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Estremecedoras últimas palabras de 10 grandes autores


Estremecedoras últimas palabras de 10 grandes autores.




Resulta difícil imaginar que cualquiera de nosotros, en su lecho de muerte, tuviese el deseo o la voluntad de pronunciar una frase para la posteridad. Por otro lado, también se presenta el problema de la sincronicidad. Uno puede creer que está a punto de morir y, entre balbuceos y esputos sanguinolentos, formular una frase demoledora, y luego tener la mala fortuna de vivir uno o dos días más, o un mes, con lo cual el efecto quedaría bastante deslucido.

A propósito, hay quien recomienda que, al momento de sentir que la muerte se aproxima, es conveniente decir unas últimas palabras concebidas con anterioridad, y luego abstenerse de realizar mayores comentarios.

Pero lo cierto es que algunos sujetos son condenadamente originales, incluso en presencia de la muerte. A continuación, repasamos las mejores últimas palabras de 10 grandes autores.




10- Jane Austen (1775-1817)


Sin un diagnóstico claro (aunque hoy se cree que padecía la enfermedad de Addison), y presa de terribles dolores renales, Jane Austen, autora de Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice), agonizaba en la ciudad de Winchester. Cuando su hermana, Cassandra, se acercó a su lecho de muerte para preguntarle si quería algo, Jane Austen dijo sus últimas palabras:


Nada más que la muerte.
(Nothing, but death)



9- Lord Byron (1788-1824)


La muerte de Lord Byron se produjo gracias al aporte de médicos inescrupulosos. Un simple resfrío, mientras andaba a caballo, fue atendido con la aplicación de sanguijuelas en la frente, lo cual era bastante normal; pero como la fiebre no menguaba, se le colocaron docenas y docenas de sanguijuelas más en todo el cuerpo. Fue así que Lord Byron perdió varios litros de sangre y falleció en menos de veinticuatro horas. Sus últimas palabras, un tanto lacónicas, fueron las siguientes:


Ahora iré a dormir. Buenas noches.
(Now I shall go to sleep. Goodnight)



8- Elizabeth Barrett Browning (1806–1861)


Elizabeth Barrett Browning, la gran poetisa victoriana, sufrió desde muy joven una fuerte afección pulmonar. Si bien existen muchas especulaciones al respecto, la mayoría coincide en que padecía tuberculosis. Pasó gran parte de 1861 postrada. El 29 de junio de ese mismo año pronunció sus últimas palabras cuando su esposo, el poeta Robert Browning, se acercó a su cama para preguntarle cómo se sentía:


Hermosa.
(Beautiful)



7- Saki (1870-1916)


Saki —seudónimo de H.H. Munro— fue un notable autor de cuentos macabros. A pesar de que no estaba obligado, por su edad, de todos modos se alistó entre los Fusileros Reales, donde ejerció el cargo de sargento, y luchó en la Primera Guerra Mundial. El 13 de noviembre de 1916, durante la batalla de Beaumont Hamel, gritó sus últimas palabras a un compañero de trinchera, justo antes de ser alcanzado en la cabeza por la bala de un francotirador:


¡Apaga ese maldito cigarrillo!
(Put that bloody cigarette out)



6- Thomas Carlyle (1795-1881)


Thomas Carlyle fue un fantástico erudito escocés, autor del Sartor Resartus y otras obras inmortales. Su temperamento, de acuerdo a quienes lo conocieron, fue notablemente agrio, quizás debido a la úlcera estomacal que lo acompañó a lo largo de toda su vida adulta. El 5 de febrero de 1881, mientras se encontraba en su lecho de muerte en la ciudad de Londres, Thomas Carlyle pronunció sus últimas palabras; muy afines a su espíritu crítico:


Entonces, esto es la muerte. Bien.
(So, this is death. Well)



5- J.M. Barrie (1860–1937)


J.M. Barrie, autor de Peter Pan, contrajo de una devastadora neumonía que finalmente acabaría con su vida. Antes de unirse a la alegre tribu de los Niños Perdidos, ya postrado, el 19 de junio de 1937 le susurró sus últimas palabras a su amiga y secretaria personal, la escritora Cynthia Asquith:


No puedo dormir.
(I can’t sleep)



4- Franz Kafka (1883–1924)


Presa de los horribles sufrimientos de la tuberculosis de laringe, que lo obligaban a alimentarse principalmente de líquidos, Franz Kafka fue internado de urgencia en una clínica de la ciudad de Praga. El 3 de junio de 1924, atravesado por el dolor, exclamó sus últimas palabras al doctor que lo atendía, reclamándole una dosis letal de morfina:


¡Máteme, o de lo contrario será usted un asesino!
(Töte mich, oder du bist ein Mörder!)



