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«Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo».


«Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo».




Hoy en El Espejo Gótico analizaremos uno de los párrafos más brillantes de toda la literatura de terror. Me refiero al párrafo de apertura [y cierre] de la novela de Shirley Jackson: La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House).


«Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo bajo condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta más. En su interior, las paredes se mantenían erguidas, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio presionaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo


Toda la novela de Shirley Jackson está contenida en este párrafo. La Casa, en términos de «organismo vivo», tiene antecedentes en la ficción gótica, pero, ¿cuáles son las «condiciones de realidad absoluta» que promueven la locura? ¿Por qué Hill House está loca? ¿Por qué acumula oscuridad? ¿Y por qué «lo que fuera que caminase allí, caminaba solo»?

En una primera lectura, Shirley Jackson sugiere que el estado más alejado de la «realidad absoluta» es soñar; y da a entender que cualquier «organismo vivo» que no sueñe perderá la cordura. Aquí se nos informa que Hill House no está cuerda; la implicación, por supuesto, es que la Casa es un «organismo vivo» y que existe en la «realidad absoluta». Más aún, se nos dice cuánto tiempo ha existido en esta «realidad absoluta» [ochenta años] y que podemos esperar que continúe así durante el mismo lapso. En cuanto a «lo que fuera que caminase allí», bueno... no sólo estamos leyendo la historia de un casa que está viva, sino que está loca [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

Esta relación entre la percepción de la «realidad absoluta» como condición de la locura me recuerda la frase de H. P. Lovecraft que abre La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu): «Lo más misericordioso del mundo es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos». Ambos autores dicen que no podemos ver el mundo tal como es. Si lo hiciéramos, si accediéramos a la «realidad absoluta», si pudiéramos «correlacionar» todos los «contenidos», nos volveríamos locos. En cierto modo, caminaríamos solos.

Todo esto plantea preguntas adicionales: Hill House no está «cuerda», lo cual le proporciona a las personas que entran en la casa este estado de «realidad absoluta» que induce a la locura. ¿Se supone que Hill House está loca porque no sueña? ¿Acaso las casas normales, «cuerdas», sueñan? [ver: Psicología de las Casas Embrujadas]

Stephen King acuñó el concepto de Bad Place para referirse a lugares como Hill House o la Casa Marsten de Salem's Lot; y propone que la fórmula convencional de este arquetipo puede resumirse en «una casa con una historia desagradable» [ver: «The Bad Place»: análisis de la Casa Marsten]. Es decir que un buen relato de casas embrujadas no puede ser simplemente un repertorio de apariciones y sucesos paranormales. Si Sigmund Freud se hubiese interesado en las casas embrujadas seguramente hablaría del retorno de algún hecho traumático del pasado que logra abrirse paso hacia la conciencia [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

El párrafo de apertura [y cierre] de La maldición de Hill House trasciende las palabras que lo componen, pero también proporciona una gran cantidad de información: Hill House es un «organismo vivo» que existe en condiciones de «realidad absoluta», no sueña, no está cuerda, existe desde hace ochenta años [y podemos esperar que continúe durante ochenta más]; y concluye diciéndonos que «algo» camina por sus pasillos y habitaciones. Uno esperaría que este fuera inicio de la historia de una típica Casa Gótica: un lugar en ruinas, antiguo y melancólico, con catacumbas y habitaciones donde uno no debería merodear de noche, pero Hill House está en buenas condiciones edilicias; excepto por su inusual arquitectura [ver: Borges, Lovecraft y el Feng Shui de la cuarta dimensión]

Ese primer párrafo también sugiere la presencia de una fuerza primordial, ajena e indiferente a la humanidad. Al final de la novela, Eleanor Vance debe descartar la creencia de que la casa ha estado esperando a alguien como ella, y entiende que Hill House la ha estado manipulando desde el principio. Esta revelación le llega en el último instante de su vida, que ella misma está a punto de quitarse:


«Realmente lo estoy haciendo —pensó, girando el volante para dirigir el coche hacia el gran árbol en la curva del camino de entrada—. Realmente lo estoy haciendo, lo estoy haciendo yo sola, ahora, por fin; ésta soy yo. Realmente lo estoy haciendo yo... yo... yo.»

En el interminable segundo del impacto antes de que el coche se empotrara en el árbol, Eleanor pensó con toda claridad:

«¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué no me detienen?»


«Ésta soy yo», piensa Eleanor mientras conduce a toda velocidad hacia el árbol, y es ella, no una fuerza sobrenatural, la que termina con su vida. Su último pensamiento no es Hill House. La novela termina con una repetición del primer párrafo, cerrando el circuito, o abriendo una especie de bucle.

La crítica feminista sugiere que Hill House representa el tipo de opresión familiar que conduce [a mujeres como Eleanor] hacia la autodestrucción, e incluso que la novela explora la relación preedípica entre madres e hijas [ver: La Casa Embrujada como representación del cuerpo de la mujer]. Estos enfoques son interesantes, sobre todo porque Shirley Jackson trata a Hill House como un personaje que se mantiene firme y erguido a pesar de estar completamente loco. Por supuesto, esto podría representar a las viejas estructuras sociales y familiares que, originalmente, tenían la función de contener y proteger al individuo, como una casa protege de las amenazas del exterior, pero que al final terminan destruyéndote. Creo que la novela es más que eso. Hill House pone a prueba los límites de la realidad. En cierto modo, está relacionada con la Casa Usher de Edgar Allan Poe, la cual parece resistir cualquier intento de comprenderla por estar más allá «de la espantosa caída del velo» [ver: El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher»]

Este motivo [común en la ficción de terror] donde el protagonista debe enfrentarse a fuerzas que están más allá de su capacidad de comprensión, esta directamente relacionado con el concepto de Unheimliche [«lo Siniestro»]. Freud lo explica en estos términos:


«Ocurre una experiencia extraña cuando los complejos infantiles que han sido reprimidos son revividos una vez más por alguna impresión, o cuando las creencias primitivas que han sido superadas parecen ser confirmadas.»


«¡Los fantasmas no existen!», aseguran los padres, y la mayoría de los niños eventualmente terminan reprimiendo esa «creencia primitiva», pero entonces, algún día, ocurre algo «extraño», algo que parece confirmar nuestros miedos primordiales. Esa mezcla de extrañeza y familiaridad es lo Unheimliche. Hill House lleva a la superficie todos estos recuerdos dolorosos de Eleanor durante el tiempo que cuidó a su madre enferma y se descuidó a sí misma. El cierto modo, Hill House se convierte en la madre simbólica de Eleanor. Constantemente la llama a «regresar a casa», la infantiliza.

