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Mark Twain y la razón por la que no podés sacarte esa canción de la cabeza


Mark Twain y la razón por la que no podés sacarte esa canción de la cabeza.




Hay melodías que estiran sus tentáculos y se aferran con tenacidad a nuestro cerebro, que se repiten una y otra vez, como un mantra insoportable, hasta que por fin agotan su energía y desaparecen misteriosamente.

La ciencia llama a este fenómeno: Earworm: la repetición mental e involuntaria de una melodía. En ciertos casos, esto se debe a la exposición prolongada a una canción en particular, que puede o no ser del agrado del sujeto, y que se repite en su cabeza durante un tiempo determinado.

Lo curioso es que no puede hacerse nada para romper ese ciclo de repeticiones, y tampoco para prevenirlo. La melodía puede aparecer luego de ser escuchada, recordada, pero también como parte de la memoria emocional del sujeto. Sin embargo, hay una tercera posibilidad para la aparición de los earworms: que alguien más empiece a cantar, silbar o tararear una melodía. Totalmente indefensos, nuestro cerebro empieza a repetirla sin que podamos hacer nada al respecto.

Más allá del ámbito científico, también existe otra explicación para esa canción que no podés sacarte de la cabeza.

Hay una antigua leyenda tibetana, recogida y posteriormente alterada por la teosofía, que el escritor norteamericano Mark Twain resumió de forma notable en el cuento de 1876: Una pesadilla literaria (A Literary Nightmare), donde narra la historia de un jingle diabólico que, una vez oído, resulta imposible sacárselo de encima... a menos que se lo transfiriera a otra persona.

La leyenda original sostiene que, entre las criaturas no humanas del Plano Astral, existen unos odiosos seres acústicos: sonidos, básicamente; algunos agradables, otros nefastos, capaces de introducirse fugazmente en nuestra realidad.

Si bien estas criaturas incorpóreas no poseen un nombre propio, tal vez debido a que cada una tiene sus propias características acústicas, la teosofía las identifica como parásitos del Bajo Astral, es decir, seres que se alimentan de nuestra energía, o, en este caso en particular, que se adhieren a nuestra mente y la llenan con sonidos análogos a los que constituyen su propia esencia.

Una vez que alguien es atacado por estos parásitos del Bajo Astral, a menudo empieza a cantar, silbar o tararear ciertas melodías que vibran en la frecuencia específica de la criatura. Los seres acústicos de menor envergadura tienen una duración bastante corta en nuestro plano, pero los de mayor densidad pueden llegar a obsesionar al sujeto durante horas, e incluso varios días, no ya con melodías sino con sonidos completamente inhumanos e inarticulados.

Al igual que en el cuento de Mark Twain, estas entidades del bajo astral son contagiosas; es decir, se transmiten de persona en persona a medida que el ciclo de repeticiones les permite instalarse en un nuevo cerebro.

En ciertos casos, el sujeto no solo repite la canción en su cabeza, o bien la canta en voz alta, sino que acompaña el ritmo con gorgoteos indescifrables del paladar, chasquidos con los dedos, e incluso articulando ensordecedoras batucadas con los nudillos.

Aquellos que tienen la mala fortuna de oír esas vibraciones descubrirán que se quedan grabadas en su memoria; casi siempre a través de una canción o de una melodía con la misma estructura rítmica que les dio vida en primer lugar. De este modo, casi exactamente igual que en el relato de Mark Twain, los seres acústicos del Plano Astral se transfieren de un individuo a otro.

En este punto, la leyenda va más allá de la ficción y la ciencia.

El objetivo final de los seres acústicos es formar, a fuerza de repeticiones, una ancestral canción que les permita existir eternamente: una abominación sonora, cíclica, balbuceada al unísono por todos sus anfitriones.

Un interesante paralelo se encuentra en el mito de Naglfare, aquel barco infernal hecho con las uñas de los muertos, y cuya construcción depende de la desidia de parientes y amigos que permitan el entierro de sus seres queridos sin antes haberles cortado las uñas de los pies. Así como ese barco inimaginable será terminado cuando se incorporen las uñas necesarias, la canción primordial de los seres acústicos estará finalizada cuando todos nosotros repitamos incesantemente el fragmento de la partitura que nos toque.

Del mismo modo —para reciclar un viejo cliché de la ciencia ficción— en que la humanidad se transforma en una batería colectiva para alimentar a las máquinas de Matrix, los seres acústicos del astral buscan transformar a la humanidad en simples parlantes.

Afortunadamente, ese mantra posee cualidades acústicas irreproducibles por nuestras cuerdas vocales. Por más que el anfitrión lo escuche una y otra vez en su cabeza, nunca podrá interpretarlo correctamente. No obstante, esto no impide que el proceso pueda realizarse en otras plataformas.

Al igual que los alquimistas experimentaron recetas odiosas para dar con la Piedra Filosofal, y de ese modo obtener la inmortalidad, quizá, en un futuro no tan lejano, músicos irresponsables compongan una melodía perfecta, definitiva, aún en su repugnante disonancia, que ya nunca podremos sacarnos de la cabeza.




Bestiario Astral. I Fenómenos paranormales.


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10 personajes masculinos de los que podrías enamorarte


10 personajes masculinos de los que podrías enamorarte.




No es infrecuente que algunas lectoras se enamoren de los personajes masculinos de sus novelas favoritas. Esta idealización se produce de manera espontánea, como consecuencia de ciertos parámetros y expectativas que el personaje cumple sin proponérselo.