3- Emily Dickinson (1830–1886)


Emily Dickinson pasó los últimos meses de su vida en cama debido a una afección hepática. En el proceso sufrió alucinaciones de todo tipo, la mayoría, horrendas, aunque de hecho enfrentó a la muerte con una entereza notable. Exactamente a las seis de la tarde del 15 de mayo de 1886, con el último aliento, susurró sus últimas palabras a su hermano, Austin:


Déjanos entrar; la niebla está subiendo.
(Let us go in; the fog is rising)



2- O. Henry (1862–1910)


O. Henry —seudónimo de William Sydney Porter— fue uno de los grandes escritores norteamericanos de su tiempo. Sufría de alcoholismo, diabetes, y finalmente de cirrosis, la cual finalmente lo llevaría a la tumba. Sus últimas palabras, pronunciadas en un hospital de la ciudad de Nueva York, evidencian su impresionante talento para escribir finales estremecedores:


Enciendan las luces, no quiero ir a casa en la oscuridad.
(Turn up the lights, I don’t want to go home in the dark)



1- Voltaire (1694–1778)


Voltaire —seudónimo del filósofo francés François-Marie Arouet— vivió una vida larga y plena, irreverente, en muchos casos, y también polémica, pero brillante desde todo punto de vista. En 1778, a los ochenta y tres años de edad, regresó a la ciudad de París. El 30 de mayo de ese mismo año comenzó a sentirse mal, y su estado de salud empeoró rápidamente. Sus allegados, temiendo por su alma inmortal, mandaron a llamar a un sacerdote.

Voltaire, que rechazaba la fe pero defendía la tolerancia por encima de todas las cosas, aceptó la visita; según algunos, por simple cortesía, otros, porque el filósofo no dejaba pasar ninguna ocasión para emitir sentencias demoledoras. Cuando el sacerdote le preguntó si estaba dispuesto a aceptar a Dios en su corazón y renunciar a Satanás, Voltaire respondió lo siguiente, minutos antes de morir:


Oh, no, este no es momento para hacer nuevos enemigos.
(Oh non, ce n'est pas le moment de se faire de nouveaux ennemis)




Autores con historia. I Taller de literatura.


Más literatura gótica:
El artículo: Estremecedoras últimas palabras de 10 grandes autores fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

10 extrañas secuelas literarias que quizás no conocías


10 extrañas secuelas literarias que quizás no conocías.




En el universo de las secuelas literarias, y sobre todo de las no oficiales, podemos encontrar tesoros realmente extraños, muchos de los cuales son casi desconocidos aún para los fanáticos de las novelas originales.

A continuación daremos un repaso sucinto por las secuelas literarias más desconcertantes.



10- El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, J.R.R. Tolkien)


La Guerra del Anillo ha terminado. Los Elfos abandonan la Tierra Media. Gondor estabiliza su burocracia señorial. Mordor se convierte en una plaza fuerte de los herederos de Aragorn. Los Orcos huyen hacia el Este. Los Ents retoman su sueño inmemorial. Los Enanos se ocultan en las raíces de las montañas. El Señor de los Anillos ha terminado... o quizás no.

Lo cierto es que la historia de la Tierra Media no termina cuando Frodo, Bilbo, Gandalf, Elrond y Galadriel parten de los Puertos Grises. Por el contrario, el lector que observa al barco élfico perdiéndose en el horizonte posee varias secuelas para aliviar su sensación de desamparo.

El autor ruso Nikolay Danilovich Perumov escribió una novela muy interesante: Descenso hacia la oscuridad (Нисхождение тьмы), que luego sería dividida en dos libros: Espada de elfo (Эльфийский Клинок) y Lanza negra (Черное Копье). Ambas nos ubican en la Tierra Media, unos trescientos años después del final de la Guerra del Anillo, es decir, después que Frodo, Gollum y Sam llegaran al Monte del Destino para destruir el Anillo Único.

El protagonista de la novela es un hobbit llamado Folko Brandybuck, descendiente de Meriadoc Tuk —Merry—, uno de los miembros de la Comunidad del Anillo. Folko y sus compañeros, dos Enanos de temperamento inestable, luchan contra una nueva amenaza para la Tierra Media: Olmer, el líder de las naciones Orientales, quien ha logrado recuperar los Nueve Anillos de los Nazgûl.



9- La máquina del tiempo (The Time Machine, H.G. Wells)


Esta novela clásica de ciencia ficción ha inspirado varias secuelas; entre ellas se encuentra La noche del Morlock (Morlock Night), de K.W. Jeter, y El hombre que amaba a los Morlocks (The Man Who Loved Morlocks), de David J. Lake. En ambas se explora la sociedad los Morlocks, criaturas que en el futuro pensado por H.G. Wells se encuentran recluidas a una existencia subterránea.