Shirley Jackson elude un tropo común en las historias de casas embrujadas: la idea de que estos lugares fueron contaminados en el pasado, a veces por algún asesinato, otras por la presencia de personas malignas o por la comisión de actos ligados al ocultismo. En este sentido, Shirley Jackson toma un camino similar al de H. P. Lovecraft: Hill House es una fuerza preexistente, algo no-humano y que no depende de los actos humanos; simplemente es [ver: ¿Hill House pertenece a los Mitos?]. Por esta razón existe en la «realidad absoluta», porque está desprovista de humanidad:


«Ningún ojo humano puede aislar la desafortunada coincidencia de línea y lugar que sugiere el mal en el aspecto de una casa y, sin embargo, de alguna manera una yuxtaposición maníaca, un ángulo errado, un encuentro casual entre el techo y el cielo, convirtió a Hill House en un lugar de desesperación, más aterrador porque el rostro de Hill House parecía despierto, con una vigilancia desde las ventanas vacías y un toque de alegría en la ceja de una cornisa.»


Toda casa está cargada con los recuerdos de las personas que vivieron en ella. Nuestras pertenencias, y las de nuestros seres queridos, nos vinculan con nuestro pasado, incluso con nuestros ancestros. Hill House existe en una instancia diferente. Eleanor comenta:


«Era una casa sin bondad, nunca destinada a ser habitada, nunca un lugar apropiado para la gente o para el amor o la esperanza.»


Gradualmente, los sentimientos de Eleanor cambian, hasta que corre por los pasillos, de noche, llamando a su madre muerta:


«—Estás aquí en alguna parte —dijo, y el pequeño eco se fue por el pasillo, deslizándose en un susurro por las corrientes de aire—. En algún lugar —dijo—. En algún lugar.»


Uno de los subtextos de La Maldición de Hill House resuena en relatos como El empapelado amarillo (The Yellow Wallpaper) de Charlotte Perkins Gilman, donde una mujer se encuentra confinada en una casa y luego empieza a aceptar ese mundo hasta que se vuelve reconfortante [ver: Puérpera, loca y poseída]. En su viaje a Hill House, huyendo de una vida dependiente con la desagradable familia de su hermana, Eleanor observa a una niña que se niega a beber su leche del vaso del restaurante; quiere su taza favorita [con estrellas estampadas], que se ha dejado en casa:


«—No lo hagas —le dijo Eleanor [en silencio] a la niña—: insiste; una vez que te hayan atrapado para que seas como las demás, nunca volverás a ver tu taza de estrellas; no lo hagas.»


El mensaje de Eleanor es claro: «no dejes que te quiten tu magia, pequeña. La necesitarás». Por ejemplo, cuando una casa haga todo lo posible para que te quedes eternamente allí, para que no puedas soñar con otra vida, para que existas en su «realidad absoluta».

Eleanor puede intuir esto pero. al mismo tiempo, se engaña a sí misma y es poseída por fuerzas que su propia creencia en ellas hace reales. Al llegar a Hill House se permite sentirse atraída por Luke, lo cual podría darle una vía de escape al curso de su vida, pero este interés se disuelve bajo el peso de sus propias proyecciones obsesivas. Al final, la única fantasía que le queda es pertenecer a un hogar, y el único hogar que alguna vez la deseó es Hill House:


«La casa me estaba esperando—pensó—, nadie más que yo podría satisfacerla.»


El párrafo de apertura [y cierre] de la novela enfatiza el rol de la percepción y la fantasía en la configuración de la realidad: «Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo bajo condiciones de realidad absoluta». Esta formulación hace de la percepción una condición de la vida; ya que [dentro de la lógica de la afirmación], sólo los muertos están libres de soñar. En este contexto, hacer de los sueños una condición de la cordura [y la «realidad absoluta» una condición de la locura] prefigura la forma en la que Eleanor maneja su destrozada vida familiar y su consiguiente soledad. Ser incapaces de filtrar la realidad a través de nuestros sueños e ilusiones, según Shirley Jackson, es un pasaje a la locura.

Terminamos la novela como la empezamos, con el mismo párrafo. Con esta simetría, Shirley Jackson envuelve la historia dentro de sí misma, dejando implícito que nada ha cambiado. Al final, la muerte de Eleanor no resuelve nada. Ella es absorbida por la fuerza que la ha estado siguiendo. Podría haber vivido en un mundo de sueños, fantasía e ilusiones, incluso vanas: podría haber detenido el coche camino a Hill House y empezar una nueva vida en otro lugar, con o sin una familia sustituta. En cambio, sucumbe a la seducción de la nada, que siempre la ha estado esperando [ver: La verdadera Entidad que se esconde Hill House]

Es un lugar común aconsejarle a los demás que afronten la realidad. Parece un buen consejo, suena razonable, pero también algo que podrías encontrar escrito en las paredes de Hill House. Shirley Jackson forja una oposición entre soñar y afrontar la realidad [absoluta] como conflicto central de su novela. La norma, aparentemente, es soñar, pero esto no significa vivir en una versión idealizada pero falsa de la realidad. Soñar significa alimentar las ilusiones incluso en situaciones a las que no se les puede encontrar sentido. Por otro lado, la realidad [absoluta] carece de significado, es absurda y sin sentido, y nadie puede afrontar esta verdad sin perder la cordura.

Permanecer en la órbita de los sueños se vuelve mucho más difícil para las personas que han sufrido algún tipo de trauma. La palabra trauma proviene del griego, y significa «herida», pero también «ruptura». Para Sigmund Freud, el trauma es el dolor que una persona debe soportar después de una experiencia traumática, y la única forma de sanarlo es narrativizarlo, hablarlo; en otras palabras, darle sentido a través de la palabra. Este dolor a menudo se reprime y retorna asumiendo formas que la mente consciente no puede controlar. En este sentido, la Casa Embrujada es un arquetipo apropiado de la mente traumatizada, un espacio [psicológico] donde el trauma merodea como una entidad no deseada. De hecho, los traumas se manifiestan de manera similar a los fantasmas: dando portazos y derribando cosas; es decir, a través de pequeños estallidos violentos que no parecen tener una causa lógica [ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror]

El Trauma, como el Fantasma, es un remanente del pasado, un asunto pendiente, algo que no encaja dentro de los marcos lógicos. En la literatura gótica, el Trauma es la base de los horrores edilicios que presenta, es por esa razón que el arquetipo de la casa embrujada brinda a sus habitantes una incómoda mirada hacia adentro, los obliga a contemplar sus propias cicatrices. El concepto de «realidad absoluta» encaja en esta narrativa y muestra que la mente puede ser nuestro mayor enemigo. Las habitaciones de la Casa Embrujada [dependencias simbólicas de nuestra Psique] son los espacios donde el Trauma permanece activo, causando disturbios, debilitando la capacidad de soñar, abriendo grietas y hendiduras.

Eso es Hill House: una fuerza alimentada por el Trauma que trata de llevarnos a la «realidad absoluta». Para conseguir a Eleanor, Hill House no le insinúa una realidad idílica, libre de desdichas y dolores pasados, sino que actúa como un espejo que refleja sus traumas. Pero Hill House manipula no solo los traumas de Eleanor, sino que los transforma en el objetivo final de sus deseos; en este caso, tener un hogar propio.

