El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar


El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar.




Las recetas no solo proliferan en la gastronomía, sino también en la literatura y el cine, y con especial abundancia en las historias de fantasmas.

Ya sea si hablamos de relatos, novelas o películas, las historias de fantasmas —salvo honrosas y muy escasas excepciones— tienen un ABC sumamente rígido, casi canónico, como si se tratara de un mandamiento divino que muy pocos se atreven a transgredir.

El admirador del cine de terror y las novelas de fantasmas conoce esa receta casi tan bien como el que la prepara, solo que rara vez se detiene en la secuencia en la que sus ingredientes le son suministrados. En todo caso, queda la sensación de algo conocido, de detalles, escenas, de argumentos enteros que parecen haber sido vistos o leídos en alguna otra parte.

En este artículo nos proponemos revelar del modo más descarado la receta básica subyacente en todas las historias de fantasmas.



REALIDAD.

Toda historia de fantasmas —incluso todo relato de terror— comienza del mismo modo: con una dosis de insoportable REALIDAD.

En efecto, el género abre con el anclaje a la REALIDAD cotidiana del protagonista, con la que el lector o el espectador puede relacionarse y luego contrastar con las características sobrenaturales que se irán introduciendo.

Dentro de esa apertura se describe con macabra precisión un hecho de la realidad objetiva, que generalmente gravita sobre variantes de tres motivos principales: una mudanza, un viaje o una muerte.

Es decir que el protagonista, al comienzo de una historia de fantasmas, se nos presenta como una persona común dentro de una realidad más bien prosaica, pero que CAMBIA repentinamente como consecuencia de alguno de los tres sucesos que mencionamos anteriormente: mudanza, viaje o muerte.

Podemos resumir esta cuestión del siguiente modo:

El protagonista se encuentra en una etapa de transición entre una REALIDAD normal y otra; o mejor dicho, de una REALIDAD que se expande. Esa transición es consecuencia de un CAMBIO, a veces traumático, que lo coloca en una dimensión espiritual más elevada y, por lo tanto, en mayor sincronía con lo sobrenatural.



ESCEPTICISMO.

Él o la protagonista de la historia de fantasmas siempre es una PERSONA ESCÉPTICA al principio.

Por ESCÉPTICO nos referimos a una persona común y corriente, envuelta en asuntos mundanos; básicamente alguien a quien jamás esperaríamos encontrar en una sesión espiritista o jugando al tablero Ouija en su tiempo libre.

A menudo es la recalcitrante descripción de su REALIDAD, al inicio de la historia, la que pone de manifiesto su anclaje a un mundo perfectamente lógico y racional. De hecho, hasta puede parecer una persona cínica en relación a estos fenómenos, o al menos una persona para la cual lo sobrenatural supone un desafío a sus creencias.

El escepticismo inicial del protagonista es casi inevitable, y ocurre incluso en aquellas historias protagonizadas por investigadores paranormales. Más aún, los detectives paranormales en la literatura en general se muestran muy escépticos cuando toman un caso y evalúan sus primeras evidencias, a pesar de que la experiencia personal les indica que tales sucesos son perfectamente posibles.



ELEMENTO PERTURBADOR.

Sobre esta base —REALIDAD del entorno cotidiano, CAMBIO, y una personalidad ESCÉPTICA— las historias de fantasmas introducen un ELEMENTO PERTURBADOR.

Este ELEMENTO PERTURBADOR no es necesariamente de orden sobrenatural, sino más bien un suceso sugestivo, ambiguo, que el protagonista puede interpretar de dos formas: algo sin dudas extraño pero que puede explicarse racionalmente, o bien un hecho donde interviene lo fantástico.

Por regla general, el protagonista, todavía ESCÉPTICO, no le asigna a ese ELEMENTO PERTURBADOR una valoración sobrenatural y lo descarta rápidamente. Nosotros, en cambio —lectores o espectadores—, sí sabemos que se trata de un preludio de sucesos aún más inquietantes que se producirán en el futuro.

El protagonista, decíamos, interpreta de manera lógica el ELEMENTO PERTURBADOR, que puede ser un ruido extraño, sin origen aparente, así también como el movimiento inexplicable de objetos, voces, sombras que desaparecen por el rabillo del ojo, o el comportamiento errático de otros personajes. En fin, el catálogo rarezas cognitivas es amplio, pero se resume en un mismo principio.

En general, este primer ELEMENTO PERTURBADOR se explica como una alucinación o un sueño, a menudo producto de la etapa de transición que atraviesa el protagonista: una nueva casa, un sitio desconocido, una nueva vida sin aquel ser querido que ha fallecido, etc.