A propósito de H.G. Wells, también es oportuno mencionar algunas secuelas de otras de sus grandes novelas: Conquista de Marte (Edison's Mars Conquest), de Garrett P. Serviss, e Invasión de Marte (Invasion of Mars), de Forrest J. Ackerman, continúan el argumento de La guerra de los mundos (The War of the Worlds); mientras que La masacre de la humanidad (The Massacre of Mankind), de Stephen Baxter, nos ubica unos veinte años después de la primera invasión frustrada de los alienígenas, en un mundo donde la Primera Guerra Mundial jamás tuvo lugar.

Finalmente, La isla del doctor Moreau (The Island of Dr. Moreau), otro clásico de H.G. Wells, encontró su secuela en La hija del lunático (The Madman's Daughter), de Megan Shepherd, que relata la historia desde la perspectiva de la hija del doctor Moreau.



8- Frankenstein (Frankenstein, Mary Shelley)


El argumento de Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein or Modern Prometheus), de Mary Shelley, no deja la puerta abierta para una continuación. Esto no impidió que una cifra inconcebible de autores mal remunerados considere la posibilidad de expandir el universo original del monstruo creado por Victor Frankenstein.

Jean-Claude Carrière saqueó la historia de Mary Shelley y escribió seis novelas más en solo dos años: La torre de Frankenstein (La Tour de Frankenstein), El paso de Frankenstein (Le Pas de Frankenstein), La noche de Frankenstein (La Nuit de Frankenstein), El sello de Frankenstein (Le Sceau de Frankenstein), El merodeo de Frankenstein (Frankenstein Rôde) y La cueva de Frankenstein (La Cave de Frankenstein). Esta saga le da un nombre propio al monstruo, Gouroull, quien realiza un soporífero periplo delictivo que atraviesa Escocia, Alemania y Suiza.

Si bien no se trata de una secuela, es importante mencionar a Frankenstein desencadenado (Frankenstein Unbound), de Brian Aldiss, donde se relata la historia de un viajero en el tiempo que llega a 1816, desde el siglo XXI, justo en el momento en el que Mary Shelley empieza a escribir el primer borrador de su novela clásica.



7- Melmoth, el errabundo (Melmoth the Wanderer, Charles Maturin)


Si hablamos de novelas góticas es imposible omitir al clásico de Charles Maturin: Melmoth el errabundo (Melmoth the Wanderer), donde un hombre realiza un pacto con el diablo a cambio de doscientos años de vida, solo para descubrir que ese tiempo será destinado a encontrar la forma de recuperar su alma.

La secuela de Melmoth fue escrita nada menos que por Honoré de Balzac. Se titula: Melmoth reconciliado (Melmoth Reconcilé), y cuenta con un argumento notablemente sarcástico; donde el desgraciado Melmoth finalmente consigue trasladar su condena a un miserable empleado bancario parisino.



6- El monje (The Monk, Matthew Lewis)


En la novela de Matthew Lewis: El monje (The Monk), se exploran temas escandalosos como el pacto satánico, el incesto, la violación, el abuso de poder, la doble moral de la Iglesia. Sobre estos cimientos se construyó una secuela extraña, prácticamente desconocida, titulada El nuevo monje (The New Monk).

Se trata de una áspera parodia, un intento por utilizar el humor para socavar los temas escabrosos del argumento original. El resultado: una obra realmente grotesca, obscena, capaz de impresionar a sujetos como el Marqués de Sade.

El nuevo monje pertenece a un tal R.S., Esq., sobre el que poco se sabe. En sus páginas encontramos las correrías del sustituto de Ambrosio: un ministro metodista llamado Joshua Pentateuch. Al igual que Ambrosio, Joshua es reconocido por su elocuencia y su piedad. No obstante, este monje aparentemente perfecto está dispuesto a firmar un pacto con el demonio, no ya para obtener el amor de una mujer, al estilo de Fausto, sino para conseguir dinero, poder... y una jugosa pierna de cordero.



5- Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, Jane Austen)


Convicción (Conviction), de Skylar Hamilton Burris, es una secuela del clásico de Jane Austen: Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice), que a pesar de eso no presenta a los personajes del original. Es Georgiana, hermana de Darcy, la encargada de unir los hilos entre ambos argumentos.

Convicción relata el destino romántico de Georgiana Darcy, aunque su argumento aborda cuestiones ambiciosas, principalmente la necesidad de hallar apoyo en las convicciones que cada uno tiene acerca de su propia felicidad y cómo alcanzarla. En cierta forma, es una novela que solo puede ser entendida como parte del universo de Jane Austen, aunque de hecho su trama tal vez resulte irritante para el admirador de su obra.

