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El mundo sin sol: análisis de «La Tierra Nocturna» de W.H. Hodgson.


El mundo sin sol: análisis de «La Tierra Nocturna» de W.H. Hodgson.




«Una extraña inquietud se apoderaba de la Tierra;
sin embargo, no la percibía con mis oídos: mi espíritu la oía,
y era como si la angustia y una expectativa de horror me rodearan.»



Hoy en El Espejo Gótico analizaremos la novela de William Hope Hodgson: La tierra nocturna (The Night Land), publicada en 1912. Una versión abreviada apareció ese mismo año con el título: El sueño de X (The Dream of X). La historia incluye viajes en el tiempo [no mecanizados], proyecciones astrales, y un examen de la flora, fauna y civilización de la Tierra en un futuro post-solar.

Resumen:


«Lo que me ha ocurrido no es soñar, sino que he despertado allí, en la oscuridad, en el futuro de este mundo.»


La Tierra Nocturna comienza con un caballero del siglo XVII llorando la muerte de su amada, Lady Mirdath. No conocemos el nombre del Narrador, ni siquiera si realmente es del siglo XVII [se infiere por su estilo de escritura], sólo que es un caballero inglés, atlético y adinerado, que se enamora perdidamente de Mirdath la Hermosa [Mirdath the Beautiful]. La historia de su noviazgo se extiende durante docenas de páginas, pero constituye el prólogo de la novela.

Después de la muerte de Mirdath, el Narrador tiene una visión del futuro lejano: se reencarnará mucho después de que el sol haya muerto, cuando los restos de la humanidad vivan en una pirámide de once kilómetros de altura llamada Último Reducto [Last Redoubt], una fortaleza contra los seres monstruosos que acechan el mundo frío y oscuro del exterior: seres primordiales [surgidos de la tierra misma], productos indeseables de experimentos científicos, variantes degeneradas de la humanidad; y, lo peor de todo, criaturas innombrables del espacio exterior [o de dimensiones superiores] que pueden devorar las almas humanas.

Si bien el Último Reducto es una fortaleza, su protección radica en el Círculo, un tubo de energía que rodea la pirámide, alimentado por la Corriente de la Tierra [Earth Current], una fuerza telúrica que es beneficiosa para los humanos pero dañina para los monstruos. W.H. Hodgson no proporciona información adicional sobre todo esto, pero el Círculo funciona como un dispositivo a gran escala del mismo principio utilizado por Carnacki [su personaje más reconocido] en varias historias. Por otra parte, muchos de los «monstruos» son entidades espirituales. Estos seres, como en Los piratas fantasma (The Ghost Pirates), no son espectros tradicionales, sino entidades de dimensiones superiores [ver: Biología extradimensional en los Mitos de Cthulhu]

Los habitantes del Último Reducto tienen poderes psíquicos básicos, como proyectar mensajes a distancia. El Narrador tiene habilidades más amplias, como el Oído Nocturno [Night Hearing], que lo sintoniza con los monstruos. Gracias a esta habilidad, se une a los Monstruwacans [Vigilantes de Monstruos] que observan la Tierra Nocturna a través de su enorme telescopio en el pináculo de la pirámide. Allí, el Narrador recibe mensajes telepáticos que resultan ser de otros seres humanos: En el pasado distante, se construyó un segundo reducto, y sus habitantes han logrado enviar un mensaje, pero su suministro de energía está fallando y pronto caerán. Por supuesto, la mujer que ha enviado el mensaje desde el Reducto Menor es la reencarnación de Mirdath la Hermosa, llamada Naani.

La primera misión de rescate termina en catástrofe. Varios jóvenes pierden sus almas a manos del enemigo más temible de la humanidad: la Casa del Silencio [House of Silence]. El Narrador finalmente decide aventurarse solo en la Tierra Nocturna y traer de vuelta a Mirdath. El viaje requiere preparativos, tanto físicos como espirituales, como una armadura finamente elaborada para repeler a los monstruos y una capa para protegerse del frío. Su principal arma es el diskos, una mezcla de hacha y sierra eléctrica. El Narrador no puede comer nada que crezca en la Tierra Nocturna, por lo que sus único alimentos son tabletas nutritivas y un polvo que se convierte en agua cuando se expone al aire. La última precaución antes del viaje es implantarse quirúrgicamente una cápsula envenenada en el antebrazo en caso de ser capturado.

Entonces, las luces del primer piso del Reducto se apagan y la gran puerta se abre. El Narrador comienza su viaje, sin muchas probabilidades de regresar.

Lo que sigue debería ser lo mejor de La Tierra Nocturna; desafortunadamente, han pasado cientos de páginas para llegar a este punto, y lo que viene parece deslucido. Es cierto, hay algo de aventura, combates cuerpo a cuerpo con los seres del yermo y algunos roces con las entidades superiores [tan extrañas y maravillosas como deberían ser]; pero lo mejor ha quedado atrás.

***


Adentrarse en la Tierra Nocturna es peligroso. Uno entiende rápidamente porqué inspiró a autores como H. P. Lovecraft, Robert E. HowardClark Ashton Smith, y también porqué es una de las novelas más detestadas de su tiempo. Por un lado, La Tierra Nocturna es uno de los despliegues más exhuberantes de imaginación y originalidad de su tiempo, por el otro, contiene largos y lánguidos pasajes que resultan casi ilegibles [ver: El adverbio que cayó del espacio]

No creo que sea imposible reconciliar estos dos aspectos. W.H. Hodgson sabía que tenía entre manos una obra maestra, tal vez por eso dejó de lado su competencia habitual y se entregó a un estilo de escritura pretencioso; y eso está muy bien. No se puede ser discreto y mesurado cuando vas a lanzar a un inglés acartonado del siglo XVII a un futuro post-apocalíptico donde el sol ha muerto y la tierra es reclamada por entidades de otra dimensión. Sin embargo, sí puede decirse que W.H. Hodgson llevó las cosas demasiado lejos. La Tierra Nocturna es un lugar tan inhóspito para su protagonista como para el lector.

Dicho esto, no puedo juzgar si la prosa arcaica de W.H. Hodgson es deficiente [en el sentido técnico] o no; pero en la primera mitad del libro funciona. Por forzado que sea el estilo [y es un verdadero lastre], resulta eficaz. Después de todo, ¿quién sabe cómo hablarán los seres humanos en un futuro inconcebiblemente lejano? No como nosotros, ciertamente; tampoco como una persona de 1912. En este sentido, utilizar un color isabelino [de cientos de años atrás] para transmitir las enormes profundidades del tiempo parece una solución razonable, a pesar de todas las dificultades que causa al lector.

En el ensayo de 1927: El horror sobrenatural en la literatura (The Supernatural Horror in Literature), Lovecraft escribió:


«La Tierra Nocturna es un relato extenso (583 páginas) sobre el futuro infinitamente remoto de la Tierra: miles de millones y millones de años por delante, después de la muerte del sol. Está narrado de una manera bastante torpe, como los sueños de un hombre del siglo XVII, cuya mente se funde con su propia encarnación futura; y está seriamente estropeado por una verborrea dolorosa, repeticiones, un sentimentalismo romántico, artificial y nauseabundo, y un intento de lenguaje arcaico aún más grotesco y absurdo que el de Glen Carrig


El Flaco de Providence es duro, pero justo.

W.H. Hodgson tiene la necesidad obsesiva de narrar detalles triviales hasta el punto de la monotonía. Lovecraft cita atinadamente el relato Los botes del Glen Carrig (The Boats of the ‘Glen Carrig’) como ejemplo de esa obsesión. Cerca del clímax de esta historia, un grupo de marineros que intentan escapar de una isla pasan una semana trenzando cuerdas para el bote. Hodgson, por supuesto, no escribe «pasamos siete días trenzando cuerdas», sino que describe cada día, individualmente, hasta el más mínimo detalle, usando las mismas palabras ya que la acción [trenzar cuerdas] es la misma. La Tierra Nocturna eleva esta compulsión por el detalle y la repetición a lugares inéditos.

Por ejemplo, tenemos decenas y decenas de páginas sucesivas donde el Narrador habla de qué ha comido, cuánto ha caminado, de su descanso; y aunque esos detalles son interensantes en su justa medida, resultan abrumadores por su extensión. Es como si W.H. Hodgson no pudiera omitir los momentos, o los días, en los que no sucede nada; por lo que nos brinda capítulos enteros donde sólo se camina, come y duerme.

Cuando Lovecraft habla de lo «grotesco y absurdo» que resulta el «intento de lenguaje arcaico» del protagonista, se refiere a la intención de W.H. Hodgson de escribir su novela como lo haría un hombre del siglo XVII. El problema es que el protagonista se enfrenta a una realidad futura para la cual no tiene palabras, de modo que debe emplear muchísimas [y en inglés isabelino]. Pero la dificultad, insisto, no radica tanto en el estilo, sino en la minuciosidad con la que el Narrador divaga sobre temas superficiales para la trama.

Además de la trama principal, que el Flaco de Providence calificó de «un sentimentalismo romántico, artificial y nauseabundo», La Tierra Nocturna crea un mundo fascinante, surrealista. Lamentablemente, W.H. Hodgson empleó el recurso más interesante de su novela como telón de fondo de la historia principal, de modo que sólo entró en detalles cuando era necesario. Me hubiese gustado saber más sobre este ecosistema que se desarrolla sin la energía del sol; y si bien el autor aclara que la energía disponible proviene de fuentes geotérmicas, su funcionamiento es un misterio. De todos modos, podemos hacer algunas suposiciones.

El Narrador no menciona la presencia de nieve o hielo, por lo cual es lícito suponer que la temperatura ambiente está por encima del nivel de congelación del agua. Hay ríos, y la actividad geotérmica cerca del Gran Mar hace hervir las aguas, de modo que el vapor asciende y se condensa en forma de lluvia. La vegetación es exigua. En el área del Último Reducto hay «arbustos de musgo» [moss-bushes], pero no otro tipo de plantas; sin embargo, cerca del Gran Mar hay bosques. Esto parece curioso, teniendo en cuenta que no hay luz solar para que se produzca la fotosíntesis. El autor sugiere que estas plantas han aprendido a subsistir de la luz emitida por la actividad volcánica.