Shirley Jackson presenta a Eleanor Vance como una mujer traumatizada. No sólo ha sufrido la muerte prematura de su padre, sino que ha sido objeto del abuso verbal y físico de su madre, y más tarde de su hermana y su cuñado. El resultado de estos años de sufrimiento es una mujer de treinta y dos años que afirma que «nunca ha sido querida en ningún lado». Además, Eleanor siente que siempre ha sido una intrusa en hogares ajenos. Sin embargo, este trasfondo no la ha vuelto una persona incapaz de soñar. Camino a Hill House se pierde en ensoñaciones; anhela encontrar un sitio donde su presencia sea deseada. Hill House es el único lugar que le abre las puertas, aunque sea para realizar un experimento paranormal. Recordemos que fue «elegida» por el doctor Montague debido a sus antecedentes. Al parecer, la pequeña Eleanor ha sido el foco de actividad poltergeist en su infancia.

Mientras el resto de los residentes [sobre todo Theodora y Luke] desconfían de Hill House, Eleanor descubre que su deseo de pertenecer es más fuerte que su sensatez. Su capacidad resistir a la «realidad absoluta» [en términos de ceder ante el Trauma] apenas existe, porque nunca en su vida ha tenido la oportunidad de desarrollarla. El doctor Montague explica:


«La amenaza de lo sobrenatural es que ataca donde las mentes modernas son más débiles, donde hemos abandonado nuestra armadura protectora de la superstición y no tenemos defensa sustituta. Ninguno de nosotros piensa racionalmente que lo que anoche corrió por el jardín fuera un fantasma.»


Esta «armadura protectora de la superstición» es representativa del soñar, de la posibilidad de encontrar alternativas a la realidad [absoluta], aunque de hecho estén alejadas de la verdad. Eleanor está indefensa, carece de los recursos para esconderse detrás de sus sueños. El doctor Montague también explica:


«El miedo es el abandono de la lógica, el abandono voluntario de patrones razonables. Nos rendimos ante él o lo combatimos, pero no podemos afrontarlo a mitad de camino (…) Creo que sólo tenemos miedo de nosotros mismos.»


Sus traumas han hecho de Eleanor una mujer que esencialmente siente miedo de sí misma: teme no ser lo suficientemente agradable, ser incapaz de tener un comportamiento apropiado y, como consecuencia, ser rechazada. Por supuesto, estos miedos hunden sus raíces en el hecho de que su familia siempre la ha hecho sentir excluida. Hill House se apoya en todo esto, toma esos miedos y los proyecta de vuelta. Poco a poco, Eleanor se va despojando de sus ensoñaciones, estas se vuelven insuficientes para que ella se aferre a la ilusión de una vida mejor, y a medida que avanza la historia la vemos descender gradualmente hacia las fauces de Hill House. Así como los traumas de Eleanor, profundamente arraigados en ella, parecen surgir de su infancia; es interesante notar que en el corazón de Hill House se encuentra la Guardería, que apesta a abandono.

La Casa ya ha «devorado» a otras personas antes de capturar a Eleanor, pero nunca se las ve deambulando como fantasmas, ni se las oye comunicándose con los vivos [una diferencia sustancial con la serie de Netflix]. De hecho, no hay ninguna sugerencia de espíritus en la novela. Los muertos simplemente pasan, no se vislumbra ninguna puerta a una existencia futura; sólo queda Hill House. Ese, quizás, es uno de los rostros de la «realidad absoluta»: la impermanencia, este estado inimaginable de no-existencia. En este sentido, no hay nada sobrenatural en Hill House; más bien lo contrario: la realidad dolorosamente natural de la muerte absoluta.

Algunos críticos han notado que los fundamentos de la relación de Eleanor con la Casa es análoga a la de una mujer con su abusador. Este último proporciona la sensación de que la mujer abusada es realmente deseada, y que los actos atroces que se cometen contra ella en realidad nacen de ese deseo. Hill House continúa esta probable analogía siguiendo el mecanismo estandar del abusador: aislar a su víctima, manipularla, controlarla, y finalmente poseerla, disponer de ella a su antojo.

El proceder de Hill House, su estrategia para capturar a Eleanor, es tan astuto que sólo puede calificarse de maquiavélico. El mayor miedo de Eleanor es la exclusión, el aislamiento, y la Casa convierte este miedo en su destino. Le proporciona un lugar, la «desea», pero, al final, Eleanor termina como siempre estuvo, caminando sola.




Taller gótico. I Shirley Jackson.


Más literatura gótica:
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Shirley Jackson: novelas destacadas


Shirley Jackson: novelas destacadas.




Shirley Jackson (1919-1965) fue una notable escritora norteamericana dedicada a la novelas de terror. En este sentido, las novelas de Shirley Jackson reinterpretan de algún modo los viejos relatos de fantasmas e historias de casas embrujadas a través de un estilo propio e inconfundible, como por ejemplo en la novela La maldición de Hill House.

Aquí iremos recorriendo todas las novelas de Shirley Jackson.




Novelas de Shirley Jackson:




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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Jack London: novelas destacadas


Jack London: novelas destacadas.




Jack London (1876-1916) fue un extraordinario escritor estadounidense, autor de grandes cuentos y, sobre todo, de novelas brilantes. En este contexto, gran parte de las novelas de Jack London se encuentran entre los clásicos más importantes del siglo XX.

En esta sección iremos repasando todas las novelas de Jack London.




Novelas de Jack London.
  • Antes de Adán (Before Adam)
  • El talón de hierro (The Iron Heel)
  • La peste escarlata (The Scarlet Plague)
  • Asesinatos S.L. (The Assassination Bureau, Ltd)
  • Aventura (Adventure)
  • Colmillo Blanco (White Fang)
  • Cuentos de la Patrulla Pesquera (Tales of the Fish Patrol)
  • El amontinamiento del Elsinore (The Mutiny of the Elsinore)
  • El bruto abismal (The Abysmal Brute)
  • El crucero del Dazzler (The Cruise of the Dazzler)
  • El juego (The Game)
  • El lobo de mar (The Sea-Wolf)
  • El mexicano (The Mexican)
  • El vagabundo de las estrellas (The Star Rover)
  • El valle de la luna (The Valley of the Moon)
  • Jerry de las islas (Jerry of the Islands)
  • La ardiente luz del día (Burning Daylight)
  • La hija de las nieves (A Daughter of the Snows)
  • La llamada de lo salvaje (The Call of the Wild)
  • La pequeña dama de la gran casa (The Little Lady of the Big House)
  • Las cartas de Kempton-Wace (The Kempton-Wace Letters)
  • Las tortugas de Tasmania (The Turtles of Tasman)
  • Los hijos de la escarcha (Children of the Frost)
  • Michael, hermano de Jerry (Michael, Brother of Jerry)
  • Tres corazones (Hearts of Three)




Antologías. I Libros de Jack London.


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Edith Wharton: novelas destacadas


Edith Wharton: novelas destacadas.




Edith Wharton (1862-1937) fue una destacada escritora norteamericana, muy reconocida por sus libros de cuentos, sin embargo, las novelas de Edith Wharton también ocupan un rol sumamente importante en la literatura del período.

En este segmento iremos compartiendo todas las novelas de Edith Wharton.




