esperanza que era su suerte.

—Es necesario —dijo—, que yo sepa de dónde y cómo he venido, ¿pues cómo puede uno realizar sus deberes, a menos que sea capaz de juzgar lo que éstos son, por la forma en que fue instruido con ellos? ¿Y qué contento puedo tener yo, cuando no sé cuánto tiempo va a durar eso? Acaso, antes del otro sol, yo pueda haber cambiado, ¿y entonces qué será de las ovejas? ¿Qué, en efecto, habrá sido de mí?

Al ponderar estas cosas Haïta se tornó melancólico y hosco. Ya no le habló a su rebaño de modo animado, ni corrió con alacridad al santuario de Hastur. En cada brisa oyó los susurros de las deidades malignas, cuya existencia observaba ahora por primera vez. Cada nube fue un portento que significaba un desastre, y la oscuridad estaba llena de terrores. Su flauta de junco, cuando se la aplicaba a los labios, no soltaba una melodía, sino un lamento lúgubre; las inteligencias selváticas y ribereñas ya no se agolpaban en la espesura para escuchar, sino huían del sonido, como él sabía por las hojas agitadas y las flores inclinadas.

Él se relajó en su vigilancia, y muchas de sus ovejas se alejaron hacia las colinas y se perdieron. Las que quedaron se pusieron magras y enfermas por la carencia de buen pastoreo, pues él no lo buscaba para ellas, sino las conducía día tras día al mismo sitio, sumido en la mera abstracción, mientras se quedaba perplejo con lo misterioso de la vida y la muerte, con la inmortalidad que no conocía.

Un día, mientras se entregaba a las reflexiones más tenebrosas, súbitamente, saltó de la roca en la que estaba sentado y, con un gesto decidido de la mano derecha, exclamó:

—Yo no voy a ser más un suplicante del conocimiento que los dioses retienen. Que ellos miren a que no me hagan mal. Yo voy a cumplir con mi deber lo mejor que pueda, ¡y si me equivoco que caiga sobre sus propias cabezas!

Súbitamente, mientras hablaba, una gran brillantez cayó sobre él, haciéndolo mirar hacia arriba, pensando que el sol había irrumpido por una grieta en las nubes, pero no había nubes. No más lejos que la longitud de un brazo, estaba parada una bella doncella.

Era tan bella que las flores a sus pies doblaban sus pétalos con desespero, e inclinaban sus cabezas en muestra de sumisión; tan dulce su mirada que los colibríes se agolpaban en sus ojos, y lanzaban sus picos sedientos casi en éstos, y las abejas silvestres estaban alrededor de sus labios. Y su brillantez era tal, que las sombras de todos los objetos yacientes divergían de sus pies, girando mientras ella se movía.

Haïta estaba en trance. Se levantó, se arrodilló delante de ella en adoración, y ella puso su mano sobre su cabeza.

—Ven —dijo ella con una voz que tenía la música de todas las campanas de su rebaño—, ven, tú no estás para adorarme, pues yo no soy una diosa, pero si tú eres verídico y obediente, yo habitaré contigo.

Haïta tomó su mano y, tartamudeando su regocijo y gratitud, se levantó y, mano con mano, se pararon y se sonrieron a los ojos el uno al otro. Él la miraba con reverencia y rapto. Le dijo: -Yo te ruego, adorable doncella, decirme tu nombre y de dónde y por qué has venido.

Ante eso ella puso un dedo de advertencia en su labio, y empezó a retirarse. Su belleza sufrió una visible alteración que lo hizo estremecer a él, sin saber por qué, pues ella era bella aún. El paisaje fue oscurecido por una sombra gigante que recorrió el valle con la velocidad de un buitre. En la oscuridad la figura de la doncella se volvió borrosa y confusa, y su voz pareció venir desde la distancia, mientras ella decía, en un tono de pesaroso reproche:

—¡Joven presuntuoso y desagradecido!, ¿yo debo entonces dejarte tan pronto? ¿No habría nada que hacer, para que tú no debas romper por una vez el pacto eterno?

Indeciblemente agraviado, Haïta cayó de rodillas y le imploró que se quedara, se levantó y la buscó en la oscuridad profunda, corrió en círculos, la llamó en voz alta, pero todo fue en vano. Ella ya no era visible, pero fuera de la tiniebla él oía su voz diciendo:

—No, tú no me tendrás si me buscas. Ve a tu deber, pastor sin fe, o nunca nos volveremos a encontrar.

La noche había caído, los lobos estaban aullando en las colinas, y las ovejas aterradas se agrupaban junto a los pies de Haïta. Con las demandas de la hora éste olvidó su decepción, condujo sus ovejas al redil y, acudiendo a su lugar de adoración, derramó su corazón en gratitud a Hastur, por haberle permitido salvar su rebaño, luego se retiró a su cueva y durmió.