De hecho, carecer de luz solar no significa que no pueda haber fotosíntesis. Algunas clorofilas operan en la región infrarroja; de modo que estas plantas sólo necesitarían una fuente de calor, y el vulcanismo de la Tierra Nocturna podría servir muy bien. En este sentido, W.H. Hodgson describe las enormes «colinas de fuego», montañas en la distancia que brillan «como pequeños soles». El modelo básico sería el de una biosfera alimentada por actividad geotérmica.

La fauna de la Tierra Nocturna es bastante elemental. Casi todas las criaturas que el Narrador encuentra son grandes, mamíferas y de aspecto humanoide [con la excepción de serpientes, que son el bocado predilecto de los Perros-Rata (Rat-Dogs); enormes babosas, y también están Sabuesos Nocturnos (Night Hounds), canes del tamaño de un caballo y con dientes de tiburón]. Todas estas formas de vida son depredadoras; sin embargo, no se menciona ningún tipo de herbívoro o ser intermediario entre los carnívoros y la vida vegetal.

Además de una flora y fauna terrenal, la Tierra Nocturna cuenta con un ecosistema psico-espiritual inspirado en la teosofía. Veamos en qué consiste:

Entre los humanos están los Sensitivos [Sensitives], que poseen poderes telepáticos. Si uno es atacado por un animal, o asesinado, o muere por enfermedad o vejez, experimenta la muerte física que conocemos, pero en la Tierra Nocturna existe otra forma de aniquilación llamada Destrucción [Destruction], que consiste en la muerte del Alma Inmortal. Frente a esta posibilidad, la mayoría de las personas se quitan la vida antes de ser destruidas.

Los seres capaces de devorar el alma humana son los Pneumávoros [Pneumavores], básicamente carnívoros espirituales con ciertas similitudes con las entidades del bajo astral descritas en la teosofía. No viven del todo en el plano físico, aparecen intermitentemente cuando un alma notable los activa de su letargo. Un grupo muy reducido de seres vigilan constantemente el Gran Reducto, llamados Vigilantes [Watchers]. Estas entidades son colosales, alcanzan el tamaño de montañas y se mueven con la velocidad de un glaciar. Casi nadie sabe qué hay más allá de las Puertas de la Noche [Doorways in the Night], sólo que es una entrada a dimensiones superiores habitada por poderes malignos [ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa]

W.H. Hodgson insinúa que algunas de estas formas de vida son el resultado ordinario de millones de años de evolución, o de involución, habida cuenta que ciertos habitantes de la Tierra Nocturna parecen ser formas degeneradas de la humanidad. Pero también hay formas de vida no autóctonas, entidades extraordinarias que se congregan alrededor del Reducto y que probablemente llegaron desde el «Exterior» cuando las condiciones de la Tierra fueron propicias para su existencia.

En la Tierra Nocturna existe una enigmática fuerza del bien [o al menos a favor de la humanidad] que se manifiesta cuatro veces en la historia [en todas como deus ex machina], a veces como una cúpula brillante, otras como una estrella, otras como una barrera de luz. Todas estas formas impiden que los Pneumávoros y los humanos salvajes irrumpan en el Gran Reducto. Nada de lo que entra en esa luz vuelve a ser visto.

El Gran Reducto no solo está protegido por esta fuerza benévola, cuenta con la Corriente de la Tierra como una especie de halo protector, que tiene un efecto holístico sobre los humanos que viven allí. Abrigados con esa energía, la fuerza física y los poderes psíquicos proliferan. Esto es evidente cuando la Corriente mengua en el Reducto Menor; y las personas se vuelven lo suficientemente estúpidas como para abrir las puertas y permitir que las criaturas de la Tierra Nocturna se alimenten de sus almas. Por otro lado, el Gran Reducto cuenta con una gigantesca arma giratoria de «metal viviente», con la cual el artillero debe establecer un enlace psíquico, un concepto asombroso para la época.

William Hope Hodgson también proporciona una geografía repleta de sitios misteriosos. Tenemos El Sendero Donde Caminan Los Silenciosos (The Road Where The Silent Ones Walk), un camino prohibido por el que a veces se ven seres extraños, muy altos y cubiertos con sudarios, que simplemente caminan en silencio. Otros sitios escalofriantes son El País de Donde Viene la Gran Risa (The Country Whence Comes The Great Laughter), un territorio remoto desde el cual llegan risas y carcajadas guturales, pero nadie sabe qué las está causando; o La Cosa Que Asiente (Thing That Nods), un ser descomunal, como una placa tectónica viviente, que repta constantemente como si asintiera. Sin embargo, el sitio más peligroso es La Casa del Silencio (The House Of Silence), una especie de mansión victoriana situada al norte de la pirámide. Este lugar emite un brillo perpetuo, y atrae a los incautos a su interior realizando pequeños juegos psicológicos [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

Lovecraft no era amigo del «sentimentalismo romántico» [sobre todo si es «artificial y nauseabundo»], pero ése no es el mayor pecado de W.H. Hodgson. El problema del cortejo y el amor romántico en La Tierra Nocturna es dónde se desarrolla: a pesar de estar solos en el yermo, rodeados de peligros, enfrentados al agotamiento físico, a la amenaza de la muerte, incluso de la aniquilación de sus almas, el Narrador y Naani [reencarnación de Mirdath] se comportan como dos adolescentes, bromeando y coqueteando sin descanso. La situación es vergonzosa para el lector; se nos obliga a escuchar el ida y vuelta de palabras edulcoradas entre dos noviecitos. También es indignante, por lo inapropiado del lugar. ¿No podríamos centrarnos en los monstruos devoradores de almas mientras estamos en el yermo? ¿No podrían guardar ese «sentimentalismo romántico» [«artificial y nauseabundo»] hasta que lleguemos al Reducto Menor?

Naani, en particular, es exasperante. En una ocasión, deja sus zapatos [deliberadamente] cerca de una fuente termal, y hace que el Narrador vuelva sobre sus pasos [varios kilómetros] para recuperarlos. A pesar de que están exhaustos, con su suministro de comida y agua cada vez más escaso, ella hace esta broma idiota, que significa una posibilidad real de muerte o algo peor, y el Narrador le sigue el juego.

Creo que esto se refiere Lovecraft cuando habla de «artificial y nauseabundo»; afortunadamente, también utilizó tropos de La Tierra Nocturna para su concepción del Horror Cósmico, como la indiferencia del universo, la insignificancia del ser humano, etc. [ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco]. En este sentido, el Flaco de Providence es un crítico justo: duro [incluso despiadado] con los aspectos más deslucidos de una obra, pero capaz de reconocer y valorar sus puntos fuertes. La Tierra Nocturna es una obra ideal para hacer esta distinción: la primera parte funciona muy bien, la segunda falla esterepitosamente.

El episodio del zapato es absurdo, pero forma parte de un problema estructural: esto sucede cuando el Narrador y Naani están regresando; es decir, estamos volviendo por el mismo camino que ya hizo el Narrador para rescatarla. Creo que W.H. Hodgson quiso aportar algunos incidentes en el viaje de regreso, pero el problema de fondo es que ya hemos estado aquí, ya hemos atravesado este territorio en nuestro camino hacia la Naani. De todas formas, la responsabilidad es del Narrador. Naani puede ser bastante estúpida, pero su proximidad física, durante el regreso al Reducto, proporciona al Narrador infinitas oportunidades para divagar sobre el amor. Hay unas 200 páginas de esto.

Si La Tierra Nocturna fuera un lugar exótico, y su lectura un viaje, sería justo advertir al viajante que deberá hacer el recorrido al lado de una pareja de recién casados que constantemente se harán promesas de amor y sacrificio; pero el lugar en sí, sus criaturas, su geografía, su dinámica social, sus ecosistemas, hacen que lo anterior sea soportable. El lugar es único.




Más de William Hope Hodgson. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: El mundo sin sol: análisis de «La Tierra Nocturna» de W.H. Hodgson fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.


La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología.




La Tercera Ley de Clarke, propuesta por el escritor británico Arthur C. Clarke, establece lo siguiente:


[«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.»]


Ya hemos hablado sobre esto en El Espejo Gótico en relación a Gandalf [ver: Gandalf y la tercera ley de Clarke] Hoy ampliaremos un poco más el panorama al analizar cómo se aplica la Tercera Ley de Clarke a la magia en la Tierra Media. [ver: Viajes en el Tiempo en la Tierra Media]

J.R.R. Tolkien no elegía palabras accidentalmente. Tenía mucho cuidado al asignar referencias a personajes, lugares y hechos para transmitir matices de significado que no resultan obvios de inmediato. La Magia, por supuesto, es uno de los elementos más significativos y, al mismo tiempo, indefinible en la Tierra Media. Por ejemplo, una búsqueda rápida por El Silmarillion, El Señor de los Anillos y El Hobbit revela lo poco que Tolkien utiliza la palabra sorcerer [«hechicero»] y sus derivados. El profesor admitió en sus cartas que su uso de la magia era bastante casual y, a veces, inconsistente, pero el concepto está presente de todos modos.

En la Carta #155, Tolkien diferencia dos tipos de magia en la Tierra Media: magia y goeteia. Ambos fueron utilizados por personajes «buenos» y «malos», aunque en diferentes cantidades y para diferentes propósitos. Dentro de la obra de Tolkien, la Magia «produce efectos reales en el mundo físico», mientras que goeteia tiene más que ver con influir en las voluntades. Actualmente los diccionarios en inglés etiquetan este término como un arcaismo para «brujería o magia realizada por la invocación y el empleo de espíritus malignos»; en una palabra: nigromancia. La goeteia no solo está directamente relacionada con la mayoría de las formas en que se usa sorcerer [«hechicero»] en los libros de Tolkien, sino que también está estrechamente asociado con personajes malvados [ver: Thû: la historia del verdadero Nigromante de Dol Guldur]

El Oxford English Dictionary da la definición moderna de sorcerer como «alguien que afirma o se cree que tiene poderes mágicos», mientras que el Cambridge English Dictionary especifica que estos poderes mágicos se utilizan para dañar a otras personas, lo que implica una connotación maligna específica. La Encyclopaedia Britannica comparte esta última opinión. Si bien en estos días el uso de sorcerer parece ser bastante laxo y su connotación es más neutral que positiva o negativa, no era el caso en la Edad Media.