Novelas de Edith Wharton.
  • El triunfo de la noche (The Triumph of Night)
  • Ethan Frome (Ethan Frome)
  • La edad de la inocencia (The Age of Innocence)
  • Madame de Treymes (Madame de Treymes)
  • Día de año nuevo (New Year's Day)
  • El arrecife (The Reef)
  • El fruto del árbol (The Fruit of the Tree)
  • El Marne (The Marne)
  • El valle de la decisión (The Valley of Decision)
  • Falso amanecer (False Dawn)
  • La casa de la alegría (The House of Mirth)
  • La chispa (The Spark)
  • La piedra de toque (The Touchstone)
  • La renuncia (The Mother's Recompense)
  • Las costumbres del país (The Custom of the Country)
  • Las hermanas Bunner (Bunner Sisters)
  • La vieja criada (The Old Maid)
  • Los bucaneros (The Buccaneers)
  • Los dioses arriban (The Gods Arrive)
  • Los niños (The Children)
  • Los reflejos de la luna (The Glimpses of the Moon)
  • Rápido y suelto (Fast and Loose)
  • Santuario (Sanctuary)
  • Sueño crepuscular (Twilight Sleep)
  • Un hijo en el frente (A Son at the Front)
  • Verano (Summer)
  • Viejo Nueva York (Old New York)




Novelas góticas. I Novelas de Edith Wharton.


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La verdadera Entidad que se esconde Hill House


La verdadera Entidad que se esconde Hill House.




Era una casa carente de bondad, que no había sido pensada para ser habitada, un lugar inapropiado para la gente o para el amor o para la esperanza. Un exorcismo es incapaz de alterar el semblante de una casa; Hill House seguiría siendo igual hasta que fuera destruida.


Con la aparición de la serie muchos han descubierto a Shirley Jackson y La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House), una de las grandes novelas de fantasmas del siglo XX y, sin dudas, la mejor historia de casas embrujadas de todos los tiempos.

No obstante, y a pesar de las diferencias entre el libro y la serie, Hill House todavía esconde un secreto inquietante: la verdadera Entidad que habita entre sus muros.

Para desentrañar la identidad de este fantasma nos basaremos específicamente en la novela, aunque el mismo razonamiento podría llevarnos a concluir lo mismo acerca de la serie.

Primero, un breve pero necesario resumen del argumento.

En La maldición de Hill House somos testigos de cómo Eleanor Vance, una joven introspectiva, que hasta entonces vivía como una reclusa al cuidado de su madre, lentamente va siendo absorbida por Hill House: una mansión impresionante construida por Hugh Crain. Junto a ella también aparece el doctor John Montague, un investigador paranormal; Theodora, una artista joven y extravagante; y Luke Sanderson, el reciente heredero de Hill House. [ver: «Y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo»]

En la novela, Shirley Jackson apunta constantemente a Hugh Crain, diseñador y constructor de la casa, como la fuente inicial de los fenómenos paranormales que allí ocurren, pero estas conjeturas son apenas la punta del iceberg, ya que la verdadera Entidad de Hill House es la casa misma.

Así describe a Hill House el profesor Montague:


Cada ángulo —y el doctor hizo un gesto hacia la puerta— está ligeramente mal. Hugh Crain debió detestar a las personas y sus casas sensibles y cuadradas, porque hizo que la suya se adaptara a su mente. Los ángulos que usted asume como rectos, y con todo el derecho a esperar que así sea, en realidad están mal en una fracción de grado. Por supuesto, el resultado de todas estas pequeñas aberraciones de medición se suma a una distorsión bastante grande en la casa en su conjunto.


Es decir que, en apariencia, todo parece perfectamente normal con la arquitectura de Hill House, sin embargo, en cada ángulo de la casa hay una ligera alteración, una desviación, que tuerce por completo la geometría del lugar para reflejar el intrincado y perverso estado mental de su creador.

Esa alteración en la geometría de Hill House es percibida por los personajes a nivel subconsciente, y actúa sobre ellos sacando a la superficie sus propios traumas y miedos.

Más adelante en la novela, Eleanor y Theodora empiezan a describir ciertas alteraciones en la perspectiva de Hill House, algunas de las cuales les inducen la sensación de estar caminando por las paredes.

En este contexto, es mucho lo que La maldición de Hill House le debe a H.P. Lovecraft (de hecho, ¿Hill House podría pertenecer a los Mitos de Cthulhu?), donde la arquitectura a menudo asume formas impredecibles. Por ejemplo, en las cámaras subterráneas de R’lyeh, en La llamada de Cthulhu (The Call of Cthulhu), presenciamos la misma sensación de perplejidad que experimentan Eleanor y Theodora en relación a la arquitectura, digamos, antinatural, de ciertos espacios.

La demencial aunque sutil arquitectura de Hill House también resuena en la casona de Keziah Mason —Los sueños en la casa de la bruja (The Dreams on the Witch House)—; de hecho, la descripción que realiza Walter Gilman sobre esta anomalía edilicia se aplica a la perfección a Hill House:


La habitación de Gilman era de buen tamaño pero de forma irregular; la pared del norte se inclinaba perceptiblemente hacia el interior mientras que el techo, de poca altura, bajaba suavemente en igual dirección. No había ninguna entrada, ni señales de que la hubiera habido, al espacio que debía de existir entre la pared inclinada y la recta pared exterior de la parte norte de la casa. El desván situado encima del techo, que debía haber tenido inclinado el suelo, era asimismo inaccesible.


En Lovecraft encontramos indicios, ninguna certeza, sobre la naturaleza de aquella arquitectura invertida, pero en La maldición de Hill House resulta claro desde el inicio de la novela: es la estructura en sí misma una manifestación física de la Entidad que reside en su interior.


Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo en condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta años más. En su interior, las paredes mantenían su verticalidad, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio empujaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí dentro, caminaba solo.


En este punto todo parece indicar que el perturbado Hugh Crain construyó una casa a la medida de su degradación mental y espiritual, pero Shirley Jackson va todavía más lejos.


(Hill House) de algún modo parecía haberse levantado a sí misma, dando forma a su poderosa configuración bajo las manos de sus constructores, ajustándose a su edificación de líneas y ángulos.


Esta es la clave para entender a Hill House: no fue Hugh Crain el realizador en el plano físico de sus propios pensamientos retorcidos, sino simplemente una herramienta, un vehículo, un canalizador de fuerzas mucho más oscuras que él mismo.

El motivo es analizado por Jorge Luis Borges al referirse al poema Kubla Khan, que versifica la construcción de un formidable palacio, el cual le habría sido revelado en un sueño a Samuel Taylor Coleridge. Veinte años después se descubrieron ciertos documentos que prueban que, ya en el siglo XIII, un emperador mongol, llamado Kubla Khan, soñó con un palacio y lo mandó a construir.


Un emperador sueña un palacio y lo edifica —dice Borges—; en el siglo XVIII, un poeta inglés, que no pudo conocer el dato, sueña un poema sobre el palacio. Acaso un arquetipo no revelado aún a los hombres, un objeto eterno, esté ingresando paulatinamente en el mundo; su primera manifestación fue el palacio; la segunda el poema. Quien los hubiera comparado habría visto que eran esencialmente iguales.