No obstante, si fuese tan sencillo que una lectora se enamore de un personaje masculino habría muchos más amoríos transliterarios de los que realmente hay.

Enamorar a una lectora no es fácil. El rito requiere una serie de ingredientes difíciles de identificar, pero que están ahí, perfectamente visibles, aunque su correcta combinación se inscriba en una especie de alquimia que sólo los grandes autores manejan con propiedad.

A continuación citamos 10 personajes de los que las lectoras podrían enamorarse, si no es que ya lo están.



10- Frederick Wentworth:
Persuasión (Persuasion, Jane Austen)

Ejemplo de estoicismo amoroso, del hombre que no retrocede aún cuando todo el escenario parece desfavorable.

Le propone matrimonio a Anne, protagonista de la novela, y es rechazado debido a ciertas intrigas organizadas por la celosa Lady Russell.

Lejos de refugiarse en la angustia, Frederick recurre a una paciencia infinita para colaborar desde la trastienda con la vida de Anne. Afortunadamente, su éxito en las Guerras Napoleónicas mejoraron ostensiblemente su situación financiera, lo cual le permitió volver a la carga en una época en la que la economía de un hombre definía sus aptitudes como futuro esposo.



9- Rhett K. Butler:
Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, Margaret Mitchell)

Al principio, admirador secreto de Scarlett O'Hara, y al final de la novela su tercer esposo.

Rhett suele escandalizar a todos por su comportamiento público, el cual se acerca bastante al carisma del chico malo. En varios pasajes advierte que no es un buen hombre con el cual contraer matrimonio, y lo prueba del modo más rotundo.

A pesar de esta fachada de tipo duro, Rhett ama sinceramente a Scarlett, aunque nunca se declara abiertamente, incluso después de casados. Ya en el ocaso de la novela descubrimos que la razón de su discreción tiene que ver con el destino infausto de todos aquellos que amaron a Scarlett y por eso fueron despreciados.



8- Martín:
Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sábato)

Martín encarna el principio del muchacho devastado por el amor.

Puro, melancólico, perturbado, Martín se enamora de la mujer más improbable para él: Alejandra, tan independiente y lejana como presa de sus propios demonios personales.

Si bien la personalidad de Martín no es precisamente la de un galán, por su tenacidad y constancia, aún a sabiendas de que su amor por Alejandra sólo puede conducir al desastre, logran colocarlo entre los personajes masculinos más destacables de la novela latinoamericana.



7- Edward Fairfax Rochester:
Jane Eyre (Jane Eyre, Charlotte Brontë)

Ejemplo del hombre perseguido por circunstancias desfavorables.

No sólo elige mal a su esposa, Bertha Mason, sino que se casa con ella justo antes de enamorarse perdidamente de otra mujer, Jane Eyre.

Esta desafortunada sucesión de hechos conducen a Rochester a convertirse en un héroe torturado, en parte byroniano, en parte masoquista; sin embargo, su locura de amor queda perfectamente justificada a lo largo de la novela, y permite la forja de una de las historias de amor más notables de todos los tiempos.



6- Heathcliff:
Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, Emily Brontë)

Prototipo del héroe byroniano; es decir. el arquetipo del héroe torturado, romántico, cuya pasión es tan desbordante y enfermiza que es capaz de destruir a todos los que lo rodean, incluso a la mujer que ama.

A lo largo de la novela Heathcliff adquiere proporciones épicas.

Su deseo de venganza lo consume, lo vuelve un hombre perturbado; no obstante, a medida que crece su faceta también aumenta su capacidad de fascinar a las mujeres; quizá porque en ningún momento se establece claramente como héroe o villano, ni siquiera para la adorable Catherine Earnshaw.



5- Holden Caulfield:
El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye, J.D. Salinger)

Uno de los personajes masculinos más notables del siglo XX; y un ícono de la rebeldía adolescente de los años '50.

Holden Caulfield es un muchacho trágico, con la extraña cualidad de percibir los aspectos más ridículos de las personas que lo rodean, como la superficialidad, la vanidad y el narcisismo.

Como consecuencia, Holden Caulfield se vuelve un tipo desconfiado, cínico, capaz de exhibir todos los rasgos y comportamientos que desprecia.



4- Fitzwilliam Darcy:
Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, Jane Austen)

Apuesto, inteligente, Darcy intepreta el modelo de hombre aplomado pero socialmente torpe que tanto agradaba a las mujeres del siglo XIX.

Darcy suele generar una opinión inicial bastante pobre; hay cierta rectitud en él, cierto orgullo que muchos han confundido como un elemento del título. Sin embargo, las mujeres que llegan a conocerlo de manera más profunda caen rendidas a sus pies.

La razón de su magnetismo continúa siendo desconocida, pero quizá tenga que ver con el hecho de ser uno de los pocos personajes masculinos que se enamora de los defectos de una mujer, y no tanto de sus virtudes.



3- Adán:
Diario de Adán y Eva (The Diaries of Adam and Eve, Mark Twain)

El Adán de Mark Twain presenta una serie de curiosidades que lo justifican como uno de los personajes masculinos más requeridos por las lectoras.

En principio, este Adán está más dispuesto a recorrer la geografía secreta de Eva que la exótica fauna y flora del Edén.

En cierta forma, Adán descubre aquí que no hay destierro en la historia de la manzana prohibida. Todo lo contrario: el único Edén posible es junto a Eva, aún en los páramos y yermos que se extienden fuera del Paraíso.



2- Florentino Ariza:
El amor en tiempos del cólera (Gabriel García Marquéz)

Florentino Ariza tiene la mala suerte de enamorarse de Fermina Daza, muchacha de la alta sociedad, a la que intenta conquistar mediante audaces promesas epistolares.