Cuando Haïta se despertó, el sol estaba alto y resplandecía adentro de la cueva, iluminando ésta con una gran gloria. Y allí, junto a él, estaba sentada la doncella. Ella le sonrió con una sonrisa, que parecía la música visible de su flauta de junco. Él no se atrevió a hablar, temiendo ofenderla como antes, pues no sabía qué se podría aventurar a decir:

—Porque —dijo ella—, tú hiciste tu deber con el rebaño, y no te olvidaste de agradecer a Hastur por detener a los lobos en la noche, yo vengo a ti de nuevo. ¿Quieres tenerme por compañera?

—¿Quién no quisiera tenerte para siempre? —replicó Haïta—. ¡Oh! Nunca más me dejes hasta que, hasta que yo cambie y me vuelva silencioso y estático.

Haïta no tenía una palabra para la muerte.

—Me gustaría, en efecto —continuó—, que tú fueras de mi propio sexo, para que pudiéramos luchar y correr carreras, y así nunca cansarnos de estar juntos.

Ante esas palabras la doncella se levantó y salió de la cueva, y Haïta, saltando de su lecho de ramas fragantes, para adelantarse y detenerla, observó para su asombro que la lluvia estaba cayendo, y que el riachuelo en medio del valle se había salido de sus orillas. Las ovejas estaban balando con terror, pues las aguas crecidas habían invadido su redil. Y había peligro para las ciudades desconocidas de la llanura distante.

Pasaron muchos días antes de que Haïta viera a la doncella de nuevo. Un día estaba retornando de la cabeza del valle, donde había ido con leche de oveja, torta de avena y bayas para el santo ermitaño, que era demasiado viejo y débil para proveerse de alimentos.

—¡Pobre viejo! —dijo en voz alta, mientras caminaba con dificultad a casa.

—Voy a retornar mañana, y me lo voy a llevar en mi espalda a mi propia vivienda, donde puedo cuidar de él. Sin dudas, es por eso que Hastur me ha criado por todos estos muchos años, y me ha dado salud y fuerza.

Mientras hablaba, la doncella, vestida con prendas lustrosas, lo encontró en el sendero con una sonrisa que le quitó el aliento.

—Yo vengo de nuevo —dijo—, para morar contigo si tú me quieres tener ahora, pues nadie más me tendrá. Tú puede que hayas adquirido sabiduría, y estés deseando tomarme como yo soy, sin cuidarte de saber.

Haïta se arrojó a sus pies.

—Ser bello —gritó—, si sólo te dignas a aceptar toda la devoción de mi corazón y alma, después que Hastur sea servido, éstos serán tuyos para siempre. ¡Pero ay!, tú eres caprichosa y descarriada. Antes del sol de mañana yo puedo perderte de nuevo. Prométeme, te lo ruego, que si en mi ignorancia yo puedo ofenderte de algún modo, tú me vas a perdonar y quedarte conmigo para siempre.

Apenas había terminado de hablar, cuando una tropa de osos salió de las colinas, corriendo hacia él con bocas carmesíes y ojos feroces. La doncella se desvaneció de nuevo, y él se volteó y huyó para salvar su vida. No se detuvo hasta que estuvo en la cabaña del santo ermitaño, de donde había salido. Tras atrancar la puerta rápido contra los osos, se echó al suelo y lloró.

—Hijo mío —dijo el ermitaño desde su lecho de paja, recién reunida esa mañana por las manos de Haïta—, no es como si tú lloraras por los osos, dime qué pesar te ha caído, la edad puede ministrar las heridas de la juventud con bálsamos, como el de la sabiduría.

Haïta le dijo todo: cómo se había encontrado tres veces con la doncella radiante, y las tres veces que ella lo había dejado desamparado. Él relató de forma minuciosa todo lo que había pasado entre ellos, sin omitir ni una palabra de lo que se ha dicho.

Cuando hubo terminado, el santo ermitaño estuvo un momento en silencio, luego dijo:

—Hijo mío, yo he atendido a tu historia, y conozco a la doncella. Yo mismo la he visto, como muchos. Sabe entonces que su nombre, que ella incluso no te permitiría preguntar, es Felicidad. Tú le dijiste la verdad, que ella es caprichosa porque impone condiciones que un hombre no puede cumplir, y el descuido es castigado con la deserción. Ella viene sólo cuando no es buscada, y no se le pregunta. Una manifestación de curiosidad, un signo de duda, una expresión de recelo, ¡y ella está lejos! ¿Cuánto tiempo la tuviste cada vez antes de que huyera?

—Sólo un instante —respondió Haïta, sonrojado por la confesión—. Cada vez la llevé lejos en un momento.

—¡Joven infortunado! —dijo el santo ermitaño—, si no fuera por tu indiscreción, la habrías podido tener dos.
Ambrose Bierce (1842-1914)




Relatos góticos. I Relatos de Ambrose Bierce.


Más literatura gótica:
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10 mejores libros para regalar en Halloween


10 mejores libros para regalar en Halloween.




Damos comienzo al mes de Halloween en El Espejo Gótico. Este año nos sumamos a la propuesta del autor Neil Gaiman, bautizada All Hallow's Reads, a la cual se han suscrito personalidades destacadas de lo macabro, entre ellas, el irritable Michael Myers.

¿De qué se trata?

Básicamente de no regalar dulces en Halloween y, en cambio, obsequiar libros, preferiblemente de terror.

