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Paschal Beverly Randolph: libros en español


Paschal Beverly Randolph: libros en español.




Paschal Beverly Randolph (1825-1875) fue un destacado espiritualista norteamericano, autor de algunos de los grandes libros de ocultismo de la época. En este sentido, los libros de Paschal Beverly Randolph son considerados verdaderos clásicos del esoterismo del siglo XIX.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos analizando y compartiendo todos los libros de Paschal Beverly Randolph.




Libros de Paschal Beverly Randolph.
  • La maravillosa historia de Ravalette (The Wonderful Story of Ravalette)
  • Los misterios de Eulis (The Mysteries of Eulis)
  • Amor humano (Human Love)
  • Amor, mujer y matrimonio (Love, Woman, and Marriage)
  • Clarividencia: cómo producirla (Clairvoyance, How to Produce It)
  • El amor y la pasión suprema (Love and the Master Passion)
  • El amor y su historia oculta (Love and Its Hidden History)
  • El descubrimiento (The Unveiling)
  • El gran secreto (The Grand Secret)
  • El hombre preadamita (Pre-Adamite Man)
  • El libro del triple orden (The Book of the Triplicate Order)
  • La historia de los rosacruces (The Rosicrucian Story)
  • La nueva melaza: el secreto de la mediumnidad (The New Mola! The Secret of Mediumship)
  • Lara (Lara)
  • Los males del hábito al tabaco (The Evils of the Tobacco Habit)
  • Magia Sexualis (Magia Sexualis)
  • Trato con los muertos (Dealings With the Dead)
  • Un caso triste: el gran error (A Sad Case; A Great Wrong)
  • ¡Videncia! El espejo magnético (Seership! The Magnetic Mirror)
  • Waa-gu-Mah (Waa-gu-Mah)




Libros prohibidos. I Autores con historia.


El artículo: Paschal Beverly Randolph: libros en español fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Liber Secretus»: Artephius y la receta de la Piedra Filosofal


«Liber Secretus»: Artephius y la receta de la Piedra Filosofal.




Liber Secretus (El libro secreto) es un libro prohibido del alquimista del siglo XII Artephius, o Artefius, un personaje oscuro, casi tanto como las páginas que se le atribuyen.

La leyenda renacentista sostiene que Artephius nació en el siglo I d.C. y que murió en el siglo XII, gracias al descubrimiento de un elixir alquímico que algunos vinculan con la Piedra Filosofal, lo cual hizo posible que prolongara su vida más allá de lo aconsejable. El propio Artephius afirma en el Liber Secretus, tal vez para despistar a sus acreedores, tener más de mil años caminando bajo el sol.

El Liber Secretus describe con todo detalle todo el proceso de preparación de la Piedra Filosofal.

a- La preparación del Fuego Secreto, algo así como un solvente, o catalizador, que omiten la mayoría de los tratados alquímicos.

b- La preparación del Mercurio, especie de vapor misterioso, creado a partir del hierro y el antimonio.

c- La preparación de la Piedra Filosofal propiamente dicha, a partir de los elementos antes mencionados.

Demasiado simple, en apariencia, pero el Liber Secretus realmente le hace honor a su nombre, ya que estas operaciones no se presentan en una secuencia ordenada, ni siquiera lógica. Uno puede pensar que está preparando la masa del gran bizcochuelo filosofal y, en realidad, estar mezclando los ingredientes para su decoración.

Peor aun, el Liber Secretus emplea un lenguaje alusivo, recóndito, donde se utilizan distintos nombres para referirse a una misma cosa, a veces en dentro de un solo párrafo, generando de este modo el típico desánimo de las actividades alquímicas.

A pesar de estos sutiles ocultamientos, el Liber Secretus es un texto alquímico excepcionalmente claro en cuanto a los ingredientes que uno debe procurarse para fabricar la Piedra Filosofal, pero oscuro como la noche cuando se trata de ordenar los procesos de preparación.

Por todos estos motivos, el Liber Secretus fue uno de los libros alquímicos más buscados durante el Renacimiento, a tal punto que se disputan algunas revisiones apócrifas, como la de Fulcanelli, autor de El misterio de las catedrales (Le Mystère des Cathédrales), quien le atribuye a Artephius ser el primero en hablar claro sobre el tema, aunque desordenadamente.

Ahora bien, si el Liber Secretus posee o no la receta de la Piedra Filosofal, y en consecuencia de la vida eterna, es irrelevante para el profano. Incluso una lectura recreativa es una experiencia difícil, fatigosa, ya que las operaciones no se presentan en secuencia, con lo cual la fibra más íntima del libro, su estructura, carece de un principio y un final. Incluso una persona experta en el arte de la alquimia deberá ejercitar enormemente la paciencia para extraer un mísero párrafo inteligible.

El propio Fulcanelli, verdadero hacedor de maravillas alquímicas, confesó haber perdido veinte años de su vida en operaciones inocuas hasta que encontrar el Liber Secretus, cuyas páginas despejaron la desorientación del sabio y lo pusieron tras la pista de la Piedra Filosofal. En este contexto es lícito suponer que todo aquel que consiga tamaño logro, la vida eterna, se retire de los asuntos mundanos. Fulcanelli lo hizo. También Artephius.

Descifrar el complejo desorden del Liber Secretus está más allá de nuestras posibilidades y, francamente, también de nuestro interés. Dedicarle la vida entera a la vida eterna nos parece un despropósito. Pero quizás la desmesura del objetivo final del libro, obtener la Piedra Filosofal, requiera un sacrificio igualmente desproporcionado.

Nosotros, desde El Espejo Gótico, no estamos en condiciones de ofrecerlo. Simplemente nos limitamos a añadir al Liber Secretus a nuestra biblioteca de libros prohibidos, y acto seguido retirarnos en puntas de pie. Quizás alguno de los alquimistas que nos visitan en silencio puedan hacer un uso apropiado de esos misterios.

Para finalizar, y antes de pasar al libro propiamente dicho, compartimos el último párrafo de la versión original del Liber Secretus:


Y cuando veas aparecer la verdadera blancura, que brilla como una espada brillante, o plata pulida, debes saber que allí está el enrojecimiento oculto. Pero ten cuidado de no removerla del recipiente. Se debe disolver hasta el final. Con calor y sequedad puede asumir un color cítrico muy hermoso. Cuando lo veas, rinde alabanzas. Tuyo es ahora el Secreto. Úsalo con sabiduría.




El libro secreto.
Liber Secretus, Artephius.

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  • http://www.levity.com/alchemy/artephiu.html




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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Libros reales en la obra de Lovecraft


Libros reales en la obra de Lovecraft.




Los libros prohibidos son un elemento esencial —y muy frecuente— en la obra de H.P. Lovecraft. En todos sus relatos se menciona la existencia de algún libro maldito. No todos ellos son apócrifos (ver: Libros apócrifos en los Mitos de Cthulhu); de hecho, la mayoría son reales.