En el corazón de la palabra sorcerer se encuentra la raíz latina sors, que significa «destino», «fortuna» [la deidad romana Sors regía sobre el azar, de ahí la palabra española sorteo]. En latín medieval, el sortiarius era un adivino, pero también alguien capaz de influir en el destino o la fortuna. El término se introdujo al Francés Antiguo en la forma sorcier [«mago»]. Cuando llegó al Inglés Medio en el siglo XIV, la palabra adquirió el significado de «conjurador de espíritus malignos».

El uso que hace Tolkien de sorcerer y sorcery [«hechicero» y «hechicería»] es enfáticamente negativo. Suele implicar la intromisión de mentes, vidas, voluntades, emociones; invocar espectros o espíritus para alcanzar objetivos malignos. Bárbol habla del «fuego o explosión de hechicería» de Saruman como algo que puede matar a los Ents; Boca de Sauron aprendió hechicería cuando entró al servicio de Mordor y los Espectros del Anillo se convirtieron en grandes hechiceros tras conseguir los Anillos de Poder [ver: Los extraños poderes de los Nueve Anillos]. Estas, sin embargo, son en su mayoría menciones y referencias pasajeras. El principal título de hechicero de la Tierra Media está reservado para Sauron.

Como Sauron había ascendido al estatus del lugarteniente de Morgoth en la Primera Edad, se convirtió en una amenaza considerable para la Tierra Media. Así lo describe Tolkien en El Silmarillion:


[«Sauron se había convertido en un hechicero (sorcerer) de un poder espantoso, maestro de las sombras y los fantasmas, inmundo en sabiduría, cruel en fuerza, deformando lo que tocaba, torciendo lo que gobernaba, Señor de los Licántropos.»]


Desde la Primera Edad en adelante, Sauron y goeteia van de la mano. Fue la hechicería lo que lo ayudó a capturar la torre de Minas Tirith en poder de Orodreth, hermano de Finrod, y convertirla en el puesto de vigilancia de Morgoth. Nadie en Minas Tirith pudo resistir el ataque de Sauron «porque una nube oscura de miedo cayó sobre los que la defendían». Después de ganar la torre [que pasó a ser conocida como Tol-in-Gaurhoth], Sauron se instaló allí con sus huestes de «fantasmas y espiritus errantes». También fue por medio de la hechicería de Sauron que Gorlim fue capturado por los sirvientes del Señor Oscuro y luego llevado a la traición de Barahir y sus hombres. La imagen fantasmagórica de la esposa del pobre hombre, conjurada en su antigua casa, indujo a Gorlim a pensar que en realidad era Eilinel, y provocó que aceptara cualquier condición de Sauron [ver: ¿Por qué Sauron no permitía que se pronunciara su nombre?]

Fue durante su estancia en Dol Guldur que a Sauron se le llamó más a menudo sorcerer [hechicero]. De hecho, hasta que se supo quién habitaba en el extremo sur del Bosque Negro [Mirkwood], el título con el que Tolkien se refiere predominantemente a él es The Sorcerer, con artículo definido y mayúscula. Una vez que su presencia se estableció allí, el bosque quedó envenenado por la presencia malvada de Sauron y su hechicería: «las sombras lo llenaron, cosas malvadas se arrastraron allí y muy pocos se atrevieron a atravesar el bosque a menos que fuera en el norte con la gente de Thranduil manteniendo alejado el mal». También hubo avistamientos de nubes y sombras que se arrastraban desde Dol Guldur. Durante un tiempo, la naturaleza de la oscuridad y las sombras fue un misterio:


[«Pocos sabían de dónde procedía, y pasó mucho tiempo antes de que incluso los Sabios pudieran descubrirlo. Era la sombra de Sauron y la señal de su regreso. Pues saliendo de los páramos del Este, fijó su morada en el sur del bosque, y lentamente creció y allí tomó forma de nuevo; en una colina oscura hizo su morada y forjó allí su hechicería (sorcery), y toda la gente temía al Hechicero (Sorcerer) de Dol Guldur, y sin embargo, al principio no sabían cuán grande era su peligro.»]


El antiguo nombre élfico de esta colina, Amon Lanc, cambió luego de que Sauron se estableciera allí. Pasó a llamarse Dol Guldur, que significa «Colina de la Hechicería» [Hill of Sorcery]. La palabra gul significa «hechicería», pero su equivalente en quenya era nole [«saber», «conocimiento»], que conservaba una connotación neutra, mientras que el sindarin gul adquirió un aire negativo y se refería al conocimiento del mal, la nigromancia, y se empleaba principalmente en combinaciones negativas como Morgul. La palabra también estaba en uso en el idioma hablado en Mordor [ver: Sauroniano: análisis de la Lengua Negra de Mordor]

Aproximadamente al mismo tiempo, a Sauron el Hechicero también se le llamaba a menudo el Nigromante [Necromancer]. En Leyes y costumbres entre los Eldar (Laws and Customs Among the Eldar), Tolkien afirmó que algunos fëar élficos desencarnados rechazaron la convocatoria de Manwë después de la destrucción de sus hröar, y podrían intentar tomar posesión de cuerpos vivos con el objetivo de ocuparlos y controlarlos. En otras palabras, Tolkien establece que ciertos espíritus poderosos, como las almas o espíritus de los Elfos [fëar] podían desalojar otros cuerpos vivos y ocuparlos. Se decía que Sauron recurría a tales artes negras y enseñaba a sus seguidores cómo hacerlo. Tales prácticas oscuras, si alguna vez tuvieron lugar, bien justifican el título de Nigromante [ver: ¿Gandalf podría haber derrotado a Sauron?]

El trato de Sauron con fantasmas [Tolkien utiliza bastante la palabra phantoms, pero no en el sentido del fantasma tradicional] y el dominio de las voluntades alcanzó su apogeo cuando forjó el Anillo Único. Siendo el Anillo Gobernante, hizo que los otros Anillos de Poder se conectaran con él. La destrucción total a la que podría conducir esta dependencia y el uso constante de los Anillos se ve perfectamente con el Nazgûl. Habiendo poseído y usado sus Anillos durante mucho tiempo, los Nueve finalmente se convirtieron en espectros que caminaban en el mundo de lo Invisible bajo la influencia de Sauron. Su arma principal era el miedo [ver: Nazgûl: poderes y habilidades de los sirvientes más letales de Sauron]

Su jefe, el Señor de los Nazgûl, era el más poderoso de los Espectros del Anillo. Gandalf se refiere a él como «una lanza de terror en la mano de Sauron, una sombra de desesperación», y en otro caso dijo que «esgrime un miedo mortal». Para el Señor de los Nazgûl, el miedo era un arma más poderosa que la espada. Muy pocos podían resistir al Rey Brujo y el terror que infundía. Su otra arma no era menos letal: la hoja de Morgul estaba encantada con hechizos oscuros, y las heridas que producía podían tener consecuencias muy graves. Un fragmento de una hoja de Morgul quedó en la herida de Frodo y casi lo convirtió en un Espectro. Incluso después de que se quitó la pieza y el Hobbit se curó por completo, todavía sufría todos los años en la fecha en la que fue herido.

Hay algunos casos excepcionales en los que la palabra hechicero y sus derivados se usan en referencia a personajes «buenos», y se entienden como una forma de mostrar desconfianza o incluso desprecio. Galadriel es llamada la Hechicera del Bosque Dorado [Sorceress of the Golden Wood] por Grima Lengua de Serpiente. La implicación de Éomer es menos directa en su encuentro con Aragorn, Gimli y Legolas:


[«Pero si tienes su favor, entonces quizás también seas tejedor de redes y hechicero.»]


El «también» funciona de manera sutil pero firme: pone a los tres viajeros y a Galadriel en una sola compañía como hechiceros y, por lo tanto, gente en quien no se puede confiar. La propia Galadriel pensaba que los mortales a menudo confundían la magia élfica con los goeteia de Sauron [ella se refiere a «los engaños del Enemigo»]. Sin embargo, en la época de la Guerra del Anillo, cuando la mayoría de los Elfos habían abandonado la Tierra Media y se habían convertido en personajes de cuentos y leyendas, esa actitud desconfiada de los mortales parecía ser la norma, y en el caso de Grima y Éomer, se ve claramente en sus elecciones de palabras.

La Hechicería siempre es algo malo en la Tierra Media de Tolkien. Es una forma de arte oscuro a la que solo recurren personajes malvados para destruir, someter o manipular voluntades. Sauron, siendo el principal hechicero de la Tierra Media [incluso durante la época de Morgoth], es la encarnación de cómo podría funcionar la goeteia cuando se usa con malos propósitos. Otro caso interesante es el de Saruman [ver: El misterioso Anillo de Saruman]

Respecto a Saruman, hay un artículo interesantísimo de Dennis Wilson Wise titulado Entre la ira y la elocuencia en Saruman y Trasímaco (Between Rage and Eloquence in Saruman and Thrasymachus), donde se evalúa la posibilidad de que Saruman sea, después de todo, una representación de Trasímaco, un sofista griego; es decir, uno de esos maestros morales [generalmente inescrupulosos] que aparecieron en todo el mundo griego en el siglo V a.C. que enseñaban el arte de la persuasión. En efecto, Saruman y Trasímaco tienen mucho en común, tanto que uno no puede dejar de pensar que Tolkien construyó a Saruman y su habilidad en el arte de la persuación pensando en los sofistas.

La palabra griega sophistes [«sofista»] originalmente significaba «hombre sabio», pero se la usaba con una connotación negativa para referirse a los maestros ambulantes que visitaban Atenas. Aristófanes, Platón y, más tarde, Aristóteles, los detestaban. Ahora bien, la palabra sophistes [sophistes, «sofista»] combina la raíz σοφία [«habilidad», «arte», «sabiduría»] con el sufijo στής. El nombre Saruman se forma exactamente de la misma manera, combinando saru, una forma dialectal de Mercia [del Inglés Antiguo searu], «habilidad» o «arte», con el sufijo man. La conexión obvia, también la implicación: Saruman es persuasivo y astuto, y su nombre [aunque no es su nombre original] lo establece como un hecho.

Tengamos en cuenta que las cualidades que Tolkien atribuye a la goeteia, a saber: aterrorizar, engañar o subyugar otras voluntades, factores que no son en absoluto diferentes de las cualidades de la voz de Saruman, por las cuales puede persuadir o intimidar a otros.