Borges estima que existen ciertos arquetipos, como los de Carl Jung, los cuales son interpretados por los mortales de diversas formas, llevándolos desde lo eterno a lo físico. Shirley Jackson le añade a esa hipótesis la posibilidad de traducir un Mal infinitamente superior, y acaso inclasificable, en formas y ángulos que lo representen en nuestro plano.


No hará falta que les recuerde —dice el profesor Montague— que el concepto de que ciertas casas son impuras, o quizá sagradas, es tan antiguo como la mente humana. Ciertamente existen lugares a los que inevitablemente se les atribuye una atmósfera de santidad y bondad; no sería por tanto demasiado fantasioso afirmar que algunas casas son malas de nacimiento. Hill House, sea cual sea la causa, ha resultado ser inapropiada para los seres humanos durante los últimos veinte años. Cómo era antes, si su personalidad quedó moldeada por la gente que vivió aquí o las cosas que hicieron, o si fue malvada desde el primer momento, son preguntas que no puedo responder.


Es decir que la Entidad o fantasma de Hill House anhelaba existir en nuestro plano, y para eso buscó a un hombre lo suficientemente perverso para construirla.

¿Y para qué una Entidad de estas características querría existir en nuestro plano?

Para alimentarse, naturalmente. En La maldición de Hill House la casa ya había consumido a cinco personas antes de que Eleanor llegara.

La trama de La maldición de Hill House estableció un modelo que encontraríamos una y otra vez en el género: un experto en lo paranormal y una colección de personalidades dispares se disponen, por azar o inexplicables circunstancias, a pasar una o varias noches en una casa embrujada. La razón y la ciencia se hacen presentes en la figura del investigador, pero su racionalidad (o su arrogancia) no son rivales para las fuerzas malignas que habitan allí.

Los personajes de Shirley Jackson en La maldición de Hill House, especialmente Eleanor, son víctimas de la nefasta influencia de la casa, a veces adoptando las actitudes de sus viejos ocupantes, confundiendo sus propios recuerdos con los de otros, recitando fragmentos de conversaciones y letras de canciones nunca oídas, o reiterando líneas de pensamiento que no son propias pero que están en resonancia con sus estructuras mentales.

No es casualidad que haya elementos de las vidas de los protagonistas de la novela que sean casi idénticos a los de los anteriores ocupantes de Hill House. La casa, como cualquier entidad consciente de este o cualquier otro plano, tiene sus gustos personales, sus apetitos, sus preferencias.

Lo que diferencia a La maldición de Hill House de Shirley Jackson de otros relatos de fantasmas es su forma de entender la naturaleza de las apariciones. No estamos aquí frente a una entidad que intenta comunicar algún tipo de trauma o de injusticia sufrida, menos aún advertir a los incautos, o bien frente a un fantasma vengativo que persiste en hacer daño desde el más allá.

Hill House quiere existir en el plano físico, y para eso buscó a Hugh Crain, capaz de construirla. Ya establecida, la casa vibra en una frecuencia en la cual ciertos patrones se repiten, y cuya fuerza depende de la presencia de personas con características específicas para alimentarse.

De este modo, Hill House y sus habitantes forman una relación simbiótica, no parasitaria: la casa obtiene el alimento o la energía que necesita, y sus ocupantes la posibilidad de revivir sus traumas, ya sin sentimientos de culpa o de remordimiento, aunque esto los conduzca eventualmente a la muerte.

En resumen, podemos pensar que la Entidad de Hill House es básicamente Egregore, algo así como un tipo de energía que toma forma de a partir de los pensamientos y miedos de personas lo suficientemente sensibles como para detectar su presencia, interactuar con ella, y quizás adorarla, o invocarla, como en el caso de Hugh Crain, o de temerle, como Eleanor.

Es así que Eleanor desciende lentamente al nivel emocional y psicológico en el cual Hill House puede alimentarse de ella. La mente de Eleanor está obsesionada, pero no por una sola Entidad, como un fantasma, sino más bien por un patrón: una secuencia de eventos y relaciones problemáticas. Ella y sus compañeros son parte de una representación, mucho más poderosa y persuasiva porque no se corresponde con este plano. Sus personalidades, sus historias individuales, los conectan con lo que sucedió antes en Hill House, y así son condenados a recrear esos mismos hechos, para que la casa se alimente.

Este es el aspecto más inquietante que proclama La maldición de Hill House: estrictamente hablando, no somos individuos con libre albedrío, sino más bien engranajes de un patrón mucho más grande, vulnerables al reciclaje generacional de eventos sufridos por otros.

En este contexto, no hay diferencia alguna entre los ocupantes de Hill House y la casa propiamente dicha: ninguno se corresponde con el concepto de individuos. A lo sumo, somos meros soportes pasajeros de una idea, de un arquetipo, que se reitera a través del tiempo, que se manifiesta en ciertos lugares, para alimentarse de sí mismo.




Fenómenos paranormales. I Taller literario.


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El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar


El ABC de las historias de fantasmas del que ningún cuento o película puede escapar.




Las recetas no solo proliferan en la gastronomía, sino también en la literatura y el cine, y con especial abundancia en las historias de fantasmas.

Ya sea si hablamos de relatos, novelas o películas, las historias de fantasmas —salvo honrosas y muy escasas excepciones— tienen un ABC sumamente rígido, casi canónico, como si se tratara de un mandamiento divino que muy pocos se atreven a transgredir.

El admirador del cine de terror y las novelas de fantasmas conoce esa receta casi tan bien como el que la prepara, solo que rara vez se detiene en la secuencia en la que sus ingredientes le son suministrados. En todo caso, queda la sensación de algo conocido, de detalles, escenas, de argumentos enteros que parecen haber sido vistos o leídos en alguna otra parte.

En este artículo nos proponemos revelar del modo más descarado la receta básica subyacente en todas las historias de fantasmas.



REALIDAD.

Toda historia de fantasmas —incluso todo relato de terror— comienza del mismo modo: con una dosis de insoportable REALIDAD.

En efecto, el género abre con el anclaje a la REALIDAD cotidiana del protagonista, con la que el lector o el espectador puede relacionarse y luego contrastar con las características sobrenaturales que se irán introduciendo.

Dentro de esa apertura se describe con macabra precisión un hecho de la realidad objetiva, que generalmente gravita sobre variantes de tres motivos principales: una mudanza, un viaje o una muerte.

Es decir que el protagonista, al comienzo de una historia de fantasmas, se nos presenta como una persona común dentro de una realidad más bien prosaica, pero que CAMBIA repentinamente como consecuencia de alguno de los tres sucesos que mencionamos anteriormente: mudanza, viaje o muerte.

Podemos resumir esta cuestión del siguiente modo:

El protagonista se encuentra en una etapa de transición entre una REALIDAD normal y otra; o mejor dicho, de una REALIDAD que se expande. Esa transición es consecuencia de un CAMBIO, a veces traumático, que lo coloca en una dimensión espiritual más elevada y, por lo tanto, en mayor sincronía con lo sobrenatural.



ESCEPTICISMO.

Él o la protagonista de la historia de fantasmas siempre es una PERSONA ESCÉPTICA al principio.