La presencia de estos libros prohibidos en los cuentos de Lovecraft es exclusivamente funcional. Están allí para generar un efecto de verosimilitud en la historia, casi siempre, salpicada de hechos fantásticos que de otro modo no tendrían un nexo con el mundo lógico y cordial en donde se mueve la mente del protagonista.

La mayoría de los libros utilizados por Lovecraft son apócrifos. Entre ellos podemos mencionar al Necronomicón, los Manuscritos Pnakóticos, el Unaussprechlichen Kulten, Cultes des Goules, De Vermis Mysteriis, El libro de Eibon, entre muchos otros.

Mediante este esquema de libros apófricos, H.P. Lovecraft legitima el Horror Cósmico a través de citas, menciones y pasajes ocasionales (ver: Libros en los Mitos de Cthulhu). Pero la biblioteca siniestra del maestro de Providence no sólo está compuesta por obras apócrifas, sino por libros reales, tan concretos como los horrores que intentaba evocar a través de ellos.

Algunos de los libros reales en la obra de H.P. Lovecraft fueron seleccionados por él mismo a causa de una afinidad auditiva, pero que pocas veces poseían concordancia entre su contenido y los demoníacos conocimientos que se atribuyen dentro de la narrativa.

Sin más demora repasemos algunos de estos libros reales. Varios de ellos hacen referencia a la criptografía por el simple hecho de que Lovecraft poseía un solo volúmen de la Enciclopedia Británica, que incluía justamente la letra C; de donde rapiñaba títulos extraños y sugerentes para convertirlos en verdaderos manifiestos de lo desconocido.


- Ars Magna et Ultima, 1517, Raimundo Lull.

- Atlántida y la perdida Lemuria (Atlantis and the Lost Lemuria), W. Scott-Elliot.

- Clavis Alchimiae, Robert Fludd (1574–1637)

- Cryptomenysis Patefacta, John Falconer, 1685. Citado en El horror de Dunwich (The Dunwich Horror). Su título significa «el arte de encriptar información».

- Daemonolatreia, Nicolás Remy (1530–1612). Compendio sobre brujería.

- De Furtivis Literarum Notis, Giovanni Battista della Porta (1535–1615). Su título significa «sobre los símbolos secretos en cartas».

- De Lapide Philosophico, Tritemius (1462–1516). Literalmente significa «sobre la piedra filosofal».

- El culto de las brujas en Europa Occidental (The Witch-Cult in Western Europe). Margaret Murray.

- El libro de Dzyan. Texto tibetano descubierto a finales del siglo XIX.

- Image du Monde, Gauthier de Metz.

- Kryptographik, J.H. Klüber. Obra sobre criptografía editada en 1808.

- La llave de la sabiduría Arthepius.

- Liber Investigationis, Geber. Obra que data del siglo VI.

- Polygraphia, Tritemius. Obra que también estudia la criptografía.

- Reino de Congo (Regnum Congo), Filippo Pigafetta. Libro que analiza la botánica del Congo.

- Saducismus Triumphatus, Joseph Glanvil. Publicado en 1681.




H.P. Lovecraft. I Libros prohibidos.


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«Tratado sobre los espíritus elementales»: Paracelso; libro y análisis


«Tratado sobre los espíritus elementales»: Paracelso; libro y análisis.




Tratado sobre los espíritus elementales —cuyo título completo es El libro de las ninfas, silfos, pigmeos, salamandras y otros espíritus elementales (Liber de Nymphis, sylphis, pygmaeis et salamandris et de caeteris spiritibus)—, es un libro prohibido del astrólogo y alquimista suizo Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso (1493-1541).

Si bien el Tratado sobre los espíritus elementales, probablemente uno de los libros de Paracelso más interesantes, podría abordarse como una especie de bestiario mitológico, lo cierto es que los mitos están completamente ausentes en la obra, a pesar de la mención directa y erudita que Paracelso inserta en cada una de sus páginas, ya que la gran mayoría de las criaturas fantásticas que cita pertenecen a su propia cosecha imaginativa; entre ellas, los Gnomos.

De este modo inicia Paracelso su recorrido por el increíble mundo de los Elementales (ver: El libro de los Elementales)


»Me propongo hablaros de las cuatro especies de seres de naturaleza espiritual, es decir, de las ninfas (o ninfos), gnomos (pigmeos o duendes), silfos y salamandras: a estas cuatro especies, en verdad, habría que añadir los gigantes y otros muchos.«


Es decir que el Tratado sobre los espíritus elementales de Paracelso es, en rigor, una especie de enciclopedia de elementales, donde detalla las características y naturaleza de cada uno de estos seres fantásticos. Sin embargo, hay una doble intención en el Tratado sobre los espíritus elementales, y es hablar sobre alquimia sin hacer referencia a ella, es decir, a través de estos seres mágicos.

Esta es la razón principal del Tratado sobre los espíritus elementales de Paracelso: cada uno de los elementales mencionados por el autor representa ciertos procesos alquímicos secretos. En este contexto, se cree que en este libro se encuentra su famosa receta para fabricar un Homúnculo (ver: Paracelso y un manual para crear homúnculos)

El Tratado sobre los espíritus elementales de Paracelso está dividido en cinco partes.

En la primera parte, Paracelso da cuenta del origen y la naturaleza esencial de los elementales; en la segunda, el hábitat y las reglas que ordenan su existencia; en la tercera estudia a todos los espíritus elementales que interactúan con el hombre; en la cuarta, los milagros que son capaces de otorgar; y en la quinta, finalmente, se debate sobre el origen y caída de los gigantes.

Volviendo a las precauciones iniciales, el Tratado sobre los espíritus elementales de Paracelso bien puede leerse como una obra pletórica en leyendas, creencias y mitos; aunque de hecho su esencia sea alegórica.

El lector familiarizado con la mitología encontrará una gran cantidad de referencias interesantes a otros autores, entre ellos, filósofos muy reconocidos, ya que Paracelso, hombre humilde y sabio, no escatima el conocimiento adquirido por otros, como él mismo lo señala en el prólogo del libro.


Tratado sobre los espíritus elementales.
Liber de Nymphis, sylphis, pygmaeis et salamandris et de caeteris spiritibus, Paracelso (1493-1541)

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  • https://vdocuments.mx/paracelso-tratado-de-los-seres-elementales.html




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El análisis y resumen del libro de Paracelso: Tratado sobre los espíritus elementales (Liber de Nymphis, sylphis, pygmaeis et salamandris et de caeteris spiritibus), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El libro secreto de los Rosacruces


El libro secreto de los Rosacruces.