El padre de Fermina se opone a estos coqueteos, y se propone separar a la pareja a cualquier precio.

Con el tiempo consigue que Fermina se case con otro hombre más acorde a su condición social, sin saber que Florentino Ariza es uno de esos personajes masculinos capaces de esperar toda la vida por la mujer que ama.



1- Richard Collier:
En algún lugar del tiempo (Somewhere in Time, Richard Matheson)

Richard Collier es un personaje extraordinario: padece un tumor cerebral y le queda muy poco tiempo de vida, el suficiente como para enamorarse de una mujer que aparece en una vieja fotografía de principios de siglo, la actriz Elise MacKenna.

Si enamorarse de una mujer de otra época es un problema difícil de resolver, encontrar el modo de llegar hasta ella a través del tiempo justifica la reputación de Richard Collier como uno de los personajes masculinos más tenaces de la historia.




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10 grandes novelas con finales de mierda


10 grandes novelas con finales de mierda.


¿Un buen final hace a una gran novela?

No siempre. De hecho, hay excelentes novelas, incluso clásicos universales de la literatura, con rotundos finales de mierda.

E.M. Forster, en su obra: Aspectos de la novela (Aspects of the Novel), afirma que cualquier final posible para una novela resulta decepcionante, aún cuando sea conmovedor.

¿Por qué?

Porque todo final supone una herida fatal al argumento, un quiebre sin retorno.

Podemos pensar que hasta los autores más rupturistas se vuelven conservadores cuando llega el momento de definir un final.

Desde aquí hacemos una diferencia, o una tercera alternativa para los buenos o malos finales: el final genuino. Desde luego, como lectores no nos quedamos satisfechos, ni mucho menos, pero no nos sentimos engañados por el autor.

Existen incluso finales buenos y genuinos con un tratamiento deplorable por parte del autor.

Repasemos los que a nuestro juicio son los más interesantes.



10- Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland, Lewis Carroll)

El engaño es siempre una posibilidad desagradable para el lector.

Aquí, Alicia se entrevera con personajes realmente bizarros, se encoge al ingerir un brebaje mágico, juega croquet con un flamenco, y hasta se enfrenta a terribles acertijos sin solución posible: ¿Por qué se parece un cuervo a un escritorio? (Why is a raven like a writing desk?).

Desafortunadamente, Lewis Carroll no brinda la solución al acertijo.

En cambio, descarta la exquisita posibilidad de un final ambiguo, abierto, y lo sustituye por el mayor cliché de la literatura: ¡fue todo un sueño!



9- Mujercitas (Little Women, Louisa May Alcott)

La trama de esta novela, realmente atrapante, dramática en muchos pasajes, queda destrozada por las decisiones finales de Louisa May Alcott.

Jo, casi un arquetipo de la nueva mujer: independiente, libre, intelectualmente desafiante, termina casándose con el profesor Bhaer, un grisáceo alemán que la disuade de convertirse en escritora.

Si este detalle constituye en sí mismo un final de mierda, qué decir de la secuela: Buenas esposas (Good Wives), también editado en español bajo el título: Aquellas mujercitas. Devastador.



8- Grandes esperanzas (Great Expectations, Charles Dickens)

Charles Dickens escribió varios finales para la novela, pero finalmente se quedó con el más pobre: Pip y Estella caminando tomados de la mano hacia un furioso ocaso.

Se trata de un final desafortunado, cuanto menos, teniendo en cuenta la personalidad de Estella y la dinámica de su relación con Pip a lo largo de la historia.

Podríamos decir que conforma un final mediocre para una novela sensacional.



7- Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, Emily Brontë)

Cumbres borrascosas es, sin dudas, una de las más viscerales y poderosas historias de amor de todos los tiempos.

La relación entre Heathcliff y Catherine posee todos los ingredientes necesarios: pasión, prohibición, deseo, obsesión, e incluso sadismo. Toda la trama nos conduce hacia un desenlace trágico; así se lo intuye, así lo espera el lector...

Catherine pasa de la locura y el dolor por la pérdida de Heathcliff a morir ella misma. Su hija, Cathy, se casa con Hareton; y Lockwood, muy desorientado,  regresa demasiado tarde como para declararse. Final de novela rosa para una obra muy poderosa.

Así concluye Emily Brontë una atrapante historia de odios y desencuentros familiares: con una boda entre dos personajes de tercera línea.



6- Los misterios de Udolfo (The Mysteries of Udolpho, Ann Radcliffe)

La atmósfera de esta notable novela gótica de Ann Radcliffe perfiló para siempre los matices del género: incidentes terribles, horror psicológico, castillos en ruinas, sucesos sobrenaturales, villanos retorcidos, sádicos melancólicos; y una heroína virginal: Emily, también huérfana, sensible, pía, que nos termina agotando con sus permanentes desmayos.

No es raro que las mujeres se desmayen en la novela gótica. En todas, sin excepción, esto ocurre al menos una o dos veces. Sin embargo, en Los misterios de Udolfo se llega a una cifra asombrosa: ¡diez desmayos!; uno de ellos, el más espectacular, ocurre al final, cuando Emily recupera sus derechos sobre la herencia familiar.



5- El canto de la alondra (Song of the Lark, Willa Cather)

Relata la historia de una muchacha, Thea, que pasa de una infancia llena de privaciones a convertirse en una reconocida soprano de nivel internacional.

Este debería ser el final, es decir, la apoteosis de la heroína que alcanza sus sueños y se caga regiamente en su pasado.