Por ESCÉPTICO nos referimos a una persona común y corriente, envuelta en asuntos mundanos; básicamente alguien a quien jamás esperaríamos encontrar en una sesión espiritista o jugando al tablero Ouija en su tiempo libre.

A menudo es la recalcitrante descripción de su REALIDAD, al inicio de la historia, la que pone de manifiesto su anclaje a un mundo perfectamente lógico y racional. De hecho, hasta puede parecer una persona cínica en relación a estos fenómenos, o al menos una persona para la cual lo sobrenatural supone un desafío a sus creencias.

El escepticismo inicial del protagonista es casi inevitable, y ocurre incluso en aquellas historias protagonizadas por investigadores paranormales. Más aún, los detectives paranormales en la literatura en general se muestran muy escépticos cuando toman un caso y evalúan sus primeras evidencias, a pesar de que la experiencia personal les indica que tales sucesos son perfectamente posibles.



ELEMENTO PERTURBADOR.

Sobre esta base —REALIDAD del entorno cotidiano, CAMBIO, y una personalidad ESCÉPTICA— las historias de fantasmas introducen un ELEMENTO PERTURBADOR.

Este ELEMENTO PERTURBADOR no es necesariamente de orden sobrenatural, sino más bien un suceso sugestivo, ambiguo, que el protagonista puede interpretar de dos formas: algo sin dudas extraño pero que puede explicarse racionalmente, o bien un hecho donde interviene lo fantástico.

Por regla general, el protagonista, todavía ESCÉPTICO, no le asigna a ese ELEMENTO PERTURBADOR una valoración sobrenatural y lo descarta rápidamente. Nosotros, en cambio —lectores o espectadores—, sí sabemos que se trata de un preludio de sucesos aún más inquietantes que se producirán en el futuro.

El protagonista, decíamos, interpreta de manera lógica el ELEMENTO PERTURBADOR, que puede ser un ruido extraño, sin origen aparente, así también como el movimiento inexplicable de objetos, voces, sombras que desaparecen por el rabillo del ojo, o el comportamiento errático de otros personajes. En fin, el catálogo rarezas cognitivas es amplio, pero se resume en un mismo principio.

En general, este primer ELEMENTO PERTURBADOR se explica como una alucinación o un sueño, a menudo producto de la etapa de transición que atraviesa el protagonista: una nueva casa, un sitio desconocido, una nueva vida sin aquel ser querido que ha fallecido, etc.

A veces, cuando el protagonista de la historia de fantasmas percibe por primera vez el ELEMENTO PERTURBADOR, otros personajes ya están en la etapa siguiente del proceso narrativo: el CONVENCIMIENTO. Esto generalmente se presenta a través del comportamiento extraño, cuando no directamente perturbador, de los niños o de los animales de la casa.

Después de todo, el protagonista es una persona sensata, según la descripción de su REALIDAD; pero tras el primer descarte del ELEMENTO PERTURBADOR se producen otros sucesos que por fin lo convencen de que la razón no es la mejor herramienta para explicar lo que ocurre a su alrededor.



ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO.

Uno de esos sucesos es tan horroroso, tan imposible de explicar en términos racionales, que el protagonista por fin acepta que está viviendo una situación sobrenatural.

Esa ACEPTACIÓN Y CONVENCIMIENTO traen consigo la necesidad de entender la naturaleza del fenómeno.

Acto seguido, el protagonista incorpora información, a veces a través de libros o directamente de otros personajes más versados en estos asuntos: espiritistas, médiums, psíquicos, investigadores paranormales; básicamente, un GUÍA.



EL GUÍA.

El GUÍA puede ser un anciano, un vecino, alguien que ronda por el perímetro de la casa y que al principio suele aparecer como una figura posiblemente maliciosa, pero que en realidad es alguien que intenta alertar o ayudar al protagonista antes de que el ELEMENTO PERTURBADOR se produzca.

El GUÍA también puede ser el niño de la casa, cuya sensibilidad, es decir, su nivel más bajo de anclaje a la REALIDAD, lo ha llevado a percibir cosas extrañas mucho antes que el protagonista.

No es infrecuente que sea el GUÍA el verdadero objetivo del fantasma, y no el protagonista.

De repente, las pesadillas del niño, sus dibujos extraños, sus historias acerca de que hay algo en la casa, su comportamiento, su amigo imaginario, encajan a la perfección con aquello que el protagonista acaba de aceptar como real, aunque inexplicable, de acuerdo a su formación intelectual.



DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

En términos mitológicos, aquí se produce el DESCENSO A LAS TINIEBLAS.

Este motivo está presente en todas las mitologías. Básicamente es el instante en el que el héroe acepta lo que está ocurriendo y deja de ser una víctima pasiva. En los mitos, el héroe desciende al inframundo, a las tinieblas del Hades, del Hel, del Annwn, el Sheol, que dentro de la historia de fantasmas se traduce en un descenso hacia lo inexplicable.

Aquí, el fantasma —que bien puede ser una entidad mucho más poderosa, como un demonio— deja de lado las sutilezas y se manifiesta de forma mucho más concreta. Desata su poder y revela parte de sus intenciones.



CONFLICTO.

Este aspecto no merece mayor análisis. El protagonista se enfrenta al fantasma en los dos terrenos: el espiritual y el físico, y triunfa únicamente cuando encuentra su fortaleza interior; que casualmente coincide con el punto débil del espíritu.

Su viaje hacia ese punto en la historia, todo lo que le ha ocurrido en el pasado, incluso el hecho traumático que lo movilizó al principio, se manifiesta como algo inevitable para triunfar en el CONFLICTO.



FINAL ABIERTO.

La resolución de la historia de fantasmas siempre es AMBIGUA, aunque parezca no serlo. Y lo es aún cuando hablamos de historias en las cuales, al final, se encuentra una explicación perfectamente racional para lo que ha ocurrido.

En estos casos, el trastorno mental del protagonista —resultado del trauma inicial, casi siempre, una pérdida— facilita la posibilidad de que todo haya sido una alucinación, es decir, el producto de una mente desequilibrada.

No obstante, aún cuando al final se presente todo lo ocurrido como real —en términos sobrenaturales—, o bien como una alucinación, en el último párrafo, o en la última escena, las historias de fantasmas siempre dejan una puerta abierta en sentido contrario.

Si se nos dijo que todo fue real, quedan indicios que parecen evidenciar la locura del protagonista. Después de todo, durante la mayor parte de la historia los otros personajes tratan de convencerlo de que así es. Incluso él mismo puede dudar de la veracidad de los hechos que ha experimentado.

Pero si, en cambio, se nos explicó que todo fue una alucinación, todavía quedan algunas cuestiones que no pueden explicarse racionalmente: un grito postrero, una sombra, un algo que permanece en el terreno de lo inexplicable.




Taller literario. I Fenómenos paranormales.


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«El horror de Amityville»: Jay Anson; novela y análisis.


«El horror de Amityville»: Jay Anson; novela y análisis.




El horror de Amityville (The Amityville Horror: A True Story) —a veces publicada en español como Aquí vive el horror— es una novela de terror del autor norteamericano Jay Anson, publicada en septiembre de 1977.