Los Rosacruces fueron —o son— una orden rodeada por el misterio. A ellos se les atribuye toda clase de maravillas, secretos y escándalos. Uno de estos secretos, acaso el mejor guardado, es un viejo y artesanal volumen que contiene una sabiduría prohibida, ancestral, propia de magos, hechiceros y alquimistas.

Hablamos del libro secreto de los Rosacruces.

Este libro, como muchos otros libros esotéricos, habita más en la memoria colectiva de la leyenda que en los habitáculos académicos de los eruditos. De todas formas, el libro secreto de los rosacruces existe, ya sea en el marco del mito o en el silencio prudente de los sabios.

Fuera del contexto hermético de la Edad Media, lejos de los rumores que mencionaban en voz baja el poder inconmensurable del libro secreto de los rosacruces, aparece el escritor William Godwin (1756-1836), autor de profundos estudios sociológicos y excelentes novelas góticas, como Las aventuras de Caleb Williams (The Adventures of Caleb Williams).

En 1799, William Godwin escribió una extraña novela llamada San León (St. Leon), en la cual aborda la leyenda de un libro terrible, cargado con hechizos, misteriosos encantamientos y filtros, cuyos efectos conviene obviar en este informe. Godwin elude mencionar el título de este libro prohibido, asegurando que su nombre se esconde bajo la cubierta banal de un simple estudio sobre botánica, cuestión que no evitó que esta mención indirecta fuese borrada en ulteriores ediciones de la novela.

St. Leon —y la leyenda— hablan de un libro que contiene una sabiduría demasiado grande y poderosa para caer en manos humanas, escrito por un iniciado rosacruz de Lyon, Francia, bajo los auspicios del obispo de Letrán. Allí se nos relata que toda la Orden de los Rosacruces se basa en la posesión y estudio de este libro maravilloso, cuyas páginas esconden el secreto de la vida eterna (ver: «Liber Secretus»: Artephius y la receta de la Piedra Filosofal).

La novela, con su atmósfera poco convincente, tal como lo señala H.P. Lovecraft en su ensayo sobre literatura fantástica, apunta a desenmascarar a la Orden de los Rosacruces, exponiendo su verdad secreta: aquel filtro que otorga la vida eterna a cambio de una incesante corrupción moral y física, ya que para ser inmortal -señala Godwin- se debe estar preparado para aceptar las consecuencias (ver: Liber Duodecem Portarum: el libro de la Piedra Filosofal).

Siguiendo con H.P. Lovecraft, éste señala que la atmósfera endeble de St. Leon, con la aparición repentina del mago Cagliostro en sus páginas, se debe a un asunto bastante normal: ocultar la verdad del libro secreto de los Rosacruces exponiéndolo únicamente ante quienes sepan desentrañar este primer desconcierto; y cierra su hipótesis señalando que los libros secretos no existen, por el contrario, que los libros, aún los libros prohibidos por su saber terrible, siempre encuentran el modo de llegar a las manos de unos pocos espíritus malditos.

No resulta asombroso que los Rosacruces tuviesen su cánon inmortal y que haya caido en las manos de un hombre de la talla de William Godwin; menos aún que éste haya decidido que la única forma de presentar sus misterios fuese aludiendo a ellos de un modo indirecto, novelizado en una historia que resulta demasiado indigna para su autor, acaso temeroso de la ira de los inmortales.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El libro de los afrodisíacos


El libro de los afrodisíacos.




El libro de los afrodisíacos es una muestra clara de que los errores de los alquimistas a menudo traían mayores beneficios que sus aciertos.

El enigmático Libro de los afrodisíacos al que hacemos mención no es exactamente un libro, sino más bien una serie de pergaminos llevados a Europa por Gerberto de Aurillac, quien más adelante se convertiría en el papa Silvestre II. Fue él, según se dice, quien halló en España a un misterioso alquimista árabe cuyo nombre, por desgracia, no se ha conservado.

Este sabio, como casi todos los alquimistas, buscaba afanosamente el modo de trasmutar metales, operación en la que había fracasado una y otra vez, obteniendo en cambio otros beneficios acaso más interesantes que la vulgar acumulación de oro: un afrodisíaco extraordinario, que eventualmente llegaría a manos del marqués de Sade (ver: El peligroso afrodisíaco del Marqués de Sade).

Mucho antes de eso, el anciano alquimisma declaró que su receta se basaba en un antiguo brebaje (ver: Las pociones de amor más extrañas de la Edad Media), y que solo había utilizado el afrodisíaco para corroborar su poder. Debido a su edad avanzada, había abandonado el proyecto ya que le resultaba imposible saciar los apetitos que el afrodisíaco despertaba en las mujeres.

Lo curioso, en todo caso, no es que este alquimista haya descubierto la fórmula del afrodisíaco perfecto, sino la naturaleza personalizada del producto, el cual, se cree, se adapta perfectamente al olor particular de la persona que lo usaba; algo muy distante de la receta de los afrodisíacos tradicionales, en general, empleados en una copa de vino (ver: Hechizo para preparar un vino afrodisíaco).

Aurillac tomó nota de los comentarios del sabio, y posteriormente los olvidó. El hombre, después de todo, estaba enamorado de Meridiana —según algunos, un demonio femenino, otros, un súcubo—, razón por la cual no estaba interesado en las aplicaciones prácticas de un afrodisíaco, por más eficaz que haya demostrado ser.

Ya en el siglo XII, estas notas, que llegarían a convertirse en El libro de los afrodisíacos, cayeron en manos de Abelardo de Bath, duro alquimista, matemático e investigador, quien decidió someter a prueba la eficacia del afrodisíaco del anciano alquimista.

Su experiencia no sólo confirma la eficacia del afrodisíaco mágico, sino que logra explicarla en términos sencillos, aunque asombrosos.

Bath afirma que todos poseemos un hedor personal, un tufo escencialmente nuestro, que sobre la superficie se parece a todos los demás, pero que posee en realidad una sutileza, una huella odorífera, una marca singular que nos distingue de sudores ajenos. El afrodisíaco del alquimista, especula Bath, funciona porque se adapta a esta esencia individual, se funde con nuestra huella odorífera, y prospera a partir de allí como una emanación de nuestro aroma personal.

Poco y nada se sabe de los ingredientes del afrodisíaco. Robert Grosseteste menciona por allí una base de nidos de golondrina, filtrados y reducidos a cenizas, como fundamento para su elaboración, pero se abstiene de mencionar el ingrediente más importante, y probablemente el más siniestro, en la historia de los afrodisíacos.

Fue el gigantesco Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim —más conocido como Paracelso—, quien descubrió los secretos del afrodisíaco, curiosamente, mientras desarrollaba una fórmula para crear un homúnculo (ver: Paracelso y un manual para crear homúnculos).