Sin embargo, Willa Cather, una extraordinaria autora, siente que las palabras superan a los hechos, y en vez de dejarnos con la exquisita escena de Thea seduciendo al público con su voz, decide incluir un capítulo final donde los personajes hablan incansablemente, durante páginas y páginas, acerca de lo que acabamos de presenciar.



4- Huckleberry Finn (Huckleberry Finn, Mark Twain)

Tras el viaje revelador, río abajo, de Huck y Jim; donde Mark Twain parece decirlo todo acerca del costado oscuro de Norteamérica, retratando además la historia de una amistad entrañable entre un muchacho blanco y uno de color, ambos tratando de eludir la esclavitud; el final nos ofrece una gran decepción.

El sentido de aquel viaje era, en última instancia, evitar que Jim sea convertido en esclavo; sin embargo, ya sobre el final emergen algunas intrigas y bromas que retuercen la trama hasta rozar el humor más absurdo, la comedia más cruel.



3- El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, J.R.R. Tolkien)

La partida de Bilbo, Frodo, Galadriel y Gandalf de los Puertos Grises, abandonando la Tierra Media para siempre y dejándonos sumidos en una nostalgia imperecedera, es probablemente el mejor final concebible para una historia tan compleja y, a la vez, sutil.

Sin embargo, este no es el final realmente.

J.R.R. Tolkien insistió en publicar una serie de apéndices que, si bien son realmente interesantes para cualquiera que se haya sentido cautivado por la historia, oscurecen el efecto dramático de aquel final perfecto.

En cierta forma, J.R.R. Tolkien permutó el hecho poético por información, mapas y cronologías que, insisto, son exquisitas, pero que nada aportan al verdadero final.



2- Drácula (Dracula, Bram Stoker)

El desenlace es realmente excitante: Morris perfora el corazón de Drácula antes de caer él mismo debido a una puñalada artera. El conde muere, Transilvania llora, el castillo tenebroso se ilumina pálidamente bajo un amanecer rojo...

No obstante, este no es el final de la novela de Bram Stoker, aunque debió haberlo sido.

El epílogo nos traslada al futuro, siete años después de aquellos hechos. Allí presenciamos las chirlas y alargadas reflexiones de Jonathan Harker, preocupado porque los periódicos londinenses no se hicieron eco de la tragedia. Abraham Van Helsing lo tranquiliza asegurando que la prensa es innecesaria para legitimar hechos realmente extraordinarios.



1- It (It, Stephen King)

Después de atravesar orgías, literalmente, para desterrar al horrible payaso Penniwise, autor de crímenes atroces, a lo largo de cientos y cientos de páginas que no fatigan al lector, Stephen King nos conduce hacia uno de los finales más absurdos de toda su obra.

Catatónica, la esposa de uno de los protagonistas, Bill, recibe un adecuado tratamiento que finalmente la libera de esa condición.

¿Cómo?

¡Mediante un largo paseo en bicicleta...




Más antologías. I Autores con historia.


Más literatura gótica:
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Cómo hacer hablar a un hombre tímido.


Cómo hacer hablar a un hombre tímido.




—No consigo superar la timidez, profesor Lugano.

—¿Y cuál es el motivo por el que desea superarla?

—Muy simple. Acabo de volver de una cita con una mujer encantadora. Siendo generoso podría decir que no logré articular más de cuatro o cinco conceptos razonablemente interesantes.

—Ya veo. Es usted un admirador de Mark Twain.

—¿A qué se refiere?

—A aquello de: Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.

—No conocía la frase, pero supongo que es posible. Sin embargo, la timidez, la incapacidad para hablar fluidamente, son una verdadera desgracia.

—La verdadera desgracia no procede de la timidez, sino del valor y la inteligencia para cerrar la boca cuando es necesario.

—¿Le parece, profesor?

—Absolutamente. Le digo más: el beso fue inventado por el silencio, la única forma lícita de la elocuencia.




La filosofía del profesor Lugano. I Egosofía.


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«Noches salvajes: relatos de los últimos días de Poe, Dickinson, Twain, James y Hemingway»: Joyce Carol Oates.


«Noches salvajes: relatos de los últimos días de Poe, Dickinson, Twain, James y Hemingway»: Joyce Carol Oates.




Noches salvajes: relatos de los últimos días de Poe, Dickinson, Twain, James y Hemingway (Wild Nights! Stories about the last days of Poe, Dickinson, Twain, James and Hemingway) es una antología de la escritora norteamericana Joyce Carol Oates, publicada en 2008.

Todos los cuentos de Noches salvajes tienen como protagonistas a distintos autores clásicos de la literatura norteamericana, más precisamente a Edgar Allan Poe, Emily Dickinson, Mark Twain, Henry James y Ernest Hemingway; con la particularidad de que cada relato nos lleva a recorrer las últimas horas de vida de cada uno de ellos.

Noches salvajes es, quizás, una de las mejores antologías de Joyce Carol Oates, y seguramente la que mejor expresa su talento como narradora. Relatar las últimas horas de estos cinco íconos de la literatura no es una tarea sencilla, y mucho menos si esas últimas horas exigen una mirada crítica, o bien creativa, como en el caso de Edgar Allan Poe; donde se habla de delirios y alucinaciones, de Henry James y su famosa «herida oscura», es decir, de sus genitales destrozados en un enigmático accidente, de Mark Twain, obsesionado con una sociedad secreta integrada por niñas, y de Hemingway y sus incotrolables impulsos suicidas.