Tolkien hace una distinción clara entre Magia y Goeteia, pero, ¿es la Magia «buena» y la Goeteia «mala» per se? No parece ser el caso. De hecho, es el propósito con el que se emplea la Magia, en todas sus formas, lo que determina su color, por llamarlo de algún modo. En la Tierra Media, la Magia se transforma sorcery cuando se la utiliza para influir sobre el libre albedrío de los demás, pero las operaciones de Sauron y Morgoth no son solo «engaños del Enemigo» como dice Galadriel, es decir, Goeteia, sino que también emplean la Magia, que Tolkien define por su capacidad de producir efectos reales en el mundo físico [ver: Morgoth vs. Sauron: ¿quién fue más poderoso?]

Gandalf también emplea la Magia para impactar en el mundo físico, pero siempre con moderación; por ejemplo, para encender fuego en un leño mojado; es decir, usa un tipo de Magia que produce efectos reales en el mundo físico. Este tipo de Magia está lejos de tener un aura grandilocuente. Gandalf la utiliza como un recurso, una herramienta excepcional, pero con extremo cuidado cerca de los mortales. Encender un leño mojado probablemente no llegue a impresionar a los Elfos, pero sí puede desconcertar a los mortales [sobre todo a Sam], para quienes la diferencia entre los distintos tipos de Magia no suele ser claro.

Por otro lado, la Goeteia sí requiere otro grado de teatralidad. Este tipo de Magia opera por invocación, es decir, por palabras que deben ser pronunciadas en el tono correcto [y a veces gritadas a viva voz]. El término griego γοητεία, «encantamiento», proviene de la misma raíz de «gemido» y «lamento», especialmente por los muertos [ver: Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación]. Ya hemos visto cómo el poder de Saruman reside en su voz, y no tanto en sus argumentos. Por supuesto, es un tipo astuto, pero si Tolkien realmente se inspiró en los sofistas griegos, estos se caracterizaban por la teatralidad con la que empleaban el poder de la voz para hacer que un argumento moralmente inferior derrotara a uno moralmente superior. Y eso es precisamente lo que hace Saruman. De hecho, la reacción de Gandalf ante los discursos de Saruman [que hacen dudar a Théoden y Gimli] es muy parecida a la de los filósofos griegos como Platón y Aristóteles: no se discute con un sofista, se lo hace callar.

Incluso un especialista como Tolkien no siempre estaba satisfecho con el resultado de sus propias elecciones de palabras. En una carta reflexiona sobre «la dificultad de encontrar nombres en inglés para criaturas mitológicas para no ahogar al lector con una sarta de nombres élficos». Una de estas palabras que nunca terminó de gustarle del todo es Wizards, «magos», para referirse a los Istari. ¿Por qué? La palabra Quenya Istari [sing, Istar] significa literalmente «aquellos que saben»; en una palabra: «sabios». Su equivalente sindarin, Ithryn [sing, Ithron] se interpreta como «sabios», es decir aquellos con algún tipo de conocimiento oculto. Pero, como mencionamos anteriormente, Tolkien no estaba contento con la palabra wizard [«mago»] que usó como traducción de Istari.

Wizard es una palabra antigua, pero no tanto [para los estándares de Tolkien]; data de principios del siglo XV y proviene de la palabra wys, «sabio», y el sufijo ard que sirve para formar sustantivos. En sus inicios, se usaba en referencia a los filósofos, pero como la distinción entre filosofía y magia no estaba muy clara en el siglo XV, pasó a significar «alguien con poderes mágicos»; es decir, «mago». Esto explica por qué Tolkien encontró que la palabra wizard era inadecuada para sus Istari. Para la mayoría de los lectores, wizard tiene una connotación claramente mágica. Esto no es del todo apropiado para Istari, cuyos principales atributos son la sabiduría, el conocimiento de la historia y la naturaleza del mundo [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

A pesar de todo esto, Tolkien no encontró un término mejor. Al menos, wizard sugería cierta conexión con wise [«sabio»], y por ende con la sabiduría; de modo tal que el lector no solo pensara en los Istari en términos de magia sobrenatural. Creo que debido a esta brecha entre el término usado [wizard] y el principal atributo de los Istari [la sabiduría] es que Tolkien insiste en cada ocasión que se le presenta para subrayar que la misión de los Magos en la Tierra Media era «enseñar, aconsejar, instruir, pero con sutileza, sin forzar ni dominar la voluntad de los demás»; básicamente todo lo contrario a la goeteia de Sauron y sus seguidores [ver: La verdadera misión de Radagast en la Tierra Media]

Ahora bien, Tolkien no dice que los Istari no pudieran utilizar la goeteia; más bien sostiene que, siendo emisarios de los Valar, tenían prohibido exhibir abiertamente, y en su totalidad, sus poderes. De los cinco Istari que llegaron a la Tierra Media, Gandalf es el único que juega según estas reglas. Para Círdan, eso hace que Gandalf sea el mago más poderoso [aunque fuese «el de menor estatura»]; es decir, el más sabio, alguien que solo usaba su sabiduría de una manera cuidadosa para el beneficio los demás. Más aun, la magia de Gandalf es la más poderosa de los Istari, primero, porque sigue las reglas de los Valar [y por lo tanto, de seres más sabios que él mismo]; segundo, porque básicamente es el mismo que cuando vivía en Valinor como Olórin:


[«Porque aunque amaba a los Elfos, (Olórin) caminaba entre ellos sin ser visto, o como uno de ellos, y los Elfos no sabían de dónde venían las bellas visiones o los impulsos de sabiduría que él ponía en sus corazones.»]


Nada cambió realmente cuando Olórin asumió un cuerpo físico físico y se convirtió en Gandalf en la Tierra Media. Como buen sabio, nunca buscó el poder o el dominio de los demás, sino que compartió su conocimiento con alegría, a veces con cierta impaciencia. Tenía un interés genuino por los habitantes de la Tierra Media, especialmente por los Hobbits, y demostró tener más visión de futuro que Saruman, cuya magia se aleja de la sabiduría y se aproxima mucho más a la goeteia de Sauron [ver: La teología de la Tierra Media]

Ahora bien, ¿qué sucede con los Elfos y la Magia?

En la obra de Tolkien se menciona repetidamente que los Elfos [principalmente los Altos Elfos] son más poderosos que los Hombres; tanto es así que algunos emplazamientos élficos, como Rivendell y Lórien, son de alguna forma seguros ante los ataques de Sauron. En el caso de los Elfos, nuevamente, la Magia no es como la imaginamos tradicionalmente. Por suerte, la confusión de Sam nos ayuda a entender un poco más el problema de la magia élfica:


[«Porque esto es lo que tu gente llamaría magia, creo: aunque no entiendo claramente lo que quieren decir; y parecen usar la misma palabra para los engaños del Enemigo. Pero esta, si se quiere, es la magia de Galadriel. ¿No dijiste que deseabas ver magia élfica?»]


Claramente, el Espejo de Galadriel, como ella misma admite, es un ejemplo de lo que los mortales podrían llamar «magia»; sin embargo, con los Elfos la división entre «artesanía» y «magia» no está del todo clara. La forja de los Anillos de Poder, o incluso de los Silmarils, parece entrañar algún tipo de procedimiento técnico tan avanzado que, para la mirada de los mortales, parece magia [ver: ¿Qué significa realmente la inscripción en el Anillo Único?]

Los Elfos, como dice Galadriel, son perfectamente capaces de hacer cosas que otros pueblos llamarían «magia». No obstante, si realmente fuera magia [entendida como poder sobrenatural], los Elfos habrían podido utilizarla desde su despertar, pero este no parece ser el caso; de hecho, incluso si pensamos que cada raza y criatura en la Tierra Media tiene algún tipo de poder nativo, en mayor o menor grado, los Elfos definitivamente no hacían magia al principio. En todo caso, los Elfos simplemente eran Elfos, y eso incluye ejercer el poder nativo de su raza. Por ejemplo, Galadriel tiene el poder de leer los pensamientos de los demás. ¿Esto es algo natural en ella o un poder adquirido? Y si es adquirido, ¿cómo? ¿No será que este «poder» tiene más que ver con la inteligencia acumulada a través de miles de años de existencia, la cual le permite a Galadriel simplemente leer los rostros y expresiones de forma inimaginablemente precisa para nosotros?

Creo que cuando hablamos de magia, en realidad nos preguntamos si nosotros [un ser humano normal] podríamos hacer lo mismo. En principio, no podemos vivir miles de años, de modo que la inteligencia y la intuición de un ser que ha vivido esta cantidad de tiempo seguramente nos parecerían algo mágico. El encuentro de Galadriel con los Hobbits es como el de un adulto haciendo trucos ante un auditorio de niños de dos años. Ni siquiera el niño más sagaz del grupo tendría la menor idea de cómo el truco fue hecho, ni siquiera que fue un truco. Sin embargo, los Elfos también hacen magia ante entidades mucho más fuertes y antiguas que los Hobbits. Pensemos, por ejemplo, en Glorfindel volviéndose invisible mientras lucha contra los Espectros del Anillo. A simple vista, este también parece un buen ejemplo de magia manifiesta. ¿O quizás, una vez más, es la habilidad guerrera de Glorfindel, adquirida durante su larga existencia, lo que hace parecer que se ha vuelto invisible, o debemos creer que realmente era capaz de obtener invisibilidad por medios mágicos?

Personalmente creo que la verdadera magia en la Tierra Media está relacionada con los seres que existieron antes de Arda: los Ainur; dentro de los cuales, por supuesto, están los chicos malos de la historia. También creo que hay una serie de áreas grises en las que los Elfos exhiben habilidades que bordean, cuando no directamente se aventuran, en el reino mágico. No obstante, estos generalmente son logros técnicos, como los Silmarils y los Palantiri; es decir, objetos que parecen mágicos pero solo para la perpectiva de un mortal.