A los dieciséis años, cuando todavía cursaba sus estudios en la Universidad de Basilea, Paracelso entró en contacto con un nigromante llamado Cynolus (probablemente un seudónimo), quien le ofreció una demostración práctica del poder asombroso de aquel afrodisíaco. Colocó entonces unas pocas gotas del filtro en las axilas y en el torso de un mendicante, un hombre pobre y exiliado que vagaba por las callejuelas de Basilea. En pocos minutos varias mujeres que pasaban cerca repararon de repente en el hombre; algunas le ofrecieron dinero y comida; pero luego de una hora el pobre mendigo se encontró acosado por una verdadera horda de mujeres, que fueron oportunamente dispersadas por las autoridades.

Cynolus y Paracelso siguieron al mendigo, que aprovechó la ocasión para huir; pero muchas mujeres también siguieron el rastro odorífero del hombre. Una de ellas, anotó Paracelso con cierto horror juvenil, se acercó al hombre dando gritos y ofreciéndole un pecho para que se alimente. A la mañana siguiente hallaron el cuerpo del hombre, horriblemente mutilado. Al parecer, los efectos del afrodisíaco se evaporaban apenas su portador dejaba de exudar sus propios hedores.

Años después Paracelso dio cuenta del secreto de este afrodisíaco, pero ocultó todos los demás, acaso para dejar una enseñanza a los intrépidos cazadores de aventuras. El ingrediente esencial del elixir era una sustancia que las brujas cosechaban tras las ejecuciones públicas. Según cuenta la leyenda —la cual seguramente inspiró a Patrick Süskind para la novela: El perfume (Das Parfüm)—, algunos ahorcados emitían una suerte de polución póstuma cuando la soga se cerraba sobre sus cuellos. Esta simiente desagradable para fabricar distintos filtros amorosos, entre ellos, el afrodisíaco confeccionado por el alquimista.

Tiempo después, un estudiante de Paracelso elaboró una interesante teoría sobre los afrodisíacos, en la cual razona que éstos no desencadenan otro efecto que el de despertar en los demás aquello que ya ansían secretamente.

En este contexto, el afrodisíaco descrito por Paracelso sólo facilitó la expresión de un deseo secreto. En todo caso, el verdadero afrodisíaco no añade atractivo a quien no lo tiene, sino que despoja al receptor del velo invisible que recubre sus deseos más recónditos.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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«La llave mayor del rey Salomón»: libro y análisis


«La llave mayor del rey Salomón»: libro y análisis.




La llave del rey Salomón (Clavicula Salomonis) es un grimorio del siglo XIV o XV que expone los ejemplos típicos de la magia del renacimiento italiano. Sobre este libro prohibido luego se construirá: La llave menor del rey Salomón.

La llave del rey Salomón es uno de los tantos libros esotéricos atribuídos al rey Salomón. A mediados del siglo XIV, fuertemente influenciados por los cabalistas y los alquimistas, más un redescubrimiento de la magia clásica en Grecia y Roma, surgieron numerosos volúmenes de este tipo, aunque ninguno alcanzó la celebridad de La llave del rey Salomón.

Hoy en día circulan muchas versiones de La llave del rey Salomón, pero todas están basadas en textos posteriores, y, por lo tanto, conservan correcciones e interpolaciones que lo oscurecen enormemente. Para agregar mayor confusión al asunto, el ocultista S.L. MacGregor Mathers publicó en 1889 una versión de La llave del rey Salomón a la que llamó: La llave mayor del rey Salomón, la cual ha pasado a integrar el incosciente colectivo bibliográfico de todos. En 1914, aprovechando los estudios de Mathers, L.W. de Laurence, gran conocedor del esoterismo oriental, editó una versión alternativa de La llave del rey Salomón, la cual se integró perfectamente a la publicación de Mathers.

Es decir que La llave del rey Salomón es un libro real, aunque no un libro mágico escrito por el rey Salomón. Aunque parezca absurso, es importante hacer esa aclaración.

Ahora bien, La llave mayor del rey Salomón tiene sus virtudes. En parte, ilumina cuestiones nétamente esotéricas, y oscurece otras, particularmente las que tienen relación con el origen del libro. A continuación daremos cuenta de algunos puntos en común.

La llave de Salomón está dividido en dos libros. No es una obra puramente ocultista, aunque allí reside su mayor interés. Curiosamente, La llave del rey Salomón no menciona la firma de aquellos 72 demonios encerrados por Salomón, las cuales abundan en casi todos los libros de demonología, como en el Pseudomonarchia Daemonum o el Lemegeton, por ejemplo, aunque estos pertenecen a una época tardía. Los grimorios medievales, en cambio, suelen invocar a Dios para oficiar sus operaciones, aunque estas tengan poco o nada que ver con el concepto judeocristiano de Dios.

Los hechizos y rituales de La llave mayor del rey Salomón coinciden con los del original, al menos en lo que refiere a sus resultados. Allí se describe no sólo como efectuar los experimentos o ritos, sino cómo construir los materiales necesarios para los hechizos, las fechas propicias, las fases lunares adecuadas, símbolos, purificación del oficiante, etc.

De acuerdo con el mito, La llave mayor del rey Salomón fue escrito por este imponente monarca para su hijo Rehoboam, encomendándole que, tras su lectura, lo entierre junto a su cadáver. Años después, una partida de filósofos babilónicos encabezaron la honrosa tarea de refaccionar la tumba de Salomón. El libro fue descubierto, aunque ninguno de los sabios supo interpretarlo. Un tal Grevis sugirió que deberían pedir la iluminación del Señor para desentrañar los misterios del libro, cosa que hicieron en perfecto orden. Acto seguido un ángel terrible descendió con la directiva divina de recuperar el manuscrito para la biblioteca celestial. Los sabios negociaron, y el ángel concedió dejar el libro en la Tierra, a condición de que nadie indigno pudiese leerlo jamás, en cuyo caso perdería la cordura en las cámaras más siniestras del infierno.

Siglos después, Mathers y Lawrence modificaron los orígenes míticos del libro para que su lectura fuese accesible al burgués victoriano, siempre atento a las maldiciones siderales; señalando que aquel ángel apenas se limitó a sugerir prudencia.

Dejando de lado la leyenda en torno al libro, hay que señalar que La llave mayor del rey Salomón es, quizás, el libro de ocultismo más ambicioso del que tengamos noticias. Aquí la magia no se reduce a minúsculas tropelías, ni a filtros de dudosa efectividad. Por el contrario, La llave mayor del rey Salomón expone los hechizos y rituales más impactantes del Renacimiento. Entre ellos econtramos invocaciones de demonios y entidades astrales, maldiciones implacables, métodos para sujetar espíritus y forzarlos a cometer toda clase de fechorías, operaciones para encontrar tesoros perdidos, volverse invisible, conseguir el amor de cualquier mujer u hombre, exorcizar demonios, obtener una oratoria sugestiva, alcanzar la fortuna, confeccionar talismanes mágicos, amuletos, etc.