Ya en el terreno del absurdo, hay que mencionar tres reversiones desconcertantes: Orgullo y prejuicio y zombies (Pride and Prejudice and Zombies); Orgullo y prejuicio y zombies: el amanecer de los zombies (Pride and Prejudice and Zombies: Dawn of the Dreadfuls), y La historia de Darcy (Darcy's Story).



4- La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym, Edgar Allan Poe)


La esfinge de los hielos (Le sphinx des glaces), del maestro Julio Verne, es en realidad una secuela de la historia de Edgar Allan Poe: La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket). La novela relata la búsqueda de Gordon Pym, desaparecido en los hielos de la Antártida, y cuyo destino E.A. Poe dejó inconcluso.

Esta continuación parece haber surgido del deseo de Julio Verne por conocer el final de aquella expedición. En uno de sus ensayos, comenta su decepción por el abrupto final de la historia de Gordon Pym, y se si él mismo sería lo suficientemente audaz como para continuarla.

El Halbrane sigue el itinerario de Arthur Gordon Pym. En el camino logran rescatar a un puñado de sobrevivientes del Jane, quienes agitan la imaginación de los hombres narrando extrañas historias. Tal como ocurre en la novela de Edgar Allan Poe, se produce un motín. El Halbrane zozobra y finalmente choca contra un iceberg al pasar las islas Aurora. Los sobrevivientes se dividen en dos bandos. Por un lado están los amotinados; por el otro, los oficiales. Una fuerza misteriosa parece atraerlos hacia un punto incierto del Polo Sur. Esta fuerza no es otra cosa que la propia isla montañosa, cuya forma recuerda a la de la esfinge egipcia. La isla funciona como un gigantesco imán, cuya fuerza de atracción resulta ser la causa de todos los naufragios de la zona. El cadáver de Arthur Gordon Pym también fue arrastrado hacia allí, ya que al morir todavía llevaba su fusil a la espalda.



3- Carmilla (Carmilla, Sheridan Le Fanu)


Carmilla: el regreso (Carmilla: The Return), de Kyle Marffin, continúa el relato clásico de vampiros de Sheridan Le Fanu: Carmilla (Carmilla). El argumento de la historia, lejos de la atmósfera del original, nos ubica en los Estados Unidos, en plena década de los '90.

Esta Carmilla de finales del siglo XX posee una memoria deteriorada. Recuerda vagamente su pasado, pero poco y nada sobre los sucesos ominosos del relato de Sheridan Le Fanu. Como muchos otros vampiros, Carmilla se encuentra perdida en el mundo moderno, observando con cierta desconfianza como los vampiros se han convertido en un ícono de la cultura popular.

Carmilla: el regreso, se destaca en la reconstrucción de su protagonista, basándose en detalles insinuados por Sheridan Le Fanu. Aquí, la vampiresa no reniega de sus deseos lésbicos. Sin embargo, no desprecia a los hombres, sólo le resultan indiferentes, casi elementos decorativos que no poseen ningún tipo de atractivo gastronómico.



2- Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, Henry James)


La novela de terror de Henry James: Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw), probablemente una de las mejores del género, también tuvo su secuela no oficial. Fue escrita por Hilary Bailey y se titula: Miles y Flora (Miles and Flora).

El argumento de la historia regresa sobre aquellos dos niños que la niñera debe cuidar en la historia de Henry James, Miles y Flora. Aquí, Flora se encuentra en la adolescencia, justo antes de una velada en la que le presentará oficialmente a su prometido. En el proceso de embellecerse, comienza a ver en el espejo a un joven muchacho parado detrás de ella.

Posteriormente, esas apariciones se repiten en todos los espejos de la casa. Flora es la única capaz de verlo, justamente porque se trata del fantasma de su hermano, Miles, cuyo destino ingrato coincide con el climaz de la historia de Henry James.



1- El cuervo (The Raven, Edgar Allan Poe)


Si bien no se trata estrictamente de una secuela, al menos en términos formales, La doncella bienaventurada (The Blessed Damozel), de Dante Gabriel Rossetti, continúa en cierto modo la historia del poema de E.A. Poe: El cuervo (The Raven).

En el original atestiguamos el tránsito de la obsesión a la locura de un hombre atormentado por un odioso cuervo que le recuerda, una y otra vez, que su amada ha muerto y que nunca más podrá reunirse con ella en el cielo. En La doncella bienaventurada, Dante Rossetti nos ofrece una situación inversa: una mujer muerta que observa desde el cielo la pena de su amante, llegando a la conclusión de que nunca más podrá reunirse con él.

Para muchos, la doncella de Dante Gabriel Rossetti es la mujer a quien el protagonista de El cuervo desea volver a ver en el cielo. Más allá de ese vínculo, ambos autores aciertan sobre un punto esencial: la verdadera tragedia se produce a través del más irreversible de los desencuentros.