¿Qué es exactamente el Cinturón de Melian? Solo sabemos que es algún tipo de valla de encantamiento colocada alrededor del reino de Doriath. No sabemos cómo funciona, solo que impide la entrada en esa tierra sin la voluntad y el consentimiento de Melian. ¿Es eso magia? Lo mismo podríamos decir de los Silmarils, fabricados por Fëanor en Valinor, después de que Aulë le enseñara el «oficio» [craft, no magia]; o de los Anillos élficos fabricados por Celebrimbor [nieto de Fëanor y, por extensión, heredero natural de la artesanía enseñada por Aulë]; o del propio Espejo de Galadriel, cuyo origen no se especifica, pero que podemos suponer como uno de los tantos objetos de valor que los Noldor se llevaron de Valinor cuando partieron. Dado que los Noldor fueron favorecidos por Aulë, no es irracional suponer que este tuvo algo que ver en su creación, ya sea directamente o a través de la enseñanza [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Algo parecido ocurre con la magia élfica en el control de las aguas, como la crecida del Bruinen. Según El Silmarillion, todas las aguas están bajo el gobierno de Ulmo; de hecho, los Elfos dicen que «el espíritu de Ulmo corre por todas las venas del mundo»; de modo que es él, no magia, lo que agita las aguas. Por otro lado, hay varias sugerencias en la obra de Tolkien de que ciertos lugares físicos se pueden configurar como trampas mágicas, como el Vado de Branduin y el Paso de Caradras.

El mismo razonamiento puede aplicarse en intervenciones como el Canto de Lúthien para derrotar a Melkor [Lúthien, por supuesto, es mitad Maia]; o el canto de Tom Bombadil para controlar al Viejo Hombre-Sauce en el Bosque Viejo; o Sam utilizando la luz de Eärendil en Cirith Ungol [luz que proviene de los Silmarils]; toda la magia de la Tierra Media tiene algún tipo de relación con seres anteriores a Arda. Y, considerando que Arda surgió a partir de la Música de los Ainur, no sorprende que la música y la recitación en sí mismas tengan propiedades mágicas [ver: ¿Tom Bombadil podría haber derrotado a Sauron?]

Todas las razas de la Tierra Media tienen algún tipo de habilidad que podría parecer mágica; pero cuánto más nos alejamos del origen de ese poder [Eru, luego los Ainur] más y más se diluye, hasta desaparecer por completo. Lo mismo sucede con la sabiduría [como hemos visto, análoga a la magia para Tolkien]: los Elfos de la Tierra Media son menos sabios [¿menos mágicos?] que los Elfos que vieron la luz de los árboles y conocieron a los Valar, o los hombres que se fueron degradando al alejarse física y espiritualmente de Númenor y, en consecuencia, de los Valar.

A Tolkien no parece agradarle demasiado el concepto tradicional de Magia. Los dispositivos creados por Sauron y Saruman, incluido el Anillo, son más bien productos de la técnica y no de algo excluyentemente sobrenatural, mientras que la Magia en seres como los Elfos, los Istari, incluso los Ainur, parece relacionarse con algún tipo de poder espiritual innato que les pernite afectar el mundo físico en diversos grados. Sin embargo, si la Magia es, en última instancia, una fuerza invisible que actúa sobre un objeto físico, hay varios ejemplos de ello en la Tierra Media. Dos ocurren durante el viaje a través de Moria:


[«No puedo adivinar qué fue, pero nunca había sentido un desafío tan grande. El contrahechizo fue terrible. Casi me rompe. ¡Por un instante la puerta salió de mi control y comenzó a abrirse! Tuve que pronunciar una palabra de mando. Eso resultó ser una tensión demasiado grande. La puerta estalló en pedazos. Algo oscuro como una nube estaba bloqueando toda la luz en el interior, y fui lanzado hacia atrás por las escaleras. Toda la pared cedió, y creo que también el techo de la cámara.»]


Y:


[«En ese momento Gandalf levantó su bastón y, gritando en voz alta, golpeó el puente que tenía delante (...) El puente se agrietó.»]


También podemos ver Magia, en términos de una fuerza física desconocida que afecta a una cosa o persona, en la Torre de Cirith Ungol, cuando los Vigilantes intentan evitar que Sam entre en la torre:


[«Sintió un golpe: como si se hubiera topado con una telaraña como la de Shelob, solo que invisible.»]


Y, un poco más tarde:


[«Sam empujó hacia adelante una vez más y se detuvo con una sacudida, tambaleándose como si hubiera recibido un golpe en el pecho y la cabeza.»]


Otro pasaje de Las dos torres que parece tener cierta relevancia:


[«El anciano era demasiado rápido para él. Se puso de pie rápidamente y saltó a la cima de una gran roca. Allí estaba él, repentinamente alto, elevándose por encima de ellos. Su capucha y sus harapos grises fueron arrojados lejos. Sus vestiduras blancas resplandecían. Levantó su bastón y el hacha de Gimli saltó de sus manos y cayó resonando en el suelo. La espada de Aragorn, rígida en su mano inmóvil, ardió con un fuego repentino. Legolas dio un gran grito y disparó una flecha al aire: esta se desvaneció en un destello de llamas.»]


Dado el contexto [el regreso de Gandalf], la interpretación es obvia. Todo sucede después de que Gandalf levantara su bastón, y el efecto en cada arma de los Cazadores [Gimli, Legolas y Aragorn] está relacionado con el fuego y la luz. ¿Por qué otra razón se desvanecería una flecha «en un destello de llamas» sino es Magia? Además, sabemos que Gandalf [el Gris] podía controlar y conjurar el fuego y la luz en pequeña escala. Nada hace suponer que el Blanco no pudiese hacer lo mismo, e incluso más que su anterior versión [ver: Gandalf como Señor del Anillo]

El mecanismo interno de los hechizos en la Tierra Media también permite diversas interpretaciones. Por ejemplo, el hechizo de fuego de Gandalf [Naur an edraith ammen / Naur dan i-ngaurhoth] no necesita demasiada explicación. Funciona como un hechizo tradicional; pero el primer hechizo fallido con el que intenta abrir las puertas de Moria [Annon edhellen, edro hi ammen] suena más bien a una contraseña genérica. De hecho, la Puerta de Moria se abre con una contraseña [Mellon], y nada hace pensar que hubiese magia real en esto, sino más bien un dispositivo técnico. De hecho, este episodio es una clara prueba de que no hay Magia involucrada. Después de todo, la palabra élfica Mellon [«amigo»] no es una palabra mágica, ni un conjuro, ni un hechizo. Es una palabra, que en este caso sirve de contraseña para abrir esta puerta en particular de acuerdo a las especificaciones del fabricante.

Los hechizos de fuego son especialmente interesantes. Gandalf es uno de los Maiar, por lo que creo que tuviera que invocar alguna «magia» ardiente con palabras en sindarin. ¿Estaba simplemente murmurando lo que quería hacer? ¿O estaba ejecutando algún tipo de comando de voz sobre Narya? Después de todo, Narya [el Anillo de Fuego] le dio a Gandalf fuerza adicional y amplificó algunas de sus habilidades, como su habilidad innata para alentar y persuadir a otros. La capacidad de manipulación del fuego también podría mejorarse con Narya, pero Tolkien nunca sugiere que esta capacidad de manipular el fuego y la luz se deban únicamente Narya. Gandalf no depende ni necesita a Narya para usar su poder innato; el Anillo solo lo amplifica [ver: ¿Qué sucedió durante la lucha entre Gandalf y el Balrog?]

Más próximo a la magia es el hechizo tallado en las dagas de Westernesse, capaces, a su vez, de romper «el hechizo que unía sus tendones invisibles [del Rey Brujo] a su voluntad». Pero, ¿cómo funcionan estas dagas? Por supuesto, podrían responder a algún tipo de poder incomprensible, pero los hechizos en las dagas también podrían ser un tipo de tecnología codificada en los símbolos de las hojas, los cuales se ejecutan de alguna manera solo cuando encuentran el objetivo para el que fueron programados, en este caso, el Rey Brujo.

Realmente no sabemos cómo funcionan los hechizos en la Tierra Media, ya sean palabras mágicas escritas o habladas. En la Carta #155, Tolkien aclara que la Magia es un poder inherente que no puede ser adquirido por conocimiento. De ahí la necesidad de una explicación [que no sea «magia»] para los hechizos antes mencionados. Evidentemente, para Tolkien hay un poder intrínseco en las palabras. Lo vemos todo el tiempo. En La Cima de los Vientos, Frodo golpeó al Rey Brujo gritando O, Elbereth Gilthoniel. Más tarde, Aragorn comentó: «Más mortal para él era el nombre de Elbereth». ¿Cuál es ese poder? Podríamos pensar que son hechizos, pero también que ciertas palabras, en el orden adecuado y las circunstancias correctas, funcionan invocando el poder divino. Es decir, las palabras en sí mismas no son mágicas, sino que activan o invocan el verdadero poder detrás de ellas.

En este punto creo que es oportuno excluir a los poderes mentales del concepto tradicional de Magia. Conocemos bien las habilidades de los Señores Oscuros para controlar la mente o tener influencia directa sobre los pensamientos de los demás [de hecho, el Anillo Único es una herramienta que permite dominar las mentes mucho mejor]. Dentro del mundo de Tolkien, muchas entidades malignas parecen tener un aura de miedo sobrenatural [Nazgul, Tumularios, Balrogs]; sin embargo, los Ainur también emanan poder, e incluso los Elfos, a la vista de ciertos mortales, pueden sentirse extremadamente intimidatorio. Este efecto no parece ser magia, sino más bien una respuesta natural, y acaso instintiva, ante un ser espiritualmente más elevado [o bajo] que el observador.

¿Acaso es Magia cuando Glaurung borra los recuerdos de Nienor, o cuando todos los dragones, en mayor o menor medida, paralizan e hipnotizan con la mirada a sus víctimas?


[«Bilbo comenzaba a sentirse realmente incómodo. Cada vez que el ojo errante de Smaug, buscándolo en las sombras, lo cruzaba, temblaba, y un inexplicable deseo de salir corriendo, revelarse y decirle toda la verdad a Smaug, se apoderaba de él. De hecho, estaba en grave peligro de caer bajo el hechizo del dragón.»]


¿Es esto Magia? Podría serlo. También es común que toda experiencia con algo o alguien espiritualmente más fuerte nos produzca miedo, como si estuviésemos frente a un depredador o un animal peligroso. Instintivamente percibes la amenaza y sabes que podría hacerte daño, aun cuando esa no sea su intención.