Este contenido va precedido por severas prohibiciones, que van desde la purificación del oficiante, que puede durar semanas, incluso meses, hasta los reveses que todo ritual puede ofrecer al mago intrépido. Muchas personas han intentado realizar los hechizos de La llave del rey Salomón, aunque casi todos desconocen las falencias de nuestras versiones modernas, y mucho menos los detalles eliminados ex profeso de la edición griega, la más antigua que se conoce. Por cierto, esto no ha evitado algunos casos de invisibilidad azarosa y exorcismos de entrecasa, a menudo documentados por hombres tan serios como constreñidos.




La llave mayor del rey Salomón.
Versión de MacGregor Mathers.

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  • http://www.masones.info/wp-content/uploads/2019/02/Clavicula-de-Salomon.pdf




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«El libro de Thoth»: libro y análisis


«El libro de Thoth»: libro y análisis.




El Libro de Thoth es un antiguo libro prohibido de magia, encantamientos, hechizos y filosofía proveniente de Egipto, escrito durante el período ptolemaico (325 a.C - 25 a.C).

No sorprende que El Libro de Thoth, en esencia, un libro de hechizos, haya surgido durante la dominación helénica de Egipto, la cual marcó el final de las viejas formas de adoración y la sublimación de otras actitudes ante los dioses y el Estado. La leyenda asegura que el libro fue escrito por el mismísimo Thoth, una de las deidades más importantes y antiguas del panteón egipcio, señor de la escritura y el conocimiento.

El Libro de Thoth, quizás escrito para salvaguardar algunas creencias egipcias fundamentales, contiene dos hechizos imponentes. El primero permite al iniciado comprender la lengua de todos los animales; el segundo, más ominoso, permite que el lector aprenda a percibir la presencia de los dioses.

Cuenta la leyenda que El Libro de Thoth fue escondido en las profundidades del río Nilo, cerca de Coptos, donde fue sellado por varios cofres y custodiado por serpientes. El príncipe Neferkaptah, de pura cepa egipcia, luchó contra los ofidios y lo recuperó. Thoth, ofendido por esa audacia, asesinó a la esposa y el hijo del príncipe. Neferkaptah se suicidó y fue enterrado junto al libro.

Varias generaciones después, un joven llamado Setne Khamwas profanó la tumba de Neferkaptah y robó el libro, a pesar de las severas advertencias del fantasma del príncipe. Setne, más ambicioso que sediento de conocimiento, fue seducido por una hermosa mujer que lo obligó a matar a sus hijos y a humillarse frente al faraón. Hundido en el dolor más profundo, el joven advirtió que todo fue una ilusión creada por Neferkaptah. Sin mayores demoras, devuelve El Libro de Thoth a la custodia incansable del espectro.

Es curioso que la leyenda finalice allí, sin explicar cómo El Libro de Thoth retornó al mundo de los vivos.

A continuación citamos otra interesante leyenda sobre El Libro de Thoth, bellamente adornada por el realismo mágico de Jacques Bergier en su obra Los libros condenados (Les Livres Maudits), donde se plantea una hipótesis inquietante relacionada con el pasado terrible del libro y una civilización que precede por varios miles de años a los antiguos egipcios.



(Extracto)

Para estudiar el problema de El Libro de Thoth debemos situarnos en esta hipótesis de una antiquísima civilización preegipcia. Toth es un personaje mitológico, más divino que humano, el cual, según todos los documentos egipcios que poseemos, fue anterior a Egipto. En el instante del nacimiento de la civilización egipcia, hay que suponer que los sacerdotes y los faraones poseían El Libro de Thoth, que era, probablemente, un rollo o una serie de hojas de papiro que contenían todos los secretos de los diversos mundos y daban un poder considerable a sus poseedores.

2500 años antes de Cristo, los Egipcios conocían ya la escritura y componían libros. En la literatura egipcia de esa época encontramos ya tratados de ciencia y de medicina, textos religiosos ¡e incluso obras de ciencia-ficción! Por ejemplo, el relato de las aventuras del faraón Snofru, padre de Keops, es una verdadera novela de anticipación, con extraordinarios inventos, monstruos y máquinas. Podría haber sido publicada en nuestros días y nadie sospecharía un origen de ¡25 siglos a. de J.C.!

El Libro de Thoth debía de ser, pues, un papiro antiquísimo ( si era papiro ), copiado en secreto en sucesivas ocasiones, y cuya antigüedad se remontaría a 10.000 o quizás 20.000 años. Pero un objeto material no es en modo alguno un símbolo. Un objeto material que podía ser destruido, principalmente, por el fuego. Veamos lo que fue de él. Pero fijémonos ante todo en el propio Toth. Este es representado como un ser humano con cabeza de ibis. Tiene en la mano una pluma de caña y una paleta con la tinta que se utilizaba para escribir sobre pergamino. Sus otros dos símbolos son la luna y el mono.

Según la tradición mas antigua, invento la escritura y actuó de secretario en todas las reuniones de los dioses. Esta asociado con la ciudad de hermópolis, de la que sabemos muy poco, y con unos reinos subterráneos de los que aun sabemos menos.(¿Agartha?) Trasmitió la escritura a la Humanidad y escribió un libro fundamental, el mas famoso y antiguo de todos los libros, que contenía el secreto del poder ilimitado.

La primera alusión a este libro aparece en el papiro de Turis, descifrado y publicado en Paris, en 1868. Este papiro relata una conspiración mágica contra el faraón, conspiración encaminada a aniquilarlo, junto con sus principales consejeros, por medio de hechizos practicados con figuritas de cera construidas a su imagen y semejanza. La represión fue terrible. Cuarenta funcionarios y seis encumbradas damas de la Corte fueron condenados a muerte y ejecutados. Otros se suicidaron. Entonces, el libro condenado de Toth fue quemado por primera vez. Este libro reaparece más tarde en la historia de Egipto, en manos de Kanuas, hijo de Ramses II.

Por lo visto, este poseía el original, escrito de puño y letra de Toth, y no por un escriba. Según los documentos, este libro enseñaba la manera de mirar al sol cara a cara. Confería poder sobre la tierra, el océano y los cuerpos celestes. Daba la facultad de interpretar los medios secretos utilizados por los animales para comunicarse entre ellos. Permitía resucitar los muertos y obrar a distancia.

Naturalmente, un libro como este constituye un peligro insoportable. Kanuas quema el libro original, o pretende hacerlo. Como el mismo texto dice que el libro, nacido del fuego , es incombustible, el relato es contradictorio. Pero si se produjo realmente esta desaparición, la misma fue solo provisional. El libro reaparece en las inscripciones de la estela Metternich, llamada así porque fue regalada a Metternich por Mohamed Alí Bajá. La estela fue descubierta en 1828, y data del año 360 a. de J.C. A escala de la historia egipcia es, pues, un documento moderno. Aparecen representados en esta estela más de trescientos dioses y, entre ellos, los dioses de los planetas que giran alrededor de otros astros. La mayoría de los descifradores modernos de esta estela, dicen que interesaría mucho a los autores de ciencia-ficción El propio Toth anuncia en esta estela, que hizo quemar su libro y que expulsó al demonio Set y a los siete señores del mal.