Antes de pasar a nuestra lista les dejamos un video donde el autor explica su propuesta:




Los que deseen participar pueden leer las bases en la página oficial de All Hallow's Reads.

Ahora sí, a leer.



10- Drácula (Dracula, Bram Stoker)


¿Demasiado trillado? Quizás. No obstante, Drácula es un clásico de la novela gótica que nunca nos dejará mal parado.

Además, recordemos que Jonathan Harker llega al castillo del conde Drácula en Transilvania durante la Walpurgisnacht, o Noche de Walpurgis. Si bien esta festividad se sitúa en abril, su nombre, literalmente «noche de brujas», resulta muy adecuada como sustituto de Halloween.



9- Frankenstein (Frankenstein, Mary Shelley)


¿Qué diablos tiene que ver Frankenstein con la noche de Halloween? Poco, al menos directamente, pero mucho en lo esencial.

La idea central de Frankenstein fue concebida por Mary Shelley durante una noche de tormenta en Villa Diodati, reunida con otros autores como lord Byron, Percy Shelley y John Polidori. Aquella tertulia estuvo signada por las directrices que luego serían parte de la Noche de Brujas: historias de terror, insomnio, máscaras, y probablemente generosas dosis de láudano.



8- El exorcista (The Exorcist, William Peter Blatty)


Libro ideal para aquellos que deseen dejar una lección en Halloween.

Regan MacNeil, capaz de entablar verdaderas batallas psicológicas con sus exorcistas y vomitar a varios metros de distancia, festeja la noche de Halloween justo antes de experimentar los primeros síntomas de posesión demoníaca.

La lección: no jugar con el Tablero Ouija o el Juego de la Copa en la víspera de noche de brujas.



7- La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House, Shirley Jackson)


Tal vez una de las mejores historias de fantasmas del siglo XX.

La maldición de Hill House transcurre lejos de Halloween, pero la causa principal de su maldición, el horrendo Hugh Crain, practicaba en la noche de brujas los más abominables ritos, entre los cuales se incluía la masacre de inocentes con el objetivo de capturar sus almas.



6- Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, Henry James)


Todavía hoy se discute cuál es la naturaleza del mal que se esconde en las páginas de Otra vuelta de tuerca.

Los críticos no se han puesto de acuerdo, tampoco nosotros; lo que sí podemos afirmar más allá de toda duda es que Halloween parece ser la fecha en la que se desarrolla el punto crítico de la obra.

Henry James consolida aquí una brillante historia capaz de generar confusión y suspenso, pero también una atmósfera íntima que acentúa el horror del final.


5- La guerra de los mundos (The War of the Worlds, H.G. Wells)


¿Alienígenas en Halloween? No exactamente.

La novela clásica de H.G. Wells ni siquiera menciona la noche de brujas; sin embargo, el 30 de octubre de 1838, Orson Welles emitió su versión radial de la historia como parte de los episodios especiales de Halloween.

Aquellos radioescuchas que no captaron el comienzo, donde se aclaraba que todo el programa era en realidad ficción, se entregaron mansamente al pánico.



4- El ceremonial (The Festival, H.P. Lovecraft)


Si bien la historia no transcurre durante el Halloween tradicional, H.P. Lovecraft evoca en este formidable relato de terror cómo sería la noche de brujas festejada por las criaturas más grotescas del inframundo.

Tertulia más bien blasfema, lunática, donde los mortales no son invitados.

Excelente opción para una lectura rápida y sin fisuras.



3- El gran dios Pan (The Great God Pan, Arthur Machen)


El dios Pan, aquel personaje ambiguo de los mitos griegos, nos recuerda que la noche de Halloween se construyó sobre antiguas festividades paganas en las cuales se ofrecían tributos innombrables a las fuerzas de la naturaleza.

Arthur Machen, por otro lado, recupera aquella vieja tradición y la transforma en un relato maldito, donde el horror más abyecto se combina con una rara fascinación por lo grotesco.

Ideal para regalar en Halloween.



2- El signo amarillo (The Yellow Sign, Robert W. Chambers)


Algunos signos tienen un propósito definido: dar comienzo a algo; una noche, una festividad, un asesinato.

Este horroroso glifo perfilado por Robert W. Chambers, base fundamental para los Mitos de Cthulhu, se propone esparcir el hábito y los excesos de Halloween a todas las noches del año.




1- El árbol de Halloween (The Halloween Tree, Ray Bradbury)


Notable historia de Ray Bradbury, a veces editada en español como El árbol de las brujas.

Aquí, un grupo de muchachos rastrea el paradero de Pipkin, quien ha sido secuestrado en la noche de Halloween por una fuerza misteriosa.

Liderados por siniestras criaturas que visten sudarios y carecen de clavículas, los muchachos se lanzan en una aventura que los llevará a recorrer diferentes épocas, las cuales explican la razón de cada pequeña tradición de Halloween que observamos actualmente.




Más antologías.

Más literatura gótica:
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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Fitz-James O'Brien.
Relato de Arthur Machen.
Relato de Edmond Hamilton.


Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.