Creo que es seguro asumir que la voz de Smaug podría tener la misma cualidad «mágica» que la de Saruman. De hecho, la personalidad de Smaug es más bien abrumadora. Afortunadamente, los Hobbits son «más resistentes a esas cosas», llamémoslo «resistencia mágica», lo cual le permitió a Bilbo evitar los ojos del dragón. Recordemos que Morgoth también usó sus ojos para intimidar a muchos cautivos y así esclavizarlos [otra forma de control mental]:


[«Y deseando sobre todo sembrar el miedo y la desunión entre los Eldar, él ordenó a los Orcos que capturaran vivos a todos los que pudieran y los llevaran atados a Angband; y algunos estaban tan intimidados por el terror de sus ojos que no necesitaban más cadenas, sino que caminaban siempre con temor de él, haciendo su voluntad dondequiera que estuvieran. Así Morgoth aprendió mucho de todo lo que había ocurrido desde la rebelión de Fëanor, y se regocijó al ver en ello la semilla de muchas disensiones entre sus enemigos.»]


Y:


[«Pero los Noldor siempre temieron más la traición de aquellos de su propia familia que habían sido esclavos en Angband; porque Morgoth usó a algunos de estos para sus malvados propósitos, y fingiendo darles libertad los envió al extranjero, pero sus voluntades estaban encadenadas a la suya, y se extraviaron solo para volver a él. Por tanto, si alguno de sus cautivos escapó en verdad, y volvió a su propia gente, fueron poco bienvenidos, y vagaron solos, desesperados y fuera de la ley.»]


Según Tolkien [invocamos nuevamente la Carta #155], la magia se trata en gran medida de motivos e intenciones. En general, aunque con algunas excepciones, la magia es un poder inherente que no se puede adquirir o aprender. Por lo tanto, no es magia realmente, sino parte de la constitución natural de estos seres. Beorn no hace magia para convertirse en oso. Solo está haciendo lo que hace Beorn. Magia sería si un mortal aprendiese a convertirse en oso, pero las cosas no funcionan así en el mundo de Tolkien.

Un hechizo es una pronunciación o un encantamiento mágico que se usa con un propósito, pero es tu poder inherente, o tu habilidad innata, lo que hace posible que suceda. Sin embargo, Gandalf parece afirmar que no únicamente los seres elevados pueden recurrir a este tipo de poder. Incluso los Orcos parecen manejar algún tipo de conocimiento mágico:


[«Una vez supe todos los hechizos en todas las lenguas de Elfos, Hombres u Orcos, que alguna vez se usaron para tal propósito. Todavía puedo recordar diez decenas de ellos sin buscar en mi mente.»]

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Pero aquí Gandalf se refiere a los hechizos con un cierto propósito [en este caso, abrir puertas] y, como ya hemos visto, esto no necesariamente tiene que ver con la magia, sino más bien con algún tipo de conocimiento técnico para fabricar objetos que respondan ante ciertos comandos [ver: Khuzdul: la lengua secreta de los Enanos]

Es interesante que la magia de Morgoth y luego Sauron y Saruman se relacione directamente con la fabricación de maquinaria y dispositivos con efectos destructivos. Después de todo, el objetivo de la magia [al margen de cualquier consideración filosófica] es la inmediatez: la reducción de la distancia entre la idea o el deseo y el resultado o efecto. Sin embargo, la Magia en la Tierra Media no es fácil de usar; y el mismo efecto puede lograrse si tienes mano de obra esclava o maquinaria. Con esto puedes perforar montañas, destrozar bosques o construir torres. Pero aquí entra a jugar otro factor, moral o patológico: los tiranos se vuelven crueles; les gusta aplastar, herir y profanar.

De todos modos, una diferencia en el uso de la Magia en la Tierra Media es que esta no se obtiene por tradición y/o aprendizaje; la Magia está en un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar. Las habilidades curativas de Aragorn podrían considerarse como «mágicas», o al menos una mezcla de magia, farmacología y procesos hipnóticos; pero este proceso, recordemos, lo registran los Hobbits, quienes tienen muy pocas nociones de filosofía y ciencia; mientras que Aragorn no es un Hombre «normal», sino un descendiente de Lúthien, por lo tanto, está relacionado directamente con Melian, una Maia; por lo que la Magia, aun muy diluida y degradada, forma parte de Aragorn como perteneciente a la rama de los Ainur [ver: Aragorn, el Sendero de los Muertos y un pasaje a la Cuarta Dimensión]

Como dice Tolkien, la Magia es «un poder inherente que los Hombres como tales no poseen ni pueden alcanzar». En este sentido, los hechizos [en términos de verbalismos], no provocan el resultado y no logran nada, a lo sumo pueden ser una herramienta para enfocar el poder inherente de la persona. Sin embargo, creo que la Magia de la que habla Tolkien [cuando dice que no es alcanzable por los hombres], debe definirse de manera muy estrecha. Quizás lo que Tolkien quiere decir con esto es que la capacidad general de manifestar materialmente actos de voluntad [como la magia de fuego de Gandalf] está más allá de de los hombres mortales. No obstante, Tolkien también admite que los numenoreanos usaron hechizos para hacer espadas; y probablemente por esto era consciente de que el tema de la Magia en Arda era una cuestión problemática.

La Magia, entonces, es una herramienta para manipular el mundo de acuerdo a leyes físicas [algunas conocidas, otras no tanto], y ciertamente tiene límites. Tolkien no es explícito sobre cuáles son esos límites, y en la mayoría de los casos no es necesario que lo sea, porque utiliza la Magia para resolver nada importante en El Señor de los Anillos. Pero cuando ves las cosas a través de los ojos de los Hobbits, las actividades de Gandalf están más allá de su entendimiento; incluso sus decisiones parecen estar sujetas a una lógica sobrenatural. La sabiduría de Gandalf es lo suficientemente avanzada como para ser percibida como algo mágico.

La idea de que la tecnología es una expresión de la magia [goeteia, en este caso] fue compartida por un gran amigo de Tolkien, C.S. Lewis, quien sostuvo:


[«Al principio, la magia y la ciencia eran gemelas: una estaba enferma y murió, la otra continuó, fuerte y próspera. Sin dudas, la magia se contrasta en nuestras mentes con la de los magos, pero solo a la luz de su expresión, y solo porque sabemos que la ciencia tuvo éxito y la magia fracasó.»]


Si la magia y la ciencia estaban relacionadas en un pasado remoto, tiene sentido que los principales exponentes de la Magia/Tecnología en la Tierra Media sean figuras demoníacas empeñadas en dominar al mundo, como Sauron y Saruman. De hecho, no es caprichoso que Bárbol, el Ent, defina a Saruman en los siguientes términos: «tiene una mente de metal y ruedas; y no le importan las cosas que crecen, excepto en la medida en que le sirvan por el momento». [ver: ¿Qué pasó con las Ent Mujeres?]

Tolkien, como C.S. Lewis, reafirma este vínculo entre la tecnología y la magia negra; de hecho, cuanto más diabólico es el personaje, más cerca está de fabricar y usar dispositivos tecnológicos para favorecer sus oscuros designios [ver: El león, la bruja y el Fimbulvetr]. La relación es demasiado obvia como para pasarla por alto. El problema surge porque toda la historia es narrada por los Hobbits, y estos simplemente hablan de Magia cada vez que tienen que describir procesos y habilidades que no podían entender y mucho menos explicar fuera de su limitada tradición y conocimiento. Esencialmente, los Hobbits perciben la Magia de acuerdo a los términos de la Tercera Ley de Clarke: «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia».

A propósito, Isaac Asimov escribió un ensayo titulado El Anillo del Mal (The Ring of Evil), donde explora el simbolismo de El Señor de los Anillos:


[«Tom Bombadil es un personaje misterioso que parece representar la naturaleza en su conjunto. Los Ents caracterizan los bosques verdes, y los Enanos representan las montañas y el mundo mineral. Están los Elfos, también, poderosos pero desgastados, representantes de un tiempo que pasa al limbo, que no sobrevivirá a pesar de que Sauron haya sido destruido. Pero, ¿qué representa el Anillo Único? Es poderoso, controla a los otros anillos, inspira un impulso casi abrumador de poseerlo y corromperá por completo a quien lo use. Incluso el poderoso Gandalf evita tocarlo, y lo deja en manos de un pequeño y débil Hobbit, Frodo, para llevar su carga. Al final, también lo corrompe a él. ¿Qué es el Anillo Único, entonces? ¿Qué representa? ¿Qué es lo que es tan deseable y tan corruptor? ¿Qué es lo que no se puede dejar ir a pesar de que nos está destruyendo?»]


La respuesta de Asimov a todas estas preguntas se resume en una palabra: tecnología.

Para Asimov, Mordor representa al mundo industrial que, lenta pero seguramente, cubrirá el planeta. Los Elfos, en su opinión, representan la era preindustrial que se está desvaneciendo, mientras que los Ents, los Enanos y Tom Bombadil son diferentes facetas de la naturaleza que están siendo destruidas o desplazadas por la industrialización. Los Hobbits representan la vida pastoral ya desaparecida.

El atractivo del Anillo Único, sostiene Asimov, es análogo al de la tecnología: la seducción de las cosas que se hacen más rápido, más fácil, de los artilugios y dispositivos que se fabrican en una variedad de formas pero que nos conducen a estar atados a ellos. No somos muy distintos de Frodo en este sentido, quien no pudo arrojar el Anillo al fuego. De igual modo, nuestra dependencia de la tecnología nos está destruyendo, y no hay un Monte del Destino al cual arrojarla. La realidad actual nos obliga a pensar que El Señor de los Anillos cuenta una victoria pasajera, casi efímera. Basta mirar nuestro mundo industrializado y sobreexplotado para notar que las sombras de Mordor se han extendido sobre toda la Tierra Media.




Tierra Media. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: La tercera Ley de Clarke en la Tierra Media: la magia como forma avanzada de tecnología fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Qué es el «Weird» [Ficción Extraña]?


¿Qué es el «Weird» [Ficción Extraña]?




El Weird, o Ficción Extraña, es uno de esos subgéneros que, vaya uno a saber por qué, está sujeto a una constante discusión; como si de hecho pudiese resumirse en una definición simple y concreta. Tamaño absurdo podría representar la empresa de sintetizar qué es el Romanticismo, o el Decadentismo. Buena suerte con eso.

Parte de mí quiere pensar que sabe qué es el Weird, pero bastaría sumar un lector más [que también cree saberlo] para que probablemente no nos pongamos de acuerdo. No hay una definición exacta sobre lo que constituye el Weird, y este artículo no es una llamada a la claridad.