A lo largo de toda la antología descubrimos estos misterios a través de la prosa corrosiva de Joyce Carol Oates. Tal vez el caso más interesante sea el del poeta de Baltimore. Joyce Carol Oates resolvió que la muerte de Edgar Allan Poe era bastante conocida por todos, de modo que decidió relatar su deceso mental a través de su diario íntimo, fechado el 7 de octubre de 1849, día su muerte.

Allí se relata su estancia en un faro de Viña de Mar -inspirado en el último cuento de E. A. Poe: El faro (The Lighthouse), donde ha sido enviado para participar de un experimento sobre los efectos del aislamiento. Aquella estadía solitaria y melancólica se convierte en una tenebrosa alucinación donde E.A. Poe parece haber hallado su «reino junto al mar».

En todos los relatos Joyce Carol Oates logra mimetizarse perfectamente con el estilo de su protagonista.




Noches salvajes:
Wild Nights, Joyce Carol Oates.
  • Poe póstumo (Poe Posthumous)
  • El abuelo Clemens y el pez ángel (Grandpa Clemens and Angelfish)
  • El amo del hospital San Bartolomé (The Master at St. Bartholomew’s Hospital)
  • Papá en Ketchum (Papa at Ketchum)




Antologías. I Relatos de Joyce Carol Oates.


El análisis y resumen del libro de Joyce Carol Oates: Noches salvajes (Wild Nights!) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Las aventuras de Tom Sawyer y los zombis»: Don Borchert.


«Las aventuras de Tom Sawyer y los zombis»: Don Borchert.




Las aventuras de Tom Sawyer y los zombis (The Adventures of Tom Sawyer and the Undead) es una novela de zombies de Don Borchert basada en el clásico de Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyer (The Adventures of Tom Sawyer).

Lejos estamos de contemplar las aventuras y correrías de aquel muchacho huérfano del sur de los Estados Unidos, siempre ocupado en transgredir las reglas de la tía Polly y evitar las reprimendas de Sid, su hermano.

Aquí Tom Sawyer ofrece otra clase de aventuras, vinculadas a la búsqueda de tesoros y la lucha contra una raza de criaturas sobrenaturales que viene arrasando las márgenes del río Mississipi.

Aquel mundo de travesuras que plantea Mark Twain se convierte en el escenario del apocalipsis. Un virus evita que los muertos se queden en sus tumbas. A estos revinientes se los llama Zum, criaturas voraces que buscan incesantemente carne humana.

En este contexto no hay necesidad de que el joven Tom Sawyer se ocupe de pintar la cerca de tía Polly, de hecho, aquella cerca de madera se transforma en una barricada para evitar el acceso de zombis y otras monstruosidades para las cuales no existe una definición clara [ver: Zombis: la clase baja en la sociedad de los monstruos]

Si este universo paralelo no resulta lo suficientemente bizarro, Tom Sawyer se une a su viejo amigo Huckleberry Finn; y en vez de dedicarse a jugar a los indios y los soldados deciden practicar un juego llamado «Nosotros y los Zum» (Us and Zum), por el cual se permiten algunas licencias lúdicas durante el arduo trabajo de matar zombis.




Novelas de zombis. I Novelas de vampiros.


El análisis y resumen de la novela de Don Borchert: Las aventuras de Tom Sawyer y los zombies (The Adventures of Tom Sawyer and the Undead) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Una historia de fantasmas»: Mark Twain; relato y análisis


«Una historia de fantasmas»: Mark Twain; relato y análisis.




Una historia de fantasmas (A Ghost Story) es un relato de fantasmas del escritor norteamericano Mark Twain (1835-1910), publicado en la antología de 1875: Borradores, nuevos y viejos (Sketches, New and Old).

Una historia de fantasmas, uno de los cuentos de Mark Twain más famosos, relata la historia de una casa embrujada, supuestamente, y de un hombre que se despierta aterrorizado al descubrir que su habitación ha sido visitada por un fantasma. Tras una experiencia inquietante, el narrador pasa algunos días obsesionado con el sonido de voces, de pasos, cadenas, y otras manifestaciones espectrales.

No obstante, la figura fantasmal que habita las páginas de Una historia de fantasmas de Mark Twain no es otra que el Gigante de Cardiff, especie de fraude que cobró gran notoriedad en su época.




Una historia de fantasmas.
A Ghost Story, Mark Twain (1835-1910)

Fui a una gran habitación, lejos de Broadway, de un gran y viejo edificio cuyos departamentos superiores habían estado vacíos por años, hasta que yo llegué. El lugar había sido ganado hacía tiempo por el polvo y las telarañas, por la soledad y el silencio. La primer noche que subí a mis cuartos, me pareció estar a tientas entre las tumbas e invadiendo la privacidad de los muertos. Por primera vez en mi vida, me dio un pavor supersticioso; y como si una invisible tela de araña hubiera rozado mi rostro con su textura, me estremecí como alguien que se encuentra con un fantasma.

Una vez que llegué a mi cuarto me sentí feliz, y expulsé la oscuridad. Un alegre fuego ardía en la chimenea, y me senté frente al mismo con reconfortante sensación de alivio. Estuve así durante dos horas, pensando en los buenos viejos tiempos; recordando escenas, e invocando rostros medio olvidados a través de las nieblas del pasado; escuchando, en mi fantasía, voces que tiempo ha fueron silenciadas para siempre, y canciones una vez familiares que hoy en día ya nadie canta.