Para el protagonista de El cuervo, la vida sin su amada se asemeja a la muerte, mientras ella, en el poema de Dante Gabriel Rossetti, siente que el cielo se transforma en un infierno sin él. Ni siquiera el canto de los ángeles, o la presencia inconcebible de Dios, le sirven de consuelo.

Y así como Edgar Allan Poe describe a su hombre atormentado observando hacia arriba, sometido a las cacofonías de un cuervo insidioso, Dante Gabriel Rossetti retrata a una doncella inclinada hacia abajo desde los balcones del cielo, observando entre las nubes rosadas el peregrinaje de las almas que ascienden y se reencuentran con sus seres queridos mientras ella, sola y abatida, se pregunta cuál es la razón de la demora de su amante. Los lectores de El cuervo lo intuyen: el hombre, enloquecido por aquel insistente "nunca más", se ha quitado la vida, y las puertas del cielo están eternamente cerradas para él.




Libros extraños y lecturas extraordinarias. I Antologías.


Más literatura gótica:
El artículo: 10 extrañas secuelas literarias que quizás no conocías fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

10 libros que podrían enorgullecerte de estar sola


10 libros que podrían enorgullecerte de estar sola.




Basta de flores, chocolates, películas románticas, cenas íntimas (¿acaso las hay públicas?) y todo ese despliegue de artificiosa burocracia que despliegan las personas en pareja para olvidar otros aspectos rutinarios de su condición.

Claro que en el reparto de reproches a las mujeres les toca la peor parte.

Ser soltera, o estar sola, puede transformarse de un interesante estilo de vida, incluso de una elección perfectamente válida, en una perpetua sucesión de interrogatorios de parte de terceros interesados, vaya uno a saber porqué, en emparejarlas.

Al respecto hay que decir que son muchos los autores que han plantado batalla frente a aquella idea estúpida de que la mujer sólo puede sentirse completa en pareja.

—Macanas —diría el profesor Lugano; opinión que seguramente sería suscrita por la licenciada Safo.

A continuación citamos 10 libros que podrían enorgullecerte de estar sola. Para apartarnos ligeramente de nuestra costumbre de reseñar, ésta vez dejaremos que sean los propios autores quienes filosofen sobre la cuestión de la soltería y sus enormes posibilidades para desarrollar una vida plena.



10- Seré calma; seré mi propia amante.
(I will be calm; I will be mistress of myself)
Sensatez y sentimientos (Sense and Sensibility, Jane Austen)


Excelente consejo de Elinor Dashwood; especialmente adecuado para esos momentos donde el impulso de verificar cada movimiento de tu ex en Facebook se vuelve incontrolable.



9- Cuánto más solitaria, con menos amigos, con nada de estabilidad, más me respeto a mí misma.
(The more solitary, the more friendless, the more unsustained I am, the more I will respect myself)
Jane Eyre (Jane Eyre, Charlotte Brontë)


Jane Eyre es una de esas novelas que glorifican la soledad como modo de vida; y para eso, curiosamente, apela a una de las historias de amor más notables de todas las épocas.



8- Una de las cosas más importantes en el mundo es aprender a pertenecerse a uno mismo.
(The greatest thing in the world is to know how to belong to oneself)
Ensayos (Complete Essays, Michel de Montaigne)


Una frase que, en tiempos mejores, podría sustituir a toda la fraseología de posesión que suele adornar el discurso de los enamorados: necesitar, ser para el otro, no existir sin él o ella, no caben en la filosofía de Montaigne.



7- Mi ser es todo mío. No tengo ninguna necesidad del tuyo.
(My self is all to me. I don't have any need of you)
Cierro la puerta sobre mí misma (I Lock My Door Upon Myself, Joyce Carol Oates)


Hay que admitir que Joyce Carol Oates quizá va demasiado lejos en su declaración. De hecho, es fácil imaginarla en un tono similar al de Gollum abrazándose a sí mismo y acariciando el Anillo Único; sin embargo, el empoderamiento del ser puede, en ciertos casos, parecer un rasgo de egoísmo.



6- Si yo siguiera la inclinación de mi naturaleza sería mendiga y soltera, en vez de casada y reina.
(If I follow the inclination of my nature, it is this: beggar-woman and single, far rather than queen and married)
Obras completas (Collected Works, Elizabeth I de Inglaterra)


La reina Elizabeth I de Inglaterra ascendió al trono para producir un heredero. En cambio, le dio la espalda a la tradición y gobernó soltera durante 44 años. Pocas mujeres en la historia podrían defender la soltería con mejores argumentos.