En efecto, el Weird es una etiqueta particularmente difícil. Sin embargo, también es apropiada para determinado tipo de obras que oscilan entre lo fantástico y el terror, pero que no pertenecen exactamente a ninguno de estos dos géneros, o a los dos. Sí, el Weird nos absuelve del compromiso de la precisión. De hecho, solo podemos coincidir en la falta de consenso existente para definir sus límites.

La palabra Weird es pertinente. Captura algo, quizás una idea o una sensación, algo intrínseco en las obras de este tipo. Quizás todo se reduzca a una cuestión de actitud, algo fundamental en el núcleo de lo Extraño, un paradigma, una sensibilidad, que el autor y el lector dan por sentado, sin nombre, sin clasificaciones, pero fácilmente reconocible. Curiosamente, los que se aproximan al Weird tangencialmente son los que parecen más preocupados por el problema de su definición, a veces exigiendo a viva voz que se les den respuestas. El lector acostumbrado a frecuentar el Weird simplemente menea la cabeza, tal vez porque intuye que la definición de un género no puede permanecer estática durante mucho tiempo. Se necesita excavar los escombros de épocas literarias pasadas; y lo que queda, después de pasar uno de esos pincelitos que usan los arqueólogos, es exactamente el tipo de paradigmas y sensibilidades que mencionamos antes.

La actitud del Weird, y por tal caso la de cualquier género literario, equivale a un espíritu, a veces tácito, a veces oculto, un alma que vincula obras aparentemente dispares en un continuo.

Si bien la Ficción Extraña tiene una larga historia de ser definida como esto o aquello, el principal problema para llegar a un consenso es la incertidumbre sobre qué constituye exactamente «lo extraño» como tal. El relato de fantasmas, por ejemplo, prescinde de tales dificultades. ¿En qué consiste? En una historia donde hay fantasmas, no necesariamente terror. Además, todos entendemos más o menos lo mismo ante la noción de un «fantasma» [ver: El ABC de las historias de fantasmas]. ¿Qué es el Weird? Bueno, eso depende de una definición aproximada de «lo extraño». Y no todos coincidimos aquí.

La renuencia compartida a definir «lo extraño» puede explicarse, en parte, por el hecho de que el término Weird Fiction, «ficción extraña», proviene de los años '20 del siglo pasado [Weird Tales es el buque insignia aquí], donde la ciencia ficción, incluso el horror, todavía no habían adquirido una claridad heurística; es decir, no eran distinguibles en términos de géneros comercializables. Se podría decir que la fuente de esta renuencia se debe a la naturaleza laberíntica del Weird, en contraste con la ciencia ficción, donde los parámetros suelen ser bastante rigurosos [ver: Borges vs. Lovecraft: dos miradas desde el Laberinto]

Entonces, el Weird es indefinible porque se trata de una anomalía. Posee una cualidad aberrante, inasimilable a las categorías y denominaciones. Por lo tanto, presenta un impedimento insoslayable para discutir un consenso sobre qué es exactamente. Sin embargo, la discusión continúa, y hasta con mayor fervor e indignación en algunos casos, a pesar a esta aporía.

Uno solo puede acercarse al Weird mediante adjetivos vagos [laberíntico, mencionamos anteriormente] que aluden a algo innombrable; pero esto tal vez sea una mala calibración del enfoque [ver: El adverbio que cayó del espacio: Lovecraft y «lo innombrable»]. No podemos definir a la Ficción Extraña sin antes consensuar en qué constituye su rareza. Solo de esa forma podríamos acercarnos a una explicación del atractivo y la longevidad del nombre, pero de ningún modo revelar el misterio final, que por su propia naturaleza es inaccesible.

Debemos ser cautelosos en este punto. Un afán demasiado celoso por diseccionar el Weird podría despojarlo de su enigma, y lo que es peor, reducir lo extraño, lo raro, a una ecuación o catálogo de virtudes y características que, por sí mismas, pueden resultar prosaicas. Definir un género o, más bien, los aspectos que forman parte de un género, es lícito para el crítico pero carece de integridad ética para el autor. El crítico exige que se le entregue el resultado de la autopsia, pero es el autor quien manipula el cadáver; y ambas experiencias son notablemente distintas [ver: Autopsias lovecraftianas: el arte de diseccionar lo innombrable]

El Weird, por suerte, siempre ha obstaculizado el debate crítico, lo cual equivale a desafiar el negocio. Los géneros literarios no son otra cosa que una forma de etiquetar determinado capital intelectual para su comercialización. Y la lucha por definir un género tiene como objetivo poseerlo, procesarlo, y comercializarlo lo más adecuadamente posible. Por su propia naturaleza, el Weird desafía las etiquetas, repele las terminologías existentes y evade las tendencias imperantes. En cierto modo, la Ficción Extraña se niega a participar formalmente de esa transacción. Se comercializa, naturalmente, y con gran éxito debería añadir, pero dificulta ostensiblemente la profesión del librero si este quiere organizar una sección dedicada exclusivamente al Weird.

De nuevo, buena suerte con eso, camarada.

Uno de los efectos primarios de la Ficción Extraña es un movimiento aparentemente paradójico en el lenguaje, un acto que ejemplifica su propio estado anómalo: nombrar [o tantear, sería mejor] lo innombrable [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]. Si el lenguaje es una herramienta que nos ayuda a comprender el mundo, el Weird lo utiliza para deconstruir la realidad, a pesar de las paradojas; sugiere algo prohibido, transgresor, una metonimia para la ruptura de reglas y significados, para revelar el caos que subsiste, no solo detrás de las definiciones de género, sino de la realidad misma. El Weird parte de la premisa de que no podemos dar nada por sentado, ni siquiera el lenguaje [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

Lo que surge de esta metonimia es una especie de horror, o de extrañeza, a través del lenguaje. Cuando uno aborda cualquier género, existe un acuerdo implícito con el autor, al menos en términos de lenguaje; pero el Weird constantemente pone en juego la integridad del lenguaje. No hablo aquí de narradores poco confiables; no es eso, sino de la sensación de que la palabra puede traicionarnos, puede abandonarnos al caos en lugar de protegernos de él [ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa]

Esto puede verse claramente en algunos motivos típicos del Weird, como el uso reiterativo de bibliotecas monstruosas, libros prohibidos y grimorios. De este modo, la Ficción Extraña demuestra un interés casi obsesivo en la forma en que el lenguaje contraviene sus propias reglas mientras en el proceso genera otras. En este contexto, el Weird con frecuencia se involucra en un proceso de autodescubrimiento, teoriza sobre sí mismo con respecto a su uso del lenguaje, probando los límites de los sistemas y reglas al introducir los suyos. Una biblioteca, símbolo del conocimiento y la razón, en la Ficción Extraña se transforma en una puerta al infierno [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

En consecuencia, la Ficción Extraña actúa como un espejo que distorsiona todo lo que damos por sentado del lenguaje [y de la realidad que este representa], entre otras cosas, su legitimidad. Aquello que, en la realidad, es simplemente una cuestión de nombres propios y taxonomías, dentro del Weird se convierte en un código de lo arcano, un ritual a través del cual se explora lo innombrable. En este sentido, hay que admitirlo, la Ficción Extraña es una especie de horror autorreflexivo. No sólo se preocupa por cómo nombrar lo innombrable, sino también en cómo tales fallas en la función descriptiva del lenguaje pueden generar una sensación de pavor y reflejarlo nuevamente en el nivel del lenguaje mismo [ver: «Menos es Más», salvo en el Horror]

Pero la Ficción Extraña va aún más allá. No solo está interesada en la forma en que lo extraño explora las brechas dentro del lenguaje, sino que encuentra que en esa fisura solo puede existir el silencio. Es decir que detrás de toda esa teorización sobre los límites del lenguaje, existe un punto en el que las palabras no logran significar, donde el lenguaje se inmiscuye en el territorio indecible de la sensación. En estos casos, lo indecible en sí mismo se convierte, paradójicamente, en el eje de la narración.

Si bien el Weird parece desafiar los confines de la erudición crítica, la definición de H.P. Lovecraft de lo extraño, en su ensayo de 1927: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), permanece entre las más persuasivas, sobre todo porque se apoya en la sensibilidad. En total, el flaco de Providence usa la palabra «sensible» once veces en el ensayo, correlacionándola con lo que él llama «una actitud sutil de escucha asombrada» que debe inducirse en el lector como «la única prueba de lo realmente extraño». Para obtener esta respuesta de sus lectores, la Ficción Extraña misma escucha, escucha el lenguaje y sus tonos casi inaudibles para proyectarlos en algo infinitamente desconcertante.

Sin embargo, queda por ver si esta sensibilidad convierte al Weird en un género; de hecho, podemos preguntarnos si es lícito seguir discutiendo la Ficción Extraña dentro de los confines de la teoría de género, y no de acuerdo con un paradigma teórico más abierto. Si bien aquí en El Espejo Gótico simpatizamos con la idea de que el Weird denota un estilo, una atmósfera, en lugar de significar algo genéricamente comercializable, también somos escépticos con nuestras propias simpatías. Es la discusión, el intento de nombrar aquellos aspectos genéricos, lo que parece vincular textos a lo largo del tiempo.

En mi opinión, sería igualmente lícito eludir la discusión sobre el posible estatus de género de la Ficción Extraña poniendo en primer plano la figura del autor. Después de todo, la intención del autor forma el núcleo principal del Weird. Contrariamente a esta actitud está la idea de que el Weird se relaciona con la visión de un mundo desprovisto de códigos de significación; es decir, lo innombrable. Tal es así que los narradores en este tipo de historias suelen enfrentarse a algo que desafía toda descripción [«no puedo describir lo que estaba frente a mí», etc.], pero sin embargo lo hacen, estirando los límites del lenguaje más allá de la descripción unidimensional. Este tipo de descripciones suelen ser elaboradas, y a veces muy rebuscadas, pero dejan la sensación de que las palabras sencillamente no se adhieren a la cosa descrita.

Lo ominoso, lo inefable, son conceptos tan inasibles como prolíficos en el Weird, tal vez porque exceden la cognición humana, pero que, sin embargo, se apoyan en un lenguaje de sustitución que tiene sus raíces en lo cognitivo.

El mejor espacio para introducirse en el Weird es la Biblioteca.