Y cuando mi ensueño se atenuó hasta un mustio patetismo, el alarido del viento fuera se convirtió en un gemido, el furioso latido de la lluvia contra las ventanas se acalló y uno a uno los ruidos en la calle se comenzaron a silenciar, hasta que los apresurados pasos del último paseante rezagado murieron en la distancia y ya ningún sonido se hizo audible. El fuego se estaba extinguiendo. Una sensación de soledad se cebó en mí. Me levanté y me desvestí, moviéndome en puntillas por la habitación, haciendo todo a hurtadillas, como si estuviera rodeado por enemigos dormidos cuyos descansos fuera fatal suspender.

Me acosté y me tendí a escuchar la lluvia y el viento y los distantes sonidos de las persianas, hasta que me adormecí.

Me dormí profundamente, pero no se por cuanto tiempo. De repente, me desperté, estremecido. Todo estaba en calma. Todo, a excepción de mi corazón - podía escuchar mi propio latido. En ese momento las frazadas y colchas comenzaron a deslizarse lentamente hacia los pies de la cama, ¡cómo si alguien estuviera jalándolas! No podía moverme, no podía hablar. Los cobertores se habían deslizado hasta que mi pecho quedó al descubierto. Entonces, con un gran esfuerzo los aferré y los subí nuevamente hasta mi cabeza. Esperé, escuché, esperé.

Una vez más comenzó el firme jalón. Al final arrebaté los cobertores nuevamente a su lugar, y los así con fuerza. Esperé. Luego sentí nuevos tirones, y la cosa renovó sus fuerzas. El tirón se afianzó con firme tensión: a cada momento se hacía más fuerte.

Mi fuerza cesó, y por tercera vez las frazadas se alejaron. Gemí. ¡Y un gemido de respuesta vino desde los pies de la cama! Gruesas gotas de sudor comenzaron a poblar mis sienes. Estaba más muerto que vivo. Escuché unos fuertes pasos en el cuarto —como si fuera el paso de un elefante, eso me pareció— y no era nada humano.

Pero era también como si se alejara de mí. Lo escuché aproximándose a la puerta, traspasándola sin mover cerrojo o cerradura, y deambular por los tétricos pasillos, tensando el piso de madera y haciendo crujir las vigas a su paso. Luego de eso, el silencio reinó una vez más.

Cuando mi excitación se calmó, me dije a mí mismo:

—Esto ha sido un sueño, simplemente un horrendo sueño.

Y me quedé pensando eso hasta que me convencí que había sido solo una pesadilla, y entonces, me relajé lo suficiente como para reír un poco y estuve feliz de nuevo. Me levanté y encendí una luz; y cuando revisé la puerta, vi que la cerradura y el cerrojo estaba como lo había dejado. Otra serena sonrisa fluyó desde mi corazón y se ondeó en mis labios. Tomé mi pipa y la encendí, y cuando estaba ya sentado frente al fuego, ¡la pipa se me cayó de entre mis dedos, la sangre se fue de mis mejillas, y mi plácida respiración se detuvo y quedé sin aliento!

Entre las cenizas del hogar, a un costado de mi propios huellas, había otra, tan vasta en comparación, que las mías parecían de un infante. Entonces, había habido un visitante, y las pisadas del elefante quedaban demostradas.

Apagué la luz y regresé a la cama, paralítico de miedo. Me recosté un largo rato, mirando fijamente en la oscuridad, y escuchando. Percibí un rechinido más arriba, como si alguien estuviera arrastrando un cuerpo pesado por el piso; entonces escuché que lanzaban el cuerpo, y el chasquido de mis ventanas fue la respuesta del golpe. En otras partes del edificio escuché portazos. A intervalos, también oi sigilosos pasos, por aquí y por allá, a través de los corredores, y subiendo y bajando las escaleras. Algunas veces esos ruidos se acercaban a mi puerta, dubitaban y luego retrocedían.

Escuché desde pasillos lejanos, el débil sonido de cadenas, los que se iban acercando paulatinamente, a la par que ascendían las escaleras, marcando cada movimiento con un matraqueo metálico. Escuché palabras murmurantes; gritos a medias que parecían ser violentamente sofocados; y el crujido de prendas invisibles. En ese momento fui conciente que mi habitación estaba siendo invadida, y de que no estaba solo. Escuché suspiros y alientos alrededor de mi cama, y misteriosos murmullos. Tres pequeñas esferas de suave fosforescencia aparecieron en el techo, directamente sobre mi cabeza, brillando durante un instante, para luego dejarse caer - dos de ellas sobre mi cara, y una sobre la almohada.

Me salpicaron con algo líquido y cálido. La intuición me dijo que podría ser sangre. No necesitaba luz para darme cuenta de ello. Entonces vi rostros pálidos, levemente luminosos, y manos blancas, flotando en el aire, como sin cuerpos flotando en un momento, para luego desaparecer. El murmullo cesó, lo mismo que las voces y los sonidos, y una solemne calma siguió. Esperé y escuché. Sentí que tendía que encender una luz o moriría.

Estaba debilitado por el temor. Lentamente me alcé hasta sentarme, ¡y mi rostro entró en contacto con una mano viscosa! Todas mis fuerzas me abandonaron de repente, y me caí como si fuera un inválido. Entonces escuché el susurro de una tela - pareció como si hubiera pasado la puerta y salido.

Cuando todo se calmó una vez más, salí de la cama, enfermo y enclenque, y encendí la luz de gas, con una mano tan trémula como si fuera de una persona de cien años. La luz me dio algo de alegría a mi espíritu. Me senté y quedé contemplando las grandes huellas en las cenizas. Las miré mientras la llama del gas se ponía mustia. En ese mismo momento volví a escuchar el paso elefantino. Noté su aproximación, cada vez más cerca, por el vestíbulo, mientras la luz se iba extinguiendo poco a poco. Los ruidos llegaron hasta mi puerta e hicieron una pausa.