5- Que Dios no me envíe un marido es una merced que le imploro de rodillas todas las mañanas y todas las noches.
(If God send me no husband, for the which blessing I am at him upon my knees every morning and evening)
Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, William Shakespeare)


Ambos, Benedick y Beatrice, observan la vida conyugal con ciertas reservas. Ella, sin embargo, planta una de las más conmovedoras resistencias al matrimonio en una época donde lo único que se esperaba de la mujer era que se casara.



4- Mientras ella piense en un hombre nadie objetará que la mujer piense.
(As long as she thinks of a man, nobody objects to a woman thinking)
Orlando (Orlando, Virginia Woolf)


Brillante reflexión de Virginia Woolf, probablemente la más lúcida feminista de la historia, acerca de las estructuras mentales aprobadas por la sociedad de su tiempo: pensar en él está bien; pensar en una misma, pésimo.



3- Los hombres se casan porque están cansados; las mujeres por curiosidad. Ambos terminan decepcionados.
(Men marry because they are tired, women, because they are curious: both are disappointed)
El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray, Oscar Wilde)


Cierto o no, Oscar Wilde ataca la institución del matrimonio por encima de la idea de pareja, en su tiempo, claramente despareja. No obstante, sirve como ejemplo de que ciertas metas, como casarse, deberían ser apenas el comienzo de una aventura.



2- Cualquiera que se regocije en la soledad, o es una bestia salvaje o un dios.
(Whosoever is delighted in solitude, is either a wild beast or a god)
Sobre la amistad (On Friendship, Francis Bacon)


En realidad, aquí Francis Bacon recicla una frase de Aristóteles (aquel que es incapaz de vivir en sociedad o es una bestia o un dios) pero adaptándola a la idea de soledad en términos de pareja. Subjetivamente, preferimos la versión reciclada.



1- Aquellos que conocen el valor y el exquisito sabor de la solitaria libertad (pues únicamente se es libre cuando se está solo), el acto de partir es el más valiente y hermoso de todos.
(For those who know the value of and exquisite taste of solitary freedom ―for one is only free when alone―, the act of leaving is the bravest and most beautiful of all)
La nómada: los diarios de Isabelle Eberhardt (The Nomad: The Diaries of Isabelle Eberhardt, Isabelle Eberhardt)


Para aquellos que no la conozcan, Isabelle Eberhardt fue una escritora y exploradora de principios del siglo XX, que para sentirse con mayor libertad comenzó a vestirse de hombre. Murió joven, a los 27 años, soltera pero jamás sola, luego de sobrevivir a varios intentos de asesinato por defender la libertad de los pueblos africanos.




Libros extraños y lecturas extraordinarias. I Feminología: filosofía de la mujer.


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10 personajes masculinos de los que podrías enamorarte


10 personajes masculinos de los que podrías enamorarte.




No es infrecuente que algunas lectoras se enamoren de los personajes masculinos de sus novelas favoritas. Esta idealización se produce de manera espontánea, como consecuencia de ciertos parámetros y expectativas que el personaje cumple sin proponérselo.

No obstante, si fuese tan sencillo que una lectora se enamore de un personaje masculino habría muchos más amoríos transliterarios de los que realmente hay.

Enamorar a una lectora no es fácil. El rito requiere una serie de ingredientes difíciles de identificar, pero que están ahí, perfectamente visibles, aunque su correcta combinación se inscriba en una especie de alquimia que sólo los grandes autores manejan con propiedad.

A continuación citamos 10 personajes de los que las lectoras podrían enamorarse, si no es que ya lo están.



10- Frederick Wentworth:
Persuasión (Persuasion, Jane Austen)

Ejemplo de estoicismo amoroso, del hombre que no retrocede aún cuando todo el escenario parece desfavorable.

Le propone matrimonio a Anne, protagonista de la novela, y es rechazado debido a ciertas intrigas organizadas por la celosa Lady Russell.

Lejos de refugiarse en la angustia, Frederick recurre a una paciencia infinita para colaborar desde la trastienda con la vida de Anne. Afortunadamente, su éxito en las Guerras Napoleónicas mejoraron ostensiblemente su situación financiera, lo cual le permitió volver a la carga en una época en la que la economía de un hombre definía sus aptitudes como futuro esposo.



9- Rhett K. Butler:
Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, Margaret Mitchell)

Al principio, admirador secreto de Scarlett O'Hara, y al final de la novela su tercer esposo.

Rhett suele escandalizar a todos por su comportamiento público, el cual se acerca bastante al carisma del chico malo. En varios pasajes advierte que no es un buen hombre con el cual contraer matrimonio, y lo prueba del modo más rotundo.

A pesar de esta fachada de tipo duro, Rhett ama sinceramente a Scarlett, aunque nunca se declara abiertamente, incluso después de casados. Ya en el ocaso de la novela descubrimos que la razón de su discreción tiene que ver con el destino infausto de todos aquellos que amaron a Scarlett y por eso fueron despreciados.