Esta vez, la cuestión parece solventada. En el año 360 a. de J.C., el libro de Toth es solemnemente destruido. Sin embargo, la historia no ha hecho más que empezar. A partir del año 300 a. de J.C., (apenas 60 años después) vemos aparecer de nuevo a Toth, identificado esta vez con Hermes Trismegisto, fundador de la alquimia. Y todo mago que se respete, particularmente en Alejandría, alardea de poseer el libro de Toth ; pero este libro no aparece nunca: cada vez que un mago se jacta de poseerlo, un accidente pone fin a su carrera.

Entre principios del siglo 1 a. de J.C. y finales del 2 d. de J.C., aparecen numerosos libros que constituyen, en su conjunto, el corpus hermeticum. A partir del siglo 5, estos textos son coleccionados, y encontramos en ellos referencias al libro de Toth, pero nunca una indicación precisa que permita encontrarlo. Los textos más célebres de esta serie son los titulados Asclepius, Koré Kosmou y Poimandres. El Asclepius en particular, nos brinda extrañas imágenes del poder de las civilizaciones desaparecidas. Y aún considerados como obras de ciencia-ficción, estos textos excitan vivamente la imaginación.

San Agustín y numerosos teólogos y filósofos se interesaron mucho por ellos. Sin duda alguna estos textos son los que propagaron el Libro de Toth. Este aparece tan a menudo, desde el siglo 5 de la era cristiana hasta nuestros días, que podemos preguntarnos cómo fue reproducido antes de la invención de la imprenta y de la fotografía. La Inquisición lo quemó al menos treinta veces, y se necesitaría todo un libro para enumerar los extraños accidentes sufridos por los que se jactaban de poseer el libro de Toth. En el siglo XVIII, todo charlatán que se respetase alardeaba de poseerlo y aunque ninguno de ellos pudo mostrarlo, muchos murieron en las hogueras de la inquisición por esta causa, hasta el año 1825.

El Libro de Thoth entonces es el libro que existe pero no existe, pero lo que si parece existir es una asociación internacional de lo que se a dado en llamar Hombres de Negro. Si existe tal organización, debe poseer necesariamente el libro o lo que queda de él. Y, si los egipcios aplicaron al papiro las mismas técnicas de conservación que a las momias, no es en modo alguno absurdo pensar que un papiro pudiese conservarse hasta el siglo XIX, a partir de cuya época pudo ser fotografiado. A menos que la organización de que se trata conociese la fotografía desde mucho antes, hipótesis que no debe descartarse a juzgar por ciertas pistas que nos otorga la historia.

Todo esto hace que sintamos afán por saber más. Pero es comprensible que algunos piensen que la humanidad no está preparada para recibir estos conocimientos, y que una organización haga todo lo posible por impedir la publicación del libro de Toth. Hasta hoy, parece que lo han conseguido, y , a la luz de las aplicaciones que le dan algunos hombres al conocimiento, hasta puede que tengan razón. Lo cierto es que, si existiese una traducción del Libro de Toth, con pruebas de autenticidad y fotografías del texto original, todos los editores vacilarían antes de publicarla. ¿Usted no?




El libro de Thoth.

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Libros prohibidos. I Libros extraños.


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«Historia de la magia»: Eliphas Lévi; libro y análisis


«Historia de la magia»: Eliphas Lévi; libro y análisis.




Historia de la magia (Histoire de la magie) es un libro de ocultismo del filósofo, mago y alquimista francés Eliphas Lévi (1810-1875), publicado en 1860.

Historia de la magia, uno de los grandes libros de Eliphas Lévi, realiza un interesante repaso histórico del esoterismo, sin demasiado rigor académico, es cierto, pero con el valor agregado de la subjetividad de quien analiza un movimiento, una filosofía, siendo a la vez una parte fundamental de ambas.


Durante mucho tiempo la Magia ha sido confundida. Muchos se apresurarían a explicarla como el arte de producir efectos con ausencia de causas. Nada más alejado de la realiad. La Magia es lo que es, surge de sí misma solamente, y tal como la matemática, se trata de una ciencia exacta y absoluta de la Naturaleza y sus leyes.


En este contexto, Eliphas Lévi no solo se limita a esbozar una especie de historia del esoterismo y el ocultismo en estas páginas. Historia de la magia también revela una gran cantidad de ritos, rituales y prácticas esotéricas de diversa índole, algunas de ellas verdaderamente cuestionables, haciendo de este libro algo más que un repaso histórico, más o menos inexacto, sino más bien un manual de magia.


Hay una verdad irrebatible; hay un método infalible de conocer esa verdad; y quienes logran este conocimiento, y lo adoptan como norma de vida, pueden dotar su voluntad de un poder soberano capaz de convertirlos en amos de todas las cosas inferiores, de todos los espíritus errantes, o, en otras palabras, en arbitros y reyes del mundo.


En realidad, Historia de la magia es la primera entrega de una trilogía de libros fundamentales en la obra de Eliphas Lévi. Los otros dos son La llave de los grandes misterios (La Clef des grands mystères) y Dogma y ritual de la alta magia (Dogme et rituel de la haute magie). Estas tres obras resumen de algún modo lo más interesante de este verdadero referente del esoterismo.

Lo cierto es que la publicación de Historia de la magia fue un verdadero éxito comercial. Eliphas Lévi embolsó algo así como 1.000 francos, una suma más que considerable para la época, y de paso se ganó la admiración de los grandes esoteristas franceses, como Henri Delaage, Luc Desages, Paul Auguez, Jean-Marie Ragon, Henri Favre y Fernand Rozier.




Historia de la magia.
Histoire de la magie, Eliphas Lévi (1810-1875)

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Libros prohibidos. I Libros de Eliphas Lévi.


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«Los libros condenados»: Jacques Bergier; libro y análisis


«Los libros condenados»: Jacques Bergier; libro y análisis.




Los libros condenados (Les Livres Maudits) —a veces traducido al español como: Los libros malditos— es una colección de artículos y breves ensayos sobre libros malditos del investigador Jacques Bergier (1912-1978), publicado en 1971.

Los libros condenados, posiblemente uno de los libros de Jacques Bergier más conocidos, a excepción de El retorno de los brujos (Le Matin des Magiciens), realiza un interesante repaso por los libros prohibidos más extraños de la historia, un tema que siempre fue de interés para el realismo fantástico.