La luz ya había menguado hasta convertirse en una mórbida llama azul, y todas las cosas a mi alrededor tenían un aspecto espectral. La puerta no se abrió, y sin embargo, sentí en el rostro una leve bocanada de aire. En ese momento fui conciente que una presencia enorme y gris estaba frente a mí. Miré con ojos fascinados. Había una luminosidad pálida sobre la Cosa; gradualmente sus pliegues oscuros comenzaron a tomar forma - apareció una mano, luego unas piernas, un cuerpo, y al final una gran cara de tristeza surgió del vapor. ¡Limpio de su cobertura, desnudo, muscular y bello, el majestuoso Gigante de Cardiff apareció ante mí!

Todo mi misterio dejó de existir - ya que de niño sabía que ningún daño podría esperar de tal benigno semblante. Mi alegría regresó una vez más a mi espíritu, y en simpatía con esta, la llama de gas resplandeció nuevamente. Nunca un solitario exiliado fue tan feliz en recibir compañía como yo al saludar al amigable gigante. Dije:

—¿Nada más que tú? ¿Sabes que me he pegado un susto de muerte durante las últimas dos o tres horas? Estoy más que feliz de verte. Desearía tener una silla, aquí, aquí. ¡No trates de sentarte en esa cosa!

Pero ya era tarde. Se había sentado antes que pudiera detenerlo; nunca vi una silla estremecerse así en toda mi vida.

—Detente, detente, o arruinarás todo.

De nuevo muy tarde. Hubo otro destrozo, y otra silla fue reducida a sus elementos originales.

—¡Al infierno! ¿Es que no tienes juicio? ¿Deseas arruinar todo el mobiliario de este lugar? Aquí, aquí, tonto petrificado.

Pero fue inútil, antes que pudiera detenerlo, ya se había sentado en la cama, y esta era ya una melancólica ruina.

—¿Qué clase de conducta es esta? Primero vienes pesadamente aquí trayendo una legión de fantasmas vagabundos para intranquilizarme, y luego tengo que pasar por alto tal falta de delicadeza que no sería tolerada por ninguna persona de cultura elevada excepto en un teatro respetable, y no contento con la desnudez de tu sexo, tu me compensas destrozando todo el mobiliario mientras buscas lugar donde sentarte. Tu te dañas a tí mismo tanto como a mí. Te has lastimado el final de tu columna vertebral, y has dejado el piso sembrado de astillas de tus destrozos. Deberías estar avergonzado, ya eres bastante grande como para saber las cosas.

—Está bien, no romperé más muebles. Pero ¿qué puedo hacer? No he tenido chance de sentarme desde hace cien años —Y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

—Pobre diablo —dije—, no debería haber sido tan rudo contigo. Eres un huérfano, sin duda. Pero siéntate en el piso, aquí, ninguna otra cosa aguantará tu peso.

Así que se sentó en el piso, y encendí una pipa que me dio, le di una de mis mantas y se la puse sobre sus hombros, le puse mi bañera invertida en su cabeza, a modo de casco, y lo puse sentir confortable. Entonces, él cruzó sus piernas, mientras yo avivé el fuego y acerque las prodigiosas formas de sus pies al calor.

—¿Qué pasa con las plantas de tus pies y la parte anterior de tus piernas, que parecen cinceladas?

—¡Sabañones infernales! Los agarré estando en la granja Newell. Amo ese lugar, como si fuera mi viejo hogar. No hay para mí como la tranquilidad que siento cuando estoy ahí.

Hablamos durante media hora, y luego noté que se veía cansado, y se lo dije.

—¿Cansado? —dijo—. Bueno, debería estarlo. Y ahora te diré todo, ya que me has tratado tan bien. Soy el espíritu del Hombre Petrificado que yace sobre la calle que va al museo. Soy el fantasma del Gigante de Cardiff. No puedo tener descanso, no puedo tener paz, hasta que alguien de a mi pobre cuerpo una sepultura. ¿Qué es lo más natural que puedo hacer para hacer que los hombres satisfagan ese deseo? ¡Aterrorizarlos, encantar el lugar donde descansan! Así que embrujé el museo noche tras noche. Hasta tuve la ayuda de otros espectros. Pero no hice bien, porque nadie se atrevía luego a ir al museo a medianoche. Entonces se me ocurrió acechar un poco este lugar. Sentí que si escuchaba gritos, tendría éxito, así que recluté a las más eficientes almas que la perdición pudiera proveer. Noche tras noche estuvimos estremeciendo estas enmohecidas recámaras, arrastrando cadenas, gruñendo, murmurando, deambulando, subiendo y bajando escaleras, hasta que, para decir la verdad, me cansé de hacerlo. Pero cuando vi una luz en su cuarto esta noche, recuperé mis energías nuevamente y salí con la frescura original. Pero estoy cansado, enteramente agotado. ¡Dadme, os imploro, dadme alguna esperanza!

Encendido por un estallido de excitación, exclamé:

—¡Esto sobrepasa todo, todo lo que ocurrido! ¿Por qué tu, pobre fósil antiguo, te tomás tantas preocupaciones por nada? ¡Has estado acechando una efigie de yeso de tí mismo, ya que el verdadero Gigante de Cardiff está en Albany! ¡Demonios! ¿No sabes en donde están tus propios restos?