8- Martín:
Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sábato)

Martín encarna el principio del muchacho devastado por el amor.

Puro, melancólico, perturbado, Martín se enamora de la mujer más improbable para él: Alejandra, tan independiente y lejana como presa de sus propios demonios personales.

Si bien la personalidad de Martín no es precisamente la de un galán, por su tenacidad y constancia, aún a sabiendas de que su amor por Alejandra sólo puede conducir al desastre, logran colocarlo entre los personajes masculinos más destacables de la novela latinoamericana.



7- Edward Fairfax Rochester:
Jane Eyre (Jane Eyre, Charlotte Brontë)

Ejemplo del hombre perseguido por circunstancias desfavorables.

No sólo elige mal a su esposa, Bertha Mason, sino que se casa con ella justo antes de enamorarse perdidamente de otra mujer, Jane Eyre.

Esta desafortunada sucesión de hechos conducen a Rochester a convertirse en un héroe torturado, en parte byroniano, en parte masoquista; sin embargo, su locura de amor queda perfectamente justificada a lo largo de la novela, y permite la forja de una de las historias de amor más notables de todos los tiempos.



6- Heathcliff:
Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, Emily Brontë)

Prototipo del héroe byroniano; es decir. el arquetipo del héroe torturado, romántico, cuya pasión es tan desbordante y enfermiza que es capaz de destruir a todos los que lo rodean, incluso a la mujer que ama.

A lo largo de la novela Heathcliff adquiere proporciones épicas.

Su deseo de venganza lo consume, lo vuelve un hombre perturbado; no obstante, a medida que crece su faceta también aumenta su capacidad de fascinar a las mujeres; quizá porque en ningún momento se establece claramente como héroe o villano, ni siquiera para la adorable Catherine Earnshaw.



5- Holden Caulfield:
El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye, J.D. Salinger)

Uno de los personajes masculinos más notables del siglo XX; y un ícono de la rebeldía adolescente de los años '50.

Holden Caulfield es un muchacho trágico, con la extraña cualidad de percibir los aspectos más ridículos de las personas que lo rodean, como la superficialidad, la vanidad y el narcisismo.

Como consecuencia, Holden Caulfield se vuelve un tipo desconfiado, cínico, capaz de exhibir todos los rasgos y comportamientos que desprecia.



4- Fitzwilliam Darcy:
Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, Jane Austen)

Apuesto, inteligente, Darcy intepreta el modelo de hombre aplomado pero socialmente torpe que tanto agradaba a las mujeres del siglo XIX.

Darcy suele generar una opinión inicial bastante pobre; hay cierta rectitud en él, cierto orgullo que muchos han confundido como un elemento del título. Sin embargo, las mujeres que llegan a conocerlo de manera más profunda caen rendidas a sus pies.

La razón de su magnetismo continúa siendo desconocida, pero quizá tenga que ver con el hecho de ser uno de los pocos personajes masculinos que se enamora de los defectos de una mujer, y no tanto de sus virtudes.



3- Adán:
Diario de Adán y Eva (The Diaries of Adam and Eve, Mark Twain)

El Adán de Mark Twain presenta una serie de curiosidades que lo justifican como uno de los personajes masculinos más requeridos por las lectoras.

En principio, este Adán está más dispuesto a recorrer la geografía secreta de Eva que la exótica fauna y flora del Edén.

En cierta forma, Adán descubre aquí que no hay destierro en la historia de la manzana prohibida. Todo lo contrario: el único Edén posible es junto a Eva, aún en los páramos y yermos que se extienden fuera del Paraíso.



2- Florentino Ariza:
El amor en tiempos del cólera (Gabriel García Marquéz)

Florentino Ariza tiene la mala suerte de enamorarse de Fermina Daza, muchacha de la alta sociedad, a la que intenta conquistar mediante audaces promesas epistolares.

El padre de Fermina se opone a estos coqueteos, y se propone separar a la pareja a cualquier precio.

Con el tiempo consigue que Fermina se case con otro hombre más acorde a su condición social, sin saber que Florentino Ariza es uno de esos personajes masculinos capaces de esperar toda la vida por la mujer que ama.



1- Richard Collier:
En algún lugar del tiempo (Somewhere in Time, Richard Matheson)

Richard Collier es un personaje extraordinario: padece un tumor cerebral y le queda muy poco tiempo de vida, el suficiente como para enamorarse de una mujer que aparece en una vieja fotografía de principios de siglo, la actriz Elise MacKenna.

Si enamorarse de una mujer de otra época es un problema difícil de resolver, encontrar el modo de llegar hasta ella a través del tiempo justifica la reputación de Richard Collier como uno de los personajes masculinos más tenaces de la historia.