El catálogo de libros malditos que analiza Jacques Bergier en Los libros condenados es, en esencia, elemental, sin demasiados volúmenes que no hayan sido debidamente estudiados dentro del realismo fantástico; sin embargo, la obra posee el mérito de enfocarse únicamente en libros abominables, propensos a desencadenar toda clase de catástrofes en el lector, libros que hablan de un pasado remoto, de civilizaciones desaparecidas en un cataclismo global, libros que fueron quemados en la biblioteca de Alejandría, cuyos títulos, terribles y amenazantes, aún sobreviven como un eco de aquel conocimiento perdido.

Naturalmente, un investigador como Jacques Bergier no solo se limita a exponer rarezas y curiosidades bibliográficas. Los libros condenados es algo más que eso.

Sus páginas parten de una hipótesis de trabajo muy interesante: que existe una conspiración, un ocultamiento deliberado de cierto tipo de saber por parte del poder establecido. Este saber es antiguo, más antiguo que el hombre, quizás, y se manifiesta, cifrado y encriptado, en algunos mitos y libros prodigiosos, los cuales han sido cuidadosamente perseguidos a lo largo de la historia. A estos infatigables perseguidores de libros el autor los denomina: Hombres de Negro.

Entre las obras malditas a las que hace referencia Los libros condenados se encuentra el Manuscrito Voynich, el misterioso Excalibur, cuya lectura conduce a la locura, entre otros volúmenes formidables, como El libro de Thoth —un papiro legendario de 20.000 años de antigüedad, creado por sacerdotes egipcios, y donde al parecer hay referencias a universos paralelos y seres interdimensionales—; y Las estancias de Dzyan, obra que vindica la existencia de una ciudad subterránea, situada debajo de las montañas del Tíbet, llamada Agartha.


Jacques Bergier, decíamos, se refiere a esta cofradía de censores cósmicos como los Hombres de Negro, especie de orden o de sociedad secreta que existe desde los inicios de la humanidad, y cuya función es entorpecer la difusión de conocimientos potencialmente peligrosos.

Según Los libros condenados, algunos de los integrantes de los Hombres de Negro serían nada menos que Joseph de Maistre, enemigo acérrimo de la Revolución francesa; y el zar Nicolás II de Rusia, último vástago de los Romanov. A su vez, entre los perseguidos se encuentra Saint-Yves d'Alveydre, autor de El Arqueómetro, quien en 1885 fue obligado a quemar su obra: La cuestión de los Mahatmas y su solución.

De acuerdo a las opiniones vertidas en Los libros condenados, el mayor éxito de los Hombres de Negro habrpia sido la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, a manos de Julio César, en el año 47 a.C, y luego arrasada en sucesivas ocasiones, por Diocleciano en el 285 d.C, y definitivamente aniquilada por los árabes en el 646 d.C.

Según lo sugieren algunos títulos que sobrevivieron a la hecatombe, la Biblioteca, fundada por Demetrio de Falera en el 297 a.C., y contaba con amplias secciones dedicadas a la geografía, la astronomía, las ciencias naturales y las matemáticas. Poseía alrededor 600.000 documentos, la mayoría de los cuales desapareció para siempre. Entre ellos estaba la obra de Beroso, astrólogo e historiador, creador del cuadrante solar semicircular, así como rollos antiquísimos que hablaban sobre vastas civilizaciones anteriores al hundimiento de la Atlántida.

En resumen: Los libros condenados es un excelente punto de partida para comenzar a descubrir la historia de estos libros perdidos.




Los libros condenados.
Les Livres Maudits, Jacques Bergier (1912-1978)

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Libros prohibidos. I Libros extraños.


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«El manuscrito Voynich»: libro y análisis


«El manuscrito Voynich»: libro y análisis.




El Manuscrito Voynich es un libro prohibido realmente misterioso, y por varios motivos. Fue escrito hace 550 años por un autor anónimo, en una lengua desconocida que actualmente se denomina Voynichés.

El Manuscrito Voynich es el Anillo Único de los criptógrafos y lingüistas, con la ironía de que éste, al contrario de lo que sucede con la joya de Tolkien, realmente existe, y está en manos de los más sesudos investigadores de todo el mundo. Hasta el momento nadie ha logrado traducir una sola palabra del libro, ni siquiera un afamado equipo de criptógrafos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU.)

Como sucede habitualmente cuando el hombre se enfrenta a un misterio sin solución aparente, el Manuscrito Voynich ha sido acosado de falso, o lo que es aun peor, de excesivamente verdadero.

No obstante, la antigüedad del Manuscrito de Voynich fue constatada mediante el procedimiento del carbono 14, el cual ubica su escritura hace unos 550 años. En aquella época no existía una comprensión cabal de las leyes lingüísticas, pero el Manuscrito de Voynich las cumple todas, incluso la más importante, la ley de Zipf.

Nos explicamos.

La ley de Zipf postula que, en todas las lenguas, la longitud de las palabras es inversamente propocional a su frecuencia de aparición. Es decir que las palabras que más usamos son siempre las más cortas. Si bien nadie ha logrado traducir ni un párrafo del Manuscrito de Voynich, su estructura respeta todas las leyes conocidas, lo cual descarta la hipótesis de que el libro contenga una lengua inventada, salvo que el inventor haya conocido leyes y reglas gramaticales y lingüísticas inéditas en su época.

El nombre del manuscrito proviene del anticuario Wilfrid M. Voynich, quien lo adquirió en 1912. Actualmente está clasificado como el ítem MS 408 en la Biblioteca Beinecke de manuscritos y libros raros de la Universidad de Yale.

El Manuscrito de Voynich contiene 240 páginas en pergamino, con algunos vacíos, lo que sugiere el extravío de varias páginas. Para evitar nuevas amputaciones Theodore C. Petersen lo fotocopió en 1931, y repartó copias entre muchos investigadores interesados en su traducción. Las ilustraciones no aclaran el contenido del texto, pero denotan que el libro consta de seis partes:

1- Herborística: cada página muestra una planta.

2- Astronomía: diagramas, zodíacos.

3- Biología: texto apretado, figuras de mujeres tomando baños en tinas conectadas por una elaborada red de tuberías.

4- Cosmología: diagramas de naturaleza desconocida. Mapa con seis islas interconectadas en torno a algo que posiblemente sea un volcán.

5- Farmacéutica: dibujos de plantas, raíces, hojas, etc.

6- Recetario: viñetas en forma de flor o estrella, quizás, instrucciones para elaborar algo, tal vez un producto químico.


El Manuscrito Voynich fue escrito de izquierda a derecha, sin signos de puntuación. El texto es fluido y consta de más de 170.000 glifos separados por espacios. La mayoría están escritos con uno o dos trazos simples. Se calcula que el alfabeto consta entre 20 y 30 glifos, con algunas docenas de caracteres extraños Los espacios anchos dividen el texto en 35.000 palabras, que siguen reglas ortográficas desconocidas. Un análisis estadístico del texto determinó que posee patrones similares a los de todas las lenguas naturales.