Nunca vi tan elocuente mirada de vergüenza, de lastimera humillación. El Hombre Petrificado se levantó lentamente, y dijo:

—Honestamente, ¿es eso cierto?

—Tan cierto como que estoy aquí sentado.

Sacó la pipa de su boca y la dejó en el mantel, luego se irguió dubitativamente (de manera inconsciente, por algún viejo hábito, llevó sus manos hasta donde los bolsillos de sus pantalones deberían haber estado, y de forma meditativa dejó caer su barbilla en su pecho), finalmente dijo:

—Bien, nunca antes me sentí tan absurdo. ¡El Hombre Petrificado ha sido vendido a alguien más, y ahora el peor fraude ha terminado vendiendo su propio fantasma! Hijo mío, si tienes alguna caridad en tu corazón de un pobre fantasma sin amigos como yo, no dejes que esto se sepa. Piensa como te sentirías si te hubieras puesto tu mismo en ridículo también.

Escuché esto, y el bribón se fue retirando lentamente, paso a paso bajó las escaleras y salió a la calle desierta; me sentí triste que se hubiera ido, pobre tipo, y también porque se llevó mi manta y mi bañera.

Mark Twain (1835-1910)




Relatos góticos. I Relatos de Mark Twain.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Mark Twain: Una historia de fantasmas (A Ghost Story), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Mark Twain: relatos y novelas


Mark Twain: relatos y novelas.





Mark Twain (1835-1910) fue uno de los grandes escritores norteamericanos de su época. Más recordado por sus novelas, por cierto, verdaderos clásicos universales, que por sus relatos fantásticos, Mark Twain también merece un lugar de privilegio en toda biblioteca dedicada a las historias de fantasmas.

En este segmento iremos repasando las mejores novelas y relatos de Mark Twain.




Mark Twain: obras completas:
  • Una historia de fantasmas (A Ghost-Story)
  • Las aventuras de Tom Sawyer y los zombies (The Adventures of Tom Sawyer and the Undead, Don Borchert)
  • Mark Twain y esas canciones que no podés sacarte de la cabeza.
  • Almanaque terremoto (Earthquake Almanac)
  • Canibalismo en los coches (Cannibalism in the Cars)
  • Carta a la Tierra (Letter to the Earth)
  • Carta desde la Tierra (Letters from the Earth)
  • Cómo contar una historia y otros ensayos (How to Tell a Story and Other Essays)
  • Conjuros simplificados (Simplified Spelling)
  • El capitán Stormfield visita el cielo (Captain Stormfield's visit to Heaven)
  • El cuento de Canvasser (The Canvasser's Tale)
  • El cuento de un caballo (A Horse's Tale)
  • El cuento de un gato (A Cat-Tale)
  • El cuento de un perro (A Dog's Tale)
  • El diario de Adán y Eva (The Diary of Adam and Eve)
  • El diario de Eva (Eve's Diary)
  • El elefante blanco robado (The Stolen White Elephant)
  • El extraño misterioso (The Mysterious Stranger)
  • El fantasma de Shackleford (Shackleford's Ghost)
  • El gato de Dick Baker (Dick Baker's Cat)
  • El gran duelo francés (The Great French Duel)
  • El hijo antinatural (The Unnatural Son)
  • El incidente Gorky (The Gorky Incident)
  • El objeto del señor Bloke (Mr. Bloke's Item)
  • Encantamietno de medianoche (Midnight Charm)
  • Extractos del diario de Adán (Extracts from Adam's Diary)
  • ¿Fue el cielo o el infierno? (Was It Heaven? Or Hell?)
  • Hombre petrificado (Petrified Man)
  • La cabeza inmortal (The Undying Head)
  • La confesión de un hombre moribundo (A Dying Man's Confession)
  • La curiosa república de Gondour (The Curious Republic of Gondour)
  • La gran oscuridad (The Great Dark)
  • La historia del inválido (The Invalid's Story)
  • La mujer del brazo de oro (The Woman with the Golden Arm)
  • Las cinco bendiciones de la vida (The Five Boons of Life)
  • Las crónicas del joven Satán (The Chronicle of Young Satan)
  • London Times (London Times)
  • Los amores de Alonzo Fitz Clarence y Rosannah Ethelton (The Loves of Alonzo Fitz Clarence and Rosannah Ethelton)
  • Los hechos concernientes al crimen en el carnaval de Connecticut (The Facts Concerning the Recent Carnival of Crime in Connecticut)
  • Mi amada platónica (My Platonic Sweetheart)
  • Mi guardia (My Watch)
  • Noches de terror (Night of Terror)
  • Papeles de la familia Adams (Papers of the Adam Family)
  • Reporte desde el Paraíso (Report from Paradise)
  • Romance medieval (Mediaeval Romance)
  • Schoolhouse Hill (Schoolhouse Hill)
  • Telegrafía mental (Mental Telegraphy)
  • Tom Quartz (Tom Quartz)
  • Tres mil años entre los microbios (Three Thousand Years Among the Microbes)
  • Una carta desde el cometa (A Letter from the Comet)
  • Una curiosa excursión de placer (A Curious Pleasure Excursion)
  • Una curiosa experiencia (A Curious Experience)
  • Una fábula (A Fable)
  • Un asesinato, un misterio y una boda (A Murder, a Mystery, and a Marriage)
  • Un sueño curioso (A Curious Dream)
  • Un yankee de Connecticut en la corte del rey Arturo (A Connecticut Yankee in King Arthur's Court)
  • Vendido a Satán (Sold to Satan)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Mark Twain: relatos y novelas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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