Se trata de una novela basada en un caso poltergeist muy conocido: la casa embrujada de Amityville [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

La novela de Jay Anson nos ubica a finales de 1975. George y Kathy Lutz se mudan a una nueva casa junto a sus tres hijos, ubicada en el número 112 de Ocean Avenue. Se trata de una antigua casona colonial situada en un agradable barrio suburbano de Long Island. Un año antes de la mudanza, Ronald DeFeo mató salvajemente a seis miembros de su familia. Los Lutz pronto comienzan a advertir distintos fenómenos paranormales, cuya intensidad y frecuencia aumentan inexorablemente.

El horror de Amityville se convirtió en un insospechado éxito comercial, acaso al mismo nivel de las grandes obras sobre casas embrujadas. Además, sirvió de inspiración para doce películas de terror estrenadas entre 1979 y 2011.

Aquí vive el horror tuvo varias secuelas a lo largo del tiempo. Por allí anda las continuaciones de John G. Jones titulada: El horror de Amityville, parte dos (The Amityville Horror Part II); Amityville, el capítulo final (Amityville: The Final Chapter); Amityville, el mal escapa (Amityville: The Evil Escapes); y Amityville, el horror regresa (Amityville: The Horror Returns). En 1991 se publicó la última entrega de esta saga, de la mano de Robin Karl, llamada: Amityville, la pesadilla continúa (Amytiville: The Nightmare Continues).

Aquellos que estén interesados en este caso de actividad paranormal pueden consultar los tres libros de Hans Holzer: Asesinato en Amityville (Murder in Amityville); La maldición de Amityville (The Amityville Curse); y El secreto de Amityville (The Secret of Amityville).




Novelas de terror. I Relatos de casas embrujadas.


El análisis y resumen de la novela de Jay Anson: Aquí vive el horror: El horror de Amityville (The Amityville Horror) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Ecos mortales»: Richard Matheson; relato y análisis.


«Ecos mortales»: Richard Matheson; relato y análisis.




Ecos mortales (A Stir of Echoes) —a veces traducida como El último escalón— es una novela de fantasmas del escritor norteamericano Richard Matheson (1926-2013), publicada en 1958.

Ecos mortales, una de las mejores novelas de Richard Matheson, relata la historia de Tom Wallace, un hombre ordinario que descubre una faceta extraordinaria de sí mismo.

Un evento azaroso despierta en Tom ciertas habilidades que parecen estar contraindicadas para llevar una vida normal. De repente, su mente parece despejarse, como si mediante algún mecanismo arcano lograra quitar del medio todas esos pequeños reflejos y habilidades que llevan al hombre a olvidar, o a ignorar, sus capacidades sobrenaturales.

Tom descubre que posee habilidades psíquicas extraordinarias, y que de hecho es capaz de entender la naturaleza de muchos fenómenos paranormales.

Este hombre aparentemente normal, vecino de un barrio suburbano y padre de una familia idílicamente retratada, logra escuchar los pensamientos más íntimos de quienes lo rodean. De ese modo incontrolable Tom descubre que todos, absolutamente todos, esconden secretos inconfesables.

Mientras su vida transcurre con una incesante sensación de angustia, siendo depositario de las miserias y los horrores de las personas que lo rodean, Tom descubre que aquellos ecos son silenciados cuando otra voz, más poderosa que la de los vivos pero infinitamente más sutil, le susurra un secreto terrible.

El mensaje proviene del más allá. Una joven ha sido asesinada, y su espíritu vaga en la ignorancia y la oscuridad de quienes han visto su existencia cortada de forma abrupta y violenta. Tom, que hasta entonces ha efectuado terribles esfuerzos para mantenerse indiferente a las voces que lo atormentan, sabe que aquel murmullo, aquel eco, solo puede ser atentido por él, tal vez el único que puede escucharlo.

La novela de Richard Matheson fue adaptada al cine en 1999 bajo la dirección de David Koepp. Se la tituló Ecos mortales, en Latinoamérica, y El último escalón, en España. Kevin Bacon interpreta al psíquico involuntario Tom Witzky, lejanamente basado en el original.




Novelas de terror. I Novelas de Richard Matheson.


El análisis y resumen del libro de Richard Matheson: Ecos mortales (A Stir of Echoes) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El aro»: Koji Suzuki; novela y análisis.


«El aro»: Koji Suzuki; novela y análisis.




El aro (Ringu) es una novela de terror del escritor japonés Koji Suzuki, publicada en 1991.

La novela de Koji Suzuki sirvió de inspiración para varias películas de terror, entre ellas, una versión japonesa, titulada Ringu [cuya traducción aproximada sería «aro» o «anillo»], una coreana, llamada Hangul, algo así como: «virus del anillo»; y finalmente una adaptación norteamericana: The Ring, conocida en español como La llamada o El aro.

Existen algunas diferencias notables entre la novela y sus adaptaciones cinematográficas. Por ejemplo, en la novela de Koji Suzuki no encontramos a ninguna Samara Morgan, sino a su inspiración, Sadako Yamamura.

La vida y tragedia de Sadako [Samara] solo se revela al final de las películas, y muy brevemente. En todas las versiones se trata de una mujer joven vestida de blanco, cuyo rostro aparece oculto bajo un largo cabello oscuro. Su modus operandi, atacar a través de una rara maldición que cae sobre los incautos que miran un video, resulta poco convincente en las adaptaciones, mientras que en la novela original aquello es explicado minuciosa y originalmente.

Repasemos brevemente su historia.

Sadako es hija de Shizuko Yamamura y el doctor Heihachiro Ikuma, quien descubre tempranamente que su hija posee habilidades sobrenaturales, y la obliga a realizar manifestaciones públicas de sus poderes psíquicos. La joven fracasa, en parte, debido a las fuertes migrañas que se producen como consecuencia del esfuerzo mental, y la prensa la descarta como otro fraude con supuestos poderes sobrenaturales. Su madre cae en una profunda depresión y se suicida arrojándose desde la cima del volcán Oshima.

El personaje de Sadakoestá inspirado en una mujer real, la psíquica Sadako Takahashi, practicante de un fenómeno paranormal conocido como Nensha, es decir, la psicofotografía, o proyección de imágenes sobre distintos materiales, e incluso sobre la mente de otras personas.

Al cumplir diecinueve años de edad, Sadako se une a un grupo actoral y se enamora de un operador de sonido, llamado Hiroshi Toyama. El muchacho la acepta a pesar de sus extraños raptos de delirio y volátiles cambios de humor. Durante una grabación, los equipos de sonido captan lo que Sadako oye desde pequeña con total claridad. Las voces maldicen a todos los imprudentes que han prestado oídos al mensaje.

La maldición se cumple y todos los integrantes del grupo mueren, excepto Sadako , a quien las Voces culpan de una especie de traición. A partir de entonces, todo se derrumba en la vida de la muchacha. En un episodio confuso, mientras su padre está internado, Sadako es asaltada sexualmente por un médico llamado Nagao Jotaro. Allí descubrimos que la muchacha es, en realidad, un hermafrodita.

La chica es golpeada brutalmente por Jotaro y arrojada a un pozo, presumiblemente con vida. Luego se nos informará que Sadako pasó casi treinta años viviendo en la oscuridad.