A veces, cuando el protagonista de la historia de fantasmas percibe por primera vez el ELEMENTO PERTURBADOR, otros personajes ya están en la etapa siguiente del proceso narrativo: el CONVENCIMIENTO. Esto generalmente se presenta a través del comportamiento extraño, cuando no directamente perturbador, de los niños o de los animales de la casa.

Después de todo, el protagonista es una persona sensata, según la descripción de su REALIDAD; pero tras el primer descarte del ELEMENTO PERTURBADOR se producen otros sucesos que por fin lo convencen de que la razón no es la mejor herramienta para explicar lo que ocurre a su alrededor.



ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO.

Uno de esos sucesos es tan horroroso, tan imposible de explicar en términos racionales, que el protagonista por fin acepta que está viviendo una situación sobrenatural.

Esa ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO traen consigo la necesidad de entender la naturaleza del fenómeno.

Acto seguido, el protagonista incorpora información, a veces a través de libros o directamente de otros personajes más versados en estos asuntos: espiritistas, médiums, psíquicos, investigadores paranormales; básicamente, un GUÍA.



EL GUÍA.

El GUÍA puede ser un anciano, un vecino, alguien que ronda por el perímetro de la casa y que al principio suele aparecer como una figura posiblemente maliciosa, pero que en realidad es alguien que intenta alertar o ayudar al protagonista antes de que el ELEMENTO PERTURBADOR se produzca.

El GUÍA también puede ser el niño de la casa, cuya sensibilidad, es decir, su nivel más bajo de anclaje a la REALIDAD, lo ha llevado a percibir cosas extrañas mucho antes que el protagonista.

No es infrecuente que sea el GUÍA el verdadero objetivo del fantasma, y no el protagonista.

De repente, las pesadillas del niño, sus dibujos extraños, sus historias acerca de que hay algo en la casa, su comportamiento, su amigo imaginario, encajan a la perfección con aquello que el protagonista acaba de aceptar como real, aunque inexplicable, de acuerdo a su formación intelectual.



DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

En términos mitológicos, aquí se produce el DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

Este motivo está presente en todas las mitologías. Básicamente es el instante en el que el héroe acepta lo que está ocurriendo y deja de ser una víctima pasiva. En los mitos, el héroe desciende al inframundo, a las tinieblas del Hades, del Hel, del Annwn, el Sheol, que dentro de la historia de fantasmas se traduce en un descenso hacia lo inexplicable.

Aquí, el fantasma —que bien puede ser una entidad mucho más poderosa, como un demonio— deja de lado las sutilezas y se manifiesta de forma mucho más concreta. Desata su poder y revela parte de sus intenciones.



CONFLICTO.

Este aspecto no merece mayor análisis. El protagonista se enfrenta al fantasma en los dos terrenos: el espiritual y el físico, y triunfa únicamente cuando encuentra su fortaleza interior; que casualmente coincide con el punto débil del espíritu.

Su viaje hacia ese punto en la historia, todo lo que le ha ocurrido en el pasado, incluso el hecho traumático que lo movilizó al principio, se manifiesta como algo inevitable para triunfar en el CONFLICTO.



FINAL ABIERTO.

La resolución de la historia de fantasmas siempre es AMBIGUA, aunque parezca no serlo. Y lo es aún cuando hablamos de historias en las cuales, al final, se encuentra una explicación perfectamente racional para lo que ha ocurrido.

En estos casos, el trastorno mental del protagonista —resultado del trauma inicial, casi siempre, una pérdida— facilita la posibilidad de que todo haya sido una alucinación, es decir, el producto de una mente desequilibrada.

No obstante, aún cuando al final se presente todo lo ocurrido como real —en términos sobrenaturales—, o bien como una alucinación, en el último párrafo, o en la última escena, las historias de fantasmas siempre dejan una puerta abierta en sentido contrario.

Si se nos dijo que todo fue real, quedan indicios que parecen evidenciar la locura del protagonista. Después de todo, durante la mayor parte de la historia los otros personajes tratan de convencerlo de que así es. Incluso él mismo puede dudar de la veracidad de los hechos que ha experimentado.

Pero si, en cambio, se nos explicó que todo fue una alucinación, todavía quedan algunas cuestiones que no pueden explicarse racionalmente: un grito postrero, una sombra, un algo que permanece en el terreno de lo inexplicable.




Taller literario. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: El ABC de las historias de fantasmas: el bucle del que ningún cuento o película puede escapar. fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Clem Severino dijo...

Excelente artículo, en verdad fue muy educativo en cuanto a éste tema. Muchas gracias por compartirlo.



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