El idioma del Manuscrito Voynich es distinto a todos los idiomas conocidos. No posee palabras con más de diez letras. Incluso la distribución de letras dentro de una palabra es completamente insólita, algunos caracteres, por ejemplo, aparecen únicamente al principio de una palabra, otros al final, y algunos siempre en el medio.

Algunas de las lenguas fantásticas más probables, aunque también cifradas, para el Manuscrito Voynich son el Transitus Fluvii, el idioma de las brujas; el Enoquiano, el idioma de los ángeles; la Lengua Adánica; el Senzar, la lengua Dzyan,y la Lingua Diaboli: el lenguaje del diablo.

Jacques Bergier, en su obra: Los libros condenados (Les livres maudits) propone una hipótesis asombrosa: que el autor del Manuscrito Voynich poseía conocimientos notablemente avanzados para su época, como por ejemplo el secreto de las supernovas y algunos rudimentos conceptuales sobre la energía nuclear; aunque se abstiene de justificar esa posibilidad, valiéndose apenas de una cuestionable interpretación de las ilustraciones del libro.

Tanto el origen como el contenido del Manuscrito Voynich continúan siendo un misterio, y probablemente lo seguirán siendo en la medida que el acercamiento propuesto por los criptógrafos sea racional. Lo único que podemos sacar en limpio son sus ilustraciones, fantásticas e inquietantes, que hablan de un pasado remoto, de ciudades con altos conocimientos técnicos pero diferentes de nuestra concepción de tecnología.

Algún día el código del Manuscrito Voynich será quebrado, si no lo fue ya, pero no por académicos fundamentalistas, sino por lingüistas intuitivos que logren combinar una visión técnica con un hondo saber mitológico. Mientras tanto, el Manuscrito Voynich aguarda, al igual que nosotros, una solución definitiva.




El manuscrito Voynich.

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«De Umbrarum Regni Novem Portis»: libro y análisis


«De Umbrarum Regni Novem Portis»: libro y análisis.




De Umbrarum Regni Novem Portis es el título latino de uno de los libros prohibidos más extraños, y apócrifos, de los que se tenga noticia.

Su título, De Umbrarum Regni Novem Portis, significa en español: Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras, y consiste básicamente en un grimorio basado en el Delomelanicon —Sobre la Invocación de la Oscuridad—; libro que, por otro lado, habría sido escrito nada menos que por Lucifer.

En cierto modo, podemos comparar al De Umbrarum Regni Novem Portis con el Necronomicón de H.P. Lovecraft: ambos son libros apócrifos, ambos revelan los secretos de la nigromancia y de la magia negra, y sus respectivos autores —Arístide Torchia, en el caso del De Umbrarum Regni Novem Portis; y Abdul Alhazred, en el del Necronomicón— pagaron con la vida su audacia.

Arístide Torchia nació en 1620. En Leyden fue discípulo de la familia Elzevir, misteriosa estirpe de nigromantes. Al retornar a Venecia, su ciudad natal, publica algunos tratados ocultistas que pasan desapercibidos por el clero. En 1666 publica su obra cumbre: De Umbrarum Regni Novem Portis, inspirado, decíamos, en el Delomelanicon, un libro que reune todos los ritos, hechizos y rituales necesarios para invocar a los demonios y someterlos a la voluntad del oficiante. Se cree también que el libro revela la forma de hacer un pacto con el diablo.

Como si esto fuese insuficiente, Aristide Torchia se la rebuscó para conseguir un colaborador inestimable en la confección de las ilustraciones del libro: el Príncipe de las Tinieblas en persona: Lucifer, para los íntimos.

Pletórico por sus logros, Torchia fue condenado por la Inquisición y quemado vivo en 1667. Apenas tres copias del De Umbrarum Regni Novem Portis se salvaron de la hoguera.

El De Umbrarum Regni Novem Portis fue diseñado por el escritor español Arturo Pérez-Reverte para la novela: El club Dumas; basándose parcialmente en el Necronomicón, pero también en otros libros más concretos y aterradores. Incluso el mismísimo Aristide Torchia está basado en un personaje histórico: Giordano Bruno, quien también fue quemado en la hoguera debido a sus publicaciones esotéricas en el año 1600.




De Umbrarum Regni Novem Portis.
Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras, Arístide Torchia.

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  • http://libroesoterico.com/biblioteca/Textos%20sagrados%20y%20antiguos/Torchian%20A.%20-%20Las%20Nueve%20Puertas%201600.pdf




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«Las moradas filosofales»: Fulcanelli; libro y análisis


«Las moradas filosofales»: Fulcanelli; libro y análisis.




Las moradas filosofales (Les Demeures Philosophales) es un libro prohibido del escritor francés Fulcanelli, publicado en París, en el año 1930.

Las moradas filosofales, quizás uno de los libros de Fulcanelli más reconocidos, es una obra críptica, enigmática, minada de alusiones simbólicas, términos en griego y latín, y llena de matices sumamente interesantes para el iniciado en el ocultismo, el esoterismo y, principalmente, la alquimia.

Fulcanelli, hay que decirlo, escribía para unos pocos. Quiénes éran esos pocos, y por qué debía utilizarse un lenguaje encriptado para dirigirse a ellos, es una cuestión que aún se debate. Pero lo cierto es que Las moradas filosofales es un libro que apunta directamente a los iniciados en la alquimia.

Tanto Las moradas filosofales como El misterio de las catedrales (Le Mystère des Cathédrales) fueron editados a un precio de venta exorbitante, y en tiradas que no superaban los doscientos ejemplares. Este detalle revela que Fulcanelli se dirgía a un grupo especial de lectores.

En resumen: Las moradas filosofales de Fulcanelli es un libro de alquimia cuya lectura demanda ciertos conocimientos en la materia. Nunca fue un libro pensado para el gran público, aunque, de todos modos, el ojo profano también puede indagar y maravillarse con esos misterios apenas vislumbrados.

Parte de la oscuridad y la distancia que toma Fulcanelli en Las moradas filosofales se deben a la prudencia respecto de los conocimientos alquímicos que se propone revelar. En este contexto, la alquimia posee una terminología propia, un argot, si se quiere, repleto de símbolos y metáforas que resuenan en las sensaciones y emociones del practicante, cuestiones sobre las cuales Fulcanelli vuelve una y otra vez a lo largo del libro.

Vale la pena recordar que Las moradas filosofales es la segunda parte de una trilogía inconclusa, que comenzó con El misterio de las catedrales, y finaliza con Finis Gloriae Mundi; el cual nunca se terminó de escribir.




Las moradas filosofales.
Les Demeures Philosophales, Fulcanelli.

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  • http://libroesoterico.com/biblioteca/autores/Fulcanelli/Fulcanelli%20-%20Las%20moradas%20filosofales.pdf




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