Desde la Edad Media, la Biblioteca ha sido concebida como un simulacro del mundo, un lugar de representación que refleja un esquema del conocimiento total. El interés del Weird en la desestabilización de estos esquemas hace que la Biblioteca asuma un conjunto de valores y funciones completamente diferente. Los personajes que se encuentran con bibliotecas en la Ficción Extraña inicialmente están fascinados por este aparente umbral hacia la iluminación. Sin embargo, esta confianza en la Biblioteca como pilar de la autoridad termina siendo infundada. En el Weird, las Bibliotecas contienen sus propios órdenes ocultos, que siempre son inaccesibles e incluso hostiles a la búsqueda humana de significado.

De esta manera, la Biblioteca invierte la metáfora que los humanos típicamente proyectan en ella, haciendo que represente, en cambio, el fracaso de tales mundos representacionales. La acumulación de conocimientos, al menos en teoría [nos dice el Weird] es noble en términos de idealismo, pero también está condenada a un inevitable y catastrófico fracaso, cuando no a un bucle absurdo donde el conocimiento, incluso el prohibido, no tiene ningún significado, como podemos ver en La biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges [ver: El relato de Borges que se anticipó a la física cuántica]

¿Qué es el Weird entonces?

La pesadilla de la semiótica.

Al teorizar su propia relación con el lenguaje, el texto y el discurso, la Ficción Extraña usa su género, y los tropos de su género, para interrogar cómo se usan tales estructuras de significado al servicio de la construcción de narrativas. En otras palabras, al anular la pretensión de encontrar un marco narrativo humano para la realidad, la Ficción Extraña hace de lo innombrable el principio y el fin de toda experiencia.




Taller gótico. I Universo Pulp.


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El artículo: ¿Qué es el «Weird» [Ficción Extraña]? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Por qué «todos flotan» en Derry?


¿Por qué «todos flotan» en Derry?




Una de las frases más enigmáticas de la novela de Stephen King: IT, es el «todos flotan» que Pennywise utiliza recurrentemente [«Todos flotamos aquí abajo», «Tu también flotarás», etc.] ¿Cuál es la razón, y a qué se refiere exactamente el payaso con «flotar» [ver: ¿Qué es «IT» en realidad?]

La frase, en todas sus variantes, se menciona muchas veces en la novela, ya sea en boca de Pennywise o de los Perdedores; sin embargo, el primer personaje en hacer referencia a esto es Georgie, más precisamente cuando le pregunta al payaso si el globo que este le está ofreciendo flota [supongo para mostrar que, como la mayoría de los niños, no está realmente interesado en un globo lleno de aire normal]. En este punto es una pregunta técnica, digamos, despojada de contenido siniestro. Georgie solo quiere saber si el globo flota o si es un globo común. ¿A Pennywise solo le termina gustando la frase, usándola una y otra vez a partir de entonces, o tiene algún otro significado? [ver: Georgie vs. Pennywise: el sótano arquetípico]

Stephen King utiliza variaciones de la palabra «flotar» 117 veces en la novela, y puede interpretarse de varias maneras.

En primer lugar, todas las variantes de «flotar» son un dispositivo narrativo que delata la presencia de IT [ver: «IT»: el gran cuento de hadas moderno]. Muchas veces a lo largo de la novela, Stephen King usa «flotar» para aludir directamente a la presencia o la participación de IT en alguna situación, y de ese modo anunciarle al lector que las cosas pueden ponerse feas, como en el siguiente caso:


[El tubo vertical estaba ahora a su derecha [de Stan], un cilindro blanco como la tiza, como un fantasma en la niebla y la creciente oscuridad. Casi parecía hacerlo... flotar. Ese fue un pensamiento extraño. Supuso que debía haber venido de su propia cabeza, ¿de dónde más podría provenir? Pero de alguna manera no parecía suyo en absoluto.]


Stan Uris bien puede dudar al respecto [tiene todo el derecho de hacerlo] pero el lector sabe, desde que aparece la palabra «flotar», que IT está involucrado en el asunto [ver: El suicidio de Stanley Uris]

La segunda forma en la que Stephen King utiliza el «flotar» en la novela puede interpretarse como una traducción de los horrores de Pennywise en un lenguaje infantil. El «todos flotamos aquí abajo» podría interpretarse literalmente como los cadáveres de las víctimas de IT flotando en las alcantarillas, pero el significado que Stephen King está tratando de transmitir al lector probablemente sea un poco más complejo que eso.

«Flotar», tal como Pennywise pretende, es flotar en los Fuegos Fatuos [Deadlights].

Los Fuegos Fatuos es un lugar profundo en el Macroverso de Stephen King; de hecho, el lugar de donde IT provino originalmente. Por otro lado, IT tiene dos formas simultáneamente: su forma física en la Tierra y su forma cosmológica en los Fuegos Fatuos; casi se podría decir que «flota» entre estas dos formas, y eso es lo que esencialmente pretende de sus víctimas: que sus cuerpos sean destruidos o absorbidos a su forma física como alimento, pero que sus mentes estén bajo el dominio de su forma cosmológica en los Fuegos Fatuos.


[De alguna manera, el IT físico y el de los Fuegos Fatuos estaban vinculados. Lo que sea que viviera aquí en la oscuridad podría ser invulnerable cuando estaba aquí y en ningún otro lugar, pero también estaba en la tierra, bajo Derry, en una forma física., El Ritual de Chüd]


Es decir que las víctimas de IT realmente «flotan» entre la muerte física y la muerte metafísica, nunca siendo verdaderamente libres. En este contexto, podemos entender porqué la pregunta de Georgie sobre si el globo flotaría resonó en mente de IT. De hecho, el payaso parece regocijarse al informarle a Georgie que lo haría, y que él también flotaría.


[¡Espera a que veas dónde estoy! ¡Espera eso! ¡Espera por los Fuegos Fatuos! Los verás y te volverás loco... pero vivirás... y vivirás... y vivirás... dentro de ellos, dentro de mí. El Ritual de Chüd]


En la novela, Stephen King no se compromete con una sola interpretación, sino más bien con todas, de manera tal que «flotar» funciona muy bien en diferentes niveles, incluso en el más prosaico: el hecho de que los niños terminen flotando en las alcantarillas, y algunos de ellos en los terrenos anegados de los baldíos. Sin embargo, es evidente que IT se refiere más específicamente a esta existencia intermedia de muerte física y prisión mental en los Fuegos Fatuos cuando se refiere a «flotar»:


[La mujer del escritor estaba ahora con Él, viva pero no viva. Su mente estaba con Él, en Él, más allá del final del macroverso. Ella estaba en Su ojo; en Su mente. Ella nadó en los Fuegos Fatuos., Bajo la ciudad]


Así como Pennywise usa el «flotar» para confundir a los personajes, Stephen King lo emplea como un dispositivo interno para guiarlos en la historia. Tienen que averiguar qué significa. Los Perdedores no pretenden simplemente asimilar la frase, sino saber qué hay detrás de ella [ver: ¿Por qué los «Perdedores» no pueden tener hijos?]. Además, ellos ya saben que IT vive en debajo de Derry, y no habría sido un gran salto pasar de ese conocimiento a la imagen de cuerpos flotando en las alcantarillas.

Al menos una vez en el libro, a Pennywise le divierte mucho que Georgie le pregunte «¿flota?» cuando le ofrece un globo. A partir de este momento, «tú también flotarás» se convierte en una especie de mantra para él, apareciendo varias veces en sus encuentros con los Perdedores. En este punto es lícito preguntarse si los globos que IT materializa o imprime en la mente de sus víctimas no son en realidad una representación de los Fuegos Fatuos en el plano físico o en el mental; aterradores, sin duda, pero no lo suficiente como para quebrar la mente de sus víctimas. Recordemos que IT está sazonando a sus víctimas con miedo antes de devorarlas.

La esencia terrenal de IT, así como su verdadera forma extradimensional, están compuestas por los Fuegos Fatuos, y a menudo utiliza su poder para cegar a sus nuevas víctimas [generalmente niños humanos] y robarles sus mentes. Esto implica que los Fuegos Fatuos y, el propio IT, no solo se alimentan del miedo y la carne de sus presas, sino también de sus almas, lo cual hace que la muerte sea solo el comienzo del tormento que estos deben soportar.

La forma de araña de Pennywise [la forma que no elige de la mente de la víctima], es lo más cerca que nuestras mentes pueden llegar a comprender los Fuegos Fatuos sin perder la cordura. No queda claro porqué, pero así parece ser en el universo de la historia. Por otra parte, son muy pocos los que han visto en los Fuegos Fatuos y sobrevivido para contarlo en terapia; solo la esposa de Bill Denbrough, Audra; Richie Tozier y Beverly Marsh [ver: Beverly Marsh: el mito de Blancanieves en «IT»]

No es mucho más lo que podemos aportar sobre el tema, pero no podemos descartar un motivo más bien prosaico para el «todos flotan» de IT: es simplemente inquietante, y funciona desde el primer diálogo entre IT y Georgie, algo que un asesino serial podría decir para atraer a sus víctimas.

No se necesitan muchas apariciones de IT en la novela para que el lector note este patrón: Pennywise siempre les hace saber a los niños que «flotarán»... en todos los sentidos posibles, como hemos visto hasta ahora. Por un lado, les está diciendo que, eventualmente, terminarán suspendidos en un espacio extradimensional, una dimensión habitada por las criaturas lovecraftianas más horribles [ver: Stephen King en los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft]. Por el otro, sus cuerpos flotarán en las aguas fétidas debajo de Derry.

En la novela, Stephen King dedica una parte sustancial de la historia en la descripción de las alcantarillas, túneles y drenajes debajo de Derry, los cuales conducen a la extensión del río que atraviesa el bosque justo fuera de los límites de la ciudad. Cada una de las víctimas de Pennywise siempre se encuentran cerca del agua, como debajo de puentes o en la boca de las alcantarillas, lo que no solo asocia inteligentemente el líquido que da vida con la podredumbre y la muerte, sino que también implica fuertemente que el «todos flotan» se está refiriendo a lo que harán los cadáveres después de que Pennywise termine con ellos.

Comparar un globo de helio con el cuerpo hinchado de un niño muerto flotando en las alcantarillas es solo posible en una bestia verdaderamente sádica, inhumana, y eso es precisamente lo que IT parece ser; algo de otro mundo [de otro universo, incluso] tratando de traducir los horrores inimaginables que le aguardan a sus víctimas en una imagen que todos puedan entender, en este caso, un simpático globo que flota.




Taller gótico. I Universo pulp.


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