Ahora bien, Sadako encarna una combinación de figuras muy conocidas (y temidas) de la mitología japonesa. Por un lado es un Yūrei, una especie de fantasma atado al mundo físico debido a un fuerte trauma, casi siempre, a causa de una muerte violenta; y por el otro un Onryō, una criatura espiritual movilizada por un fuerte deseo de venganza.

Esto explica el aspecto tétrico de Sadako. Los Yūrei visten siempre de blanco, el color (o ausencia de color) con el que los japoneses visten tradicionalmente a sus muertos. El cabello largo y negro cubriéndole el rostro procede del teatro, la única actividad del mundo formal que aquella pobre muchacha realmente disfrutaba. Ese estilo siniestro pertenece al teatro Kabuki, que también recuerda otra tradición nipona. En la antigüedad, sin que tengamos que retroceder mucho, las mujeres del Japón llevaban el cabello siempre atado, salvo durante los entierros, momento en el que soltaban sus largas cabelleras para cubrirse el rostro.

Esta es la razón por la cual Sadako parece repetirse en numerosas películas orientales de terror. No es ella realmente la que se repite, sino el mito que la sostiene.

En la serie de películas de La llamada sabemos que los videos matan a causa de una maldición, pero nunca cómo. Sadako siempre aparece emergiendo desde una superficie brillante, a menudo desde la pantalla del propio televisor donde la víctima ha visto el video. Los rostros de aquellos son encontrados con una mueca espantosa, acaso para insinuar que han muerto en medio del horror más absoluto.

¿Por qué la muerte se produce luego de siete días de haber visto el video? Porque ese es el tiempo que le toma al Virus que Sadako imprime psíquicamente sobre los que han visto el videotape.




Novelas de terror. I Novelas de fantasmas.


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«La puerta abierta»: Margaret Oliphant.


«La puerta abierta»: Margaret Oliphant.




La puerta abierta (The Open Door) es una relato gótico de la escritora escocesa Margaret Oliphant (1828-1897), publicada originalmente en la edición de enero de 1882 de la revista Blackwood's Magazine, y luego reeditado en la antología de 1882: Dos historias de lo visible y lo invisible (Two Stories of the Seen and the Unseen).

Margaret Oliphant fue una de las escritoras victorianas que mejor abordó el tema de las fantasmagorías, hasta entonces meras apariciones de ultratumba, en personajes complejos, abandonando los lugares exóticos y extravagantes por una atmósfera más bien terrenal y cotidiana. En menos palabras, los fantasmas de Margaret Oliphant no habitan castillos encantados, sino armarios o debajo de la cama.

La puerta abierta, uno de los grandes cuentos de Margaret Oliphant, es un ejemplo de esta profundización de la vida interior de espectros y revinientes. Aquí el protagonista es directamente el fantasma, mejor dicho, la voz del fantasma, cuya alma errante no busca saldar viejas afrentas, sino la ayuda de los que aún viven para liberarse de su condena.

Desde luego, Margaret Oliphant no logra escapar del todo a los paradigmas de su época, y a pesar de sus intenciones de renovar la novela de fantasmas, La puerta abierta también subraya varios tópicos habituales en esta clase de relatos: la casa embrujada, el patetismo post-mortem, el poder de la fe, y la fuerza redentora del amor; ingredientes casi inevitables en aquel período.






Relatos de Margaret Oliphant. I Novelas góticas.


El análisis y resumen de la novela de Margaret Oliphant: La puerta abierta (The Open Door) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Jimbo»: Algernon Blackwood; novela y análisis.


«Jimbo»: Algernon Blackwood; novela y análisis.




Jimbo (Jimbo: A Fantasy) es una novela de terror del escritor inglés Algernon Blackwood, publicada en 1909.

Jimbo, como lo anticipa su título original, es una fantasía sobrenatural construída sobre las aventuras místicas de un muchacho inglés llamado Jimbo, quien, entre otras capacidades, puede volar.

Su clasificación no es en absoluto clara. Jimbo comienza como una novela de aventuras juveniles, pero rápidamente se torna en un opresivo conjunto de prodigios macabros. La muerte y las casas embrujadas abundan en la historia, así como los fantasmas de niños muertos que buscan enloquecidamente la psíquis de algún muchacho sensitivo predispuesto a los contactos paranormales.




Novelas de Algernon Blackwood. I Novelas góticas.


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«Ondina»: Friedrich de la Motte Fouqué.


«Ondina»: Friedrich de la Motte Fouqué.




Ondina (Undine) es una novela gótica del escritor alemán Friedrich Heinrich Karl de la Motte, más conocido como Barón Fouqué, publicada en 1811.

Si bien podemos enmarcar a Ondina como una de las novelas más notables del romanticismo, también abarca otros géneros, acaso prefigurando el relato de terror psicológico.

Ondina relata la historia de un espíritu de las aguas que contrae matrimonio con un mortal, en consecuencia, su alma pierde las beldades de la eternidad y se vuelve prosaicamente mortal [ver: Cuando un hada se enamora de un mortal]. H.P. Lovecraft destaca con firmeza las genuinas intenciones mitológicas del Barón Fouqué, aunque señala que Ondina es una adaptación de una historia consignada por el ocultista Paracelso en su Tratado sobre los espíritus elementales.

Ondina es hija de un destacado príncipe de las aguas, entregada a un pescador a cambio de la hija humana de éste con la intención de conseguir un alma. En sus aventuras conoce al caballero Huldbrand, a quien sigue hasta el castillo de Ringsetten. Su nuevo consorte, incomodado por el pasado sobrenatural de su esposa, que se revela constantemente en la figura de un espectro, Kuhleborn, tío de la joven, huye de su compromiso matrimonial y entable relación con Bertalda, una joven hermosa que resulta ser la hija de aquel pescador que la entregó al príncipe de las aguas.

Durante una jornada en el Danubio, Huldebrand, iracundo con su joven esposa, expresa las palabras mágicas que obligan a la muchacha a retornar a su elemento esencial, el agua; del cual [según las leyes que rigen el mito de Fouqué] ella podrá retornar una sola vez para matarlo. Cuando el inconstante Huldebran está a punto de contraer nuevas nupcias con Bertalda, Ondina emerge de las aguas para cumplir su siniestro presagio.

Si bien Ondina entra en la categoría de novela gótica, bien podría tratarse de un relato largo o una noveleta, formato típico del romanticismo. Allí el Barón Fouqué deja en claro que es uno de los primeros maestros de lo macabro, hábil para las descripciones inquietantes y las ambientaciones siniestras, como aquel bosque sombrío y encantado cuyos habitantes surgen de la penumbra como ciclópeos hombres de blanco.

Siguiendo la crítica de H.P. Lovecraft, Ondina es un claro ejemplo del terror, cuya silueta, a menudo, es intangible.




Ondina.
Undine, Barón Fouqué (1777-1843)

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  • http://webs.uvigo.es/ageps/Andersen/Ondina.pdf




Novelas del romanticismo. I Novelas góticas.


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Novelas de fantasmas


Novelas de fantasmas.








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