Libros extraños y lecturas extraordinarias. I Autores con historia.


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Estadísticas del AMOR y el BESO en las novelas románticas


Estadísticas del AMOR y el BESO en las novelas románticas.




Es fácil caer en la suposición de que en todas las novelas del romanticismo, y aún en las novelas victorianas, el amor florece casi como una consecuencia inevitable; una fungosidad empalagosa, se diría, producto de la frecuentación y el hastío de sus protagonistas a propósito de la constipación reinante en sus sociedades.

En este escenario el AMOR y el BESO deberían reinar por encima de otras emociones, de otros rituales; sin embargo, la diferencia estadística entre unos y otros es realmente notable.

Tomemos como ejemplo una breve lista de novelas clásicas de amor, algunas provenientes del romanticismo, otras del período victoriano, y analicemos la cantidad de veces que mencionan la palabra AMOR y el número de BESOS que realmente describen.



Jane Eyre (Jane Eyre, Charlotte Brontë)
235 veces utiliza la palabra AMOR.
51 BESOS.

No es extraño que Charlotte Brontë haya liberado sus deseos de gritar la palabra AMOR en Jane Eyre. Estaba acostumbrada a disimular esas expresiones de afecto ya que amaba secretamente a un hombre casado, un acartonado profesor, con quien intercambiaba cartas de perfil más bien discreto.

Esa prudencia de Charlotte Brontë para proteger el honor de su amado quedó totalmente devastada en la novela Villette (Vilette), donde justamente retrata la relación clandestina de una mujer obsesionada con un profesor Belga.


Cumbres borrascosas (Wuthering Heighs, Emily Brontë)
128 veces utiliza la palabra AMOR.
36 BESOS.

No debemos dejarnos confundir por esta estadística.

Si bien es cierto que Emily Brontë emplea muchas veces la palabra AMOR, dejándonos además algunos BESOS memorables, la palabra que mas insiste en Cumbres borrascosas es VENGANZA.



Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, Jane Austen)
122 veces utiliza la palabra AMOR.
3 BESOS.

Sensatez y sentimientos (Sense and Sensibility, Jane Austen)
124 veces utiliza la palabra AMOR.
6 BESOS.

Casi como si se tratara de una receta de cocina, Jane Austen emplea casi la misma cantidad de veces la palabra AMOR en Orgullo y prejuicio y Sensatez y sentimientos. Lo curioso es que, al menos en la obra de Jane Austen, la palabra AMOR no fatiga al lector, aún cuando aparezca varias veces en una misma oración:

«La imaginación de una mujer muy rápida; salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio en un instante»

(A lady's imagination is very rapid; it jumps from admiration to love, from love to matrimony in a moment)

También hay que decir que, al menos en Sensatez y sentimientos, el AMOR y los BESOS ocurren en la primera parte de la novela, y están prácticamente ausentes al final.


Pero la cuestión del AMOR y los BESOS no es una problemática de género, o quizás sí; muchos autores varones alcanzan cifras astronómicas, muy superiores a las de las mujeres.

El ejemplo más notable es León Tolstói.

Anna Karenina (Anna Karenina, León Tolstói)
633 veces utiliza la palabra AMOR.
118 BESOS.

Resulta bastante difícil entender cómo diablos en una novela donde el AMOR y los BESOS abundan de esta manera todo finalice con uno de los suicidios más clásicos de la literatura.






Tess la de los d'Urberville (Tess of the d'Urbervilles, Thomas Hardy)
226 veces utiliza la palabra AMOR.
45 BESOS.

Thomas Hardy desafía las costumbres de su época al desnudar algunas cuestiones de las que nadie se atrevía a hablar, por ejemplo, de violación.

De hecho, la gran mayoría de los BESOS que recibe la pobre Tess proceden de Alec, un psicópata libertino que suele tomarlos por la fuerza.


Se podría decir que estas tendencias obsoletas son producto de una época y que luego se fueron aplazando o sustituyendo por otras.

Tomemos como ejemplo el clásico de Franz Kafka:

La metamorfosis (Die Verwandlung, Franz Kafka)
4 veces utiliza la palabra AMOR.
2 BESOS.











Esto nos tranquiliza como lectores. Por fin el AMOR dejó de ser una abstracción secuestrada por sentimentalismos. Ya no habrá clásicos de la literatura que abusen del AMOR y los BESOS con semejante ligereza, al menos en obras totalmente desligadas del romanticismo...

Entonces aparece él, con sus cifras siderales, y lo cambia todo, lo revierte, pero utilizando la misma abundancia.

Ulises (Ulysses, James Joyce)
412 veces utiliza la palabra AMOR.
98 BESOS.

Imposible suprimir siquiera uno solo de ellos.










Autores con historia. I Antologías.


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